lunes, 23 de marzo de 2009

Las ferrerías de Bengolea

La actividad económica en la Torre de Uriarte
Las ferrerías de Bengolea
1. Antecedentes

CONOCEMOS LAS RENTAS que producía el patrimonio de los Villarreal en 1727. Lamentablemente, como dejamos expuesto en el segundo capítulo, no disponemos de una relación desglosada de los ingresos de la Casa en aquel tiempo. No he podido localizar en los archivos familiares documentos relativos a la administración y contabilidad del rendimiento de los bienes poseídos. Sólo he encontrado datos referidos a las ferrerías. Se trata de una información dispersa en la que únicamente hay una cierta continuidad, si bien sus cifras son en ocasiones algo confusas, en lo que se refiere al abono de los derechos a la administración real por las labranzas realizadas de 1720 en adelante. En cambio, entre la documentación judicial del Archivo Foral de Bizcaya relativa al pleito que se interpone contra doña M.ª Josefa Villarreal de Bérriz, marquesa de Narros, en el primer tercio del siglo XIX, aparece «un extracto de las cuentas referidas al producto anual» de todos los bienes del patrimonio desde el año de 1803 a 1815, documento interesante por la relativa precisión con que se realiza y por la época de referencia que incluye la guerra de la Independencia. Estas limitaciones explican el tratamiento que he dado al capítulo presente en el que me he centrado particularmente en la actividad industrial desarrollada por nuestro personaje a través de las ferrerías de Bengolea. Aun careciendo, como hemos dicho, de cifras concretas en las que apoyarnos, parece razonable sospechar, no obstante, que el negocio de las ferrerías no significara porcentualmente mucho en la estructura de los ingresos de la Torre de Uriarte. Es muy probable, a la vista de lo que declaraba don Pedro Bernardo en la capitulación matrimonial de su hijo (que las ferrerías rentarían más si «las manejara directamente») y de los borradores existentes, que las rentas de 1727, evaluadas, como dijimos, en 3.500 ducados de vellón, procedieran en su mayor parte de la explotación de los montes (ventas de madera y cargas para carbón), arrendamiento de tierras y molinos, viñas, y sobre todo derechos devengados del Patronato de Bérriz, debiéndose a las ferrerías no más allá del diez por cien de los ingresos en el mejor de los casos.

domingo, 22 de marzo de 2009

Carga y conducción de un alto horno

Carga y conducción de un alto horno

Construido que sea un alto horno, es necesario desecarlo muy bien antes de proceder a utilizarlo, con el fin de evitar grietas que lo destruirían completamente. El revestimiento refractario debe caldearse de un modo sucesivo y gradual para evitar los inconvenientes mencionados.

Cuando el horno se construye de nuevo y tiene paredes de mucho grueso, deben secarse estas antes de revestirlo con materiales refractarios; pero si las paredes son metálicas o de poco grueso se procede al secado de una sola vez.

La carga y conducción de un alto horno varía según el modelo, costumbres y práctica de cada fundición. En la ferrería de Beasain (Guipúzcoa), se procede del modo siguiente: según La Metalurgia de D. Luis Barinaga.

Sonda meteorológica Meteotek08

Un grupo de alumnos de segundo de bachillerato del IES Bisbal (La Bisbal d’Empordà, Girona)iniciaron el año 2008 un proyecto de lanzamiento de una sonda meteorológica que denominaron Meteotek08. La dirección del proyecto ha corrido a cargo del profesor Jordi Fanals.

Lanzamiento de la sonda.

El origen de la sonda Meteotek08 se debe a tres hechos: la pasión por la electrónica e informática, por la meteorología y por el espacio que sienten los integrantes del equipo. El objetivo se fijó en diseñar y construir la sonda meteorológica y posteriormente lanzarla a altitudes de más de 30.000 metros y recoger, y procesar, los datos y algunas imágenes. La sonda dispone de un sistema de alimentación eléctrica, un conjunto de microcontroladores que regulan su funcionamiento, un sistema de posicionamiento GPS, una cámara fotográfica, un conjunto de sensores y un equipo de comunicaciones via radio.

Recuperación de la sonda.

En marzo de 2008 se distribuyó el trabajo, para la realización de los dosieres técnicos de los diversos aspectos del proyecto, de la forma siguiente:

Microcontroladores, estructura y funcionamiento (Martí Gasull)
Sistema de posicionamiento GPS (Gerard Marull)
Estructura de la atmósfera terrestre (Sergi Saballs)
Comunicaciones vía radio (Jordi Plaja y Jordi Font)
Servomotores (Jaume Puigmiquel)
Sensores de temperatura y presión (Eloi Cabrillana)

Prueba del emisor y receptor de radio.

Entre el material necesario para el proyecto se puede destacar: Una caja de porexpan para situar el resto de los elementos de la sonda, un servo digital (HSR 8498HB de Hitec) para mover la cámara fotográfica, dos sensores de temperatura (DS18B20), un circuito MAX3232 (Se utiliza como interficie con el ordenador a través del puerto serie), una tarjeta de memoria SD (1GB), un sensor de presión (SCP1000), una pantalla LCD monocroma (128×64) para visualizar el estado de la sonda sin necesidad de usar el ordenador, algunos microcontroladores Atmel (Atmega 8, 16 y 32).

Conjunto de la sonda.

En cuanto a la programación han utilizado el software AVR-toolchain bajo Linux (Compilador y utilidades binarias GCC 4.2.2 y Binutils 2.18, librería de programación avr-libc 1.6.1, programador avrdude 5.5).

Interior de la sonda mostrando el emisor de radio, el GPS, el microcontrolador y la comunicación por el puerto serie.

Los trabajos de cosntrucción comenzaron en mayo de 2008, y terminaron con el lanzamiento de la sonda el pasado 28 de febrero de 2009 en Bujaraloz. La sonda llegó hasta los 30.677 metros de altura donde, como estaba previsto, el globo de helio reventó. El Meteotek08 fue recogido a 38 kilómetros del lugar de lanzamiento tras 130 minutos de vuelo, sin grandes desperfectos. La primera sorpresa al recuperar la sonda fue la calidad de las fotografías obtenidas, sobre todo teniendo en cuenta que habían sido tomadas con una cámara bastante modesta, una Nikon Coolpix L15. Además la sonda recogió datos de altura, temperatura, presión y velocidad durante todo el vuelo. La temperatura mínima registrada fue de - 57,93 º C a 16.000 metros de altura, en la bajada.

sábado, 21 de marzo de 2009

Erupción volcánica submarina en el Pacífico

La erupción de un volcán submarino el pasado 19 de marzo ofreció espectaculares imágenes en el sur del Pacífico, a unos 10 kilómetros de la costa suroeste de la isla principal de Tongatapu, una zona en donde se agrupan unos 36 volcanes submarinos. En el lugar se podían observar gigantescas nubes de humo grisáceo y negruzco brotando del agua. Las columnas de ceniza, humo y vapor eran visibles desde kilómetros de distancia.

La erupción coincidió con un terremoto de magnitud 7,9 que afectó a los archipiélagos Tonga, Niue, Kermadec, Samoa y Fiji, lo que generó una alerta de tsunami, pero una vez que el Centro de Alerta del Pacífico tuvo las mediciones por satélite de los cambios del nivel de las aguas, que resultaron mínimos, el aviso fue cancelado. El epicentro fue ubicado a una profundidad de 10 kilómetros. Las autoridades aseguraron que, a pesar de la espectacularidad del fenómeno, ello no supone ningún peligro para la población.

La conocida como Cuenca Norte de Lau, situada entre Fiyi, Samoa y Tonga, dispone de decenas de volcanes submarinos activos localizados entre 1.000 y 1.500 metros de profundidad bajo las aguas y que esconden vastas reservas de minerales. La erupción submarina ocurrió cerca de las dos islas volcánicas gemelas de Hunga Tonga y Hunga Ha'apai, visibles desde la capital, Nuku'alofa.

Tonga es un archipiélago localizado directamente al sur de Samoa (Entre Australia y Tahití). El Reino de Tonga es un pequeño país ubicado al este de Australia y al noreste de Nueva Zelanda, al sur del Océano Pacífico. Sus 169 islas, de las cuáles 96 están habitadas, se dividen en tres grupos principales: Mayorga, Gálvez y Ámsterdam, que forman una línea norte-sur de 800 kilómetros de largo.

El miércoles 18, el Moderate Resolution Imaging Spectroradiometer (MODIS) de la NASA que está instalado en el satélite Aqua, capturó imágenes de la actividad volcánica. En la imagen de abajo, el área alrededor de la erupción aparece azul-verde brillante, probablemente el resultando del sedimento suspendido en el agua. El color blanco brillante en el centro del área puede ser resultado del vapor lanzado por el volcán. Al noroeste del lugar de la erupción, una figura marrón en forma de serpentina indica probablemente una balsa de piedra pómez que flota en el agua. La naturaleza altamente porosa de la piedra pómez permite a esta roca volcánica formar balsas flotantes (Una balsa mayor de piedra pómez resultó de una erupción similar en las islas de Tonga en agosto de 2006).

Rotura de palas en dos aerogeneradores de la Serra de Rubió

Parque eólico de Rubió

El pasado 27 de diciembre de 2008 dos aerogeneradores del Parque Eólico Rubió I partieron una de sus palas debido al fuerte viento reinante (90 Km/h). Hace algo más de un año ya se hubo de cambiar otra pala por culpa de la caida de un rayo

Aerogenerador Nordtank 500

Los siguientes videos nos muestran la destrucción de un aerogenerador en Hornslet, cerca de Aarhus (Parque eólico de Halling, Jutlandia, Dinamarca) que ha sido destruido durante una tormenta. Sin duda le han fallado los sistemas de parada por velocidad de viento demasiado alta. El accidente ocurrió el 22 de febrero de 2008 y fue grabado por una videoaficionada, el aerogenerador había quedado fuera de control y el personal de servició aviso a la policía que procedió a instalar un cordón policial de 400 metros alrededor de la máquina, estos son sus últimos segundos de vida.

El aerogenerador destruido era un Nordtank de 500 Kw de la empresa Vestas, con diámetro de rotor 40 metros.

El accidente se desarrolla de la siguiente forma.

Una pala se desintegra en el aire, probablemente como consecuencia de un impacto inicial contra la torre. A consecuencia de la desaparición de esta pala el empuje que actua sobre el rotor de la máquina queda repentinamente descompensado inclinando toda la góndola hacia abajo y permitiendo que una segunda pala impacte de lleno contra la torre, desintegrandose en el impacto, hacia la izquierda de la imagen.

Este impacto supone un brusco frenazo para el rotor lo que a su vez cizalla la tercera pala casi por la base y que sale más o menos intacta hacia arriba. En las fotos se aprecia la unión entre los dos tramos de torre, el impacto de la segunda pala deforma de tal forma la torre que todos los tornillos de unión de los dos tramos de torre desaparecen al unísono, desapareciendo la unión de ambos tramos de torre.

Se trata de una máquina similar a los modelos Bonus, con un freno aerodinámico en la punta de la pala. Para frenar la máquina se gira solamente esta punta de la pala. A 25 m/s (100Km/h, la categoría más baja de un huracán) las cargas que sufre la máquina son tan elevadas que es necesario parar, esto es algo normal para todos los aerogeneradores, pero es relativamente rara esta velocidad de viento, normalmente son muy pocas horas al año las que la máquina se encuentra parada por este motivo.

En este modelo de aerogenerador la entrada en pérdida del perfil aerodinámico provoca que la máquina auto-regule la velocidad del rotor, gracias al diseño del perfil de la pala. En otros aerogeneradores se utilizan sistemas denominados de "paso variable" en los que se giran las palas sobre su eje, bien por medio de cilindros hidráulicos o motores eléctricos, para optimizar la orientación de la pala y sacar el máximo rendimiento a la potencia del viento que actua sobre la máquina y al mismo tiempo, toda la pala sirve como freno aerodinámico para parar o arrancar la máquina.

En el caso del aerogenerador Nordtank el freno de punta de pala se acciona mediante una unidad llamada CU (Centrifugal release Unit), que por medio de la fuerza centrifuga abre una válvula y la punta de la pala gira ofreciendo resistencia aerodinámica al giro del rotor y frenando la máquina. Pudiera ser este sistema el que no haya funcionado y, por tanto, la causa última del accidente. Otra explicación podría ser la falta de aceite, por fugas, en el circuito del CU.

La causa de que el aerogenerador haya salido fuera del rango de velocidad normal puede ser debido también a la perdida de la tensión de linea, de forma que al perder el par eléctrico que actua como freno para el generador, haya acelerado rápidamente hasta quedar fuera de control. El aerogenerador también dispone de otro sistema de emergencia, el HCU, un freno hidráulico en el eje rápido, situado entre la multiplicadora y el generador, donde se requiere menos par para detener la máquina, pero con un par aerodinámico alto es muy difícil detener la máquina.

En máquinas más grandes la aplicación de este tipo de frenos provoca que el disco de freno y las zapatas alcancen tales temperaturas que pueden iniciar incendios. Estos frenos en realidad están diseñados para impedir que comience a girar la máquina y no para detenerla, el freno principal debe ser el aerodinámico.

Accidentes en parques eólicos

El 4 de febrero de 2009 murió un trabajador en el parque eólico de Zás (Pico de Meda, Coruña) al quedar atrapado por el giro del rotor de un aerogenerador, mientras realizaba labores de mantenimiento. El cuerpo fue recuperado después de cinco horas de arduos trabajos, utilizando una grúa de 40 metros de altura. Días antes de este accidente, en el municipio lucense de Guitiriz, se vio involucrado un operario de Malpica, al que le cayó encima la pala de un aerogenerador cuando participaba en el montaje del parque de Cova da Serpe. El accidente le produjo una fractura pélvica que le obligó a permanecer hospitalizado.

Las labores en los parques eólicos, que emplean a un nutrido grupo de gente, principalmente joven, provocan accidentes a veces mortales. Uno de estos accidentes le costó la vida a Pablo Reymúndez Arijón en marzo de 2004 mientras trabajaba para la empresa Gamesa en la localidad soriana de Hontalbilla de Almazán. El tribunal de justicia le impuso una multa de 30.000 euros a la compañía, después de que la inspección de Trabajo detectase una infracción grave en materia de seguridad laboral.

También llegó a los tribunales el accidente ocurrido en diciembre de 2003 en el parque eólico de Cabo Vilán. En aquella ocasión un trabajador sufrió numerosas fracturas en la cabeza y la pierna izquierda que le obligaron a ingresar tres veces en el hospital para someterse a intervenciones quirúrgicas. En el juicio, el fiscal llegó a pedir 30 meses de prisión para el representante legal y la encargada de seguridad de la compañía CTM, responsable de las obras, aunque finalmente la pena impuesta fue mucho menor.

El 27 de junio de 2008 por la tarde los bomberos de zaragoza participaron en el rescate de un trabajador que resultó herido grave al sufrir un accidente en el parque eólico del Burgo de Ebro mientras realizada labores de mantenimiento en un molino. En el rescate intervinieron el vehículo de mando y comunicaciones, un camión de rescate, una autoescalera automática y una ambulancia UVI del Cuerpo de Bomberos.

El viernes 4 de junio de 2008, un trabajador resultó accidentado haciendo una prueba de seguridad en el parque eólico de Briviesca. El trabajador sufrió la rotura de la tibia, peroné y talones de ambas piernas y el desplazamiento de una vértebra, tras una caída de 20 metros. La prueba en cuestión era un descenso controlado por una cuerda de seguridad.

El 11 de agosto de 2006 un trabajador del parque eólico Torremiró II ubicado en la localidad de Morella (Castellón) falleció y otro resultó herido después de que el rotor que une las palas de uno de los molinos, de unas 9 toneladas de peso, se desprendiera de la grúa que lo sujetaba e hiriera gravemente a los operarios. El siniestro tuvo lugar alrededor de las 13.30 horas, cuando ambos estaban trabajando en el montaje de los últimos aerogeneradores del parque. Inmediatamente se desplazaron hasta el lugar de los hechos efectivos del Consorcio de Bomberos, agentes de la Guardia Civil y la doctora de Morella, que prestó la primera atención sanitaria. Alrededor de las 14 horas llegaron hasta el punto del accidente médicos del Samu, desplazados en un helicóptero medicalizado, aunque, a su llegada uno de los trabajadores heridos, vecino de Albacete y de unos 30 años, ya había fallecido.

El 28 de enero de 2008 una racha de viento de 162 kilómetros por hora rompió una pala de un aerogenerador del parque eólico de Pico da Bara, entre Coaña y El Franco (Asturias). Se supone que la pala podía estar debilitada debido a la caída de un rayo en octubre de 2007. Según informó la empresa Terranova Energy S. A., operadora del parque, la velocidad del viento fue la mayor de las registradas en Coaña desde que se comenzasen a llevar a cabo mediciones en este punto, en el año 1998. La rotura de una pala es algo inusual y se produce una media de un incidente cada cinco años, generalmente coincidiendo con el período de montaje del aerogenerador.

Entre los incendios producidos en aerogeneradores se pueden citar el de La Cuerda de Pétrola el 11 de agosto de 2006 y el de la Muela de Peña Blanca (Albacete) en noviembre de 2003.

El anterior recuento de accicentes no es exhaustivo.

Un estudio realizado durante 15 años en Dinamarca destaca como origen de las averías de los aerogeneradores los siguientes:

Problemas mecánicos 40 % de los casos.
Caída de rayos 20 % de los casos.
Incendio 7 % de los casos.
Rachas de viento 4 % de los casos.
Otros 28,5 % de los casos.

Las averías mecánicas más habituales se producen en engranajes y cojinetes, por rotura o desgaste. Todo esto se produce debido a defectos del material, fatiga, uso de aceite indebido, altas temperaturas del aceite, vibraciones, sobrecarga, etc.

Los rayos tienden a caer en el punto más alto, por esta razón, los aerogeneradores son un blanco natural, debido tanto a su altura como a su ubicación elevada. Cuando impacta un rayo, se crea un arco eléctrico que se extiende desde el punto de contacto a través de otros componentes conductores que puede alcanzar una temperatura de hasta 30.000º C. El resultado es una expansión explosiva del aire contenido en el plástico que compone la pala, provocando grietas y derretimiento.

Se ha comprobado que en algunos parques eólicos, los generadores registran hasta 10 impactos de rayos en cada pala por año, eventos que habitualmente no generan daños debido a los modernos sistemas de protección para interceptar y transmitir el rayo de manera eficaz y segura hacia las otras partes del sistema de protección del aerogenerador. Estos sistemas tienen una eficacia aproximada del 95 % de los rayos, el 5 % restante sigue causando problemas.

Los incendios pueden ser tanto por rayos como por sobrecalentamiento de cojinetes, fallos en el sistema de lubricación (Un generador cuenta con entre 200 y 400 litros de aceite de lubricación en su interior), corto circuitos y, especialmente, por chispas durante los trabajos de mantenimiento. La posibilidad de combatir un incendio en lo alto del aerogenerador es muy limitada, motivo por el cual los incendios normalmente concluyen con la destrucción total de la góndola.

jueves, 19 de marzo de 2009

Compilador C CCS y simulador Proteus para microcontroladores PIC

Los microcontroladores PICmicro de Microchip han experimentado un importante aumento de presencia en el sector industrial.

En lenguajes de programación destacan los compiladores C para PIC de compañías como CCS Inc. El desarrollo de un lenguaje C específico para un microcontrolador permite obtener el máximo rendimiento del micro.

Los programas de simulación permiten depurar hasta casi la perfección el diseño antes de ser montado en una placa. Tal vez uno de los mejores simuladores para microcontroladores sea el ISIS de PROTEUS.

En el libro "Compilador C CCS y simulador Proteus para microcontroladores PIC" de Eduardo García Breijo, editado por MARCOMBO (22,5 €), se hace una breve descripción del ISIS de PROTEUS, de forma que el lector pueda afrontar la simulación de diseños sin ningún problema. También se realiza un repaso del compilador C para PIC de CCS y se desarrollan los distintos módulos que integran un PIC (ADC, USART, CCP, etc.) a nivel hardware, enlazándolos con las correspondientes directivas y funciones del C. En el libro también se desarrolla el USB de reciente incorporación al ISIS.

Este libro está enfocado a todos aquellos lectores movidos por el interés acerca de los microcontroladores PIC sin necesidad de tener conocimientos muy profundos en la materia. Los ejemplos desarrollados no tienen una excesiva complejidad, son breves y permiten ir afianzando los conocimientos capítulo a capítulo.

En PICAXE se puede descargar una versión del programa ISIS de Proteus conocida por PICAXE VSM, a un precio de 57,5 libras esterlinas.

La placa de desarrollo del PICAXE 28 dispone de un puerto serie para la programacion de PICs.

martes, 17 de marzo de 2009

Compuestos químicos

Antoine-Laurent Lavoisier (1743-1794) fue un financiero. Estableció un sistema de pesos y medidas que condujo al sistema métrico, vivió los primeros momentos turbulentos de la Revolución Francesa y fue pionero en la agricultura científica. Se casó con una jovencita de catorce años y fue decapitado durante el Terror. Se le ha llamado padre de la química moderna y, a lo largo de su atareada vida, sacó a Europa de las épocas oscuras de esta ciencia.

Antoine-Laurent Lavoisier

Una de las primeras aportaciones de Lavoisier surgió cuando éste hizo el experimento de hervir agua durante largos períodos de tiempo. En la Europa del siglo XVIII muchos científicos creían en la transmutación. Pensaban, por ejemplo, que el agua podía transmutarse en tierra, entre otras cosas. Entre las pruebas, la principal consistía en hervir agua en una cazuela: en la superficie interior se formaban residuos sólidos. Algunos científicos proclamaron que esto se debía a que el agua se convertía en un nuevo elemento. Robert Boyle, el gran fisico y químico británico del siglo XVII que llegó al apogeo de su actividad científica cien años antes que Lavoisier, creía en la transmutación. Después de observar cómo crecían las plantas absorbiendo agua, llegó a la conclusión —al igual que muchos antes que él— de que el agua podía transformarse en hojas, flores y bayas. Según dice el químico Harold Goldwhite, de la State University de California, en Los Ángeles, «Boyle fue un activo alquimista».

Lavoisier observó que el peso era la clave y que las mediciones eran fundamentales. Puso agua destilada en un hervidor especial en forma de tetera llamado pelícano, un recipiente cerrado con una tapa esférica que tomaba el vapor del agua y lo devolvía a la base del recipiente por dos tubos parecidos a unas asas. Hirvió el agua durante 101 días y encontró un residuo considerable. Pesó el agua, el residuo y el pelícano. El agua pesaba exactamente lo mismo. El pelícano pesaba algo menos, una cantidad exactamente igual al peso del residuo. Por lo tanto, el residuo no era producto de una transmutación, sino parte del recipiente: vidrio disuelto, sílice y otras sustancias.

Como los científicos seguían creyendo que el agua era un elemento básico, Lavoisier realizó otro experimento crucial. Inventó un aparato con dos boquillas e hizo pasar distintos gases de la una a la otra, para ver qué sucedía. Un día mezcló oxígeno con hidrógeno, esperando conseguir algún ácido. Lo que obtuvo fue agua. Filtró el agua a través de un cañón de escopeta lleno de anillos de hierro calientes, para hacer que ésta se descompusiera de nuevo en hidrógeno y oxígeno, confirmando así que ésta no era un elemento.

Lavoisier hizo mediciones de todo y observó que, cada vez que hacía este experimento, obtenía los mismos números. El agua siempre producía oxígeno e hidrógeno en una proporción de 8 a 1 en sus pesos. Lo que Lavoisier vio fue que la naturaleza era estricta en cuanto al peso y la proporción. Los gramos o los kilos de materia no desaparecían o aparecían de forma aleatoria: tomando las mismas proporciones de gases, éstos producían los mismos compuestos. La naturaleza era predecible... y, por consiguiente, maleable...

...La historia de la química se desarrolla de una forma contraria a la historia de la física. Esta última contiene gran abundancia de teoría, quedando la actividad experimental muy por detrás. En la química observamos una fascinación por el conocimiento empírico, por la experimentación con toda una variedad de sustancias (líquidos, sólidos, gases), utilizando todo tipo de métodos (el fuego, la ebullición, la destilación), pero sin un marco teórico sólido que guíe la experimentación. La imagen de película del científico de cabellera hirsuta metido en su laboratorio y mezclando el contenido de probetas llenas de productos químicos de colores brillantes no está muy lejos de la realidad. La química ha sido una ciencia de pruebas y tanteos. La teoría no siempre ha sido de máxima calidad.

Se desarrolló una teoría coherente que predice qué elementos se combinan entre sí y cuáles no, y también por qué algunos compuestos son imposibles y otros no lo son y qué es exactamente lo que va a suceder cuando una sustancia química se combina con otra. Además de Lavoisier, hubo dos grandes pioneros en esta materia.

En 1869, en la Universidad de San Petersburgo, el científico nacido en Siberia Dimitri Mendeleiev no pudo encontrar un buen libro de texto de química para asignarlo a sus clases. Por consiguiente, se puso a escribir su propio libro. Como Lavoisier consideró la química como la «ciencia de la masa». Era aficionado a hacer solitarios, por lo que escribió los símbolos de los elementos con sus pesos atómicos en unas fichas de cartulina, una para cada elemento, con la lista de sus diversas propiedades (por ejemplo, sodio: metal activo; cloro: gas reactivo).

Mendeleiev ordenó estas fichas en orden ascendente según el peso atómico de los elementos. Observó una periodicidad evidente (de aquí que se diga «tabla periódica de elementos», que es como llegó a llamarse este ordenamiento). Los elementos que tenían propiedades químicas similares estaban a una distancia de ocho fichas. El litio, el sodio y el potasio, por ejemplo, son todos ellos metales activos (se combinan fuertemente con otros elementos, tales como el oxígeno y el cloro) y sus posiciones son 3, 11 y 19. El hidrógeno, el flúor y el cloro son gases activos y ocupan las posiciones 1, 9 y 17. Mendeleiev reorganizó las fichas en una tabla de ocho columnas verticales. Leyendo la tabla horizontalmente, los elementos que aparecían eran cada vez más pesados. Leyéndola verticalmente hacia abajo, los elementos de cada columna mostraban unas propiedades similares.

Dimitri Mendeleiev

Mendeleiev no se sintió obligado a rellenar todas las casillas de la tabla, sabiendo que, como en un solitario, algunas de las cartas estaban aún ocultas en el mazo. Si una casilla de la tabla pedía un elemento con unas propiedades especiales y tal elemento no existía, la dejaba en blanco. Muchos ridiculizaron a Mendeleiev por dejar esos huecos en la tabla periódica. Sin embargo, pocos años más tarde, en 1875, se descubrió el galio y éste encajó en el hueco situado bajo el aluminio, con todas las propiedades que su lugar en la tabla predecía. En 1886 se descubrió el germanio y éste encajó en el espacio situado bajo el silicio. Nadie se ha reído desde entonces. Mendeleiev nunca ganó el premio Nobel de química, aunque seguía vivo y elegible durante los primeros años de este premio. No obstante, tres químicos que descubrieron nuevos elementos para llenar los «huecos» sí lo ganaron: William Ramsay, que descubrió el argón, el criptón, el neón y el xenón; Henri Moissan, por el descubrimiento del flúor, y Marie Curie por descubrir el radio y el polonio.

Cuando yo estudiaba, durante las décadas de 1950 y 1960, al igual que otros estudiantes de aquella época pasé muchas horas mirando fijamente la tabla periódica, que colgaba en las paredes de las aulas por todo el país. La tabla periódica no se expone tanto hoy en día, lo cual es una desgracia, ya que inculca, incluso en la mente más lenta, la importancia del número atómico, que coincide con el lugar que ocupa un elemento en la tabla periódica. Las impactantes diferencias cualitativas entre elementos —el carbono se parece poco al hidrógeno, lo mismo que el plomo al helio— son, a un nivel básico, diferencias entre sus números atómicos, que actualmente equiparamos con la carga del núcleo.

El significado de la tabla periódica y sus regularidades y pautas repetitivas siguió estando oculto hasta principios del siglo XX, cuando se hizo la disección del átomo y los físicos encontraron dentro electrones y un núcleo que contenía protones y neutrones. Los elementos difieren entre sí debido al número de protones y neutrones que tienen en su núcleo y al número de electrones que zumban en torno a estos núcleos. A partir de todo esto surgió la teoría cuántica.

Uno de los pioneros del apogeo cuántico (de 1900 a 1930) fue Wolfgang Pauli. Pauli no intentaba resolver el misterio de la tabla periódica; simplemente trataba de comprender el átomo. Pauli era famoso por su cruel sentido del humor. Nadie se libraba. Cuando el famoso físico Víctor Weisskopf, que entonces era ayudante de Pauli, le presentó los resultados de sus esfuerzos por desarrollar cierta teoría, Pauli dijo: «¡Bah, esto ni siquiera es erróneo!». Pauli también envió una carta a Albert Einstein para recomendarle a un discípulo suyo como ayudante. «Querido Einstein», decía Pauli, «este estudiante es bueno, pero no entiende claramente la diferencia entre las matemáticas y la física. Por otra parte, usted, querido maestro, hace tiempo que perdió la noción de esta diferencia.»

Wolfgang Pauli

En 1924, Pauli anunció el principio de exclusión: no hay dos electrones que puedan ocupar el mismo estado cuántico. Este principio explicaba el orden de los elementos en la tabla de Mendeleiev y, además, por qué podemos utilizarla para predecir qué elementos pueden combinarse con cuáles y cómo. No voy a entrar aquí en detalles de lo que es un estado cuántico. Baste decir que el principio de exclusión de Pauli limita el número de electrones en lo que actualmente llamamos las «capas» [o niveles de energía] de cada átomo: dos electrones en el primer nivel, ocho en el segundo, dieciocho en el tercero, y así sucesivamente. El átomo de hidrógeno, por ejemplo, no tiene más que un protón en su núcleo. Para equilibrar esta carga positiva única necesitamos un electrón (carga negativa), que ocupa en su órbita el nivel más bajo de energía. El siguiente en la tabla es el helio. Su núcleo tiene dos cargas positivas, por lo que necesitamos dos electrones, que, según el principio de Pauli, encajan ambos en el primer nivel. Cuando llegamos al litio, con sus tres cargas positivas en el núcleo, necesitamos tres electrones. Dos están en el primer nivel, pero el tercero debe ponerse en el segundo nivel. Este nivel tiene un radio mucho más largo que el primero y, por el hecho de que sólo está ocupado uno de los ocho huecos que existen para los electrones, podemos entender por qué el litio es un metal activo que se combina fácilmente con otros átomos. Cuando se llenan las capas más exteriores, es imposible añadir un electrón. La resistencia electromagnética es enorme. Pero cuando hay huecos vacíos, es el momento de hacer negocios.

El dirigible Hindenburg es un ejemplo formidable de este principio. Su trágica explosión sobre Lakehurst, Nueva Jersey, en 1937, ilustra el principio de Pauli. Estados Unidos se había negado a exportar helio a Alemania, por lo que los dirigibles alemanes se llenaban con hidrógeno. El helio es más seguro porque sus dos electrones llenan su nivel de energía, convirtiéndolo en un gas inerte. El hidrógeno sólo tiene un electrón, lo que le hace ser un gas activo, hecho que se hizo evidente cuando el Hindenburg estalló en llamas.

El hidrógeno y el helio son muy diferentes, a pesar de que sus números atómicos difieren en sólo una unidad. Por otra parte, las columnas verticales de la tabla periódica contienen elementos cuyas capas más externas poseen el mismo número de electrones, por lo que estos elementos tienen propiedades químicas similares.

Gracias a Lavoisier, Mendeleiev, Pauli y muchos otros, los estudiantes de bachillerato pueden hacer y comprender experimentos que les habrían parecido mágicos a los químicos que trabajaban hace sólo unos pocos siglos. En los últimos tres cuartos de siglo, gracias a Pauli, hemos entendido por qué las sustancias químicas se mezclan y reaccionan como lo hacen. Vemos claramente por qué el sodio y el cloro pueden combinarse para formar sal, o el hidrógeno y el oxígeno para dar agua.

La alquimia es el intento de convertir el plomo u otros metales básicos en oro. Otro objetivo de los alquimistas era hallar el elixir de la eterna juventud. La alquimia se puede definir también como una forma primitiva de la química.

La ambición de convertir plomo en oro no es tan disparatada. Como ya hemos visto, el número atómico es la clave de la química, y el número atómico del plomo es parecido al del oro, estando ambos elementos en posiciones cercanas dentro de la tabla periódica (sus números atómicos son 82 y 79, respectivamente), aunque, por supuesto, los antiguos no disponían de una tabla periódica.

Uno de los primeros premios Nobel de química fue concedido en 1908 a Ernest Rutherford, quien descubrió que a causa de la radiactividad algunos elementos se transforman en otros. Los elementos son alterables. Escuchemos la famosa conversación de Rutherford con su colaborador Frederick Soddy:

Soddy: «Rutherford, esto es transmutación.»
Rutherford: «Por Dios, Soddy, no lo llames transmutación. Nos cortarían la cabeza
por alquimistas.»

Rutherford siguió transmutando elementos de otra manera: bombardeándolos con partículas para extraer de ellos protones, «rompiendo a golpes los átomos» para convertirlos en elementos más ligeros.

Ernest Rutherford

En 1938, el físico italiano Enrico Fermi ganó el premio Nobel, en parte por haber descubierto, supuestamente, nuevos elementos radiactivos más pesados que el uranio. Fermi había bombardeado uranio, cuyo número atómico es 92 en la tabla periódica, con neutrones lentos y había logrado producir dos sustancias misteriosas, que en el discurso de aceptación del premio Nobel llamó «ausonium» y «hesperium», que serían los elementos de número atómico 93 y 94, respectivamente. En realidad, Fermi había escindido el átomo de uranio en elementos más ligeros, no había añadido neutrones para conseguir elementos más pesados. Sin saberlo había realizado la fisión del átomo. En 1939, Otto Hahn y Fritz Strassman, con cierta ayuda de Lise Meitner y Otto Frisch en la interpretación de los resultados, escindieron el átomo de uranio y constataron que habían logrado la fisión. (El premio de Fermi estuvo bien merecido; Fermi fue un gran físico, un «dios» del lenguaje, y alcanzó muchos otros logros del nivel del premio Nobel.) En 1940, Edwin McMillan y Glenn Seaborg llegaron a las metas que la obra de Fermi había señalado. Crearon mediante bombardeo los elementos transuránicos neptunio y plutonio. Ganaron el premio Nobel de química en 1951.

"Los grandes descubrimientos perdidos", Dick Teresi, Editorial Critica, Barcelona 2004