martes, 14 de junio de 2016

Locomotora en la Fábrica de Quirós


La Compañía de Minas y Fundiciones de Santander y Quirós, fundada en 1868, sería la encargada de dar crecimiento industrial a un concejo hasta entonces desconocido y que le aportaría fama como región minera y siderúrgica en toda la provincia, hasta la absorción de la misma por Fábrica de Mieres.


Su director e ingeniero, J. Thiebault, había estudiado la posibilidad de transformar este mineral en productos elaborados. Y así, el uno de agosto de 1868, se comienza la construcción de dos altos hornos para poder fundir el metal. El lugar elegido fue Torales, zona próxima a Bárzana. El primer alto horno fue puesto en funcionamiento el 20 de julio de 1870. Cinco años después el segundo.


La construcción de un ferrocarril de vía estrecha supuso la única solución rápida y de menor coste para el transporte del carbón, con un trazado paralelo a la carretera carbonera inaugurada el 5 de febrero de 1864, conectaba, en su tramo más largo, Santa Marina con la fábrica de Quintana de Trubia, pasando al pie de los altos hornos de Torales. También existía otra línea más corta por el valle de Ricabo. Aún así, con sus 29 Km. de longitud, “todavía era insuficiente para bajar todo el carbón”.

Para su construcción fue necesario contar con el beneplácito del Sr. Terrero, gran terrateniente de Quirós; éste cedió sus terrenos pero a cambio “no exigió dinero sino que pusieran una jardinera con asientos gratis para todos los quirosanos que quisieran bajar o subir desde Trubia o Proaza, así como las mercancías.” Pero, azares de la vida este privilegio acabó cuando se nombró alcalde de Quirós a un alto cargo de Fábrica Mieres, llevándose “por casualidad” del archivo municipal el documento en que constaba el contrato de gratuidad.

En 1884, se concluye el ferrocarril por la compañía francesa Societé Houillére , facilitando un transporte más rápido y menos costoso. No obstante tan buenas expectativas se verán frustradas por la competencia de la siderurgia vasca: la elaboración de acero con el método Bessemer a precios muy ventajosos.

La fábrica quirosana estaba en condiciones de producir lingotes de hierro y acero laminados a un coste mínimo; pero sus dirigentes no estaban dispuestos a una nueva inversión para la modernización de sus instalaciones. Finalmente, nuestra industria pasaría a pertenecer a una de sus principales competidoras, con la que siempre había tenido estrechas vinculaciones; en 1888, Fábrica Mieres, por un total de 750.000 pesetas, aprovechando el hecho de que Quirós contaba con carbones y minerales todavía más baratos que ninguna otra fábrica.