En palabras de Manuel Chaves Nogales sobre la revolución de 1934 en Asturias:
"Las cosas en su punto. No es verdad que en Sama los revolucionarios se comieran a un cura guisado con fabes; no es verdad que en Ciaño despanzurraran a la mujer de un guardia civil y le hundiesen un tricornio en las entrañas; no es verdad que el cadáver de un capitán de la Guardia Civil fuese expuesto en el escaparate de una carnicería con el letrero 'Se vende carne de cerdo'. Pero ¡cuidado! Es verdad que en Sama fue asesinado un sacerdote; es cierto y verdad que en Ciaño cayó muerta a balazos la mujer de un guardia civil; y es verdad que un capitán, y no solo un capitán, sino otros varios oficiales, han sido asesinados".
"Hay que poner las cosas en su punto. No porque los revolucionarios merezcan atenuantes para sus crímenes, sino porque creo firmemente que, a la larga, todos esos detalles de la barbarie, positivamente falsos, provocarán una reacción favorable a los revolucionarios. Si se ha dicho que en Sama se comieron un cura y luego resulta que no se lo comieron, sino que lo asesinaron y dejaron el cadáver abandonado dos días en una calle, parecerá que el crimen es menos execrable de lo que realmente fue".
Manuel Chaves Nogales, junto a Josep Pla y José Díaz se convirtió en el gran testigo de la revolución de Asturias, uno de los episodios más tristes de nuestra historia contemporánea. El balance en dos semanas fue de casi 1.500 muertos, una dura respuesta militar ordenada por la República y encabezada por Francisco Franco en nombre de la España de la tricolor y más de 30.000 prisioneros.
La labor reportera de los tres periodistas está recogida en Tres periodistas en la revolución de Asturias. Casi todo está ahí. Ningún estudio histórico sobre cualquier hecho tiene mayor valor que los testimonios en primera persona de quienes supieron narrarlo. Tampoco, por supuesto, esta seguro incompleta y humilde recreación del hito, que comenzaremos, como Chaves, intentando poner las cosas en su punto.



