jueves, 25 de octubre de 2018

Cañón Krupp de 1893


En el Castillo de Morella se encuentran dos cañones Krupp de 1893, donados en 1954 por el entonces Capitán General de Valencia, Miguel Abriat Cantó, para embellecer el espacio. Estos cañones se rehabilitaron en fechas recientes.


Posiblemente estas son sus características:

Longitud total ..................... 3.598,3 mm.
Número de rayas ..................... 36
Peso ..................... 3.070 Kg.
Idem. del cierre ..................... 127 Kg.
Velocidad inicial ..................... 312 m/s.
Volumen de la recámara ..................... 8,3 dm3.














































No he encontrado información sobre el uso que pudo tener este cañón en España. Se trata de un modelo diseñado en 1892, sobre la base de otro diseñado en 1872. Se trata de un cañón sin retroceso utilizado en la defensa de fortalezas, disparando por encima de los muros y parapetos. Alemania utilizó estos cañones en la Primera Guerra Mundial, debido a su escasez de material más moderno.







Uno de estos cañones se encuentra en la Ciudadela de Spandau, cerca de Berlín.


Otro ejemplar de este cañón se encuentra en la ciudad belga de kapellen.



A continuación se puede ver un esquema del cierre de cuña de estos cañones Krupp.




A continuación se puede ver la cuña de cierre con obturador Broadwell, correspondiente al cañón de bronce comprimido de 8 cm Plasencia modelo 1880. Es un bloque de acero cuya cara posterior tiene una ligera inclinación, por eso recibe el nombre de cierre de cuña. Su cara delantera (perpendicular al eje del ánima) lleva el anillo de cobre de obturación. En sus caras superior e inferior se aprecian los nervios guía que dirigen sus desplazamientos durante las operaciones de abrir y cerrar el cierre. En el lado izquierdo, la manivela, que proporciona el apriete del obturador contra la recámara al cerrar el cierre, gracias a un tornillo posterior. Dicha palanca dispone de un sistema de bloqueo que evita que se afloje de forma involuntaria. El cierre tiene un taladro denominado canal de carga. La canal de carga es el taladro que se aprecia junto al disco de cobre, de diámetro superior al proyectil y que se enfrenta a la recámara cuando el cierre está abierto, permitiendo así, el paso del proyectil y de la carga de pólvora hacia el interior de la recámara.


A continuación se puede ver un espoleta alemana para un proyectil de artillería.


En 1914, cuando estalló el conflicto europeo, España, envuelta en su propio aislamiento, declaró su neutralidad. Sin embargo, los vientos de guerra llevaban soplando desde hacía años y no pasaron de largo por Andalucía. Por ejemplo, la Fábrica de Artillería de Sevilla aprovechó la tensión pre-bélica que se vivió durante la llamada “paz armada” para modernizar el diseño del armamento que salía de sus talleres —entre el que hay que citar los famosos cañones Krupp y Schneider y distintos tipos de granadas— y aumentar su producción.

La familia de industriales alemanes Krupp fundaron muchas empresas relacionadas con la fabricación de armamento. El comandante Redondo, jefe del primer grupo de talleres de la Fábrica de Artillería de Sevilla, escribió una memoria acerca de la fabricación del material de 15 cm de Sitio Krupp (c.15cm.T.r.L/30) en diciembre de 1917. Este trabajo fue fruto de un viaje, en concepto de visita técnica, de una delegación de la fábrica sevillana a su homóloga de Trubia. El comandante Redondo y sus colaboradores tuvieron ocasión de ver la colección de planos enviados por la casa Krupp en papel-gálico, lavados, y sus reproducciones en igual forma. También pudieron ver la copia del contrato celebrado entre el Gobierno Español y la casa Krupp, para la adquisición de estas piezas de artillería (la guerra mundial impidió su llegada a España), en la cual figuran muy interesantes e indispensables referencias de datos de fabricación, tolerancias, características de los metales empleados... La relación de España con la casa Krupp es antigua, incluso anterior a la fundación del II Imperio Alemán. Los primeros cañones de retrocarga utilizados en España fueron cañones Krupp con cierre de cureña cilindroprismático comprados a la casa alemana Krupp en 1867.

El antagonista artillero del cañón Krupp lo representará el cañón Schneider, de origen francés. El cañón de tiro rápido Schneider 15,5 cm de campaña, modelo 1917 fue fabricado, bajo licencia de la casa Schneider, en las fábricas de Trubia y Sevilla. La decisión de la compra de los cañones Schneider (primeros de tiro rápido con los que se dota los regimientos de artillería de campaña) se toma a instancias del ministro de la guerra, Valeriano Weyler, en noviembre de 1905. Hubo un proyecto de Ley del 23 de noviembre de 1905, concediendo un crédito extraordinario para la adquisición de material de artillería de campaña de tiro rápido. Las piezas Krupp eran un tipo de cañón de tiro acelerado, no rápido. El cañón Schneider fue mejorado por la casa constructora. Según Weyler en su informe a las cortes “ha conseguido reunir todas aquellas condiciones exigidas en los momentos actuales al cañón de campaña, las reúne en grado tal, que se puede afirmar, sin peligro de equivocarse, que es el primero entre todos cuantos se han sometido a la experimentación”. Las características que merecían tales elogios eran las siguientes: calibre de 75 milímetros, peso del proyectil (6,5 kg.), largo retroceso sobre el montaje, freno de aire comprimido, escudos protectores de los sirvientes y una velocidad de fuego de 20 a 26 disparos por minuto. Las destacadas cualidades de esta pieza determinaron su elección por la Junta de Jefes y Oficiales de Artillería entre todas las que fueron examinadas. El ministro de la Guerra instó a las Cortes a pedir un crédito especial para adquirir este tipo de cañones para el ejército. Los cañones adquiridos eran destinados a sustituir, en los regimientos de campaña, a las piezas Krupp que se habían quedado obsoletas.

Un apartado interesante de la actividad de la Fábrica de Artillería de Sevilla en los años de la Gran Guerra lo supone el transporte desde Sevilla de miles de granadas para reforzar diferentes plazas militares. Esta información se extrae de la lectura de las órdenes de transporte, derivadas de la correspondencia con la Intervención Militar de la Capitanía General de la Segunda Región (1914-1917). El estudio global lanza una cifra de 38.666 granadas (rompedoras, metralla, ordinarias) destinadas a las plazas del norte de África (Ceuta, Melilla y Larache). Aunque constan envíos a otras ciudades españolas, como el recibido por el Parque de Artillería de Madrid de 5.059 granadas de metralla en septiembre de 1914, las ciudades norteafricanas bajo soberanía española captan la mayor atención. Como información creemos que es reveladora en este contexto de guerra generalizada a escala global a pesar de que España declarase su neutralidad. No es casual que en el mes de septiembre de 1914, cuando se pensaba en una victoria alemana fulgurante sobre Francia, se concentran órdenes de transporte desde la Fábrica de Artillería de Sevilla hacia el Parque de la Comandancia de Artillería de Ceuta de 2.500 granadas ordinarias y 2.000 granadas rompedoras. En particular, hay que resaltar la importancia estratégica del triángulo Gibraltar-Tánger-Ceuta, que representa la puerta occidental del Mediterráneo, es decir, la indispensable salida marítima hacia el Atlántico para las fuerzas navales británicas y francesas del mar Mediterráneo en caso de guerra. El gobierno español, dentro de sus posibilidades, reforzó este área en previsión de acontecimientos.

En 1914, cuando estalló el conflicto europeo, España, envuelta en su propio aislamiento, declaró su neutralidad. Sin embargo, los vientos de guerra llevaban soplando desde hacía años y no pasaron de largo por Andalucía. Por ejemplo, la Fábrica de Artillería de Sevilla aprovechó la tensión pre-bélica que se vivió durante la llamada “paz armada” para modernizar el diseño del armamento que salía de sus talleres —entre el que hay que citar los famosos cañones Krupp y Schneider y distintos tipos de granadas— y aumentar su producción. Dos procesos que siguieron intensificándose durante los cuatro años del conflicto, si bien sólo para alimentar de manera defensiva al ejército español, ya que el bloqueo aliado impedía su exportación a otros países.

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