Las manifestaciones de alumnos y profesores comenzaron en septiembre en centros educativos de los barrios periféricos pobres del norte de París, donde la indignación por las ausencias de los profesores y el mal estado de las instalaciones se transformó rápidamente en un movimiento a escala nacional contra la desigualdad, la escasa inversión pública y el deterioro del nivel educativo.
El pasado sábado se produjo una escalada de la violencia, que llevó a que 2.000 manifestantes fuesen detenidos, 600 policías heridos y más de 1.000 tiendas saqueadas.



