jueves, 25 de junio de 2009

No conviene lavar un ventilador

El otro día decidí limpiar a fondo el ventilador para quitarle todos los restos de polvo que había en su interior. Lo metí en la bañera y le di una buena ducha que le dejó como nuevo. Tras esto lo sequé con el aire caliente del secador. Una vez seco pasé a probarlo. Al principio arrancó sin problemas, aunque noté un cierto olor a resina chamuscada, pero muy suave. Con el tiempo la velocidad del ventilador fue disminuyendo y de las tres velocidades ya solo arrancaba en la posición de la velocidad más alta. Al final dejó de moverse y no arrancó más en ninguna de las tres velocidades.

El hilo de cobre esmaltado estaba recalentado en algunas zonas (¿Quizás en las zonas que habían conservado la humedad?). Esto sin duda es lo que impide que funcione. El rotor en jaula de ardilla tiene las ranuras del bobinado de aluminio inclinadas, lo que hace que el giro sea más suave, ya que los polos del rotor pasan de forma gradual delante de los polos del estator.

El condensador se utiliza para poder conectar este rotor, con un bobinado trifásico, en una red monofásica de 220 V.

El motor de inducción dispone de tres bobinados, uno para cada una de las velocidades, realizadas con hilo de cobre esmaltado muy fino (Algo así como una décima de mm.).

En cada una de las tapas de chapa se aloja un cojinete montado sobre una rótula que permite una alineación perfecta del eje aunque tenga alguna irregularidad.

Una vez retiradas las bobinas de hilo de cobre el estator deja ver las ranuras que las alojan.

Tanto el estator como el rotor están construidos con chapas de hierro magnético para evitar que se generen corrientes de Foucault que a la larga producen un calentamiento inútil en el motor.

Aquí se pueden ver en detalle las chapas que forman el estator.

Las chapas están remachadas entre sí para que no se separen.

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