miércoles, 15 de abril de 2026

El informe Fenix

Informe Fénix

El modelo económico actual de Cataluña es insostenible y aboca al país al retroceso económico ya la ruptura de la cohesión social a medio plazo

En un documento coordinado por Xavier Roig y elaborado por los economistas Xavier Cuadras Morató, Modest Guinjoan y Miquel Puig, con el asesoramiento de Jordi Galí, Guillem López-Casasnovas y Jaume Ventura, se proponen modificaciones estructurales del modelo económico catalán para hacerlo sostenible y garantizar que siga siendo fuente de bienestar

 

Barcelona, ​​15 de mayo de 2026

El modelo económico vigente en Cataluña, basado en unos sectores con sueldos tan bajos que los hacen económica y socialmente deficitarios, es insostenible. Si no se adoptan medidas estructurales, el país se enfrenta a un retroceso económico y una ruptura de la cohesión social. Esta es la principal conclusión del Informe Fènix, un documento coordinado por Xavier Roig y elaborado por los economistas Xavier Cuadras Morató, Modesto Guinjoan y Miquel Puig, y asesorado por Jordi Galí, Guillem López-Casasnovas y Jaume Ventura.

El informe pone de manifiesto una preocupante paradoja: aunque Cataluña ha registrado un crecimiento del PIB superior al de su entorno, este crecimiento no se ha traducido en una mejora significativa del PIB per cápita, es decir, en el bienestar material de la población. Si este PIB per cápita estaba, en el 2000, seis puntos por encima de la media europea, ahora está seis puntos por debajo: un descenso relativo de 12 puntos porcentuales.

Según el Informe Fénix, desde el año 2000, Cataluña ha experimentado una expansión demográfica excepcional, impulsada por la creación de empleo con sueldos muy bajos ocupados casi exclusivamente por la inmigración, lo que ha neutralizado el efecto del envejecimiento pero que también ha tenido un efecto negativo sobre la productividad. De hecho, la productividad catalana, ya inferior a la media europea a principios de este siglo, ha empeorado con el tiempo, ampliando la brecha con otras economías comparables de nuestro entorno. Este comportamiento no es exclusivo de Cataluña, sino que se repite en otros territorios con fuertes flujos migratorios y donde la economía se ha especializado en sectores poco productivos, como pueden ser Baleares, Comunidad Valenciana o Canarias.

Uno de los elementos clave identificados es la creciente especialización de la economía catalana en sectores de baja productividad. Aunque la creación de empleo ha sido muy intensa globalmente, lo ha sido sobre todo en sectores con bajos salarios y baja productividad.

Los "sectores altamente subvencionados"

En este contexto, el informe introduce el concepto de “sectores altamente subvencionados”, definidos como aquellos en los que los salarios, de media, son tan bajos que no generan ingresos fiscales suficientes para sostener los servicios públicos más elementales de que disfrutan sus trabajadores. Esto implica una transferencia implícita de recursos desde el conjunto de la economía para cubrir este déficit, especialmente perniciosa cuando el beneficiario último de la producción es una persona que no vive en Cataluña. Entre los sectores con estas características destacan especialmente el turismo de sol y playa y la industria cárnica.

A modo ilustrativo, el estudio estima que cada pernoctación en un hotel de 3 estrellas de la costa catalana recibe una subvención encubierta de 6 euros. Esta situación, combinada con la disponibilidad casi ilimitada de mano de obra barata, estimula a empresas y sectores que sólo son económicamente viables si pagan unos salarios bajos. Los autores del informe consideran que es urgente dejar de crecer, como ha sucedido en los últimos veinticinco años, en sectores que únicamente son viables con bajos salarios que sólo pueden ser ocupados por personas inmigrantes.

Los autores alertan de que la continuidad de este modelo no sólo plantea retos técnicos -como el acceso a la vivienda, la disponibilidad de recursos naturales o la sostenibilidad de los servicios públicos- sino que genera un empobrecimiento general y puede derivar en una fractura social creciente. El estudio concluye que Cataluña se encuentra ante un cruce: o bien se adoptan reformas estructurales para corregir las dinámicas actuales, o bien se asume el riesgo de un progresivo deterioro del modelo económico.

Medidas y recomendaciones a adoptar

Entre las principales recomendaciones, el informe propone:

Aumentar la transparencia mediante la publicación de la balanza fiscal y el valor añadido aportado por cada sector productivo.

Eliminar ventajas fiscales que favorecen actividades de baja productividad.

Incrementar el salario mínimo para frenar la expansión de puestos de trabajo poco calificados.

Implementar políticas de inmigración selectiva basadas en la calificación y la demanda.

Reducir la capacidad turística.

Reformar las políticas de empleo para equipararlas a los más avanzados estándares europeos.

Revisar el sistema fiscal para evitar recurrir constantemente a la penalización de las rentas del trabajo y ahorro.

Hacer obligatorio el conocimiento del catalán como requerimiento para ocupar puestos de trabajo de atención al público y servicios de cuidado personal.

Origen y objetivos del Informe Fénix

El Informe Fénix tiene su origen en la inquietud de algunos economistas y empresarios del país, que llevan tiempo detectando y denunciando las anomalías del modelo económico catalán. Es un análisis independiente que sólo vincula a las personas que lo han elaborado y firmado.

En los próximos días y semanas, el informe será presentado a las instituciones públicas de Cataluña, así como a los agentes económicos y sociales, con el objetivo de generar un debate de país que permita corregir los déficits del modelo y orientarlo hacia un modelo sostenible que garantice el progreso y bienestar de la sociedad catalana

Etnonacionalismo, la nueva fase del ‘procés’

¿Y si los bárbaros estaban en casa, y si son esos clérigos que erigen panfletos que se levantan de sus cenizas, como el Ave Fénix, para traernos etnonacionalismo y emponzoñar el debate público un poquito más?

En los estertores de la Gran Recesión, el nacionalismo catalán mudó de piel y se convirtió en independentismo; en ese viraje contó sobremanera el brazo corrupto de Convergència y una suerte de traición de los clérigos, con figuras como Antoni Castells y algún académico reputado. Los indepes se tiraron por el tobogán del Espanya ens roba y fabricaron aquella utopía de andar por casa, “Nos vamos, y tenemos prisa”. Cuando llegó el esperpento de las leyes de desconexión, el referéndum y la declaración de independencia fugaz, el Gobierno de Rajoy cometió dos errores de trazo grueso: la violencia policial del 1-O y la posterior judicialización de aquella suerte de golpe blando. Después llegó el turno de Pedro Sánchez, y el tándem indultos-amnistía –aprobados a cambio de la investidura y que nunca se terminó de explicar del todo— dejó a Salvador Illa instalado en el Pati dels Tarongers. Cataluña, en fin, se ha normalizado, aunque las leyes de la física tienen su aquel: cada acción tiene su reacción, y la reacción ha sido de aúpa. La extrema derecha ha irrumpido con fuerza tanto en España como en Cataluña, con Vox y Aliança Catalana. El procés abre ahora un nuevo capítulo: Esquerra y Junts tienen que contarnos qué quieren ser de mayores, con el espectro de Aliança Catalana rondando por las esquinas; mientras terminan de decidirse, los clérigos acaban de dar un paso relevante hacia una zona oscura como boca de lobo.

Uno de los rasgos característicos de los populismos es la necesidad de aliñarse un buen enemigo. Hasta hoy ese enemigo era España, con su expolio fiscal (¿!) y su Estado de derecho supuestamente a la húngara, a la polaca o a la turca (¿!¿!¿!). Como con eso no consiguieron llegar a Ítaca, los clérigos se acaban de sacar de la manga un segundo archienemigo: la inmigración. Se apuntan así a una moda que capitanean los Trump, Orbán y Meloni. Con un aroma etnonacionalista que el texto intenta esconder pero que aparece aquí y allá, en muchísimas páginas de esta especie de panfleto denominado Informe Fénix (hasta el título tiene reminiscencias azuladas). Con errores muy discutibles en los cálculos de población y de bulto en el caso del gasto asociado a los servicios públicos que consumen los migrantes. Y con un adanismo estupefaciente, con conclusiones que van en dirección contraria a las de toda la literatura académica y a los trabajos del Banco de España, del BCE, de la Comisión, del FMI y de la OCDE. La conclusión es que los migrantes ponen en peligro el Estado del bienestar, y por ende la lengua y el país, sea lo que sea eso. El resultado es una chapuza cósmica que tal vez no tenga efectos a corto plazo, pero que a la larga corre serio peligro de dejar poso en las actitudes de la ciudadanía.

El nacionalismo catalán, decía más arriba, derivó en independentismo de la noche a la mañana de la mano de Artur Mas, uno de los politicastros más superficiales de la era democrática, que nos iba a conducir hasta Ítaca pero nos llevó de bruces a las rocas. Esta curva en el camino nos lleva a otro poema de Cavafis: «Algunos han venido de las fronteras y nos han contado que los bárbaros no existen. ¿Y qué va a ser de nosotros, ahora, sin bárbaros? Esta gente, al fin y al cabo, era una solución». ¿Y si los bárbaros estaban en casa, y si son esos clérigos que erigen panfletos que se levantan de sus cenizas, como el Ave Fénix, para traernos etnonacionalismo y emponzoñar el debate público un poquito más?

Un crecimiento que nos empobrece

Guillem López i Casasnovas

Un grupo de economistas, de distintos bagajes académicos y profesionales y de diferentes ideologías, ha firmado lo que hemos querido significar como Informe Fénix. Nos hemos movilizado porque pensamos que la situación lo requiere y se tiene que diagnosticar correctamente si se quiere evitar que las cosas vayan a peor. A menudo algunos lo hemos ido haciendo pro bono en varios medios por la preocupación que nos supone la deriva actual: un crecimiento que nos empobrece. En mi caso, ya hace tiempo que desde el microcosmos próximo balear ya detectaba la dislexia con la cual se leían políticamente las cifras de crecimiento del PIB entre la economía menorquina y la ibicenca: volumen y tasas absolutas de crecimiento pitiuso descuidando los costes de esta manera de crecer sobre el patrimonio.

Es ya una evidencia el camino erróneo que ha seguido Catalunya también. Más empleo, menos productividad, peores salarios relativos. En la presentación del Informe me anticipé remarcando los argumentos que, aquellos que no les guste escuchar lo que decimos, buscarán descalificar el trabajo: no hacemos un alegato contra el turismo, sino contra la manera como se orienta nuestra oferta de servicios con la cual se responde aquella demanda, compitiendo en precios de los que se dice que no soportan cuatro euros de tasa turística, y con una productividad que no permite pagar sueldos razonables. El modelo es perverso en el sentido que incita a a montar negocios que solo tienen viabilidad si se contrata inmigración dado los salarios que paga.

Me anticipo a lo que pueden ser las críticas de quien, como no le guste el mensaje, tergiversando los argumentos se cargue el diagnóstico principal. 

Eso contamina todo el sistema. Tampoco se trata de un alegato contra el trabajo de los ocupados: la productividad también depende del factor capital y de las infraestructuras públicas con las cuales se asocia el esfuerzo laboral, y que se han descuidado durante muchas décadas. No es tampoco un alegato contra el empleo de los inmigrantes que, pobres, son el efecto y no la causa del modelo que tenemos. De hecho, los engañamos con unos salarios nominales que parecen altos en sus países de origen y que, en destino, no les basta para pagar alquileres. Finalmente, los saldos fiscales propuestos quieren identificar actividades y sectores subvencionados. Se trata de contrastar los salarios medios por ramas de actividad económica, valorando si las subvenciones implícitas se justifican.

Lo diremos tantas veces como haga falta: no es un informe antiturismo, ni contra la inmigración, ni contra las subvenciones públicas, ni busca señalizar personas, sino sectores de actividad.

A ver si salimos adelante de manera que, salvando estas diatribas, podamos mantener las evidencias principales de los resultados del Informe. La respuesta recibida de momento me recuerda al Informe Abril Martorell, lleno de medidas sensatas para la mejora de la sanidad pública, y que se torpedeó y hundió con el tema de los copagos. Y así seguimos.

"El país se desangra": un duro informe carga contra el actual modelo económico catalán

El informe 'Fénix' pone de manifiesto la dualidad productiva en Cataluña: industrias de alto valor añadido conviven sectores "subvencionados" y de sueldos bajos. 

Un duro informe sobre el estado de la economía catalana, elaborado por diversos economistas, carga contra la estructura productiva del país por el hecho de que hay diversos sectores empresariales que acaban estando, de facto, "altamente subvencionados" por el resto del tejido económico. Este modelo actual ha representado un "empobrecimiento" de la sociedad catalana y una pérdida continuada de productividad del tejido empresarial en comparación con Europa en los últimos 25 años. "El país se desangra", ha resumido el coordinador del informe, el directivo y ingeniero Xavier Roig.

"En las últimas décadas, se ha estado celebrando que la economía catalana haya estado creciendo más rápidamente que las del entorno", apunta elInforme Fénix —presentado este viernes en Barcelona— , que destaca, sin embargo, que estos buenos datos se han debido especialmente a "un crecimiento rapidísimo de la población" y no a una mejora productiva de las empresas catalanas. Esto ha hecho que el producto interior bruto (PIB, el indicador que mide la actividad económica de un territorio) haya subido, pero el PIB por habitante (que mide el crecimiento de la productividad y la riqueza general de la población), se haya estancado o haya caído.

"El discurso dominante ha sido de un cierto triunfalismo porque hemos crecido más que los Estados Unidos y Alemania, pero la lectura que queremos rehuir para dar una lectura lo más realista posible", ha declarado el economista, , Modest Guinjoan, coautor del artículo junto con Miquel Puig —que como Guinjoan es exprofesor de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) y exalto cargo de la Generalitat— y Xavier Cuadras, profesor de la UPF y exdirector del Idescat (la agencia estadística de la Generalitat). Además, han actuado como asesores los catedráticos de economía de la UPF Jordi Galí, Guillem López Casasnovas y Jaume Ventura.

En 2000, el PIB por catalán era un 6% inferior a la media europea, pero en 2024 se encontraba un 6% por debajo: "Tenemos un crecimiento que empobrece", ha resumido Ventura. Este alejamiento de los estándares del continente se debe al hecho de que, en el último cuarto de siglo, "en algunos casos Cataluña ha experimentado un proceso de especialización relativa hacia sectores de baja productividad", indica el documento.

El estudio pone énfasis justamente en la pérdida de productividad como clave de bóveda para entender este empobrecimiento, que ya hace unos años que —ha apuntado Roig— ya "se empieza a notar en muchos servicios públicos de la vida cotidiana". La productividad, de hecho, es uno de los elementos principales a tener en cuenta. Este indicador económico marca la eficiencia de una empresa o una economía: cuánto trabajo (mano de obra) y cuánto capital (maquinaria, oficinas, fábricas, vehículos, herramientas, etc.) se necesitan para producir bienes o servicios. Cuanto más se produzca con menos capital y trabajo, más productivos serán una empresa o un territorio. Al mismo tiempo, se trata de un indicador que va estrechamente ligado con la prosperidad de un país: los países más ricos y con unos niveles más elevados de bienestar social se encuentran, también, entre los más productivos del mundo.

Productividad: el factor clave de la economía que explica por qué no salimos adelante

En este sentido, el estudio muestra cómo Cataluña se encuentra claramente por debajo de cualquier economía europea comparable en población y tejido productivo, tanto a nivel estatal —países pequeños como Bélgica, Suiza, Austria o Finlandia— como regional —Lombardía, Piamonte, la Alta Baviera o Ródano-Alpes—. Pero además ha perdido fuelle respecto a la media europea, ya que actualmente se encuentra aproximadamente un 12% por debajo de la media del continente y hace 25 años estaba un 7% por debajo.

Sectores "subvencionados"

El informe no señala, sin embargo, que esta pérdida de productividad haya sido provocada —como ha pasado en otras partes de Europa— por una desindustrialización del país: "Cataluña no ha sufrido un proceso relativo de desindustrialización", dice. Lo que se ha producido, pues, es una fuerte creación de empleo con "carácter binario". Por un lado, se ha concentrado empleo nuevo en "sectores de alta productividad", como las industrias química y farmacéutica, las telecomunicaciones, la investigación científica o servicios profesionales (por ejemplo, consultorías, ingenierías), que pagan sueldos elevados.

Pero al mismo tiempo, han crecido aún más "sectores de baja productividad", como la "industria de productos alimentarios, servicios auxiliares y hostelería". Entre estos destacan lo que el informe denomina "sectores altamente subvencionados". Los sectores subvencionados son aquellos en los que "el salario medio es tan bajo que el trabajador no genera, a lo largo de su vida, suficientes recursos fiscales y sociales para financiar los servicios públicos más básicos de los que disfruta", según el informe. "El cliente de estos sectores se beneficia, así, de una subvención encubierta por parte del resto de la sociedad", añade el estudio, que sitúa en unos 27.500 euros brutos en 2023 el salario límite para entrar dentro de sectores "subvencionados", una cifra que para 2026 sitúa alrededor de los 30.000 euros.

Ahora bien, los autores añaden matices. "Todo estado de bienestar tiene una subvención implícita a las rentas bajas, los sectores que tienen salarios bajos no están pagando lo suficiente a sus trabajadores, pero esto pasa en todas partes", ha destacado Puig. Además, algunos sectores "puede tener sentido" que tengan remuneraciones más bajas porque dan un servicio a partes de la población que lo necesita, como la asistencia a personas dependientes, o que tienen un impacto territorial positivo, como la agricultura, ha añadido.

Es por eso que el estudio carga sobre todo sobre aquellos sectores "altamente subvencionados" que, además, benefician a unos clientes que no viven en Cataluña. En este aspecto, han destacado sobre todo dos: el turismo y la industria cárnica. En el primer caso, porque una parte muy grande del negocio turístico se debe a la llegada de visitantes extranjeros, sobre todo el llamado "de sol y playa". En el caso de las cárnicas, porque exportan más de un 80% de su producción. "Los sectores altamente subvencionados representan un 35% de la ocupación y 40% de la creación de puestos de trabajo. Están creciendo muy deprisa y nos parece muy preocupante", ha remachado Puig.

El impacto demográfico

La pujanza de estos sectores se explica en buena parte por la posibilidad de contratar mano de obra barata, sobre todo procedente de otros países. La población catalana ha crecido en casi dos millones de personas en 25 años, pero si no hubiera entrado inmigración solo lo habría hecho en unas 200.000 personas, han explicado los responsables del informe. Esto ha aumentado el número de trabajadores en 1,1 millones en este tiempo. pero la tasa de paro es más alta ahora que el 2000 y el número de personas sin trabajo, también.

Este incremento demográfico también ha afectado los sueldos. "El crecimiento muy fuerte de la población, tanto natural como por inmigración, tiende a poner presión a la baja sobre los salarios. Los salarios medios han subido, pero habrían subido mucho más si no hubiera habido esta explosión demográfica", ha dicho Galí. En España, el salario real medio ha subido un 5% desde el 2001, mientras que la media de las economías avanzadas es del 40%.

"No hacemos un alegato antiinmigración o antiturismo, el problema es el modelo productivo", ha reiterado López Casasnovas. Según los autores, la situación "tiene solución". De hecho el estudio propone diversas medidas que no requieren, mayoritariamente, "largas negociaciones en Madrid", sino que pueden implementar ayuntamientos, diputaciones y la Generalitat. "Las soluciones al problema son duras, pero no requiere soluciones de bisturí porque el país se está desangrando", ha dicho Roig.

Entre estas se encuentra la elaboración de una balanza fiscal por sector económico que permita saber el valor añadido que aportan a la economía y cuánto reciben de las administraciones, la eliminación de ventajas fiscales a los sectores más subvencionados (sobre todo el IVA reducido al turismo y poner freno a los contratos fijos-discontinuos para frenar la estacionalidad), transformar establecimientos turísticos en vivienda, aumentar el salario mínimo, hacer obligatorio el conocimiento del catalán en trabajos de cara al público y revisar impuestos como el de patrimonio, que actualmente ofrecen rebajas a las fortunas más grandes mientras castigan fiscalmente a profesionales con sueldos altos.



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