El 9 de julio de 1939 un tren de mercancías que transportaba amonal, explosivo utilizado en la recientemente terminada Guerra Civil Española, hacía parada en la Estación del Oeste de Peñaranda de Bracamonte, cerca de un polvorín que almacenaba 309 toneladas de bombas.
Era domingo y hacía mucho calor. Un fallo mecánico parece ser el motivo por el cual una de las ruedas del convoy llegó al rojo y los operarios de la estación trataron de reducir su temperatura con tierra. No pudieron evitar la tragedia. Hacia las 11:20 horas el mercancías estalló, y poco después lo hizo el cercano polvorín anejo a la estación.
Las deflagraciones provocaron una masacre cuyos datos se desconocen con certeza, aunque se calcula que las víctimas superaron el centenar. También provocó la destrucción de muchos edificios colindantes, entre otros la propia estación de trenes y las industrias que se localizaban en sus inmediaciones. A la explosión siguió un gran incendio. Hubo más de 1.500 heridos, el 33% de la población.
Junto a la Estación del Oeste, como en muchas otras villas de la meseta, se emplazaban industrias de todo tipo dada la cercanía y facilidad para recibir sus materias primas y distribuir sus productos manufacturados. Quizá uno de los mejores ejemplos de ello sean las harineras, que recibían el cereal en vagones.
Concretamente en las inmediaciones de la estación de la localidad salmantina de Peñaranda de Bracamonte se encontraban dos harineras: la Fábrica de Harinas de la Panificadora Viguesa, S. A. y la Fábrica de Harinas de Alonso Marcos, S. A. Ambas fueron destruidas por la explosión del polvorín.
Según la información facilitada por el propio ferrocarril, la causa fue el sobrecalentamiento de la caja de grasa de uno de los vagones procedentes de Béjar, arrastrado por una locomotora Babcock & Wilcox de 1926, que se puso al rojo vivo y ardió. La explosión causó un socavón de 30 por 27 metros y 4,5 de profundidad. Al ocurrir el siniestro estaban depositadas en el polvorín 16 bombas de 500 de kilos, 3.200 de 50, 280 bombas de 100 y 1.000 de 10 kilos. La estación y gran parte de la población quedó barrida.
Hoja oficial del Lunes, 10 de julio de 1939
Ayer ocurrió una catástrofe en Peñaranda de Bracamonte.
Salamanca. — Esta mañana, en la ciudad de Peñaranda de Bracamonte, ha ocurrido una catástrofe, a consecuencia de una fuerte explosión producida en el polvorín que existe cerca del muelle de la estación, a un kilómetro de Peñaranda.
El suceso ocurrió exactamente a las once y diecinueve minutos de la mañana.
A consecuencia del mismo numerosos edificios han quedado destruidos por completo, y en otros se produjeron importantes daños.
Es difícil obtener aún detalles completos de la catástrofe, que ha producido un sincero pesar.
En el momento de producirse la explosión se encontraba en la estación el tren de mercancías número 352, que por la fuerza de la explosión quedó desparramado en trozos, que se esparcieron a enorme distancia.
Puede decirse que todos los edificios de Peñaranda han sido alcanzados por los efectos de la catástrofe, produciéndose incendios a consecuencia de ella.
Hasta ahora van extraídos cerca de ochenta muertos y el número de heridos, alcanza la cifra de mil quinientos.
Parece ser que otras ochenta personas figuran como desaparecidas.
Entre estas últimas figura la pareja de la guardia civil que estaba en la estación prestando servicio, así como el personal de la misma.
Falange, 10 de julio de 1939Inmediatamente de ocurrida la catástrofe, de los pueblos inmediatos comenzaron a llegar servicios de auxilios, trasladándose a dichos pueblos de las inmediaciones a los heridos.
De Salamanca salieron inmediatamente de tenerse noticia del hecho, numerosos médicos, así como también buen número de equipos quirúrgicos de Zamora, de Valladolid y de Ávila.
También llegaron a Peñaranda de Bracamonte gran número de bomberos de las poblaciones inmediatas como de los pueblos cercanos.
El excesivo calor, que ha sido asfixiante durante el día de hoy, ha hecho que los bomberos no pudieran actuar a pesar del entusiasmo que se veía que se hallaban dispuestos a poner en su labor, pues debido a este calor reinante la falta de agua fue el grave problema que no se pudo resolver.
Esta noche se han iniciado las tareas de la evacuación de la parte de la población que milagrosamente se ha salvado, siendo trasladada en camiones a Salamanca.
También han sido traídos a esta capital y a otros pueblos importantes de la comarca los heridos, que están siendo hospitalizados aquí.
El suceso ha causado profundo sentimiento en toda la comarca.
(Faro.)
EL CAUDILLO TESTIMONIA SU SENTIMIENTO
Burgos. — Al tener conocimiento el Caudillo de la catástrofe ocurrida en Peñaranda de Bracamonte testimonió el sentimiento que le causaba la noticia e hizo inmediatamente un donativo de 200.000 pesetas, destinadas a los damnificados por el siniestro.
Explosión de un polvorín en Peñaranda de Bracamonte
El pueblo, a consecuencia de la catástrofe, ha tenido que ser evacuado. Acuden los bomberos de varias capitales. S. E. el Generalísimo, a! expresar su condolencia por la desgracia, hace un donativo de 20.000 pesetas para las familias de los damnificados
Salamanca — Ayer mañana entre 11 media y 12 explotó el polvorín militar del pueblo de Peñaranda de Bracamonte.
La explosión ha producido la muerte a 30 personas y varios centenares de heridos.
La catastrófica explosión ha producido un formidable incendio para sofocar el cual han acudido rápidamente los bomberos de Salamanca, los de Ciudad Rodrigo y otras varias localidades. También han sido requeridos los de Madrid y de Valencia.
El Gobernador Militar de Peñaranda ayudado por las Autoridades civiles ha procedido a la adopción de medidas preventivas más urgentes.
Tres compañías de infantería han sido destinadas a guardar el más perfecto orden.
Se ha ordenado la evacuación total de la ciudad en prevención de ulteriores consecuencias.
Al ser enterado el Caudillo de la gran desgracia ocurrida en Peñaranda de Bracamonte expresó su profundo pesar y al mismo tiempo hizo entrega de 20 mil pesetas para que fuesen repartidas entre las familias de los damnificados.
Todas las Autoridades han hecho constar su agradecimiento hacia los organismos de socorro y a los particulares por la rapidez en que han acudido al lugar del suceso aprestándose a servir ya para sofocar el incendio, ya para prestar con sus vehículos servicios de transportes.
El adelantado de Segovia, 10 de julio de 1939
Explosión de un polvorín en Peñaranda de Bracamonte
Se han producido incendios en la población. Bomberos de varias ciudades trabajan en la extinción del fuego. Numerosos muertos y heridos
Para los primeros auxilios a los damnificados, el Caudillo envía un donativo de 200.000 pesetas
Salamanca. — Esta mañana, en la ciudad de Peñaranda de Bracamonte, ha ocurrido una catástrofe, debida a la explosión de un polvorín situado cerca de la misma y próximo a la estación, que dista un kilómetro de la población.
El hecho ocurrió a las 11,19 de la mañana, y a consecuencia de la explosión quedaron destruidos completamente numerosos edificios. En otros se declararon incendios.
Es difícil obtener detalles complementarios de la catástrofe. Cuando ocurrió ésta se hallaba en la estación el tren de mercancías húmero 352, que por la fuerza de la explosión quedó desparramado en trozos a gran distancia.
Casi todos los edificios de Peñaranda han sido alcanzados por los efectos del siniestro, cuyas víctimas son muy elevadas. Hasta ahora van extraídos unos ochenta cadáveres, no pudiéndose calcular el número de heridos, aunque se sabe es crecidísimo.
Hay unas ochenta personas desaparecidas, entre éstas la pareja de la Guardia civil que se encontraba en la estación de servicio y el personal de la misma.
Inmediatamente de ocurrir la explosión, cuyos efectos llegaron a algunos pueblos inmediatos, causando algunos heridos, se organizaron los trabajos de salvamento y extinción de los fuegos. De Salamanca salieron médicos, destacándose equipos quirúrgicos de Zamora, Valladolid y Ávila. así como los servicios de bomberos de dichas poblaciones y otros lugares importantes. El asfixiante calor impidió que los bomberos actuaran con la celeridad que su entusiasmo hacía esperar. También se tropezó con la escasez de agua.
Por la noche se iniciaron las tareas de evacuación de la parte de población, milagrosamente salvada. También fueron evacuados los heridos, que, como aquéllos, fueron trasladados a Salamanca y otras poblaciones, siendo hospitalizados.
El suceso, que ha causado grandes estragos en Peñaranda, dejando sin hogar a numerosas familias, ha causado gran impresión En todas las comarcas próximas, así como en todos los puntos donde la noticia fue conocida, el sentimiento ha sido unánime por esta desgracia.
OTROS PORMENORES
Salamanca, 9. — Con referencia a la catástrofe ocurrida en Peñaranda de Bracamonte, nuevas noticias dan cuenta de que el número de cadáveres recogidos se eleva a 30. El de heridos se eleva a varios centenares.
Trabajan en aminorar los efectos de los incendios originados por las explosiones, bomberos de Salamanca, Zamora, Ávila y Ciudad Real, y se espera a los de Madrid y otras capitales.
Desde los primeros momentos se encuentra en Peñaranda el gobernador civil de Salamanca. Se ha ordenado la salida de tres compañías de Infantería.
Los heridos han sido evacuados con el más absoluto orden, y se procede a organizar la evacuación completa de los habitantes de la ciudad. — Mundial.
DONATIVO DEL CAUDILLO
Burgos, 9. — Tan pronto tuvo el Caudillo noticia del alcance de la catástrofe ocurrida en Peñaranda de Bracamonte, expresó el profundo pesar que le ha causado, y ha hecho un donativo de 200.000 pesetas para socorrer de primera intención a los damnificados.
Dolorosamente impresionados comunicamos a nuestros lectores la catástrofe que se ha producido en Peñaranda de Bracamonte por explosión de un polvorín. Las noticias que han llegado a nosotros hasta la madrugada no son muy concretas, pero dan una idea de la importancia del siniestro. Independientemente de los efectos del estallido del polvorín se han producido incendios en la población, y son numerosos los elementos de socorro de todo orden concentrados para prestar auxilio a las victimas, evacuar los lugares de peligro y extinguir los focos de incendio, labor esta última que ayer se realizaba con dificultad debido a la escasez de agua.
Peñaranda tenía unos cinco mil habitantes y era población industriosa, con excelentes edificios.
Quiera Dios que las noticias posteriores sean más satisfactorias que las hasta ahora recibidas, y que el grave peligro que parece correr la población haya desaparecido.
La explosión del polvorín en Peñaranda de Bracamonte
Las noticias de esta mañana confirman el tristísimo alcance del suceso
Los trabajos de descombro durarán cuatro días
Ávila, 20. — A las doce de ayer se supo en ésta capital que en el vecino pueblo de Peñaranda de Bracamonte había hecho explosión un polvorín. Las noticias eran muy confusas debido a que fueron destruidas las líneas telefónicas y telegráficas, pero dada la magnitud que se atribuía al suceso, las autoridades dispusieron la salida de los equipos disponibles de material sanitario y del Cuerpo de bomberos. También marchó el señor gobernador civil acompañado por el inspector provincial de Sanidad, con material y personal y directores de los hospitales civil y militar. No era posible prever la desconsoladora magnitud del suceso.
El polvorín estaba situado en las inmediaciones de la estación, Esta quedó destruida y sepultados entre los escombros los funcionarios y empleados de la misma. Lo propio ocurrió en la fábrica de harinas «La Milagrosa» y en otra de alpargatas, en las cuales se trabajaba, a pesar de ser domingo, por el motivo de ser necesaria su producción. Los obreros y empleados de esos centros también quedaron bajo los escombros.
Por efecto de la explosión que fue tremenda a causa de ser importante la cantidad de trilita que había en el polvorín, se produjeron muchos incendios en toda la población, de la que puede decirse que ha desaparecido casi totalmente.
No fue suficiente con la llegada de los bomberos de Salamanca y Ávila y acudieron los de Valladolid y Zamora y el parque de la Dirección de Madrid.
Tan pronto tuvo noticias concretas de lo sucedido, el general de la séptima región ordenó la salida de todos los equipos disponibles en los parques de Sanidad de su mando, yendo el frente de ellos un teniente coronel. También marcharon a Peñaranda una compañía de Zapadores, otra de Infantería y fuerzas de Orden público.
El tren de mercancías, de que ya se ha dado cuenta, que pasaba frente al polvorín, cerca de la estación, quedó literalmente pulverizado. La locomotora quedó partida en cuatro pedazos que han sido encontrados diseminados a bastante distancia de la vía.
Los bomberos y las fuerzas del Ejército se dedican a descombrar y a prestar auxilio a los heridos, que son llevados a las ciudades de Salamanca y Ávila. Se calcula en dos mil el número de víctimas. El gobernador civil de Salamanca y el alcalde de Peñaranda se han dirigido a los supervivientes pidiéndoles tengan resignación y calma. Hay familias que han desaparecido por completo. Esta mañana continuaban los trabajos de los bomberos. Se cree que transcurrirán cuatro días antes de que terminen los trabajos de descombro para extraer los cadáveres de las personas sepultadas. Toda clase de personas laboran denodadamente en los trabajos que les encomiendan las autoridades y técnicos. — Logos.
Heraldo de Zamora, 10 de julio de 1939
En Peñaranda de Bracamonte, una explosión origina una terrible catástrofe
Asciende a varios centenares el número de muertos y heridos
(Información del enviado especial de HERALDO, B. Rueda)
Las primeras noticias
Alrededor de las dos de la tarde, se supo en Zamora que había ocurrido una desgracia de relieve extraordinario en la importante villa de Peñaranda de Bracamonte. A dicha hora se recibió en los centros oficiales una petición, para que fueran enviados los servicios de Incendios y Ambulancia de la Cruz Roja; la distancia que media entre nuestra capital y Peñaranda (más de 100 kilómetros) hacía presumir ante la llamada la importancia de lo ocurrido.
Inmediatamente, con una rapidez que pone de manifiesto una vez más el celo extraordinario del benemérito personal, partieron para el lugar del siniestro el servicio de Incendios, al mando del Arquitecto señor Crespo Álvarez, y la Ambulancia de la Cruz Roja con el Comandante don Juan Losada y don Vicente Mayoral.
Apenas pasado el Cubo tuvimos el primer indicio palpable de la magnitud de la catástrofe: en el horizonte, a más de 70 kilómetros, se dibujaba una gruesa columna de humo que señalaba el emplazamiento de la población. Ya al paso por Salamanca, la actitud expectante del público dejaba adivinar la importancia del siniestro; por la carretera, vehículos en caravana, conduciendo material y personal sanitario, corrían presurosos hacia Peñaranda.
Muchos metros antes de llegar a esta localidad, pudimos ver el triste aspecto que ofrecían ambos lados de la carretera, adonde habían huido en triste éxodo numerosas familias con los enseres de sus hogares. Por todas partes este emocionante cuadro; las gentes, sin conciencia exacta de lo que les sucedía, se agrupaban en torno de los colchones, muebles y utensilios de toda clase recogidos apresuradamente.
En el pueblo
La entrada en Peñaranda fue por demás impresionante; ante nuestra vista surgió de pronto el espectáculo trágico de numerosas casas totalmente derribadas; muchas con los tejados levantados mostrando su interior en el que se veía el mobiliario destrozado; paredones que aún se sostenían en pie por un milagro de equilibrio, y gentes que iban de un lado a otro profiriendo lamentaciones y gritos de dolor.
En las afueras del pueblo, las autoridades de la provincia que acudieron rápidamente daban órdenes y organizaban con presteza los trabajos de Salvamento, en los que cooperaba todo el vecindario y el de los pueblos inmediatos que iban llegando utilizando todos los medios de locomoción.
Numerosas columnas de humo, elevándose en sitios diversos de la población, señalaban los lugares donde las llamas habían hecho presa; a la derecha de la carretera una nube densa de humo negro envolvía la estación del ferrocarril, brasero inmenso donde se concentraban los esfuerzos de los bomberos.
La catástrofe
Hemos hablado con diversos vecinos, que están aún bajo la tremenda impresión de la catástrofe. Coinciden todos en que a las doce y veinte se produjo una explosión espantosa, como si todas las casas hubieran sido sacudidas por un terremoto violentísimo crujieron los cimientos, derrumbándose techos y paredes y saltaron en mil pedazos todos los cristales. Inmediatamente la gente, presa del pánico que es de suponer se echó a las calles con el terror reflejado en el rostro, mientras una lluvia de cascotes, piedras y trozos de hierro, caía sobre la población.
A la hora en que esto ocurría, todas las cocinas estaban encendidas y bien pronto prendieron en ellas al derrumbarse las techumbres comenzando a iniciarse numerosos focos de incendio.
Seguidamente se dio orden a la población civil para que saliera al campo, lo que fue efectuado rápidamente. Por efecto de la explosión quedaron cortadas todas las comunicaciones alámbricas; dentro de las casas, los muebles fueron proyectados violentamente contra las paredes, y algunas personas que se hallaban en la cama salieron despedidos a cuatro metros de distancia.
La detonación, según nos aseguran, se ha percibido en Salamanca y Ávila, distantes de Peñaranda alrededor de 40 kilómetros.
El efecto en la ciudad no puede ser más terrible: una verdadera alfombra de vidrios cubre todas las calles; a cada paso se amontonan trozos de piedra de granito, de la sillería de la estación; railes retorcidos, hierros calcinados, maderas, en fin, numerosos objetos que han sido lanzados al aire, a más de medio kilómetro. No muy lejos de la Plaza Mayor, hemos podido ver un bastidor de hierro de un vagón de ferrocarril, horriblemente retorcido: seguramente tiene un peso superior a 300 kilogramos.
Nos acercamos a la estación; en sus inmediaciones se levantaban los edificios de la fábrica de harinas de Alonso Marcos, que ha quedado destruido. Muy próxima, la fábrica de alpargatas de don Teodoro Jiménez, es un gigantesco brasero; gruesas columnas de humo denso, la envuelven, enrareciendo la atmósfera con un olor inaguantable a goma quemada.
El edificio de la estación, en su mayor parte de granito, ha desaparecido; solo quedan como señal algunos trozos de la cimentación que apenas asoman medio metro del suelo.
En los alrededores, árboles calcinados, algunos arrancados de cuajo y todos desgarrados, hierros retorcidos, piedras pulverizadas, restos humanos..... un cuadro impresionante, como el de un lugar asolado por un volcán.
Las víctimas
Cuando sobrevino la catástrofe, se hallaba en la estación, donde se produjo, un tren de mercancías; las unidades de este convoy han desaparecido, lanzadas en trozos a distancias inverosímiles; todo el personal del tren, jefe de estación y familiares y cuantas prestaban servicio a aquella hora, puede asegurarse que han quedado destrozados.
En tas fábricas antes mencionadas, donde a diario encuentran ocupación más de 500 obreros, por la festividad del día, trabajaba solo el personal encargado de la limpieza, en número aproximado de 20, que han perecido sepultados, como cuantas personas se hallaban en las inmediaciones.
A unos cuantos metros de la vía, la locomotora del mercancías como si fuera de hojalata, acusa claramente los efectos de la explosión; el tren llevaba algunos vagones con ganado, cuyos restos han quedado esparcidos en los alrededores. Cuatro bueyes que iban con otras cabezas de ganado, constituyen la única nota de vida de aquél cuadro de muerte.
A las siete de la tarde hemos estado en el depósito de cadáveres; iban recogidos hasta entonces unos 30 y apenas habían dado comienzo los trabajos de descombro que harán aumentar seguramente a 100 el número de muertos.
Preferimos silenciar el cuadro horroroso que hemos presenciado en el cementerio; es algo Dantesco que no queremos describir y que nos ha producido una impresión terrible.
Los trabajos de salvamento
Hemos estado un momento en el hospital; allí, las monjitas, se multiplicaban para atender a tanta desgracia; el techo de la capilla se ha derrumbado, como en otras iglesias que hemos visitado, pero las imágenes continúan en pie sin señales de desperfectos. El personal sanitario trabaja con denuedo atendiendo a centenares de heridos, luchando con abnegación ejemplar para salvar tantas vidas amenazadas.
Ya hemos dicho que las autoridades de Salamanca, presididas por los Gobernadores Militar y Civil, no se dan punto de reposo organizando el salvamento. Han llegado los servicios de incendios y Ambulancia de la Cruz Roja de Ávila, Valladolid, Segovia, Madrid, Medina del Campo, Salamanca y Ciudad Rodrigo.
La ayuda de Zamora
Debemos consignar que entre los auxilios llegados en primer lugar figura el de Zamora. A las cuatro y media la bomba de incendios y la ambulancia de la Cruz Roja, habían recorrido los 100 kilómetros largos que nos separan de Peñaranda, y prestaban una ayuda eficaz. Hemos visto a nuestros bomberos luchar contra las llamas y contra la falta de agua, con un denuedo que nos enorgullece. Y hemos visto también cruzar como una centella la ambulancia de Zamora multiplicándose en la comisión de diversos servicios hasta el extremo de hacernos dudar si se trataba de un solo vehículo o eran cuatro.
También hemos hablado un momento con el Teniente Médico del Regimiento, D. Dídimo Temprano; se encontraba en Salamanca después de cumplir una misión, con el personal a sus órdenes, y nada más tener conocimiento del suceso se trasladó a Peñaranda.
Zamoranos testigos de la tragedia
En Peñaranda hemos encontrado a nuestro estimado amigo don Antonio Salazar, el cual se hallaba allí pasando una temporada con su familia. En el momento de la catástrofe, nuestro amigo se encontraba en casa con 16 familiares suyos. Todos resultaron indemnes, a excepción de su hija Luisita; a ésta la cayó encima una vidriera arrancada por la explosión, que la produjo diversas heridas cortantes en piernas, manos y rostro. Afortunadamente no son, al parecer, de gravedad.
Otro zamorano que se encontraba en Peñaranda, es el Teniente D. Luis Fernández Diez, milagrosamente ileso. Mientras paseamos con él contemplando los destrozos causados en la población, donde, repetimos, no se ve más que un cuadro espantoso de ruinas nos muestra un desgarrón en la guerrera del hombro izquierdo, que no llegó a las otras prendas interiores.
No sabe como se le produjo, dice —coincidente con todos los vecinos— qué a consecuencia de la explosión, se levantó una polvareda densísima que no dejaba ver. Con él, hemos paseado por algunas calles en las que piedras y cristales dificultan el tránsito, y llegado a la Plaza Mayor, donde los soportales nos muestran, bajo los desconchados del yeso, el esqueleto del cañizo; el edificio de Ja Caja de Ahorros. de los más sólidos de Peñaranda, ha sido muy poco afectado, solo las persianas, destrozadas, indican que llegó hasta allí el efecto de la explosión
ANOCHECER TRISTE
El sol ha cesado de alumbrar el cuadro de ruinas; comienza a hacerse la noche y parten sin cesar como durante la tardé vehículos y automóviles repartiendo a las pobres víctimas por las localidades próximas. Después de las nueve ha salido para Salamanca el tren en el qué van millares de personas; no queda nadie en el pueblo, que ha sido evacuado totalmente.
De Salamanca llegan numerosas brigadas dé soldados, que pasarán muchas horas trabajando incesantemente, bajo la dirección de las autoridades, las cuáles continúan en sus puestos.
Iniciamos el regreso a Zamora bajo la impresión penosísima de tanta desgracia; allá en la noche, iluminada por el resplandor trágico de numerosas hogueras queda el pueblo vacío, sumido en una miseria de espanto. Estamos seguros del amparo del Estado Nacional Sindicalista, que no desatenderá a estas pobres víctimas. Pero créenos hallarnos frente a uno de esos momentos excepcionales en los que debe manifestarse sin demora la generosidad de todos los españoles para acudir rápidamente en ayuda de los damnificados; en uno de estos momentos de excepción hechos para demostrar la hermandad estrecha, el sentimiento de solidaridad que une a los pueblos de España llevándonos a participar a todos intensamente en las mismas alegrías y en los mismos dolores.
El Generalísimo expresa su sentimiento ante la noticia
Y hace entrega de un donativo de 200.000 pesetas
BURGOS. — Al tener conocimiento el Caudillo de la catástrofe ocurrida en Peñaranda de Bracamonte testimonió el sentimiento que le causaba la noticia é hizo inmediatamente un donativo dé 200.000 pesetas, destinado a los damnificados por el siniestro.
Imperio, 11 de julio de 1939
La explosión del polvorín de Peñaranda de Bracamonte
Las obras de reconstrucción serán objeto de la solicitud del Caudillo
Un desgraciado accidente, ha llevado la devastación y el luto a una localidad española, sembrando de ruinas y de muerte sus calles abiertas a la vida tranquila y laboriosa de las tareas de la Paz. Sobre Peñaranda de Bracamonte, se ha dejado sentir la desgracia con una crudeza tan honda, que, eco del dolor de sus moradores, tiene tierna y dolorosa acogida en los corazones de los españoles todos, que en estas horas de tribulación se acercan a la villa en tristeza con su generosa ayuda y con el consuelo para los que han visto desaparecer para siempre a seres queridos y cuanto constituía el fruto de largos años de desvelos y de honrado trabajo.
IMPERIO se asocia de todo corazón al sentimiento que toda España siente por esta inmensa desgracia y hace llegar la expresión de su condolencia a cuantos han visto tronchadas vidas de seres queridos en un momento de adversidad.
Salamanca. — Próximamente a las once y diez y nueve minutos de la mañana del domingo, se produjo en la villa de Peñaranda un tristísimo suceso, que ha revestido caracteres de verdadera catástrofe, a consecuencia de haber volado un polvorín, situado en las proximidades de dicha localidad.
En el momento de producirse la tremenda explosión, se hallaba en la estación un tren de mercancías, que fue lanzado fuera de la vía. Muchos edificios se hundieron y en otros se declararon violentos incendios cuya extinción tropezó, desde los primeros momentos con el los primeros momentos con el excesivo calor y la falta de agua. El número de víctimas es elevadísimo, no pudiendo ser precisado, por encontrarse muchas de ellas bajo los escombros. Entre ellas se encuentra el personal ferroviario y la pareja de la Guardia Civil de escolta en la estación.
Avisados con urgencia, se presentaron en los lugares más seriamente amenazados por las llamas los bomberos de Salamanca, Valladolid. Zamora y Ávila, los que trabajaron desde los primeros momentos no solamente en la extinción de los incendios, si no en el salvamento de muchas personas. También acudieron equipos médicos de distintas localidades.
El Generalísimo envía doscientas mil pesetas a los damnificados
Burgos. — El Caudillo recibió con visibles muestras de sentimiento, la noticia de la catástrofe ocurrida en Peñaranda, disponiendo el inmediato envío de un donativo de 200.000 pesetas con destino a los damnificados.
La población ha sido evacuada
Salamanca. — Tan pronto como se tuvo noticia en esta capital del tristísimo suceso ocurrido en Peñaranda, se trasladaron a dicha villa las autoridades civiles y militares, así como el Cuerpo de Bomberos y personal quirúrgico con abundante material. A las ocho de la noche, se ordenó la evacuación total de la población, disponiéndose que todos los vehículos de los pueblos inmediatos se trasladaran a la villa siniestrada para hacer el transporte de los enseres que no hubieran sido alcanzados por las llamas.
Uno de los primeros cuidados de las autoridades fue el proceder al aislamiento de otros tres polvorines, en evitación de mayores desgracias.
Son indescriptibles las escenas de dolor que a cada momento se suceden.
El número de víctimas
No puede determinarse aún con exactitud, el número de víctimas, calculándose, hasta ahora, en más de ochenta muertos y sesenta personas desaparecidas. Los heridos se elevan a unos 1.500, de ellos bastantes graves. El pueblo contaba con unos 5.000 vecinos y unas 500 edificaciones, de las cuales unas 150 han sido totalmente destruidas y las restastes han sufrido los efectos de la terrible explosión.
Efectos de la explosión
Para dar una idea de los terribles efectos de la explosión que ha llevado el duelo a la villa de Peñaranda, baste consignar que varios segadores que se encontraban a unos cuatro kilómetros del lugar donde aquélla se produjo perecieron por efecto de la metralla.
En una fábrica de calzado se encontraban veinticinco obreros de ambos sexos trabajando en la limpieza de la misma, pereciendo veintitrés de ellos. En cuanto a las víctimas habidas en una fábrica de harinas, enclavada en lugar no muy lejano a donde se hallaba el polvorín, aún no puede determinarse. Entre las pérdidas materiales sufridas por dicha fábrica se encuentran ciento cincuenta vagones de harina.
Lo que queda del lugar que ocupaba el polvorín
El polvorín se hallaba enclavado en lugar muy próximo a la estación y de él no queda más que un pozo de unos catorce metros de profundidad.
Se encuentran por las inmediaciones de lo que fue estación astillas de vagones, hierros retorcidos, ruedas y railes, algunos a una distancia de más de tres kilómetros.
Como detalle curioso se apunta el hecho de que un vagón que contenía algunas vacas lecheras fue destruido sin que los animales sufrieran el menor daño.
Se llevan con gran intensidad las operaciones de desescombro. — Se ha comprobado que las víctimas lo han sido en su mayor parte por efectos de las piedras despedidas a gran distancia por la explosión
En la labor de descombro coadyuvan obreros pontoneros así como muchos labriegos de los pueblos inmediatos.
Los servicios sanitarios actúan con gran intensidad y eficacia. También en esta labor interviene la Cruz Roja de Zamora y personal sanitario afecto a la misma. Muchos de los heridos han sido trasladados a Salamanca, Zamora y otras localidades.
La magnífica actuación de Auxilio Social
Salamanca. — Como siempre, Auxilio Social, desde los primeros momentos de producirse la desgracia, dio pruebas de su humanitaria actividad, no solamente auxiliando a los heridos y atendiendo al sostenimiento de la población, sino al cuidado de cuantos contribuyen a los trabajos que se están realizando.
Esta conducta está siendo objeto de los mayores elogios.
Causa del suceso
No puede precisarse de una manera absoluta la causa de esta terrible desgracia, pero todos los indicios se inclinan a creer que ella ha sido motivada por el excesivo calor que al actuar sobre gran cantidad de materia explosiva almacenada en las inmediaciones del pueblo provocó la explosión.
Los bomberos de Zamora
Cumplida su humanitaria labor en Peñaranda de Bracamonte regresó la sección del Parque de Bomberos que tan brillante actuación ha tenido y por la cual está recibiendo numerosas felicitaciones.
Un telegrama del Caudillo
Salamanca. — El Coronel Secretario de S. E. el Generalísimo ha dirigido al Gobernador Civil de esta provincia el siguiente telegrama:
«Coronel Secretario del Generalísimo a Gobernador Civil:
Hónrome en trasladar a V. E. el sincero pesar de S. E. el Generalísimo ante el grave siniestro ocurrido en Peñaranda de Bracamonte, con el ruego de expresar sentimientos elevados y cuánto le ha afectado la catástrofe.
Con esta fecha se pone a disposición de V, E. la suma de 200.000 pesetas para que pueda prestar ayuda a las familias afectadas. Igualmente particípole que obras reconstrucción serán objeto solicitud de S. E. Salúdole».
El Gobernador Civil ha contestado al Caudillo expresando su profundo agradecimiento y el de la provincia, especialmente de la población de Peñaranda por su sentido pésame, así como por el valioso donativo de 200.000 pesetas y el propósito del Generalísimo de patrocinar las obras de reconstrucción de la parte destruida por el siniestro.
Hoy, 11 de julio de 1939
En Peñaranda de Bracamonte explota un polvorín
Las pérdidas son de alguna consideración
El Caudillo envía el pésame y 200.000 pesetas a los damnificados
AVILA, 10, — En Peñaranda de Bracamonte hizo explosión un polvorín. Se han producido varios incendios. Las autoridades ordenaron inmediatamente la salida de todos los equipos sanitarios y del Cuerpo de bomberos.
E] polvorín estaba situado en las inmediaciones de la estación, que ha quedado destrozada, así como la fábrica de harinas “La Milagrosa” y otra de alpargates. Muchos trabajadores quedaron bajo los escombros.
A consecuencia de la explosión se produjeron incendios en diversas partes de la población.
Los heridos son trasladados a Salamanca y a Ávila.
PESAME DEL CAUDILLO
BURGOS, 10. - Al tener conocimiento el Caudillo de la catástrofe ocurrida en Peñaranda de Bracamonte, testimonió el sentimiento que le causaba la noticia e hizo inmediatamente un donativo de 200.000 pesetas, destinado a los damnificados por el siniestro.
El número de víctimas es inferior al que se creía
SALAMANCA, 10. — Se puede decir que, aunque la catástrofe de Peñaranda de Bracamonte tiene importancia, el número de víctimas no es el que se ha fijado primeramente pues hay muchos cuyas heridas carecen de importancia. Fuerzas del Ejército siguen desescombrando y se ha prohibido la entrada en el pueblo para evitar desgracias. — Logos.
ENTIERRO DE VICTIMAS
Ávila 10. — Esta tarde se celebró en Peñaranda de Bracamonte el entierro de las víctimas halladas hasta este momento en el lugar de la catástrofe. En un convento de monjas, próximo al lugar del siniestro, tan solo una monja sufrió heridas leves a pesar de los desperfectos causados en el inmueble. Logos.
Diario de la Marina, 11 de julio de 1939
LAS INVESTIGACIONES QUE SE HICIERON AYER PERMITEN CREER QUE LA EXPLOSION QUE DESTRUYO A PEÑARANDA SE DEBIO A UNA GRAVE IMPRUDENCIA
Un tren de mercancías que estaba próximo quedó reducido a fragmentos, algunos de los cuales cayeron a medio kilómetro de distancia. La explosión abrió un embudo de 400 metros
MADRID, Julio 10. (AP). — Un despacho de la Agencia Cifra, de Ávila, calcula que suman cien los muertos y 1.500 heridos causados por la explosión de un polvorín que destruyó totalmente el pueblo de Peñaranda en la provincia de Salamanca, ayer domingo, pero agrega que tales estimados son nada más que aproximados puesto que es completamente imposible conocer exactamente el número de los muertos hasta que se realice el escombreo de las ruinas de la ciudad.
La explosión se escucho a treinta kilómetros y desorganizó los servicios telegráfico y telefónico.
Las primeras brigadas de auxilios que llegaron al pueblo de Peñaranda, procedentes de los pueblos cercanos, inmediatamente restablecieron las comunicaciones telefónicas con Salamanca y solicitaron socorros de las autoridades.
El Generalísimo Franco envió inmediatamente una compañía de Infantería así como especialistas militares.
Algunas casas del pueblo de Peñaranda seguían ardiendo esta tarde tratando los bomberos de dominar las llamas.
No se ha podido determinar todavía la causa del desastre.
La Diputación Provincial ha ordenado la completa evacuación del pueblo.
Las llamas se apoderan del pueblo de Peñaranda reduciéndole a cenizas.
SALAMANCA, julio 10. (A P). Grandes columnas de humo se levantan sobre el pueblo de Peñaranda de Bracamonte, pueblo situado a unas 25 millas al Este de esta capital nacionalista, mientras centenares de obreros están escombreando las ruinas aún humeantes, para extraer a las victimas de la terrible explosión que se registró en una fábrica de explosivos y que ha demolido por entero a esa pintoresca población.
Todavía no ha podido conocerse la causa de la explosión que ha producido 80 muertos y 1.500 heridos.
El pueblo, que escapó a los horrores de la guerra civil, ha quedado prácticamente destruido y las autoridades han ordenado que los supervivientes evacuen la población.
Numerosas enfermeras se han presentado en Peñaranda, al mismo tiempo que centenares de obreros, de otras localidades, respondiendo a las peticiones de socorro hechas por las autoridades.
De las 1.300 casas que componían el pueblo se dice que han resultado demolidas y seriamente averiadas unas 1.090.
La iglesia parroquial ha sufrido enormes daños y el reloj de su torre quedó parado a las 11:19 de la mañana hora en que se registró la catástrofe.
Una fábrica de alpargatas y la fábrica de energía eléctrica también han recibido daños de gran consideración.
Las autoridades de Salamanca inmediatamente prepararon 200 camas para las primeras víctimas que llegaron a esta ciudad y las cuales quedaron instaladas temporalmente en los hospitales, en el monasterio de los Padres Dominicos y en otras partes.
Camiones cargados de material sanitario y de otras clases partió de esta ciudad para Peñaranda juntamente con gran número de médicos y enfermeras.
También comenzaron a llegar al pueblo centenares de obreros armados de picos y palas que inmediatamente se pusieron a trabajar en el escombreo, extrayendo cadáveres y los heridos que han quedado sepultados bajo las ruinas de las casas.
Los soldados y los guardias civiles de la guarnición que no recibieron heridas se pusieron también inmediatamente después de ocurrido el desastre a trabajar.
La fuerza de la expansión de los gases derrumbó las paredes de la estación ferroviaria, quedando sepultados bajo las ruinas todos los empleados.
Un tren de mercancías. que se hallaba totalmente cargado, quedó reducido a un montón de hierro.
Los incendios estallaron simultáneamente en muchos lugares dentro de la ciudad y llegaron bomberos de Ciudad Rodrigo, Zamora, Valladolid, Ávila, Medina del Campo y Madrid que encontraron a Peñaranda ardiendo furiosamente.
Los incendios ganaron rápidamente tales proporciones que los bomberos abandonaron el propósito de combatir las llamas, limitando sus esfuerzos a salvar parte del distrito de residencias.
Pasa de cien el número de muertos y de 450 el de heridos
SALAMANCA, Julio 10, (Havas).
Existe todavía cierta confusión acerca del número de víctimas de la explosión habida en los polvorines de Peñaranda de Bracamonte, poco antes del mediodía del domingo. Según los informes recibidos en esta ciudad, capital de la provincia, pero de fuente particular, el total de muertos y desaparecidos pasa de cien, y el de heridos de 450. La mayoría de los heridos, después de asistírseles en los hospitales salmantinos en que fueron distribuidos inmediatamente pudieron regresar sin dificultad al lugar de la catástrofe.
La investigación ordenada por las autoridades provinciales y las civiles, para precisar las causas de la explosión, no ha podido llegar aún a conclusiones definitivas, pero se declara que es probable que el desastre haya sido consecuente a una grave imprudencia, inculpable a la administración, al permitir la acumulación de explosivos en un lugar sobrecalentado. Sin embargo, esto no pasa de ser una hipótesis.
Se declaró un incendio después de la explosión
El polvorín se encontraba a un kilómetro de Peñaranda, cerca de la estación ferroviaria. Sin embargo, la explosión fue de tal violencia, que la mitad de la población quedó convertida en escombros. Minutos después del estallido se declararon varias conflagraciones que la falta de agua impidió combatir con eficacia.
Los grupos de bomberos, de soldados y de voluntarios que se lanzaron heroicamente a limitar el desastre, tuvieron pue dedicarse a pocos pasos de las llamas, que avanzaban incontenibles en todas direcciones, a derribar edificios, para contener el fuego, abriendo una especie de foso entre la parte de Peñaranda convertida en inmensa hoguera, y la barriada que sólo quedó averiada. Poco después los equipos sanitarios que llegaron de diferentes partes de la provincia inundaron los escombros. rociándolos también con fuertes desinfectantes, al tiempo que aplicaban una serie de medidas preventivas, para evitar el desarrollo de una epidemia, la cual seria propiciada por el calor sofocante que se siente.
Se sabe del caso de una familia, formada por los padres y cuatro hijos, que pereció bajo el techo de su casa, salvándose solamente, de manera milagrosa, el más pequeño de los últimos, un bebé de dos meses, que apareció en su cuna, cubierto por los restos del edificio.
Dejó en la tierra un inmenso embudo de 400 metros de diámetro, la explosión de Peñaranda
SALAMANCA, julio 10 (Por Jean, D-Hospital, corresponsal de la Agencia Havas). — De las 1.456 casas que formaban lo principal de la pequeña ciudad de Peñaranda de Bracamonte, 1.090 fueron parcial o totalmente destruidas por la explosión de los polvorines situados fuera de la población, y la que ocurrió a las 11:19 minutos de la mañana del domingo. Peñaranda quedó convertida por la catástrofe en teatro de escenas de inmensa desolación. Los habitantes que pudieron salvarse o los que resultaron heridos levemente, ayudaron a los equipos de auxilio en el escombreo, estimulados por la angustiosa esperanza de encontrar aún vivos a sus familiares o amigos desaparecidos.
Esta mañana ardían aún un centenar de edificios y tres grandes fábricas próximas a la estación ferroviaria. A esa hora los bomberos se encontraban todavía impotentes para luchar frontalmente con las llamas, por la escasez de agua. En el mismo lugar en que estaban los polvorines un inmenso embudo de 400 metros de diámetro y profundidad imprecisable, está cubierto de escombros humeantes. Los esfuerzos de los grupos principales de salvamento tienden a inundar esa amenazadora hondonada, debido a que a quinientos metros más allá hay otro depósito de explosivos, que no voló.
Un tren de mercancías, atomizado
La explosión fue tan horrísona, que se la escuchó en Salamanca y en Ávila. Pedazos del tren de mercancías que estaba detenido en la estación próxima al ocurrir la catástrofe, fueron proyectados a medio kilómetro de distancia, El convoy quedó prácticamente atomizado.
El teatro del Casino, la ermita del Humilladero, el cuartel de la Guardia Civil y la central eléctrica, quedaron convertidos en ruinas, La iglesia parroquial de San Miguel, que está a más de un kilómetro del sitio de los polvorines, sufrió grandes daños.
La puerta principal del templo fue lanzada hacia adentro, después de arrancada de sus goznes, por la explosión, y todos los altares se desplomaron. Un grupo de Hermanas de San Vicente de Paúl que oraban en una capilla lateral, salvaron milagrosamente la vida.
Hasta horas de la mañana habían sido inhumadas 45 víctimas de la hecatombe. Cuatro de los heridos graves, traídos a los hospitales de Salamanca, sucumbieron por la tarde y los médicos dicen que el estado de otros treinta inspira graves inquietudes.
Once muertos no han sido identificados. El número de desaparecidos es de unos 49.
La vía férrea de Salamanca a Madrid, que fue cortada por la explosión, quedó reparada provisionalmente como se pudo, y a las seis de la tarde de hoy, lunes, pudo pasar el primer tren. Las autoridades provinciales salmantinas están recibiendo mensajes de condolencia de todos los lugares de la nación.
Gaceta de Alicante, 11 de julio de 1939
En Peñaranda de Bracamonte ha hecho explosión un polvorín
EL CAUDILLO entregó doscientas mil pesetas para los damnificados
SALAMANCA, 10 (12 n) — No se supo inmediatamente en Salamanca la catástrofe de Peñaranda, porque las comunicaciones de este pueblo habían sido totalmente destruidas por la explosión. No funcionaban el telégrafo ni el teléfono, Fue tan grande la explosión que desde varios pueblos cercanos a Peñaranda se oyó.
Las noticias en los primeros momentos llegaron muy contradictorias. Se decía que el número de muertos era grandísimo, pero por fortuna, las informaciones que siguieron recibiendo, daban muchas menos victimas de las que se decía. Algunos coches salieron para Peñaranda.
A la una de la tarde, la radio local empezó a dirigir llamamiento a todos los médicos, estudiantes de medicina, enfermeras y obreros de pala y pico, para que se personaran en el Gobierno civil.
Poco después, la plaza y los alrededores del Ayuntamiento y de Gobierno estaban repletos de público, que iban a ofrecerse llevando consigo los útiles necesarios. A cuarto de hora del llamamiento salían todas las personas requeridas en coches y camiones con dirección a Peñaranda.
La Plaza Mayor se encontraba totalmente llena de coches que se presentaron para ponerse a disposición de las autoridades. Estas tomaron severas medidas para impedir que la gente se fuese hacia Peñaranda.
A las pocas horas empezaron a llegar a Peñaranda las ambulancias. En las primeras horas de la noche llegaron vecinos de Peñaranda, que fueron amablemente acogidos por la población de Salamanca. A las doce y media de la noche, Peñaranda. fue evacuada totalmente, al objeto de que los trabajos de extinción y auxilio se llevaran a cabo lo más rápidamente posible.
Apenas traspuesta la cuesta de Santa Marta se podía ver perfectamente la densa columna de humo que subía al cielo. En todos los pueblos del camino y sobre todo en Ventosa del Río al Mar los vecinos, estaban en la carretera, en espera de noticias. Pasado el pueblo de Encinas de Abajo, la gran humareda crecía.
El incendio de Peñaranda estaba dividido en dos sectores, atravesando la carretera. A la derecha está el incendió propagado sobre el sitio en que aproximadamente está situada la estación del ferrocarril, y en donde se veía una densa columna de humo blanco, que alcanzaba una altura gigantesca, y a la izquierda donde se halla enclavado el pueblo, se veían muchísimas columnas de humo blanco.
La estación y las casas del pueblo aparecen totalmente envueltas en llamas. En las afueras del pueblo, se encontraban muchos vecinos de Peñaranda. Casi todo el pueblo se hallaba destruido.
El reloj de la plaza mayor está parado en las 11:19 horas, y doblada la esfera hacia arriba. Puede decirse que de 1.300 casas de que consta el pueblo, 1.090 han quedado afectadas por el siniestro. En la parte derecha es donde la catástrofe ha adquirido mayores proporciones. Las dos fábricas de harinas y una fábrica de calzado de goma se hallan completamente destruidas. La estación ha desaparecido. Un tren de mercancías que se hallaba en la vía, ha quedado deshecho y la locomotora rota es tres pedazos y aparece algo lejos del lugar donde se hallaba la estación. En el sitio donde se encontraba el polvorín, es donde los bomberos trabajan más activamente.
Según referencias que hemos podido adquirir en el mismo lugar de la catástrofe, esta se desarrolló de la siguiente manera:
En el interior de la estación, se guardaba una importante cantidad de explosivos, que formaban el polvorín.
A las 11'19 horas de la mañana del domingo, se inició un ligero rumor como el que produce una gran mina cuándo va a estallar, y antes de que el pueblo pudiera advertirlo, se sintió una tremenda explosión que se oyó en algunos pueblos cercanos.
Las casas se derrumbaron casi en su totalidad por los efectos de la explosión e inmediatamente en algunas de ellas empezaron a producirse incendios, por la lumbre de los hogares, al caer sobre ellos cascotes y restos de la explosión.
El alcalde y otras autoridades se dirigieron inmediatamente a la Central Telefónica, no logrando comunicar. En su consecuencia, enviaron propios a los pueblos vecinos, desde donde se telefoneó a las autoridades de Salamanca. Los vecinos de Peñaranda, con espíritu patriótico, empezaron los trabajos de salvamento y auxilio de sus convecinos.
Las autoridades de Salamanca con médicos y otras personas, enfermeras, obreros, etc., acudieron inmediatamente al logar de la catástrofe, así como la segunda Compañía del Batallón 104 de guarnición en Salamanca.
Hay que decir que aunque el número de víctimas es crecido, no son tantas como la gente había cifrado, pues son muchos los heridos de poquísima importancia, que prestos han cooperado al salvamento.
DONATIVO DEL CAUDILLO
SALAMANCA, 10 (12 n.).— El coronel secretario del Generalísimo ha enviado un telegrama al gobernador civil de Salamanca, Que dice:
“Hónrome expresándole el sincero pesar de Su Excelencia el Jefe del Estado ante el grave siniestro ocurrido en Peñaranda y ruégole traslade este pásame a cuantos se hallen afectados por la catástrofe.
Con está fecha se pone a disposición de la autoridad, por conducto Sección Donativos recibidos en esa, la suma de 200.000 pesetas, entrega de Su Excelencia, para que pueda prestar socorro y ayuda a damnificados, que deberán ser atendidos lo mejor posible.
Igualmente complázcome participarle obras reconstrucción serán objeto solicitud, apadrinándolas en forma Patronato. Salúdole.”
EL NUMERO DE LAS VICTIMAS
SALAMANCA, 10 (12 n). — Se calcula aproximadamente en 100 muertos y más de 1.500 heridos las victimas de la catástrofe de Peñaranda.
El gobernador civil dio orden de que se evacuase totalmente la ciudad. Se ha dado albergue en Salamanca a gran cantidad de evacuados. En Auxilio Social se les facilitará comida mientras la necesiten. — (CIFRA).
N. de la R. — Hondamente impresionados por el desventurado suceso de Peñaranda de Bracamonte, cogemos la pluma para dejar constancia de nuestro duelo en estas columnas. Estos accidentes, que raro es el estío en que no se producen en algún país, conmueven hondamente a la opinión, mucho más si, como en este caso, se registran desgracias personales.
España, sometida tiempo ha a tantas pruebas, pasa hoy por la de este luctuoso acaecimiento, que la llena de dolor. Un reflejo de este dolor, es el gesto del Caudillo, muy propio de su condición paternal para todos los españoles. El Generalísimo se ha apresurado a acudir en ayuda de los damnificados por la catástrofe, uniendo a la aportación material —200.000 pesetas —, sus frases de profunda condolencia.
Al ser conocido el siniestro, ha causado el sentimiento natural, que nosotros no podíamos dejar de recoger. Pero al hacerlo, y lamentar con toda el alma el infortunado accidente, no queremos dejar de decir que las desgracias con que Dios prueba a los individuos y a las naciones, son un testimonio de su predilección.
Aceptémoslo, con tal, resignadamente, esperando que Él acoja su Gloria las almas de las victimas.
El Adelanto, 11 de julio de 1939
El siniestro del domingo en Peñaranda
S.E. el Generalísimo pone a disposición del Gobernador civil la suma de 200.000 pesetas para socorros y ayudas a los damnificados
EL SUCESO
Anteayer, domingo, en la vecindad de Peñaranda de Bracamonte y próximamente a las once y cuarto de la mañana, hizo explosión, sin que se conozcan las causas, un almacén de explosivos, situado en las cercanías de la estación del ferrocarril. La explosión, de gran potencia, alcanzó con sus electos, principalmente a las edificaciones cercanas a la estación del ferrocarril y jardines del Campo de San Francisco. Por la ciudad también los efectos de la explosión fueron intensos. La explosión dejó, asimismo, huellas de su potencia en la iglesia parroquial de San Miguel, sin que, por fortuna, sufrieran daños cuantas personas se encontraban en el interior, como así mismo es digno de notar, que habiéndose roto todos los cristales de la ciudad, permaneciesen intactos los del Santo Sepulcro.
El resto de las edificaciones han sufrido daños de mayor a menor importancia, según se encuentran a menor a mayor distancia del lugar en que se inició el siniestro.
LOS INCENDIOS
Se produjeron éstos por efecto de da explosión, en las calles de Rebolla, Poza, Nuestra Señora y Caños, propagándose con gran rapidez, por lo que fue necesario el auxilio de diversos parques de Bomberos, que a continuación se citan, como asimismo en los muelles y fábricas cercanas a la estación del ferrocarril y cuyos incendios fueron rápidamente localizados, para evitar la propagación al resto de la población, siendo totalmente dominados durante la noche del domingo y madrugada del lunes, en cuya hora los servicios de incendio regresaron a sus puntos de partida.
LOS AUXILIOS
Al tenerse noticia en Salamanca del siniestro ocurrido en Peñaranda, salieron inmediatamente para aquella ciudad las autoridades salmantinas, mientras, por Inter Radio Salamanca, nuestras autoridades ordenaban la radiación de notas demandando da presencia de médicos y practicantes con el material de que dispusiesen, así como de coches y camiones para organizar los servicios de salvamento.
Rápidamente se concentraron en la Plaza Mayor de Salamanca numerosos autobuses, coches del servicio público y particulares a disposición de las autoridades, y conduciendo a Peñaranda a los médicos, enfermeras. practicantes y demás personal necesario en aquella ciudad. Asimismo, Auxilio Social concentró sus servicios, mandándolos en ayuda de la ciudad siniestrada.
Los primeros en llegar a Peñaranda, fueron los soldados de Antigás, con sus elementos y tanque, al mando del Comandante de Ingenieros, don Felipe Rodríguez, y del Alférez don Julián Benavente, que rápidamente, tomaron precauciones para evitar la propagación de las explosiones. A Peñaranda de Bracamonte, llegaron asimismo varias compañías de soldados de la 105 División y fuerzas del Regimiento de Infantería, como también varias compañías de Zapadores.
En cuanto a los servicios de Incendios, acudieron y cooperar en los trabajos de extinción, los parques de bomberos de Salamanca, Ávila, Zamora, Medina del Campo, Valladolid, Ciudad Rodrigo, y en las últimas horas de la tarde el de Madrid.
Todos los servicios funcionaron perfectamente, dispuestos por las autoridades que llegaron de Salamanca, con las de Peñaranda de Bracamonte, siendo su labor eficaz en extremo y evitando que el siniestro alcanzase aun mayores proporciones, y procediéndose rápidamente al descombro y evacuación de heridos, cosa que se hizo con rapidez extraordinaria, colaborando en todos los servicios las señoritas de Auxilio Social y enfermeras de Falange Española Tradicionalista y de las JONS.
LAS VICTIMAS
Dada la importancia del siniestro, el número de victimas ha sido en proporción muy escasa, ya que los muerto, enterrados en el día de hoy, con asistencia de las autoridades salmantinas, es de veinte, habiendo en el depósito algunos más sin identificar. Los heridos ascienden a varios centenares, aun cuando la mayoría de ellos son de carácter leve, y padecen heridas producidas
por la rotura de cristales y los cuales, por la perfección de los servicios improvisados, pudieron
ser atendidos en condiciones magníficas.
LA EVACUACION
Como dejamos apuntado, los servicios de evacuación de la población que, provisionalmente, al amenos, ha tenido que hacerse, han funcionado con toda rapidez y seguridad, habiéndose improvisado en Salamanca multitud de alojamientos, en los cuales son atendidos los peñarandinos con solicitud y cariño. “Auxilio Social» también ha contribuido a esta labor tanto en Salamanca. como en Peñaranda, donde de forma rapidísima se han organizado los servicios para auxiliar a los vecinos de aquella ciudad.
El sentimiento causado por el siniestro de Peñaranda en Salamanca y su provincia, así como en las limítrofes, ha sido grandísima y oficialmente las Corporaciones oficiales así lo hacen constar en el acta de sus sesiones, además de con sus obras de atención a los que, al menos circunstancialmente, han tenido que abandonar sus hogares por haber sufrido desperfectos.
HACIA LA RECONSTRUCCION, - DONATIVO DEL CAUDILLO
Tan pronto como Su Excelencia el Generalísimo Franco tuvo conocimiento del suceso, remitió un telegrama el coronel secretario de Su Excelencia, expresado en les siguientes términos:
«Hónrome trasladando a Vuecencia el sincero pesas de Su Excelencia el Generalísimo ante el grave siniestro ocurrido en Peñaranda de Bracamonte, con el ruego de expresar sentimientos elevados a cuantos se hallen afectados por la catástrofe. Con esta fecha, se pone a disposición de su autoridad, por conducto sección donativos residente en esa, la suma de doscientas mil Pesetas, para que vuecencia pueda prestar socorros y ayudas a damnificados, que deberán ser atendidos lo más eficazmente posible. Igualmente complázcome participarle que obras reconstrucción serán objeto solicitud de Su Excelencia, apadrinándolas en forma Patronato. — Salúdale.»
Al anterior telegrama ha contestado el excelentísimo señor gobernador civil de la provincia con el siguiente:
“Con el más profundo y sentido agradecimiento acoge provincia, especialmente población Peñaranda, sentido pésame Su Excelencia Jefe del Estado, consecuencia grave siniestro ocurrido indicada ciudad, transmitiendo a cuantas personas se hallan afectadas por catástrofe, significada prueba cariño y condolencia que para ellas expresa. Participole, profundo agradecimiento por donativo doscientas mil pesetas que pone a mi disposición para socorro y ayuda damnificados, que serán atendidos con la más eficaz solicitud. Provincia entera agradece inmediata ejecución obras, reconstrucción, patrocinadas y apadrinadas por S. E. nuestro invicto Caudillo, — Le saluda.»
Con motivo de estos telegramas, ha sido abierta una suscripción provincial, encabezada con las doscientas mil pesetas que envía S. E. el Generalísimo Franco, y cuya suscripción estará destinada exclusivamente a auxilio inmediato y cuya primera lista publicamos a continuación.
Inmediatamente será formada una junta de técnicos civiles y militares que dictaminarán sobre los daños sufridos por Peñaranda de Bracamonte y sobre la forma de encauzar su reconstrucción e inmediatamente emitido este dictamen, se formará un patronato apadrinado por el Generalísimo Franco, para acometer dicha reconstrucción de la parte destruida de la ciudad.
Repetimos que el sentimiento en Salamanca es grande, como también lo es el agradecimiento de Peñaranda a cuantos elementos se han distinguido en la disminución del siniestro y en la evacuación y demás servicios como los de Incendios, sanitarios y Auxilio Social, que una vez más ha colaborado de manera eficaz y con la rapidez que le caracteriza.
En la noche del lunes, el excelentísimo señor Gobernador civil, recibió el siguiente telegrama:
“Enterado horrible desgracia Peñaranda Bracamonte, y recordando gustosamente tan hospitalaria ciudad de Salamanca, expreso a V. E. mi más sentido pésame y permítome poner a disposición de V. E, diez mil pesetas para familias de las victimas. Stohrer. Embajador de Alemania.”
El señor Gobernador civil, al recibir este telegrama, ha contestado con otro agradeciendo la emocionada manifestación de pésame del señor Embajador de la Gran Alemania, y su valioso donativo, que servirá para aliviar los dolores de las victimas del suceso.
La Última hora, 11 de julio de 1939
Noticias de Peñaranda
Salamanca. — Continúan los trabajos de salvamento de la ciudad de Bracamonte que se realizan con la mayor intensidad.
De 2.300 edificios con que contaba aproximadamente la población no quedan en condiciones habitables más que 20 y éstos no sin previa reparación.
El pueblo ha sido totalmente evacuado, habiendo sido cobijados la mayoría de Jos vecinos en locales de Salamanca previamente preparados. Otros se hallan en los pueblos vecinos y algunos acampan en las proximidades de la ciudad destruida, entiendas de campaña.
La organización de “Auxilio Social” ha prestado grandes servicios y eficacísima ayuda. Por la mañana repartió más de 4.000 desayunos, y otras tantas comidas.
Hasta ahora el número de muertos es de 40 aunque se presume haya algunos más entre los escombros por lo cual brigadas de trabajadores actúan sin descanso.
Ayer tarde tuvo lugar el entierro de algunas víctimas asistiendo todas las autoridades de Salamanca. Hoy se ha celebrado el sepelio de los fallecidos en el hospital de Salamanca cuyo número hasta este momento es de cuatro.
Iniciada por el Excmo. señor Gobernador Civil y patrocinada por las autoridades de la ciudad se ha abierto una suscripción en favor de los damnificados figurando a la cabeza de la lista la valiosa aportación ya conocida de S. E. el Generalísimo de 200.000 ptas.
El Progreso, 12 de julio de 1939
Del accidente de Peñaranda de Bracamonte
SALAMANCA, 11. — Continúan los trabajos en Peñaranda de Bracamonte para socorrer a los damnificados por el accidente del domingo. El obispo de la Diócesis, doctor Plá y Deniel, visitó los lugares en que se produjo el siniestro. Ha sido abierta una suscripción para socorrer a los damnificados, encabezadas con 200.000 pesetas enviadas por Su Excelencia el Generalísimo. El Ayuntamiento contribuye con diez mil pesetas.
El gobernador civil señor Arias Salgado recibe numerosos telegramas de toda España testimoniando la honda pena que en las partes produjo el desgraciado accidente, destacando entre ellos uno del excelentísimo señor ministro de la Gobernación, comunicándole que el Gobierno adoptará medidas para remediar la situación de los damnificados, y otros de los excelentísimos señores vicepresidente del Gobierno y ministro de Industria y Comercio. Mencheta.
SALAMANCA, 11. — El excelentísimo señor ministro de Agricultura, como secretario general de Falange Española Tradicionalista y de las J. O. N. S. ha dirigido al jefe provincial de Salamanca, señor Laporta, un despacho telegráfico concebido en los siguientes términos:
Esta Secretaría general han conocido con verdadera satisfacción la actuación de Falange de Salamanca con motivo de los infortunados sucesos de Peñaranda de Bracamonte y se complace en felicitar a esa Jefatura provincial que con sus servicios de Sanidad y Auxilio Social y afiliados a sus órdenes ha patentizado el espíritu de hermandad de la Falange.
El gobernador civil de la provincia, recibió también el siguiente telegrama:
Enterado de la horrible desgracia de Peñaranda de Bracamonte y recordando gratamente la hospitalidad de la ciudad de Salamanca, expreso a V. E. mi más sentido pésame y permítome poner a disposición de V, E. diez mil pesetas para las familias de las víctimas. — Von Sthorer, embajador de Alemania.
El señor Arias Salgado contestó a este despacho con otro agradeciendo la condolencia de von Sthorer y su valioso donativo, que contribuirá a paliar la situación de las familias damnificadas. — Mencheta.
Manifestaciones del Gobernador de Madrid
MADRID, 11. — Conversando con los periodistas el señor Alarcón de la Lastra manifestó que se había reunido la Junta de Reconstrucción de Madrid, acordando la urgente construcción de tres mil casas baratas de un sólo piso en el barrio de Vallecas, en el recinto del cual construirán un campo de deportes, iglesia, escuela, mercado, etc. Anunció que también se intensificará la reconstrucción de la zona devastada del extrarradio.
Refiriéndose al homenaje que el día 13 se rendirá al llorado Calvo Sotelo, dijo que de madrugada se celebrará una misa frente al que fue su domicilio, formando dos mil guardias de Asalto y Seguridad, que después desfilarán con antorchas.
Dijo por último el gobernador civil que su compañero de Salamanca le había telegrafiado felicitándole por la actuación de los bomberos de Madrid, que tuvieron magnífico comportamiento en Peñaranda de de Bracamonte. — Mencheta
Diario de la Marina, 12 de julio de 1939, pagina 13
SALAMANCA, julio 11, (AP) — Mientras los obreros continúan realizando el escombreo de las ruinas que dejó la explosión de una fábrica de pólvora en Peñaranda, docenas de vecinos se encuentran acampados en los alrededores.
Aun no se ha podido facilitar a la prensa una lista exacta de los muertos, y de los heridos.
El Obispo de la Diócesis ha telegrafiado al generalísimo Franco dándole las gracias por haber ordenado que inmediatamente se comiencen las obras de reconstrucción de la ciudad.
Mensaje de condolencia del ex rey Alfonso por el desastre de Peñaranda
GINEBRA, Suiza, julio 1, (Havas), — El ex rey Alfonso dirigió hoy al generalísimo Franco un mensaje de condolencia por el desastre de Bracamonte, y expresando participar sincera y profundamente en el dolor de la nación. Agrega que contribuye con diez mil pesetas a ala suscripción abierta para auxiliar a las familias de las víctimas.

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