viernes, 22 de julio de 2016

Dando la lata


Las conservas, dos siglos de historia que se inician con Napoleón, necesitado en 1809 de un sistema para dar de comer a su maquinaria militar en Europa sin depender del saqueo de los territorios ocupados. El emperador ofreció una recompensa al que aportara la mejor solución para avituallar a sus tropas. “Un Ejército avanza sobre su estómago”, sentenció. Un tendero llamado Nicolás Appert conquistó el trofeo. Ideó un procedimiento para preservar las raciones de campaña envasándolas herméticamente e hirviéndolas después. Carecía de una explicación científica, pero la vida de esos alimentos se extendía hasta la eternidad. Sin necesidad de conservantes. Y permitía un transporte eficaz al campo de batalla. Habían nacido las conservas; primero en cristal; después, desde 1810, en lata. La guerra de Secesión, a mediados del XIX, y las dos contiendas mundiales, con millones de soldados sobre el terreno, popularizarían su uso, especialmente en Estados Unidos, donde son adictos a su consumo, con una media de 140 por habitante y año.


La gran potencia conservera es España; la número uno en calidad y variedad. El referente en la UE. La segunda del planeta en volumen de producción de pescado en lata (abrumadoramente atún) tras Tailandia, con unas exportaciones de 700 millones de euros.