miércoles, 27 de abril de 2016

El desastre de Annual


Desde lo alto del desfiladero de Izzumar, los cerros de Annual, Igueriben o Abarrán recuerdan el conocido como desastre de Annual. En este escenario perdieron la vida en dos días, 4.000 españoles. Todo lo que se alcanza a ver hasta más allá del horizonte es campo yermo, reseco y desnudo de vegetación. El Rif es pobre, muy pobre, pero el gobierno español quiso, a principios del siglo pasado, convertir esta región en la recreación del viejo Imperio. Al final, España llamó a este territorio Protectorado de Marruecos.

El 21 de julio de 1921, el asedio de las harkas rifeñas a la posición de Annual presagiaba lo peor. El general Silvestre, jefe de la Comandancia General de Melilla y principal responsable de la aventura de haberse adentrado en territorio enemigo, había visto desde su puesto de mando en Annual, como ardían los últimos rescoldos de la posición de Igueriben. Murieron todos. Perecieron después de soportar el asedio hasta llegar a beber sus propios orines. Y si algún superviviente hubo fue degollado.

A partir de aquí, la desbandada es general. Silvestre da orden de retirada y la tropa emprende una carrera hacia Izzumar. Hoy el desfiladero es un páramo inhóspito. Desde la estrecha carretera que zigzaguea por él cuesta imaginar que alguien pudiera pensar en salvarse. Cientos de soldados huían en desbandada, abandonándolo todo. Aún así se salvaron algunos… que llegaron a Ben Tieb, donde también hubo desbandada a Dar Drius, a Monte Arruit...

Por el camino sólo quedaban decenas, cientos de muertos, hasta sumar 4.000 en dos días. El general Manuel Fernández Silvestre, trastornado, se cree que se pegó un tiro.

Ese mismo día fatídico, Alfonso XIII y su Corte, el Gobierno en pleno y los más altos mandos militares celebraban, en Burgos, el traslado de los restos del Cid a la catedral. Por el aire desfilaban escuadrillas de aviones. Unos aviones que el Alto Comisario español en Marruecos, el general Dámaso Berenguer, le había negado a Silvestre, evidenciando su enemistad.

En el fuerte de Dar Quebdani, al mando del coronel Araujo, después de pactar la rendición y la entrega de armas con el enemigo, y tras la conspiración de algunos de los mandos para salvarse, el coronel incluido, 900 hombres fueron asesinados a sangre fría con sus propias armas, las que acababan de entregar.

El balance de la campaña fue de 10.000 españoles fallecidos en apenas 15 días y varios miles más de rifeños. Ni siquiera el impecable Expediente Picasso (9 meses de arduas indagaciones y 2.433 testimonios), en el que se recoge detalladamente la realidad de lo acontecido ha sido capaz de mantener vivo el recuerdo.

En la guerra de Marruecos se había utilizado por primera verz la aviación militar en labores de observación y bombardeo. Eduardo Barrón, en diciembre de 1913, se convirtió en el primer piloto de la historia mundial que lanzó desde un avión bombas específicamente diseñadas para ello, en misión de combate sobre el Norte de África.