domingo, 11 de octubre de 2026

Ángel Pestaña en la Unión Soviética

Ángel Pestaña participó en diciembre de 1919 en el II Congreso de la CNT, realizado en el Teatro de la Comedia de Madrid. 

El congreso estuvo marcado por el impacto del triunfo bolchevique en Rusia. Se aprobó una adhesión provisional a la III Internacional (Internacional Comunista), aunque con matices y debates profundos sobre la dictadura del proletariado, lo que llevaría a la CNT a enviar delegados a Rusia y, más adelante, a desvincularse de ella tras conocer de cerca el control del partido único.

Los tres delegados elegidos para viajar a Rusia fueron Salvador Quemades, Eusebio C. Carbó y Ángel Pestaña, pero este último fue el único que logró llegar a Rusia en junio de 1920. El 25 de junio entró en el país a través de la ciudad Estonia de Narva.

Participó de forma muy activa en el II Congreso de la Tercera Internacional en Moscú. Allí conoció a Lenin, León Trotsky, Grigory Zinoviev, además de visitar al anarquista Piotr Kropotkin. Fue su testimonio crítico y su posterior documentación, conocidos como el "Informe Pestaña". 

El II Congreso de la Tercera Internacional (o Komintern) se celebró del 19 de julio al 7 de agosto de 1920, comenzando sus sesiones en Petrogrado y continuando en Moscú.

El Informe Pestaña fue publicado de forma seriada e íntegra a inicios de 1922, con algunos anticipos a finales de 1921. Este texto transformó el rumbo del movimiento obrero español al desencadenar la ruptura oficial entre la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y la Internacional Comunista. 

Ángel Pestaña también relato su participación en el congreso de la III Internacional en un par de libros:

Setenta días en Rusia: lo que yo vi, Ángel Pestaña, Barcelona, Tip. Cosmos, 1924

Una crónica descriptiva y casi periodística sobre sus viajes en tren, la vida cotidiana en las calles rusas, las fábricas y el desarrollo del congreso.

Camino de Rusia y primeras impresiones

Mientras la represión iniciada por el gobernador civil, conde de Salvatierra, hacía estragos en la organización obrera barcelonesa, llenando la cárcel de sindicalistas, el Comité de la Confederación Nacional del Trabajo, y más directamente el de la Confederación Regional de Cataluña, trataban de cumplimentar el acuerdo del Congreso Nacional, celebrado en Madrid, de enviar la adhesión del organismo confederal obrero a la Internacional Comunista de Moscú. 

Como al acuerdo de adhesión iba anejo el de enviar, si era posible, uno o varios delegados a Rusia, a fin de que a su regreso informaran de cuanto allí hubieran observado, la tarea del Comité resultaba bastante más difícil. La adhesión por escrito era desde luego más fácil de hacerla llegar, a pesar del bloqueo, que una delegación cualquiera. Pero el interés de la organización estaba en que llegara la delegación, pues más que a una adhesión platónica, que esto representaba el acuerdo del Congreso, se aspiraba a tener conocimiento exacto de la verdadera situación de Rusia. 

La misión, como se comprenderá, no era fácil. El bloqueo estrechaba a Rusia en un cinturón de hierro, y el interés de los gobiernos comprometidos en este bloqueo era el de impedir que penetrara en Rusia nadie que pudiera llevar, no ya socorros materiales, sino una voz de aliento y de simpatía al pueblo que había hecho su revolución.

Las dificultades con que tropezaba el Comité queriendo organizar el itinerario desde Barcelona, parecían siempre insuperables, y hemos de decir que, desde España, realmente lo eran.

Cuando se tuvo el convencimiento de que el éxito de la empresa no dependía del número de previsiones, se confió el viaje al azar, a las posibilidades de lo imprevisto; se arriesgaron, pues, unos cientos de pesetas y se enviaron tres miembros de la organización obrera hacia el centro de Europa.   

Siendo yo uno de los tres delegados, y por cierto el más afortunado en el viaje, después de numerosas peripecias y de haber logrado sortear grandes inconvenientes (alguno de ellos bastante pintoresco), el día 26 de junio de 1920 pisaba tierra rusa, entraba en el país del encanto revolucionario. Habían transcurrido casi tres meses desde el día que abandonara Barcelona.

¿Cuál fué la primera sensación recibida? De entusiasmo, de admiración, de alegría intensa. ¿Por qué? Sería demasiado complejo el explicarlo.

Una vez que se pasa de Narva (Estonia)—que es por donde yo llegué—la frontera rusa se encuentra al otro lado del río, que lleva también el nombre de Narva, y a poca distancia de la capital estoniana.

Desde Narva en adelante, el tren se compone del vagón único que nos lleva, uno de los vagones-camas confiscados por los Soviets a la Compañía Internacional de Wagons-Lits. Es, además, el coche del correo diplomático, y en el que, a la sazón, van la valija del embajador ruso en Estonia, camarada Gukosky, y la de los delegados comerciales de Londres y Berlín.

La frontera rusa nos la anuncia la presencia de un gran disco de madera pintada de blanco con una franja de rojo vivo, montado sobre un alto poste. Un pelotón de soldados con su comandante al frente, que suben al coche a informarse de quién viaja y por qué viaja, da efectividad de nuestra entrada en Rusia y de nuestro feliz arribo.

Tras breve inspección e interrogatorio del comandante, reanuda el tren su marcha y ya no se detiene hasta Yamburgo, primera estación rusa importante después de la frontera.

Esperando la composición de un tren de mercancías que había de adicionarse al vagón que nos llevaba, pasamos unas seis horas. Esta espera nos da ocasión de mezclarnos con los verdaderos y auténticos campesinos, con los sufridos mujiks y de observarlos en su tráfago cotidiano.   

Sobre el dintel de la puerta principal de la estación se ven los retratos de Marx, Lenin y Trotsky. Numerosas banderas rojas flamean al viento, con la hoz y el martillo en el centro, emblema de la República de los Soviets.

Como viaja con nosotros Abramovich, o Abbrecht, o "El Ojo de Moscú"—que con estos tres nombres se conoce a este importante funcionario ruso, uno de los que gozan de mayor confianza en el Partido Comunista por ser de los más prestigiosos representantes secretos del Gobierno—, se nos recibe con agasajos y deferencia en todas partes.

El jefe de la estación nos invita a que pasemos a su despacho, si no queremos esperar en la sala de viajeros. Declinamos la invitación y aguardamos con una treintena más a que se forme el tren de mercancías.   

Un gramófono repetía uno de los discursos que Trotsky acababa de pronunciar en el frente de batalla. El desconocer el idioma ruso nos priva, por nuestra parte, de entender su—indudablemente—notable discurso. Los campesinos no prestaban atención a las voces del gramófono. Tal vez de tanto repetirlo no les producía impresión. Cualquier mediano observador habría notado en aquellos rostros la expresión inconfundible del aburrimiento.   

Cansados de la espera y del gramófono, decidimos salir a los alrededores y acercarnos hacia el pueblo, que está algo distanciado de la estación.

Llegamos hasta las primeras isbas (casas) de Yamburgo y antes de internarnos por sus calles—nombre caprichoso para designar vías tan poco urbanas como aquellas—vimos fijados sobre dos postes un gran tablero con dos ejemplares del “Izvestia” y otros dos de la “Prawda”, órganos informativos del Gobierno de Moscú.

Por conducto de Abramovich, que nos servía de intérprete, preguntamos a un miembro del Soviet local, comunista probado, por qué fijaban los periódicos así y si se vendían o se repartían gratis.

Nos dijo que no se vendían ni se repartían porque la escasez de papel limitaba el número de los que se podían tirar. Y para que todo el mundo pudiese leerlos, se fijaban en aquellos tableros. Esto se hacía en toda Rusia mientras la escasez de papel no permitiera hacer mayor tiraje.   

—¿Se lee mucho?—preguntamos.   

—Bastante—nos contestó—. No tanto, sin embargo, como quisiéramos; pues el campesino ruso, dominado por ideas pequeño-burguesas, se muestra bastante refractario al comunismo.   

—En Europa—continuamos—se nos ha dicho que este último invierno han muerto muchas personas de frío. Ahora comprendemos que se trata de una patraña. Habiendo tantos bosques aquí, no es posible que la gente muera de frío.   

—Aquí no ha muerto nadie de frío, pero en Moscú y Petrogrado, sí. Hemos pasado muchísimo frío. Miren ustedes cómo tengo yo aún los dedos. ¿Ven estas señales?—Y nos mostró unas marcas como las que se hacen en casos de quemaduras o de lesiones—. Son llagas que se me hicieron a consecuencia del frío.   

—No me lo explico—objeté—disponiendo de sobrados medios de calefacción.   

—Es que no se puede tolerar que cada cual haga lo que le convenga y tome la leña que quiera. Para eso está el servicio de reparto, que distribuye a cada cual la que necesita. Claro es que no ha podido hacerse este año; pero en lo sucesivo, cuando todo esté bien organizado y el servicio de reparto funcione normalmente, todo el mundo tendrá la leña que necesite. Entretanto es preciso sufrir.   

Como nos alejábamos de la estación, optamos por volver sobre nuestros pasos.   

Cuando llegamos, el tren estaba ya casi formado; sólo faltaba acoplarle una o dos unidades.

Como no viera ningún vagón de viajeros, dije a Abramovich:

—Iremos ahora oprimidos en el vagón.

—¿Por qué?

—Si no calculo mal, somos unos cincuenta.

—En el coche que nosotros viajamos no viajará nadie más—me respondió.

—Entonces, ¿en dónde viajarán los demás si no hay más coches de viajeros que el que nos ha traído a nosotros?

—Todas esas gentes viajan en un vagón de mercancías.

—¿Y por qué no en éste?—respondí, refiriéndome al coche cama.

—Porque lo estropearían y lo ensuciarían.

En aquel momento vi que todo el grupo, como un rebaño de ovejas que se precipita en el redil, se dirigía hacia uno de los vagones cubiertos, de mercancías, forcejeando por subir todos al mismo tiempo.

Mujeres, niños, ancianos, todos subieron y se acomodaron como pudieron. Sentados en el suelo o en los bultos que llevaban, hacinados, en montón, parecían satisfechos. Algunos, según me enteré, esperaban desde la noche anterior.

El jefe de la estación, que se acercó a nosotros mientras contemplábamos aquel cuadro, nos indicó muy cortésmente que el tren iba a partir, que podíamos subir ya al vagón.

Así lo hicimos, y cuando me hube sentado en el cómodo y blando asiento, la imaginación me devolvió al espectáculo que acababa de presenciar.

Casi un día tardamos en llegar a Petrogrado.

La distancia, en tiempo normal, la recorría el tren en unas horas; pero entonces no era posible tanta velocidad.

Ello nos valió, en cambio, que pudiéramos contemplar los daños que la guerra civil había causado.

De Narva es desde donde salió Yudenich con su ejército blanco para conquistar Petrogrado y derribar a los comunistas.

En su marcha todo había sido destruído. Desde la ventanilla del vagón podíamos contemplar los hoyos que hicieron las granadas al caer. Árboles completamente destrozados, cabañas derrumbadas, caminos intransitables, destruídos por las granadas. Al llegar a las proximidades de Petro grado... 

Setenta días en Rusia: lo que yo pienso, Ángel Pestaña, Barcelona, Lib. Española de Antonio López

Un ensayo analítico e ideológico donde desglosa sus críticas al autoritarismo marxista y argumenta por qué la "dictadura del proletariado" se había convertido en la dictadura sobre el proletariado.

Documentación 

La Lucha de Clases, 24 de noviembre de 1906

LO DE SESTAO

Por falta de espacio no nos hemos hecho eco la semana pasada de denuncias publicadas en El Liberal de Bilbao, si bien prometimos ocuparnos de esta cuestión en el número de hoy.

He aquí lo que dijo El Liberal:

«Ayer recibimos un escrito, copia de otro que varios obreros han dirigido al ministro de Gracia y Justicia. Lo firman Ángel Ustara, José Mauriz, Ignacio Barrueco, Bautista Mayo, Aquilino Gómez y Eugenio Borregón, los cuales dicen que fueron encerrados en la prevención de Sestao y apaleados cruelmente; que fueron registrados sus domicilios y despojados de sus bibliotecas. 

Que estos atropellos motivaron la publicación de un manifiesto firmado por gran número de vecinos, quienes á la vez que protestaban de que tales hechos se estuvieran cometiendo sordamente, á despecho de nuestras leyes constitucionales y jurídicas, preguntaban al ministro de Gracia y Justicia: «¿Es de justicia que en un pueblo de doce mil habitantes desempeñe las funciones de juez un hombre sin título de abogado, y que, por consiguiente, desconoce las leyes?

Declaran los firmantes que á muchos se les amenazó con nuevas palizas y prisiones si en el término de veinticuatro horas no abandonaban la población.  

Dicen que se ha tramado contra algunos de ellos la acusación de haber intentado matar al director de la fábrica La Vizcaya.    

Hacen gravísimas acusaciones contra el juez municipal de Sestao, detallando los malos tratos de que han sido objeto Eugenio Borregón, Inocencio Albia y Ángel Pestaña. 

Añaden que á Ángel Ustara, Melecio Pascual é Ignacio Barrueco, después de cuatro palizas, les han tenido seis días en la prevención, hasta que declarasen como deseaba el juez. 

Al Melecio Pascual, á fuerza de malos tratos, le arrojaron al suelo el ojo de cristal, y le ofrecieron no despedirle del trabajo y subirle el jornal si acusaba falsamente al Ignacio Barrueco; y como no lo consiguieran, le apalearon todos los días que estuvo en la prevención, sin ropa ni cama para dormir, cargado de hierro y privado de la comida que... [su familia le mandaba, sometido al tormento del hambre y del sueño, todo porque declarase á gusto del juez.    

Otras muchas denuncias hacen; pero bastan y sobran las apuntadas para que el ministro de Gracia y Justicia ordene que se abra una amplísima información, á fin de exigir las debidas responsabilidades, caso de resultar ciertos los hechos denunciados, pues sería una gran vergüenza que en el siglo XX, y bajo el mando de un Gobierno que se llama liberal, tuvieran lugar actos parecidos á los que se realizaban en los ominosos tiempos de la Inquisición, sin que todo el peso de la ley cayera sobre los verdugos.»  

Además de todas estas enormidades, al corresponsal de El Liberal en dicho pueblo, señor Coterillo, se le detuvo ilegalmente en Sestao, después se le condujo á la cárcel de Valmaseda y por último á la de Bilbao, acompañándole en esta triste odisea de cárcel en cárcel, y también en calidad de detenido, un testigo que daba fe de la veracidad de lo denunciado en El Liberal por el señor Coterillo, motivo de la persecución de éste. 

Las denuncias del señor Coterillo iban contra ese juez de Sestao á quien acusan tan gravemente. Y decimos nosotros: si á un corresponsal del diario más importante de esta capital se le trata así, ¿qué no se hubiera hecho si el corresponsal hubiera sido, por ejemplo de LA LUCHA DE CLASES?

 Asusta el pensarlo.

El Pueblo, 1915 octubre 22 

Conferencia

Aprovechando la estancia en esta localidad del propagandista barcelonés, Ángel Pestaña, mañana, á las 8,30 de la noche, dará una conferencia en La Constructora Valenciana, disertando sobre el tema: «El sindicalismo moderno y la emancipación de los trabajadores».

El Pueblo, Valencia, 25 de octubre de 1915

MITIN PRO-PRESOS 

Organizado por el Comité pro-presos de Valencia, se celebró ayer mañana en el trinquete de Juan de Mena un mitin en favor de los obreros que se hallan encarcelados por los sucesos de Cenicero y Torreperojil. El acto se vió concurrido.  

Hicieron uso de la palabra los compañeros José Cerveró, Pascual Tomás, Manuel Arenas y el propagandista catalán Ángel Pestaña.    

Todos se expresaron en términos enérgicos, poniendo de manifiesto la injusticia que supone el encarcelamiento de los compañeros de Cenicero y Torreperojil, abogando por que sean en plazo breve puestos en libertad, como igualmente los restantes encarcelados por delitos sociales.      

Los oradores fueron aplaudidísimos por la concurrencia.    

Al terminar el acto, se hizo una cuestación en favor de los mencionados presos, no alterándose el orden en lo más mínimo.    

Las autoridades habían tomado muchas precauciones.  

CUESTIONES OBRERAS

La Constructora Valenciana. — Se convoca á todos los socios á junta general extraordinaria que se celebrará hoy, á las seis de la tarde, para tratar asuntos urgentes y de gran trascendencia, relacionados con la construcción de las casas por cuenta de la sociedad. — La Directiva. 

Sindicato de Ajustadores, Forjadores y Ayudantes en Hierro. — Hoy, á las nueve de la noche dará una conferencia en nuestro Centro, Ángeles, 8, el incansable propagandista libertario Ángel Pestaña, disertando sobre el tema «Los obreros y la política». 

Al acto quedan invitados todos los obreros amantes de las corrientes emancipadoras. — La Directiva. 

Confiteros y pasteleros. — Celebrará junta general extraordinaria, hoy, á las nueve de la noche, para tratar asuntos de interés.   

La Correspondencia de España, 1917 marzo 28, Pág. 4

LA CUESTIÓN OBRERA

Se acuerda ir al paro general, sin fijar fecha

EL MITIN DE ANOCHE 

Termina la asamblea. 

A las dos menos cuarto terminó la reunión de representantes regionales en la Casa del Pueblo. Al salir, dijo Barrio que los acuerdos adoptados lo habían sido por unanimidad. 

Esos acuerdos estarán reflejados en un manifiesto que se publicará inmediatamente.    

Los reunidos se negaron rotundamente á dar noticia de los acuerdos, afirmando que nada podían decir antes del mitin de por la noche.    

EL MITIN

Con gran concurrencia celebróse anoche el anunciado mitin en la Casa del Pueblo. 

Se han recibido numerosas adhesiones, entre las que figura la de los obreros mauristas de Sevilla.    

Largo Caballero. 

Presidió Largo Caballero, quien expuso el objeto del mitin. Comenzó por referir las gestiones hechas por la Unión General de Trabajadores, y del acuerdo tomado en mayo, de recabar de los Poderes públicos los trabajos necesarios á conseguir el abaratamiento de las subsistencia.  

Recuerda los acuerdos, entre los que figuraba la huelga general de veinticuatro horas, y si no daba el resultado apetecido, llegar á la huelga general ilimitada. Alude al éxito obtenido con la huelga de veinticuatro horas, en lo que se refiere á organización. 

«Los Poderes públicos —dice— no han dado satisfacción alguna á estas clases desheredadas, y por ello se ha celebrado la Asamblea que acaba de terminar, para estudiar las circunstancias y ver lo hecho por el Gobierno. Y no se pasó el tiempo —añade— en discutir disparidades de criterio, porque entre los comisionados y representantes ha existido total y absoluta unanimidad en apreciar las circunstancias y los medios para conseguir las aspiraciones de los trabajadores.  

El Gobierno —añade— no ha hecho nada para aliviar la crisis de trabajo, á pesar de las promesas hechas. De la labor del Gobierno en las Cortes, sólo ha salido el empréstito de mil millones, que no va á abaratar las subsistencias, pero sí á dar colocación á capitales y en las mejores condiciones posibles. 

Todas las medidas de Gobierno se han estrellado cuando iban á molestar á los capitalistas. Los Gobiernos actuales están incapacitados para solucionar los problemas latentes. Y como de ello estamos convencidos, nosotros no podemos permanecer en actitud pasiva. 

Entendemos, pues, que se impone apelar á procedimientos supremos, actos decisivos. El proletariado debe darse cuenta de que el sistema económico y político hay que transformarlo; por eso proponemos la huelga general por tiempo indefinido hasta dar al traste con esta situación. (Grandes aplausos y vivas á la huelga.)   

Y al tomar la resolución ésta, hemos medido las causas y sus efectos. Vamos á estos procedimientos, no para que se baje el pan y la carne, y se dé un poco de trabajo... Vamos por algo más: vamos á la transformación completa del país. (Ovación.)   

Una huelga general no es cosa, sin embargo, de hacerse en unas horas, aunque haya mucho entusiasmo. Hay que plantearla después de bien organizada para triunfar. 

Termina diciendo que todos tienen que cumplir con el deber, preparándose para la lucha. (Aplausos.)   

Gómez Ossorio.

El representante de la región gallega, Gómez Ossorio, comienza aludiendo á la ley de subsistencias, de cuya eficacia siempre dudaron los trabajadores, y por ello no vacilaron en continuar los trabajos hasta hacer comprender á los Gobiernos que la calma tiene sus límites. 

Por encima de esa ley están los intereses privados que se imponen al Poder público.   

Ha llegado el momento de hacer ver que está el pueblo cansado de pedir. Ahora tiene que exigir.   

La crisis del trabajo es el mayor problema cuya resolución se impone. Desde mayo, las palabras del ministro de Fomento de que habría trabajo de sobra, no se han cumplido. Gasset dijo luego que de ello tenían la culpa las Cortes, que no aprobaron sus proyectos. Y hay que recordar —añade— que prometió dejar la cartera, y sigue de ministro de la Corona. 

Alude á la labor parlamentaria del Gobierno, limitada á hacer uso de las mayorías para sacar los proyectos de escuadra y millones para África. Dice que el proletariado español no se mueve ni se ha movido por extrañas ingerencias. Lo mueven las propias necesidades. 

Termina diciendo que en 18 de diciembre se fué á su región con la confianza de que la huelga se realizaría con éxito y ahora cree lo mismo. 

Vicente Sánchez. 

Representa la región levantina.  

Dice que después de la pasividad del Gobierno no resta sino hacer un gran movimiento de opinión con toda energía. Nada puede fiar la clase trabajadora en los Parlamentos, que no son la representación del país, y termina diciendo: 

«Como no vamos á seguir mendigando pequeñas cosas, que nada resuelven, tenemos que ir á esta huelga ilimitada, con todas sus consecuencias.   

Ángel Pestaña. 

Hace uso de la palabra Pestaña, por la Confederación del Trabajo, de Cataluña. 

Dice que va á hablar coaccionado por el señor Gasset, porque ha declarado este ministro que en Canfranc ganan los trabajadores tres y cuatro pesetas, y pueden hacer una economía de una ó dos pesetas diarias. (Rumores.) 

«Esto merece ponerse en Solfa —dice— para que lo sepan en toda España y vean lo que dicen los ministros y cómo pueden resolver los problemas.» 

Dice luego que hemos llegado á un momento trágico, en el que sólo queda un camino que seguir para mejorar la situación obrera: la huelga general, aunque los gobernantes digan que este movimiento es producto de cerebros desequilibrados ó del oro de una nación beligerante. 

Alude luego al criterio unánime con que la Asamblea acordó la huelga general. 

El Gobierno dirá que son elementos extraños, y nosotros decimos que los llamados elementos extraños de todos los movimientos son dos: la Policía y el patrono. Estos son los elementos que empeoran los tumultos y obligan á levantar los puños... 

Dice luego que desde que llegaron á Madrid los representantes han sido vigilados por la Policía y perseguidos en todas partes.  

Esta es una prueba de lo que el Poder hará el día de mañana.

Pero nosotros nada tenemos que perder. Todo nos lo hemos jugado á esta última carta. 

Termina diciendo que si aún los obreros tienen idea de sus deberes deben terminar de una vez con tanta tiranía.  

Isidoro Acevedo.

Habla en nombre de la región asturiana. (Al ocupar la tribuna es ovacionado.) 

Dice que la importancia de este acto no estriba en los discursos, sino en los actos que en él se proponen á los trabajadores. 

Reside la importancia del mitin en que aquí están representadas todas las fuerzas organizadas de España, que han venido á examinar la situación social y política de España y á analizar la labor del Gobierno y el Parlamento ante las graves circunstancias actuales. Y lo hemos estudiado sin pasiones. 

Hemos llegado al momento de hacer, no de parlamentar con los Gobiernos, cosa, dice, que ya hicimos antes del 18 de diciembre, cuando advertimos al conde de Romanones que no pensábamos entonces en ejecutar violencias, siempre que se accediera á nuestras peticiones. Y pedíamos la libertad de los presos políticos y por delitos sociales y baja de las subsistencias, aplicando rectamente la ley. La amnistía está obtenida por la fuerza que se ha impuesto de la clase trabajadora; pero no se ha obtenido nada en materia de subsistencias, porque el Gobierno se dedica á defender á los grandes capitalistas.

En cuanto á la crisis de trabajo, también se hicieron peticiones concretas, y el señor Gasset afirmaba que habría trabajo para todos los obreros. 

Al examinar ahora este aspecto del problema general, nos encontramos con que ni el Parlamento ni el Gobierno han hecho nada, y hay millares de obreros sin trabajo.  

Ved, pues, si tenemos ó no razón al exigir sin mitines ni manifestación, al llegar á esa huelga, aceptando todas las responsabilidades que vengan. 

Se refiere al problema del carbón, y dice que hay 200.000 toneladas detenidas en Asturias por falta de transportes. Este problema del carbón es una ficción.    

Y así ocurre con todo. Se ocupa de Marruecos, cementerio donde se entierran actividades y millones para amparar intereses determinados. Dinero que se necesitaba para obras públicas, cultura, etc. 

Alude á las leyes arcaicas por que se rige el Estado, y habla de la ley de Jurisdicciones, y dice que los elementos obreros tienen el deber de levantarse por el fuero del Poder civil. 

Acaba diciendo que está convencido de que con los actuales gobernantes no pueden ser realidades las aspiraciones de los obreros, y Asturias responderá como un solo hombre, y si es necesario pedir abnegaciones, llegará adonde sea preciso, y dice: 

Esperamos los asturianos que lucharéis sin reparar en nada, y que los trabajadores manuales é intelectuales todos, realizarán el esfuerzo que se les exige. (Grandes aplausos.)  

Ángel Lacort. 

En representación de Aragón. 

Hace historia del malestar de la clase trabajadora desde que comenzó la guerra europea, agudizado por momentos, sin que el Gobierno hiciera nada por conjurar la grave crisis, á pesar del anuncio que se le hizo con la huelga de un día. 

Excita á los trabajadores para que aporten todos sus esfuerzos al fin común, y dice que Zaragoza cumplirá con su deber. 

Remigio Cabello. 

En nombre de Castilla pronuncia frases de salutación para los camaradas de Madrid. Refiere cuál es la situación de la región que representa, insostenible ya, porque en ella se ha enseñoreado el hambre. 

Se refiere también á la situación de la clase media, que atraviesa la peor de las crisis, porque además no cuenta con organizaciones como las de los obreros.   

Julián Besteiro.

En nombre del Comité nacional de la Unión General de Trabajadores. Dice que cuando estaban terminando la redacción del manifiesto ya esperaban los periodistas las noticias, porque hay ansiedad en el público por conocer este documento. 

Para vosotros, dice, deben ser las primicias, y por eso voy á leerlo aquí. (El Sr. Besteiro da lectura de él, que es interrumpida con murmullos de aprobación.)  

Dice luego que obedece esta actitud á que entienden los firmantes que se deben efectuar actos contra los Gobiernos burgueses, que amparan á los capitalistas contra los intereses del pueblo. 

Y como creemos, añade, que el pueblo tiene conciencia revolucionaria, con ella deben actuar los trabajadores. 

Las afirmaciones de que este movimiento es de los profesionales de la revolución son los tópicos que los Gobiernos emplean. A mí, dice, me honraron con llamarme así. Eso no es vergonzoso. Lo vergonzoso es llamarse demócrata y ser ministro ó representar intereses y estar en el Poder.   

Yo, dice, hago profesión de servicio al proletariado revolucionario, porque los únicos capaces de hacer una revolución son los proletarios. 

Se refiere á la guerra europea, que es una guerra contra el proletariado y el socialismo, hecha por el imperialismo; pero los que creían en el triunfo de éste, se han equivocado. La fuerza es el triunfo de la revolución. Termina haciendo un llamamiento a todos para que cooperen con sus esfuerzos á la labor que los elementos directivos tienen que realizar para llegar al triunfo en el movimiento que se prepara.    

Final. 

Largo Caballero hace el resumen del acto, dedicando un saludo á los que en Rusia han sabido verter su sangre en aras de la libertad del pueblo. 

Recuerda la labor de Pablo Iglesias al frente de la clase obrera, y le envía la expresión de su admiración y afecto, y termina diciendo al Gobierno que si se dispone á suspender las garantías constitucionales para dar al traste con la labor que ahora tienen que realizar los obreros para organizar el movimiento, se equivoca. Con garantías ó sin ellas, la clase proletaria cumplirá con su deber. 

Grandes aplausos y vivas á la huelga y á la Unión general de Trabajadores. Los concurrentes desfilaron en medio del mayor orden.   

EL MANIFIESTO 

El manifiesto leído por el Sr. Besteiro, dirigido á los trabajadores españoles y al país en general, es el siguiente: 

«Tras la labor de protesta constantemente ejercitada por las organizaciones obreras contra los abusos de la administración y las corruptelas de la política que nuestro país padece, la huelga general del 18 de diciembre último, admirable ejemplo de eficacia de la organización y testimonio irrecusable de la capacidad creciente del proletariado español, debía haber producido alguna atenuación al menos de los males reconocidos por todos y continuamente denunciados.

Mas á pesar de nuestras advertencias serenas, de nuestras quejas metódicas y reflexivamente fundamentadas y de nuestras protestas, tal vez más prudentes y mesuradas de lo que exige la agudeza de los dolores que el país padece, es lo cierto que cada día que pasa representa para el proletariado una agravación creciente de la miseria ocasionada por la carestía de las subsistencias y por la falta de trabajo.

Ciertamente si las privaciones á las cuales se ve sometido el pueblo español fuesen una consecuencia necesaria de crisis profundas de la economía mundial cuya solución no depende de nosotros ni de los elementos directores de nuestra vida nacional, nuestras quejas serían absolutamente estériles y nuestras protestas no tendrían otra eficacia que la de imprecaciones más ó menos vehementes contra los misteriosos designios de la fatalidad. 

Pero ¿habrá algún gobernante español que pueda afirmar en conciencia que las condiciones insoportables de nuestra vida, agravadas sin duda y puestas de relieve por la guerra europea, no son la consecuencia de un régimen tradicional de privilegio, de una orgía constante de ambiciones privadas, de una desenfrenada inmoralidad que encuentra en los organismos públicos el amparo y la defensa que debían prestar á los primordiales intereses de la vida del pueblo?

Las luchas provocadas por la competencia entre los diversos grupos de explotadores de la vida de la nación, pueden dispensar al proletariado de hacer la crítica del régimen vergonzoso que padece España. 

Las denuncias diarias de la Prensa, los abusos que descubren las públicas discusiones de las Asambleas, la labor misma de las Cortes, tan estéril para el bien como reveladora de crecientes impurezas, son los folios de un largo y complicado proceso cuya sentencia habrá de ser dictada y cumplida por el pueblo, como juez inapelable.

Todos los días la Prensa ofrece el testimonio de la preocupación de los gobernantes ante las complicaciones de los problemas presentes. ¿En qué se gasta su actividad, que sus resultados beneficiosos no llegan nunca al pueblo trabajador? Todos esos esfuerzos de los gobernantes el pueblo sabe bien que se gastan en un empeño imposible de armonizar los intereses privados opuestos, que encuentran en los momentos más angustiosos de la vida nacional la ocasión más propicia para aumentar sus ganancias.

Las Empresas de ferrocarriles, las Compañías navieras, los mineros, los fabricantes, los ganaderos, los trigueros, los múltiples acaparadores é intermediarios, los trusts que monopolizan los negocios en las grandes poblaciones, los gremios degradados y degradantes, todo representa intereses particulares, que hallan amparo y protección en los Poderes públicos, mientras el pueblo emigra ó perece.   

Y no es posible seguir ya engañando al país con discursos más ó menos brillantes, ni con preámbulos de leyes cuyo articulado desmiente las propias ideas proclamadas por los ministros en la Gaceta. 

En la presente y crítica ocasión ya ha visto el pueblo lo que ha quedado de las promesas de reforma de la economía nacional. Continúan las eternas ocultaciones de riqueza; los más llamados al sostenimiento de las cargas públicas siguen sustrayéndose al cumplimiento de ese deber de ciudadanía; los beneficiados con los negocios de la guerra ni emplean sus ganancias en el fomento de la riqueza nacional, ni se avienen á entregar parte de sus beneficios al Estado, y el Gobierno, débil con los poderosos y activo con los humildes, lanza á diario contra los obreros la Guardia Civil, mientras prepara empréstitos de transformación de deudas y ofrece á los capitalistas una colocación lucrativa a sus fondos ociosos, so pretexto de promover obras públicas que jamás se realizan. 

Y si de los pomposos ofrecimientos de reformas económicas y de promoción de obras públicas no queda mas que el rumor de vanas palabras, ¿para qué ha servido la ley de Subsistencias, como no sea para revelar la dependencia vergonzosa en que se halla el Gobierno con respecto á las agrupaciones gremiales más conocidas y más odiadas por los consumidores?   

¿De qué nos vale formular un día y otro nuestras quejas, y de qué nos sirve el reconocimiento de la justicia de nuestras demandas por los mismos hombres que ocupan el Poder, si no logramos nunca vislumbrar el remedio de nuestros males?   

La impotencia de los Poderes públicos para resolver los problemas vitales de la nación la está proclamando la acción militar en Marruecos, sangrienta y vergonzosa ruina de España, por todos los gobernantes censurada, pero por todos igualmente mantenida. 

Después de las prolijas discusiones á que la acción de España en Marruecos ha dado lugar, á nadie se le oculta ya que esta reincidencia de los Poderes públicos en los antiguos errores bélicos, militaristas y dinásticos, bastaría por sí sola para provocar por parte de la nación la más violenta de las actuaciones contra los causantes de su desgracia. 

Estos males, percibidos á diario por el proletariado, han formado en él, tras una larga y dolorosa experiencia, el convencimiento de que las luchas parciales de cada Asociación con los patronos, asistidas por la solidaridad de los compañeros de infortunio, no bastan á conjurar los graves peligros que amenazan á los trabajadores. 

El proletariado organizado ha llegado así al convencimiento de la necesidad de la unificación de sus fuerzas en una lucha común contra los amparadores de la explotación erigida en sistema de Gobierno. Y respondiendo á este convencimiento, los representantes de la Unión general de Trabajadores y los de la Confederación del Trabajo han acordado por unanimidad: 

Primero. Que en vista del examen detenido y desapasionado que los firmantes de este documento han hecho de la situación actual y de la actuación de los gobernantes y del Parlamento; no encontrando, á pesar de sus buenos deseos, satisfechas las demandas formuladas por el último Congreso de la Unión general de Trabajadores y Asamblea de Valencia, y con el fin de obligar á las clases dominantes á aquellos cambios fundamentales de sistema que garanticen al pueblo el mínimo de las condiciones decorosas de vida y de desarrollo de sus actividades emancipadoras, se impone que el proletariado español emplee la huelga general, sin plazo definido de terminación, como el arma más poderosa que posee para reivindicar sus derechos.    

Segundo. Que á partir de este momento, sin interrumpir su acción constante de reivindicaciones sociales, los organismos proletarios, de acuerdo con sus elementos directivos, procederán á la adopción de todas aquellas medidas que consideren adecuadas al éxito de la huelga general, hallándose preparados para el momento en que haya de comenzar este movimiento. 

Tercero. Que los abajo firmantes, debidamente autorizados por los organismos obreros que representan, y en virtud de los poderes que les han sido conferidos por la clase trabajadora, se consideran en el deber de realizar, en relación con las diversas Secciones, todos los trabajos conducentes á organizar y encauzar debidamente el movimiento, así como también de determinar la fecha en que debe ponerse en práctica, teniendo en cuenta las condiciones más favorables para el triunfo de nuestros propósitos.

Madrid, 27 de marzo de 1917. 

José Gómez Ossorio y Manuel Suárez, por la región de Galicia; Salvador Seguí y Ángel Pestaña, por la Confederación nacional del Trabajo y Asamblea de Valencia; Ángel Lacort, por la Federación de Sociedades Obreras de Zaragoza; Juan Barceló y Vicente Sánchez, por la región de Levante; Pedro Cabo, por la de Vizcaya; Manuel Llaneza é Isidoro Acevedo, por la de Asturias; Remigio Cabello y Luis Lavín, por la de Castilla la Vieja; Florentino García, por la de Andalucía, y por el Comité nacional de la Unión General de Trabajadores, Francisco L. Caballero, Vicente Barrio, Daniel Anguiano, Julián Besteiro, Andrés Saborit, Eduardo Torralva, Modesto Aragonés, Manuel Cordero, Virginia González y José Maeso.»

El Debate,  1917 marzo 28 

Mitin en la Casa del Pueblo

En el salón teatro de la Casa del Pueblo celebróse anoche un mitin, organizado para hacer públicas las conclusiones acordadas por los delegados obreros de las regiones con los representantes de la Unión General de Trabajadores y de la Confederación del Trabajo. 

El local vióse completamente lleno. En la presidencia tomaron asiento, con el delegado de la autoridad, los Sres. Largo Caballero, Barrio y Saborit.   

El castellano, 29 de marzo de 1917

Los firmantes del manifiesto encarcelados. 

Dice La Tribuna: Como consecuencia de haber sido denunciado por el fiscal de S. M., el manifiesto que los delegados regionales obreros dirigen al país y á las clases trabajadoras, la autoridad judicial dispuso la detención de los individuos que firman el citado documento. 

Esta tarde se hallaba ya detenidos, y fueron conducidos al Juzgado de guardia, Juan Barceló y Vicente Sánchez que suscriben el manifiesto por la región de Levante; José Gómez Ossorio y Manuel Suárez, por la de Galicia; Manuel Llaneza é Isidoro Acevedo, por la de Asturias; Remigio Cabello y Luis Lavín, por la de Castilla la Vieja; Florentino García, por la de Andalucía, y por el Comité Nacional de la Unión General de Trabajadores, Francisco L. Caballero, Vicente Barrio, Daniel Anguiano, Julián Besteiro, Andrés Saborit, Eduardo Torralva, Modesto Aragonés, Manuel Cordero, Virginia González y José Maeso. 

La Policía practicaba á última hora pesquisas para dar con el paradero de Salvador Seguí y Ángel Pestaña, delegados de la Confederación Nacional del Trabajo y Asamblea de Valencia; Ángel Lacort, de la Federación de Sociedades Obreras de Zaragoza, y Pedro Cabo, de la de Vizcaya, firmantes también del manifiesto, pero que no fueron hallados. 

La más interesante manifestación de los declarantes ha sido la hecha por el individuo del Comité Nacional de la Unión General de Trabajadores Julián Besteiro, quien se declaró único autor del manifiesto objeto de la denuncia.

La Correspondencia de España, 1917 marzo 30

Las detenciones

Los delegados que faltaba detener.

Ayer mañana llegaron al Juzgado, conducidos por la Policía, los cuatro delegados obreros que no habían podido ser detenidos anteayer por haber emprendido el viaje de regreso á sus respectivas regiones.  

Los últimamente detenidos son Salvador Seguí, Ángel Pestaña, Ángel Lacort y el compañero Cabo, que pasarán esta tarde á la cárcel, como sus compañeros detenidos ayer.    

No han sido detenidos todavía los señores Barrio, Largo Caballero, Anguiano y Acevedo, que también firman el documento motivo de estas detenciones.    

Hasta el momento presente reina calma completa entre el elemento obrero. 

El juez especial. 

Ayer tarde quedó nombrado juez especial para entender en el asunto de los firmantes del manifiesto el magistrado de la Audiencia de Madrid D. Antonio Moreno.   

La Libertad, 1931 abril 24 

El voto de los sindicalistas

La nota más interesante, más nueva y más trascendental de las últimas elecciones municipales ha sido el voto de los sindicalistas. Como es sabido, y dada la ideología anarquista del sindicalismo (ratificada expresamente por Ángel Pestaña en el notable libro que escribió con las impresiones de su viaje a Rusia), las grandes masas obreras de Cataluña no votaban nunca. Eran apolíticas.   

Esta vez, sin embargo, han votado de un modo súbito, desconcertador, y con admirable y significativa disciplina. Y lo primero que me ocurre al comentar este singularísimo fenómeno político es felicitar a LA LIBERTAD por el éxito de sus campañas. Es este gran periódico el único diario liberal que cuenta entre sus colaboradores a dos significados sindicalistas: Ángel Pestaña y Salvador Quemades. Este último ha defendido en varias ocasiones la conveniencia para la clase obrera de no encerrarse en un sistemático retraimiento apoliticista. Por eso los sindicalistas de Barcelona, al darse cuenta de la trascendencia política de las últimas elecciones municipales, han contribuido decisivamente con sus votos al triunfo de la República. Y la República española en sus primeros pasos ha querido sin duda demostrar a los obreros catalanes que no tendrán por qué arrepentirse de su actuación electoral. En el Estatuto de la República, notable documento, modelo de sobriedad, de concisión y de técnica jurídica, se consigna expresamente el principio de la libertad sindical, que no recuerdo se haya establecido todavía en nuestra legislación, pues la ley de 30 de junio de 1887 no podía regular un fenómeno jurídico entonces desconocido, y la iniciativa de Canalejas en las Cortes de 1910, que recogía el hecho social de la sindicación, se malogró completamente, a pesar de los esfuerzos y buenos propósitos de la Comisión dictaminadora que presidía D. Santiago Alba.   

Pero lo más curioso de las elecciones municipales de Barcelona es que han sido los sindicalistas los que han elevado al Sr. Maciá a la presidencia de la Generalitat. Todos los catalanistas han votado en contra. Los catalanistas de la derecha, con su periódico «La Veu», y los catalanistas de la izquierda, fundidos en la Acción Catalana (que por cierto no sacó triunfante ni siquiera un concejal), con sus periódicos «La Nau» y «La Publicitat», se han dedicado a combatir al Sr. Maciá durante toda la campaña preparatoria de las elecciones. Los amigos del Sr. Cambó obtuvieron 30.000 votos. Los amigos del Sr. Rovira y Virgili y del Sr. Bofill y Matas, correligionarios del actual ministro de Economía, obtuvieron 18.000, y el Sr. Maciá alcanzó la enorme cifra de 43.000 votos, que, naturalmente, no podían ser ni de los catalanistas de la derecha ni de los catalanistas de la izquierda. Han sido, pues, los sindicalistas los héroes de la jornada.

¿Cabe mayor humillación para todos los discípulos de Prat de la Riba? Se pasaron el tiempo despotricando contra la hegemonía castellana, y ahora resulta que el señor Macià debe su triunfo a Ángel Pestaña, el gran organizador de los Sindicatos, y que, no lo olvidemos, es un español nacido en el cogollo de la vieja Castilla y en la cuna del idioma español: en Ponferrada, provincia de León.   

Si resucitasen el doctor Robert y Prat de la Riba se volverían a morir de vergüenza al ver que Cataluña ha restaurado su histórica Generalitat gracias a un obrero leonés.   

Por eso yo soy optimista en esta etapa interesantísima del problema catalán.   

Ya ha declarado «Solidaridad Obrera» (que sigue escribiéndose en castellano) que los sindicalistas de Cataluña no ayudarán jamás a una obra separatista. Sobre todo, el nombre de la Confederación Nacional del Trabajo es una garantía contra lo que pueda hacer su prisionero el flamante presidente de la República catalana. Cuando los catalanistas emplean la palabra «nación» se refieren a Cataluña; pero cuando los sindicalistas dicen que pertenecen a la Confederación «Nacional» se refieren a España.   

Ángel Pestaña es, pues, la garantía más firme de la unidad nacional.   

Porque el Gobierno (permítanme este desahogo mis buenos amigos que lo integran) no está a la altura de las circunstancias. El nombramiento del Sr. Companys para gobernador de Barcelona me parece un desacierto. Ni tiene altura para ese cargo, ni puede sentir satisfacción interior para servir a la nación española, en la que no cree, ni tiene autoridad para vigilar las maniobras separatistas del Sr. Maciá, puesto que fue éste quien le firmó su primer nombramiento.   

Hay que dar la sensación de que el representante del Poder central en Barcelona no tiene compromisos ni concomitancias con los catalanistas. Para ese cargo, hoy delicadísimo, puesto que estamos en trances críticos para la unidad nacional, hay que designar a un viejo republicano, todo lo federal que se quiera, pero que haya aprendido su federalismo en las democráticas doctrinas de Pi y Margall, y no en el libro reaccionario de Prat de la Riba.   

Y el único candidato que inspiraría confianza a todos los republicanos españoles sería D. Darío Pérez.   

ANTONIO ROYO VILLANOVA



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