domingo, 15 de enero de 2017

LAS NIEVES EN ASTURIAS


En La ilustración europea y americana del 8 de abril de 1888 encontramos esta referencia a las nevadas en el Puerto de Pajares.

Las grandes nevadas de Febrero se han repetido á mediados de Marzo, y el mes de Abril, como si hubiese reñido con su amada la dulce Primavera, nos envía también otro rudo temporal de
nieves, que extiende su blanco ropaje hasta por encima de la coronada villa.

En la página 229 damos un grabado que completa el que hemos publicado en un numero anterior (X, pág. 181) con el epígrafe Las nieves en Asturias, según croquis del natural que ha tenido la amabilidad de remitirnos su ilustrado autor, el ingeniero del Cuerpo de Caminos, Canales y Puertos D. Eugenio Ribera.


La primera viñeta representa á las máquinas exploradoras embistiendo contra la nieve para abrir á los trenes paso por la vía férrea, después del trabajo de las cuadrillas de espaladores.

Únense dos máquinas de mercancías, por ser las más potentes, acoplándolas por sus tenders, para que puedan retroceder, y siempre con un quitanieves delante de cada una, y se efectúa el penosisimo trabajo que el mismo ingeniero describe en animados periodos, de esta manera ;

«El día 27 de febrero tuve ocasión de asistir á la excursión de dos máquinas acopladas, y cuya masa total, con sus tenders, representa unas 140 toneladas, puestas en movimiento por el gigantesco esfuerzo de sus cuatro motores de vapor de alta presión,

» Con fuerte temporal y violenta ventisca salimos de Puente de los Fierros hacia la vía ascendente, que encontramos cubierta de nieve, variando de espesor en las trincheras y terraplenes; pronto penetramos en el primer túnel, donde cesando la mayor resistencia al avance, adquirieron las máquinas vertiginosa velocidad, con la que arremetimos los témpanos amontonados á la salida del subterráneo, y era de ver cómo se abrían, arremolinaban y dispersaban pulverizados en el aire, cubriendo de blanco y helado manto las locomotoras y á cuantos sobre las mismas asistíamos sobrecogidos á esta gigantesca contienda entre la Naturaleza y la civilización.

» La boca del túnel aparecía casi obstruida por la nieve ; sin embargo, la arremetimos resueltamente, no sin profunda emoción, cerrando los ojos v encomendándonos á Dios: trascurrió un segundo de indescriptible ansiedad, y de repente nos encontramos en plena luz del día, todos envueltos en menudísimos copos de nieve , residuo del témpano atravesado.

 » La lucha, de la que así salimos vencedores á la salida del subterráneo, hubo que empeñarla de nuevo en una trinchera atascada, y las locomotoras seguían adelante como alentadas por muchos frenéticos gritos y entusiastas ¡hurras!

« Finalmente, extenuados y jadeantes, hombres y máquinas llegamos á la estación de .Malvedo, donde tuvimos que renunciar á tan desigual combate.»

Entrada á una hospedería en el puerto: es el asunto del segundo croquis, el cual ofrece inexacta idea de la cantidad de nieve que se ha acumulado en varios sitios con las tres nevadas sucesivas que sobre la cordillera cantábrica han caído, pues la entrada de esa casa puede considerarse como extraordinariamente accesible.

En muchos pueblos tenían los vecinos necesidad de abrir boquetes en el tejado para la ventilación de sus viviendas, encontrándose en buenas condiciones las casas en que había salida por las ventanas del primer piso.

El viaducto de Matarredonda: esta magnífica obra metálica que una avalancha destruyó por completo el dia 27 de febrero ultimo, salvaba una distancia de 41 metros con un solo tramo de hierro, cuya longitud era igual, por consiguiente, al doble de la altura de dos casas de cinco pisos.

El puente, cuyo peso es próximamente de cíen toneladas, es decir, el de dos máquinas de mercancías, se hallaba á 21 metros sobre el fondo del barranco que salvaba.

La avalancha deshizo materialmente tan colosal conjunto metálico, arrastrando sus pedazos hasta el fondo del valle de Pajares, que está situado á más de 3 kilómetros de distancia.

¡Asusta pensar el destructor esfuerzo que ha ejercido una masa de unos 40.000 metros cúbicos de nieve, cuyos copos aparecen tan ligeros y deleznables!


En La ilustración europea y americana del 15 de marzo de 1888 ya se informaba de las nevadas en el Puerto de Pajares.

LAS NIEVES EN ASTURIAS.

Destrozos causados en el pueblo de Pajares por una avalancha. 

El rudísimo temporal de nieves que ha reinado en casi toda la zona septentrional de la Península ibérica en Febrero último, dejará tristes recuerdos á los pobres moradores del famoso puerto de Pajares y sus estribaciones, los cuales, aun los más ancianos montañeses, no han presenciado otro semejante en lo que va de siglo, aunque alguien recuerde haber pasado en silla de posta bajo un túnel abierto en la nieve, por delante de la histórica ex colegiata-hospedería de Arbás, que está situada en la parte más culminante de la carretera del puerto, en la mañana del 18 de Enero de 1859.

Inicióse el deshecho temporal el 13 de Febrero y continuó incesantemente. con más ó menos intensidad, hasta el 27, esto es, por espacio de catorce días; la circulación por el camino de hierro de León á Oviedo, en la sección de Pajares, quedó interrumpida el 17, y varios trenes resultaron detenidos en las estaciones de las dos vertientes del puerto ; rocas y tierras, aludes enormes, avalanchas imponentes arrollaron y aplastaron casetas de guardas de la vía, dos locomotoras, un puente metálico de 41 metros de longitud por 35.000 kilogramos de peso, y lo que es más doloroso, pueblos y caseríos habitados, ocasionando muchas desgracias personales, entre ellas la catástrofe del mismo pueblo de Pajares, donde una inmensa avalancha dejó sepultadas cinco casuchas con 25 personas, de las que, merced á los auxilios del vecindario, hábilmente dirigidos por el sobrestante de obras públicas de! distrito, fueron extraídas 15 con vida; y como la nieve llegaba á la altura de los tejados, y los víveres faltaron pronto en absoluto, por ser imposible toda clase de comunicaciones, el hambre y la miseria se agregaron al siniestro cuadro que presentaba el angustiado pueblo.


La vía férrea estaba obstruida en un trayecto de 60 kilómetros, y cuando comenzó el temporal, dos máquinas exploradoras se abrieron paso hasta la estación de Navidiello, por la vertiente del Norte, y hasta la de Villamanin, por el Sur, combinándose esta exploración con el trabajo de numerosos braceros que, a expensas de la Compañía de los caminos de hierro del Norte y del Noroeste, emprendieron el espaleo de la nieve ; mas arreció otra vez el temporal, la circulación quedo paralizada, las maquinas exploradoras descarrilaron en la boca del túnel de Campomanes, enormes desprendimientos de tierras obstruían el paso en Puente de los Fierros y en otros puntos ; la nieve, por último, llegó á tener un espesor de uno á cinco metros en casi toda la linea.

Entonces se dio principio, cesando la ventisca, al penosísimo trabajo que un testigo presencial ha descrito en animados periodos, de los que copiamos las siguientes líneas:

Los trabajos para abrir paso entre los pueblos incomunicados y llevar víveres al de Pajares, ejecutáronse por una cuadrilla de operarios, al mando de un valeroso e inteligente ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, y para recorrer los cuatro kilómetros que existen entre Puente de los Fierros y la aldea de Romia, emplearon más de cuatro horas; el primero de los diez hombres de la cuadrilla metíase en la nieve hasta los hombros, y daba grandes pasos, que se ensanchaban segün iban llegando los compañeros del guía ; éste, cuando perdía las fuerzas con tan ruda faena, dejaba su puesto al obrero inmediato, pasando él detrás de la fila, y así sucesivamente; á veces caía un obrero y
desaparecía bajo la nieve, acudiendo en seguida los otros á socorrerle y salvarle; sólo cuatro de estos hombres, siempre dirigidos por su jefe el Ingeniero, llegaron al pueblo de Pajares, amenazados constantemente por aludes y avalanchas que el guía anunciaba con la siguiente expresiva exclamación ; «; Cuidado!.» y habiendo franqueado puntos donde la altura de la nieve era
tal (afirma la persona aludida, como testigo ocular) que los hilos del telégrafo la servían de barandilla.»

Así llegaron á Pajares, conduciendo víveres para los desventurados habitantes del pueblo.

Nuestro segundo grabado de la pág. 181 es una vista del pueblo de Pajares después de la catástrofe producida por la avalancha, y tomada del natural en exacto croquis por el distinguido ingeniero de Caminos. Canales y Pueitos, Sr. D, Eugenio Rivera, quien se ha servido remitírnosle.