lunes, 13 de junio de 2016

Motos Montesa


Pere Permanyer inició su carrera profesional fundando, tras la Guerra Civil española, Construcciones Mecánicas, una empresa dedicada a la instalación de gasógenos para vehículos de cuatro ruedas. En 1944, la creciente competencia en el negocio y la perspectiva de que cesaran las restricciones de suministro de gasolina, llevan a Permanyer a explorar nuevas alternativas industriales en un momento en el que las secuelas de la Guerra Civil aún estaban presentes, al mismo tiempo que el país empezaba a dinamizarse y a mostrar una creciente necesidad en medios de transporte de corte económico. Así es como decide, al principio, fabricar motores auxiliares para bicicletas. Pero finalmente, Pere Permanyer se asocia con Francisco X. Bultó y acuerdan fabricar motocicletas. Sin embargo, son tiempos difíciles, España vive aislada de Europa y padece una evidente escasez de materiales y de industria auxiliar. Ante estas dificultades, abandonan la idea de partir de cero y toman la decisión de simplificar el proceso de fabricación copiando un modelo ya existente, la Motobecane B1V2 que el propio Francisco X. Bultó le había regalado a su sobrino, y de la que aprovecharon todo excepto la horquilla, los guardabarros, los silenciosos de escape y poco más


De esta forma nació la XX, un primer prototipo que dio paso a la A-45, el primer modelo en incorporar la marca Montesa. Con la A-45, Montesa iniciaba en 1945 su periplo industrial como fabricante en serie de motocicletas junto a una débil industria nacional representada por Soriano y un reducido número de marcas artesanales, como Gimson, Valsolet, o JV.

El origen de la marca Montesa toma su nombre de la orden de caballería fundada por el rey Jaime II de Aragón, asociando los nuevos jinetes motorizados a los por aquel entonces jinetes medievales. El primer escudo Montesa adopta la forma de un “sello de lacre” mostrando una “M” medieval.

El país inicia un proceso de recuperación gracias a la inyección económica recibida de EE. UU. En una época en la que el automóvil era sinónimo de lujo para unos pocos, la década de 1950 es el escenario de la proliferación de numerosas industrias del sector de la motocicleta. Sin embargo, los medios son aún muy precarios. La baja calidad de los materiales y una tecnología muy básica conducen a la rápida desaparición de muchas marcas emergentes, frente a la consolidación de las que acabarían formando el grueso de la industria nacional, como Montesa, Vespa, Rieju, Derbi, Ossa, Sanglas o Moto Guzzi.


En 1950, el éxito comercial de la A-45 y la B-46 obliga a Montesa a trasladarse a la nueva fábrica de la calle Pamplona. Durante estos años, Montesa obtiene destacables éxitos comerciales gracias a las diferentes versiones del modelo Brío. A su vez, inicia una frenética actividad promocional participando en numerosas competiciones y, gracias a su proyección internacional, se convierte en la primera marca española que participa en un salón Europeo, el Salón Internacional de Ginebra de 1953. Sin embargo, la implantación en 1958 del Plan de Estabilización Nacional promovido por el gobierno obliga a una restructuración empresarial que requiere minimizar los gastos, lo que provoca desavenencias entre Pere Permanyer, focalizado en los procesos industriales y a favor de limitar los gastos estructurales, y F. X. Bultó, convencido de la necesidad de proyectar la marca en competición. La ruptura fue inevitable y F. X. Bultó decide abandonar Montesa. Pocos meses más tarde, en marzo de 1959, F. X. Bultó presentaba el primer modelo de la recién creada Bultaco, marca con la que Montesa protagonizaría una intensa rivalidad comercial y deportiva. Pese a las dificultades del momento, Pere Permanyer reconduce la situación delegando el departamento técnico a Leopoldo Milà, futuro artífice de modelos tan populares como la Impala.

El país está inmerso en una etapa de marcado crecimiento económico e industrial. Se inicia el boom del turismo y se liberalizan las entradas de capital extranjero. El sector de la automoción también está en auge. Renault y Citroën inician la producción en España y el Seat 600 se convierte en el vehículo más popular de la época. Para Montesa es una etapa de grandes éxitos, encabezados por la popular Impala y sus modelos derivados, que requieren una nueva expansión industrial con la puesta en marcha de una nueva fábrica en Esplugues del Llobregat, Barcelona. La mayor capacidad de producción permite a Montesa expandir su gama de producto con la fabricación de ciclomotores a la vez que expandir nuevos mercados, como el de EE. UU., donde diversos modelos Montesa llegan a gozar de gran popularidad. La fuerte rivalidad con Bultaco, a la que posteriormente se sumaría Ossa, se intensifica provocando un continuo lanzamiento de modelos por parte de cada una de las tres marcas. Esta etapa destaca por una intensa actividad deportiva y los éxitos en competición se suceden uno tras otro. Los modelos comercializados son mayoritariamente de carretera, aunque destaca el lanzamiento del Microscooter de 60 cc. A finales de la década de 1960, partiendo de la base del exitoso motor de la Impala, Montesa inicia tímidamente su incursión en las motos de campo, que culminaría con la producción de un nuevo referente de la marca, la Cota 247.


En este período la Operación Impala marcará el futuro de la marca. En 1962, en una hazaña sin precedentes, cinco aventureros cruzaron toda África partiendo de Ciudad del Cabo a lomos de prototipos de Impala, y consiguieron llegar hasta Barcelona sin mayores contratiempos mecánicos. La Impala se populariza con esta gran gesta y mantiene su reputación, gracias a los resultados obtenidos en competiciones de diversa índole y a su refinado funcionamiento.

La bonanza económica continúa hasta prácticamente mediados de los años 70, momento en que se desencadena una crisis económica mundial derivada de la crisis del petróleo. En España este efecto se ve aumentado por una posterior crisis política tras la muerte del dictador Francisco Franco en 1975, momento en que el país inicia un proceso de estancamiento a nivel productivo.

Sin embargo, para Montesa los inicios de la década de 1970 representan una época brillante, ya que aparte de la producción de ciclomotores, la actividad de la Empresa se centra en el continuo desarrollo de modelos de campo que rápidamente gozarían de gran prestigio, tanto nacional como internacional. Al ya creciente éxito de los modelos de trial de la marca se suman nuevos modelos de motocross y todoterreno. La exportación no deja de crecer a escala mundial y se lanzan al mercado más de 65 modelos. Sin embargo, la necesidad de mejorar los niveles de competitividad frente a la creciente competencia internacional encabezada por los fabricantes japoneses, conduce a la descentralización de los centros productivos de Montesa con el objetivo de conseguir mayor eficiencia y flexibilidad. Se crean diferentes sociedades: Dentex S.A. para la fabricación de engranajes, Tonova S.A. para la fabricación y ensamblaje de motores, Comec S.A. para la producción de suspensiones delanteras y bastidores, Cyser S.A. que se ocupa de la comercialización y Motocicletas Montesa que, en la fábrica de Esplugues, efectúa el montaje final de las motocicletas. A finales de la década de 1970, el grupo de empresas Montesa llega a tener 650 empleados.


La política monetaria restrictiva para contener la inflación se acentúa. Se fomenta la moderación salarial y se devalúa la peseta. El nivel de desempleo es preocupante, crece la conflictividad laboral y la crisis económica se cierne sobre la industria de la motocicleta. Bultaco cierra definitivamente en 1983, poco después de que lo hiciera Ossa, mientras que Sanglas es absorbida por Yamaha. Montesa, a pesar de llegar a la suspensión de pagos, consigue alcanzar un acuerdo con Honda para constituir la sociedad Montesa-Honda, todo un balón de oxígeno que impulsa nuevamente la capacidad productiva de la planta de Esplugues, con la fabricación de modelos Honda de pequeña cilindrada (MBX75) y una nueva gama de Cota denominada MH, que sería comercializada a través de la red de concesionarios Honda en toda Europa. Paralelamente, en un intento de recuperar resultados comerciales, se lanzan nuevos modelos de carretera, destacando la Impala 2, una versión modernizada de la popular Impala, cuya producción había cesado casi 10 años antes. En 1985, la necesaria mejora de la competitividad obliga a Montesa a llevar a cabo una importante reducción de la plantilla y a limitar al máximo su presencia en competición. Al mismo tiempo recibe la concesión de un crédito de la Generalitat de Catalunya que permite una nueva inversión para la posterior producción de nuevos modelos Montesa, tanto de enduro como de trial, entre los que destaca la aparición de la primera Cota de la era moderna, la 304, con la que Montesa recupera parte de la hegemonía perdida en los últimos años.


Banco de motores 400 de ¡la fábrica Sanglas de los años 70!

Durante los años sesenta del siglo pasado, éramos grandes especialistas de los motores de dos tiempos a los que extraíamos un gran partido en la competición y extrapolábamos esa experiencia a nuestras motos, tanto si eran de carretera o de fuera de ella. Muchos recuerdan por ejemplo las deportivas Bultaco Metralla 200 cc o 250 cc o las Montesas Impala en sus versiones de 175 cc o 250 cc o también las espectaculares enduro entonces y  por qué no, también ahora, Bultaco Matador MK 4 SD o Montesa 360 H7 o la Ossa Dessert 350.