Lo cierto es que no existe una única respuesta a la pregunta de partida. Depende mucho de cada caso. Si el viajero se desplaza de Madrid a Barcelona, sí puede haber escogido la opción más eficiente subiéndose a un AVE: se supone que habrá emitido cuatro veces menos CO2 que otro que haya volado en avión, tres veces menos que el haya ido en coche y algo menos que el que fuera en tren convencional o en autobús. Pero si se trata de ir de Madrid a Alicante, puede que hubiese contaminado menos si se hubiera subido a un tren convencional. O así lo asegura un estudio de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles (FFE), publicado de forma reciente en la revista Transportation Research Record, que analiza diez corredores españoles con alta velocidad. ¿Su conclusión?: en siete de los casos el pasajero que emite menos CO2 es el que viaja en AVE y en los otros tres ganaría el del tren convencional.
Está claro que cuánto más rápido pase el paisaje por la ventana del tren más aumentará el consumo de energía. Sin embargo, como explica Alberto García Álvarez, investigador de la FFE y autor del estudio anterior, existen otros factores propios de la alta velocidad en España que reducen a la vez el gasto de energía (y la generación de emisiones de CO2). Uno de ellos es la distancia a recorrer. Cuando se usan datos reales para comparar los distintos modos de transporte se constata que los puntos A y B no están siempre separados por los mismos kilómetros, pues la ruta puede ser más o menos directa. Entre Barcelona y Madrid, por ejemplo, hay 612 kilómetros si uno va por carretera, pero 528 si se coge un avión. En ferrocarril, la distancia será de 707 km en un tren convencional o de 627 en el de alta velocidad.
José María de Torrijos y Uriarte fue un militar y político recordado sobre todo por su enconada lucha contra el absolutismo que quería imponer Fernando VII, lo que costó a Torrijos la cárcel y el exilio.
Llegó a ser capitán general de Valencia, mariscal de campo y ministro de la Guerra durante el Trienio Liberal (1820-1823), Torrijos preparó un pronunciamiento desde su exilio en Inglaterra (1824-1830), donde vivía gracias en parte a la ayuda concedida por el duque de Wellington a los exiliados españoles que habían luchado bajo sus órdenes en la Guerra de la Independencia española.
El 2 de diciembre de 1831, junto con sesenta de sus más allegados desembarcó en las playas de Málaga procedente de Gibraltar. Allí fue traicionado por el gobernador Vicente González Moreno, quien le había prometido su apoyo, y fueron apresados por las tropas absolutistas. Ocho días más tarde, el 11 de diciembre y sin juicio previo, Torrijos fue fusilado junto a cuarenta y ocho de sus compañeros en las playas de Málaga.
En la cabina de una avioneta hay dos “volantes”, que en los aviones se llaman cuernos. Actúan como uno sólo, es decir, están unidos mecánicamente, y sirven para que, eventualmente, el copiloto (que siempre es el que está sentado a la derecha) pueda gobernar el avión. Como puedes ver, el grueso de los controles está a la izquierda. No se ve en la foto, pero además hay dos juegos de pedales, uno para el piloto, el otro para el copiloto.
En la consola entre el piloto y el copiloto para que puedan acceder los dos hay tres tiradores, un rojo a la derecha, uno plateado en el centro, y dos pequeños a la izquierda. El central es el acelerador, empujando se acelera. El de la derecha en rojo es la riqueza de mezcla. A medida que el avión sube el aire es menos denso, por lo tanto entra menos oxigeno, y hay que hacer que entre menos combustible. Eso se logra con este tirador, que también sirve para detener el motor (y por eso es rojo, tiras mucho de el y el motor se detiene, lo cual es conveniente solo si el avión está en el suelo, cerca de él puede ser mortal).
A la izquierda hay dos tiradores, uno de ellos es la calefacción del carburador necesaria en la toma porque en vuelo se puede haber formado hielo en la entrada de aire, y el otro el freno de parking.
Oimiakón es el pueblo más frío del mundo. Ubicado en la República de Sajá, al este de Siberia, este municipio, que no llega a los 500 habitantes, tiene el dudoso honor de haber registrado la temperatura más baja jamás alcanzada en un lugar habitado. Fue un 26 de enero de 1926, cuando el mercurio marcó -71,2ºC. Tiene un intenso invierno de nueve meses, mientras las otras estaciones duran un mes cada una. Se da la curiosidad de que los niños van al colegio a -50ºC, pero si el termómetro marca -52ºC se quedan en casa.
Para llegar a este poblado se debe tomar la carretera M56 rusa, una solitaria ruta de dos mil kilómetros de largo, que casi todo el año permanece llena de hielo y nieve. También llamada "La carretera de los huesos" porque a sus orillas permanecen los restos de miles de presos que murieron congelados construyendo la ruta.
Uno de los veinte asentamientos humanos que se encuentran en el lugar es Oimiakón, un pueblecito de apenas medio millar de habitantes a más de 30 kilómetros de la carretera principal al que se puede acceder durante el invierno en motonieve, avión o vehículo todo terreno.
Barcelona estrenaba hace un siglo el Salón del Automóvil, con una multitud de visitantes desfilando entre 58 expositores, lámparas y columnas clásicas, en el Palacio de Bellas Artes.
El primer Salón del Automóvil fue un auténtico éxito de organización y público. Y, sobre todo, una fuente de orgullo para la ciudad, una ola de modernidad y de reivindicación industrial sólo dos meses después de la huelga de la compañía eléctrica La Canadiense, que paralizó Barcelona durante más de 40 días y derivó en la instauración de la jornada laboral de ocho horas. "Hacía ya muchos años desde antes de la guerra que no se verificaba ninguna exposición ni salón del automóvil. Han pasado pocos meses después de volver a la normalidad para que en Barcelona la floreciente industria del automóvil no pudiera contenerse en los estrechos límites usuales de exposición obligando comerciantes e industriales a organizar este Salón-Automóvil que acaba de inaugurarse ", se lee en el diario "La Publicidad" del sábado 3 de mayo de 1919. El salón, organizado por la Cámara Sindical del Automóvil, se celebró durante diez días en el Palacio de las Bellas Artes -que estaba ubicado en el parque de la Ciutadella hasta ser derribado el 1942- con la presencia de 58 expositores. La decoración era majestuosa. A la inauguración asistió el general Joaquín Milans del Bosch, acompañado de otros cargos militares, políticos y religiosos, incluida la Mancomunidad de Cataluña, nacida cinco años atrás.
Participar en misiones militares en escenarios de alta montaña, en países como Kosovo o Afganistán, puede acarrear serias dificultades a la hora de desplazar materiales y avituallamiento. La OTAN ha encontrado para estas tareas unas aliadas de excepción: mulas criadas en Murcia que hace 10 años compró el Ejército alemán como apoyo a su Brigada de Infantería de Montaña.