lunes, 2 de agosto de 2010

Cinemática biológica

El siguiente texto está extraído de las notas del capítulo La Física del Sexo del libro “Cómo mojar una galleta“, Len Fisher, Editorial Mondadori, Barcelona 2004.

He utilizado el ejemplo de la eyaculación con cierto éxito para enseñar las leyes del movimiento de Newton a una clase hasta entonces poco entusiasta de estudiantes universitarios de primer año. La velocidad con que brota la eyaculación puede averiguarse aplicando la segunda ley del movimiento de Newton (fuerza = masa x aceleración), que se utiliza para calcular la velocidad vertical de un proyectil a partir de la altura máxima que alcanza. En este caso, el «proyectil» es una cucharada de té de la masa eyaculada. La única descripción publicada que encontré sobre la altura que puede alcanzar aparece en Portnoy's Complaint, de Philip Roth, donde se dice que Portnoy alcanzó la bombilla. No obstante, informaciones de otras fuentes revelan, que es poco probable que el hombre medio pueda lanzar su cucharadita de eyaculación a mucho más de 30 centímetros directamente hacia arriba en el aire. En este caso, la segunda ley de Newton dice que su velocidad inicial debería estar alrededor de los dos metros/segundo; es decir, unos 7 kilómetros por hora, que viene a ser una velocidad de marcha rápida.

Esto no crea demasiados problemas en la Tierra, pero añade un giro interesante al problema de hacer el amor en el espacio. El problema no es solo académico; la NASA ha empezado a entregar tests de embarazo al personal femenino de la Estación Espacial Internacional, admitiendo así que un grupo de hombres y mujeres encerrados juntos durante cinco meses en el espacio pueden dedicarse a algo más que a leer unos cuantos indicadores y a girar otros tantos cuadrantes.

Según el técnico de la NASA Harry Stine (en Stine, H., idtHtlg in Space, M. Evans and Co., 1997), la NASA ya ha llevado a cabo experimentos en la Tierra sobre la viabilidad de hacer el amor en el espacio. Los experimentos se realizaron en un tanque de flotabilidad, aunque los nombres de los voluntarios, por desgracia, no son del dominio público. La conclusión fue que hacer el amor en condiciones de ingravidez era apenas factible, pero que resultaba mucho más fácil si había una tercera persona presente que sujetara uno de los cuerpos.

Las ballenas averiguaron esto hace milenios y muchas especies de cetáceos utilizan esta práctica todavía hoy. En términos físicos, la tercera persona (o ballena) está allí para proporcionar una defensa contra la primera ley de Newton sobre el movimiento, que dice que si empujas algo, se alejará velozmente, a menos que haya una fuerza equilibradora que le impida hacerlo.

En el espacio, hay que tener en consideración otra ley de Newton, la tercera, que dice que acción y reacción son iguales. Este principio explica por qué un proyectil disparado desde un cañón produce un retroceso que impulsa al cañón hacia atrás. El principio se aplica igualmente a los gases y predice, por ejemplo, que el combustible ardiendo expulsado por un cohete producirá un retroceso que impulsará al cohete hacia delante. Es también aplicable a los líquidos, incluyendo los producidos durante la eyaculación.

La cantidad exacta de retroceso puede calcularse a partir del principio de conservación del momento, que dice que el momento hacia delante (es decir masa x velocidad) de la eyaculación debe equilibrarse con el momento hacia atrás del cuerpo al proyectarla. Según mis cálculos, si un hombre de sesenta kilogramos de peso eyacula tres gramos, a siete kilómetros por hora, retrocederá a una velocidad inicial de (0,003 x 7/60) = 0,00035 kilómetros por hora. En un campo gravitatorio esto no importa demasiado. Si el esperma se dirige hacia abajo, por ejemplo, el hombre retrocederá una distancia máxima de 5 micrómetros antes de volver a la tierra atraído por la fuerza de la gravedad.

Sin embargo, en el espacio el hombre seguirá moviéndose, desplazándose un metro cada tres horas, hasta que choque contra una de las paredes de la nave espacial. Si esa nave tiene ocho metros de largo, podría tardar hasta veinticuatro horas en llegar a la pared más alejada... un tiempo perfecto para que la libido se acumule de nuevo y repetir la experiencia.