martes, 14 de junio de 2016

Duro Felguera


La historia de Duro Felguera está directamente relacionada con la evolución industrial de Asturias desde la segunda mitad del siglo XIX hasta nuestros días, dado el protagonismo que la empresa tuvo en el desarrollo de los dos principales sectores productivos del Principado: la siderurgia y la minería, aún hoy con una sustancial relevancia en el entramado socio económico de la región.


Además, la compañía operó en otras actividades, como la construcción naval o la producción de energía, y tiene a sus espaldas más de un siglo de trayectoria bursátil.

En 1857, el riojano Pedro Duro Benito (1810-1886), después de buscar sin éxito en varias partes de España una localización industrial adecuada, pone en marcha en la Felguera (Asturias) la Sociedad Metalúrgica de Langreo, germen de la actual Duro Felguera. En ese momento, la Constancia de Málaga, Bolueta de Vizcaya y la Fábrica de Mieres -esta última de propiedad francesa- eran los principales productores de hierro del país. Funcionaban además en la región el horno de Arnao, perteneciente a la Real Compañía Asturiana de Minas, fundada por los hermanos belgas Lesoinne, y la Fábrica de Armas de Trubia, que estaba dotada de grandes avances tecnológicos para la época, como corresponde a las exigencias de calidad del acero para usos militares.


 Alto Horno nº 3 de Duro Felguera en 1908.

La mejora de las comunicaciones en la región va a suponer un elemento clave para impulsar el desarrollo de la minería del carbón y favorecer así la llegada masiva de capitales europeos.

Inicialmente el carbón se transportaba por el río Nalón, en chalanas, hasta el puerto de San Esteban de Pravia. En 1842 finalizaba la obra de la llamada carretera carbonera, que unía las localidades de Langreo y Gijón, para dar salida al carbón por el puerto de El Musel. Se trata de la primera carretera de peaje construida en España, obra de Alejandro Aguado, Marqués de las Marismas, banquero y empresario que poseía numerosas minas en la zona. Tras su prematura muerte en ese mismo año, Fernando Muñoz, Duque de Riansares y esposo de la reina madre, adquiere las minas de Aguado, impulsando la construcción del ferrocarril de Langreo, obra que concluyó en el año 1854.

El éxito de Duro se debe a una adecuada combinación de factores que le permitirán convertirse en el primer establecimiento metalúrgico de España, liderando el mercado nacional. Al tiempo, esto también consolidará la industria hullera asturiana, al asegurar una demanda relativamente estable. En ese momento, para producir una tonelada de hierro los hornos necesitaban 3,5 toneladas de mineral de hierro y casi 10 de carbón. La localización elegida supone un importante ahorro de costes de producción y transporte por la cercanía de minas de carbón.

Además, la mejora de las comunicaciones entre Langreo y Gijón por ferrocarril facilitará tanto la salida de los productos acabados como el transporte de mineral de hierro, ya que la falta de yacimientos obligaba a traerlo del exterior.

La empresa cuenta con una gran solvencia financiera garantizada por sus accionistas: el armador vasco Federico Victoria de Lecea, el banquero Vicente Bayo y los hermanos Julián y Pedro Duro, que habían vendido sus acciones del Canal de Isabel II y de la Sociedad Española Comercial e Industrial para entrar en el negocio. Tampoco falta el apoyo regional y político de sus socios comanditarios asturianos (los marqueses de Pidal y de Camposagrado y el político Alejandro Mon), decisivos para agilizar los trámites administrativos y la adquisición de las parcelas donde instalará la fábrica en Langreo.

El 6 de Enero de 1860 se obtiene la primera colada, alcanzando pronto una producción anual de 9.000 toneladas, con una calidad aceptable, pero con unos costes de transporte elevados que reducen su competitividad. Duro dirige su producción por mar desde Gijón hacia Barcelona y Madrid (vía Alicante o Bilbao) y hacia Valladolid (en carros de mulas hasta León, y luego en ferrocarril). Además de los elevados portes, los bajos niveles de producción impiden conseguir economías de escala. Al estar por entonces permitida la importación de hierros extranjeros, se descartó la producción de raíles y piezas de mucho peso, centrándose en los llamados “hierros de ferretería”, fundamentalmente lingotes y molderías con destino a la función y producción de aperos de labranza. Se trata de un mercado de reducidas dimensiones y muy variado en sus demandas que requiere gran diversidad de tamaños y clases de hierro, lo que exige cambios constantes en los cilindros y en los trenes de laminado y mucha mano de obra, encareciendo notablemente el coste de producción.

Para estabilizar precios en el mercado nacional, Duro llega a acuerdos con Fábrica de Mieres y El Remedio de Barcelona. La empresa se moderniza y crece, ganando pedidos gracias a sus nuevas instalaciones y pese a que la protección arancelaria no llegaría hasta 1891. En 1875 Duro produce un tercio del hierro nacional y es la principal siderurgia del país. Entre 1881 y 1885 se pone fin a esa posición de liderazgo. En 1880 las fábricas de Duro trabajan a su máxima capacidad de producción y se acomete una ambiciosa ampliación de las instalaciones. En ese momento, el exceso de producción europeo y el cambio tecnológico al acero reducen sustancialmente el precio del hierro.

La abundancia de mineral de hierro en Vizcaya y la difusión de nuevas técnicas de producción de acero desplazan el centro industrial del país hacia Vizcaya. El 50% de la capacidad de los hornos asturianos está inactiva. Esta crisis siderúrgica trae consigo una crisis económica en la región y se buscan respuestas al potencial vasco. Cobra entonces relieve la figura de Luis Adaro Magro, directivo de la Sociedad D’Eichtal, empresa de capital francés que poseía minas en Asturias. Adaro ve claro el papel subsidiario de la siderurgia local y que el futuro pasa por el carbón y por un redimensionamiento de las empresas.

En 1886 impulsa la fundación de la Unión Hullera y Metalúrgica, que agrupa a varias empresas carboneras. Pretende una mayor mecanización de las minas, una mayor cualificación y especialización de la mano de obra y una racionalización de la producción que permitiera ofrecer carbones adecuados en calidades y ajustados en precio para poder competir. Paralelamente, reclama una mayor protección arancelaria, reserva de mercados nacionales (que la marina de guerra consumiese carbón español) y una mejora del transporte buscando la salida del carbón hacia la meseta por ferrocarril a través del puerto de Pajares, inaugurado en 1884.

En cuanto a la actividad siderúrgica en la región, ésta tiene un carácter estratégico para la minería, ya que el carbón asturiano no era competitivo en los mercados exteriores. Baste mencionar que en 1884 la siderurgia regional consumía cerca de las tres cuartas partes de la producción carbonera. Además, mientras la siderurgia asturiana consumiese hierro vasco, se aseguraba la salida de carbón hacia Bilbao como flete de retorno.

Pedro Duro fallece en 1886. La empresa pasa a manos de Antonio Velázquez Duro y Matías F. Bayo. No atraviesa un buen momento. En 1900 los socios de Duro y Cía reconvierten la empresa en la Sociedad Metalúrgica Duro-Felguera S.A., al objeto de redimensionarla, dar entrada a nuevos capitales y diversificar su actividad. Se trata de impulsar un proyecto de gran alcance destinado a convertir otra vez a la antigua fábrica en una gran empresa siderúrgica aprovechando la expansión coyuntural que se estaba produciendo e integrando en el proyecto a importantes banqueros, capitalistas e industriales, tanto de la región como de fuera de ella.