miércoles, 18 de mayo de 2016

La industria del tractor en España


Los primeros intentos de fabricación y montaje de tractores en España corresponden a los últimos años de la década de los 40 y sobre todo a los años 50.


En esta época recordamos los intentos de fabricar un tractor español marca “Centurión" producido por Autotractor de Zaragoza y los montajes de algunos tractores por la empresa Babcock & Wilcox
de Bilbao. También Talleres del Astillero, S. A., de Santander, construyeron un tractor denominado Tedetasa y asimismo Tractores Españoles, S. A., de Barcelona, lanzó al mercado en 1950 unos tractores bajo la marca Tesa.


De igual manera los Talleres Jordá, de Zaragoza. montaron algunos tractores CASE importados de Estados Unidos.


La empresa Industrial Alonso, de Gijón, fabricó un pequeño tractor, marca David. de procedencia holandesa.


Un David Crawley 75 de fabricación española, Gijón, en 1952 de 7,5CV

Talleres Isleños, S. A. (TAISA), de Valencia, montaron tractores STAUB.


Algunos intentos posteriores más importantes tampoco tuvieron mayor fortuna, aunque en su momento tuvieron más importancia:
  • Sociedad Anónima de Construcciones Agrícolas (SACA), de Sevilla, empresa del INI, fabricó tractores SACA con licencia de Internacional Harvester. de Estados Unidos, desde 1961 hasta 1967.
  • Vehículos Industriales y Agrícolas, S. A. (VIASA), montó, durante dos años (1961-1963), algunos modelos Fiat. importados de Italia.
  • ENASA comenzó en 1959 la fabricación de un tractor oruga pesado marca Pegaso pero el intento no prosperó. Algunos años más tarde (1967-1968) intentó de nuevo la fabricación de tractores oruga marca Allis-Chalmers pero sin mayor fortuna que la primera vez.
En la década de los 50, que tantos intentos de fabricación de tractores vio, se produjo también un hecho importante que fue la base de las principales industrias que hoy existen en este sector. En 1952 el Gobierno convocó un concurso por el cual se declaraba de “interés nacional" la industria de fabricación de tractores de ruedas de potencia media.

Dos empresas consiguieron la autorización: Lanz Ibérica, S. A. (enero de 1953) y Motor Ibérica, Sociedad Anónima (agosto de 1953). La primera, para fabricar tractores bajo licencia de Heinreich Lanz AG, de Alemania y, la segunda. para fabricar tractores marca Fordson, bajo el nombre de Ebro, con licencia de Ford Motor Company, de Inglaterra.

El 10 de julio de 1956 salia de la cadena de montaje de Lanz Ibérica, S. A.. en Getate, Madrid, el primer tractor Lanz de fabricación nacional y el 9 de septiembre de 1957. Motor Ibérica, S. A., producía el primer tractor Ebro, también de fabricación nacional.

La capacidad de la primera fábrica era de 2.000 unidades por año, y la de Motor Ibérica de 3.000 tractores para el mismo periodo.

La década de los 60 iba a ser decisiva para la tractorización de nuestra agricultura: En 1959 se incorporó Barreiros Diesel, S. A., al sector de fabricantes de tractores. Bajo licencia de Reinsthal Hanomag, comenzó en 1960 la fabricación de los tractores Hanomag Barreiros.

En 1963, Lanz Ibérica, S. A., que pasa a ser parte de la empresa Deere & Company, de Estados Unidos, con el nombre de John Deere Ibérica, S. A., lanzaba al mercado los tractores John Deere, ampliando su capacidad en estos años hasta las 5.800 unidades.

En 1965. Motor Ibérica, S. A.. llegó a un acuerdo con Massey Ferguson, Ltd., con el fin de simultanear la fabricación de los tractores Ebro con los Massey Ferguson. Su capacidad creció hasta las 10.000 unidades/año.

En 1967 apareció un nuevo tabricante: Sociedad Anónima de Maquinaria Agricola Renault Samar, con factoría en Burgos, que producía tractores Renault bajo licencia de la Regie Renault de Francia.

En este mismo año, una nueva empresa Sava, dentro del grupo ENASA, se instaló en Valladolid para fabricar tractores agrícolas bajo licencia de la British Motor Corporation y con la marca Sava-Nuffield. Su capacidad era de unos 1.500 tractores/año.

Al final de la década de los 60, el sector estaba compuesto de cinco empresas. que fabricaban 17 modelos en 35 versiones diferentes y una capacidad máxima de fabricación de unas 27.000 unidades.

En enero de 1979, tras el cierre de la fábrica de Renault y la adquisición de sus instalaciones por Motor Ibérica, Sociedad Anónima, sólo quedan cuatro fabricantes nacionales de tractores agrícolas de potencia media o alta, además de dos pequeños talleres que producen tractores de pequeña potencia en cantidades escasas.

Los fabricantes nacionales son:
  • Motor Ibérica, S. A. (M. FERGUSON y EBRO).
  • John Deere Ibérica, Sociedad Anónima (JHON DEERE).
  • Crysler España. S. A. (BARREIROS).
  • Modificaciones y Transformaciones. S. A. (Motransa-NUFFIELD).
La capacidad total de la industria es de 44.000 unidades por año, con un total de 25 modelos y 44 versiones diferentes.



A partir de 1971 se produjo un fenómeno nuevo en el sector. La elevación de los costos de fabricación obligó a un aumento de la capacidad productiva, lo que, ante un mercado nacional de crecimiento relativamente lento, empujó a los fabricantes a buscar mercados exteriores. Asi comenzó la actividad exportadora del sector, centrada básicamente en dos empresas: Motor Ibérica, S. A. y John Deere Ibérica. S. A.

En los dos últimos años (Antes de 1979), la producción nacional se ha estabilizado alrededor de los 37.000 tractores/año, pero el volumen de tractores destinados a la exportación, que fue en 1974 del 25 por 100 de la producción (unas 8.500 unidades), pasó en estos años al 36-37 por 100 del total, con volúmenes superiores a los 13.000 tractores/año.

EVOLUCION TECNICA

Si los primeros tractores agrícolas eran una simple trasposición de las locomotoras de vapor a un medio en el que no existía el raíl de hierro, los tractores de hoy son el resultado de una evolución tecnológica perfectamente orientada y adaptada al medio en el que van a trabajar.

El primer elemento cuya incorporación fue decisiva para el desarrollo del tractor agrícola fue el motor de combustión interna, incorporado en los últimos años del siglo XIX. El motor Diésel, que da un impulso impresionante al reducir el costo de operación, si bien se incorpora ya en modelos en los años 20 y es popular en la década de los 30, no será de uso normal hasta pasada la segunda guerra, en los años 1950.

Otro elemento fundamental para el desarrollo del tractor, el neumático, no se empieza a incorporar hasta 1928 en los Estados Unidos y su primera introducción en España no ocurre hasta 1931.

El sistema Ferguson que revoluciona la técnica del tractor agricola al incorporar el sistema hidráulico de elevación de los aperos a través del enganche de tres puntos se inventa en 1928 y se incorpora a algunos tractores en la década de los años 30. Sin embargo, sólo a partir de 1950 se populariza en todo el mundo y todos los fabricantes adoptan el principio modificándolo y adaptándolo.

A partir de estos años se produce una auténtica revolución tecnológica: se incorporan sistemas hidráulicos cada vez más sofisticados, se aumentan las potencias de los motores; se incorporan modernas tomas de fuerza, se vuelve a adoptar la doble tracción, y se empieza a pensar en la comodidad y seguridad del operador.

La década de los 70 presencia finalmente la incorporación de los más avanzados sistemas de protección y comodidad del tractorista. Finalmente la crisis energética mundial ha puesto el acento en la reducción del consumo de carburante.

El siguiente texto está extraído del libro "Trilladoras y tractores: energía, tecnología e industria en la mecanización de la agricultura española, 1862-1967".

Dadas las cada vez más escasas disponibilidades de tractores agrícolas que se padecieron a partir de 1936. las autoridades españolas se vieron obligadas a introducir, dentro del escaso margen de maniobra que permitía la política agraria seguida por el régimen y las pésimas condiciones económicas del país, diversas medidas tendentes a paliar las consecuencias más negativas de este estado de cosas.

Una de las primeras fue regular la distribución de los escasos tractores que se importaban del extranjero a fin de favorecer su utilización en las grandes labranzas de cereal, donde se consideraba que su empleo era más urgente. En 1941 de manera aislada y, con periodicidad casi anual a partir
de l945, el Ministerio de Agricultura convocó concursos públicos para distribuir entre unos peticionarios que multiplicaban varias veces la oferta disponible, los tractores ya importados o los que se esperaba importar en los meses siguientes.

A falta de un estudio minucioso de los beneficiarios de tales concursos. la discrecionalidad administrativa en las concesiones parece que favoreció especialmente a los grandes propietarios del sur de España, a quienes fueron concedidos “casi en su totalidad” los tractores importados en los años cuarenta. Esto les permitiría incluso revender libremente parte de los mismos, una vez transcurridos los cuatro años mandados por la ley. a los elevadísimos precios de mercado, muy superiores a los de concesión, que regían por entonces.

Los beneficiarios de los concursos gozaron asimismo, de las ayudas proporcionadas por el Servicio Nacional del Crédito Agrícola que, entre 1947 y 1955, otorgó préstamos por valor de 15l,7 millones de pesetas. Esta suma sirvió, entre otras cosas, para adquirir 925 tractores, 778 cosechadoras y l87 trilladoras. El S.N.C.A. proporcionaba hasta el 70 por ciento del importe de la máquina adquirida, a pagar en cuatro años y al 3.75 por ciento de interés.

Mayor trascendencia tuvo la convocatoria, en febrero de l952, de un concurso para iniciar la fabricación de tractores en España, por el que se interesaron las principales multinacionales del sector, y que desembocó en el inicio de la producción en serie de tractores en nuestro país.

Antes de ocupamos de este asunto, conviene mencionar que, con anterioridad a la convocatoria del concurso citado, se habían llevado a cabo varias iniciativas para fabricar tractores en España, aunque ninguna logró consolidarse. Sabemos, en este sentido, que hubo un primer intento de iniciar la fabricación de tractores en España en 1941. Considerando que se trataba de una industria de interés nacional, una ley de 23-6- l94l (BOE del 12-7) planteó la creación de una empresa de carácter mixto -estatal y privada- para producir carros de combate y tractores, cuyo papel en el transporte de piezas de artillería se había mostrado muy eficaz en el transcurso de la guerra civil. Lo cierto, sin embargo, es que aunque se preveía la posibilidad de que la empresa en cuestión pudiera fabricar productos similares a los mencionados, “como tractores para la agricultura y usos industriales, a fin de asegurarle mejor vida económica", el proyecto no llegó a realizarse jamás.

En 1946 la empresa ”Auto-Tractor" de Zaragoza construyó las tres primeras y últimas unidades de una pequeña máquina de tres medas que fue bautizada con el nombre de 'Centurión' y que llegó a ser expuesta en la Feria de Muestras de Zaragoza de ese año. En l949, “Talleres del Astillero", de Santander, inició la fabricación de un tractor diésel de 36 c.v. y ruedas neumáticas: el "Tedelasa". La circunstancia de que los motores tuvieran que ser importados de Inglaterra impidió, posiblemente, que la producción pudiera normalizarse. También por entonces se comenzaron a construir en Las Arena (Vizcaya) los tractores de gasolina. de l5-20 C.V., marca TAMSA ('Tractores Agrícolas Mecánicos Sociedad Anónima"). En 1950. "Tractores Españoles. SA”. de Barcelona, emprendió la fabricación de dos modelos distintos de tractores: uno de tres ruedas y otro de cuatro, con motores de gasolina.


Lanz Ibérica S.A., la primera de las empresas ganadoras del concurso convocado por el Ministerio de Agricultura el año l952, nació como resultado de la confluencia de los intereses financieros, comerciales e industriales representados por el Banco de Santander, Ricardo Medem y Compañía y Nueva Montaña Quijano SA, respectivamente. Su existencia sin embargo. no se habría hecho realidad jamás de no haber contado con la colaboración técnica de la casa Heinrich Lanz A.G. de Mannheim (Alemania), que puso a disposición de Lanz Ibérica. SA. su oficina técnica, ingenieros y experiencia, así como sus patentes y marcas. a fin de que el tractor Lanz-Bulldog construido en España fuera idéntico y gozara de las mismas garantías que su homónimo alemán.

Esta colaboración se extendería también a cuantas innovaciones se introdujeran con posterioridad en los modelos fabricados en Alemania, para que el Lanz-Bulldog construido en España mantuviera en todo momento las características técnicas de aquel. Lanz-Mannheim intervendría, asimismo, en las modificaciones que fuera necesario realizar en las instalaciones de Nueva Montaña Quijano SA.
de Santander, donde estaba previsto que se llevara a cabo la fabricación de los motores que montaba
Lanz Ibérica. SA.

Como contrapartida. Lanz-Mannheim percibiría: dos millones de pesetas en acciones liberadas de Lanz Ibérica. SA y un canon sobre el valor en fábrica de los tractores construidos (del 3% para
las unidades l-6.000; del 2% para las unidades 6 001 a 12.000: del l.75% para las unidades l2.000 a 18.000 y del 1 % para las unidades 18.001 y siguientes). Las sumas obtenidas en concepto de canon
se añadirían a los dos millones anteriores hasta completar la cifra del 10% del capital social en que
se fijó la aportación financiera de Lanz-Mannheim en la sociedad española. Junto a este 10%, la
empresa alemana aportaba otro 10% del capital inicial de Lanz Ibérica SA. en efectivo mediante
pago en Alemania de la maquinaria que fuera preciso importar de dicho país, de manera que su
participación en el capital de Lanz Ibérica. SA se limitaría a un máximo del 20%.


La salida del primer tractor de la fábrica de Getafe no se produjo hasta el l0 de julio de 1956, esto es, con un notable retraso en relación con los 30 meses de plazo previstos por el decreto de autorización de enero de l953 a causa de la situación del clearing hispano-alemán. De otra parte, y ante las dificultades encontradas por Nueva Montaña Quijano. SA para importar la maquinaria que necesitaba para su construcción, los motores de los primeros 1.500 tractores fabricados por Lanz Ibérica. SA. como mínimo, tuvieron que traerse de Alemania. Todo ello redundó en un aumento del precio de venta, que se elevó en tomo a un 25% sobre las 125.000 pesetas inicialmente autorizadas por el gobierno español.

Del libro "Del metal al motor: innovación y atraso en la historia de la industria metal-mecánica española" están sacados los párrafos siguientes.

Parece igualmente incuestionable que la evolución de la agricultura española en la posguerra estuvo fuertemente condicionada por la existencia de severas restricciones a la importación de maquinaria, también en el caso de la agricultura.

Como en el de otros sectores de la economía española de la época, existió una auténtica sed de importaciones perennemente insatisfecha. En efecto, las cifras récord del quinquenio 1926-1930, en que entraron más de 10.000 toneladas anuales de máquinas y aperos agrícolas. se redujeron a mínimos verdaderamente irrisorios durante el primer "franquismo" (250 toneladas en 1944) y no fueron superadas más que a partir del año 1952.