sábado, 1 de agosto de 2026

La prensa en la guerra de África de 1859

PERIÓDICOS FAVORABLES A LA GUERRA (Inicialmente hubo consenso casi unánime. La votación en Cortes el 22 de octubre de 1859 tuvo un resultado de 187 diputados a favor).)

Progresistas y Demócratas

La Discusión (demócrata) - Muy favorable. Emilio Castelar escribió artículos contundentes: "Hemos sostenido que la guerra de África interesa a la civilización universal, que la guerra de África es una idea viva en toda nuestra historia" (14 de octubre de 1859)

LA GUERRA DE África. La Discusión, 14 de octubre de 1859

ARTÍCULO III Y ÚLTIMO.

Hemos sostenido que la guerra de África interesa á la civilización universal, que la guerra de África es una idea viva en toda nuestra historia. Hoy vamos á concluir recordando que la guerra de África es justa, es civilizadora, es patriótica, es providencial, es la base de nuestra restauración en los consejos de Europa, es la ley fatal de nuestra posición geográfica y de nuestro carácter histórico, es la fianza que debemos dar á los pueblos cuyas ideas representamos, de que tenemos fuerza bastante para sostener sus gloriosas enseñas, ánimo bastante para cumplir y realizar sus maravillosos destinos.

La guerra de África es justa. El africano enemigo no deja pasar un día sin asestar sus armas contra nuestro pabellón, sin sacrificar algún hijo de la madre patria á su insaciable sed de sangre. A todas horas las grandes fortalezas confiadas á nuestra custodia ven cruzar sobre sus inmóviles muros los fuegos de los bárbaros, que llevan por do quier la desolación y la muerte. El pequeñuelo se amamanta allí en odio á nuestra raza, crece oyendo maldecir de nuestra nación; antes pronuncia baldones contra nuestras glorias que el nombre de sus padres; apenas puede manejar las armas, ya las asesta contra nuestro pecho; vive la vida nómada de los primitivos guerreros, siempre entre las ruinas, entre el humo de los incendios; gasta sus días mirando con odio el pabellón español, y al expirar reúne á sus hijos, y en la agonía les alienta para que sostengan la guerra incesante, diaria, con España; porque en España se guardan aun los campos que fueron el edén de sus mayores, los templos de su Dios, los palacios y jardines de sus reyes, las cenizas de los héroes mas grandes de su raza. ¿Y es justo, es honroso que un gran pueblo se desangre así, pierda su poder, se muestre siempre flaco y envilecido, á merced de razas bárbaras, que no debían pronunciar su nombre sino con veneracion y con respeto? La justicia que nos asiste es tan clara como la luz del día; nuestro derecho no consiente duda. Puesto que la agresion viene de antiguo, y sus balas han taladrado mil veces el pecho de nuestros soldados, y sus piratas han infestado nuestras costas, y sus tribus han herido nuestro nombre, y sus jefes no han respetado nunca la fé de los tratados en que descansa la paz de los pueblos, justo es que España muestre á esas razas indóciles á toda persuasion, dispuestas á toda violencia, agenas á todo derecho, incapaces de toda dignidad, con sus armas, con aquellas armas forjadas en mil combates ganados sobre los árabes, que no consiente mancha alguna en sus claros timbres; pues la magnanimidad aquí seria flaqueza, y el perdon signo seguro de incurable impotencia. 

La guerra de África interesa á la humanidad. Hay épocas de vitalidad tan grande, que las razas no caben de ninguna suerte en el recinto que un dia les sirvió de hogar. La idea civilizadora es como la luz, y tiende á propagarse, á difundirse por el mundo. El español que ha conquistado á Granada, va á América; el holandés que ha aprisionado á los mares, va á la Oceanía; el inglés que se ha fortificado con su libertad y con su derecho, va á la India; el francés que ha crecido entre las tempestades de sus revoluciones, va á la Argelia; y todas las razas civilizadas que han crecido, van á llevar su idea, el alma de la civilización, á las razas dormidas, aletargadas En el seno de la naturaleza. Así lleva Dios el soplo de sus ideas, de gente en gente, de región en región, levantando á la vida, al derecho, á razas encorvadas bajo el peso del fatalismo.

Y hoy, en que la civilización ha crecido tanto, en que la libertad ha llevado su benéfico influjo á las razas del continente europeo, la nueva idea que se cierne sobre todos los hechos de la historia necesita nuevos espacios, y es preciso, indispensable, desbastar el África, extender por sus desiertos nuestro espíritu, modelar para el bien aquellas razas, á fin de levantar en ese país privilegiado que el Mediterráneo y el Atlántico besan, que los griegos creían fuente de su primitiva civilización, que la Iglesia cristiana contaba entre sus países predilectos, que Alejandro eligió para fundar la ciudad que debía ser el lecho imperial del Oriente y de Europa, en ese país hermosísimo, un santuario digno del hombre, para que deje de ser una vil generación de esclavos.

Y esta es una cuestión también de patriotismo. Dios no ha separado á España del África sino por un pequeño estrecho, que parece sentir la unión de los dos continentes. Desde los tiempos del imperio romano España formaba un solo país con una gran porción del África. Cuando vinieron los bárbaros, juntos caímos, juntos lloramos la insaciable crueldad de Genserico. La primitiva Iglesia española se unía en sus grandes persecuciones con la primitiva Iglesia africana, y nuestros mártires eran adorados en aquel sublime altar donde San Agustín ofrecía á Dios el incienso de sus pensamientos. Nuestro suelo es parecido al suelo del África. Aquí crece el olivo; aquí el azahar perfuma los aires; aquí, entre las piedras, nace el nopal africano; aquí la orgullosa palmera, trasplantada por Abdarramán el Grande, ostenta su copa oriental en los claros horizontes inundados por un sol abrasador, como el sol de los desiertos. En nuestra misma litetatura se ve que el orientalismo africano es una planta espontánea, natural de nuestro suelo. Antes que vinieran los árabes, ya había brotado el genio ardoroso del África con Lucano en Roma. Después que los árabes se alejaron, el genio oriental, derramado en Sevilla, en Córdoba y en Granada, inspiró al gran poeta, al pueblo, sus romances moriscos. Las razas del Norte serán en África eternamente extranjeras; pero el hijo del desierto verá en la tez morena, en los ojos negros y centelleantes del heróico soldado español, los rasgos de un hermano. Las demás razas podrán conquistar el África, como los ingleses han conquistado la India, como los franceses han conquistado la Argelia, por el exterminio; nosotros podremos conquistar el África por la asimilación de la raza. 

Por eso todos nuestros grandes repúblicos han pensado en la guerra de Africa. Fernando III murió aprestando una escuadra; el legado que Isabel I dejó á sus hijos fué la guerra de Africa; Cisneros, Cárlos V, Pedro Navarro, D. Juan de Austria, todos nuestros mas esforzados guerreros, nuestros mas atrevidos marinos, han recogido en Africa las hojas mas bellas de la corona de sus glorias; y en esta empresa el genio de Portugal ha sido como nuestro genio, porque en los arenales del Africa murió D. Sebastian y fueron heridos sus ejércitos, para manifestar que hay un solo espíritu y un solo pensamiento en toda la raza íbera. 

Esta guerra de Africa es necesaria para la libertad de los mares. Mientras esas razas bárbaras posean puertos tan importantes en el Atlántico y en el Mediterráneo, será imposible de toda imposibilidad que esos mares no estén amenazados de continuas piraterías. Aun no están lejos los tiempos en que nuestras costas eran inseguras, en que el pirata berberisco bajaba á arrancar á nuestros campesinos y á nuestros marineros del fondo de sus cabañas. El porvenir del mundo exige que cada raza ocupe su puesto y cumpla su destino, y el puesto de centinela avanzado de la civilizacion en el Africa le toca al eterno guerrero que ha derramado su sangre desde Covadonga hasta Lepanto sin darse punto de reposo y sin desmayar en su empresa, al heróico pueblo español. De otra suerte, ¿qué va á ser de nosotros? Los pueblos que no cumplen una mision civilizadora, pronto desaparecen, pronto son esclavos de otros pueblos. El Africa no puede continuar como está, y de consiguiente, algun pueblo europeo se ha de posesionar de sus mas importantes puertos. Entonces, colocada una gran potencia en Tánger, las puertas de España se cierran para los españoles, el estrecho de Gibraltar viene á estar á merced de los estraños, nosotros tendremos á nuestros enemigos dentro de nuestros mismos mares, á la puerta de nuestro propio hogar, y no podremos respirar libremente, confiada como estará nuestra custodia a aquellos que pueden mirar con recelo nuestro engrandecimiento. Imagínese que ese pueblo es el pueblo inglés. Pues bien: el pueblo inglés en Lisboa, en Tánger, en Gibraltar, es el dueño de nuestros destinos, y tendrá el pié puesto siempre sobre nuestra frente. Imaginemos que ese pueblo es el pueblo francés. Pues bien: el pueblo francés en Oran, en Argel, en Túnez, en Tetuan, en Tánger, nos cerca, nos oprime, amenaza las islas Baleares y nuestros puertos del Mediterráneo, y nos deja sin espacio donde estender nuestra alma, sin razas á que llevar el fuego de nuestras ideas. Estos pueblos sacarán del Norte de Africa los productos que hoy vienen á buscar á nuestros puertos, y nuestra agricultura, falta de mercados, se enflaquecerá y decaerá hasta el último estremo del enflaquecimiento y de la decadencia. La cuestion de Africa es una cuestion de vida ó muerte para nuestro porvenir, para el porvenir de esta heróica raza española, que tantos rasgos de su genio ha llevado á la historia universal. 

No lo olvidemos, pues; no lo olvidemos. Nuestros reyes absolutos emprendieron guerras desastrosas, y apartaron la corriente de nuestra vida de su verdadero cauce. Si aquellas guerras sangrientas y costosas sostenidas en Italia, en Flandes, en Alemania, en Francia, en Inglaterra, en Portugal hubieran sido sostenidas en Africa, la nacion española no hubiera bajado hasta el punto de infundir á las demas naciones la idea de que era posible su desmembramiento y reparticion entre los déspotas. Dios no ha querido que España sea la Polonia del Mediodia, porque Dios la necesita como para formar la trama de la vida europea. Para todas nuestras grandes empresas debemos tener como preliminar nuestras victorias en Africa. ¿Con qué derecho iríamos á decirle á Portugal «sé nuestro hermano,» si le convidábamos á comer el amargo pan de la deshonra amasado con nuestras lágrimas? ¿Con qué derecho iríamos á decir á nuestros hermanos de América que contaran con nuestro auxilio en todos sus amargos trances, si les enseñábamos herida nuestra frente, rota en las manos nuestra espada? Las naciones que quieren ser poderosas, que quieren ser grandes, necesitan mostrar sus timbres á los demas pueblos. Solo así podrá España levantar su voz en el consejo de las naciones; solo así podrá cumplir los destinos á que la llama la Providencia. 

En esta cuestion no hay fracciones, no hay partidos, no hay mas que españoles. Amamos á la patria que nos dá la vida, como amamos á la madre que nos dió el ser. La sangre que corre por nuestras venas es la savia de su tierra; siempre el nombre de la patria está impreso en el corazon, siempre fijo en la mente. Unámonos en una idea, trabajemos todos de consuno, y la raza ibera, que detuvo las irrupciones de los pueblos bárbaros, que salvó la civilizacion europea en la edad media ofreciéndose en los campos de batalla como eterno holocausto, que civilizó un nuevo mundo, que dobló el cabo de las Tormentas para llevar el espíritu europeo al Oriente, que hundió en Lepanto la feroz soberbia de los turcos, que llegó con la enseña de la cruz hasta Constantinopla, hasta Atenas, volverá á seguir la carrera de sus glorias, y realizará su inmortal destino.

EMILIO CASTELAR.

La Iberia (progresista) - Muy favorable inicialmente. Exigía ventajas comerciales e indemnizaciones

Las Novedades (progresista) - Favorable al inicio

Unionistas y Moderados

La Época (unionista) Favorable, hablaba de "la civilización contra la barbarie"

El Reino (moderado, financiado por el Ministerio de Gobernación) Favorable

El Estado (moderado, dirigido por Campoamor) Favorable

El Occidente Favorable

El Correo español Favorable

Prensa Conservadora/Religiosa

La Esperanza Muy belicista. "El entusiasmo que reina en esta población (Ceuta), la sangre africana corre a torrentes..."

PERIÓDICOS QUE CAMBIARON DE POSICIÓN (críticos con la "paz chica")

Tras la victoria, pero antes del tratado de paz, varios periódicos que apoyaron la guerra se volvieron críticos al considerar que los resultados eran insuficientes. 

Al conocerse las condiciones del tratado, la prensa opositora madrileña (especialmente el periódico La Iberia) acuñó la célebre frase «guerra grande, paz chica». Con ello denunciaban que el sacrificio del ejército no se reflejaba en el acuerdo alcanzado. 

La Discusión Crítica feroz. Castelar: "Los culpables han adquirido una tremenda responsabilidad ante el país y ante la historia"

La Iberia Muy crítica, analizó punto por punto las bases de paz

Las Novedades Crítica con los resultados

La Regeneración Se manifestó en contra

La España (con Pedro de Egaña) Mostró reservas

PERIÓDICOS MINISTERIALES (siempre favorables al gobierno)

La Correspondencia Difundía la posición oficial

El Mundo Militar Favorable

Gaceta Militar Favorable

Boletín de Administración Militar Favorable

LOS PERIÓDICOS CATALANES

DIARIO DE BARCELONA

Al principio de la guerra reticente y crítica. Se manifestó reticente a la aventura marroquí, aunque no así respecto a la expedición al golfo de Guinea.

Sin embargo, una vez iniciada la guerra y especialmente tras el retorno de los Voluntarios Catalanes, cambió su tono y publicó artículos patrióticos como "Cataluña y la guerra" de Estanislao Reinals y Rabasa y otro de Juan Mañé y Flaquer

4 de mayo de 1860

CATALUÑA Y LA GUERRA.

Cataluña está de luto y de enhorabuena. De luto porque de los 461 voluntarios que salieron de Barcelona, solo vuelven 300; de enhorabuena, porque los que han vuelto le traen mil coronas. ¿Por qué el júbilo ha de ir mezclado con el llanto? ¿Por qué la gloria de los que han vuelto y de su patria ha de haberse comprado con las lágrimas de las madres de las esposas y de los hijos? Han vuelto pocos, y no han estado sino en tres combates; han vuelto pocos; pero cargados de laureles: ¿quién no está orgulloso de haber nacido en este independiente y esforzado suelo? No han sido las plumas catalanas las que han puesto de realce los hechos de armas de nuestros voluntarios: aquellas han sido parcas hasta la injusticia, como conviene á caracteres robustos. Han sido los periódicos de la córte, los ingleses, los franceses los que han hablado con particular detención y elogio de nuestros voluntarios.

La Independencia belga al ocuparse de su comportamiento en la batalla de Tetuán, decía: 

«han escedido su fama de valor y de audacia.» El Times al hablar también de esta batalla, decia: «muchachos muchos de ellos y reclutas, dió envidia su audacia al mas pintado veterano.  Otros períódícos estrangeros y las correspondencias de los de la corte, han dicho..... ¿pero por que citaríamis los periódicos estranjeros que han hablado de los voluntarios catalanes, y reuniriamos los que en diversos dias han escrito los de la corte?

No nos seria posible sin convertir este artículo en un Album de alabanzas cuyos autores serian en gran número: no nos es dado en este momento recordar ni los nombres de estos ni sus testuales palabras, aunque recordemos el hecho y la indeleble impresión que en nosotros ha causado, .

¡Bien, muy bien por los voluntarios de Cataluña; bien, muy bien por nuestra provincia; y bien, muy bien aun por los principios que nos son muy caros!; ante todo y sobre todo mil bravos a los voluntarios, a estos hijos no bastardeados del almogavar que a pie, descubierto el pecho, un pañuelo enrollado en la cabeza y unas miserables sandalias en los piés, derribó de su caballo con su ascona al caballero francés armado de punta en blanco y presentó al Rey su cabeza ensangrentada. Ellos fueron á representar en los campos de África las glorias catalanas como les decia su esforzado caudillo; ellos fueron, a sostener en grande y terrible liza la honra de nuestro suelo y han más que llenado la opinión que de su valor y de su audacia se tenia como dijo la Independencia belga; muchachos, sin instruccion, nuevos, enteramente nuevos en la guerra de África y en toda guerra, «han dado envidia al mas veterano» como dijo el Times. ¡Otra vez bravo a los voluntarios y á su caudillo que supo enardecer su corazón con su palabra y su ejemplo!

Cuatro ó cinco años hará, cuando tuvieron lugar las complicaciones entre amos y trabajadores, la prensa madrileña de opuestos matices desenterró aquel terrible anatema de Quevedo: «tienen los catalanes príncipe como el cuerpo alma para vivir, y como este alega contra la razón apetitos y vicios aquellos contra la razón de su señor privilegios y fueros.» Quién vió en las complicaciones de Cataluña su interés, pues llamando con sus terribles movimientos fuerzas al Principado se enriqueció con lo que estás consumen; quién vió el mal ejemplo dado por los fabricantes, mostrando como un poder las masas trabajadoras 'para su objeto predilecto, el monopolio; quién el espíritu rebelde, quien el orgullo desmedido. Un periódico hubo -el Parlamento, creemos que se llamaba,- que enemigo de la situación de entonces, conservador y con fama de entendido, trató la cuestion á radice y decia: «Es Cataluña un pais escepcional en España. Su población activa, laboriosa y enérgica, es á la vez que una de las fuerzas de nuestra monarquía, una de las causas de nuestra debilidad en tiempo de paz. Su situacion geográfica, sus recuerdos históricos, su idioma popular, su legislacion civil diferente de la del resto de la Península, y aun la moneda que allí ha tenido curso hasta ahora, todo ha contribuido á que Cataluña tenga demasiada propension á considerar su suerte como algo independiente de la de las demás províncias.» «Esta pequeña nacionalidad catalana, añadía el citado periódico en otra parte, mezquina concepcíon en los tiempos en que vivimos, de grandes aglomeraciones, de grandes nacionalidades, único modo de vivir ante los grandes grupos de pueblos que va formando la marcha de tal civilizacion, centralizadora por mil causas entre las que no son las menos influyentes las comunicaciones y los progresos de la industria y del comercio, esa nacionalidad decimos será reemplazada por creencias y sentimientos.» De todo lo que deducia que Cataluña era á España lo que Irlanda á Inglaterra, y que con respecto á ella había de haber una política española que se legaran todos los gobiernos, y habia de consistir, al parecer, en tratarla con algun rigor, pues el haberla tratado con blandura la habia ensoberbecido en términos de que hablaba siempre con lenguaje acerbo al gobierno, y hacer uso de otros recursos del arte político, por ejemplo fomentar la contraposícíon de intereses entre provincia y provincia, hacer que devengasen los capitales intereses menos pingües, etc. Et tacuere ones, los periódicos constituyentes y los no constituyentes; hubo una unanimidad de parecer, que no estamos acostumbrados á observar en otras cuestiones.

Sí; habían dicho que Cataluña era rebelde: la campaña de África dirá al mundo lo que es su rebeldía: la campaña de África dirá á España y á la historial que no ha necesitado el gobierno mandar, ni aun valerse de medios indirectos, ni aun manifestar sus deseos para que le prestase Cataluña para la guerra de África mas contingente de hombres que el del reemplazo ordinario; la campaña de África dirá á los presentes y á los venideros que no ha necesitado el gobierno sino dar permiso de formar cuatro compañías para que á los 26 días de haberlo dado, estuviesen alistados, uniformados y embarcados 464 voluntarios elegidos de entre un número mucho mayor que acudieron al alistamiento.

Habian dicho que Cataluña tenia un espíritu de provincialismo egoista y fiero: ellos han dejado allá en las Vegas de Tetuán y en las sierras de Gualdrás, escrita la contestacion con letras de sangre que no borrará, nó, el tiempo. Ellos dirán á las gentes que pasan y que vendrán: «nosotros los rebeldes, nosotros los que consíderamos la suerte de nuestra provincia como algo independiente de la de las demás provincias españolas, nosotros hemos sido los que no contentos con el contingente de hombres que pagan todas las provincias de España, fuimos 464 al Africa, tan luego como se nos dió permiso, y volvimos de ella 300; acompañados por las Autoridades populares, animados, abrazados, enardecidos por la población entera cuando abandonamos, las costas de Cataluña; victoreados, festejados, saltando las lágrimas de los ojos de la inmensa concurrencia que nos esperaba por haber cumplido nuestro deber, cuando volvimos a saludar las patrias montañas. Ellos lo dirán también; mientras en los campos de batalla hacíamos reverdecer los mustios laureles de España y Cataluña, aquellos de nuestros conciudadanos que ó no habían podido ó no les había sido permitido acompañarnos en la guerra, defendian las leyes y el gobierno contra alevosas intentonas, y ahogaban con sus maldiciones y energica resolución la guerra intestina que había de deshojar la brillante corona que habían conquistado las huestes españolas para la bandera española.»

Cataluña ha ganado en esta guerra, honra y justicia; quizá las sanas doctrinas hayan también ganado autoridad. Será la conducta de aquella un ejemplo. de nuestros días que nos hacía falta para demostrar ciertas verdades. -El esforzado Caudillo de los Voluntarios les hablaba en lengua catalana la víspera de la batalla de Tetuán de los hechos de sus mayores y de que iban a representar las glorias catalanas; y arrancaba de sus ojos con tales escitaciones lágrimas, y hacía brotar de su corazón el entusiasmo ó el furor contra la morisma, ¿De que les hablará otro caudillo, cuando hayan perdido la memoria de sus antepasados, la dignidad de su raza, la entidad de su existencia? ¿De qué les hablará cuando  no haya sino un patria y un honor; la patria y el honor centralizados; la patria oficial, la patria panteón de las nacionalidades de otros días, de la corporación, de los pensamientos sociales?

Es glorioso resto de amor á entidad local histórica lo que acaba de hacer Cataluña en la guerra de África: todavía se hace la ilusion de creer que existe. Ah! cuando hayan comprendido las provincias su verdadero estado; cuando entiendan que pueden alistarse sus hijos para la guerra, pero que no pueden ellas hacer su bien; cuando hayan dado todos sus resultados las leyes de Instruccion pública, de Diputaciones provinciales y Gobernadores, y otros decretos y tendencias administrativas; cuando vean que no tienen corporaciones independientes, ni posiciones influyentes, ni hijos verdaderos; cuando consideren que han de emigrar de ellas, como de tierra, maldecida, sus inteligencias y que no tienen hombres notables; cuando conozcan que no hay sino hombres de negocios, ambiciosos, partidos y el Estado; dirá cada una: ¿quien soy? ¿Existo? ¿Tengo otros, deberes, que los impuestos por las superiores disposiciones? ¿Debo tener ambicion de nada grande o bueno?

Y lo dirá también Cataluña. No levantará monumento alguno pata perpetua las glorias catalanas, ni volarán a derramar su sangre 464 voluntarios tan luego como se les dé permiso para ello. Todas las provincias contribuirán por igual y se entusiasmarán por igual. No habrá entre ellas la ambición de distinguirse, sino de suportar, lo mejor que se pueda las cargas del Estado. 

¡Tan provechoso, tan bello, tan natural el amor á la provincia, y tan despreciado y perseguido! Mas gocemos del bien presente: los voluntarios han cumplido como buenos; han levantado la gloria de Cataluña, a grande altura; han defendido al Principado de injustas inculpaciones. Tal vez el caracter del pueblo venza el libro y la oficina. Y si, lo vencerá: la sangre de tantos valientes debe fructificar. Hoy para la guerra de África, otro dia para una guerra contra el que intentase violar nuestro territorio, otro día contra la revolución, otro día para hacer el bien: ¡OJala Cataluña sea siempre Cataluña! ¡Ojalá no muera nunca en ella el deseo de sobresalir y trabajar todo lo posible! ¡Ojalá cada uno de sus hijos crea que tiene deberes con el suelo que le ha visto nacer: el de representar dignamente las glorias de los antepasados, como decía a los voluntarios el General Prim el día de la llegada de éstos al África; el de alistarse voluntariamente en los tercios catalanes, en la guerra, el de aventajarse, en la paz, en las letras, en la agricultura, en la industria, en el comercio, en la civilización! ¡Ojalá para honra de la provincia, sean los hijos de cada una la honra y prez de España! 

E. REYNALS Y RABASSA.

Promovió junto al Diario de Reus un "Álbum artístico y pintoresco" de la Guerra de África con dibujos de Eusebio Planas

DIARIO DE REUS

Fue muy favorable y entusiasta.  Cubrió extensamente la recluta y expedición de los Voluntarios Catalanes

Su importancia es tal que algunos historiadores lo consideran fuente esencial para conocer la implicación de Cataluña en el conflicto 

Publicó artículos y crónicas sobre las hazañas de los voluntarios.

EL CAÑÓN RAYADO. Periódico metralla de la Guerra de África 

Periódico patriótico y satírico publicado en Barcelona (Imprenta Euterpe, 1859-1860) 

Aparecieron 18-24 números con litografías y grabados. Aunque usaba el humor, daba una visión satírica del conflicto que exaltaba el patriotismo español. Contó con colaboradores como Manuel Angelón y Antonio Altadill. 

GUERRA AL MORO

Belicista y patriótico. Otro periódico creado específicamente con motivo de la expedición de los Voluntarios catalanes. 

El Eco del Centro de Lectura  Favorable a la guerra. 

El Telégrafo Publicó artículos como "A los héroes de la patria". 

La Corona Publicó artículos y poesías de Ramón Lacunza. 

Las sociedades corales dirigidas por Josep Anselm Clavé estrenaron "Los nets dels Almogàvers", un rigodón bélico catalán de contenido africanista y belicoso dedicado a los Voluntarios catalanes. 

La guerra fue vista en Cataluña como una oportunidad para demostrar el patriotismo catalán dentro del proyecto español y para exaltar la identidad catalana como parte de la "raza superior" española con derecho a entrar en el reparto colonial del mundo.

CONTROL GUBERNAMENTAL DE LA PRENSA

El gobierno de O'Donnell, a través del ministro de Gobernación Posada Herrera, ejerció un estricto control. 

- Circular del 12 de noviembre de 1859 imponiendo los partes oficiales como única fuente

- Retraso intencionado de informaciones a La Iberia y La Discusión

- Censura y recogida de periódicos críticos

- "¡La historia de la Unión Liberal será el martirologio de la prensa!" exclamaban desde Las Novedades

Estudios modernos

La guerra de África (1859-1860). Una revisión, Joan Serrallonga Urquidi (Ayer: Revista de Historia Contemporánea, 1998).

Ofrece una de las revisiones críticas más completas sobre el conflicto. Analiza el contexto político internacional y detalla cómo el gabinete ministerial de la Unión Liberal utilizó la campaña como una estrategia de "política de prestigio" para desviar la atención de las tensiones internas y unificar a las facciones políticas. 

El relato nacional de la Unión Liberal: la guerra de África (1859-1860), Juan Antonio Inarejos Muñoz (Espacio, Tiempo y Forma).

Analiza en profundidad la posición de la Unión Liberal (el partido del gobierno presidido por Leopoldo O'Donnell). Explica cómo el partido construyó un relato patriótico basado en el honor, la religión católica y la "misión civilizadora" para legitimar la monarquía constitucional de Isabel II y mitigar la oposición.

La guerra de África y el cólera (1859-60), Eloy Martín Corrales (Hispania: Revista Española de Historia).

Estudia los impactos políticos y sociales del conflicto. Es especialmente valioso porque recoge citas, debates de la prensa y testimonios sobre la postura de partidos de la oposición, detallando cómo fuerzas de la izquierda institucional acabaron sumándose a la corriente belicista.

Rafael de Castillo Cuesta y la Guerra de África (1859-1860), Juan Carlos Pérez Núñez (Rúbrica Contemporánea).

Explora cómo se articuló el exacerbado nacionalismo español a través de la literatura y la prensa por entregas. Examina de qué manera las publicaciones culturales de la época cerraron filas en torno a los motivos oficiales del gobierno para justificar la invasión.

La evolución de la imagen de las guerras de Marruecos y su difusión en la opinión pública (1859-1927) Alfonso Iglesias Amorín, Revista Universitaria de Historia Militar, 2019

Ejes del posicionamiento político según la historiografía. 

Los investigadores dividen la postura de los partidos en tres dinámicas: 

La Unión Liberal (Gobierno): Diseñó la guerra como una campaña de prestigio. Buscaba unir a la fragmentada política interior española en torno al "honor patrio", la religión católica y el despertar nacionalista.

Los Progresistas y Demócratas (Oposición de izquierda): Aunque eran rivales del gobierno, respaldaron firmemente la intervención. Defendieron la guerra mediante una retórica romántica y "civilizadora", concibiéndola como una forma de expandir los valores de la libertad ibérica hacia el norte de África.

Los Carlistas / Tradicionalistas: Participaron masivamente mediante unidades de voluntarios (como los tercios vascongados y navarros), concibiendo la campaña bajo un prisma de "cruzada" religiosa e histórica contra el Islam, desmarcada del parlamentarismo liberal del régimen isabelino.

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