jueves, 10 de junio de 2021

13 de diciembre de 1930 desde las páginas de "El Socialista"

(EL SOCIALISTA, sábado 13 de diciembre de 1930)

COMO EN 1923

EL RESTABLECIMIENTO DE LA PREVIA CENSURA

Después de la una de la madrugada de hoy, recibimos del Gobierno civil un oficio comunicándonos el restablecimiento de la previa censura, a la cual quedamos sometidos con arreglo a las instrucciones siguientes, que hacemos públicas para conocimiento de nuestros lectores:

«Cumpliendo órdenes superiores del Gobierno, le participo que, a partir del día de hoy, viernes, 12, y hasta que se revoque, se establece en estas oficinas del Gobierno civil la previa censura de prensa para aquellas noticias relacionadas con los sucesos actuales de Jaca, perturbaciones de orden público derivadas de aquéllos, así como también las relacionadas con las huelgas sindicalistas en curso, y desde mañana, para toda clase de noticias e informaciones.

Por consiguiente, le ruego que desde esta noche misma envíe tres galeradas de cuantos artículos periodísticos y noticias informativas pretenda publicar el diario de su dirección (en todas sus ediciones) en relación con los temas indicados, y desde mañana, tres galeradas de toda clase de artículos.

El señor ministro de la Gobernación dará información oficial diariamente de cuanto en estas cuestiones acontezca, única información que podrá autorizarse.

Madrid, a 12 de diciembre de 1930. — El gobernador, José M. Caray.» 

 — Omitimos por nuestra parte todo comentario. 

Nuestra futura actuación

Vamos a procurar situar nuestra actuación frente al futuro político de nuestro país. No es cosa fácil, puesto que hay una incógnita a resolver: el régimen político que regirá. ¿Continuará la monarquía? ¿Se implantará la República? He ahí la incógnita a resolver. Y es fundamental, porque según se resuelva este problema será distinta la actuación política del Socialismo en nuestro país. Si la monarquía continúa, cosa improbable dado el grado de descomposición a que ha llegado, ¿cómo hemos de actuar? Como hemos actuado hasta estos tiempos, se responderá. Sí, pero acentuando nuestra hostilidad al régimen monárquico, que, por vivir siempre al margen de la ley, no permite la evolución jurídica de la sociedad ni la actuación democrática del país y se ha convertido en una dificultad insuperable para nuestro avance.

Un régimen que para sostenerse tiene que gastar en Guerra y Marina más de 868 millones de pesetas, en clero más de 67 millones, en fuerza de orden público más de 271 millones, mientras que en Instrucción pública, el que debiera estar mejor dotado, tiene una consignación de 195.345.958 pesetas, está juzgado y condenado.

Por eso España no es sólo analfabeta : es ignorante. El término medio de analfabetismo es el de un 45 por 100. ¿Y cuál es el de la ignorancia? Porque hay algo peor que no saber leer y escribir, y es que lo que uno sepa sea también una dificultad a la evolución de las ideas. Hay en España infinidad de pueblos en los que el analfabetismo supera la cifra del 75 por 100. ¿Y con esta incultura se quiere tener una democracia efectiva y bien ordenada? Imposible. La base de nuestra democracia no hay que buscarla sólo en las grandes urbes, sino en el campo. Son muchos los millones de ciudadanos españoles que viven escondidos en los valles y en los pintorescos repliegues de nuestras montañas que tienen sentimiento liberal y democrático, pero carecen de la cultura adecuada para que ese sentimiento se convierta en conciencia efectiva, firme. 

Hay otra razón que dificulta el desarrollo de esta conciencia democrática: es el desenvolvimiento económico de nuestros agricultores. Viven oprimidos por los dueños de la tierra. No sólo no tienen reservas económicas, sino que no tienen siquiera los elementos indispensables para atender a sus más apremiantes necesidades. De modo que aunque ellos quieran suplir con sus recursos particulares, organizando la enseñanza de sus hijos, la insuficiencia del Estado, no pueden tampoco. A esta realidad dolorosa se debe que en los pueblos y hasta en las ciudades haya una serie de escuelas llamadas cristianas que, además de no enseñar nada útil, son un tóxico para la conciencia. Y cuando un grupo de hombres fuertes, rebeldes contra esta trágica realidad, crean una escuela y la quieren orientar de una manera libre, pedagógicamente hablando, no pueden. El jesuitismo cae sobre ellos y los inutiliza.

Los católicos españoles no quieren un pueblo culto y libre. Lo prefieren ignorante. Que rece, pero que no piense. Que crea, pero que no razone. Esta es la situación. ¿Que es triste y trágica? Exacto. Pero es así.

Y siguiendo la monarquía no puede cambiar. Es imposible. Y contra esta realidad dolorosa tiene que ir el Socialismo con resolución y energía. Y para lograr vencer no tenemos otro camino que el de la propaganda oral, para formar las Asociaciones obreras y las Agrupaciones socialistas. La propaganda «oral», entendedlo bien. El orador es para nosotros indispensable. A los analfabetos hay que convencerlos de la bondad de nuestros ideales con la palabra hablada, ya que la escrita tienen la desgracia de no entenderla. Nuestro orador no debe ser ampuloso, que se cuide más de la retórica que de la idea, del éxito personal que de la obra a realizar. Tiene que ser hombre conocedor de los problemas que tiene planteados nuestras realidad social, sereno y razonador. Cada discurso debe ser una lección de la realidad, y las lecciones tienen que repetirse muchas veces. No se debe hablar sólo de las aspiraciones, sino de la posibilidad de alcanzarlas y de las dificultades con que se tropezará para lograrlo. Razonar, convencer más que exaltar las pasiones, tiene que ser la misión de nuestros oradores.

Esta labor debemos realizarla principalmente los «autodidactos», los que nos hemos formado en los medios obreros, y por razón del ambiente en que hemos vivido y del que no nos hemos separado, afortunadamente para las ideas, estamos más en carácter para la realización de esta obra de desbrozar el camino para que luego puedan ir otros compañeros de superior cultura a perfeccionar y embellecer lo por nosotros iniciado.

Si las cosas se dieran de la manera que venimos analizando—lo que ya hemos dicho al comienzo que no deseamos—, es de esperar que vengan al Socialismo muchos sectores de intelectuales. Estos tienen una útil misión que cumplir.

La principal es la de contribuir a nuestra preparación cultural para que podamos acometer con más eficacia nuestra obra en el campo. Tienen en esto un gran papel que llenar. ¿Y cuál sería nuestra actuación operado el cambio de régimen y establecida la República ?

Dejemos esto para otro día. Pero adelantaremos que no seríamos ministerialistas. Aún no está España preparada para ello. Ministerialistas no lo seremos ni de la monarquía ni de la República. Eso de ningún modo. Sería una gran desgracia para España y para el Socialismo. Ya hablaremos de ello.

Pero seríamos un formidable sostén de las nuevas instituciones republicanas. Y no lo decimos por halagar, sino porque así está determinado por los imperativos de nuestra conciencia.

Cartas de Alemania

Los socialistas ante las circunstancias

No poco ha sorprendido a casi todo el mundo la actitud de nazis y comunistas en el Reichstag. Sólo uno de estos últimos tuvo que ser llamado, al reanudarse las sesiones parlamentarias, por el presidente, que, como sabe el lector, es el socialista Paul Loebe. Los nazis se presentaron juiciosos y atentos, en actitud de escolares obedientes. Nadie los conocía. Nadie se explicaba, salvo ellos mismos — hay que suponerlo —, ese cambio de actitud. Por el contrario, se creía, y con motivo, naturalmente, que los fascistas iniciarían, al igual que el 13 de octubre, el escándalo y el alboroto con vistas, como siempre, al desprestigio del Parlamento. No ha sido así. Y ahora no sabe uno si escribir «por fortuna» o «desgraciadamente». Porque, la verdad, lo peor que puede ocurrirle a la democracia alemana — y sólo es verdaderamente demócrata la Socialdemocracia — es que el fascismo no vuelva a armar escándalos, ni a atacar los escaparates de los almacenes, ni a cometer otros excesos que ahuyenten de sus filas, alarmada, a la gente de orden que hasta aquí le ha servido de nodriza.

El cambio de actitud, por consiguiente, solicita cierta atención de parte de todo enemigo del nacional-«socialismo».

Coincide con esa «compostura» de los nazis en el Reichstag las declaraciones del diputado Feder, teorizante fascista, de escuela pobre en sociología, quien, ante la estupefacción de los que no militan en su campo, definió nuevamente al nacional-«socialismo». Las manifestaciones de Feder ruedan todavía por los periódicos seguidas de apostillas por lo común llenas de buen sentido. Según Feder, es preciso que nadie vea en el nacional-«socialismo» un movimiento socialista. Ningún compañero nuestro de Alemania — pienso yo — había soñado con la posibilidad de que un nuevo partido proletario le ofreciera coyuntura, en caso de disconformidad con las tácticas socialista y comunista, para numerarse en sus cuadros. Esto es indiscutible.

En consecuencia, la declaración de Feder no se dirige a los socialistas, ni a los comunistas, ni a la burguesía liberal, sino en realidad a los propios afiliados al nacional-«socialismo». Y será para algunos la advertencia de origen más autorizado reveladora de que se han equivocado. Aunque es de suponer que sobren dedos en una mano para contar los miembros del partido de Hitler que creen en el Socialismo de su organización política. La base del movimiento no reside, como es sabido, más que en el nacionalismo. 

La posición de los socialistas se define actualmente por el peligro fascista. Quien se beneficia es el centro, partido gobernante. Y, lógicamente, la burguesía. Pero difícilmente puede, en justicia, censurarse a la Socialdemocracia. Se mantiene con un sentido de la responsabilidad que es buena prueba de la serenidad que hoy la sostiene y que, ciertamente, le faltó en algún momento histórico. Se beneficia la burguesía, sí. Sin embargo, no tanto como ella deseara ni tampoco como los socialistas quisieran. Ahí están, para demostrar lo que digo, los últimos acuerdos del Reichstag. El programa de reformas que elaboró Brúning antes de disolverse el último Parlamento y que, presentado a éste a primeros de julio, determinó la convocatoria de elecciones de modo mediato, se transformó, en virtud de las exigencias socialistas, en el «Notveordnung» de 1º. de diciembre. Lo cual ha implicado, en beneficio del proletariado, la reforma, con respecto al «Notveordnung» de 1.º de julio, de los seguros de enfermedad y paro forzoso y del proyecto de administración municipal. Si hubiera querido, la Socialdemocracia hubiera derrotado al Gobierno. Le hubiera derrotado antes de que el ministro de Hacienda, señor Dietrich, leyera el programa de reforma financiera en el Parlamento. Antes, en la Comisión de Presupuestos, hubiera abolido el «Notveordnung», puesto que con comunistas y fascistas la mayoría estaba asegurada.

No lo ha hecho así la Socialdemocracia. Y con su actitud ha rehuido una compañía que, a codazos, pretende abrirse camino no sabemos hacia qué infiernos. Porque al derrotar a Brüning, hoy por hoy, no existe posibilidad de constituir un Gobierno dentro de las normas parlamentarias. No existe en perspectiva más que un caos político de la peor factura que sólo podrían aprovechar los partidos de dictadura.

Y, sobre todo, los fascistas, pues los comunistas, de intentar algo, serían, llegado ese momento, las primeras víctimas del nacional-«socialismo». Ya lo están siendo en la propia carne. Y todo, en mi opinión, por la torpeza de una táctica. Quien se pare a meditar un poco tendrá, a buen seguro, un elogio para la Socialdemocracia. Precisamente en estos instantes en que los espíritus simples hacen un derroche de fuerza para dispararle censuras.

Antonio RAMOS OLIVEIRA

Berlin. 


La referencia oficial de los sucesos de Jaca

Las páginas de este número han sido revisadas por la censura.

EL PRESIDENTE NO RECIBE

Una vez que salieron los ministros, los periodistas subieron al despacho del presidente; pero en el antedespacho se enteraron de que el presidente no los recibiría.

NOTA OFICIOSA

A las dos y media de la madrugada se nos facilitó la nota siguiente :

«Desea el Gobierno que el país tenga información exacta de los sucesos relacionados con la sedición de un grupo de militares y paisanos en Jaca; pero al propio tiempo quiere evitar que noticias exageradas produzcan alarma ante la opinión, que agraven los daños producidos a la tranquilidad y crédito públicos.

A esos propósitos responden conjuntamente esta noticia oficial y el acuerdo de implantar la previa censura para toda noticia referente, al movimiento, a cualquier desorden público de todo género, a huelgas de carácter sindicalista, y ello con relación a Prensa, telegramas, telefonemas, radio y conferencias.

La referencia que de los sucesos tiene el Gobierno es que en la mañana del día de ayer, parte de la guarnición fronteriza de Jaca, unida a elementos extraños, adoptó una actitud de franca rebeldía. 

La negativa que para secundarla opusieron los jefes militares de mayor graduación, las autoridades, la guardia civil y carabineros, originó una colisión que obligó al alcalde, con los carabineros y guardia civil, a replegarse al cuartel de ésta.

Los sublevados requisaron los automóviles y camiones que hallaron a mano, y por la tarde emprendieron por carretera, en los automóviles de que disponían, su marcha hacia Huesca, habiéndoles cerrado el paso en el camino fuerzas de la guardia civil y carabineros, encontradas en el desfiladero de Ayerbe. 

La interrupción de comunicaciones no ha sido completa, a pesar de los esfuerzos de los sediciosos. Aunque con las naturales dificultades, el Gobierno fue informado por diferentes conductos, adoptando inmediatamente las disposiciones convenientes, disponiendo la concentración de fuerzas por el Sur y Oeste sobre Jaca y Huesca para marchar contra los rebeldes.

El Gobierno tiene la satisfacción de declarar que, localizado el criminal intento, en ninguna otra provincia, ni en capital ni pueblo alguno de España, se ha alterado el orden público, existiendo absoluta tranquilidad en ellos.

Confía en la serenidad de la opinión pública, a la cual desea, mediante esta veraz información, prevenir de alarmantes exageraciones, requiriendo a todos los ciudadanos a depositar su confianza en el Gobierno, que, atento ahora, como siempre, a sus deberes, será inexorable en el castigo de los culpables.»

Notas de día

DESPACHO EN PALACIO

En el'rápido de Lisboa llegó ayer mañana a Madrid don Alfonso.

Fue recibido por el presidente del Consejo, el ministro de la Gobernación y autoridades.

A las diez de la mañana acudió a Palacio el presidente, despachando con el rey durante hora y media. También despacharon los ministros de Fomento y Trabajo.

Al salir de Palacio el jefe del Gobierno manifestó que había sido un despacho corriente, en el que sometió al rey una larga firma de Gobernación y Marina.

Un periodista le preguntó qué había del indulto al señor Maciá, y contestó que cree que existe una relación de presos que van a indultarse, y que suponía que entre ellos está el señor Maciá. 

Añadió que se había autorizado al capitán general de Cataluña para indultar a varios individuos que estaban declarados en rebeldía, y que al volver a Barcelona fueron detenidos.

Se le preguntó qué había de los aviadores desaparecidos, y contestó que cree que se han visto restos del aparato en una playa que no recordaba. 

Otro periodista le preguntó si acudiría a Palacio el señor Cambó. El presidente contestó :

—No sé. Eso es cuestión de Mayordomía de Palacio.

El ministro de Trabajo dijo que no había firmado ningún decreto, y el de Fomento manifestó que había firmado unos decretos de autorización de obras y varios de personal. 

Alrededor de la huelga general en Valencia

Entre dos dictaduras:

Como ciudadanos amantes de la libertad en su más pura y amplia acepción, deploramos sinceramente los tristes sucesos desarrollados en nuestra ciudad, si bien hemos de hacer constar que en ellos no nos alcanza la más mínima responsabilidad. Odiamos la violencia, y mucho más cuando es estéril.

Nuestra posición ante las repetidas huelgas de tipo anarcosindicalista es bien conocida: somos adversarios de todo movimiento que no responda a una finalidad práctica y bien definida, y, sobre todo, de los que exigen un esfuerzo infinitamente superior a los resultados que puedan obtenerse. 

La huelga general recién terminada, aun cuando se le ha dado una significación de protesta contra la ineptitud gubernativa, lo que ha influido decisivamente en su unanimidad, en el fondo ha sido un acto de solidaridad con la actitud del Sindicato de la Madera, y esto, que muchos que han secundado la huelga un tanto sentimentalmente ignoran, tiene algo que meditar, pues se trata sencillamente de apoyar la implantación y reconocimiento legal de una dictadura del sindicalismo en perjuicio principalmente de los mismos obreros que no comulgan en el credo anarquista ni tienen por qué acatar una Organización cuya táctica de violencia y de imposición es la negación de toda libertad, y por consiguiente está en pugna con el mismo ideal que dicen profesar los anarquistas «libertarios»... 

— Esta especie de fascismo anarquista es lo que se quiere imponer al obstinarse en que sea reconocido el Sindicato y la Bolsa de Trabajo, para de ese modo tiranizar a su placer a los que permanecen alejados del Sindicato único por profesar diversas opiniones o por no estar conformes con sus orientaciones, cuyos funestos resultados todavía se recuerdan por los que vivieron aquella vergonzosa y triste etapa de la dominación sindicalista que se pretende resucitar ahora y contra la cual es preciso reaccionar para impedirlo.

Es lamentable y absurdo que muchos hombres que se consideran políticamente de izquierda presten calor a estos movimientos que sólo favorecen a la reacción, la cual explota el malestar que los inevitables desmanes y perturbaciones de los motines de esta índole llevan consigo, para procurarse adeptos, presentando a los elementos democráticos como unos dementes o unos malvados, incapaces de nada serio y grande, y eso no es verdad. 

Conste, pues, que ni los socialistas ni los que seguimos las sensatas y verdaderamente revolucionarias inspiraciones de la Unión General de Trabajadores tenemos nada que ver con los organizadores de esos movimientos estériles, contraproducentes y absurdos que con apariencias de revolucionarios sólo aprovechan para fortalecer las instituciones que se cree combatir... rompiendo cristales. 

¡Qué ilusos! Con «revoluciones» de esta índole ya hay monarquía para rato. Nosotros no podemos estar conformes con estas escaramuzas, que justifican la tradición de candidez e inconsciencia de este pueblo eternamente engañado y escarnecido por toda suerte de tiranos o aspirantes a dictadorcillos de la organización obrera.

Eso no es revolucionario, a lo sumo es un sainete tragicómico en que la víctima es el mismo pueblo, que todavía no ha aprendido que un motín no es una revolución. Para ésta estaremos siempre dispuestos; para lo otro, no.

Aniceto IRANZO


Páginas de la historia

(21 de julio de 1923)

CIVILISTAS FALSOS

Aprovechando la torpeza de expresión del general Aguilera en su carta a Sánchez de Toca y en su discurso del Senado dando explicaciones sobre la misma, gran número de políticos, simulando por el Poder civil un celo extraordinario, han dado vivas a ese Poder y mostrándose resueltos enemigos de cuanto contra él vaya.

¿Hay sinceridad en esos políticos? ¿Expresan lo que su corazón siente? ¿Son verdaderos enamorados del civilismo? ¡Qué han de ser! Son los que más le han traicionado, los que más le han echado por el suelo.

De lo que afirmamos hay pruebas a montones.

¿Quiénes forjaron la ley de Jurisdicciones y quiénes la mantienen? Esos que ahora chillan a favor del Poder civil. 

¿Quiénes han sufrido la vergüenza de consentir constantemente el veto o la imposición de las Juntas de defensa militares? Esos chillones. — 

¿Quiénes, mientras halagaron a dichas Juntas y se postraron ante ellas, sólo tuvieron arrestos para disolver las de brigadas y sargentos? Los mismos.

¿Quiénes los que, estrujando económicamente al país, han elevado a enorme cifra el presupuesto del ministerio de la Guerra? Los mismos también.

¿Quiénes, sangrando infamemente a la nación en su bolsillo y en la vida de sus hijos, crearon con la aventura de Marruecos una fábrica de beneficios, más o menos limpios, para el elemento militarista? Los que ahora se las echan de partidarios rabiosos del Poder civil.

¿Y quiénes han sido los que han hecho héroes de jefes militares que merecían haber sido encerrados en un castillo? Pues esa misma gente.

¿ Y quiénes han mimado a toda hora, en todo momento, a los que arrastran sable y alardean de disponer de una fuerza que legalmente no es suya, sino de la nación? Los que ahora se exaltan porque el general Aguilera ha dicho que procederá violentamente si se ponen obstáculos en el asunto de las responsabilidades a la acción de la justicia.

Si; son unos fariseos, unos hipócritas, los que ante la actitud del presidente del Consejo Supremo de Guerra y Marina hacen ostentación de su amor al Poder civil; como farisaica e hipócrita es la Fatalidad, más culpable que nadie de los desastres ocurridos en África, al adherirse indirectamente a la conducta del general Aguilera en la cuestión con Sánchez de Toca.

Los civilistas lo son ahora, no porque sientan verdadero cariño por el civilismo, sino porque adoptando esa postura quieren extraviar a la opinión acerca de las responsabilidades, y más aún ver si consiguen que salte de la presidencia del Consejo Supremo de Guerra el mencionado general.

Les duele, les ha llegado al alma a esos falsos partidarios del Poder civil que el general Aguilera, mostrándose recto y severo en el Tribunal que preside al juzgar a los militares que en Marruecos desertaron de su deber, haya puesto en el trance a algunos gobernantes de purgar las faltas que, con motivo de la guerra en aquel territorio, han cometido. Si Aguilera cayese, si se anulara, si en lugar de rigor en las sentencias del Supremo de Guerra, hubiera benevolencia y blandura, no se impondría la necesidad de las responsabilidades civiles y podrían librarse así de todo castigo hombres que con sobrada razón lo merecen.

A eso tiran los que ahora fingen un civilismo que nunca tuvieron; eso es lo que buscan los que hoy se las echan de adalides del Poder civil. Pero su treta no tendrá éxito. Dudamos mucho que logren arrancar de la presidencia del Consejo Supremo de Guerra y Marina al general Aguilera; mas si lo lograsen, lejos de conseguir lo que buscan—que quede en la impunidad el gran daño que han hecho al país ciertos gobernantes—harían más fuerte, más arrolladora, la corriente de opinión que clama por que se imponga a aquéllos la pena a que se han hecho acreedores.

No estamos en 1898. Sin tener toda la que fuera de desear, tiene hoy la nación española más sensibilidad que entonces; tiene también alguna dignidad más, y por virtud de poseer ambas cosas, no puede pasar ahora lo que aconteció en aquella época. Tras el desastre colonial, ni rodó el trono, cual lo había merecido, ni se impuso ningún castigo a hombres políticos ni a militares.

El derrumbamiento de la Comandancia de Melilla no ha hecho rodar todavía a la monarquía (pudiera tumbarla mañana), pero ha originado ya el castigo de cierto número de militares culpables y está a punto de hacer lo propio con algunos hombres políticos. Las maniobras que se hagan para impedir esto último es casi seguro que fracasarán. La opinión pública está muy alerta y no consentirá que aquéllas hagan imposible el triunfo de la justicia. 

Purguen sus faltas nuestros gobernantes ; rectifiquen su conducta cobarde con el militarismo, y entonces tendrán derecho a que crea el pueblo en su amor al Poder civil. Mientras no hagan eso, su civilismo será juzgado como una tremenda superchería.

Pablo IGLESIAS


En el Ateneo 

La reforma escolar soviética

En la Sección de Pedagogía expone Zulueta el plan del curso. Desarrolla a maravilla el primer tema nuestro compañero Llopis entre clamorosos aplausos.

Con lleno rebosante del salón y las tribunas, como en las mayores solemnidades, la Sección de Pedagogía ha comenzado sus tareas de curso en la docta Casa.

Ocupan la cátedra don Luis de Zulueta, presidente de la Sección, teniendo a su derecha al secretario de la misma, señor Ballester, y a su izquierda al conferenciante.

Recibidos entre aplausos, el señor Zulueta dice que el estudio pedagógico gana interés en nuestro país en cuanto el interés político se despierta y manifiesta, Que ese interés plasma en un anhelo evidente de reforma, es prueba palmaria de que nadie está satisfecho con el estado actual de nuestra organización pedagógica, y mucho menos con sus orientaciones, dotaciones, normas y principios. Ello justifica que la Sección de Pedagogía del Ateneo traiga a estudio y examen en este momento el asunto de la reforma, previa la preparación del ambiente, que deben hacer tres conferencias de tipo informativo, confiadas a los señores Llopis, Bullón y Ballester a fin de que sean conocidas las tres directrices fundamentales de la renovación pedagógica de la postguerra, marcadas por Rusia, Italia y Austria. 

Conocidas esas informaciones, entraremos a discutir la Memoria reglamentaria, en la cual centraremos el asunto, tomando por eje la discusión de la «Escuela única».

Presentó después al conferenciante Llopis, al que dedica elogios, recordando con emoción los tiempos en que con él convivió en la cátedra. 

Vivamente impresionado, nuestro compañero Rodolfo Llopis dice al comenzar que la pintura o semblanza trazada por Zulueta tiene el valor de presentarle no como él es, sino como quisiera ser. Y ya es algo—agrega—tener como aspiración o estímulo algo que conduce a la propia superación.

El superarse por una renovación de valores que hicieron crisis en la guerra es ansia regeneradora de los pueblos que no perdieron su personalidad. Austria y Rusia buscaron por nuevos caminos normas nuevas. Italia, en lo mismo que originó su crisis, pugna por encontrarla. Todas, cuando fracasan y rectifican en la revolución política, en la revolución social y, en las intentonas de revolución general, descubren que nada hay firme en ninguna revolución como no se plasme y plantee con seriedad y decisión en un sentido franco de revolución pedagógica que las contenga, defina y concentre a todas.

El fenómeno se presenta en Austria como fruto de un pacto entre todas las tendencias cristalizadas en todos los partidos; en Rusia es el efecto inmediato de un partido triunfante, el único que perdura, queda y actúa sobre la escombrera y las ruinas del zarismo.

No se puede hablar de Rusia sin temor, ya que cada uno se ha ido haciendo aquí una estampa o imagen mental de Rusia, que responde a sus lecturas, hechas a la medida de cada interés, gusto y temperamento. No es posible enjuiciar con criterio europeo y capitalista a Rusia. Para saber lo que es Rusia, hay que verla sin nieblas en el espíritu, hay que mirarla en lo que es, luego de haberla visto en lo que fue.

El maestro Cossío me encargó al marchar, cuando allí fui procurando olvidar cuanto había leído : 

—Vea la pintura y las escuelas, que ellas le permitirán apreciar lo que aquello fue y lo que ahora es.

Esclavitud hasta 1861, explotación inhumana siempre; el grito de tierra y libertad como manifestación de vida que se escapa del pecho en un pueblo llevado al trance terrible de la desesperación ; el capitalismo ciego, cada vez más oprimente, que víctima de su propia obra pone cerco al incendio por él provocado como última consecuencia de la ambición vesánica. Ante la revolución arrolladora y que triunfa porque tan fuerte fue la opresión, que estallaran al fin los resortes y ligaduras en que los opresores, constreñían al pueblo. Europa se repliega y presenta el frente militar, el frente económico y el frente aislador de toda idea, de todo sentimiento, de toda relación humana.

El pueblo ruso tiene que bastarse a sí mismo y crea, crea cosas que tiene que ir rectificando una por una y muchas a la vez; pero acierta en la que menos podíamos pensar nosotros, los occidentales; acierta en la reforma pedagógica, que le da un frente invulnerable contra toda injerencia y toda invasión ; su creación definitiva es el frente pedagógico. 

Rusia se refugia en la renovación educativa para impedir el salto atrás, y define: «Ser educador es ser verdaderamente revolucionario.» Toda revolución carece de sustancia vital si no tiene para su uso una pedagogía propia y peculiar.

Es entonces cuando surge da fórmula sustantivadora de la revolución rusa : «Cueste lo que cueste, hay que apoderarse del alma del niño. El problema de la calidad y no el de la cantidad es lo que importa a la comunidad social.» 

La pedagogía entonces se agranda de horizontes; es la familia lo primero que es indispensable cambiar, infiltrando en, sus relaciones libertad y garantizando, no la unión de los padres sino la buena salud, educación y feliz crianza de los hijos, a los cuales, mirados como producto social, hay qué individualizarlos para aprovechar todas sus valencias en bien de la colectividad, y nunca de la minoría, poseedora del bien común. 

En éste aspecto, la procreación es libre; pero garantizado el fruto que obliga por igual a ambos progenitores y al Estado. 

Hizo entonces el conferenciante una exposición amenísima de la organización en los sanatorios, base de la hospitalización forzosa para garantizar el aborto voluntario y la procreación, interesando en ello a la madre, a la que garantiza medios de subsistencia y recursos para no mermar su libertad.

Describió las «crechs», los jardines de los niños, la escuela única gradual y de trabajo, que no se cierra hasta sus grados superiores o universitarios más que a los incapaces o a aquellos que tienen en sí muy próxima la herencia racial de la burguesía. 

Nos presentó el teatro, la radiodífusión, el periódico, el viaje y la vivienda al servicio de la educación general, y las formas en que el trabajo escolar se realiza, favoreciendo la iniciativa y la actuación soviética de los muchachos, a los que se atiende cuando hacen reclamaciones a los Poderes como si fuesen hombres.

Cita la contestación que dan a sus preguntas de viajero sobre la persecución religiosa.

—Al principio—afirmó cierto delegado —hicimos mártires fusilando a los popes ; ello no nos dio resultado ; mas ahora nos limitamos a obligar a trabajar a los popes, haciendo francamente antirreligiosos a los niños.

Nosotros, los occidentales—opuso el compañero Llopis—, proclamamos que se debe respetar el alma del niño.

—Eso es una hipocresía—contestaron—; si triunfara entre vosotros la revolución, no os podríais conformar con ello, porque no os bastaría para afirmarla. 

¿Qué quedará—acaba preguntando el conferenciante—de toda la obra revolucionaria de los rusos?

¿La justificación hasta de la crueldad si se mira al pasado y se compara con las aspiraciones y realidades del presente? No lo sé; pero que algo habrá de quedar en bien de la colectividad humana y capaz de impulsar a ésta hacia el progreso, lo tengo por seguro y evidente.

Lo que no puede negarse es que el momento reformador en que se presenta la pedagogía soviética resulta carente de interés. 

— JUNOLO

Depuración a chorro continuo

MOSCU, 11. — La Comisión central interventora del partido comunista ha expulsado a 27 afiliados pertenecientes a la oposición de derecha, acusada de no seguir las normas marcadas por Stalin.

El Soviet de Moscú ha expulsado a 163 miembros y ha rechazado a 74 aspirantes por estar afiliados a la oposición de derecha. Algunos de ellos han sido detenidos. 

Todos los dirigentes del Comité central de la Federación del Personal Sanitario y Médico han sido excluidos de la Federación por ser «oportunistas».


Un crimen político

Noé Ramichvili

El camarada Noé Ramichvili, que hace pocos días fue asesinado en París por un compatriota suyo, era un conocido militante del Partido Social-demócrata georgiano.

Nacido en 1881, Ramichvili se afilió muy joven aún al movimiento revolucionario y socialista en la Rusia de los zares. Su energía, su valor, su adhesión a la causa de los trabajadores rusos y georgianos le señalaron desde luego como uno de los líderes de la Socialdemocracia rusa, a la que entonces pertenecían los socialistas georgianos. Fue miembro del Comité central del Partido. 

Cuando Lenín llegó al poder y Georgia proclamó su independencia, Ramichvili fue, con Jordanio y Tseretelli, el creador del nuevo Estado que intentaba, entre las ruinas de la guerra mundial, de la guerra civil y de la revolución, conservar en Georgia un régimen republicano democrático y social. Ocupó sucesivamente los cargos de primer ministro, en 1918, de ministro del Interior y de Instrucción pública.

Al terminar en Rusia la guerra civil, pareció que Georgia podía aspirar a una existencia tranquila. ¿No habían reconocido los Soviets la independencia de aquella pequeña República gobernada por los socialistas? ¿No habían concertado los bolcheviques con Georgia un tratado de amistad?

Bruscamente, sin declaración de guerra, el ejército rojo invadió Georgia en 1921. A pesar de la resistencia heroica de todo un pueblo ansioso de libertad y de independencia, que defendió palmo a palmo su territorio, el ejército rojo, mucho más numeroso, logró triunfar. Ramichvili hubo de expatriarse con sus amigos y fijó su residencia en París.

El domingo pasado, cuando se dirigía a la reunión habitual del Grupo socialista georgiano de París, fue cobardemente acometido por un compatriota suyo, enemigo político o desdichado inconsciente. 

Ramichvili estaba empleado en la Legación de Georgia en París y deja viuda y cuatro hijos pequeños.


(ABC, Madrid, sábado 13 de diciembre de 1930)

EN JACA, PARTE DE LA GUARNICIÓN Y ELEMENTOS EXTRAÑOS A ELLA INICIAN UN MOVIMIENTO REBELDE

Notas oficiales. El acuerdo de implantar la previa censura de Prensa. Referencia del Gobierno. Concentración de fuerzas para marchar contra los rebeldes. Localizado el criminal intento, existe absoluta tranquilidad en el resto de España. El castigo de los culpables será inexorable.

Ni contra la dictadura hubiéramos aprobado nosotros la acción revolucionaria. Teníamos y tenemos fe en la causa del derecho, que al fin triunfa siempre de todas sus crisis y prevalece sobre todos los obstáculos. Sabíamos que aquel régimen, excediéndose en su cometido transitorio; falto ya de títulos y de razón, sin el apoyo y sin el consentimiento del país, tenía que caer, como cayó. Con todo su poder, no pudo evitar que lo arruinaran la crítica y el descontento de la opinión. Una cuestión de plazo, dijimos muchas veces, no merecía el precio que costara precipitar el desenlace con el desorden y la discordia. Pero, después de todo; la nación estuvo sojuzgada seis años, excluida del derecho, privada de sus libertades, humillada en su dignidad; nos Hubiéramos explicado entonces la impaciencia y el arrojo de los oprimidos. La Dictadura cayó sin tener que reñir ninguna batalla: se le opusieron dos débiles tentativas, que dominó fácilmente. ¿Por dónde andaban en aquellos días los revolucionarios de ahora?

Enfrente de la Dictadura, desde luego, aunque no todos; y todos en su casa, esperando cómodamente su hora. Su hora era la caída de aquel régimen, la desaparición del peligro, la restauración de la legalidad, que suprime riesgos y facilita preparaciones desleales, Ahora, cubriéndose la conspiración con el pérfido empleo de la libertad, salen los despechos y las pasiones que ahogó la cobardía en los momentos más propios de la lucha.

Lo que no se hizo para derribar la Dictadura, para restablecer la legalidad, para devolverle a la nación su derecho y su régimen, ¿para qué se hace? ¿Para traer la República, para reorganizar el Estado, para cambiar la Constitución? Todas estas aspiraciones tienen camino en la legalidad, que gana en amplitud y eficacia todo lo que se le preste en respeto y lealtad. Comprenderíamos también que prescindiesen de los procedimientos legales los que pudieran hacer una revolución; pero no es una revolución lo que pretenden los revolucionarios, ni sueñan con su posibilidad, ni se engañan sobre sus medios, sino que van a sabiendas al desorden estéril, al escándalo, a la obstrucción de la política normalizadora, a vejar el crédito exterior de España, a hundir la moneda y los valores públicos, a sembrar la inquietud, a. estimular los instintos de rebeldía, producir el mayor malestar posible...

Sencillamente, a vengar su impotencia, castigando con la privación de la paz al país que los repudia. Es lo menos innoble que se puede apreciar en disturbios como el de ayer. Infructuosos para la causa que invocan, suelen no serlo tanto para otros fines que en estas algaradas vergonzosas hallan servicio consciente o inconsciente.

Tenía declarado el Gobierno y en su nota de la madrugada reitera el propósito de proceder con rigor inexorable al castigo de la sedición. Muy necesaria es, absolutamente necesaria, la ejemplaridad que debe corregir de una ves el estado de cosas que inquieta al país, el ambiente de provocación y de audacia en que se agitan unos cuantos conspiradores aventureros. La flaqueza del Poder sería estrago mucho más grave que el de la sublevación, dominada desde el primer momento.

Las notas oficiales del Gobierno

A las dos y media de esta madrugada el subsecretario de Gobernación, Sr. Martínez Acacio, entregó a los periodistas la siguiente nota:

“Desea el Gobierno que el país tenga información exacta de los sucesos relacionados con la sedición de un grupo de militares y paisanos en Jaca; pero al propio tiempo quiere evitar que noticias exageradas produzcan alarma ante la opinión que agraven el daño producido a la tranquilidad y crédito públicos por la descabellada intentona de los sublevados.

A esos propósitos responden conjuntamente esta noticia oficial y el acuerdo de implantar la previa censura para toda noticia referente al movimiento, a cualquier desorden público de todo género, a huelgas de carácter sindicalista, y ello, con relación a Prensa, telegramas, telefonemas, radio y conferencias.

La referencia que de los sucesos tiene el Gobierno es que en la mañana del día de ayer parte de la guarnición fronteriza de Jaca, unida a elementos extraños, adoptó una actitud de franca rebeldía. La negativa que para secundarla opusieron los jefes militares de mayor graduación, las autoridades, la Guardia civil y los Carabineros originó una colisión, que obligó al Alcalde, con los carabineros y guardias civiles, a replegarse al cuartel de éstos. Los sublevados requisaron los automóviles y camiones que hallaron a mano, y por la tarde emprendieron por carretera y en los automóviles de que disponían, su marcha hacia Huesca, habiéndoles cerrado el paso en el camino fuerzas de la Guardia civil y carabineros concentradas en el desfiladero de Ayerbe.

La interrupción de comunicaciones no ha sido completa, a pesar de los esfuerzos de los sediciosos, Aunque con las naturales dificultades, el Gobierno fue informado por diferentes conductos, adoptándose inmediatamente las disposiciones convenientes, disponiendo la concentración de fuerzas por el Sur y Oeste, sobre Jaca y Huesca, para marchar contra los rebeldes.

El Gobierno tiene la satisfacción de declarar que, localizado el criminal intento, en ninguna otra provincia, ni en capital ni pueblo alguno de España se ha alterado el orden público, existiendo absoluta tranquilidad, en ellas. Confía en la serenidad de la opinión pública, a la cual desea mediante esta veraz información prevenir de alarmantes exageraciones, requiriendo a todos los ciudadanos a depositar su confianza en el Gobierno, que, atento ahora como siempre a sus deberes, será inexorable en el castigo de los culpables.” 

En Gobernación facilitaron, a las cinco menos cuarto de la madrugada, esta nota:

“A última hora de la madrugada el Gobierno ha adquirido noticias directas de Jaca, comunicadas por personas que han entrado en la plaza, y ellas permiten conocer la verdadera índole de los sucesos, de menor gravedad de la que le asignaban las primeras noticias recibidas, harto incompletas por la dificultad de comunicaciones con aquella plaza.

Parte de la guarnición continúa resistiendo, y la limitación del movimiento da la seguridad de que dentro de muy pocas horas habrá terminado por completo el desdichado suceso.”

La información en Barcelona

Barcelona 12, 12 noche, La Policía se ha personado esta tarde en las imprentas de los diarios, haciendo suspender el tiraje, que en aquellas horas se estaba verificando, y comprobaron los ejemplares que ya estaban confeccionados.

A La Nau, La Veu de Catalunya y La Noche se les permitió la salida y a los vendedores se les autorizó para vender los ejemplares, después de recoger palabra de honor del regente de la imprenta de que no se haría otra edición sin avisar a la Jefatura de Policía. 

NOTA DEL SR. CAMBO ACERCA DE LOS PROBLEMAS NACIONALES

Manifestaciones del ex ministro regionalista

Al entregar la siguiente nota, el ex ministro regionalista D. Francisco Cambó conversó breves momentos con los periodistas que habían acudido para saludarle.

Como éstos le dijeran que lo encontraban muy bien de aspecto, contestó que, afortunadamente, se encontraba mejor que nunca.

—En mayo—agregó estaré en situación de cantar en cualquier teatro, y aceptar las contratas que se ofrezcan.

Explicó que par evitar confusiones y sentar bien sus juicios, había querido dar una nota tan extensa. Se mostró muy agradecido a las atenciones que para él tiene la Prensa madrileña.

Pienso—añadió—venir a Madrid con frecuencia, Pondré casa aquí, y estaré en frecuente contacto con ustedes. He vivido tres o cuatro meses en camelo, porque yo no quería que se enteraran de mi enfermedad.

Lo hacía porque de este modo no me vería forzado a dejar de cumplir cualquier compromiso que contrajere.

Confirmó que el domingo, probablemente, regresará a Barcelona. 

—Lo que no sé, señores—dijo—, es de dónde ha salido esa noticia de mi visita a S. M. el Rey, porque no he tenido ese propósito.

He aquí la nota del Sr. Cambó:

« A guisa de prefacio

Hace tiempo que está de moda en España la expresión de que todos los políticos han de definirse. "

Muchos han creído hacerlo con una sola frase y hasta con una sola palabra. Yo necesito, para hacerlo, llenar muchas cuartillas. Yo no entiendo que sea definirse fijar un rótulo en una fachada: yo, para hacerlo, voy a abriros de par en par las puertas y ventanas de la mía para que veáis lo que opino sobre los principales problemas que más preocupan, o que, a mi juicio—falible como todos—, deberían preocupar hoy a todos los españoles. Y dejo a la opinión que me ponga el rótulo calificativo que mejor le plazca.

Hoy me limito a exponer la síntesis de mi juicio sobre los problemas que enumero, con la mayor claridad y brevedad posibles. Después en artículos expositivos y polémicos, completaré y justificaré los juicios que hoy expongo.

No es de hoy, sino desde el momento en que cayó la Dictadura, que tengo el decidido propósito de actuar en la política general española, con la determinación de realizar desde el Gobierno, si obtengo en toda España los necesarios concursos, cuanto sea posible de la ideología, cuyas lineas generales quedan trazadas en estas notas, sin la ridícula petulancia de reputarlas definitivas, pues siempre estaré dispuesto a buscar la fórmula que mejor pueda resolver los problemas que la realidad vaya creando y modificando.

Monarquía o República

Ante es lema—que por su simplicismo es el más adecuado para apasionar a una gran parte de la opinión española—caben tres posiciones doctrinales:

La de los que proclaman que la Monarquía es consubstancial con España, y afirman, en consecuencia, que en ningún caso puede admitirse la substitución del régimen monárquico por el republicano.

La de los que, por el contrario, estiman que la Monarquía es incompatible con la justicia y con la libertad individual y colectiva, y plantean, lógicamente y como cuestión previa, la necesidad de implantar la República.

Hay, finalmente, aquellos—entre los cuales siempre me conté—que ni creen en la consubstancialidad de la Monarquía con España, ni en la de la libertad y la justicia con la República, sino que estiman que la elección entre las dos fórmulas debe decidirse teniendo únicamente en cuenta las ventajas que cada una de ellas pueda ofrecer para un país determinado, en un momento determinado de su historia, excluyendo la eventualidad y las inciertas derivaciones del cambio, mientras hechos y circunstancias de mucha monta no lo impusieren.” 

La realidad presente os dice que hoy el problema de la forma de Gobierno, no interesa, excepto España, a ningún país civilizado, ni de Europa ni de América. En todos ellos (Monarquías o Repúblicas) son los formidables problemas, substántivos de la hora presente los que absorben la atención de gobernantes y gobernados.

Es notorio igualmente que el grado de cultura, libertad y bienestar de los ciudadanos no tiene nada que ver con la forma de Gobierno; el ejemplo admirable de las Repúblicas suiza, americana, checoeslovaca, francesa y alemana, la encontramos en igual grado o superior en las Monarquías inglesa, sueca, Noruega, danesa, belga y holandesa, como los mayores ejemplos de incultura, miseria y despotismo los encontramos repartidos indistintamente entre Monarquías y Repúblicas.

Para cambiar el régimen monárquico por el republicano se ofrecen dos caminos: el de conquistar la opinión pública, exponiéndole concretamente las ventajas que el cambio de régimen deba traer, en forma que compensen con exceso los inconvenientes que el camino pueda acarrear, o el de la revolución, acto de fuerza, preparado en la sombra, a espaldas de la opinión, que no tiene necesidad alguna de contar con la mayoría del país.

El primer camino que debería culminar en un triunfo electoral ante el cual el Rey no tendría más remedio que inclinarse, es rechazado manifiestamente por los republicanos. Y de este abandono no puede darse más que una explicación: la pereza y la falta de fe.

Declarar que en España son imposibles unas elecciones sinceras es una inexactitud. Cuando la Solidaridad catalana, al impulso de un movimiento de opinión verdadero cayeron en Cataluña todos los cacicatos (que estaban tan arraigados como pueden estarlo hoy en la provincia más caciquil de España) y la voluntad popular acaparó la representación parlamentaria catalana.

Yo sé que los republicanos españoles no fían más que en la revolución para traer la República, y yo me permitiré dirigirles algunas observaciones.

Yo les ruego que se sitúen en 1930 y recuerden que ni una sola de las revoluciones burguesas que llenan la historia del siglo XIX ha triunfado en el XX, por la sencilla razón de que las revueltas de los paisanos se hicieron imposibles desde el momento en que las armas de la fuerza pública son una cosa muy distinta de las escopetas que emplean los paisanos para cazar perdices. Y la burguesía, la gran fuerza revolucionaria del siglo XIX ha dejado de serlo desde que ha visto de cerca la posibilidad de una revuelta social.

En lo que va de siglo no hemos visto más revoluciones triunfantes que las que hicieron los militares o aquellas—como las de Hungría e Italia—en que el Gobierno entregó el Poder a los revolucionarios.

La revolución de Lenin fue una revolución militar, hecha con cañones, ametralladoras y carros de asalto.

Hoy sólo se puede pensar en una revolución militar capitaneada por un general, que se proclamaría dictador o protector, o en una revolución de sargentos y soldados que, al destruir el elemento de coacción con que ha de contar todo Poder público entronizaría un régimen puramente anárquico. Y no creo que estas perspectivas puedan despertar grandes entusiasmos.

Política cultural

Algo ha prosperado España en esta matería en lo que va de siglo, pero es mucho aún lo que le queda por hacer. Hay que tener presente que España cuenta en el mundo mucho más por su arte y por su literatura que por sus pretéritas conquistas y que por sus empresas industriales y mercantiles.

Y no hay que olvidar, para mantener vivo el sonrojo y el remordimiento, que por una centésima parte de lo que hemos gastado en Marruecos hubiéramos evitado el despojo de nuestro patrimonio artístico que se ha consumado en los últimos cincuenta años.

La lucha por la cultura ha de alcanzar todos los grados y ha de extenderse a todos los frentes.

El Estado tiene el deber de aplicar un inmenso esfuerzo al desarrollo de los Centros oficiales de cultura en todos los grados, desde los Centros superiores—así de aquellos donde se elabore la cultura como de los que forjan los hombres que habrán de difundirla—hasta la extensión y perfeccionamiento de la enseñanza primaria, haciendo lo preciso para acabar en pocos años con la lepra del analfabetismo.

Y una orientación cultural del Estado exige una política del libro y el aprovechamiento, en gran escala, de los formidables medios de difusión que nos ha dado la ciencia moderna y que se llaman el cine y la radio.

Y para que esta labor sea rápida y eficaz, no se deben contrariar, sino estimular con ahínco los concursos de la iniciativa privada y de las Corporaciones locales, pues debe mantenerse el principio de la Constitución del 76, que consagra la libertad de enseñanza, inspeccionada y vigilada por el Estado para que en su ejercicio no se infrinjan los principios que la Constitución establezca.

Es preciso que, aun para la acción que el Estado se reserve en la obra de la cultura, evite en lo posible las influencias asfixiantes de la burocracia y del escalafón, delegando siempre que sea posible y sin perjuicio de los derechos legítimamente adquiridos el ejercicio de su propia acción en organismos autónomos que aseguren una mayor competencia y una mayor continuidad.

Política social

España ha de avanzar en el camino de la política social, a pesar de los notorios estragos ha producido en los países que la han seguido con más audacia que prudencia y han tenido más en cuenta la demagogia electoral que las posibilidades financieras del país. Precisa, indudablemente, aprovechar las dolorosas experiencias que nos ofrecen aquellos países (especialmente Australia, Alemania e Inglaterra) para evitar los errores y los daños que hoy confiesan y lamentan.

Pero al avanzar en el camino de la política social hay que resignarse, desde luego, a las repercusiones que ha de tener en el presupuesto del Estado, y hay que estar plenamente convencidos de que la política social más generosa no calmará las impaciencias ni atenuará las acometidas proletarias.

Debe avanzarse en el camino de la política social por espíritu de justicia y por sentimiento de humanidad, pero sin esperar ni gratitud ni siquiera justicia.




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