sábado, 31 de diciembre de 2016

Carbón, acero, petróleo...


Henry Clay Frick había nacido el 19 de diciembre de 1849 en una pequeña población del condado de Westmoreland, cerca de Pittsburg (Pensilvania). Su padre era granjero. Su madre, la hija del propietario de una boyante destilería de whisky. A pesar de que se le daban bien los libros, Henry solo podía ir al colegio durante los meses de invierno: el resto del año tenía que ayudar en la granja.


Entró a trabajar como dependiente al acabar sus estudios, y más adelante, en la destilería familiar. Allí empezó a dar muestras de una notable visión para los negocios. Muy pronto la factoría del abuelo fue ampliada, y el propio Henry se hizo con un capital que decidió invertir en la compra de 50 hornos de coque. Henry Clay sabía que la industria de hierro y acero de la zona estaba despegando a ritmo vertiginoso y en un futuro próximo se dispararía la demanda de coque, imprescindible para el proceso de fundición. No se equivocó: 10 años después, la Henry Clay Frick Coke Company contaba con más de mil hornos que proveían de combustible al 80% de las factorías de Pittsburg. Antes de los 30 años, Frick había ganado su primer millón de dólares. El hijo del granjero, el nieto del destilador, se había convertido en uno de los más prósperos hombres de negocios del Estado.

Andrew Carnegie nació en Dunfermline, (Escocia), en 1835 y murió en Lennox, Massachusetts, en 1919. Procedía de una familia pobre que emigró a Estados Unidos en 1848. Tuvo una educación autodidacta, al tiempo que se ganaba la vida. En 1850, trabajó en una oficina telegráfica de Pittsburg, de la Ohio Telegraph Company, por 10 dólares mensuales y pronto se hizo tan bueno en descifrar mensajes telegráficos que no tardó en llegar a jefe de división. A partir de 1853, Thomas A. Scott de la Compañía del Ferrocarril de Pennsylvania lo contrató como secretario y telegrafista, con un salario de 4 dólares semanales. Con dieciocho años, Carnegie empezó a escalar puestos, llegando a ser el superintendente de la división de Pittsburgh.


Hacia 1860, en pleno "boom" ferroviario, Carnegie se asoció con el inventor de los coche-cama de los ferrocarriles. En la primavera de 1861 Carnegie fue designado por Scott, que ahora era el Vicesecretario de Guerra encargado del transporte militar, como superintendente de los Ferrocariles Militares y de las líneas de telégrafos del Gobierno de la Unión en el Este. Carnegie ayudó a abrir las líneas de ferrocarriles que entraban en Washington que los rebeldes habían cortado; condujo la locomotora llevando la primera brigada de las tropas de la Unión hasta llegar a Washington. Tras la derrota de las fuerzas de la Unión en Bull Run, él personalmente supervisó el traslado de las fuerzas derrotadas. Bajo su organización, el servicio de telégrafo prestaba un servicio eficiente a la causa de la Unión y ayudó considerablemente a la victoria final. Carnegie más tarde se jactaría de ser "el primer herido de la guerra" cuando se hizo una cicatriz en su mejilla cuando trabajaba con el cable telegráfico. La derrota de los confederados necesitó grandes suministros de munición, así como vías férreas (y líneas de telégrafo).

El negocio fue un éxito y Andrew comenzó a invertir sus beneficios en petróleo y hierro. En 1865-70 hizo una primera fortuna negociando con bonos de compañías ferroviarias y con productos siderúrgicos.

En 1868 invirtió su capital para introducir el procedimiento Bessemer de producción de acero en Norteamérica. En la década de 1870, fundó la Carnegie Steel Company, un paso que consolidó su nombre como uno de los "grandes magnates de la Industria" (en inglés, “Captains of Industry”). Se concentró en la fabricación de acero, invirtiendo a pesar de la «gran depresión» de 1873, hasta dominar el sector hacia 1880. Sobre la década de 1890, era la más grande y rentable de todas las empresas industriales del mundo. Carnegie la vendió a J.P. Morgan en 1901, quien creó la U.S. Steel.

Las empresas de Carnegie siguieron creciendo en los años ochenta de la mano de su socio H. C. Frick, quien le hizo comprender la necesidad de la integración vertical: además de la mayor parte de la siderurgia de Pennsylvania, adquirió minas de hierro, navieras y ferrocarriles, adaptándose así a las nuevas tendencias monopolistas que se impusieron en la economía de finales del siglo XIX.

Carnegie representa, pues, el prototipo del «hombre hecho a sí mismo», ideal humano típicamente norteamericano que sólo era posible en aquel contexto histórico de mercado libre, prácticamente sin impuestos ni regulaciones.

John Davison Rockefeller, nacido el 8 de junio de 1839 en la ciudad de Richford (estado de Nueva York) y fallecido el 23 de mayo de 1937, en la localidad de Ormond Beach (estado de Florida) fue la primera persona que creó un trust y el fundador de una impresionante fortuna familiar.

Hijo mayor de un médico rural que se dedicaba a la venta ambulante de todo tipo de remedios curativos y de una madre trabajadora y religiosa, el joven John Davison Rockefeller comenzó pronto sus actividades comerciales, prácticamente en su primera época escolar, cuando tras salir de la escuela se dedicaba a la cría de gallinas, con cuya venta compraba especias que luego revendía a las gentes de su ciudad natal.


El estallido de la Guerra de Secesión norteamericana, comenzada en el año 1861, permitió a unos cuantos, entre ellos la firma de Rockefeller, sacar el mayor provecho del conflicto merced al tráfico de alimentos, materias primas y armas que toda guerra conlleva. La firma Clark & Rockefeller empezó a recibir una auténtica avalancha de pedidos provenientes del Ejército de la Unión, pero Rockefeller puso sus ojos en el naciente negocio del petróleo, apercibiéndose de las inmensas posibilidades económicas que tal negocio podía reportarle en una "economía de guerra", con un ejército escaso de aceite para el alumbrado y de queroseno, vital para su maquinaria de guerra.

Finalmente, Rockefeller se hizo con la firma por un valor de 72.500 dólares, a la que rebautizó con el nombre de Rockefeller & Andrews. Gracias al revolucionario proceso para refinar el crudo que Andrews inventó, la empresa creció de manera meteórica, lo que le permitió a Rockefeller ampliar su visión del negocio petrolero mediante acuerdos con diversas refinerías para el transporte del crudo por medio de la construcción de enormes oleoductos, así como la fundación de una nueva empresa, la Rockefeller, Andrews & Flager, con participación de su hermano William y varios destiladores más, y la obtención de licencias de transporte para diversos estados gracias a los sobornos y presiones de todo tipo, preparando así el advenimiento de la que sería su primera gran empresa personal, levantada con un capital de un millón de dólares, la Standard Oil Company of Ohio o ESSO.

Entre los años 1875 a 1878, el 80% de la capacidad de refinados del país había sido absorbida, de un modo u otro, por la Standard Oil, estableciendo un monopolio de hecho sobre el petróleo. El porcentaje de monopolio creció en el año 1890, con el 95% del total, todo ello a pesar del grave proceso de crisis por el que la economía estadounidense estaba sufriendo desde los años 1870, con la caída de precios agrícolas en el mercado y el consiguiente hundimiento de los valores bursátiles, la cual afectó también a la minería y al ferrocarril. El marasmo económico, no obstante, fue aprovechado por los grandes magnates del país para aumentar la concentración monopolista y de capitales. De todos ellos, Rockefeller fue, nuevamente, el que mejor supo aprovechar la coyuntura.