Cartas españolas. 5/4-28/6/1832
Hoy no se conocen los usos de la madera de la higuera, especialmente de la de Smyrna y son muy preciosos: aunque tierna y ligera, adquiere mucha fuerza después de seca: el mejor usillo de la prensa de lagar ó de almazara, se hace de los troncos de este árbol.
Diario de avisos de Madrid. 28 de octubre de 1834
Descripción, uso y ventajas de la prensa hidráulica establecida en Montilla, provincia de Córdoba, para la elaboración del aceite de olivas, por D. Diego de Alvear y Ward, individuo de la real sociedad económica Matritense: un cuaderno en 4.º con la lámina que representa la dicha prensa. Se vende á 3 rs. en las librerías de Viana, calle de Carretas, y de Escobar en la de la Concepción Gerónima.
El Español (Madrid). 22 de noviembre de 1846, n.º 738
Hacienda de olivar, chaparral, tierras calmas de pan sembrar y dehesa, el todo como de una legua de estensíon, llamada la Corchuela, bajo de una sola linde y situada en el término de la villa de Dos hermanas, distante dos leguas de Sevilla, y á tres cuartos de legua escasa del Guadalquivir á su izquierda. Perteneció al suprimido convento de San Agustín de Sevilla. Tiene veinte y siete mil seiscientos olivos productivos y muy corpulentos en su mayor parte, muchos engertos, y además de estos también en la dehesa. Del olivar hay bastante porción de aceituna gordal; nuevos engertos en su mayor parte y que van en aumento de producción según se van formando. En octubre último ha producido de la gordal nuevecíentas catorce fanegas de superior calidad, como lo es comúnmente todos los años.
Los engertos de 1843 son en su mayor parte de cañivanos, clase superior; hay multitud de acebuches para engertar y puede seguirse haciendo cada año, por la facilidad con que allí se crían y muy corpulentos. Esta finca ha recibido inmensas mejoras por su actual dueño, tanto en aumento de arbolado, como en el desmonte de una gran parte de su dehesa y continúa haciéndose, reparado y aumentado el caserío con un tinahon y pajar por mas de diez mil arrobas de paja, de material y tejas todo. Tiene dos molinos aceiteros con sus canales, caldera, piedras, alpatanas y vigas, etc. al corriente en buen estado; una grande cuadra de treinta y ocho varas de extensión para los cojedores de la aceituna y gañanes; cuadras, horno de pan cocer, almacén de tinajas para aceite de cabida de tres á cuatro mil arrobas. Las habitaciones para el dueño ó colono son amplias y cómodas con un granero encima; tiene capilla y varias oficinas para temporiles, atahona, pozo de agua dulce. En la dehesa hay en su centro una casilla de material y teja para los guardas y dos pozos abundantísimos de agua dulce con sus pilares para los ganados. Zahurda para cría de cerdos y cabreriza con sus chozos, la de la última es nueva de este verano. Hay en los molinos una prensa hidráulica inglesa, nueva, sin estrenar pero ya colocada aunque no tiene todavía el rulo para moler. Dicha prensa se considera como otro de los muebles de traspaso y no se incluye en el valor de la hacienda; está apreciada en dos millones quinientos mil reales.
Diario oficial de avisos de Madrid. 27 de noviembre de 1847
Una prensa hidráulica de grandes dimensiones, de hierro, con bomba doble, de buena construcción, muy fuerte y hecha para resistir una grande presión, de 30.000 arrobas por lo menos, proporcionada para fábrica de papel, paños, aceite y otros usos: ha sido retasada por el maquinista don Guillermo Sanfort, en la cantidad de 18,000 rs., habiéndolo sido antes en la de 24.000, y estará de manifiesto, en la fundición y cerrajería de la calle de San Gregorio, núm. 8.
Revista semanal de agricultura. 8 de agosto de 1852
Olivo (Olea europea, Lineo).
Los olivares se plantan en calles, dejando entre árbol y árbol una distancia de 12 á 20 varas. Los plantones se traen de viveros, ó se sacan de rama y parte de troncos de antiguos olivos, lo cual acelera mucho su crecimiento, pues es árbol tan tardío como productivo. Cada año, por los meses de noviembre y diciembre, se dan un riego y dos rejas cruzadas, cavando los troncos, y cornijales. Igual cultivo se les da en el mes de abril ó en el de mayo, y luego otra vez cuando apunta el fruto. Algunos cavan todo el terreno, lo cual ciertamente es mejor, pero mas caro. La poda se hace en enero y febrero, y conviene castigar él árbol; es decir, cortarle mucha madera, pues fructifica en los renuevos, así, como es bueno hacerlo de modo que el aire pueda circular libremente por entré las ramas que se dejen. Los suelos se hacen en el mes de agosto, allanando el terreno del árbol para que sea mas fácil coger la oliva cuándo, madura ya, se desprenda naturalmente, lo cual se verifica de mediados de noviembre á diciembre. Entonces se recoge la caída, y se hace caer á mano la restante, operación que se llama muñir, hasta concluir la cosecha; hecho lo cual se lleva para su elaboración al molino o almazara.
Las clases de oliva conocidas en Alicante, son la manzanilla blanca y menuda, la cornicabra, la gordal, la gollinera, la mollar, la datilera y la llamada germanete en el país. También hay olivares de secano, plantados por lo común en cañadas que puedan regarse de avenidas, formando márgenes para retener las aguas. Cuando los olivares están en llanuras y, en secano, basta darles dos rejas al año, cavando los troncos, pues un cultivo más esmerado, siendo mas costoso, seria improductivo.
El Mallorquín (Palma de Mallorca). 4 de nov9iembre de 1857
A nuestro malogrado amigo el señor Alvear, debe España la gran mejora que ya en el día experimenta esta operación que es una de las mas importantes del ramo mas importante de la riqueza española. La prensa hidráulica en dos horas estruja perfectamente 16 fanegas de aceituna, y en las 25 al día podrá extraer al día 192 fanegas, cantidad dos veces mayor que la que trabaja en el mismo tiempo la viga ó prensa de torre; he aquí remediado completamente el notable perjuicio que sufren los ricos propietarios de olivos en los aceites que se pierden, se enrancian y adquieren mal gusto por tener que conservar la aceituna amontonada, no correspondiendo el trabajo de nuestras máquinas á la abundancia de las cosechas. En efecto, la prensa hidráulica puede prensar en un mes 5.760 fanegas de aceituna, cuando las vigas o prensas de torre solo pueden despachar 480. Ya debe suponerse, que para obrar estos prodigios, es necesario tener cuadrillas de trabajadores que se releven, pero esto no aumenta el trabajo del cosechero; y de todas maneras la bondad del aceite, ampliamente se los recompensaría si los aumentase.
Revista del movimiento intelectual de Europa. 27 de noviembre de 1867, n.º 21
CLARIFICACION DE ACEITES.
Un diario de Madrid ha dicho estos días que varios cosecheros de aceite de Valencia tenían el proyecto de establecer una gran fábrica de clarificación, y otro periódico de aquella ciudad, después de hacerse cargo de esa noticia, dice que no tiene ninguna de semejante proyecto: debe ser por consiguiente inexacta, y nosotros así lo creemos.
Los cosecheros de aceite de Valencia no pueden emprender semejante especulación; porque estando en aquel reino tan distribuida la propiedad, las fortunas no son tan grandes para distraer capitales en otras industrias que la puramente agrícola: harto hacen con arar sus tierras, cuidar los arboles, recoger el fruto y hacer la molienda en la pequeña escala que allí se hace, para la cual casi todo labrador medianamente acomodado tiene una pequeña prensa en su reducida almazara. La clarificación de los aceites. corresponde á otra segunda industria, al cosechero lo que le importa, es venderlos á buenos precios en tiempo oportuno: él elabora la primera materia; á otros toca hacer con ella una segunda negociación tal sucede al labrador que siembra el cáñamo; saca la ebra, y la entrega para que otros se ocupen en hacer los lienzos.
Hubiérase dicho que varios capitalistas intentaban establecer una fábrica de Clarificación de aceites, y lo hubiéramos creído, porque esto es natural. Los capitales deben emplearse allí donde se vea mayor y más saneado lucro, y ciertamente que no habrá muchas especulaciones que puedan igualarse en beneficios a la especulación de que nos estamos ocupando.
Pero á nuestro entender, no es Valencia el punto más principal para plantearla. Valencia produce bastante aceite, es cierto, y de calidad superior siempre; no sólo por la clase del fruto, sino porque siendo los cosecheros en pequeña escala, lo elaboran á tiempo y con prontitud. Así es que naturalmente es claro, de hermoso color de topacio y con un gusto agradable. Puede refinarse, «n efecto, y en ese refino sin duda dejaría el lucro que se propusiera la fábrica clarificadora.
Sin embargo, para esa clase de operaciones industriales en una altísima escala, es necesario volver los ojos á Andalucía. Excusado es decir que aquella tierra privilegiada es la primera productora de aceites en el mundo. Esto todos lo saben. Allí sí que podrían los cosecheros establecer por su cuenta las fábricas de refinación, porque son grandes propietarios y cuentan con capitales para ello.
Y preguntamos nosotros: sea por los cosecheros ó por otros inteligentes industriales, ¿por qué no se establecen esas fábricas en Andalucía? Marsella es hoy la principal monopolizadora de esa industria, sosteniendo con ella un comercio activo con todos los países sin excluir España, ¿y de donde saca la mayor parte de los aceites para el refino? de Andalucía. Con saber esto se deduce el gran lucro que alcanzarán en la especulación. Pero descenderemos á algún detalle.
Marsella compra, como hemos dicho, á Andalucía la mayor parte de lo aceites que clarifica. Supongamos que por término medio los compra á 38 rs. arroba, y aumentando los derechos de comisión, flete, carga y descarga, de aduana, etc., llegan á la fábrica á 68: los clarifica, los envasa, y salen para el consumo.
¿A cómo los vende después de clarificados, con derechos de aduanas, etc., y comisión del vendedor al menudeo? A 16 rs. cada botella de libra y media en España; es decir, que la arroba, que le costó á 68 rs., la pone al comercio, calculándola de 25 libras, á 268 rs.; diferencia del valor del aceite en bruto al clarificado, 200 reales en arroba. Dedúzcase de esta enorme cantidad todo cuanto.se quiera para los gastos indicados; y véase si queda un lucro extraordinario en la especulación.
Ahora bien: establecidas las fábricas de refino ó clarificación en nuestro gran centro productor, donde podría adquirirse el aceite á menos precio que lo compra Marsella, y no teniendo que pagar la mayor parte de las gabelas que aquella paga por los aceites que importa, ¿competiría Marsella con nuestras fábricas clarificadoras? ¿No podrían nuestros aceites clarificados venderse más baratos en todos los mercados que hoy monopoliza Marsella, reportando un beneficio mucho mayor que el que esta alcanza?
Desde el tiempo de la dominación árabe que tiene fama Andalucía de gran productora de aceites: desde entonces las plantaciones han ido en aumento cada día: hoy los olivos constituyen un inmenso océano de verdura, y los molinos se cuentan por millares, y sin embargo, nadie que sepamos ha hecho el más pequeño ensayo de clarificación por los medios que lo hace Marsella. Entre tanto pagamos en España 16 rs. por libra y media de aceité de Andalucía, clarificado en Marsella.
Somos partidarios de que en España se desarrollen en grande escala todas las industrias, cuyas primeras materias sean producto de nuestro suelo en agricultura y en minería, veneros ambos inagotables; pues este es el único modo dé hacer próspero y rico el país, y de que todas las clases adquieran el bienestar, unas por medio del trabajo, y otras por el mayor producto que saquen á sus capitales. Por eso desearíamos que la industria de clarificación de aceites se estableciese aquí, como debe establecerse, ya que aquí tenemos, el mayor de los centros productores.
Aconsejamos á los capitalistas qué estudien está cuestión, y se convencerán de la grande utilidad qué alcanzarían en esta industria.
La Gaceta industrial. 30 de abril de 1869
PRENSAS CONSTRUIDAS POR LOS SEÑORES FOSSEY Y COMPAÑÍA.
La Sociedad Fossey y compañía, establecida en Lasarte (Guipúzcoa), ha presentado en la exposición de Zaragoza dos prensas destinadas especialmente á la aceituna, pero pueden aplicarse igualmente a cualquiera otra industria que exija grandes presiones. Esta reputada casa constructora ha procurado hacer dos tipos completamente diferentes: uno sencillo, libre de todo percance, que puede estar entre las manos de personas torpes, y otro más complicado y que exige inteligente dirección. La compensación de este defecto se traduce por una presión mas fuerte en el último, como vamos á indicar.
(Figura 1.ª)
La figura 1.ª representa el tipo primero, que puede llamarse prensa rústica, da una presión de 28,000 arrobas, cuesta 12,000 reales y pesa próximamente 90 quintales.
Prescindiendo de las cuatro columnas verticales y castillete superior, vemos que el platillo lleva consigo una fuerte rosca o tornillo vertical. Este se introduce en la parte inferior, dentro de una tuerca á la cual se comunica un movimiento de rotación; unos coginetes la impiden moverse en sentido vertical. Este movimiento de rotación produce en el tornillo, que á su vez no puede girar por impedírselo el platillo superior, uno de ascenso ó descenso con pequeña velocidad, y por consiguiente con gran fuerza, pues sabido es que dado un trabajo motor fijo, lo que se pierde en velocidad se gana en fuerza. El movimiento de rotación de la tuerca se produce por un volante que lo comunica á un engranaje de ángulo. Cuando el esfuerzo en el platillo es considerable, se prescinde del volante y se usa la palanca, como muestra el grabado. Con ella se consigue disminuir aún más la velocidad de la tuerca, o sea aumentar la fuerza en el platillo, suponiendo quo sea el mismo obrero el que trabaje con igual intensidad. Un pasador permite hacer que la palanca sea la causa motriz del engranaje, ó que lo sea el volante. Como se ve. la máquina es sencilla, y no presenta por lo tanto riesgo de rotura ni descomposición: no hay en ella tampoco órgano alguno delicado, lo cual justifica la denominación que se le da.
(Figura 2.ª)
La figura 2.ª representa una prensa hidráulica, de dos cuerpos de bomba, provistos de su válvula de seguridad, para que por ella salga el agua cuando se pasa de la presión para la cual está calculado el mecanismo. Esta es de 40,000 arrobas en el platillo; el precio 20.000 reales. y el peso aproximado 160 quintales. Hay además un modelo pequeño de este mismo sistema que da 28,000 arrobas de presión y cuesta 16,000 rs., con un peso aproximado de 110 quíntales. Las válvulas de aspiración están dispuestas de modo que puedan registrarse sin desmontar el aparato, ventaja grandísima en la práctica sobre los sistemas en que esto no sucede.
Estas máquinas se distinguen por su esmerada construcción, al par que su solidez: el nombre do la casa Fossey es suficiente garantía dado el gran número que lleva construidas de estas y otras máquinas, pues solo de turbinas han salido de sus talleres 133, que representan 2,937 caballos de vapor.
En comprobación de esto podremos citar á nuestros lectores un hecho que es además curioso bajo otro punto de vista. En la última Exposición universal de Paris, hubo compradores franceses para todos los objetos que presentó la casa Fossey; pero como los derechos de entrada en Francia son muy considerables, no era posible luchar con los industriales de esta nación. España es con efecto quizás el único país de Europa que no ha modificado nuevamente su tratado de comercio, y mientras que las máquinas francesas no pagan al entrar en España más que el 3 por 100 del valor declarado, las españolas satisfacen por su entrada en Francia hasta el 16 por 100 algunas de ellas.
Este perjuicio, que dice por sí solo cómo miran nuestros gobernantas las cuestiones comerciales, es más importante de lo que á primera vista parece. En toda la parte occidental del Mediodía de Francia, incluyendo á Burdeos, no hay buenos constructores de máquinas, excepto de las especiales marinas. Esto, unido al excelente hierro de nuestras Provincias Vascongadas, y la baratura de los jornales, permite luchar ventajosamente dentro de la región citada con los constructores franceses, y la casa Fossey lo haría sin la traba protectora del trabajo francés, impuesta, sin reciprocidad, á nuestra industria. G. V.
La Gaceta industrial. 11 de mayo de 1871
FABRICACION DE LOS ACEITES VEGETALES - I.
Generalidades.
Propiedades físicos y químicas de los aceites. — Análisis de las semillas oleaginosas. — Plantas de donde proceden estas semillas. — Cantidad de aceite que producen cada una de las mismas. — Aplicaciones principales de los aceites.
Con los nombres de aceites, mantecas, grasas y sebos, se designan en el comercio los diferentes cuerpos grasos. Los primeros, ó sean los aceites propiamente dichos, aceites fijos, aceites dulces, son más ó menos líquidos, — excepto los llamados también mantecas, tales como el de palma, el de cacao, el de coco, etc.,— untuosos al tacto, combustibles, y penetran en el papel comunicándole una mancha persistente, grasa y semi-trasparente, circunstancia esta última que suele estimarse para distinguirlos de los aceites volátiles o esenciales. Los aceites se llaman vegetales y animales, según que procedan del reino vegetal ó del animal; pero nosotros solo vamos á ocuparnos de los primeros.
Las propiedades físicas de los aceites varían bastante, y por ello también sus aplicaciones. Todos son más o menos viscosos, por cuya razón no pueden correr libremente, disminuyendo esta viscosidad, y aumentando por lo tanto su fluidez, á medida que aumenta la temperatura, y mientras que este aumento no exceda de ciertos límites; su sabor es casi siempre desagradable, su olor poco sensible cuando están puros: algunos son incoloros, pero la mayor parte presentan un color amarillo más o menos claro ó amarillo verdoso; coloración que es debida, al parecer, á un principio particular que tienen los aceites en disolución: todos son más ligeros que el agua, variando su densidad con la temperatura y en los diferentes aceites de una manera poco sensible por lo general, pero siempre apreciable: su punto de ebullición varía bastante de un aceite á otro, y generalmente pueden soportar una temperatura de 150º á 200° sin descomponerse de una manera sensible: son todos insolubles en el agua, poco solubles en el alcohol, á excepción de los de ricino y de coco, que lo son muchísimo, algo más en el éter y sulfuro de carbono; á su vez, los aceites, disuelven las grasas, el azufre y el fosforo, y se mezclan en todas proporciones con las esencias: con el frio los aceites se espesan, acabando por cuajarse, y, en esto estado, si se les comprime entre papel secante, se impregna este de una materia grasa aceitosa, quedando una materia sólida más ó menos parecida al sebo: con el objeto de que se mantengan líquidos algunos aceites que han de emplearse en el alumbrado, se les añade una cierta cantidad de lucilina y aceite de nueces; en esta última propiedad de los aceites, ó sea en la de congelarse por el frio, está fundada la división de los mismos en aceites fríos y aceites calientes, con que se les suele distinguir en el comercio, según que se solidifiquen á temperaturas próximas á 0° ó permanezcan fluidos á esta temperatura.
Los aceites experimentan en contacto del aire una alteración que les hace contraer cierto sabor desagradable, esto es, se enrancian, como vulgarmente se dice. Cuando esta oxidación se verifica en determinadas condiciones, el desprendimiento de calor es tan considerable, quo llega á producir la inflamabilidad del aceite; este fenómeno suele presentarse en aquellos puntos donde se encuentran grandes masas de algodón ó de lana impregnadas con aquella sustancia. Algunos aceites, sin manifestar efectos tan intensos de combustión, se solidifican al aire, presentando el aspecto de la resina; talos son los llamados aceites secantes, como, por ejemplo, los de linaza, cañamones, nueces y fabuco, llamándose aceites no secantes, los que no se resinifican al aire, como sucede con los de olivas, cacahuete, colsa. almendras, etc.
La Gaceta industrial. 13 de julio de 1871
De manera que, la fórmula que expresará el esfuerzo ejercido por el líquido, al que llamaremos E, será
en la cual significan
P la presión á la extremidad de la palanca,
D y d los diámetros del grande y pequeño pistón,
L y l el grande y pequeño brazo de palanca,
c coeficiente que varía de 0,80 á 0,85 según sea la intensidad de las presiones ejercidas.
Esta fórmula indica sobradamente y á la simple vista el gran partido que pueda sacarse del empleo de las prensas hidráulicas.
La Gaceta industrial. 20 de julio de 1871
La Gaceta industrial. 27 de julio de 1871
La Gaceta industrial. 3 de agosto de 1871
La figura 11 representa un corte de la bomba de inyección y del gran pistón, expresando las letras que lleva, lo que ya hemos dicho. Solo debemos añadir que en f va una guarnición de cuero, cuyo objeto es evitar que salga el agua por entre las paredes del cilindro y del émbolo ó gran pisten, lo cual de producirse seria causa de que la presión trasmitida al émbolo A no podría exceder de un límite bastante reducido.
Este sistema de prensas está muy poco usado, no sucediendo lo mismo con las que verifican la presión de abajo arriba, que están muy generalizadas en el día y que lo irán siendo más en adelante.
Para concluir este punto, vamos á dar con todos sus detalles la excelente prensa hidráulica establecida en la fábrica de aceite de los Sres. Mauret y Prom, en Burdeos, cuya prensa creemos que reúne todas las condiciones necesarias para una gran fábrica, por cuya razón la damos solo para este caso, pues no presenta ya ventajas cuando se trata de establecerla en una pequeña fábrica.
Todas las prensas de la expresada fábrica están puestas en actividad por cuatro bombas de inyección, de las cuales dos son menores que las otras: gracias á esta circunstancia y á dos aparatos especiales llamados depósitos de fuerza que corresponden cada uno con dos bombas, se puede obtener con toda regularidad y sin riesgo una presión de 50 atmósferas ó de 200.
En la figura 12 se ve una de las prensas, cortada por un plano que pasa por un eje. Esta prensa se compone de un cilindro M' de fundición, que es el cuerpo de la prensa, y está sujeto en un macizo de piedra, llevando cuatro columnas de hierro dulce N, de 10 centímetros de diámetro, que sostienen la testera O de fundición, á la que están sujetas por medio do tuercas; el pistón P, de 0,325 m. de diámetro exterior, es de hierro fundido y está hueco en parte, llevando un plato P' de forma cuadrada y con canal, el que recibe el aceite que escurre para verterlo en una vasija a propósito.
(Fig. 12.)
El cuerpo de prensa está alisado en su parte superior solamente al diámetro 0,325 m., lo cual da una sección de
0,m325 ² x 0,7854 = 830 c. c.
Por consiguiente, cuando funciona esta prensa á 50 atmósferas (51,k 65) por centímetro cuadrado, que corresponde á la pequeña presión, el pistón recibe y trasmite una carga total de
830 x 51,k65 = 42.869k50,
y cuando trabaja á 200 atmósferas (206k68) por centímetro cuadrado, ó sea á la máxima presión, la carga total será
830 x 206.67 = 171.536,k10.
La hermeticidad de la unión alrededor del pistón se obtiene, como en las prensas anteriormente descritas, por medio de un cuero alojado en la canal C abierta encima del orificio lateral que recibe la tubuladura ó llave distribuidora R.
Como medida de precaución, lleva la prensa que describimos, á algunos centímetros de la base superior del cilindro, una pequeña ranura destinada á recibir las gotas de agua que durante el trabajo puedan escaparse por entre el pistón y el cuero embutido; el orificio lateral r paralelo al de inyección, da salida á estas infiltraciones.
Veamos ahora en qué consisten las bombas de inyección y los depósitos de fuerza, merced á los cuales, y á la ingeniosa disposición de las llaves distribuidoras, se puede obtener y modificar la presión como se desee.
Digamos ante todo que con dos bombas para la baja presión y otras dos para la máxima, y con un depósito de fuerza para cada uno de estos pares de bombas, pueden marchar varias prensas. Al efecto, las cuatro bombas se colocan paralelamente sobre la tapadera de fundición que cubre el depósito de agua T, sobre el cual están sujetos los dos piés T' , también de fundición, que sirven de soporte al árbol que las mueve: este es de hierro forjado y lleva en uno de sus extremos la polea p' por la cual recibe su movimiento de rotación.
Cada bomba se compone de un cuerpo cilíndrico de fundición U, sujeto con pernios sobre la tapadera del depósito de agua T y de un pequeño pistón marino p², ensamblado por articulación con una biela de horquilla p3 que, al imprimirla su movimiento rectilíneo, deja pasar su varilla ó vástago cilíndrico, que entra en un manguito de cobre que le sirve de guía; al extremo de la biela va sujeto un collar ó argolla de bronce formado de dos piezas que abrazan el escéntrieo circular de fundición p1 ajustado sobre el árbol que mueve las bombas; los pistones de las dos primeras de estas, ó sean las mayores, que deben producir presión menor, y que por lo mismo deben trabajar á mayor velocidad, y suministrando mayor cantidad de agua en un tiempo dado, tienen 60 milímetros de diámetro y otro tanto de carrera, y están construidos con fundición, y las varillas son de hierro dulce, mientras que los de las dos bombas menores son de bronce fundido y torneados con sus varillas, y tienen un diámetro de 40 milímetros y una carrera de 30.
Hacia la parte inferior de cada bomba, y en un costado, se adapta una caja de bronce x de chapaletas ó pequeñas válvulas, que llevan de una parte el tubo de inspiración x' y en otra el de inyección x² que va directamente al deposito de fuerza correspondiente, cuya caja no está dispuesta igualmente en los dos juegos de bombas, como se ve por los detalles 1 y 2 que representan los dos sistemas en mayor escala que la figura y en corte vertical; tanto en uno como en otro caso, cada caja contiene dos válvulas de asiento plano, de las cuales una x² está aplicada al tubo x' para la aspiración, y la otra x' en cl conducto que comunica con el tubo de salida X². El tubo de aspiración x' está atravesado en toda su longitud por una varilla vertical que desciende hasta el depósito de agua, con el objeto de ensamblarlo por articulación, en su parte inferior con una traviesa de hierro que recibe igualmente la varilla semejante de la bomba inmediata para reunirla con la primera por medio de dos pequeñas varillas laterales á la palanca de contrapeso y. Por este medio, una sola palanca sirve para las dos bombas de iguales dimensiones, y tiene por objeto hacer equilibrio á una presión determinada, para cuyo efecto, al contrapeso de la palanca y se sujeta una pequeña cuerda que, pasando por poleas de retorno suspendidas al techo, lleva en el otro extremo un platillo de fundición y' (detalle 4) que se encuentra á muy poca distancia por encima de una especie de cubeta ó taza de fondo plano y’, colocado en el extremo del tubo V del depósito de fuerza.
Consisten estos depósitos de fuerza, como indica la figura, en un contrapeso compuesto de un bloque cilíndrico V de fundición, que va enganchado á la parte inferior de la varilla vertical de hierro dulce V con el objeto de actuar en la misma dirección de la resistencia ó tracción normal; esta varilla tiene dos diámetros diferentes, atravesando por la parte más delgada la guarnición de cuero situada en la base del cilindro de fundición A' que forma el depósito propiamente dicho; y la parte más gruesa, que es la superior, atraviesa una guarnición semejante adaptada al extremo del mismo cilindro que, por lo demás, tiene el mismo diámetro en toda su longitud. En cuanto á la manera de funcionar este depósito de fuerza, es muy sencilla: el agua llega al cilindro X por el tubo de inyección x² y se mantiene á la presión normal que se quiera; pero cuando esta presión excede de este punto, la varilla V' sube, y la cubeta ó taza con que termina no tarda en tocar el plato que dijimos estaba unido á la cuerda sujeta en el contrapeso de las bombas de inyección, de suerte que quedando al subir la varilla V' la indicada cuerda floja, bajará la palanca y, subiendo las dos varillas sujetas á la traviesa inferior que sujeta las varillas verticales que se encuentran en los tubos de aspiración x’ ; estas varillas levantan entonces las válvulas de aspiración x3, que no pudiendo funcionar más, dejan marchar las bombas en vacío, continuando este hasta tanto que la presión se mantiene más elevada de lo necesario; pero en cuanto esta presión disminuye, la carga V tiende á bajar, el plato y' desciende de nuevo, y la cuerda tira del contrapeso de la palanca y que abandona las varillas laterales, y por consiguiente deja libres las válvulas de aspiración, entrando enseguida las bombas en sus funciones naturales, inyectando el agua en el depósito regulador.
Cada cilindro X está sólidamente sujeto sobre una especie de columna hueca X' de fundición, que le sirve de soporte y que reposa sobre un macizo de mampostería, y lleva dos tubuladuras, de las cuales la una recibe el tubo de inyección x² y la otra la caja de bronce Y, que sirve para unir el cilindro con el tubo x5 que lleva el agua á las prensas; en el depósito que corresponde á la pequeña presión, la caja esta provista de una válvula llamada de retención, con el objeto de evitar que el agua de la grande presión pueda introducirse en el cilindro de este aparato, lo cual sucedería si por descuido el obrero se olvidase de cerrar el orificio de la pequeña presión antes de abrir el de la grande.
Hemos dicho que cada prensa hidráulica está provista de una llave distribuidora que permite introducir á voluntad la presión mayor ó la menor á funcionar en aquella. Para ello el aparato está dispuesto de una manera muy ingeniosa y al mismo tiempo cómoda, componiéndose, como indica et detalle 3, que es un corte horizontal, de una pieza de bronce R que se aplica por un lado contra la tubuladura de la prensa, con la cual debe formar cuerpo, y lleva en el lado opuesto un tornillo de atracción z que se mueve á mano por medio de un volante con manetones; este tornillo se apoya contra un tapón de cobre guarnecido de cuero para cerrar el orificio que permite la comunicación de la prensa con el tubo de descarga Z aplicado debajo, y que se ve en la figura, el cual devuelve el agua al depósito de las bombas de inyección, cuando la prensa no funciona, y hay que proceder á descargarla de los capazos ó sacos de pasta prensada; á los dos costados laterales del mismo distribuidor se adaptan dos tornillos de punta cónica z1 y z2, provistos igualmente de pequeños volantes con manetones que permiten hacerles girar á voluntad; su extremo cónico sirve de válvula en los pequeños orificios practicados en el interior de las dos tubuladuras laterales, y el más grande, de 6 milímetros de diámetro, debe comunicar con el tubo de escape de la pequeña presión, mientras que el otro, el menor, que solo tiene 1,5 milímetros de diámetro, corresponde con el tubo de la gran presión. De este modo, cuando el obrero desee, por ejemplo, que el agua inyectada llegue del depósito de fuerza ménos cargado, abre la primera válvula z1 y cierra la segunda z2 al mismo tiempo que mantiene también cerrado el tapón de descarga con el tornillo z; y cuando quiera que llegue el agua de la gran presión, no tiene mas que hacer lo contrario, cerrando, por último, las dos válvulas y abriendo el orificio de descarga cuando la prensada se haya terminado. Como medida de prudencia, á cada distribuidor le precede una llave de inyección Z' que aplica sobre cada uno de los tubos conductores, y tienen por objeto estas llaves el permitir la interrupción del juego de una prensa cualquiera que sea, sin perjudicar en manera alguna al trabajo de las demás; al efecto, cada una de estas llaves está provista de un tornillo de atracción libre por el extremo que precede á su punta cónica, para abrir ó interceptar á voluntad la comunicación entre el tubo x5 que va al depósito, y el tubo x6 que va al distribuidor, y por consiguiente al cuerpo de la prensa.
Para concluir diremos que el agua que debe emplearse en estas prensas ha de ser lo más pura posible, por cuya razón es hasta conveniente el filtrarlas, debiendo emplear la misma hasta tanto que sea propia para ello. Esta agua llega al depósito de las bombas por el tubo Z.
Por lo demás, la manera de trabajar con estas prensas queda indicada con solo haber hecho su descripción. La primera presión se verificará con la de 50 atmósferas, y la segunda y hasta la tercera, si se llegase á este número, se hará con la de 200 atmósferas.
Conocidos los tres sistemas de prensas más principales, esto es, las de viga, las de husillo y las hidráulicas, pasemos á hacer un ligero examen comparativo de las mismas.
Las prensas de viga tienen desde luego el inconveniente, que á veces puede ser de mucha importancia, de ocupar gran espacio. La mucha madera que entra en su construcción las hace además mucho más caras de lo que se cree, debiendo advertir á este propósito que son precisos maderos de grandes dimensiones, lo cual no es siempre fácil de conseguir. Su potencia es inferior á la de las otras prensas, y el tratar de aumentarla añadiendo peso al quintal, tiene el inconveniente de la pérdida de tiempo, y de estar muy limitado este aumento por la naturaleza misma de la viga.
Al esprimir la pasta de la aceituna hay que recoger el aceite en vasijas á propósito, cuyas dimensiones y forma varían bastante. En algunos molinos de aceite se limitan á recibir el que escurre de las prensas en una tinaja en donde el aceite, como más ligero, ocupa la parte superior, sobrenadando al agua que, como más densa, ocupa el fondo de la tinaja: el aceite se extrae de aquí por medio de cazos ó jarras, y se deja reposar algún tiempo en otras tinajas donde se depositan las pocas impuridades que todavía pueda contener, así como la pequeña cantidad de agua que le queda mezclada. Las aguas estas, junto con las que proceden de la primera tinaja, suministran un poco de aceite que por medio del reposo de las mismas va á ocupar la parte superior. Este procedimiento presenta varios inconvenientes, y es preciso que sea abandonado por completo.
En otras partes se recibe el aceite que procede de las prensas en una vasija de madera de forma de tonel sin fondo, forrado en su interior con una lámina delgada de estaño, de hierro estañado ú hoja de lata; en esta vasija se echa agua fría ó caliente, y el aceite al subir á la superficie, se derrama y cae por una canal situada un poco más abajo del cuello de aquella en otros dos recipientes, en comunicación por sus bases por medio de una llave, y los cuales se llenan con el líquido graso que se encuentra igualmente dividido en cantidad y calidad por la ley de la gravedad de los cuerpos fluidos y por la de las medidas de capacidad de los vasos. Las aguas procedentes de la vasija primera de recepción, después que se les ha extraído los aceites buenos, pasan á un depósito subterráneo llamado generalmente infierno, donde todavía suministran una pequeña cantidad de aceite que sobrenada. Este depósito lo reemplazan algunos ventajosamente por un foso, donde se colocan de seis á ocho tinajas; para desprender el agua, se establece una comunicación entre estas tinajas por medio de un tubo que, partiendo del fondo de una de ellas, llega á algunos centímetros debajo de su cuello ó boca; de aquí comunica con la segunda tinaja provista de un tubo semejante al anterior, y así sucesivamente de tinaja en tinaja. En vez de las tinajas emplean algunos balsas puestas en comunicación de igual manera; y es fácil explicarse el modo de funcionar de este como del anterior aparato. En efecto, el agua que
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el molino tenga alguna importancia. Según vemos en una acreditada revista de agricultura, al ocuparse de la industria olivífera de Italia, con dos molinos del sistema moderno, una prensa hidráulica y 10 hombres para su servicio, se pueden hacer 48 prensadas en 24 horas de trabajo. Comparando los resultados de las antiguas máquinas con las modernas, resulta lo siguiente: con dos molinos buenos mecánicos, una prensa hidráulica y 10 hombres, se obtiene el producto de 8 muelas, 8 prensas, 24 hombres y 8 caballerías; suponiendo que con una prensa del país servida por tres hombres, una muela y una caballería, se obtienen, término medio, seis prensadas en 24 horas de trabajo.
Con la prensa hidráulica además, puede obtenerse una mayor cantidad de aceite de inferior calidad que en las prensas antiguas: quedará en los residuos de la presión, por ser esta insuficiente á esprimirlos.
Se ha objetado á las prensas hidráulicas el que con ellas se obtiene el aceite de inferior calidad que con las antiguas; pero esta objeción tiene bien poca fuerza, desde el momento en que se tenga presente que con las prensas hidráulicas puede obtenerse la presión que se quiera, sin más que correr á derecha ó á izquierda el contrapeso regulador de la válvula de seguridad. Esta circunstancia hace que se pueda clasificar fácilmente el aceite que escurre, según sea la presión que lo ha producido, y procurando á la última darle á la prensa su mayor presión, para obtener hasta la cantidad más pequeña de aceite que contengan los residuos.
Antes de dar por terminada la parte correspondiente al prensado de la aceituna, debemos decir dos palabras sobro la sustitución, tantas veces intentada, de los capazos de esparto, por otros medios que no resulten tan caros, corno indudablemente sucede con los primeros. Se ha tratado ante todo de sustituir el esparto por otras materias, tales como las telas de lana y la crin, pero no daban buenos resultados. Por esta razón se ha tratado de suprimir por completo los capazos, y entre los medios propuestos para ello, merece preferentemente fijar nuestra atención el que ha propuesto y puesto en práctica el Sr. Bory, el cual vamos á describir con todos sus detalles.
El Sr. Bory establece siete cilindros ó tambores como el de la figura 13, que representa un corte vertical por su eje y su proyección horizontal, perfectamente iguales, de 0,m45 de altura, por 0,m40 de diámetro, compuestos de dos partes ab y unidos en h h. Las duelas do estos tambores son de madera, de 5 centímetros de espesor; cada tambor debe estar armado por tres aros fg de hierro de buena calidad. En el interior de cada cilindro se practican en toda su redondez unas canales c de 25 milímetros de ancho, 12 de profundidad y 0,m50 de longitud, de modo que queden al extremo de cada cilindro 15 centímetros sin canales. Sobre estas canales, y en todo el rededor del cilindro, se coloca una palanca de palastro llena de agujeros pequeños, semejantes á los de una criba muy fina, que se encaja en la madera de tal suerte, que se encuentre con igualdad con la parte superior del cilindro: en el fondo de cada tambor se practica una entalladura al extremo de cada canal para que dé paso al liquido. Cada cilindro tiene una charnela que permite abrirlo por la mitad, y se cierra por medio de una clavija de hierro en forma de llave. Por último, los siete tambores se colocan sobre la plataforma de la prensa, y están provistos cada uno de un pistón de madera resistente (figura 14) de 0,m40 de altura, construido de modo que pueda entrar muy ajustado: todos los pistones deben ser de igual fuerza y altura.
Al proceder á la operación, es preciso tener siete pedazos de tela común de 40 decímetros cuadrados, en cada uno do los cuales se pone una igual cantidad de pasta de aceituna, por medio do una medida preparada exprofeso; cada trozo de tela cargada de pasta se coloca en cada uno de los tambores;, enseguida el pistón se pone encima; después se colocan sobre el todo una ó dos planchas que cubren todos los pistones, y al acercarse la presión sobre estas planchas, producirá el efecto deseado. El aceite sale enseguida por los pequeños agujeros practicados en la placa de palastro, cae á lo largo de las canales, y viene á parar á la plataforma de la prensa, para verterse en las vasijas de recepción.
Cuando se quiera trabajar en presencia del agua caliente no hay más que separar los pistones, remover la masa, después de añadirle el agua, con un tridente á propósito de hierro, y prensar enseguida de colocar los pistones y las planchas, como antes hemos indicado.
Para descargar los cilindros no hay más que quitar la varilla de hierro que los cierra, y separar enseguida el piñuelo, que se presentará en panes duros como la piedra.
Excusado es decir que en vez de siete tambores, pueden emplearse solamente seis, cinco ó cuatro, según se desee y permita la prensa.
Según el Sr. Bory, por su nuevo método, que acabamos de describir, bastan cuatro hombres en vez de ocho que se necesitan cuando se sigue el procedimiento ordinario, para hacer 20 prensadas en 24 horas, mientras que por este último, no se pueden obtener sino de ocho á diez en el mismo espacio de tiempo; desde luego no hay que llenar y apilar 36 capazos, y además se obtiene una quinta parte más de aceite, según la experiencia le ha demostrado al Sr. Bory.
A pesar de todo, nosotros dudamos mucho de que sean tan grandes las ventajas del método del Sr. Bory, sobre el que se sigue generalmente, dado caso de que existan estas ventajas.
Otros han propuesto sistemas mixtos, esto es, rejillas resistentes colocadas al rededor de la pila de capazos ó sacos en que se contiene la pasta de la aceituna; entre los cuales está el empleado en la prensa de la figura 10, que consta, como la misma indica, de una série de platos de hierro de 6 á 7 milímetros de espesor, que cada vez van siendo menores y que llevan un círculo de hierro lleno de agujeros; cuyo círculo lleva un reborde en la parte inferior, formado por otro círculo muy estrecho de igual espesor; estos dos círculos están fijos al plato, que son cónicos, elevándose en el medio 1,5 centímetros próximamente. La pasta oleaginosa se coloca en cada plato (figura 15) en una tela de crin, ó en otro cualquier tejido; se colocan los platos unos encima de otros, y cuando la pasta experimenta la presión, extendiéndose gradualmente hacia la circunferencia de aquellos, el escurrimiento del aceite se verifica con mucha más facilidad.
Tampoco creemos que este procedimiento ha de dar los mejores resultados.
La Gaceta industrial. 1875
INSTRUCCION PARA MEJORAR LA FABRICACION DE LOS ACEITES,
POR DON LUIS DE VILLAVERDE Y CASTRERA-
(Continuación.) (1)
TRITURACION.
La generalidad de nuestros molinos en lo respectivo á las yuseras, muelas, rulos y medios que tienen para triturar la aceituna, no son buenos por la poca cantidad de trabajó útil que se obtiene en ellos con relación á la fuerza que se emplea como potencia; pero como este defecto pertenece á la cuestión administrativo-económica y yo no me ocupo sino ligeramente de la que conduce al mejoramiento del caldo que se busca, hasta aquel grado en que pueda lograrse sin innovaciones sensibles, doy los demás por buenos desde luego.
En el capítulo anterior hemos dejado á los arrieros ó á los carreros tranquilamente conduciendo su carga desde el campo con todo el esmero, cuidado y pulcritud que le son características, y poseídos de aquel celo y afición que tienen acreditados nuestros braceros cuando se trata de los intereses del amo á quien sirven, y el cual se expresa generalmente entregando rota, vertida ó averiada y maltratada la mercancía, mueble ú objeto que se les ha confiado.
Alejémonos un poco de su vista, dejando á los hombres del camino hacer el suyo dormitando con el sueño de la ignorancia sobre los abismos insondables que pisan, ó que amenicen su jornada con los borrosos cantares que le son característicos, si están advertidos del inminente riesgo que corre el viajero que transite por los arrecifes de Andalucía.
Coa alguna delantera que les tomamos, conseguimos alcanzar antes que ellos las puertas del molino, objeto entonces de nuestra caminata: como era de presumir estaba cerrada. Al mozo que acertó á meter las guardas de la llave en la cerradura, le fué preciso descomponer el cuerpo, aguantar la respiración y remangar el labio para darle vuelta, y si lo consiguió al fin, como asimismo descorrer el pesado cerrojo haciendo hincapié en el umbral de mampostería, fué por el auxilio de otro compañero y por acumulación de fuerza hasta vencer la resistencia que opusieron los goznes; tal se hallaban estos, el cerrojo y la cerradura cargados de seco, espeso y mohoso orín. Los vapores que entonces se escaparon del interior, al que no le puso enfermo, cuando menos le hizo volver la espalda.
Poco ó nada se había entrado desde la cosecha anterior en aquella mansión abandonada: todo se encontraba en ella tal cual quedó en el último instante de terminar la campaña.
Instrumentos de labor por aquí, espuertas y capachas embetunadas de pasta de aceite rancio por allí, pilas de tortas podridas, caídas y rotas, entrelazadas con tisú de arañas ó llevadas á larga distancia trasformadas en menudo grano, y en fino polvo, ya por las alimianas é insectos, ya por las aves caseras, obstruían el puso por todas partes. Sin estar el suelo recubierto por centenares de nidos fraccionados de golondrinas desgajados de las vigas á impulso del vendaval, nuestros píes se hubieran enclavado en el recinto del molino, expuestos a ser encolados de la manera que lo estaba el rulo á su plano y todos los órganos mecánicos entre si. Los gatos habían tomado estos espacios por vergeles de sus amores, y en ellos hubo de haber querellas, y justas, y torneos, y también valor dudoso, porque todos los rincones acusaban la descomposición que causa el miedo, sin que fuera imperfecta la duda de que también le acometió á pato, pava, gallo y gallina, al turbar dulce sueño el furor de los combatientes, porque se encontraban en otros sitios señales visibles de que ellos habían tenido desfallecido el ánimo y sentido pavorosos temores. La pegajosa y repugnante tenaja deja de ver en su fondo, bajo una delgada capa de aceitón, una borra espesa y rancia: las sucias tapas naufragan, enteras ó rotas en un piélago de múltiples capas de lo que sirvió el año anterior para abrigar las tenajas, cuya masa se halla tan bofa y podrida, que no ofrece resistencia, y ocasiona que al andar se hunde la pisada. La bomba retiene, si bien muy mermada, aguas cuajadas de cieno del año anterior. La caldera es de color verde moteado de blanco por dentro, y está matizada de pedruscos, casquijo y telarañas; cuñas, palas, mazos, palancas, pernos, cadenas, ganchos y útiles de todas clases, quitan libertad al andar, y si se repara en la viga mal sostenida por el torcido husillo, al que falta la llave, el ánimo se contrista y se siente impulsos de escapar.
Cuanto emana de este sitio nos revela que allí ha predominado la pereza, la incuria, el descuido, el abandono, y en fin, la antipatía más decidida por los hábitos del trabajo. Tal espectáculo no pudo menos de sugerirnos multitud de reflesiones, y una vez echada á volar la imaginación, nos hizo dar un salto á la Calzada de Sevilla y á los almacenes de Málaga.
Algún desvarío parecía haber en esto; sin embargo, buscando la explicación, fácilmente se la halla. Es que en ambos sitios se encuentra de manifiesto la consecuencia precisa de cuanto aquí pasa: es que en ellos se ofenden los sentidos de un modo igual al que se acaba de decir.
La mansión que acabamos de describir es, sin duda, la más adecuada y conveniente para alojar una aceituna apaleada, estrujada, arrastrada por los suelos, sucia, maltratada y mal ataviada, de la misma manera que el lupanar es el aposento del cerdo; pero no para la que viene cogida con mimo, entresacada y separada de la que pudiera manchar su pureza, que hincha la atmósfera con su fragancia y que impone á cuanto lo rodea la limpieza y aseo que le son debidos.
El molino debe estar limpio, no olerá nada y denotar mucho orden, Cada cosa y cada útil debe estar en su sitio y todos resplandecientes y brillantes. Debe tenerse muy presente que cuantos vasos é instrumentos van á ser empleados en la faena que se prepara, sirven para ponerse en contacto con una sustancia alimenticia, aun cuando tenga además otros usos; por lo tanto, que á manera que en una casa bien dirigida, y en que hay gobierno, la dependencia más aseada es la cocina, en el molino donde se va á condimentar un caldo que tanto figura en aquella, no debe estar menos limpio.
Entrar en detalles de cómo se pone en buenas condiciones de aseo el molino, seria favorecer poco á los que leen estas líneas, y menos hacerlo en la tierra donde se conserva blanco, á fuerza de cal, el hogar donde se cuece la holla podrida.
Conseguir esa limpieza es cuestión de puños, escoba y agua; sobre todo de mucha agua.
Sin embargo, haré algunas observaciones sobre la limpieza de la tinaja, por la mucha importancia que tiene; bien entendido que lo mismo que para el rulo ó yusera, serán auxiliares eficaces la cal, la potasa, el vinagre, la ceniza, el jabón, la arena, el acido sulfúrico diluido en agua, puesto que son reactivos á propósito para cada uno de los cuerpos pegados á sus paredes, sin embargo de que ninguno de ellos es suficiente sin el auxilio de un buen estropajo bien empuñado.
La potasa diluida en agua en proporciones convenientes para que no moleste la epidermis de las manos, quita pronto y bien las grasas mezcladas con polvo y otras impurezas que forman las costras que recubren todas las partes que son de madera, como viga, cuñas, armaduras, tapas de tinaja, etcétera, etc. En la piedra es más eficaz aún el ácido sulfúrico, que á veces puede emplearse puro si las suciedades se resisten demasiado al agua acidulada y al frotamiento hecho antes con arena, ceniza ó jabón, bien entendido que la operación se debe terminar siempre, sea cual fuere el ingrediente que se use, con verter y chapuzar mucha agua en la piedra para que no quede trazo del mismo.
Los rulos y sus planicies fácilmente se limpian: respecto á los ejes de hierro, ruedas de engrane, armaduras y todos los demás órganos mecánicos, caso de hallarse recubiertos de orín, deben empaparse bien con aceite, y cuando esté bien reblandecido, se les frota con papel de estraza para limpiarlos, si bien debe repetirse la operación, caso de que las picaduras sean profundas.
Como la tinaja es de sustancia porosa, la porquería se le agarra fuertemente y llega á formar costras gruesas que á veces es necesario rascar para quitarlas, ocasionando con esto bastante deterioro en ella, puesto que se descascararía la capa primera y la deja más porosa en aquel sitio, que si bien no tienen vidriado, como sucede en toda la superficie interior, sin embargo, tiene más densidad, sucediendo lo mismo á la exterior por la mayor presión que experimentan naturalmente dichas superficies al tiempo de modelarse en el torno la tinaja.
En este particular no puede dispensarse nada: la tinaja y lo mismo la bomba han de quedar tan limpias, como si se estrenasen, cada vez que se pone aceite nuevo en ellas. Todo lo que sea faltar á esta regla es echar á perder el mejor aceite que se deposite en dichos vasos. Para convencerse de esta verdad, basta considerar que el color de las tinajas es rojo-rosado-claro, y por consiguiente que lo que interrumpa este tinte procede de una pasta endurecida, formada de los principios sólidos del aceite enranciado, borras, polvos y distintas suciedades en estado de corrupción y podredumbre: esas costras y manchas son un verdadero estiércol, y bastante peor aún; que si no apestan de un modo insufrible, es debido a su estado de sequedad; pero que se reblandecen lo bastante con el aceite nuevo, para comunicarle toda su fetidez, desprendiéndose en gases. Esta operación que se facilita, como sucede en toda reacción química, por el calor, se hace viva, porque los labradores logran producir ese calor rodeando las tinajas con orujo. Los mismísimos ángeles caídos, escapados de los profundos infiernos, no hubieran podido dar una conseja más desatinada. El consabido orujo con que arropan las tinajas (este es el término usado), hubiera sido mejor empleado en arropar al inventor que concibió tan funesta idea, para que la idea y él hubieran quedado en la cloaca en que convirtieron unos sitios que deben resaltar por su limpieza. aseo y buen olor.
El orujo, como queda dicho, activa el reblandecimiento de las capas solidificadas de residuos repugnantes al paladar en la tinaja y su mezcla intima con los aceites, á causa de la elevación de temperatura que produce; por otra parte, como esta es causada por una fermentación, que no es otra cosa que lo conocido vulgarmente con el nombre de pudrición, esparce en el almacén una atmósfera pestilenta compuesta de distintos gases, muy nocivos bajo distintos puntos de vista para los aceites, porque estos los absorben con avidez hasta llegar á un completo grado de saturación. Para convencerse de esta verdad, y de que aun cuando las tinajas estén perfectamente limpias bastan esas múltiples mantas sui generis de filamentos de pulpa, hueso y pepita de aceituna para ocasionar su ruina y deterioro; que no se verá un almacén en que se tenga orujo, y por consiguiente orujo ácido podrido, hediondo, por muy poco tiempo que haya tenido de permanencia en él, en que el aceite, por muy tapado que se halle, no participe del gusto que se mastica en el espacio del local.
Debe proscribirse por completo y en absoluto tener ni un polvo de orujo en el sitio donde están almacenadas las tinajas, ni en lugar alguno próximo á donde haya aceite Por otra parle, bien sabido es que no hay laboratorio químico más perfecto que el de la misma naturaleza. En este concepto, á nada conduce adelantar la precipitación de los principios sólidos de los aceites, lo que se llama comúnmente descolgar, porque luego viene la estación calurosa, y naturalmente se verifica su clarificación. Este resultado lo da una elevación de temperatura solamente Por eso se obtiene con la temperatura de la fermentación de los orujos frescos, pero introduciendo para esto, como hemos dicho, vicios en extremo perniciosos. Si el labrador se hallase necesitado de vender pronto sus aceites, y por ello de aclararlos por un medio artificial, que lo haga sirviéndose de una estufa que introduzca en el almacén, pero de ningún modo por el sistema que tiene en uso. Antes que esto, seria preferible que metiesen en las tinajas que se quieran aclarar aquellos calentadores cargados de carbón que usan los almacenes de la Calzada de Sevilla, que aun cuando sea otra invención de Lucifer para dar á los aceites el martirio de San Lorenzo, constituyen un método menos malo en caso de urgente necesidad, que lo es el dichoso del orujo.
Lo más perfecto seria (si bien no es mi propósito este consejo por ahora) tener un almacén-estufa á 30 grados de temperatura, en el que permaneciesen los aceites el tiempo preciso para precipitar los residuos (descolgar), y de allí pasasen á los almacenes de conservación, que para este fin deben ser frescos.
Con esto se conseguían dos ventajas, una la de hacer un primer trasiego al caldo, operación que siempre es beneficiosa; otra llevar el aceite claro á los almacenes de conservación, donde el trascurso del tiempo aumentaría su pureza, no causándose en las tinajas esas grandes cantidades de borras y aceites que para su mal retienen todo el año en contacto.
Con lo dicho hasta aquí y lo callado por sobreentendido, tenemos el molino (1) perfectamente limpio; todos los objetos en su puesto, y el trabajo de los operarios perfectamente repartido, para que cada cual desempeñe su cometido. Sobreviene ahora la duda de no saber si la aceituna que va á llegar puede molerse en el mismo día, ó si por ser excesiva la recolectada en un día podrá triturarla la muela en veinticuatro horas y prensarla la viga, dando por consiguiente un sobrante que será necesario dejar para otro, en cuyo caso nos encontramos con que no se puedo tener lo que se desea y conviene.
Nada más fácil que obtener una molienda corriente diaria y de aceituna fresca y cogida en el día, sea cual fuere la extensión del olivar que se recolecta, única á propósito para dar aceite de comer. Sin embargo, la generalidad de los olivareros oponen á este proceder tal cúmulo de dificultades y tantos inconvenientes, que á veces me ha hecho pensar si estos serian fundados. No lo son de ninguna manera, y como por otra parte, solamente por medio de fabricación corriente es como puede tenerse aceite de mesa, no hay más camino que hacerlo así y combatir esas dificultades imaginarias. Vamos á ver cómo puede llegarse al fin que se desea.
(1) Aun parece mejor conservarle su antiguo nombre árabe de almazara, para distinguirlo del molino propiamente dicho, que es donde se muele, y está compuesto de rulo, ó muela o yusera, planicie, armadura y órganos mecánicos.
Estábamos absorbidos en estas reflexiones, cuando de pronto hemos cesado de oír el monótono cencerro del liviano que desde hacia rato se percibía á la distancia, ó sea las alegres campanillas de las cabezadas de las muías ó el desgarrador chillido de la mal labrada carreta, que venían formando un crechendo, como diría Verdi, en términos musicales. Este accidente es indicio cierto de que también ha llegado á la almazara la cabalgata con la aceituna cogida, y si de ello se dudase, nos cercioraría oír alguna que otra interjección aragonesa, que hace sonar una voz robusta de las que formamos concepto en los patios de nuestras posadas.
Trae 150 fanegas de aceituna, lo que nos hace conocer que al día siguiente se recogerán otras tantas, porque esta cantidad debe ser sin duda la correspondiente al trabajo útil que puede hacer la cuadrilla recolectora.
Ei molino sólo puede moler cada 24 horas 100 fanegas de aceituna, Este es el gran conflicto en que se encuentran nuestros labradores, que dicen: Si se recolecta 50, 100 ó 300 y el molino no tritura sino 40, ¿cómo he de hacer fabricación corriente? ¿Qué puede hacer después de la primera tarea para tener fabricación corriente, si cada día se amontona más fruto en la almazara? La cosa es muy sencilla de responder. Se hace dos clases de aceite, una de fabricación corriente, y la otra como es de ordinario; fermentado, entrojado y podrido. Con las 150 fanegas de aceituna que están descargando los arrieros, se hacen dos partes: 100 se llevan al molino y las 50 restantes se echan en la troje, la cual no estará de más que se haya aseado y blanqueado.
Las 100 fanegas de aceitunas conducidas á la planicie del molino pueden empezarse a moler desde luego, mientras las caballerías se han ido á comer su pienso, las gentes á confeccionar su comida, aviar sus bestias y disponerse para repetir el mismo trabajo al dia siguiente.
Cuando se han cumplido 24 horas nos encontramos con 100 fanegas de aceituna convertido en aceite que se ha vertido en las tinajas, 50 fanegas puesto en la troje, y las caballerías con nueva carga á la puerta. Se repite la misma operación, 100 fanegas van al molino y 50 á la troje, de modo que, prosiguiendo así, cada 24 horas tenemos, por ejemplo, 70 arrobas de aceite más de fabricación corriente, y 50 fanegas de aceituna de aumento en la troje.
Al cabo de 30 días nos hallaremos con 2.100 arrobas de aceite, procedente de fabricación corriente en las tinajas, y 1.500 fanegas de aceituna con diferentes grados de fermentación en la troje que requieren molerse.
¿Qué ha costado conducir de este modo la operación? Nada.
¿Qué ventajas tiene? Muy grandes. Si alguien lo duda, puede hacer la pregunta á los que han adoptado este sistema desde el año pasado, y si no dan crédito á nadie, la baja que tendrán sus aceites en el porvenir, si no acometen la reforma, se lo harán aprender.
Por el pronto se tiene un aceite limpio y de superior calidad, y otro aceite de calidad inferior, aunque no tanto si con mucho como el que ordinariamente se hace, pero el cual por ahora, para evitar complicaciones, puede mezclarse y formar una sola clase con el procedente de la aceituna caída, la entrojada y de cuantos desperdicios se recojan en la almazara.
El aceite de segunda presión es el que se hace diariamente, pero muy inferior al de primera. La circunstancia de no tener entrojada la aceituna, hace que resulte un aceite mejor que el ordinario que se fabrica comúnmente, á pesar de que se pueden usar para sacarlos las prensas más poderosas, pues en este aceite, y más estando decidido á mezclarlo con los otros de clase inferior, lo que conviene es obtener la mayor cantidad posible, auxiliándose del agua caliente ó chorros de vapor que seria un medio más adecuado sin cuidarse de lo demás.
De este aceite se podría todavía, dando dos presiones al orujo que deja la primera presión, si se le mezcla con agua caliente, sacar dos, uno que podría ser regular para comer y el otro á que se diese la mayor compresión posible, y el cual fuese el solo que se dejase para mezclar con todos los otros que hemos mencionado.
La sola innovación precisa que por ahora debe hacerse en los molinos, es la de tener dos bombas en vez de una, y dos canales. La una para recibir el aceite de primera presión, y la otra para el de segunda presión.
Es un gasto bastante insignificante, pero de absoluta necesidad. Es tan necesaria la segunda bomba, como lo es la viga, el molino y la caldera. En el año pasado establecieron algunos labradores la segunda bomba, estando muy contentos con esa innovación, y en el actual, para la cosecha que empieza, otros me han escrito que ya la tienen preparada.
Procediendo como queda explicado en los párrafos anteriores, cosa en la cual no podrá argüirse que nos desviamos demasiado de las prácticas usuales, nos encontramos al fin de la campaña con dos clases de aceites; eso solo, sin embargo, constituye un mejoramiento y representa un progreso de fabricación de un valor inestimable, puesto que hemos llegado al desiderandum de tener en Andalucía aceite de mesa que no se ha cocido con agua.
No es esto seguramente llegar á la perfección, pero es estar en camino de ella. No lo es, porque ésta consiste, como dije en mi primer folleto, en hacer ocho clases de aceite en una almazara bien dirigida, el primero, que es el de primera presión, y el último el llamado de resence (l), que con el tiempo espero ver extraer á nuestros hacendados, teniendo para ello la misma confianza que he tenido para que adoptasen el de primera presión, que hoy hacen unos pocos en algunas localidades.
La primera prensada de la primera tarea debe ser muy suave: entre tanto debe estar abierta la canal que va á su bomba correspondiente, y cerrada la otra. Ocurre con frecuencia en esta tarea, que como la aceituna está mojada, es muy fresca y se halla entera; como le falta el calor perjudicial del agua caliente, sucede que al comprimir la viga sobre las capachas, éstas se resbalan y descomponen, dando lugar con esto á un hacer y deshacer la carga que ocasiona una pérdida sensible de tiempo. Para evitar este accidente, se montan las capachas de esta manera: después de poner la primera, una vez cargada, se le pone otra encima vacía, y se sigue así sucesivamente, alternando las capachas cargadas con las vacías. Si aun así no se consiguiese sujetar la carga, se toma un puñado de orujo caliente de las capachas en que se ha prensado el aceite de segunda presión, se desmenuza un poco de prisa para que no pierda calor y se rocía con él las capachas: puede tenerse la seguridad de que haciendo esto último, se evite con toda seguridad el accidente de que se hace mención.
Sucede también en la aceituna que tiene las condiciones que quedan expresadas, que saltan chisporrotazos que manchan las paredes y causan desperdicios. Para obviar este inconveniente, se cuelgan al rededor de la pila unos paños sobre los cuales se estrellan los chispazos, y eso basta, para que caigan al suelo.
(Se concluirá.)
(1) Ignoro la traducción española de esta palabra.
Gaceta agrícola del Ministerio de Fomento. 8-12/1876
FABRICACIÓN DEL ACEITE OE OLIVAS
PRENSADO.
Esta operación se lleva á cabo en Andalucía y en esta provincia, con algunas prensas antiguas de viga; gran número de las de husillo de madera y de hierro y unas cuántas hidráulicas.
Quisiéramos ocuparnos con detenimiento de las prensas de cada uno de los sistemas; pero temiendo hacer este artículo interminable, considerando, por otra parte, que no habrá uno sólo de nuestros lectores que no las conozca por haberlas visto funcionar, nos abstendremos de entrar en detalladas descripciones, y vamos sólo á exponer ligeramente los inconvenientes y ventajas que, en nuestra humilde opinión, presentan.
Las prensas de vigas, que, como dice muy bien nuestro compañero y querido profesor de industria rural, D. Diego Pequeño, son verdaderos armatostes, más parecidos á los arietes empleados en las antiguas guerras que á máquinas destinadas á la extracción del aceite, reúnen en sí todos los inconvenientes, sin presentar en cambio la más insignificante ventaja. Ocupan un espacio sumamente grande; su precio es exorbitante, pues con el edificio que necesitan para maniobrar costarán unos 50.000 reales; hay que recomponerlas con frecuencia; la presión que pueden ejercer es muy limitada, y se verifica oblicuamente, por lo que, á cada instante, hay que estar arreglando el pie ó cargo, perdiéndose mucho tiempo en esta operación; y, por último, su manejo fatiga mucho á los obreros.
Las prensas de husillo de madera ofrecen la ventaja sobre las de viga, de ocupar un espacio muchísimo menor y costar bastante más baratas; pero entre otros, tienen el inconveniente de estar generalmente mal construidas y presentar grandes rozamientos, por lo que exigen grandes esfuerzos para lograr una regular presión.
De mejores resultados son las prensas de husillo de hierro, particularmente las perfeccionadas, cuyo husillo se mueve por un sistema de engranaje y uno ó dos volantes con manetones: las hay que pueden ejercer una presión hasta de unos 190.000 kilogramos, costando tan sólo 12.000 reales; mas también adolecen del defecto de necesitar tres ó cuatro operarios robustos para su manejo.
Todos los inconvenientes enumerados se salvan con las prensas hidráulicas; éstas no exigen más que uno ó dos hombres para hacerlas funcionar; alcanzan presiones mucho más grandes que las anteriores, siendo sus precios relativamente menores; y no ofrece su empleo dificultad alguna.
Al ocuparnos de la práctica del prensado, tenemos que repetir lo que decíamos al hablar de la molienda; esto es, que será altamente útil y beneficioso para los cosecheros, y para la reputación y fama de sus aceites, que el prensado se haga primero en seco ó echando agua fría á los pies ó cargos, y de ninguna manera escaldando la pasta como en la actualidad, y especialmente en Andalucía, se verifica; así obtendremos dos clases de aceite: uno superior, que se conservará largo tiempo sin tomar el gusto á rancio, y otro más inferior é igual al que hoy se obtiene por la generalidad de los agricultores murcianos y andaluces.
Sabido de todos es, que para prensar la pasta de aceituna se coloca dentro de los cojines ó capachos de esparto; pero nosotros creemos que sería conveniente se reemplazasen éstos por otros de crin ó de tela metálica de hilos estañados, que no comunicarían al aceite el mal gusto que el esparto le comunica; cuando se empleen cojines de esparto deberán lavarse, cada dos ó tres días, con una legía muy concentrada, enjuagándolos después con agua caliente. Pudiera también hacerse uso de procedimientos análogos al propuesto por M. Bery para extraer el aceite sin el auxilio de cojines. Dicho procedimiento, cuya explicación copiamos del Manual de aceites de la Enciclopedia de Roret, se reduce á lo siguiente:
«Se establecen siete cilindros ó tambores, perfectamente iguales, de 45 centímetros de altura por 40 de diámetro. Las duelas de estos tambores son de madera de 5 centímetros de espesor; cada tambor debe ser reforzado por tres aros de hierro de buena calidad. En toda la superficie interior de cada cilindro, se practican unas canalitas de 25 milímetros de ancho, 12 de profundidad y 30 centímetros de longitud, de modo que queden en la extremidad de cada cilindro, 15 centímetros sin acanaladuras. Sobre éstas, y en todo el rededor del cilindro se coloca una placa de palastro llena de agujeritos (1), semejantes á los de una criba muy fina, que se encaja en la madera, de modo que se encuentre formando una superficie continua y lisa con la parte superior del cilindro: en el fondo de cada tambor, y en la extremidad de cada canal, se practica una muesca y escopleadura para dar salida al líquido. Cada cilindro tiene una charnela que permite abrirlo por mitad, cerrándose por medio de un pasador en forma de llave. Por último, los siete cilindros ó tambores se colocan sobre la solera ó lenteja de la prensa, y están provistos cada uno de un pistón de madera resistente, de 40 centímetros de altura, construido de modo que entre perfectamente ajustado; todos los pistones deben ser de igual fuerza y altura.
(1) Pudiera también emplearse una tela metálica de hilos estañados
Se procede á la operación del prensado tomando siete pedazos de lienzo de 40 decímetros cuadrados, en cada uno de los cuales se pone una cantidad igual de pasta de aceituna por medio de una medida construida exprofeso; cada trozo de tela cargada de pasta se coloca dentro de los cilindros ó tambores; en seguida se ponen encima los pistones, y, por último, sobre las cabezas de los pistones se colocan una ó dos planchas, y al ejercerse la presión sobre éstas, se prensará la pasta de aceituna. El aceite sale en seguida por los agujeritos de la placa de palastro, vertiéndose á lo largo de las canales y cae en la lenteja ó solera de la prensa y de aquí en los pocillos ó fuentes.
Hecha esta primera presión en seco, se quitan los siete pistones, se remueve la masa con un tridente de hierro, agregándole agua caliente y se vuelve á prensar de nuevo para obtener un aceite de segunda clase.
Se descargan los cilindros quitando el pasador ó clavija que los une, y separando el píñuelo que se presentará formando una masa compacta como una piedra de dura.
En vez de siete tambores, pueden emplearse dos, tres, cuatro, ó los que quepan en la lenteja de la prensa.
El aceite, según queda dicho, desde la lenteja ó solera, pasa á los pocillos o fuentes, vasijas construidas de barro, generalmente empotradas en el suelo de la almazara y en las cuales el aceite ocupa la parte superior, sobrenadando en el agua: ésta sale por un pequeño agujero practicado en el fondo de los pocillos, y el aceite se extrae por medio de cazos.
En unos puntos, el agua es conducida por una canal al estercolero ó á sitios en los que para nada se aprovecha, y en otros, se recoge en un depósito subterráneo llamado infierno, donde todavía se extrae alguna cantidad de aceite para las jabonerías.
Generalmente, con el agua que sale de las fuentes, es arrastrado una porción de aceite que va á los estercoleros ó á los depósitos subterráneos; mas puede evitarse esto, haciendo uso de tres ó cuatro fuentes escalonadas, que se comuniquen por un tubo que desde el fondo de la primera suba en ángulo recto hasta unos 20 centímetros debajo del borde de la segunda: ésta se comunicará con la siguiente por otro tubo igual al anterior, y así sucesivamente, hasta la última, que, por un conducto subterráneo, se pondrá en comunicación con el estercolero. Por medio de esta sencilla disposición, el aceite que sale con el agua del primer pocillo se deposita en el segundo; el que todavía va con el agua de éste, queda depositado en el tercero; saliendo, por último, el agua completamente despojada de aceite.
Este se extrae de las fuentes y pocillos por las espitas que éstos deben tener en su parte superior.
ACLARADORES Ó CLARIFICADORES.
El aceite extraído de los pocillos ó fuentes, lleva una porción de sustancias fermentescibles y mucilaginosas que lo impurifican y enrancian, si no se tiene cuidado de quitárselas inmediatamente: dichas sustancias son las morgas, borras ó turbios. La operación se practica depositando el aceite en los aclaradores, tinajas metidas en el suelo ó empotradas en su macizo de mampostería, y en las cuales se deja reposar por espacio de algunos días.
Varios son los inconvenientes que encontramos en los aclaradores generalmente empleados; pero bastará que citemos algunos, para que los cosecheros se convenzan de lo defectuosas que, en la operación que nos ocupa, son las tinajas y procuren reemplazarlas por las vasijas que luego diremos. En primer lugar, como para sacar el aceite aclarado es necesario introducir en él cazos ó jarros, se agita toda la masa-líquida y se revuelven y mezclan con el aceite las sustancias que se hallaban depositadas en el fondo de la tinaja, resultando imperfecta la aclaración ó clarificación; luego, con el sistema de tapaderas empleado para las tinajas, el aire actúa constantemente sobre el aceite y sustancias fermentescibles que contiene, y da origen al enranciamiento y mal gusto; y, por último, estando las tinajas empotradas, es muy difícil, ó casi imposible, que se limpien bien, y siempre queda en los posos del barro de que están construidas, aceite rancio de la cosecha anterior que comunica sus propiedades á todo el que se ponga en contacto con él.
Estos inconvenientes quedan subsanados, empleando aclaradores de hoja de lata, en forma de tronco de cono y con llaves ó espitas colocadas á diferentes alturas para ir sacando las distintas capas de aceite, á medida que los turbios ó borras vayan depositándose en el fondo.
El aceite no debe dejarse que permanezca sobre los turbios, pues como contienen gran cantidad de fermento, lo enranciarían comunicándole un olor y gusto que le hace desmerecer. Pasados quince ó veinte días del primer trasiego ó separación de las heces, debe darse otro, evitando, á ser posible, el contacto del aire; y al entrar la primera, se volverá á trasegar. Es cosa cierta y experimentada que la mejor clarificación se obtiene por los trasiegos repetidos.
Cuando se desee aceite de superior calidad, después de clarificarlo por el reposo, deberá filtrarse, y aun convendría que antes se clarificase agitándolo con agua hervida y fría, en la cual se haya disuelto cierta cantidad de sal común ó cloruro de sodio, que como insoluble en el aceite se depositará, arrastrando en su descenso las partículas que por su tenuidad permanezcan en suspensión.
Filtros. — Pueden ser de diversas clases, verificándose la filtración de arriba abajo, de abajo arriba, y de costado ó lateralmente; pero uno de los que consideramos más recomendables por su sencillez y buenos resultados, es el que haciendo la filtración de arriba abajo se compone: de una cuba de madera forrada de hoja de lata; en la parte superior y á los treinta centímetros del borde, lleva un falso fondo lleno de agujeros, en los cuales se introducen unas torcidas de algodón con un nudo en la punta; después, más abajo, hay otro falso fondo también agujereado, y entre ambos se coloca algodón sustancia que como sabemos es neutra, y que por esta razón nada proporcionará al aceite; por último, á unos 30 centímetros de la base, la cuba lleva otro falso fondo, y en el espacio que media de este al anterior se pone una capa de arena entre dos bayetas ó muletones. Es necesario cuidar de que la arena empleada para filtrar el aceite, no contenga carbonato de cal y esté completamente limpia de polvo.
Se conocerá que no contiene carbonato, cuando tratada por ácido clorhídrico no produce efervescencia, y para quitarle el polvo bastará agitarla en agua y después separar ésta por decantación.
El aceite clarificado y depurado se conducirá á las bodegas, las cuales deberán ser espaciosas y ventiladas, reinando en ellas una temperatura constante de 8 á 14 grados, sin que pase de estos límites.
Los suelos, construidos de baldosas muy bien unidas y limpias, deberán estar algo inclinados hacia un pocillo practicado en el centro, para recoger el aceite que pueda derramarse, y las vasijas ó zafras, deben hacerse de hojas de lata, y de ningún modo de zinc, cobre, ni plomo porque estos metales son atacados por los aceites, formando jabones solubles sumamente venenosos.
Conforme vayan inutilizándose las tinajas, deben los agricultores ir reemplazándolas con zafras de hojas de lata; que sobre costar lo mismo ó más baratas que aquellas, son de más duración y de mejores condiciones para la buena conservación del aceite; pues en las tinajas, como son muy porosas, se oxida por hallarse en contacto del aire.
Esmérense un poco nuestros cosecheros en la fabricación, y el aceite de España competirá en calidad y finura con los tan renombrados y afamados de Génova y Ais. — Murcia y Noviembre de 1876.
VICENTE SANJUAN, Ingeniero agrónomo.
El Diario español. 4 de septiembre de 1876
EXPOSICION AGRICOLA Y MINERA DE MURCIA.
ARTÍCULO III.
Al lado de los aparatos y máquinas agrícolas de la señora viuda de Estor, descritos en nuestro artículo anterior, vése un molino, todo de hierro, con cilindros de gran potencia, movido por fuerza animal, pero aplicable a una máquina de vapor, destinado á triturar mineral. Está construido por Mr. Benedicto Gal, en la fundición que posee en Cartagena. Este constructor tiene también expuestas diferentes prensas para aceite y uva, con tornillos de 0,09, 10 11 y 12 de diámetro. También la señora de Estor ha expuesto una prensa de triple presión. Su potencia es inmensa y la emplea con gran resultado para moler aceituna. El Sr. Noguera tiene presentada una prensa para la fabricación del vino, construida en Valencia por la Fundición primitiva, de resultados muy apreciables.
La Producción nacional (Madrid). 20 de enero de 1877, n.º 34
FABRICACIÓN DE ACEITE DE OLIVAS
Almacenado de la aceituna.
Como las cosechas son muy grandes relativamente al número de almazaras ó molinos de que se dispone, y como por otra parte la recolección se efectúa en un espacio de tiempo mucho más corto que el que se emplea para la molienda, ha y necesidad de almacenar la aceituna durante algunos dias, y á veces durante algunos meses, esperando á que le llegue su turno de trituración. Generalmente el almacenado se practica de una manera deplorable, colocando las aceitunas, unas veces en lo que en algunas provincias denominan «aforines,» y que no son otra cosa que trojes muy grandes, ó mejor dicho, balsas en las cuales se depositan 400 ó 500 fanegas de oliva, y otras veces amontonándolas en cualquier rincón de la almazara, según hemos visto en Andalucía. Con semejantes procedimientos .se obtiene después un aceite rancio, de mal gusto y de una, clase inferior, que no encuentra salida en los mercados.
En efecto, hacinada, amontonada, estrujada allí la aceituna, al menos la de las capas inferiores, por el enorme peso que tiene encima, y bañada en su mayor parte por el agua de vegetación ó «alpechín,» que de la misma se desprende, sufre una fermentación, en ocasiones pútrida, oxidándose la oleína y transformándose en «margarina,» Esta fermentación ocasiona un aumento de temperatura, que favorece notablemente la oxidación y trasformación de la margarina en una serie de principios de mal olor y de sabor más ó monos acres y picantes, que lo comunican al aceite haciéndolo fuerte y de mala calidad.
Además las aceitunas se enmohecen, esto es, se cubren de plantas criptógamas, que dan al aceite un olor fétido y nauseabundo y gusto amargo y repugnante. Últimamente, con esta manera de almacenar, resulta que, como la oliva que primeramente recolectada ocupa la base ó fondo del montón ó del aforín, es la última que se muele, sale completamente podrida ordinariamente.
Es necesario que los cosecheros lleguen á convencerse de que mientras no abandonen este sistema de almacenado, muy bueno para sacar aceites margarosos, rancios y á propósito para las fábricas de jabones, será inútil que se esmeren en fabricación, porque siempre resultarán aceites de gustos y vicios contraídos en los almacenes. Y no so nos diga que hay necesidad de tener almacenada la aceituna para que, fermentando, suministre mayor cantidad de aceite y de una clase más superior, pues esta es una preocupación errónea que debemos combatir con todas nuestras fuerzas.
El aceite, decíamos al principio de este artículo, es tanto más fino, más fluido y de más larga conservación, á medida que contiene mayor cantidad de «oleína» que de «margarina;» y viceversa. Ahora bien: al fermentar la oliva se oxida la «oleína» y el aceite se hace más margaroso, más basto; la margarina, mediante la acción del oxigeno del aire, ayudada por el calor que se desarrolla en la formación, se trasforma en mucílago, tenino, pectina y otras sustancias contenidas en la pulpa antes de madurar, disminuyéndose por tanto la cantidad de aceite; luego, por la fermentación de la aceituna, lejos de haber aumentado en cantidad y calidad de aceite, como suponen los agricultores, hay verdadera disminución en una y otra.
La práctica, sin embargo, parece demostrar lo contrario, y de aquí nace el error en los cosecheros. Por haber observado que una fanega de aceituna fermentada, negra, arrugada, y en una palabra, muy pasada proporciona mayor cantidad de aceite que otra fanega de aceituna madura, dura, sin pasar ni fermentar, suelen alucinarse sin pararse á pensar cuál pueda ser la causa de semejante resultado, y deducen como una verdad inconcusa que la aceituna produce mayor cantidad de aceite cuanto más negra y pasada está.
Natural y lógico es que una misma medida de aceitunas arrugadas y pasadas suministre más aceite que de aceitunas túrgidas, de aceitunas sin arrugar, porque habiendo perdido las primeras sus aguas de vegetación, han disminuido de volumen, y claro es quo hará falta mayor número que de las segundas para llenar la misma capacidad. Pero si en lugar de comparar la misma medida se comparase igual número de aceitunas, seguramente que la práctica vendría á corroborar lo que la ciencia nos enseña.
El experimento puede hacerse también de otra manera más sencilla: cójanse 30 fanegas, por ejemplo, de aceituna de un mismo árbol; divídanse en dos porciones perfectamente iguales, de 15 fanegas cada una; extráigase el aceite de una de ellas, y al cabo de dos ó tres meses, y cuando ya la aceituna haya fermentado, extráigase el de la segunda porción; compárese, por último, el aceite obtenido de ambas porciones, y se verá la superioridad y calidad del primero sobre el segundo.
Para evitar la fermentación debe almacenarse la oliva en habitaciones espaciosas y perfectamente ventiladas por capas de poco espesor, en trojes, cuyos fondos, siendo de madera agujereada, se hallan algún tanto inclinados para dejar escurrir el alpechín á una canalita practicada en el suelo del almacén y á todo lo largo de los referidos trojes.
También se conservará la aceituna, sin temor á que fermente, colocándola sobre zarzos puestos en andanas, lo mismo que los que se usan para la cría del gusano de seda, solamente que deberán estar más separados, á fin de que el aire circule libremente por entre ellas.
Sería muy conveniente que en las almazaras se empleasen termómetros para conocer cuándo en los montones de aceituna va á iniciarse la fermentación ó escalde. Al efecto, dichos termómetros, que para impedir su rotura deberán estar forrados de hoja de lata, se introducirán en los montones, y siempre que marquen cuatro ó cinco grados de temperatura más que otro termómetro colocado en el almacén, es señal de que va á principiar la fermentación, y deben mudarse inmediatamente de lugar las aceitunas, ó mejor todavía, llevarse á la muela si esto es posible.
Molienda
Sabido es que la aceituna contiene tres clases de aceites, de caracteres y propiedades completamente distintos. El primero, suministrado por la carne ó pulpa, es muy oleoso, fino y de larga conservación; el segundo, dado por el hueso, de mal gusto y de fácil enranciamiento; y el tercero, que se obtiene de la almendrilla, es también de mal gusto, y además contiene bastante proporción de ácido prúsico, veneno sumamente enérgico y activo. Estas dos últimas clases figuran en pequeña cantidad; mas á pesar de esto, son la causa de las alteraciones de nuestros aceites.
Comprendemos, pues, lo altamente beneficioso y útil que sería separar previamente la pulpa del hueso de la aceituna.
Varias son las máquinas que desde la más remota antigüedad se vienen inventando y ensayando con este objeto; mas nosotros no conocemos todavía ninguna que haya dado resultados satisfactorios y tales como la industria las necesita. Sin embargo, tenemos entendido que la casa Ransomes, Sims y Head, de Londres (1), ha construido recientemente una que deja el hueso completamente limpio y sin la menor porción de pulpa adherida á él; y en ese caso creemos que la escuela Central de Agricultura debiera practicar algunos ensayos de la referida máquina, con el fin de ver si reúne las condiciones de sencillez, duración, fácil manejo, economía en la mano de obra y todas las demás cualidades indispensables para poderla recomendar á nuestros cosecheros de aceite.
Mientras tanto, y hasta que los cosecheros no estén convencidos de su utilidad, nos concretaremos á aconsejar algunas modificaciones en los molinos de piedra cilíndrica, que todavía, si bien afortunadamente en muy corto número, se usan en algunos puntos de España.
Como este artículo lo escribimos para los cosecheros, y todos ellos conocen perfectamente los molinos á que hacemos referencia, omitimos su descripción, pasando inmediatamente á las citadas modificaciones.
La primera que nos ocurre es cambiar la muela cilíndrica por un tronco de cono de bases paralelas, ó sea por lo que vulgarmente se conoce con el nombre de rulo. De este modo aumentaremos la línea de contacto de la muela con la solera, y será mayor la cantidad de aceituna sometida á la acción del molino, sin que por esto se haya aumentado en lo más mínimo el esfuerzo necesario para moverlo; además, la pulpa, por el movimiento de torsión del rulo ó tronco del cono, gira adherida á la superficie de éste, recorriendo una hélice ó línea de caracol de gran desarrollo, y acaba por desprenderse cuando ya constituye una pasta sumamente fina.
En la solera, y junto al reborde que lleva en su circunferencia, deberá abrirse una canalita para recoger el aceite llamado virgen que desprende durante el acto de la molienda; aceite que, como sabemos, es de primera calidad, y que se cuidará, por tanto, de no mezclarlo con ninguno otro que le haga desmerecer.
Los gorrones en que termina la vija ó eje principal, así como las tejuelas sobre que los mismos giran, deben construirse de hierro perfectamente acerado y de la forma de media naranja; así no tendrán más que un sólo punto de contacto, y el rozamiento será mucho menor que en la actualidad.
Los molinos más recomendables, y que, en nuestro concepto, dan mejores resultados, son los que constan de dos rulos de piedra, separados desigualmente del eje vertical, y que no alcancen dimensiones colosales, sino las precisas para verificar la trituración de la oliva.
Los de rulo de hierro fundido presentan dos inconvenientes principales: primero, que se desgastan con facilidad, y entonces pasan los rulos sobre la aceituna casi sin triturarla; y segundo, que el aceite que con ellos se extrae, sale de color oscuro, por el tannato de hierro que se forma y se disuelve en el mismo.
La molienda, cualquiera que sea el molino que se emplee, debe practicarse en seco, ó cuando más, echando una pequeña cantidad de agua fría, si se notase que la pasta ó masa estaba muy dura; pero de ningún modo se escaldará, porque se favorece la oxidación de la oleína y de la margarina, y el aceite que se obtiene es de una clase inferior.
VICENTE SAN JUAN.
(1) La Agencia universal de maquinaria establecida en nuestra administración, que representa esta acreditada casa, posee modelos y catálogos de esta máquina. (N. de la Redacción).
Gaceta agrícola del Ministerio de Fomento. 7-9/1880
IDEA DEL CULTIVO DEL OLIVO Y DE LA FABRICACIÓN DE ACEITE EN ANDALUCÍA. SITUACIÓN DEL AGRICULTOR
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Por Noviembre ó casi siempre Diciembre, dando lugar á que la aceituna esté madura por demás en el árbol, se comienza la recolección por medio de varas, con las que nuestros labradores propinan verdaderas palizas á cada árbol, destrozando los tallos más tiernos, sitio de la florescencia y donde debiera implantarse el fruto en el año siguiente. Más que recolección, es un nuevo modo de podar el árbol, alfombrando el suelo de hojas y tallos, viniendo á cada año quejarse de falta de fruto quien destrozó todas las puntas donde éste debiera salir. Hay además otro motivo para censurar esta detestable práctica; las aceitunas se dislaceran, se rompen, saltan lejos del pié de olivo, y en este desparrame son luego pisadas por los chicos, mujeres y hombres que se dedican á cogerlas. Roto el tejido, queda la pulpa en contacto del aire y más en condiciones de fermentar por oxidación de los jugos que contiene. Estropeadas el mayor número de aceitunas, colocadas en serones y de una manera poco cuidadosa por cierto, vienen al molino para amontonarse entre cuatro paredes al aire libre, sufriendo la accion del sol, de las lluvias y de todos los agentes atmosféricos. En estos sitios entrojada permanece infinitos dias experimentando una verdadera fermentacion; un olor acre y fétido se exhala de esos sitios, y el dueño del molino, las más veces sonríe al percibirlo, así como al ver correr arroyos de negro caldo, llamado alpechin, formado por el agua de vegetacion y aceite desprendido por la presion natural que las aceitunas sufren. A esto le llaman calentarse la masa de aceituna, y aunque os parezca raro, prefieren que pase mucho tiempo el fruto en este amontonamiento, por buen nombre, pudridero, porque así dicen rinde por fanega este producto más aceite.
Pasa de este punto en esportones, que llenan con azada, macerando y cortando el fruto al tratarlo por esta herramienta al molino, donde en una mala tolva de madera, con una piedra cilíndrica, las más veces, ó un rulo, cuando más perfeccionado está el sistema, marcha lentamente al paso, tirando de ellos una caballería. Hecha la pasta, sucia, ennegrecida y mohosa, se la encapacha en serillos de esparto, usados de un año para otro y con la mayor suciedad é incuria en una atmósfera pestilente, formada del sudor de los operarios, el olor á candil, los vapores de la caldera y muchas veces el de turbios, en plena descomposicion, son colocados los serillos uno sobre otro en la platina de la prensa, se forma el cargo y sufre en ésta la presion. Saliendo el aceite escurrido, pasa al pozuelo ó bomba, nuevo antro donde al separarse por densidades el agua y el aceite, se acaba de convertirse en una sustancia muy lejos de seria olorosa y agradable, que se llama aceite fino. Si del modo de fabricacion pasamos á ocuparnos del almacenaje en la bodega y del trasporte, de las ventas que se hacen en los indesterrables corambres, tendriamos materia para repetido número de conferencias, no para una sola. Baste, pues, lo enumerado para comprender como verdaderas y primordiales causas de decadencia: 1.° El esquilmo del terreno. 2.° La recoleccion del fruto y fabricacion del caldo.
Además de estas dos causas, es en mi concepto la tercera la desgraciada situacion financiera de la mayor parte de los agricultores, nacida no tan sólo de la repeticion de malas cosechas, sino tambien del exceso de tributo que tienen que pagar. Sin que mi ánimo sea al decir estas frases dirigir cargo alguno al régimen tributario del Estado, lo cierto es, que en las regiones olivareras se deja sentir los malos repartos de las Juntas de Valuaciones, las miras políticas unas veces, el caciquismo de los individuos otras, y las exigencias á los Ayuntamientos de cantidades que debieran pagar por bienes de propios y que se recargan á la propiedad cultivada, hacen que para que los repartos cubran el cupo que á cada Ayuntamiento corresponda, las tierras y olivos que son de tercera pasen á segunda ó primera clase, aumentándose excesivamente la contribucion, lo que unido al alto precio á que las labores ascienden, hace imposible y precaria la situacion del olivicultor.
Por esta razon mal podrá invertir en mejoras quien apenas saca renta del capital que tiene invertido en tierras olivareras.
Gaceta agrícola del Ministerio de Fomento. 10-12/1880
ALMAZARA BIEN MONTADA. — A los olivareros sevillanos interesa saber que en breve funcionará en Antequera, por vía de demostracion, un nuevo sistema completo de extraccion del aceite de la aceituna, que sin duda alguna tiene probabilidades de presentar grandísimo interés. Es una patente obtenida por la casa constructora de Bertran de Lis, en aquella ciudad, y del que sólo se tienen noticias muy vagas, sabiendo con mediana certeza exclusivamente que consiste en deshuesar la aceituna y separar luego el líquido del sólido de la vianda por la fuerza centrífuga en un hidro-extractor ú otro aparato análogo. Parece esto tan razonable que influya favorablemente en la calidad y cantidad, que no dudamos que la noticia despertará en nuestros lectores el vivo interés que ha despertado en nosotros.
La Gaceta industrial. 25 de julio de 1888
DESHUESADO DE LA ACEITUNA.
Sr, Director de La Gaceta Industrial. Madrid.
Muy señor mío: En el número primero correspondiente al 10 de Enero último, y en las Noticias diversas, LA GACETA INDUSTRIAL dedicó un artículo á mi aparato de deshuesar las aceitunas y pruebas que se estaban haciendo en una fábrica de harinas de la Rambla, provincia de Córdoba, y esto me decide á dar cuenta de los resultados obtenidos.
Las pruebas se llevaron á efecto en improvisada fábrica aceitera, y correspondió mi aparato á los resultados que desde hace cinco años me ha estado dando.
Deshuesado completo, eficaz y enérgico de la aceituna; prensado de la pulpa con facilidad y prontitud.
Esta instalación provisional y en pequeña escala estaba destinada á llevar públicamente la convicción á los olivicultores de la bondad de mi sistema, que, aplicado en mayor escala y á la elaboración de aceites para su exportación, producirá aceites aceptables á la degustación de los paladares extranjeros, más delicados sobre este particular que los nuestros.
En verdad que no podía haber escogido peor punto y menos á propósito para la propaganda de mi aparato, por imperar aún en aquella comarca el método más atrasado y aparatos de extracción más toscos. Basta decirle que sobre unos 80 molinos que existen en el casco de la población, no hay más que uno que posea una prensa de hierro: los demás son todas de viga, con sus inmundas tinajas arropadas por orujo en descomposición. Lo que hace que esta fabricación se halle aún en estado primitivo, y difícil será que salga de él en buen tiempo por la crisis que atraviesa la olivicultura, aumentada de añejas rutinas.
Hay que hacer honrosa excepción á favor de la fábrica establecida en el punto denominado Sarmiento, de propiedad de D. Antonio Escribano, fábrica montada según los modernos adelantos.
No me extenderé en detalles sobre mi aparato, que fué examinado por muy escasas personas; pero sí diré que deshuesó pronto y bien la aceituna, y la pulpa se trabajó en prensa de husillo con capachos de esparto ordinarios, como son los de mi invención y construcción.
Me permitiré, señor Director, hacer las siguientes observaciones que me sugiere la práctica de cinco años de mis aparatos. ¿En qué consiste, conociendo las faltas de que adolecen los aceites españoles en general (salvo algunas honrosas excepciones), que no se nota movimiento entre los cosecheros ó fabricantes para mejorar su calidad, y, por lo tanto, alcanzar un precio de venta más remuneratorio? Todos los días leo en periódicos políticos artículos muy bien escritos invitando á los industriales á mejorar la elaboración para obtener prontas y buenas salidas, etc., etc.
¿Por qué no se prueban ó examinan detenidamente los aparatos construidos, y se ve si corresponden á mejorar la calidad de tan preciado caldo, riqueza casi exclusiva de la región andaluza? (1).
(1) Todo eso hemos pedido nosotros en diversas ocasiones, proponiendo en una de ellas la celebración en Sevilla de una Exposición especial de la industria aceitera, en cuya idea coincidimos con nuestro querido amigo y compañero el ilustradísimo Director de la Escuela de industriales de Barcelona, que formuló en las columnas de LA GACETA INDUSTRIAL un proyecto-programa de lo que había de ser el concurso para que respondiera debidamente á su objeto.
Hoy se trata de realizar la idea en Barcelona con el Certamen de vinos y aceites, cuyo programa hemos publicado, que podría y debería ser acaso el más interesante de cuantos se celebren durante la Exposición. A su tiempo daremos cuenta de él. — (N. de la R.)
Si los aparatos construidos hoy no corresponden al desideratum, ¿por qué los cosecheros, bajo poderosa iniciativa, no presentan un programa en el cual, exponiendo sus deseos y condiciones y poniendo en actividad la inventiva de ingenieros, constructores é inventores, se ofreciese una recompensa, un premio al que presentase una máquina ó aparato que llenase las condiciones, como lo estamos viendo muy á menudo en el extranjero; como, por ejemplo, el anuncio que en este momento tengo á la vista: «M. Faure, de Rouen, ofrece un premio de 12.000 francos al que hallare el medio eficaz y económico de purificar un caudal de aguas que posee en su fábrica, sita, etc., etc.»
Creo que con el aliciente de una recompensa se esforzarían los inventores en llenar el programa; y si no llegasen á alcanzarlo inmediatamente, sus descubrimientos introducirían alguna mejora en esta industria.
Como V. sabe, llevo más de cinco años de trabajos incesantes en la industria oleífera en pro de su mejora, habiéndome inspirado en los nobles deseos y aspiraciones de un ilustre profesor, autor de un libro titulado Nociones acerca de la elaboración del aceite de olivas, que dice en cierta parte de su libro lo siguiente: «Numerosas tentativas vienen efectuándose desde últimos del pasado siglo encaminadas á resolver el problema industrial de la separación rápida, perfecta y económica de la pulpa de los huesos de las aceitunas, con el fin de obtener únicamente el aceite de aquella sustancia, siempre de superior calidad, sin que tan laudables y patrióticos esfuerzos se hayan visto coronados de feliz éxito.»
Y en otra parte dice el mismo autor: «No pocos propietarios estudian con incansable afán los medios de construir molinos aceiteros verdaderamente rurales y económicos al alcance de las más modestas fortunas, que reunan al propio tiempo la mayor perfección posible en el trabajo. Cosecheros conocemos que no poseyendo esquilmo suficiente para sufragar los crecidos gastos que ocasiona la instalación de una almazara, y en vista del despilfarro, poco interés, ningún esmero y dudosa moralidad de nuestros propietarios de molinos públicos, recibirían entre sus brazos, como á un verdadero redentor, á quien tuviera la dicha de idear máquinas eficaces, sencillas y baratas.»
Inspirado, como llevo dicho, en estos nobles deseos, he construído á costa de mil afanes, desvelos y penuria, mi aparato deshuesador de olivas. Y pregunto ahora: ¿en qué consiste que mi aparato, que hace cerca de cinco años que funciona, no haya sido objeto aún de una inspección detenida para saber si efectivamente cumple con el programa del ilustre profesor? Si el deshuesado de las aceitunas es efectivamente un progreso en la elaboración del aceite, ¿por qué no se introduce su uso?
Será que como aparato nuevo se mirará con desconfianza; pero esto no es motivo, porque el autor de estas líneas ha ofrecido y ofrece gratuitamente el ensayo de su aparato; y como este ensayo sería de coste tan insignificante, sea que se efectuara por iniciativa privada ó mejor por una reunión de industriales celosos, saldrían á una suma insignificante y así lograrían estimular la inventiva de los constructores y despejar la incógnita, que parece ser hoy como inercia, abandono, falta de espíritu industrial ó rutina en los dueños de fábricas.
No acabaría, señor Director, si no temiese abusar de la paciencia de los lectores de LA GACETA INDUSTRIAL, refiriendo los diversos conceptos á que ha dado lugar el examen de mi aparato deshuesador. Personas de instrucción y sentido despejado han objetado el poco poder deshuesador del aparato (2 1/2 fanegas por hora), sin hacerse cargo que aumentando las dimensiones suyas ó multiplicando los elementos se puede llegar al resultado deseado. Otros han abrigado dudas sobre si la eliminación del hueso ó materia leñosa no podría aminorar el rendimiento cuantitativo del aceite. Y otros, por fin, han manifestado el temor de que la eliminación del aceite esencial de la almendrilla contenida en el hueso, aceite rancio, acre y fuerte, sería indispensable para la buena conservación del aceite claro, dulce y aromático de la pulpa, y para darle el gusto de aceite. Como si dijéramos que el aguardiente fabricado con el espíritu industrial, procedente de la destilación de granos y patatas sin rectificar, es preferible y de mejor gusto que el aguardiente procedente de uvas, suave y aromático, por rascar aquél el paladar por sus elementos acres, etc.
Como V. comprende, mucha fuerza de voluntad se necesita para luchar contra esta apatía ó indiferencia hacia todo invento nuevo, que considero culpable, sobre todo cuando conociendo este estado de atonía se presta el inventor, y en el alcance de sus fuerzas agotadas hoy, á someter á experimentos, sean públicos ó privados, su aparato y sistema de elaboración para contribuir á hacer alcanzar mejor aceptación á estos caldos en el extranjero.
El autor de estas líneas ha recibido varias invitaciones de Comisiones ejecutivas de varias Exposiciones, y entre ellas la del Excmo. Sr. Marqués de Camps, para presentar sus aparatos en la Exposición universal de Barcelona: con gran sentimiento no ha podido corresponder á estas invitaciones por varias razones que no son de este lugar, y así lo hace presente, agradeciendo el recuerdo de dichos señores comisarios.
Pero no por falta de actividad ó inercia en los olivicultores abandonará el inventor sus aparatos: los perfeccionará, los pregonará hasta encontrar quien le demuestre que su sistema no es práctico.
No me queda ahora más que darle las gracias, señor Director, por su benevolencia, que pondrá á prueba oportunamente su afectísimo
F. EVANGELISTA.
Loja, Riofrío, Julio de 1888.
El Diario catalán. 13 de enero de 1898
De re agrícola
La producción del aceite
Una vez trasportada la aceituna del campo á la almazara es preciso proceder á su molienda cuanto mas pronto mejor, evitando en cuanto sea posible el entrojado por ser esto lo que mas perjudica el aceite pues es cosa harto comprobado que el aceite cuya aceituna, á pesar de estar en bien estado, ha sido entrojada por mas de 15 días, es de una calidad tan menguada, que se vende á bajos precios y no pocas veces es desechado en los mercados.
Molienda de la aceituna. — Después de limpiar todos los útiles que debe el olivicultor emplear para la producción del aceite, y de lavar à ser posible por medio de una loción las aceitunas, debe procederse á la molienda, esto es, á la pulpición. Diversos son los sistemas de los molinos que pueden emplearse, pero sea el que fuere, todos deben coincidir en tener una tolva para recibir la aceituna, un conducto para acompañarla á la solera ó piedra fija y un sistema de ruedas cilíndricas ó cónicas, que resbalando sobre la fija, estrujen la aceituna, escurriendo el zumo resultante por un rebajo ó canal circular.
Prensado de la pasta. — La pulpa extraída del lecho de la solera del molino, es colocada en capachos circulares de esparto, abierto en su centro y formando las paredes un fuerte reborde, para impedir se escape la pulpa bajo la presión á que se la somete en esta operación.
Dispuestos de esta manera los capachos, se los coloca unos encima de otros, formando el cargo debajo del mecanismo que ha de ejercer la presión. Empléanse al efecto, prensas antiguas y modernas.
Entre las primeras encontramos las de «viga» y las de «torre», y entre las segundas se registran las de «husillo» y las «hidráulicas». Excusamos hacer en este lugar la descripción detallada de estos instrumentos, limitándonos á decir que las primeras no son recomendables en ningún sentido, tanto por el trabajo lento y poco económico como por la imperfección con que lo ejecutan, y las segundas se distinguen por lo económico de su trabajo habiéndolas de simple y doble presión.
Cualquiera que haya sido la prensa empleada para la estracción del aceite, se observa que el de la segunda presión es peor que el de la primera, por lo que no deben mezclarse. Si se quiere aprovechar el poco aceite que queda en la pulpa después de la segunda presión, se vacían los capachos se desmenuza aquella y vueltos á cargar, se vierte en ellos agua hirviendo, según se colocan en la plataforma, prensándoles después.
El orujo se destina á la alimentación del ganado de cerda ó aves de corral, y aun mejor como abono en el terreno en que ha sido producido.
Clarificación del aceite. — Se puede verificar de dos maneras, á saber: ya por medio del reposo, ya por el trasiego. Teniendo por objeto la clarificación separar el producto elaborado de las heces, borras ó materia mucilaginosa, esta operación resulta mejor si en el aceite se mezcla agua caliente en tal forma que la mezcla dé una temperatura igual á 30º. Decantando después el aceite, las ventajas que con esto se obtienen son las de aumentar la lucidez del liquido, coagular en parte la albumina y despojarlo de gran cantidad de mucilago y de algo de materia colorante y parenquimatosa que contiene. De todos modos, conviene advertir que si se trata de obtener aceites finos y aromáticos, no debe emplearse el segundo prensado, ni tampoco el calor artificial en la clarificación. Para esta algunos recomiendan el tanino, la arena no calcárea, el vidrio molido, el alumbre y otras substancias; pero todas deben proscribirse ante una esmerada elaboración, y una perfección extremada en los envases y almacenes, cuya temperatura no ha de exceder de 10 á 15º.
Conservación del aceite. — Esta tiene lugar en vasijas ó recipientes de barro cocido, sillería, ó metálicos, siendo los más usados de este último género, los de hoja de lata conocidos con la denominación de zafras. Téngase presente que para la conservación del caldo debe rehusarse los recipientes de plomo, bronce, ó zinc, porque dichos metales se alteran con los componentes del aceite, exponiendo entonces á un grave riesgo al consumidor. Las zafras deben estar muy limpias, y poseer dobles fondos, con sus respectivas llaves á diversas alturas, para mejor hacer los trasiegos. El almacén debe tener la debida capacidad para contener cómodamente el producto elaborado, gozar de una buena temperatura, para evitar que con la acción del oxigeno del aire se precipite la margarina y resulte el aceite impropio para condimentar los alimentos.
Lamberto de Juslibol.
El Progreso agrícola y pecuario. 16 de marzo de 1899, n.º 138
Aprovechamiento de los residuos
Aceite de infiernos.
Para mejor recoger la materia grasa que escapa de las bombas, ora por descuido de los operarios ó mala disposición de éstas, ora emulsionada en los alpechines, y al propio tiempo evitar las emanaciones pestilentes que de los infiernos se desprenden, aconsejamos disponer las alpechineras de un modo análogo al ideado por el autor en la nueva almazara del Instituto Agrícola de Alfonso XII, ya citado.
De los alpechines como materia fertilizante.
Despojados ya del aceite, debe evitarse vayan á la vía pública, como con menosprecio de la higiene y de su buen aprovechamiento acontece en la mayoría de los antiguos molinos señoriales.
No hay agricultor que ignore que los alpechines en estado natural son un verdadero veneno para las plantas; de aquí la necesidad de su previa preparación.
A dicho objeto el autor propuso los siguientes métodos:
1.º Mezclarlos con agua. — Se les adiciona dos ó tres veces de volumen de este líquido, regando las tierras con la anticipación debida y dando luego una labor de arado antes de proceder á la siembra.
2.º Directamente sin preparación alguna, — Se les deja correr por los surcos, y una vez empapados y secos, se da un par de buenas labores con la antelación necesaria, á fin de que tengan tiempo de perder su agritud.
3.° Transformándolos en poudrette vegetal. — Mézclanse con tierra y otros residuos para facilitar su absorción y desecación, y así preparados se esparcen por el campo.
4.° Añadirles estiércol. — Se reciben los alpechines en los estercoleros y con la putrefación que experimentan lógrase convertirlos en un excelente abono.
5.° Neutralizando su acidez. — Para ello mézclanse con todas las cenizas disponibles, y á falta de éstas con cal viva hasta reacción alcalina. La parte líquida se lleva al campo, y el precipitado sólido, una vez desecado, se esparce sobre el terreno.
Y 6.° Dejándolos evaporar espontáneamente. — Recogidos en balsas de mucha superficie y poco fondo, van concentrándose hasta formar un depósito llamado tinaco, que constituye una excelente materia fertilizante.
El tinaco está formado de restos celulósicos muy divididos, tanino, albúmina coagulada, materia grasa, pajillas, etc.; es una mezcla informe, compacta, oscura, de olor repugnante.
La muestra analizada por nosotros nos dio la composición siguiente:
Humedad 9,752
Aceite 11,541
Materia orgánica 68,879
Cenizas 9,828
Total 100
Según Decugis, el tinaco contiene hasta un 2,31 por 100 de nitrógeno.
La composición, como puede verse, es análoga á la de los orujos y mucho más rica en principios fertilizantes, ofreciendo los mismos aprovechamientos mediante parecidas preparaciones.
No terminaremos sin insistir una vez más en que, si nuestros olivareros procurasen aprovechar como abono para los olivos todas las cenizas procedentes del ramaje de sus árboles, así como todos los residuos de la elaboración del aceite, impedirían en absoluto el empobrecimiento de sus pagos, dado que el aceite es un compuesto de elementos combustibles, que la próvida naturaleza pone á disposición de las plantas, de arsenales inagotables, según queda dicho.
P.
El Progreso agrícola y pecuario. 7 de agosto de 1899, n. 157
De los aceites obtenidos según el grado de madurez de los frutos.
A. De aceitunas verdes. — Dan estas un aceite amargo, carácter que conserva bastante tiempo pero que al fin lo pierde con la edad; muy fluido y rico en oleína. Bajo el punto de vista fisiológico puede considerarse como materia grasa, incompletamente formada. Su rendimiento es escaso.
B. De olivas PINTONAS. — Se obtiene de ellas aceite finísimo, poco coloreado, fluido, rico en oleína ó parte líquida; aclárase con facilidad; de olor fragante y característico del fruto fresco de que procedí-, de gusto grato un tanto amargo, amargor que desaparece con la vejez. Es el aceite más estimado y que se conserva más largo tiempo con todos sus buenos caracteres. En el extranjero se paga á tan elevado precio que compensa con creces el menor rendimiento.
C. De olivas perfectamente maduras. — No es, ni con mucho, tan estimado y fino como el anterior, ni ofrece el olor característico de los frutos verdes, resultando siempre grueso, margaroso, basto y con tendencia á sufrir el funesto enranciamiento.
D. De aceitunas pasadas. — Su aceite es siempre basto, gordo, sin olor, casi pálido, bastante diáfano, sin nervio, de difícil conservación y con tendencia marcada a enranciarse.
El Español (Madrid). 24 de junio de 1900
El Progreso agrícola y pecuario. 15 de octubre de 1900, n.º 215
SECCIÓN DE CONSULTAS
D. F. G. Lecomte nos dirige, desde Málaga, atenta carta demandando nuestro parecer respecto á la conservación de las aceitunas destinadas á la molienda, por un procedimiento de que es inventor y que, según parece, aplica con ventaja para conservar todo género de frutos.
Desde luego debemos decir que lo conceptuamos racional, lógico y en perfecta armonía con los principios establecidos por la ciencia, y que, de haber tenido antes conocimiento del método, le habríamos recomendado en nuestras obras de eliotecnia.
El Progreso agrícola y pecuario. 22 de junio de 1901, n.º 248
SECCIÓN DE CONSULTAS
D. Sebastián Gómez, de Villanueva de la Serena (Badajoz), nos expone los inconvenientes que tiene para los olivareros el verse precisados á llevar sus cosechas á los grandes molinos de los industriales que se dedican á la fabricación de aceites.
Según nos dicen, la molienda les resulta cara y además el rendimiento y la calidad dejan bastante que desear.
El Progreso agrícola y pecuario. 22 de febrero de 1902, n.º 280
Explicación de la lámina.
LA MOSCA Y LA TIÑA DEL OLIVO
Tiene esta especie un tamaño algo menor del de la mosca común: la cabeza de un color amarillo anaranjado, los ojos verdosos y la frente marcada con dos gruesos puntos negros. Lleva adornado el coselete con cuatro manchas de un color amarillo pálido y el vientre de amarillo anaranjado con manchas negras á ambos lados.
Las alas son transparentes, con reflejos verdes, rosados ó dorados, según la incidencia de la luz, y con una mancha negra característica en la extremidad.
La hembra va provista de un oviscapto de color negro, del que sirve para perforar las olivas, en las que deposita sus huevecillos.
La larva es ápoda y blanda, de cinco á seis milímetros de longitud, de color blanco, algo amarillento, con la cabeza retráctil, puntiaguda y las mandíbulas negras. En el estado de pupa afecta este insecto la forma ovoidea muy regular; tiene el tamaño de unos cuatro milímetros y el color amarillento, con los anillos bien señalados.
Presenta al lado de la cabeza una fina sutura, que marca una especie de casquete que la mosca hará saltar con su cabeza.
Basta observar los frutos atacados por la mosca, en los que veremos galerías que llegan hasta el hueso. En muchas olivas sólo encontramos la galería vacía; pero si la observación es más detenida no tardaremos en reconocer entre otros frutos alguna larva, pupa ó huevecillo que por sus caracteres nos sirva para diagnosticar la enfermedad.
El Progreso agrícola y pecuario. 15 de octubre de 1902, n.º 311
Aceites de oliva.
El Progreso agrícola y pecuario. 30 de abril de 1903, n.º 337
Extracción de aceites.
A propósito de la Memoria del Sr. Noriega.
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La importancia que la elaboración de los aceites tiene en Sevilla está demostrada recordando la cifra de 32 millones de pesetas anuales que representa su riqueza. El trabajo, como hemos dicho, se refiere á esa provincia, cuya jefatura agronómica desempeñaba en la época de su confección. En él señala tres períodos para la cogida de la aceituna: de mediados de Septiembre á mediados de Octubre, para la comida en verde, de los primeros días de Noviembre hasta muchas veces los mismos de Enero, para la molienda regular, y entre éstos dos uno intermedio para utilizar en la molienda la caída por muy variadas causas.
La cogida del fruto ha llegado allí á una relativa perfección, no practicándose el antiguo procedimiento de vareo, sino el de ordeño ó á mano. Esta circunstancia es de aplaudir por las consecuencias de todos conocidas, y porque los obreros, adiestrándose, han llegado á efectuar la cogida del fruto á un precio igual al que se paga en otras provincias por el sistema de vareo.
...
El Progreso agrícola y pecuario. 7 de diciembre de 1903, n.º 366
SECCIÓN DE CONSULTAS
D. Jesús Alcántara, de Archidona (Málaga), envía unas ramillas de olivo atacadas por un insecto, un díptero bien conocido de los labradores con el nombre de Mosca del olivo. Mosca es, en efecto, perteneciente al suborden Braquiferos, tribu Muscinos, género Dacus y especie Dacus olea (de Meigen).
El Progreso agrícola y pecuario. 22 de marzo de 1904, n.º 380
Olivicultura.
En todos los países que baña el Mediterráneo existe una zona caracterizada por su especial climatología, en la que es posible el cultivo del olivo con rendimientos más ó menos abundantes. Esta zona botánico-agrícola alcanza en España considerable extensión, y de aquí la importancia capital que entre nosotros tiene la olivicultura.
El conjunto de condiciones naturales que favorecen este cultivo en las diversas partes de nuestra región del olivo es en extremo variable: llega al máximo en la porción septentrional de la provincia de Sevilla, donde, á juzgar por los extensos, vigorosos y bien poblados acebuchales que allí existen, radica lo que en geografía botánica se llama el grado óptimo de una especie vegetal. Á partir de dicho punto.se extiende la región como una mancha de aceite, impregnando siempre con menor intensidad á medida que se aleja de su centro de origen; comprende las provincias andaluzas y parte de la de Badajoz con un primer grado de condiciones favorables, se prolonga al Noroeste hacia Murcia, Valencia y Cataluña, con clima menos apropiado, si bien templado por la proximidad del mar, y aun hace atrevidas intrusiones en el Mediodía de Castilla, en Aragón y hasta en Navarra, donde el olivo vegeta ya como en casa ajena, con grandes riesgos y producción intermitente.
Hemos cuidado de señalar estas diferencias, porque asi como imponen para cada comarca olivos de variedad acomodada á sus especiales condiciones, influyen también en los procedimientos culturales hasta el punto que la olivicultura de Navarra y Aragón difiera notablemente de la de Andalucía central.
Suele decirse que generalizar es equivocar. Nunca encierra esta máxima tanta verdad como cuando se tratan ambiguamente las cuestiones agrícolas, sin precisar el punto de partida de las disquisiciones que se hagan. Entendemos además que no es posible llegar á un buen grado de adelanto y perfección agrícolas más que en el caso de especializar al máximo, no tan sólo con relación á una región, comarca ó pago determinado, sino dentro de una misma explotación, siguiendo la variabilidad de sus partes explotables.
Si alguien nos objetara que el resultado de un trabajo tan concreto sólo tendrá aplicación en condiciones muy similares, y que, por lo tanto, huelga que se divulgue, contestaríamos que cuanto más adelanta la ciencia agrícola y más son los desengaños que la práctica ha producido en el ánimo del que escribe, más claramente se manifiesta la imposibilidad de formular reglas generales, que sólo caben dentro de la literatura agrícola de libros y artículos harto frecuentes, cuya utilidad, cuando no es nula, resulta altamente negativa y perniciosa, ya que la aridez del terruño, considerado industrialmente, les niega la cualidad recreativa, única posible.
Al agricultor, mejor que aconsejarle, se le debe enseñar á aconsejarse á sí propio ante las especiales condiciones de su medio, por lo que la publicación de un trabajo será tanto más útil cuanto mayor sea el particularismo que lo inspire.
Así, pues, entiéndase que cuanto digamos aquí sobre olivicultura nos lo sugiere lo que hemos practicado por espacio de seis años en los olivares de la finca El Alamillo, de Écija (Sevilla), colocados de lleno en el grado óptimo de circunstancias favorables á la vegetación de tan preciado árbol.
Sabiendo que el aceite es un caldo no fabricado ni elaborado, sino sencillamente extraído, y partiendo de esta irrefutable base, que implica una íntima reciprocidad entre la materia prima y el producto obtenido, en igualdad de procedimientos de extracción y conservación pudimos bien pronto convencernos de que el principal resorte que debe tocarse para llevar al máximo el rendimiento económico de aquellos olivares era el aumento de producción, que, abaratando el coste del aceite, nos permitiese acrecentar los beneficios dentro del marco de los precios de venta corrientes, sin que por ello renunciásemos á cuidar cual corresponde los trabajos de la almazara, para sacar el mayor partido posible de la materia prima. Esta podía ser más fácilmente abundante que buena, porque los olivos de variedad techin casi todos y en la plenitud de su vida (de treinta á cuarenta años) radican en terrenos de campiña, de suelo profundo y regular fertilidad, y sabido es que estas condiciones de vidueño, edad y suelo, sumadas á los efectos de un clima extremadamente seco y caluroso, son las que menos finura prometen en los aceites, si bien se prestan á cosechas excepcionales, siguiendo la antítesis que una ley fisiológica suele establecer entre la cantidad y la calidad de muchos productos vegetales.
Hágase y dígase lo que se quiera no se conseguirá que los mejores caldos de la comarca á que nos referimos puedan sufrir en los mercados de aceites finos la más burda comparación con los de Aragón y Cataluña, aun concediendo que estos últimos procedan de almazaras mucho mas deficientes y menos cuidadosas. Bueno que se perfeccionen los procedimientos de extracción, que se habiliten los molinos á la moderna para que el aceite se desmejore lo menos posible al pasar desde el árbol á la bodega, procurando obtenerle tal cual es, contenido en las vesículas de la aceituna en el momento de la recolección; pero todo esto debe plantearse según reposados cálculos económicos, sin entusiasmos exagerados, sin rebasar, con aumentos de jornales y amortizaciones de obras y material moderno, de una cifra que pueda cubrir con algún beneficio el probable sobreprecio de los caldos finos que se obtengan, descontando la depreciación posible de las clases inferiores.
Desgraciadamente la recolección de la aceituna y la extracción de los aceites se ha venido haciendo y se hace todavía siguiendo prácticas y con utensilios tan deficientes que, en la mayoría de los casos, se puede á muy poca costa aumentar los beneficios olivícolas con sólo atender debidamente á esta parte; pero. repetimos que, al menos en la región aludida, la verdadera llave del remedio contra la crisis olivarera está en el cultivo intensivo y con mucho más motivo en nuestro caso, porque teníamos reducidas al mínimo las dificultados naturales que vencer, y, en cambio, habían de colaborar en nuestro favor la situación botánico-geográfica, la variedad de olivo, muy apropiada para forzarla á producir, la edad de los árboles y las condiciones de un suelo profundo, fértil y de fácil laboreo.
A esta orientación amoldamos la olivicultura de El Alamillo, cuyas prácticas trataremos de explicar y razonar en artículos sucesivos.
FRANCISCO PARES SERRA, Perito agrícola
El Progreso agrícola y pecuario. 31 de marzo de 1904, n.º 381
Extracción de los aceites de olivas
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Vamos á ocuparnos de los medios llamados de elaboración que deben emplearse para extraer el aceite ya formado por la planta y almacenado en el fruto, sin alterar su composición. El aceite de olivas, según los análisis químicos de hace algún tiempo, se consideraba formado solamente por oleína y margarina; pero estudios más modernos han venido á demostrar que su composición es más compleja.
Hoy día se considera formado por glicéridos de los ácidos oleico, linólico, esteárico y palmítico, predominando entre todos el oleico y siendo la calidad del aceite directamente proporcional á la cantidad que de él contiene.
Está demostrado de modo concluyente que no podemos mejorar sus cualidades alterando su composición química, y es lógico, por consiguiente, suponer que los medios empleados, tanto para su extracción como para su conservación, deben ser tales que en nada modifiquen dicha composición.
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La molienda no tiene otro objeto que romper las células del fruto para facilitar la extracción del aceite que encierran: de todas las células que lo forman, las que lo contienen en mayor cantidad son las del mesocarpio ó parte carnosa; las de la almendra lo tienen en menor cantidad, y menos que éstas las del hueso ó endocarpio. Mucho se ha dicho referente á la distinta calidad de estas tres clases de aceites, principalmente de los contenidos en la pulpa y en la almendra, pues del existente en el hueso se ha hecho casi siempre caso omiso en razón á su pequeña cantidad; y casi todos los que de este estudio se han ocupado han estado conformes en decir que el aceite de la almendra es de calidad muy inferior al de la pulpa: en el día existen aún agrónomos muy competentes en esta materia que siguen sosteniendo la misma teoría; pero los análisis químicos, cuyos datos son en la actualidad dignos del mayor crédito, han venido á echar por tierra la teoría anterior, demostrando que los aceites procedentes de ambas partes son de igual calidad en condiciones normales.
Por esto no debe temerse efectuar la molienda de todo el fruto junto, sin separar, como antes se aconsejaba, la pulpa del hueso, y efectuarla lo más completa posible, puesto que de este modo se asegura el rompimiento de las paredes de todas las células que contienen aceite; siendo esto, como veremos más adelante, de la más alta importancia. Ahora bien, durante esta molienda tiene lugar una oxidación del aceite que será tanto más grande cuanto más tiempo dure aquélla, cuya oxidación debe evitarse en lo que sea posible, haciendo la molienda completa, pero rápida.
Una vez realizada esta operación, se procede á efectuar el prensado de la pasta obtenida. En ella se encuentran los cuatro glicéridos que antes mencionamos, y si la presión que hemos empleado para extraer el aceite es débil, este contendrá en mayor cantidad los glicéridos oleico y linólico á causa de su menor densidad, resultando, por lo tanto, de mejor calidad á medida que la presión empleada para extraerle haya sido menor. Ó en otros términos siendo éstos, glicéridos como hemos dicho, de diferente densidad, fácilmente se comprende que los más fluidos (oleico y linólico) se extraerán con más facilidad.
Por esto los aceites obtenidos con débiles presiones contienen proporción tan grande de estos glicéridos, y por consecuencia, resultan los de mejor calidad. A medida que la presión vaya siendo mayor, disminuirá también la proporción de éstos, y, por lo tanto, el aceite será de inferior calidad. Por esta razón no deben emplearse altas presiones cuando quieran obtenerse aceites de buena calidad y, además, se comprende fácilmente que con la misma presión y no variando por lo mismo la calidad del producto se obtendrá más cantidad de aceite cuanto más fina esté la pasta. Por esto decíamos que la molienda debe ser completa, puesto que, de este modo podemos obtener mayor cantidad de aceite sin alterar su calidad, que es lo que deben procurar los cosecheros. El aceite obtenido en estas condiciones, es decir, con poca presión y sin el empleo del agua, se conoce con el nombre de aceite virgen y es el que alcanza mejores precios en el mercado.
Claro es que la pasta de donde se obtiene este aceite virgen contiene aún más cantidad, que debe extraerse en dos porciones: empleando primero la acción combinada del agua en frío con presiones más elevadas, pero cuidando de que este agua esté en contacto con el aceite el menor tiempo posible, y después empleando la acción del agua en caliente, á cuya operación se le llama escalde.
Se procurará separar ambos productos, que serán respectivamente de mediana c inferior calidad en razón á la mayor proporción de glicéridos esteáricos y palmíticos que contienen. Además, el agua en ambos casos facilita la oxidación del aceite, siendo ésta mucho mayor en el segundo por su elevada temperatura, determinando dicha oxidación la producción ulterior de ácidos libres que tanto perjudican á la calidad de los mismos. Por esto, para que dicha oxidación sea la menor posible, debe procurarse que el aceite esté en contacto con el agua solamente el tiempo indispensable para efectuar las operaciones necesarias.
Otra de las condiciones, cuyo cumplimiento debe procurarse con más interés, es la limpieza escrupulosa de todos los utensilios que hayan de ser empleados en cualquiera de las operaciones antes dichas (en esto debe llegarse hasta la nimiedad), puesto que con esta limpieza escrupulosa se consigue evitar, no sólo la más fácil oxidación del aceite adherido al útil, por su mayor superficie de contacto con la atmósfera, sino también el desarrollo de vegetaciones microscópicas que facilitan al implantarse sobre el aceite su oxidación, comunicándole siempre con sus secreciones, el olor y sabor característico de la putrefacción: ya tendremos lugar de exponer estos fenómenos con más detalle cuando nos ocupemos del entrojamiento.
De todo lo que llevamos dicho se deduce, que siempre deben separarse en tres porciones los aceites procedentes de los mismos frutos, ó por lo menos en dos si las condiciones del molino no son favorables, recogiendo en la primera los productos obtenidos con débiles presiones, empleando si se quiere el agua, pero en frío, y procurando separar el aceite de ésta en cuanto se pueda; y en la segunda los procedentes de presiones elevadas y con escalde; no debiendo consentir, en modo alguno y bajo ningún pretexto, que el resultado de todas las presiones se mezcle formando un solo producto. De este modo es como acostumbran á efectuarlo la generalidad de los cosecheros, y con ello no consiguen otra cosa que aceites de mala calidad, con una acidez excesiva, que no tienen apenas salida en el mercado, y cuya circulación en ellos se debe á la incuria y atraso de nuestros gobernantes: todas las naciones cultas han establecido límites de acidez, y los aceites que la presentan superior á la señalada por dicho límite se desnaturalizan empleando generalmente para ello el petróleo; en Francia este límite es de 1,66 por 100; en Portugal, según las últimas disposiciones, se fijó el 5 por 100, pero tienen el propósito de irlo reduciendo hasta alcanzar el de Francia ó hacerlo quizás inferior.
Aquí, donde nadie se preocupa de nada, es donde está mejor indicada la fijación de estos límites, único modo de conseguir que los cosecheros hicieran la elaboración con esmero; y más indicado aún, en las comarcas donde no es posible establecer innovaciones porque sus almazareros tienen una gran apatía é indiferencia á lo Sancho, muy característica, por todo lo que sea cambio ó modificación. Comprendo esta apatía hasta cierto punto; pero llevar nuestra indiferencia hasta el abandono es cosa que no se concibe, porque con ello perjudicamos nuestros intereses muy directamente, y en general los de toda la Nación.
Siguiendo así, nuestra agricultura será siempre decadente: creo que sólo con el estudio y trabajo perseverante es como únicamente podremos llegar á conseguir hacerla prosperar. Por fortuna, existen regiones en España que poseen mayores elementos para esa tan soñada regeneración, que no llegaremos á conseguir hasta que tengamos el pleno convencimiento de que es necesario vagar menos y trabajar más.
ANTONIO CRUZ Y VALERO.
Madrid Marzo 1904.
El Progreso agrícola y pecuario. 31 de julio de 1904, n.º 397
¿Cuál es el mejor sistema de molino aceitero?
Las respuestas del profesor Mingioli se fundan en lo ya demostrado por él en su tratado titulado Oleificio moderno; es decir, que si se trata de implantar un molino nuevo, conviene, desde todos los puntos de vista, preferir el sistema de los cilindros al de la molienda ordinaria, no sólo porque los primeros cuestan la mitad y aun la tercera parte que la segunda, sino porque producen un trabajo mayor y más perfecto, permiten y hacen obligatoria una extracción fraccionada, base de la elaboración moderna de los aceites, y son mucho más fácilmente transportables, ocupando un espacio más limitado.
He aquí las indicadas contestaciones:
1. El mejor sistema de cilindro conocido hasta ahora en el comercio es el de Salvatella de Tortosa (España).
2. Los mecanismos deben ser dirigidos por persona inteligente, siguiendo todos los preceptos indicados en mi Oleificio moderno. El constructor me informa, en carta, de haber hecho en su maquinaria algún perfeccionamiento siguiendo mis indicaciones, especialmente en lo que se refiere á los materiales adoptados en la construcción.
3. El coste de la maquinaria completa en España puesta en el puerto de Barcelona es de liras 1.200, de las cuales se hace un descuento cuando el pago es al contado. Hay que agregar, próximamente, un 20 por 100, por transportes, aduanas, etc., si se desembarca en Genova.
4. La dirección á Marcelino Salvatella, Tortosa.
5. Cuando se quiere adoptar el sistema mixto prefiero el Cilindro denominado Mure para la primera fractura ó ruptura de la oliva, á la cual hago seguir la primera presión; la pasta podrá ser tratada en los molinos ordinarios, teniéndola desecada, como se obtiene de las prensas. Si se desea se podrá hacer la tercera presión con el mismo molino á fin de llevar el agotamiento de la pasta al máximo posible, mecánicamente.
El coste del molino Mure puesto en la estación de Turín es de unas 400 liras. Dirigirse directamente, á la casa de Turín, Establecimiento Mure, calle dei Fiori.
6. El mayor agotamiento no se obtiene con los molinos comunes, sino con un buen sistema de extracción.
Con el denominado de extracción fraccionada se tiene un mayor rendimiento y un mayor agotamiento con el procedimiento llamado de fondo que se obtiene con el sistema de cilindros de Salvatella.
Siguiendo el procedimiento fraccionado de extracción, en almazaras de molino, se puede obtener el mismo resultado, pero siempre triturando, sin embargo en seco la pasta.
a. Una pequeña almazara establecida racionalmente se puede implantar del modo siguiente, cuando se quiera elaborar de 15-20 quintales de oliva en un día de trabajo:
1. Un molino Mure con tres prensas de primera presión.
2. Un molino con quebrantadores (con dos) para triturar la pasta, acoplado á dos prensas potentes para la 2.ª y 3.ª presión.
b. Los molinos que poseen trituradores con canaladura estrecha no se pueden modificar de otro modo sino sustituyéndolos por otros de canaladuras ó huellas más anchas y no con una faja de hierro.
El molino Castagnola no es suficiente para el objeto que se persigue porque la pasta queda de grano grueso y, por consiguiente, poco agotada con la presión.
c. Para aumentar la superficie trituradora no hay más que hacer crecer el número de trituradores á 2, 3 ó 4 con canaladuras anchas, de unos 40 centímetros.
d. El procedimiento que se conoce con el nombre de Tunecino no presenta todavía una verdadera eficacia técnica y económica y además exige una instalación especial; es preferible seguir con el sistema antiguo y proveerse de prensas adaptadas á la presión que se quiere obtener ó ejercer sobre las pastas (1).
Respecto á las condiciones especiales de los olivos de la Liguria, que conozco bien por su desmesurada altura, es bien difícil alcanzar en ellos el fruto directamente y hay que recurrir al vareo, esperar la caída espontánea de las aceitunas y cuando se pueda valerse de una especie de rastrillo, lo cual requiere el uso de escaleras que permitan alcanzar las ramas más altas y peinarlas ó rastrillarlas.
Los rastrillos usuales para este objeto se pueden construir en el olivar cortando y atando palitos (una especie de rastro) en un mango de madera, según las figuras que pueden verse en mi libro Oleificio moderno.— E. Mingioli.
DR. A. LLAURERI.
Pontedasio 7 de Noviembre de 1902.»
El Progreso agrícola y pecuario. 31 de mayo de 1905, n.º 437
Testigo es el Instituto Agrícola de Alfonso XII del desacierto de los encargados de dirigir desde altos puestos la agricultura oficial. Allí, además de las desatinadas compras de maquinaria, se ha derrochado dinero en cosas que han sido, de todo punto inútiles. Se construyó un camino para un tranvía, con su correspondiente estación, que costó enormes cantidades y poco después fue abandonado. Allí se ha construido picadero para enseñar equitación á los alumnos, y se ha derruido sin prestar servicio. Allí se construyó almazara, no habiendo olivos, y á menudo se han hecho adquisiciones de ganado de lujo, que después tenia que venderse por no ser de aplicación agrícola. En cambio han faltado cantidades pequeñas para servicios indispensables, y se da el caso de que la Escuela disponga de un edificio ruinoso y poco á propósito para sus fines.
El Progreso agrícola y pecuario. 15 de diciembre de 1905, n.º 463
EL CONGRESO DE OLIVICULTURA É INDUSTRIA DEL ACEITE EN LISBOA
TRABAJO DE D. MANUEL TAVARES DE LA VEGA
Aparatos de galgas o muelas, o molinos propiamente dichos.
Según nuestro modo de ver, los molinos son las únicas máquinas que reúnen todas las condiciones exigidas por la industria: solidez y prontitud, que permiten su empleo, tanto en las pequeñas como en las grandes almazaras.
A partir del antiguo molino portugués, de una sola galga vertical, las modificaciones y perfeccionamientos sucesivos produjeron gran número de modelos.
Tales son el de Delabella, de una galga también; el de cuatro, describiendo cada una círculos de radios diferentes en torno del eje de rotación, etc., etc.
Después vienen los molinos construidos de hierro, (solera y muelas); en primer lugar, los de Mabille y Hull, excesivamente pesado el último; el de Balbontin, del cual volveremos á hablar, cuyas muelas, también de hierro, tienen la forma cónica. Prosiguiendo en el examen de esta serie evolutiva, tenemos por último aquel sobre el cual vamos á detener un poco más nuestra atención, porque así lo merecen las incontestables ventajas que sobre todos sus antepasados (digámoslo así) presenta: nos referimos al molino Veraci.
Las dos clases de aceites contenidas en el fruto, determinan con mucha lógica, tengan que ser indispensables, dos aparatos de molienda: el de la primera pisa, y el de la segunda ó repisa. El de la primera pisa, de galgas menos pesadas y más ancha rastra, tritura la pulpa de la aceituna, rompiendo un poco el hueso, pero dejando casi siempre intacta la almendra. El de la segunda pisa, de galgas de mucho mayor diámetro y rastra estrecha, acaba de deshacer la pulpa y tritura por completo el hueso con su almendra.
Satisfacen del todo estas condiciones, los molinos del ingeniero italiano Pedro Veraci, de Florencia.
Tuvimos ocasión de verlos trabajar en las almazaras del Conde de Sobral y de la Condesa de la Junquera, en Almeirim, y en la de D. Lorenzo Rivoli, cerca de Torres Nuevas. En esta última, las galgas del repiso, hechas por olvido como las del pisado, se van á cambiar.
Construidos con gran solidez, funcionando perfectamente y con regularidad, creemos que no habrá agrónomo que deje de recomendarlos, cuando tenga que aconsejar á nuestros agricultores entusiastas, deseosos de modificar con ventaja sus industrias.
El molino Veraci para el primer pisado, se compone de dos galgas de piedra de un metro de diámetro y 0,35 de rastra. Se puede mover por caballería, un buey, ó á vapor.
Cualquiera que sea el motor, éste debe colocarse siempre separado, por medio de construcciones, del sitio donde estén los molinos, para evitar que el humo producido por la locomóvil ó el mal olor del estiércol, perjudiquen el aceite. La aceituna colocada en el pavimento del piso alto cae á la solera, y luego bajo las galgas, por una tolva que les acompaña en su movimiento giratorio.
Un raspador, giratorio también, impele hacia una abertura lateral del alcorque, la aceituna, sobre la cual, por medio de este órgano, sólo pasan una vez las galgas. El trabajo de este molino es continuo.
Triturada la aceituna, y nos servimos con toda intención de esta expresión, porque este aparato trabaja como un triturador, va á las prensas del primer prensado, que la extraen el aceite más fino, para luego volver al molino del repiso, cuyas galgas tienen 1,50 metros y de rastra 0,25 metros.
El orujo, ahora más seco porque perdió con el primer prensado el agua de vegetación y parte del aceite, se halla por esta circunstancia en mejores condiciones para molerlo ahora por completo. Como se sabe, la excesiva humedad hace que la masa se escape con más facilidad á la acción de las muelas.
El orujo lo echa un operario al molino del repiso, y cuando se halla convenientemente pulverizado, se baja por medio de una palanca la raspadera, que lo hace salir por la abertura lateral del alcorque. Por consiguiente, no ejecuta un trabajo continuo.
Tal disposición, si presenta algún inconveniente, tiene en cambio la gran ventaja de permitir que el molido se prolongue y dure, conforme las exigencias variables de la masa, hasta su completa trituración.
Ahora dos palabras, para terminar nuestro modesto estudio, sobre el molino Balbontin. Merécelo por su originalidad, que le convierte en una máquina interesante é ingeniosa, más que por las ventajas, que también se las reconocemos.
Todo de hierro, se compone sencillamente de un platillo (solera) sin resguardo lateral (alcorque) y dos ó tres muelas cónicas. El platillo, girando alrededor del eje central, comunica por contacto á las muelas, el movimiento de rotación, único que efectúan. La aceituna, conducida por una tolva, cae junto al eje central del molino, que simultáneamente resulta molida y arrastrada por las muelas hacia la periferia del platillo, saliendo de éste por una abertura.
Es un molino barato y resistente, pero tiene el gran inconveniente de no poder efectuar el repisado, porque el orujo ahoga las muelas, impidiéndoles continuar su movimiento.
También tiene otro defecto grave: el aceite de los engrasadores colocados junto á cada muela, se altera con el calor producido por el movimiento, se mezcla con la masa y puede comunicarle un gusto desagradable. Hemos visto trabajar este molino en el Instituto de Agronomía, y en la almazara de D. Carlos Anjos.
La moderna maquinaria oleícola nos parece siempre cara por tenerse que recurrir á la industria extranjera. Debemos, pues, ser muy prudentes al escogerla cuando se quieran modificar las antiguas almazaras, que indudablemente están pidiendo una racional reforma, ó por lo menos adoptarlas cuando se hagan de nuevo, que es, á nuestro modo de ver, la única manera de poseerlas perfectas y en consonancia con todas las exigencias del problema.
Ya que hablamos de la necesidad de reformar los procedimientos olearios debemos consignar, según mi modo de ver, la impresión que en mi espíritu causara la Visita que hicimos á algunas almazaras recientemente modificadas.
Esa visita nos vino á confirmar la exactitud de la opinión anteriormente apuntada: para que esas reformas sean provechosas, para que el agricultor saque todo el beneficio posible al capital comprometido en una especulación, deben ser radicales y obedecer á un plan maduramente elaborado por los que tengan perfecto conocimiento de la especialidad. Los aficionados, los curiosos, los amateurs, son la causa de muchos desastres en nuestro país, los que desvirtúan muchas iniciativas buenas, y desacreditan, aunque sólo sea temporalmente por lo menos, innovaciones consagradas y sancionadas ya por una envejecida práctica en países extranjeros. Poseer no más que un molino de pequeñas ó grandes galgas, y prensas de elevadas y bajas presiones, ó dos molinos para el pisado y el repisado, y sólo una clase de prensas, no calculando tener montados estos mecanismos en armonía con las exigencias de la explotación, para evitar el entrojado de la aceituna, vale tanto, desde el punto de vista tecnológico, como conservar las primitivas almazaras, y con seguridad mucho menos, económicamente considerado.
El Progreso agrícola y pecuario. 31 de diciembre de 1905, n.º 465
EL CONGRESO DE OLIVICULTURA e INDUSTRIA DEL ACEITE EN LISBOA
TRABAJO DE D. MANUEL TAVARES DE LA VEGA
Prensado de la aceituna. — Material y procedimientos de extracción del aceite.
Conclusiones.
1.º El pisado y repisado de la aceituna exigen, para la extracción fraccionada del aceite, dos clases de prensas:
a) Prensas para la primera presión, pudiendo desarrollar fuerza de 10 kilogramos por centímetro cuadrado y que sacan de la masa el aceite más fino.
b) Prensas para la segunda presión, más poderosas, 20 kilogramos por centímetro cuadrado, destinadas á extraer del orujo después de retriturado, el resto del aceite.
2.º Los requisitos que una buena prensa debe llenar son: altura ó distancia entre la potencia y la resistencia, que le consienta contener gran número de capachos; pequeño diámetro del platillo; sencillez del mecanismo; conservación y aumento gradual de la presión.
3.º Las prensas italianas satisfacen por completo las condiciones expuestas. Merecen especial mención las del ingeniero Veraci, que son las que se conocen más en el país.
4.º En la extracción del primer aceite deben emplearse los capachos.
5.º En la extracción del aceite de segunda calidad deben preferirse los cinchos metálicos.
6.º La foratina es un accesorio muy recomendable.
7.º El escalde en la masa sólo se puede consentir en la extracción del aceite de la última clase, destinado á usos industriales.
El Progreso agrícola y pecuario. 15 de enero de 1906, n.º 467
EL CONGRESO DE OLIVICULTURA É INDUSTRIA DEL ACEITE EN LISBOATRABAJO DE D. DOMINGO TAVARESDecantación, lavado y filtración del aceite.
No son cortos en número los estudios que han venido á demostrar la preferencia por la materia grasa de ciertos organismos; hay uno que se desarrolla en todo óleo no bien depurado —el Penicillum glaucum,— cuyos esporos, que ya existen en el fruto, pasan á la actividad de su vida cuando se hallan en contacto con agua, sales minerales y materias albuminoideas. Y como en los aceites mal depurados, fácilmente se reúnen estas condiciones, tan á propósito para el desarrollo del Penicillum, y que tampoco son indiferentes á otros seres inferiores, todos ellos ó, por lo menos, la mayoría, han de concurrir á perjudicar sus buenas condiciones, hecho plenamente demostrado por la facultad que poseen de poder desintegrar las materias grasas en general, y en particular los aceites.
Por consiguiente, se impone la eliminación de todas esas substancias extrañas que indebidamente ellos contienen. Respecto á este extremo no existe la menor discrepancia entre la teoría y la práctica metódica y racional.
En cuanto á los fenómenos químicos atañe, la experiencia demuestra que la luz decolora y activa de un modo sensible el aumento en acidez, siendo su acción tanto más intensa cuanto mayor fuese la superficie expuesta á la influencia del aire.
Teniendo en cuenta la causa primera de estas alteraciones que llevamos examinadas, la depuración es indispensable; y para evitar la segunda, comprendemos la importancia de sustraer los aceites, todo lo posible, de la acción del aire y de la luz.
Siempre que la depuración no haya sido completa, su riqueza acida será elevada y, por tanto, impropia para los usos de precio más remunerado
El Progreso agrícola y pecuario. 28 de febrero de 1906, n.º 473
EL CONGRESO DE OLIVICULTURA É INDUSTRIA DEL ACEITE EN LISBOATRABAJO DEL SR. D. ALBERTO CORREA PINTOPlanos y tipos de almazaras.
1.º En las almazaras que tengan que pesar la aceituna se instala la báscula bajo cobertizo, pegado á una de las fachadas del edificio, con resguardo de vidrieras si ello fuere preciso. En ese mismo local se dispondrán los aparatos lavadores en relación con la importancia del trabajo, debiendo recomendarse los del modelo Bracci.
En las pequeñas instalaciones olearias, el lavado se simplifica por la sumersión de la aceituna, colocada en cestos, directamente en el agua, lo que se efectúa en donde mejor convenga.
2.º Siendo el depurado de la aceituna una operación importante en la elaboración de los aceites, no puede dejar de efectuarse en toda almazara. Aconsejamos se haga con depuradores de los tipos Bracci ó Mingioli, que se colocarán en el mismo almacén de depósito ó tránsito de la aceituna. Su número y capacidad, adecuado á la cantidad de la materia á elaborar.
3.º Es precepto recomendable efectuar la molienda en seguida de la recolección, limpieza y depurado de la aceituna. Pero no es posible prescindir de disponer un sitio destinado á conservar por corto tiempo la aceituna, por lo menos para asegurar la no interrupción de la labor.
Partiendo de este supuesto establecemos como principio, que para ello se elija en las almazaras pequeñas, y con más motivo en las medianas y grandes, como depósito de la aceituna, la parte del edificio inmediatamente sobrepuesta al departamento llamado propiamente molino, donde se llevará el fruto luego de pesado y lavado (si esto ha tenido lugar) por medio de elevadores ó ascensores.
4.º En las instalaciones de importancia relativa menor, puede adoptarse sin inconveniente el sistema de estratificación de la aceituna sobre el suelo del local, porque la superficie disponible de éste siempre es mayor relativamente que la de los establecimientos de más importancia.
En tal caso se colocará la aceituna en capas no superiores á 0m,10 ó 0m,12 de altura, cuando no deba esperar más de dos á tres días para, su molienda; y de 0m,06 como máximo, cuando no le toque la vez hasta dentro de siete ú ocho días, tiempo límite que debe consentirse.
En el primer caso, cada metro cuadrado de superficie del almacén puede recibir, término medio, de 65 á 80 kilogramos de aceituna, y en el segundo caso, sólo admitirá cerca de 40 kilogramos.
El Progreso agrícola y pecuario. 7 de marzo de 1906, n.º 473
EL CONGRESO DE OLIVICULTURA É INDUSTRIA DEL ACEITE EN LISBOATRABAJO DEL SR. D. ALBERTO CORREA PINTOPlanos y tipos de almazaras.
Los molinos de Mure manejados á brazo trabajan 600 ó 700 kilogramos de aceituna por hora; movidos por un malacate ó motor de potencia equivalente, 800 á 900 kilogramos; y movido por vapor, 1.000 kilogramos también por hora.
Los molinos Salvatella, ejecutando los respectivos tambores 250 revoluciones por minuto, trabajan cerca de 500 kilogramos los despulpadores (laceradores); los trituradores cerca de 400 kilogramos de pasta; y los retrituradores 600 kilogramos de masa, correspondientes, poco más ó menos, á 1.600 kilogramos de aceituna primitiva.
9.ª El número y potencia de las prensas está en relación directa con la cantidad de materia prima á elaborar, con el número, clase y trabajo de las moliendas.
Admitiendo, término medio, que el volumen de la aceituna sufra en el primer prensado una reducción del 50 por 100, y que el de las masas conducidas á la segunda presión experimente una reducción de 33 por 100, ó sea 16,5 por 100 del volumen de la aceituna primitiva, se puede establecer que á cada 12, 9, 6 ó 3 prensas del primer pisado corresponderán 6, 5, 3 ó 2 del segundo y 4. 3. 2 ó 1 del tercero.
El Progreso agrícola y pecuario. 22 de marzo de 1906, n.º 473
EL CONGRESO DE OLIVICULTURA É INDUSTRIA DEL ACEITE EN LISBOATRABAJO DEL SR. D. ALBERTO CORREA PINTOPlanos y tipos de almazaras.
En la construcción del almacén destinado á depósito y conservación de los productos ya clarificados y refinados ó no, hay que atender á su situación y capacidad y á la naturaleza de las vasijas y recipientes.
Los aceites de calidad inferior y destinados á usos industriales se recogerán en lugar aparte de los anteriores.
Entendemos que siempre es preferible destinar para almacén de los aceites comestibles la parte subterránea del edificio ó, por lo menos, dispuesta á inferior nivel que el del local de depuración; y en las almazaras de mayor capacidad de laboreo, más bajo también que el destinado á darle salida al mercado.
En la determinación de la capacidad del almacén (oleario) entran como factores, la cantidad probable de aceite producida, la forma, naturaleza y capacidad de los respectivos recipientes y el espacio necesario para los servicios que sea preciso ejecutar en él.
En la pequeña industria, empleando vasijas de forma tronco-cónicas de 3 á 6 hectolitros de capacidad, y teniendo en cuenta los espacios intermedios entre los recipientes y el necesario para los corredores de servicio, puede calcularse próximamente de 30m² á 35m² la superficie indispensable para cada 100 hectolitros de aceite, ó sea poco más ó menos 0m³,800 ó 1m³ por hectolitro.
Tratándose de grandes producciones se emplean, por lo menos para una parte de los aceites, estanques ó depósitos, de capacidad de 20 á 50 hectolitros, de forma cúbica, paralelepipédica ó cilíndrica, terminando por tronco de pirámide ó de cilindro, de modo que la superficie del aceite en contacto con el aire se disminuya todo lo posible, y los cuales se colocarán á lo largo de las paredes ó en filas paralelas en la parte central del local.
El Progreso agrícola y pecuario. 30 de abril de 1906, n.º 473
EL CONGRESO DE OLIVICULTURA É INDUSTRIA DEL ACEITE EN LISBOATRABAJO DEL SR. D. ALBERTO CORREA PINTOPlanos y tipos de almazaras.
El motor jamás debe estar dentro de los departamentos donde se manipule, trabaje y conserve la aceituna y el aceite. Sólo aceptamos el empleo de motor animado en la industria de escasísima importancia. Entonces la cuadra y sus dependencias estarán en edificio separado de la almazara.
En las de mediano laboreo tal vez sea muy ventajoso emplear motores de explosión.
Por último, la energía eléctrica resulta el motor por excelencia desde el momento que su producción ó empleo resulte económico. En las grandes almazaras, parécenos que no existe energía motora que, comparando los servicios prestados, y las ventajas que ofrece, sea más recomendable.
Como dependencia útil para toda almazara importante, juzgamos la instalación de un pequeño laboratorio para análisis de aceites, montado muy modestamente.
No dudamos aconsejar el empleo del cemento armado en la construcción de las almazaras, por lo menos aquellas destinadas á grandes labores. Como material de cubiertas creemos ventajoso el uso del fibro-cemento comprimido.
Las aguas de vegetación y las del lavado deben recogerse por canalización subterránea, con sifones hidráulicos, para conducirlas al infierno.
Del mismo modo se recogerán las del lavoteo de los edificios y fregado de los utensilios, llevándolas á las corrientes de agua más próximas. Para el frecuente y esmerado fregoteo ó lavado de las dependencias de la almazara, nos parece cómodo y práctico que en ellas se coloquen llaves para hacerlo á chorro directo, debiendo con tal objeto proceder el agua de un recipiente elevado.
El infierno se construirá á 200 ó 300 metros separado de los edificios de la almazara. Puede ser de ladrillo con revestido de cemento y construido teniendo en cuenta la teoría de los vasos comunicantes. El depósito ó estanque de recepción inmediata de los alpechines, tendrá la forma de vaso florentino, enterrado en el suelo, con el cuello elevándose cerca de 2 metros sobre su fondo; por una abertura de suficiente anchura se recogerá el aceite. Su capacidad se calcula como para contener los de un período de quince á veinte días. El sobrante sale continua y automáticamente pasando á un segundo depósito de menores dimensiones, de donde en seguida se le utiliza ó no. El infierno se protegerá de la acción directa de la lluvia y de los rayos solares por un ligero tejadillo.
El Progreso agrícola y pecuario. 30 de junio de 1906, n.º 489
EL CONGRESO DE OLIVICULTURA É INDUSTRIA DEL ACEITE EN LISBOA
TRABAJO DEL SR. D. VIRGILIO BURGALLO PINTO.
Almazaras sociales ó mutualistas
El régimen de la libre concurrencia, considerado durante mucho tiempo como una fórmula definitiva, que en el campo económico vendría á seleccionar las profesiones y las industrias, fomentar el progreso, ocasionando en todas partes la disminución de los precios y regularizando las utilidades y los salarios, alcanza en la actualidad, dentro del campo limitado de toda industria, las proporciones de una lucha titánica, desleal por sus procedimientos é injusta en sus resultados.
El régimen económico recomendado por los principios liberales y en su nombre aceptado por las naciones cultas como esencial instrumento de verdadero progreso y arbitro omnipotente de la distribución de las funciones, lejos de reducir las ocupaciones y los menesteres á los límites precisos y de localizarlos en armonía con las necesidades, la mayor parte de las veces los multiplicó por una fórmula ridícula, del todo desproporcionada á su pretendida utilidad social.
El Progreso industrial y mercantil. 7/1906, n.º 114
TEMAS INDUSTRIALES
Extracción de los aceites de oliva.
Por esto, los aceites obtenidos con débiles presiones contienen proporción tan grande de estos glicéridos, y, por consecuencia, resultan los de mejor calidad. A medida quo la presión vaya siendo mayor, disminuirá también la proporción de éstos, y, por lo tanto, el aceite será de inferior calidad.
Por esta razón no deben emplearse altas presiones cuando quieran obtenerse aceites de buena calidad, y además, se comprende fácilmente que con la misma presión, y no variando, por lo mismo, la calidad del producto, se obtendrá más cantidad de aceite cuanto más fina esté la pasta. Por esto decíamos que la molienda debe ser completa, puesto que de este modo podemos obtener mayor cantidad de aceite sin alterar su calidad, que es lo que deben procurar los cosecheros. El aceite obtenido en estas condiciones, es decir, con poca presión y sin empleo del agua, se conoce con el nombre de aceite virgen y es el que alcanza mejores precios en el mercado.
El Progreso agrícola y pecuario. 15 de julio de 1906, n.º 491
EL CONGRESO DE OLIVICULTURA É INDUSTRIA DEL ACEITE EN LISBOA
TRABAJO DEL SR. D. VIRGILIO BURGALLO PINTO.
Almazaras sociales ó mutualistas
Unos, con el propósito de hacer más económica la elaboración, alquilaron ó compraron material oleícola, donde cada asociado hace triturar individualmente sus aceitunas y retira en seguida el aceite obtenido. El material es común, pero el laboreo conserva su individualidad. Luego el sindicato, ó se desentiende por completo de la venta de los productos, ó interviene en ella por modos muy distinto, bien limitándose á aproximar el productor al consumidor, bien encargándose de vender algunos lotes puestos por los dueños á su disposición, ó también, lo que es más raro, con el propósito de ofrecer al mercado productos uniformes y en cantidades relativamente importantes, reúne en total los productos individuales de los miembros sindicados y realiza directamente la venta.
Funcionan, pues, estos sindicatos como asociaciones de venta.
Otros, en cambio, como la elaboración local de los aceites deja mucho que desear y, por otra parte, el comercio ha adquirido el hábito de comprar los aceites y en seguida mezclarlos con otros óleos vegetales y hasta aceites extranjeros de inferior calidad, efectúan la elaboración en común, mejorando el producto por continuos cuidados y, posteriormente, por la venta asociada consiguen ventajas tan importantes para el productor, como para el consumidor.
El Progreso agrícola y pecuario. 22 de julio de 1906, n.º 492
EL CONGRESO DE OLIVICULTURA É INDUSTRIA DEL ACEITE EN LISBOA
TRABAJO DEL SR. D. VIRGILIO BURGALLO PINTO.
Almazaras sociales ó mutualistas
Por algún tiempo, y no insignificante, predominaron las malas cosechas, viéndose el agricultor privado de sus naturales recursos, abandonando poco á poco sus dueños los molinos. Y necesitando éstos con el tiempo grandes reparaciones, sus propietarios preferían dejarlos deteriorarse cada vez más, hasta el punto que la mayor parte de ellos llegaron á ser una completa ruina. Añádase á esto que, facilitándose cada vez más los medios de comunicación, los negociantes van á buscar la aceituna para trabajarla en sus propias instalaciones Y además, la elaboración particular deja mucho que desear, prefiriendo los negociantes y corredores hacer el aceite por su cuenta.
Esto fué la muerte de todos los molinos. La mísera situación de éstos la aprovecharon los negociantes para ofrecer por ellos precios muy bajos. El agricultor tuvo que ceder.
Los dos ó tres molinos que últimamente quedaron en pie, los alquilaron los propios negociantes. Compréndese así cómo el productor se vio en la alternativa de vender como quisiera el negociante ó dejar podrir su aceituna.
Cuando ya en 1888 las cosechas parecieron volver á lo que habían sido, buenas, intentamos, después de haber fundado un Sindicato y una Caja de crédito agrícola, establecer una cooperativa oleícola. Nada conseguimos; la idea era muy nueva; nos resignamos á esperar.
En 1902, una excelente cosecha fué, por decirlo así, sacrificada á la venta. Acabamos de abrir los ojos, y á fuerza de conferencias conseguimos nos entendieran.
El Progreso agrícola y pecuario. 31 de julio de 1906, n.º 493
EL CONGRESO DE OLIVICULTURA É INDUSTRIA DEL ACEITE EN LISBOA
TRABAJO DEL SR. D. VIRGILIO BURGALLO PINTO.
Almazaras sociales ó mutualistas
Es, pues, una Asociación de olivicultores que dispone da medios. La pequeña y la mediana producción tiene dos caminos que seguir: ó vende la aceituna suya á la Sociedad, que su mayor interés estribará en que los precios no sean muy remuneradores, ó queriendo gozar los escasos beneficios de elaboración en común, la entrega en las condiciones antes dichas, sujetándose á la valoración que le atribuyeron á su producto y dejando á la Sociedad capitalista más de 6 francos por cada 3 de aumento en su rendimiento.
Por lo que se refiere á los miembros de Asociaciones de esta naturaleza, el sistema sería acaso equitativo si el número de las acciones adquiridas por cada uno fuese representativo de la extensión cultivada ó, mejor, de la importancia de las cosechas individuales; la forma de Sociedad por acciones habría únicamente facilitado la emisión del capital de fundación y el mecanismo de la distribución de las ganancias anuales, á semejanza de lo que acontece con otras Asociaciones de producción agrícola. Mas no sucede así: sólo después de remunerado el capital y constituidas la reserva ordinaria y extraordinaria ilimitadas, gratificado el personal, etc., lo restante, y que ciertamente no va más allá del 5 al 7 por 100, es lo que se divide en partes iguales entre la Asociación y los productores de aceituna, á prorrateo entre las cosechas vendidas ó suministradas
El Progreso agrícola y pecuario. 7 de agosto de 1906, n.º 494
EL CONGRESO DE OLIVICULTURA É INDUSTRIA DEL ACEITE EN LISBOA
TRABAJO DEL SR. D. VIRGILIO BURGALLO PINTO.
Almazaras sociales ó mutualistas
Tienen, pues, estas Asociaciones un carácter completamente agrícola, desprovistas de toda idea de especulación, sin excluir, como es natural, ésta del término final de su razón de existencia; procuran, por medio de una elaboración esmerada y de la venta directa de los productos al consumidor, el aumento de los rendimientos, la distribución equitativa de los beneficios de la acción común.
Es más, por extender á todas las fases de la producción su acción benéfica, las consideramos de más fácil y provechosa adaptación á las circunstancias de nuestra oleicultura, y creemos que con más propiedad merecen la designación de Almazaras sociales ó mutuarias.
El Progreso agrícola y pecuario. 15 de agosto de 1906, n.º 495
EL CONGRESO DE OLIVICULTURA É INDUSTRIA DEL ACEITE EN LISBOA
TRABAJO DEL SR. D. VIRGILIO BURGALLO PINTO.
Almazaras sociales ó mutualistas
En nuestro medio, donde el cultivo del olivo y la elaboración de los aceites se halla muy lejos de corresponder á las necesidades y la venta es defectuosa, principalmente por encontrarse en manos del comercio mal organizado para emprender la colocación de grandes lotes y no siempre con el grado de moralidad indispensable, de modo que pague al productor el justo precio representativo de sus cualidades; con un comercio que de continuar del mismo modo llegaría á cambiar el paladar del consumidor vendiéndole un producto que en la generalidad de los casos se halla muy distante de la pureza y autenticidad que se le atribuye, es indispensable que las Almazaras mutuarias se organicen para elaborar y vender los aceites de los asociados sin olvidar las disposiciones estatuidas sobre la manera de cultivar los olivares para obtener buena materia prima.
El Progreso agrícola y pecuario. 7 de septiembre de 1906, n.º 498
EL CONGRESO DE OLIVICULTURA É INDUSTRIA DEL ACEITE EN LISBOA
TRABAJO DEL SR. D. VIRGILIO BURGALLO PINTO.
Almazaras sociales ó mutualistas
La organización del crédito agrícola mutuo es, según nuestro modo de ver, una medida que debe preceder á todas las tentativas de cooperación de producción agrícola, y el ejemplo de lo que sucede en el extranjero, cuanto más en un país donde el dinero es carísimo y anda tan divorciado de los intereses de la agricultura. Mientras el crédito agrícola mutuo de carácter local no se halle organizado, todas las Asociaciones agrícolas tendrán que perder ó despojarse del carácter esencial de Asociaciones cooperativas para dar entrada á los intereses del capital.
Ya en 1836 Mr. de Rocquigny (l) hacía notar la dependencia en que están las Asociaciones cooperativas oleícolas con las cooperativas de crédito por lo que se refería al warrantage de los aceites. Mr. Latiere, en su reciente publicación, El olivo y la industria oleícola, dice que las almazaras mutuarias deben adelantar á los socios sobre el valor de las aceitunas aportadas á la elaboración en común, y de ahí la necesidad en muchos casos de funcionar combinadas con una Caja agrícola de crédito. También oímos ya cómo la falta de capitales necesarios á la instalación fué causa de que la Asociación de Guelma se constituyese por medio de acciones carísimas, y debiendo ser una Asociación cooperativa, se organizó en forma no muy en armonía con los verdaderos intereses de la producción. En Gilette, Mr. Bandín fundó primero una Caja de crédito, y sólo después de funcionar ésta, la almazara social, «que se entenderá con la Caja local de crédito mutual agrícola para los préstamos permisibles á sus miembros sobre sus productos» (2). El Consejo de administración, para cubrir los gastos de instalación de la almazara, superiores al capital de fundación, contrató un empréstito garantido solidariamente por todos los cooperadores, con la Caja regional del crédito mutual agrícola de los Alpes Marítimos, valiéndose como intermediario de la Caja local (1). De manera análoga procede, por lo que á este particular se refiere, la cooperativa Grassoise (2); y la de Vetralla dispone que «el servicio de Caja se confiera, cuando sea posible, á una institución de crédito local» (3).
El Progreso agrícola y pecuario. 31 de marzo de 1908, n.º 573
Descripción del procedimiento "Acapulco"
El procedimiento de extracción del aceite por este novísimo procedimiento se expone brevemente á continuación.
La aceituna, ya sea desde los mismos capachos en que es transportada del olivar, ya sea desde los trojes donde se conserva, se deposita en una tolva colocada en el patio de la fábrica, de donde la toma una espiral de Arquímedes que la conduce al interior de la almazara, vertiéndola en una deshuesadora, desde donde la pulpa, convenientemente macerada, cae en un conductor horizontal formado por una canal semicilíndrica, dentro de la que se mueve un gusano ó hélice. Esta canal está provista de tantas compuertas inferiores para la salida de la aceituna cuantos sean los embudos del extractor ó los extractores que cargar.
El Progreso agrícola y pecuario. 7 de noviembre de 1909, n.º 650
El orujo de aceituna en la alimentación del ganado.
Desde hace algunos años, los agrónomos hacen una activa propaganda en favor de la utilización de los orujos de aceituna para la alimentación del ganado. Estos orujos, separados del hueso con máquinas especiales y convenientemente desengrasados, constituyen una nutrición complementaria excelente y económica para los ganados.
El Progreso agrícola y pecuario. 22 de junio de 1913, n.º 824
D. Isidro Luis Calvarro, Robledillo de Gata (Cáceres),
Sí, señor; hay ya sistemas sancionados por la práctica para extraer el aceite de los orujos en la almazara sin recurrir á las costosas instalaciones de carácter industrial.
El procedimiento es sencillísimo: dispuesto el estractor y destilador en un solo aparato, se carga aquél de orujo y se le inyecta el bisulfuro de carbono; después de tres horas de maceración, el disolvente ha extraído toda la grasa contenida en el orujo; en ese momento, se hace pasar la mezcla de grasa y disolvente al destilador, donde, como su nombre indica, haciendo uso del vapor de agua, se hará evaporar el bisulfuro y queda el aceite, que se saca por un grifo que tiene el aparato
El Progreso agrícola y pecuario. 31 de marzo de 1915, n.º 909
Excursión agrícola por Andalucía
Puente Genil.
Puede conceptuarse esta población como la cuna de los aceites finos en el país, puesto que en ella es donde se elabora este tipo de aceites de una manera más general, y en donde se empezaron a fabricar hace más tiempo.
Este pueblo, que cuenta con una importante riqueza olivarera, se limitó a elaborar aceites de los llamados corrientes, a fabricar primera materia para las casas exportadoras de Niza y Marsella, hasta que D. Emilio Reina, aquel competentísimo agricultor que tanto hizo por el engrandecimiento de nuestra agricultura, fundó la Sociedad Nueva España con el propósito de fabricar aceites de clases finas, dando con ello un alto ejemplo de patriotismo y de amor a nuestra riqueza agrícola.
Pronto se tocaron los beneficios de aquel cambio introducido en la elaboración de aceites debido a la iniciativa del Sr. Reina, que tuvo que arrostrar para llevarla a cabo, las censuras de la mayoría de aquellos agricultores, muy distintos de los de ahora, que no creían en las ventajas que lleva consigo el cultivo acertado del suelo y la moderna transformación de sus productos. Puente Genil se vio invadido al poco tiempo por numerosos agentes extranjeros, a quienes sorprendió que allí se elaboraran aceites finos en cantidades elevadas, los cuales compraban a buen precio todas las clases finas, y los olivicultores vieron con gran sorpresa que lo que ellos creían una idea descabellada resultaba un negocio muy lucrativo, pues que el margen entre los precios de los aceites corrientes y los de las clases finas compensaba muy crecidamente el mayor coste de elaboración de éstas, aparte de que los finos tenían más fácil salida que los corrientes.
La labor esencial estaba hecha. En pocos años se han ido transformando todos los molinos antiguos en modernas fábricas aceiteras, y hoy cuenta Puente Genil con una floreciente industria oleicola.




















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