miércoles, 2 de septiembre de 2026

El atentado de Río de Oro de 1885

El Diario español, 27 de marzo de 1885, página 1

EL ATENTADO DE RIO DE ORO 

Saben nuestros lectores que hemos procurado caminar con prudencia al tratarse de la fundación de establecimientos coloniales debidos á la iniciativa particular en la costa Occidental del África. 

 

Ayer mismo, antes de que el telégrafo trasmitiese las sensibles noticias relativas á las factorías españolas en la península de Río de Oro, exponíamos en un artículo que la colonización tiene sus trámites ó procedimientos que no deben ser violentados so pena de arrostrar grandes contratiempos y revéses. No hemos mostrado, pues, el entusiasmo un tanto irreflexivo que una parte del público, al saberse que en un solo viaje habríamos adquirido 500 millas de costa y vasta extensión de territorios, siquiera la una y los otros confinasen con el Desierto de Sahara, que pocos elementos puede ofrecer para la contratación; pero no juzgamos oportuno insistir en este orden de reflexiones, hoy que la noticia del atentado de que ha sido teatro la factoría de Río del Oro se halla oficialmente confirmada por el gobernador de Canarias.

El telegrama de aquella autoridad conviene, en efecto, en todas sus partes con el trasmítido por la «Agencia Fabra».

Como detalle nuevo dice que los árabes buscaban al Sr. Bonelli, que afortunadamente se encuentra en Madrid hace dos días, de regreso de aquel punto. Los españoles, al ser acometidos, se retiraron a una de las obras en construcción, siendo allí muertos los seis, y los demás heridos y cautivos.

El telegrama no precisa el número de españoles que había.

Antes de exponer opinión propia acerca de este suceso, apuntaremos algunos antecedentes relativos al establecimiento de la mencionada factoría y a la toma de posesión por viajeros españoles de la parte de costa africana comprendida entre los cabos Bogador y Blanco. A mediados de Diciembre último se fundaron en la península de Río de Oro, en la bahía de Cintra, y en un puerto natural del referido cabo Blanco, tres establecimientos comerciales o factorías con los nombres de Villa-Cisneros, Puerto-Badía y Medina-Gatell, cuyos establecimientos se componían de un edificio provisional de madera, para almacén de géneros, vivienda y depósito de arte de pesca.

En las aguas de Villa-Cisneros se había instalado un pontón, la goleta Inés, y en las de Medina-Gatell el pailebot Libertad, ambos mercantes.

Dos compañías de pesquerías canario-africanas proponíanse construir en estos puntos grandes edificios para secar y salar el pescado y fabricar conservas, grasas, guano, etc.

Los moros habían acogido perfectamente a los colonizadores y manifestado que si éstos establecían despachos en la costa, y el tráfico adquiría condiciones de regularidad, acudirían á comprar y vender desde muy largas distancias.

El fanatismo religioso, inextinguible en los árabes, ó los instintos propios de poblaciones no civilizadas han podido más que el interés, y los aduares vecinos á aquellas factorías han preferido á comerciar con ellas hacerlas desaparecer, poniéndolas fuego y asesinando á sus moradores.

Como sucede siempre aquí, la opinión se muestra pronta á extraviarse, convirtiendo un asunto que es propiamente nacional en materia política, y buscando modos y caminos para exigir responsabilidades al Gobierno.

No nos inspira éste gran interés, ni tenemos en su previsión, actividad y energía mucha confianza, por lo que guardaríamos silencio en este asunto, á no ser por la consideración de que desconociéndose su verdadera índole, nada se lleve á cabo que equivalga á una reparación, que muestre vivo el espíritu nacional y sirva de garantía en adelante y de estímulo á las empresas colonizadores. 

Por lo mismo debemos recordar que la factoría de Río de Oro ha sido y es una empresa privada que inició la compañía mercantil Hispano-Africana, y que desenvolvió con conocimiento y aplauso del Gobierno, pero sin recibir sanción oficial. Un buque de guerra ha permanecido algun tiempo en aquellas aguas protegiendo los trabajos de instalación y amparando con el prestigio de su bandera y de sus cañones la naciente empresa; pero ese buque no podía estacionar indefinidamente en un punto donde no había depósito de carbón ni ninguno de los elementos que le eran necesarios; y su marcha y la ausencia de buques mercantes ha determinado el ataque de los árabes, que habían engañado con falsas demostraciones de amistad a los colonos.

Decimos esto juzgando que importa mucho determinar desde el principio si corresponde a la iniciativa particular que fundó aquellas factorías mantenerlas, vengando al propio tiempo el ultraje causado al honor de la nación. Claro está que esa iniciativa privada debe ser y será sin duda secundada por el Gobierno, que no puede permanecer indiferente en un asunto que le proporciona él un nuevo contratiempo y otro desengaño y al país una nueva calamidad; pero una cosa será que el Gobierno secunde y apoye los esfuerzos que para castigar y reparar el desastre, y todavía más que para eso para evitar su repetición en lo futuro practique la compañía Hispano-Africana, y otra cosa distinta que el Gobierno tome a su cargo establecer en el Río de Oro fortalezas, guarnecerlas con soldados y cañones y destinar tropas que avancen hasta el desierto, persiguiendo á los aduares que llevaron á cabo el atentado. 

Esto último, sobre ser una muestra de debilidad por parte de la masa de la nación, nos parecería muy costoso y aún desproporcionado al objeto á que se debe atender, y no en relación tampoco con los antecedentes ni con los orígenes del establecimiento colonial de que se trata.

El Noticiero, 9 de mayo de 1885, página 2

LAS PALMAS (Gran Canaria) 7. — (Por el cable de la Compañía Nacional Española.) Ha llegado á este puerto procedente de la Península el vapor Rio Oro, propiedad de la Compañía Hispano-Africana. Saldrán en breve para la costa occidental de Africa con objeto de restablecer y dar nuevo impulso á las factorias de dicha sociedad.

La Unión comercial, 17 de mayo de 1885, página 20

La Compañía Hispano-Africana ha restablecido las factorías de Río de Oro, que, como saben nuestros lectores, fueron destruidas por los naturales de aquel país, proponiéndose dar de nuevo gran impulso al comercio á que venía dedicándose.

Revista de geografía comercial, 30 de junio de 1885, página 11

ESPAÑA EN EL SAHARA

... 

La Compañía Hispano-africana de Madrid terminó sus preparativos y dió principio á las transacciónes con los naturales del Sáhara occidental. En el mes de Febrero había gran animación en Río Oro: 16 pailebots de Canarias, con una tripulación de 800 hombres, pescaban en la bahía, protegidos por la goleta de guerra Caridad; 12 albañiles y carpinteros construían para la citada Compañía comercial un edificio de piedra, —al lado del de madera erigido por la Sociedad Española de Africanistas, donde ondeaba la bandera española, custodiada por cuatro marineros armados; el vapor Rio de Oro, ayudado por los cuatro empleados de la factoría, cargaba ganado para Canarias y lana y pieles para Sevilla, á cambio de manufacturas europeas, que recibían gozosos los moros; la Compañía madrileña preparaba una nueva emisión de acciones para adquirir otro vapor en Inglaterra y edificar otra factoría en Cabo Blanco; la Sociedad de Africanistas recibía cartas de toda España, pidiéndole noticias de varios género, principalmente comerciales, acerca de la costa ocupada.

En esto, el día 7 de Marzo llegaron varias caravanas de moros armados, en número de 50 ó 60, con multitud de carneros y cabras, un antílope y un caballo, y 40 ó 50 camellos cargados de lana. El día 9 llevaban adelantada la operación de cambiar esos artículos por muselinas, mantas de lana, telas de colores, babuchas, jaiques, espejos, tijeras, navajas, peines, etc.; cuando, debido á causas que no se han depurado todavía, los moros acometieron á los españoles, matando á seis de ellos, secuestrando á los otros 16, y exigiendo por ellos un rescate en géneros, cuyo valor se calcula en 7.000 pesetas. La goleta de guerra Caridad había salido para Canarias el día 28 del mes anterior, y ni ella ni la Céres habían vuelto á la costa de África, ni volvieron hasta el día 21 de Marzo.

El edificio de madera de la Sociedad de Africanistas fué incendiado por los moros, y el de mampostería, en construcción, de la Compañía comercial, derruido en parte.

El suceso causó profunda sensación en España, y recogiendo los acentos de su indignación y de su pena periódicos y diputados, empeñaron al Gobierno á una acción pronta y eficaz, que prevenga para lo sucesivo la repetición de atentados semejantes en los nuevos dominios españoles.

El día 8 de Junio salió del puerto de las Palmas un destacamento de la guarnición de Canarias, compuesto de 25 soldados al mando de un teniente de artillería, destinado á proteger los trabajos de la factoría de Villa-Cisneros, que la Compañía Hispano-africana construye en la península de Río Oro. Además, una goleta de guerra se hallará de estación permanente en aquella bahía. Oficiales y tropa gozan plus de campaña, y deberán auxiliar, dentro de sus deberes militares, al jefe de la factoría. Llevaron tiendas de campaña y material de guerra. La provisión de víveres se hará por medio de subasta. El destacamento se relevará mensualmente.

Al desembarcar el día 10 esta pequeña fuerza, la vista de los uniformes y de los armamentos y el toque de las cornetas, causaron un gran pánico en los moros de Río Oro, que huyeron á la desbandada creyendo que iban á ser atacados; pero no tardaron en calmarse y cobrar confianza.

Los soldados de artillería, los marineros de la goleta de guerra Caridad y los obreros de la Compañía comercial levantaron en cinco días un fuerte provisional con sacos de arena y tierra apisonada, abarcando un perímetro de 70 metros. Dentro del cual se instalaron cuatro tiendas de campaña para la tropa y una caseta de madera para los obreros.

Pocos días antes había llegado á Rio Oro una caravana de 200 moros del interior, á la cual se habían unido los de la costa. Traían ganado abundante y camellos cargados de lana, pieles y pluma de avestruz, para negociar con los españoles. Los jefes de la caravana conferenciaron con el intérprete de la factoría. Dijeron que tan luego como habían sabido el ataque de ésta, se alzaron en armas contra los malvados y los castigaron severamente. En prueba de buena fe, ofrecieron rehenes. Protestaron de su amor á España, declarando que se someten por completo a su protectorado; añadieron que quieren embarcarse é ir á Madrid para prestar homenaje al rey de España, á quien reconocen por su soberano.

El vapor Río de Oro regresó á Canarias el día 18 con cargamento de lana y pieles. Con tan feliz éxito ha reanudado sus transacciones mercantiles en aquella península la Compañía comercial Hispano-africana de Madrid.

Treinta operarios canarios quedaban en aquella fecha trabajando en la construcción de los almacenes, habitaciones y corrales que componen la factoría y fortaleza de dicha Compañía.

ESPAÑA EN EL GOLFO DE GUINEA.

La Comisión ejecutiva de la Sociedad Española de Africanistas acaba de recibir noticias gravísimas y alarmantes del Golfo de Guinea. Con el producto de una suscripción nacional, en que contribuyen propietarios, industriales, comerciantes, asociaciones, centros oficiales y hasta el Jefe del Estado, adquirió aquella Sociedad, representada por los distinguidos viajeros Sres. Iradier y Osorio, en Noviembre último, un territorio de 12 a 15.000 kilómetros cuadrados, abarcando la cuenca entera del río Muni, con sus numerosos afluentes, el Congoa, el Utongo, el Noya, el Utamboni y otros, los más de ellos navegables. Noventa jefes soberanos cedieron su territorio á la Sociedad española, y fueron nombrados gobernadores políticos de él, por dichos delegados, á nombre de España. Esta adquisición venía á compensar en parte la pérdida de 250 kilómetros de costa que España poseía sobre el Golfo, y que la desatención de todos nuestros partidos á la política exterior y colonial ha hecho pasar á manos de Francia y de Alemania. Pues bien: todavía les pesa á estas naciones dejarnos eso poco que habíamos salvado en el gran desastre geográfico del año pasado, y mientras Alemania pone sitio á Fernando Póo, Francia se apodera de los territorios continentales de la SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AFRICANISTAS, no obstante haber sido declarada oficial la anexión en Febrero último por el gobernador de Fernando Póo, que refrendó los documentos otorgados á los régulos indígenas por los mencionados viajeros, é incorporó el territorio de treinta jefes más, que lo solicitaron, en la cuenca superior del Noya.

La carta del Sr. Osorio, que insertamos á continuación, escrita en la bahía de Corisco hace cinco semanas, y llegada ayer á Madrid, más que indignación inspira desmayo; los franceses del Gabón tratan á España con iguales miramientos que si fuese una tribu cualquiera de las riberas del Ogoüé ó del Muni; consecuencia lógica de la conducta observada por España y por su Gobierno en estos últimos meses. 

... 

El Diario español, 7 de julio de 1885, página 2

LAS PALMAS (Gran Canaria) 6. — Por el cable de la compañía Nacional Española.

El agente de la compañía Hispano-africana dice que ha recibido una carta del comandante de la goleta de guerra Caridad, participándole que nuevas tribus llegaron á la factoría de Río Oro con cargamentos de varios géneros, que negociaron, reinando entre españoles y marroquíes la mejor armonía.

Revista de geografía comercial, 31 de julio de 1885, página 10

COMERCIO DE ESPAÑA EN EL GOLFO DE GUINEA.

Proyectos de la Sociedad Económica de Barcelona.

La notable exposición, á que hemos hecho referencia en el número anterior, dirigida por la Sociedad Económica Barcelonesa de Amigos del país al Gobierno en 1858, acerca de las medidas que deberían tomarse para proteger y fomentar el comercio de España en África, es, en una gran parte, todavía nueva á la hora presente, y de ella trascribimos los párrafos siguientes:

«Dominando Fernando Pío y Annobón el Golfo de Guinea, y siendo el país más sano de aquel morfitero clima, sea que bajo el punto de vista político se considere la importancia que esa posesión tendría para sentar la planta en el África y enseñorearse, como otras naciones, de los territorios que puedan colonizarse; sea que, bajo el punto de vista simplemente naval, se atienda á la conveniencia de tener en aquellos mares puerto seguro donde guarecerse las naves y hacer sus reparos, habilitaciones, carenas, provisiones y despachos; sea, en fin que, bajo el punto de vista económico, se pesen en la balanza de nuestros intereses las ventajas que para el comercio de África, su colonización nos daría, están fuera de todo encarecimiento. 

...

Tan solo dos respetables casas de comercio de esta ciudad, la de Vidal y Rivas, y Montagú y Compañía, con aquel ojo certero que para las empresas mercantiles distingue á los hijos de este antiguo principado, con aquella famosa osadía y prudente previsión por la cual tanto renombre alcanzó el comercio de Cataluña en las costas de Levante, han hecho algunos viajes de exploración que, con ser los primeros, hubieran servido de guía y ejemplo á los que otros españoles intentaran, si obstáculos creados por los hombres, que no por la naturaleza, no lo hubieran impedido.

¿Cuáles han sido las causas de la nulidad y el abatimiento del comercio de España en África? ¿Cuáles los obstáculos que han atajado el paso á los primeros exploradores de aquellas apartadas regiones? ¿Esos obstáculos son de tal naturaleza que puedan impedir en adelante que el interés privado establezca factorías y contribuya a la colonización de África? Hé aquí, señora, tres cuestiones cuya dilucidación, en sentir de esta Sociedad Económica, es de la mayor importancia.

(Continuará.)

La Época, 6 de diciembre de 1885, página 1

Va consolidando su existencia y extendiendo sus operaciones en el territorio de Río de Oro la compañía mercantil hispano-africana: este ha estimulado los deseos de varias casas de Cataluña para comerciar en las costas de Sahara.

Con tal motivo se ha planteado una cuestión importante de derecho, que dicha Sociedad resuelve a su favor, al no consentir que en lo que juzga sus dominios se levante otra factoría en competencia.

No estamos de acuerdo con los principios que sustenta la referida Sociedad, porque reconocer su absoluto dominio sería tanto como reconocer su soberanía en Costa de Oro, y ésta es de España. Mucho apoyo necesitan las empresas colonizadoras que crean grandes intereses y fomentan relaciones muy apreciables; pero de esto, á adquirir derechos sobre el territorio hay una distancia innecesaria.

El Gobierno debe proteger todas las empresas que quieran ir á las costas africanas, y por lo mismo que así se facilitan las corrientes comerciales en las tierras no ocupadas, no es natural ni legítimo que otorgue privilegios, sin limitación alguna. Justamente en la ley de las competencias es donde ha de buscarse el verdadero cambio de los productos.

La compañía hispano-africana podrá pedir, pues, ventajas para su colonia; pero no el dominio exclusivo de la Costa de Oro, donde caben otros españoles que lleven allí el capital de su trabajo y de su actividad, y que tienen igual derecho al protectorado de España.

Revista de geografía comercial, 30 de enero de 1886, página 45

La tercera carta procede de la factoría de Villa-Cisneros, establecida en la península de Río de Oro (Sahara), y su autor es el oficial D. Lorenzo Rubio. 

Da pormenores sobre las conferencias que ha celebrado con El-Marrakech, moro procedente del gran oasis Adrar Temar, que estuvo hace poco en Villa-Cisneros con una comisión del jefe de dicho territorio, y para enterarse de las condiciones del nuevo mercado y vender al propio tiempo pluma de avestruz. Aseguran los adrarianos que si en Rio de Oro se compra y se vende á los precios que rigen en el Senegal, derivará hacia la nueva posesión española todo el comercio que ahora hacen con la colonia francesa, por cogerles mucho más cerca y ser de mejores condiciones el camino.

El Sr. Rubio da en su carta los precios á que se adquieren los artículos de exportación en aquella factoría: lana, pieles, ovejas, cabras, vacas, caballos, pluma de avestruz, polvo de oro, goma, etc. También dice que urge mucho, por diversos conceptos, llevar á cabo la expedición al Sáhara occidental que la Sociedad tiene en proyecto para esta primavera.

Anuncia, por último, que ha hecho diversos estudios sobre las costumbres de los indígenas (industria, derecho, religión, trajes, viviendas, etc.), sobre las condiciones de la capa arable en la península y en el continente, y sobre la meteorología del país (vientos, lluvias, temperatura, etc.), y ha recogido colecciones de piedras, plantas y animales, que remitirá á la Sociedad. 

Con este motivo se indicó que la factoría de Río de Oro está atravesando una grave crisis por exceso de oferta en cuanto al comercio de exportación. Han principiado los indígenas a enviar más mercancías de las que la Compañía Mercantil Hispanoafricana, no obstante ser su capital tan respetable, pueda absorber; por otra parte, esas mercancías son de tal naturaleza, que requieren un gran capital, lo que les ha hecho perder el control de sus actividades y, por tanto, medios abundantes de transporte; otras (polvo de oro, marfil, pluma de avestruz), por su mucho coste, que llega hasta 1.000 pesetas la libra, y tiene su salida en los depósitos de Marsella o de Inglaterra. Los del Adrar han dejado ya mercancías a crédito o en depósito en Villa-Cisneros, que a tanto llega su confianza; pero semejante situación no puede prolongarse, porque se extendería nuestro descrédito por todo el Sáhara occidental y se paralizaría para mucho tiempo esa corriente comercial que con tanto vigor se ha iniciado.

En atención a esto, se propuso hacer por nuestro conducto un llamamiento a los navieros y fabricantes, y comunicarlo particularmente a los que en diversas ocasiones han escrito a la Sociedad pidiendo noticias para fundar establecimientos mercantiles ó pesqueros en aquel país: Díaz Verdejo (Almería), Malvehy y Vidal Sala (Barcelona), Díaz Bustamante (Sevilla), Serrats Puig (La Escala), Rebagliato y Ortega (Torrevieja), Genis (Valencia), etc., así como también á la revista catalana Los Negocios, que se ocupa con especial predilección y una gran competencia en estos asuntos.

Sobre esto se suscitó una discusión muy acalorada, en que terciaron el Sr. García Alix, representante de la Compañía Mercantil Hispano-Africana, el Sr. D. Federico Rubio, en voz de la Compañía de Pesquerías canario-africanas, que tantos sacrificios hizo en aquella costa, y los Sres. Coello, Costa, Bonelli y Pérez del Toro, en defensa de la SOCIEDAD DE AFRICANISTAS. La Compañía Mercantil Hispano-africana ha solicitado, según parece, una carta real de concesión, posesión y exclusiva en las nuevas posesiones españolas del Sáhara occidental, y la SOCIEDAD DE GEOGRAFÍA COMERCIAL, que adquirió aquellos territorios en nombre de España, ha decidido oponerse, sosteniendo los fueros del comercio español.

Se designó al Sr. Costa para que dé forma al pensamiento, y la SOCIEDAD volverá á reunirse para tomar acuerdo definitivo.

Revista de geografía comercial, 30 de abril de 1886, página 23

Centre Català.

Nuestro comercio con la costa de África.

El Sr. D. José Ricart Giralt ha tenido la atención de remitirnos, en un pequeño fascículo dedicado a la Sociedad española de Geografía comercial, la exposición sobre el comercio hispano africano, que el Consejo general del Centre Català ha elevado a la Diputación provincial de Barcelona.

Nuestros lectores saben cuán brillante y antiguo abolengo tiene en la industriosa Cataluña el movimiento africanista de que actualmente se siente animado su comercio. No hace mucho que publicamos bajo el epígrafe «Comercio de España en el Golfo de Guinea» la notable petición elevada en 1858 a la reina doña Isabel II por la Sociedad Económica de Barcelona, acerca de las medidas que deberían tomarse para fomentar el comercio de España en África. Decíamos entonces que gran parte de los medios propuestos en aquel interesante documento y luego repetidos por el Congreso de Geografía mercantil, no habían sido acordados aún por el Gobierno, y el Sr. Ricart Giralt, autor de la exposición que motiva estas líneas, y el Centre Català, que la autoriza con su nombre, lo confirman insistiendo sobre los proyectos que en 1858 abrigaba y presentaba a la reina la Sociedad Barcelonesa de amigos del país, y especialmente sobre la rescisión del tratado internacional de 1835 acerca de la trata, considerando por ella como el mayor obstáculo puesto por los extraños á nuestras relaciones mercantiles con la costa de África. 

Desgraciadamente el ruego que á la reina dirigía en 1858 la Sociedad Económica es todavía, como ha podido verse en la memoria del viajero Sr. Iradier, de actualidad, á pesar de los años trascurridos, y cumple un fin patriótico el Centre Catalá al recordárselo á la Diputación Barcelonesa por medio de la exposición del Sr. Ricart Giralt.

El derecho de visita concedido á Inglaterra por el tratado de 1835 para la abolición de la trata ha producido, según el Centre, las siguientes consecuencias:

«Al poco tiempo de haber tomado posesión formal de las islas de Fernando Póo, Annobón, Corisco, los dos Elobey y costa de Cabo de San Juan, las dos casas navieras de Barcelona, Vidal y Rivas y Montagud y Compañía, establecieron factorías en la costa del Golfo de Guinea, enviando allí sus buques, presentándose el negocio de tan buen cariz que proyectaron ampliarlo en grande escala, á cuyo efecto, en 1854, pidieron al Gobierno que nombrase cónsules en los principales centros comerciales de aquella región; y, en efecto, la Superioridad, muy atenta y justa en este caso, nombró un cónsul general para Sierra Leona y vice-cónsules en Acra, Santa María de Bathurst y Loango; introdujo un representante español en el tribunal mixto de presas, á fin de asegurar la imparcialidad en los juicios, y al mismo tiempo participó á la Cancillería inglesa que nuestro comercio quedaba establecido legalmente en la costa africana.

Como era de esperar, al momento surgieron dificultades por parte del Gobierno británico. La casa citada de Vidal y Rivas empezó el nuevo negocio con las dos corbetas Mariana y Fernando Póo provistas de todos los requisitos y de la documentación señalada en el tratado de 1835, legalizada por el consulado de Inglaterra en Barcelona. Después de verificados cuatro viajes, al llegar el segundo de los citados buques á Acra le apresaron dos cruceros de guerra ingleses, llevándolo á Sierra Leona que dista más de 500 leguas de Acra, encarcelaron á la tripulación y abandonaron el buque fondeado en la rada... y aunque al cabo de tres meses se declaró injusta la presa, la expedición fracasó y los armadores perdieron 80.000 duros.

«No desmayó la casa Vidal y Rivas, y al año siguiente, 1856, fletó la corbeta Conchita para cargar aciete de palma en sus factorias de la costa de Guinea, efectuando públicas operaciones comerciales en Acra, Widá, Badagrí y Lagos, llevando á bordo al cónsul español Sr. Creus. Con un cargamento completo marchó la Conchita al Brasil, en donde cargó aguardiente y tabaco, que luego vendió en Widá, por contrato público, á D. José Carlos de Souza á cambio de aceite de palma. Aún no había concluido la descarga cuando fué apresada por un crucero inglés, después de haber sido visitada por otros dos también ingleses, cuyo comandante dijo que obraba según órdenes expresas de Lord Clarendon.

»El cónsul español estaba ausente de Sierra-Leona, y los ingleses, temiendo su pronto regreso, juzgaron al buque español por un tribunal inglés y no por el tribunal mixto como era de ley; y sin admitir al representante francés que sustituía al español en ausencia ó enfermedad de éste, y sin querer examinar la documentación, declararon buena presa á la corbeta Conchita.

»La noticia de este acto de piratería causó profunda alarma al comercio español, y los navieros catalanes se desanimaron no pensando más en el comercio africano.»

Vino entonces la mencionada exposición de la Sociedad Económica Barcelonesa á la Reina, apoyada por la prensa; pero el Gobierno no hizo nada, y el África quedó borrada de nuestras casas de comercio.

«El día 12 del pasado mes de Mayo, el señor marqués de Casa Jiménez preguntó en el Senado cómo estaban las negociaciones para la supresión del derecho de visita, respondiendo el señor ministro de Estado que desde 1865 nuestro comercio y navegación no habían sufrido nada á causa del tratado de 1835; respuesta incomprensible y muy poco formal en un señor ministro, pues bien sabido es que nuestro comercio y navegación, desde 1865 no figuran en las costas africanas. Únicamente en 1866 el falucho Encarnación, de la matrícula de Barcelona, hizo un viaje á Fernando Póo; pero teniendo que proveerse antes de una licencia y salvo conducto de Lord Russell, conseguida por mediación de nuestro embajador en Londres.

»¡Es posible mayor humillación? ¡Necesitar permiso del Gobierno inglés para poder ir á nuestras colonias, á nuestra casa!

»El Congreso español de Geografía mercantil y colonial que tuvo lugar en Madrid en 1881, á instancia de personas tan autorizadas como los distinguidos jefes de la Armada, gobernadores que fueron de Fernando Póo, Sres. Navarro y Montes de Oca y del Padre misionero D. José Mata, del Sagrado Corazón de María, votó una conclusión en la cual se pide al Gobierno la abolición oficial del tratado de 1835.»

No basta que con el tiempo haya caducado de hecho el tratado de 1835; no basta que todo el mundo esté convencido de que ya no existe ningún negrero español: es preciso que nuestro Gobierno consiga del de Inglaterra la verdadera anulación diplomática de dicho tratado, a fin de que nuestros buques no se vean en la vergüenza de tener que mendigar pasavantes en Londres, ni sean víctimas de la mala fe que hace algún tiempo se permiten las naciones fuertes en asuntos marítimo-coloniales para rectificar las fronteras de las naciones débiles.

Concluye la exposición del Centre Catalá, suplicando a la Diputación provincial, «que gestione sin descanso del Gobierno de la nación la denuncia y abrogación del tratado celebrado entre España e Inglaterra en 28 de Junio de 1835, concediendo el derecho llamado de visita á sus respectivas naves de guerra, sobre sus marinas mercantes, siempre que naveguen en los mares africanos y con objeto de suprimir el comercio ó trata de la esclavitud negra. En el caso de que Inglaterra se negara á tan justa petición, ó diera respuesta ambigua ó evasiva, lo que no es de esperar, entonces nuestro Gobierno declare que enviará al golfo de Guinea los cruceros necesarios para apoyar nuestro comercio marítimo y ejercer el derecho de visita sobre todos los buques mercantes ingleses; pues si en verdad hoy somos aún muy pequeños comparados con la poderosa Inglaterra, no lo somos, ni con mucho, tanto como en 1835 y las circunstancias nos favorecen... — Barcelona, 15 de Febrero de 1886. — El presidente del Centre Catalá, Eusebio Guell y Bacigalupi.

Barcelona.

Estudios comerciales en África.

El Sr. D. Federico Nicolau, conocido naviero de Barcelona, ha costeado en principios del año actual el envío de un agente especial á las islas Canarias y la costa africana para estudiar las bases en que debería cimentarse la creación de un tráfico algo serio que permitiese apoyar una combinación para fomentar el comercio con los puertos del Moghreb, con Río de Oro y demás factorías que se estableciesen en aquellas costas. Por el resultado de estos estudios, entiendo que es necesario reclamar del Emperador de Marruecos las siguientes concesiones:

1.ª Que la exportación de trigo y cebada, hoy prohibida, se permita en lo sucesivo, á lo menos en ciertas cantidades.

2.ª Que se permita la extracción de carneros, también prohibida ahora, en suficiente cantidad, y que se aumente la cuantía de la exportación de ganado vacuno concedida, pudiendo efectuarla por todos los puertos del Imperio.

3.ª Que España, en los nuevos tratados que se están elaborando con dicho Imperio, se asocie a las gestiones de Inglaterra, Francia e Italia para que se suprima ó se reduzca considerablemente el excesivo derecho de exportación establecido en el tratado de Uad-Ras para satisfacernos la indemnización de guerra, y que hoy cobra el Sultán.

El Sr. Nicolau cree, con muchísima razón, que estas concesiones ofrecerían un campo de cierta importancia para el retorno de los buques españoles, que se dedicasen al tráfico en las costas marroquíes, pues durante mucho tiempo no hay que esperar grandes resultados de las importaciones que puedan hacerse por aquellos mercados. Los moros—dice—no son grandes consumidores; viven y visten pobre y miserablemente, pagan mal y tarde, y cobran tan al contado, que prefieren siempre el comprador que les entrega más prontamente el dinero; los jornaleros solo ganan 4 ó 5 rs. diarios y tienen que pagar al Sultán la cuarta parte de ese jornal.

Revista de geografía comercial, 15 de febrero de 1886, página 9 

ESPAÑA SAHÁRICA 

Ocupación y comercio de la costa

Conforme estaba anunciado, la Junta Directiva de nuestra Sociedad celebró sesión el día 6 de este mes en el Círculo de la Unión Mercantil para tomar un acuerdo acerca de la situación del comercio español en la península de Río de Oro y de las pretensiones de monopolio formuladas por la Compañía mercantil Hispano-africana. Reseñándola, decía un periódico:

«Problema tan sencillo en apariencia lleva envuelta, sin embargo, una cuestión de soberanía. No es extraño que despertara tanto interés el debate en el Círculo de la Unión Mercantil. Lo que había principiado siendo Junta directiva, tardó poco en convertirse en Junta general, y momentos después, en sesión pública. El vasto salón grande se llenó de socios del Círculo; en las dos puertas se apiñaba una multitud de curiosos, a que se agregaron a última hora las señoras que habían asistido a la velada musical.

»La discusión fue reñidísima, y tuvo todo el ardor y toda la solemnidad de un debate forense. Razones, hechos, documentos numerosos, cuentas, telegramas, cartas, apóstrofes, todos los medios de prueba, todos los recursos de la retórica más persuasiva se pusieron en juego para hacer triunfar la solución que cada cual como más acertada defendía. Cuando a media noche se disolvió la reunión, oímos decir a uno del público que si se hubiese celebrado una sesión de esta importancia y en esta tesitura, siquiera cada dos meses, desde que en 1876 se fundó en Madrid la primera Sociedad geográfica, no se habría perdido Borneo; sería española la ensenada de Biafra con Camarones; poseeríamos estación en el Mar Rojo; estaría resuelta la cuestión de Mar Pequeña; no habría surgido el conflicto de las Carolinas; continuaría Portugal en posesión de Boma; no amenazaría Tarfaya a las Canarias, y sería España potencia colonial de primer orden. (El Imparcial, 9 de febrero) 

Revista de geografía comercial, 30 de abril de 1887, página 3

Se recordará que en el número de nuestra Revista correspondiente al 28 de Febrero último nos decía nuestro corresponsal en Gran Canaria que algunos comerciantes de aquella población habían acordado constituir una compañía para traficar en la costa española del Sáhara; que el jefe de la factoría de Villacisneros, D. Fausto Santa Olalla, les había manifestado que se opondría a ello con todas sus fuerzas, llevado aún de la inocente suposición de que aquella costa es propiedad de la Compañía Hispano-Africana, y no de la nación española; y que, á su juicio, fundado en la experiencia adquirida en el fondeadero de las Cañuelas, mientras no acabara de disolverse la Compañía en cuestión. les sería imposible desarrollar los cambios y extinguir con ellos los odios que ha sembrado con su errada política y su falta de recursos entre los indígenas, faltándoles fuera de Villa-Cisneros la protección de la fuerza pública. Por otra parte, nuestros viajeros, Sres. Cervera y Quiroga, por lo que han visto, por lo que han oído y por lo que han tocado, consideran igualmente imposible el establecimiento de ningún comerciante en Río de Oro, y tienen por seguro que los indígenas vivirán cada vez más divorciados de España y más irritados contra nosotros, mientras la Compañía mercantil tenga representación en aquella bahía, ó mantenga su singular pretensión de monopolizar un comercio que de hecho no ejerce y lleve su voz un factor como el Sr. Santa Olalla, que no consiente que nadie compre ni siquiera un carnero para su consumo, alentado á ello por el Consejo de Administración de la Compañía mencionada y su presidente Sr. Cassola, según pudimos comprender en una de las últimas sesiones celebradas por la Junta directiva de nuestra Sociedad el año pasado.

Pues bien, a ese Sr. D. Fausto Santa Olalla ha nombrado subgobernador político-militar de Río de Oro el Sr. Ministro de la Guerra, por R. O. de 11 de este mes, no publicada en la «Gaceta.»

Desde este momento, no digo ya el comercio de factorías, pero ni siquiera los pequeños cambios que los pescadores canarios venían sosteniendo con los indígenas antes ya de la ocupación y desde tiempo inmemorial serán posibles, como no sea de contrabando y á espaldas de la fuerza pública que allí mantiene la nación para que proteja á los pescadores y comerciantes. Si tal régimen hubiese de durar, tendríamos motivo para arrepentirnos de haber incorporado á España aquel territorio, porque lejos de servir los intereses de los laboriosos canarios, los habríamos perjudicado, dando ocasión á que se instalara esa tenaz obstrucción en aquel país. Cabalmente en estos días, una importante casa de comercio de Orán (José Fernández y Compañía) ha escrito á ... 

LA PESCA ARTESANAL DE ALTURA EN LANZAROTE Y LA INDUSTRIA DERIVADA, J. Ezequiel Acosta Rodríguez

II LOS INICIOS DE LA PESCA EN ÁFRICA OCCIDENTAL 

La pesca en este banco comenzó casi con la misma conquista de las islas por parte de los normandos y castellanos. Así, en el siglo XIV pescadores cántabros y andaluces acudían a pescar en aguas del Estrecho, desde donde fueron extendiéndose y derivando hacia la costa marroquí: la pesca de las «alosas» adquirió un portentoso desarrollo en Azamor, para llegar más tarde a los bancos del Cabo de Aguer en busca de la «pescada», posteriormente llegaron a los bancos de Cabo Bojador a la captura del «cheme», la «boga» y la «corvina», y, ya en el siglo XV, pescadores andaluces alcanzaron Angra de los Rubios, Angra de los Caballos y Río de Oro.

Desde un principio los Reyes Católicos consideraron la pesca en la región como una «regalía» de la Corona, reservándose para sí el disfrute de determinadas zonas, arrendándolas a los particulares, como ocurrió con las pesquerías del Cabo Bojador y Angra de los Ríos. Sin embargo, la rivalidad luso-castellana en torno a la hegemonía de África alcanzará a las actividades pesqueras de la zona, manifestándose en numerosos ataques de los portugueses a los navios castellanos que faenaban en la zona, hasta que con los tratados de Alcoçovas, 1479, y de Tordesillas, 1494, Castilla reafirma su soberanía entre los cabos de Aguer y Bojador, comprometiéndose a no pescar al sur de este último. Es así como se inicia la pesca de andaluces, cántabros y canarios en el banco. Sin embargo, con la muerte de los Reyes Católicos, en España, y la subida al trono de Juan III, en Portugal, la política colonialista de Ambos reinos en África Occidental sufre un extraordinario retroceso: los portugueses pierden las plazas de Sta. Cruz, Asimur y Saffi, que serán ocupadas por Marruecos, mientras que en España la casa de Austria no presta el suficiente interés por la expansión en la zona. En 1545 el jerife Muhammad al-Sayj unifica los reinos de Fez, Marruecos y el Sus; como resultado de los nuevos acontecimientos en Europa y norte de África se iniciarán los ataques a las embarcaciones pesqueras que faenaban en el Banco Canario-Sahariano, por lo que los navios castellanos abandonaron la zona. 

Desde entonces, y hasta fines del siglo XIX, estas pesquerías permanecen en el olvido, sólo explotadas por los canarios, bajo el constante peligro de los ataques de los piratas norteafricanos. Sin embargo, y a pesar de la prohibición de los reinos de España y Marruecos, los intercambios comerciales de los pescadores canarios con las tribus de los arenales saharianos eran frecuentes,cambiando agua y leña por mantas, redes, jareas, pan, cebollas, batatas yotros frutos. 

III. LAS PRIMERAS SOCIEDADES PESQUERAS Y EL DESPEGUE DE ARRECIFE

En 1764 el marino escocés George Glas recorre las Islas Canarias y costa norteafricana, realizando una exhaustiva investigación sobre los recursos del Banco Canario-Sahariano. En su obra habla extensamente de la pesca de los canarios en la zona, asegurando que faenaban 30 barcos construidos en Canarias, de 15 a 50 toneladas, con tripulaciones que oscilaban entre los 15 y 50 hombres, haciendo 8 ó 9 viajes al año, faenando incluso al sur de Cabo Bojador. Los armadores proporcionaban el barco, la sal y el pan, mientras que los marineros llevaban los aparejos (liñas, anzuelos, cañas y un cuchillo), las bebidas y condimentos para cocinar (vino, cebollas, vinagre, pimientas, etc.). Una vez vendido el pescado y deducido el valor de la sal y el pan, los beneficios se dividían en dos partes, una para el armador y la otra se repartía entre la tripulación según sus méritos. Lo primero que hacían al llegar a la costa africana era pescar el cebo (tasarte, anjova y caballa), para luego ir mar adentro, hasta unas 50-60 brazas de profundidad, donde anclaban y toda la tripulación lanzaba sus liñas, capturando samas, chemes, corvinas, etc.

Cuando la brisa marina se intensificaba volvían hacia tierra y fondeaban en alguna bahía, donde preparaban y salaban el pescado. A su regreso a los puertos canarios dejaban el pescado a sus representantes, que se encargaban de venderlo.

Tras sus investigaciones, Glas propone a las autoridades de las islas el. establecimiento de una factoría en la costa de África con el objeto de promover las pesquerías de los canarios, por lo que el marqués de Grimaldi, Ministro de Estado, comisiona al jefe de Escuadra para que, apoyándose en el artículo 18 del Tratado de Paz y Comercio de mayo de 1767 con el rey de Marruecos, consiga el permiso de éste para establecer dicha factoría al sur del río Noun, pero no se llevó a cabo pues el rey marroquí aseguró que aquellos territorios no le pertenecían y no se hacía responsable de los ataques que podrían sufrir por parte de las tribus que poblaban aquel territorio. Este repentino interés de la Corona por promover la pesca en el banco sahariano vino motivado por la necesidad de explotar nuevos caladeros tras ser expulsados por los ingleses de Terranova.

Con la práctica desaparición de los ataques de los corsarios marroquíes, en virtud del Tratado de Paz y Comercio señalado, comienza el despegue de la flota pesquera lanzaroteña, que intensificará su presencia en el banco. Durante la década 1780-90 Arrecife crece con gran rapidez, apoyándose en el intenso comercio de barrilla que enriquece a determinados campesinos que, transformándose en absentistas, establecieron su residencia en este puerto con el objeto de invertir sus beneficios en la adquisición de barcos para dedicarlo a la pesca en la costa africana. Así, a principios del siglo XIX existían en Arrecife dos barcos que se empleaban para la pesca en África, con 40 marineros, y otros dos, con 20 marineros, que hacían el tráfico costero, a lo que hay que añadir 23 barquillos de pesca con una tripulación de 115 hombres. 

A partir de estas fechas comienzan a crearse astilleros en Arrecife que, con madera traídas de otras islas, construyen embarcaciones de diferentes tonelajes. Así, en 1840 la flota conejera se había ampliado notablemente, pués contaba con 2 bergantines, 2 bergantines-goletas, 9 goletas y balandros, 40 barquillos de vela y remo, además de algunos botes y lanchas, de los cuales la gran mayoría pertenecía al puerto de Arrecife, a excepción de 4 ó 5 que pertenecían al puerto de Papagayo y 2 ó 3 al de Arrieta.

Como se puede apreciar, la pesca en el banco comienza a tener una gran importancia para el puerto de Arrecife, que a mitad de siglo contaba ya con 20 grandes embarcaciones pesqueras y multitud de barquillos propios para el empleo del chinchorro, y de la fuerza de trabajo ocupada en el mar, que ascendía en 1860 a 237 efectivos, de los cuales el 81,4% pertenecían a Arrecife. 

El 6 de diciembre de 1880 se creó en Madrid la Sociedad de Pesquerías Canario-Africanas. Entre sus promotores figuraban Domingo Pérez Gallego, Pedro de la Pezuela y Puente, Federico Rubio y Galí, Pedro de la Puente y Olea, Hipólito Finat y Ortiz de Leguizamón, Vicente Sánchez Comendador y Carlos Frigola y Palavicino.

LAS ISLAS CANARIAS Y EL IFNI

La colonización española en África comenzó con el archipiélago de las Islas Canarias.

Desde mediados del siglo XIV, españoles y portugueses intentaron apoderarse de las islas. En el siglo XV, los reyes de Castilla lograron someterlas. Mediante el Tratado de Alcaçovas, firmado en 1479, los portugueses acordaron ceder las Islas Canarias a España a cambio del reconocimiento español de que la ruta hacia Guinea pertenecía a Portugal.

En 1478, Diego García de Herrera, vasallo de los Reyes Católicos, estableció una fortaleza en la costa frente a las Islas Canarias, que confió a una numerosa guarnición, y un puesto comercial. El lugar se llamó Santa Cruz de Mar Pequeña. Mediante el Tratado de Sintra del 18 de septiembre de 1509, los portugueses renunciaron a los derechos que reclamaban sobre esta parte de la costa.

Hacia 1524, la fortaleza fue conquistada por tribus locales y el puesto comercial desapareció. Según el artículo 8 del Tratado de Paz del 26 de abril de 1860, firmado en Tetuán por Marruecos y España, Su Majestad Marruecos se comprometió a "conceder a perpetuidad a Su Majestad Católica, en la costa oceánica, cerca de Santa Cruz la Petite, el territorio suficiente para el establecimiento de un asentamiento pesquero, como el que España poseía allí anteriormente".

No fue hasta 1877 que la Comisión encargada de determinar la ubicación de este territorio visitó el lugar y eligió Ifni. Esta elección fue aceptada, tras muchas dudas, por el Sultán de Marruecos el 20 de octubre de 1883. Sin embargo, no fue hasta 1934 que España ocupó Ifni.

EL INTERÉS DE ESPAÑA EN LA COSTA SAHARIANA

Como escribe VILAR, España tenía un doble interés en las costas del Sáhara occidental: la seguridad del archipiélago de las Islas Canarias y una mejor explotación de las ricas poblaciones de peces cercanas a esta costa.

Ya en 1856, un tal Don Agustín Gómez de la Mata había solicitado permiso al gobierno para establecer allí una compañía pesquera canaria-africana, pero sin éxito. Un tal Don Antonio Beza tampoco tuvo éxito en 1875.

En 1881, la compañía "Pesquerías Canario-Africanas" decidió abrir varios puestos comerciales en la costa sahariana para que sirvieran de base para sus barcos y para establecer relaciones comerciales con las tribus de la región. En marzo, estableció un pontón junto a la península de Río de Oro y, como relata Vilar, logró que una delegación de tres notables saharianos accediera a ir a las Islas Canarias en septiembre del mismo año donde, en nombre de la tribu Ulad Delim, dueñas del sector en cuestión, y en nombre de las tribus federadas o tributarias de los Ulad Delim, se firmó un tratado en el que cedieron la península de Río de Oro a la compañía, a cambio de ciertas compensaciones políticas y económicas.

El establecimiento dos años antes de un puesto comercial británico más al norte, en Cabo Juby, sin duda no estuvo desvinculado del hecho de que, además, el gobierno ordenó estudios más cuidadosos de la costa sahariana, los cuales fueron llevados a cabo por el comandante Don Pedro de La Puente en 1882 y 1885.

GRUPOS DE PRENSA. – EL CONGRESO ESPAÑOL DE GEOGRAFÍA COLONIAL Y COMERCIAL Y LA SOCIEDAD DE AFRICANISTAS Y DEFENSORES DEL SISTEMA DE COLONIZACIÓN.

En 1883 se celebró un congreso español de geografía colonial y comercial. Participaron más de cuatrocientas personas, procedentes de círculos comerciales, financieros y científicos.

Este Congreso decidió realizar exploraciones y crear asentamientos de civilización (“estaciones civilizadoras”) en Río de Oro y pedir al gobierno que estableciera allí asentamientos militares o navales, así como en Cap Blanc.

En una resolución del 10 de noviembre, el Congreso enfatizó la preservación de los caladeros, la protección de los pescadores y la necesidad de refugios costeros en las bahías de Río de Oro, Cintra y del Oeste o del Galgo. La resolución destacó la inminencia de la ocupación extranjera y los beneficios potenciales del comercio con las tribus del Adrar. El Congreso también estableció la Sociedad de Africanistas y Partidarios del Sistema de Colonización, que más tarde se convirtió en la Sociedad Geográfica Comercial. Esta sociedad fue encargada de transmitir la resolución del 10 de noviembre de 1883 al Presidente del Consejo de Ministros, quien, en su respuesta verbal, declaró que "los individuos deberían comenzar por establecer intereses en la costa sahariana, y el gobierno considerará entonces la forma de protección que se les otorgará". Al no lograr el resultado deseado, la Sociedad decidió ocupar este importante territorio en su propio nombre.

LA EXPEDICIÓN DE EMILIO BONELLI HERNANDO

La Sociedad Española de Africanistas y Colonialistas contrató a un joven y talentoso geógrafo y arabista, Emilio Bonelli, para llevar a cabo la expedición planeada. Esta tuvo lugar en noviembre de 1884, a bordo de la goleta de guerra Ceres, comandada por Don Pedro de la Puente. Bonelli emprendió así la expedición como representante de la Sociedad. Tomó posesión de la costa entre el cabo Bojador y el cabo Blanco, estableciendo puestos comerciales en Río de Oro, Cintra y Cabo Blanco. En Cabo Blanco, el 28 de noviembre, Bonelli firmó un convenio con varios representantes del jeque Sid Abd El Aziz, Uled El Mami, jeque de la tribu Ulad Sba (parte sur de los Ulad Delim). Por esta convención, los representantes entregaron a Bonelli, "representante de la Sociedad Española de Africanistas residente en Madrid, ciudad de Su Majestad el Rey de España"... el territorio de Cap Blanc "para que quede bajo la protección y el gobierno de Su Majestad el Rey de España Don Alfonso XII solamente".

En la conferencia que impartió a su regreso a la Sociedad Geográfica de Madrid el 7 de abril de 1885, Bonelli destacó que «en toda esta región, solo habrá dos hombres que gozarán de autoridad y simpatía general: Abdel Aziz Uld el Mami y Ahmed Ben Mohamed Uld el Aid, cuya amistad podría resultar muy útil». Cabe señalar que el Tratado del 28 de noviembre de 1884 se firmó en nombre de uno de ellos.

¿Hubo otros tratados además del del 28 de noviembre de 1884? Este parece ser el caso según la exposición de motivos de la orden real del 26 de diciembre de 1884, pero el del 28 de noviembre de 1884 fue el único que Olivart pudo encontrar en ese momento en los archivos del ministerio.

LO QUE ESPAÑA TIENE EN CUENTA.


Tras el regreso de la expedición a Madrid, la Sociedad trabajó para obtener el reconocimiento por parte del Estado español del protectorado establecido por Bonelli.

Por decreto real del 26 de diciembre de 1884, se envió una circular a todos los representantes del Rey en el extranjero, instruyéndoles a notificar a España su protectorado sobre los territorios de la costa occidental de África entre la Bahía del Oeste y el Cabo Bojador [xviii] . Cabe señalar en particular que el área cubierta por el protectorado español no se definió en profundidad, sino simplemente en distancia a lo largo de la costa, desde la latitud del Cabo Bojador (lat. 26° 8' N) hasta la de la Bahía del Oeste (lat. 20° 51' N). Solo Gran Bretaña y Francia hicieron reservas.

París señaló que los límites meridionales del nuevo territorio español contiguo a la posesión francesa de Mauritania (Senegal) debían ser determinados conjuntamente por ambas partes. La reserva de Londres se levantó una vez que se le informó que España garantizaría a los extranjeros —en particular a los ingleses en Cabo Juby— libertad de comercio y pesca en esta posesión durante veinte años, de acuerdo con lo decidido por la Conferencia de Berlín de 1885.

Si bien las posesiones españolas estaban limitadas al sur por la existencia de posesiones francesas, no parece que España fuera consciente de una limitación similar al norte, aparte de la presencia británica en el cabo Juby. De hecho, Bonelli, en su conferencia antes mencionada, expresó el deseo de que las posesiones españolas se extendieran más allá del cabo Bojador, hasta Marruecos, cuyo límite sur fijó en Santa Cruz de Agadir. No obstante, reconoció la magnitud de la empresa.

En marzo de 1885, el puesto comercial establecido en la península de Río de Oro fue atacado por tribus vecinas, y los supervivientes huyeron a las Islas Canarias. En junio, el gobierno español envió un destacamento militar comandado por el capitán Dixon José Chacón para restablecer el orden y permitir un nuevo comienzo para el puesto comercial.

El 10 de julio se proclamó un real decreto por el que se creaba un real comisionado para el territorio puesto bajo protectorado español. Según el artículo 4 del decreto, el real comisionado:

"También tendrá la facultad de celebrar tratados con los nativos, así como de tomar posesión de tierras (terrnos) que no tengan dueño (dueno) conocido, en ambos casos informando al Gobierno para su debida aprobación" 

Bonelli fue elegido comisionado real y, con base en Río de Oro, organizó dos viajes en septiembre y noviembre de 1885 para restablecer el contacto con las tribus indígenas y demostrarles "la sinceridad de las posiciones españolas a favor del desarrollo comercial y el gran interés en la formación de un puerto que satisficiera las necesidades de esta vasta región". También obtuvo compensación para las víctimas de los incidentes de marzo de 1885.

Durante estos dos viajes, se establecieron contactos con representantes de las tribus Bu-Amar, Ulad Delim, Ulad Tsiderarin y Erguibats. En particular, se llevaron a cabo fructíferas reuniones con Saad Bu, hermano del jeque Ma el Ainin, y con el jeque Uld el-Aida, quien estaba rodeado por un gran número de representantes de tribus vecinas que habían acudido a felicitarlo.

LA EXPEDICIÓN DE ÁLVAREZ PÉREZ Y CAMPOS MOLES EN EL TEKNA Y SAQUIET EL HAMRA.

La Sociedad Geográfica de Madrid organizó una nueva expedición, esta vez para explorar y tomar posesión de los territorios entre el cabo Bojador y el río Draa. Para ello, eligieron a Don José Álvarez Pérez, antiguo cónsul español en Mogador y gran conocedor de los ríos Sous y Noun.

La expedición reconoció así el puerto de Ouina o' Meano, Aryila o Puerto Cansado, el puesto comercial inglés establecido en Cabo Juby, la cala de las Matas de los Majoreros y la desembocadura del Saquiet el Hamra.

En el camino, Álvarez Pérez realizó tratados con varios caciques indígenas para establecer el protectorado de España sobre toda la costa entre el río Draa y el cabo Bojador y parte del interior, en particular la cuenca del Saquiet el Hamra.

En el breve relato de su viaje que realizó en la Revista de Geografía comercial, José Álvarez Pérez explica lo siguiente:

"Las tribus con las que entablé relaciones son:

1° el Beni Zorguin o Izargnitin, cerca de la costa,

2° los Ait Moua-ou-Ali que viven en el interior.

Los límites de su territorio son, de norte a sur, el río Chebaika y el cabo Bojador, y de oeste a este, el océano Atlántico y los afluentes más orientales de la Saguia el-Hamra, incluso cerca de Tinduf. Los respectivos jefes de estas tribus, Embark-ben-Mohamed y Mohamed-ben-Bellal, manifestaron un fuerte deseo de que se establecieran puestos comerciales en Matas de los Majoreros y Boca del Meano, y de ampliar las relaciones con los habitantes de las Islas Canarias, con quienes poseen un conocimiento detallado debido al comercio que, durante siglos —aunque a pequeña escala—, han mantenido con los pescadores del archipiélago. Con este fin, los jefes propusieron un tratado formal que los convertiría en conciudadanos de los canarios.

Habiendo aceptado esta idea de forma condicional, es decir, sujeta a la aprobación de la Sociedad que yo representaba y del Gobierno de la nación en el momento oportuno, acordamos ciertos principios y, para darles solemnidad, nos encomendaron a Mohamed-ben-Ali, de la tribu Beni Zorguin, quien viajó conmigo en una de las tres goletas que servían a la expedición (el Arico) a la isla de Lanzarote. Allí, ante el notario Don Antonio M. Manrique, establecimos un tratado de comercio y protección.

Mediante este tratado los dos caciques, en nombre de sus tribus, se pusieron bajo la protección de la Sociedad Española de Geografía Comercial y aceptaron de antemano la del gobierno español, en caso de que este tuviera a bien concedérsela. La Sociedad se comprometió a pagar a los caciques una asignación mensual de 15 duros a cambio de que defendieran los almacenes de la Sociedad.

Álvarez Pérez estableció efectivamente un puesto comercial en Jouinetz Alioua, Ouina o' Meano, pero fue abandonado algún tiempo después.

Cualquiera que fuera el resultado de esta expedición, el gobierno español de Sagasta se negó a establecer un protectorado sobre la región y, en consecuencia, a notificar a las potencias.

El nacimiento de la Güera

En 1883, la Sociedad Española de Africanistas, fundada en Madrid por empresarios y científicos, pretendía establecer «asentamientos civilizadores» desde Río de Oro (Bahía de Dajla) hasta Cabo Blanco (actual Ras Nouadhibou) y solicitó apoyo militar al gobierno español. El Consejo de Ministros respondió: «Que los particulares comiencen por establecer intereses en la costa sahariana, y el gobierno considerará entonces la forma de protección que se les debe otorgar».

La Sociedad de Africanistas organizó una expedición liderada por el joven geógrafo Emilio Bonelli, especialista en árabe, quien estableció puestos comerciales en noviembre de 1884 en Río de Oro, en la bahía de Sintra, y en Cabo Blanco, mediante acuerdos con notables de la tribu Ouled Dlim. Al mes siguiente, el rey Alfonso XII de España anunció el establecimiento de un protectorado español sobre la región, formalizado a principios de 1885 por las demás potencias europeas en la Conferencia de Berlín, si bien los ataques de tribus nómadas obligaban con frecuencia a los colonos a refugiarse en las Islas Canarias. En enero de 1885, se inició la construcción de un fuerte militar español en Villa Cisneros (actual Dakhlá), y seis meses después, Emilio Bonelli se convirtió en el primer comisionado real del protectorado.

Si bien los franceses no se opusieron a la presencia española en Río de Oro, impugnaron sus reivindicaciones sobre el Cabo Blanco. 
















 



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