Este volumen reúne, por vez primera, un centenar de cartas cruzadas –en su mayoría inéditas– entre algunas de las figuras más influyentes del feminismo hispánico del siglo XX. Estas cartas peregrinas que atravesaron océanos reflejan no sólo los vínculos transatlánticos que, gracias a ellas, se tejieron para impulsar desde ambas orillas la emancipación de la mujer hispana, sino también los múltiples avatares de la vida personal de cada una de ellas a lo largo de casi tres décadas. Leídas en conjunto, estas misivas conforman un verdadero mural caleidoscópico de la lucha feminista de la primera mitad del siglo XX al tiempo que nos descubren los vínculos y las facetas más íntimas, hasta ahora inéditas, de sus autoras. Clara Campoamor, Carmen de Burgos, Consuelo Berges y Paulina Luisi trasladaron aquella vehemencia de sus combates políticos, jurídicos y sociales a esta nueva y fecunda faceta de epistológrafas que las revela como unas intelectuales poliédricas, entre las más fascinantes de su generación. En estas páginas con letra de mujer resuenan voces que, con elocuencia y arrojo, se pensaron a sí mismas en diálogo, en desacuerdo y en complicidad, mientras daban forma a una lucha que no conoció fronteras ni compartimentos estancos. Estas misivas permiten, por primera vez, leer juntas a estas cuatro pioneras, no solo como como figuras centrales del feminismo sino como interlocutoras: mujeres que se escriben, se interpelan y se acompañan a lo largo de más de un cuarto de siglo de intercambio epistolar. En ese tránsito entre lo privado y lo público, entre la amistad y la militancia, este epistolario revela una manera de estar en el mundo en la que pensar, escribir y actuar forman parte de un mismo gesto. El lector tiene aquí la oportunidad de asomarse a ese diálogo y recorrer, carta a carta, el espacio donde la libertad no se proclamaba: se ejercía.
En una de estas cartas, Campoamor confiesa: «Deseo ardientemente el triunfo de Franco para evitar el derrumbamiento de España».
Heraldo de Castellón, 10 de Febrero de 1936
Clara Campoamor marcha a Londres decepcionada de la política española
Anteanoche, marchó para Londres la señorita Clara Campoamor quien se negó a hacer declaraciones a los periodistas. Persona de su confianza nos asegura que la ilustre leader feminista va decepcionada de la política española.
Tampoco en las próximas Cortes se sentará en los escaños a defender los derechos de la mujer quien más luchó para conquistarlos,
La Rioja, 14 de febrero de 1936
El conde de Romanones y la intervención de la mujer en la lucha política
Madrid, 13. — 12 noche. En "La Voz” se publica esta noche una interviú con Romanones, acercade la concesión del voto a la mujer. El señor Figueroa, contestando a preguntas del periodista, dice:
— Hará, treinta años. Moret y yo tratamos de conceder el voto a la mujer y vimos que era peligroso. Ahora me satisface que lo tengan. ¿A qué negarlo? En “mi provincia”, donde lucho hace más de medio siglo, los mujeres son mis propagandistas más activas y entusiastas. Trabajancon un ultraísmo absoluto, ¡Mejor que el hombre! Ha brotado una legión de oradoras fogosas que saben llegar al corazón de los masas y encenderlas... Y no son mujeres cultas, sino espontáneas, como los toreros, y por cierto que en Horche tenemos una “espontánea” que me está haciendo una campaña electoral estupenda. La oradora de Horche es un fenómeno de oratoria colorista yarrebatadora.
Prieto se opuso al voto femenino. Prieto es muy sagaz. Y todos los socialistas debían haberse opuesto igualmente. Pero la Cámara lo concedió, por galantería con mi excelente amiga Clara Campoamor, aunque fue un disparate de las Constituyentes. El voto de la mujer significaba y significa demasiado para hacerlo asunto de complacencia.
Yo estoy contento porque es el arma mejor que ha podido darnos la República para luchar nosotros.
La mujer en política irá a los extremos. El término medio en el cual están las situaciones más viables de la vida no encaja por el momento con su desenfrenada y actual pasión de ejercer voluntariosamente el derecho que se le dio.
Las mujeres fueron por galantería nuestra, diputadas... “depaysee” como dicen los franceses. Y sí, eran discretitas, tenían talento; pero pisaban un terreno que no era el suyo, faltaba la costumbre, el ambiente. Resultaban —si me permite usted la frase, que va sin malicia— muchos hombres para tan pocas mujeres...
Seguramente la mujer es la fuerza preponderante en las urnas el día 16. Como no figura en las candidaturas, apenas nos entrega es fuerza; es decir, que ella lucha; pero para los hombres. No le oculto a usted que he cambiado completamente de opinión respecto al sufragio de las mujeres.
Por atavismo se funden en la mujer la idea religiosa y la política. La quema de los conventos y el asesinato de los frailes de Asturias aún siguen vibrando en España y son para la mujer el mejor argumento de derechos. No hay que hablar de lo que no tiene arreglo. ¡No hay que hablar!
¡El voto femenino! ¡Lo más transcendente que pudo hacer la República! ¡Y ellas, desinteresadamente, admirables!
El Cantábrico, 19 de febrero de 1936
LAS MIL Y UNA TARDES
¡Es la mujer española, que ha pedido la amnistía!
— Somos muchos los hombres que ya no creemos en la política, ¡lo que se dice ni pizca!, porque hemos sufrido muchos desengaños. Y resulta que las mujeres todavía creen en ella...
— Cosa que celebro mucho,.. Gracias a las honradas y bondadosas mujeres, habrá amnistía, porque el sexo bello todo lo olvida, todo lo perdona... Dicen de Berlín que un alemán llamado Ernesto Ritcher, en un momento de locura, producida por los celos, la dio a su novia un terrible mordisco y la arrancó la nariz, de la dentellada...— ¡Qué animal!
— ¡Los encantos del amor!... Procesado Ritcher, se ha visto su proceso en juicio oral y público, y la novia, al declarar, dijo: «Perdono a mi agresor. Me arrancó la nariz de un mordisco terrible. Pero la cirugía plástica me ha puesto otra nariz, más bella, más correcta de líneas que la que yo usaba antes. Por tanto, le debo una parte de mi actual belleza al mordisco de Ritcher... Suplico al tribunal que no le castigue...» ¡Así son las mujeres!... Todo lo olvidan, todo lo perdonan... Su grito es ahora:
«¡Amnistía, amnistía!...» ¡Que vuelvan a casa los presos políticos!...
— Estoy conforme con eso... ¡Viva el sexo lindo!... Le conquistó el corazón la nota profundamente sentimental del pacto de las izquierdas... López, ¡me urge la amnistía!...
— Del ilustre conde de Romanones se han enamorado, claro que platónicamente, las mujeres de la provincia de Guadalajara. Y le dijo el conde a un periodista: «En mí provincia, son las mujeres mis propagandistas más activas y más entusiastas...»
— Que no mienta... Que primero se le coge a un mentiroso que a un cojo...
— «Trabajan por mi—dijo el conde con un entusiasmo absoluto...»
— Si las muerde en la nariz, ¿le perdonarán?
— ¡Pues claro!... «Ha brotado una legión de oradoras fogosas, que saben llegar al corazón de las masas... En Horche, tenemos una oradora. espontánea, que me está haciendo una pasmosa campaña electoral. La oradora de Horche es un fenómeno en eso de la oratoria colorista y arrebatadora... El voto femenino es lo más transcendental que ha hecho la República.»
— ¡Viva Clara Campoamor!
— Si, señor... Lo que no está bien es que se trate de engañar a las mujeres con cuentos sin substancia... Dijo, en Toledo, en un mitin, don Manuel Azaña: «En una población castellana circula una candidatura derechista con unas acotaciones como esta: «Si triunfan las izquierdas, vendrá el reparto de vuestras mujeres»... Esto no es un escrito anónimo, sino de un candidato que dice que esta es una de las cláusulas secretas del pacto de las izquierdas,.. Yo creo que esta cláusula no existe. Al menos, yo no me he enterado. Pero esto descubre la animalidad del que lo escribió, que piensa que las mujeres pueden ser repartidas, como los garbanzos. Aquí hay muchas mujeres. Si alguna está disgustada con su marido y piensa que si nos vota a nosotros, se la vamos a endosar a otro individuo, que no nos vote, porque sufrirá un fracaso.» (Grandes risas y ovación.)
— ¿Y cómo esta vez no hubo muchas distinguidas candidatas, como en las elecciones anteriores?
— Pues no lo sé a punto fijo... Será que los hombrones lo quieren todo para ellos... Dijo también el travieso conde de Romanones: «Las mujeres fueron al Parlamento por una galantería nuestra... En las Cortes, estaban las diputadas desorientadas. Eran discretitas, tenían talento; pero pisaban un terreno que no era el suyo. Les faltaba la costumbre, el ambiente. Resultaban muchos hombres para tan pocas mujeres.»
— Pues ha de venir un Parlamento en el que no haya más que mujeres, porque llegará un día en que se demuestre plenamente que los hombres no servimos para nada...
— Ni para ser unos buenos cristianos, como son unas cristianas de verdad, sin trampa ni cartón, las mujeres sentimentales que gritan: «¡¡ Amnistía, amnistía!!»... Aunque hablen sin tasa los entes raquíticos, ¡que vuelvan a casa los presos políticos!
— Lerroux hizo un mal papel, ante tantas caras foscas...
— Por haberse hecho de miel, ¡que se lo coman las moscas!...
— Como los hombres, en el nuevo Parlamento, no sean formales, en las próximas elecciones no habrá votos más que para las candidatas... Se debiera hacer una prueba decisiva...
Unas elecciones municipales para uso exclusivo del sexo bello... ¡Concejalas! ¡Nada más que concejalas!... ¡Y alcaldesas!... Los hombres, que se dediquen a las labores propias de su sexo... Las mujeres han salvado a la República... ¡Que se la den!... ¡Verá usté qué pronto se arregla todo!... La política masculina está completamente apolillada... Pregúnteselo usté al señor conde de Romanones, que ya dejó de ser el terror de las codornices... ¡Se le ha enmohecido la escopeta!... ¡El pobre!...
— Si, señor, sí... Las madres españolas no consentirán jamás que haya en España un dictador, traducido del italiano, que les imponga a los jóvenes este peligroso decálogo... «Obedecer las órdenes... Estar dispuestos a morir... El voluntario no tiene más derecho que consagrar con sangre la cartilla... El ser voluntario es un privilegio que se paga con sangre... El cansancio no existe, y si te vence la fatiga, acuérdate de que eres un voluntario,.. Enorgullécete de ser un intrépido voluntario, siempre dispuesto a morir... El voluntario de hoy es el asaltante de mañana... No es un voluntario quien, al engancharse, no haya puesto en la balanza su vida, y no haya echado una losa sobre sus afectos y sobre sus amores... El voluntario está dispuesto a todo, precisamente porque a todo ha renunciado... No temamos a las balas»... Estas cosas se les ocurren a los viejones, ¡para que la juventud se sacrifique!... ¡Pobres madres!... Eso no se le ha ocurrido al Ritcher ese que le arrancó a su novia la nariz de un terrible mordisco... Si los hombres muerden, ¡a la jaula con ellos!... Que mande el sexo lindo, que sólo en el caso extremo de una invasión extranjera, le dirá al hijo querido: «¡Lánzate al combate y muere!... ¡Tu madre te vengará!»
— El sexo masculino está de la jicara...
— Brava, como la manola que luchó contra la ola que nuestro suelo invadía, hoy la mujer española dice: «¡¡Amnistía, amnistía!!»...
NOSTRADAMUS
La Libertad, 24 de julio de 1936
Los servicios sanitarios para los heridos
Unión Republicana Femenina
Unión Republicana Femenina dice que a esta entidad tan sólo se le ha encargado hasta ahora del Hospital de Mujeres Incurables, el cual tiene ya perfectamente organizado; pero que pone, además, a disposición del Gobierno el local social, situado en Fuencarral, 4, y varios centenares de mujeres afiliadas dispuestas a prestar los servicios para los que sean requeridas.
Puede darse la contestación al teléfono de la señorita Clara Campoamor, 10.008, o al de Unión Republicana Femenina, 14.130.
Guión, 24 de noviembre de 1936
Clara Campoamor estuvo a punto de ser echada al mar
Y no lo fue por no comprometer al capitán del barco. Pero se le proporcionó alojamiento en la cárcel de Génova
Dice «El Pensamiento Navarro»:
«Cuando partíamos en el barco hacia Italia, nos dice un señor a unos amigos: «Lleven cuidado con hablar, que con nosotros viene Clara Campoamor. Hicimos las diligencias oportunas para entrevistarnos con ella y charlamos largo rato.Le enseñamos nuestros pasaportes de argentinos y como tales, ella se soltó el pelo criticando a nuestro glorioso Ejército y diciendo que el obrero tenía mucha razón. Nosotros para sacarle, le dábamos la razón, pero ya la primera noche arreglamos la combinación para tirarla al mar, tres falangistas, otro señor y servidor. Cuando nos disponíamos a darla un baño, un señor que intervenía en el asunto pensó que era necesario enterar al capitán del barco por si acaso le buscábamos algún lío.
Hablamos con dicho señor, y al enterarse de nuestros propósitos nos dijo que por favor no lo hiciésemos, porque él llevaba toda la documentación y tenía que presentarla en el punto de destino y le podía costar a él un disgusto.
Desistimos de aquella idea, pero había que pensar en otra para que no escapase sin sangre la inventora del divorcio en los matrimonios españoles. Los mismos señores y una clara noche de luna, reunidos sobre cubierta, acordamos cursar desde el barco a Génova un cablegrama anunciando la llegada de tal pajarraco. Pues sabíamos que en la estación marítima de aquella ciudad existe un comité español encargado de recibir a todos los que puedan allí refugiarse con estrechísimas relaciones con la policía fascista. Nos gastamos entre los cinco 37 marcos (el barco era alemán) que buena falta nos hacían más tarde, pero lo hicimos con mucho gusto. Se cursó el cable y a nuestra llegada a Génova, dos caballeros elegantemente vestidos, se presentaron en el barco, preguntando por doña Clara Campoamor, y seguidamente se presento, a lo mejor creyendo qua salían a rеcibirla para llevarle la maleta al hotel y no fue así. Ya ante ellos, uno, dobló la solapa de su americana y le enseñó una placa para acreditar su autoridad y le dijo: «Pase avanti la Señorina», y luego al descender nosotros, nos enteramos por los españoles, que ya estaba en la cárcel.
Aquel día celebramos nuestro triunfo con un banquete pobre, dado a nuestros escasos medios económicos, pues es lo cierto que a primeros de Octubre, abandonamos Italia y la señоrа Сamвoamor seguía en la cárcel. Allí tendrá más tiempo a meditar sus proposiciones de leyes, para cuando sea otra vez diputado».
Guión, 8 de diciembre de 1936
LA INMACULADA CONCEPCION
Dia ocho de Diciembre. Inmaculada Conceрción. La odiosa república, masónica, anticatólica y antiespañola, borró del almanaque ibérico el nombre de la Inmaculada. Como quiso borrar el de Jesús para para instalar el del judío Marx. Como quiso arrancar del diccionario español la palabra "Patria". Como quiso convertir el matrimonio en un "trato" de gitanos, y los hijos en un estorbo, fácil de eliminar facultativamente. Obra de miserables y de mujerzuelas. Miserables, incubados al rescoldo de la democracia: Azaña, Ossorio, Casares, De los Ríos, Albornoz, Prieto, Asúa, Sánchez Román, Guerra del Río. Y mujerzuelas menopáusicas y antimadres: Victoria Kent, Clara Campoamor, Dolores Ibárruri, Margarita Nelken. Todas feas. Todas ácidas. Todas marimachos. Unamuno las llamó "las tiorras de la república". Dignas precursoras de aquel katipunan de hembras desgreñadas y sucias que atronaban en las malditas fechas del 16 de Febrera al 18 de Julio, con aquellos gritos de cloaca: "Hijos, si; maridos, no". Pues entre estas mujerzuelas y aquellos miserables pasaron la esponja de su odio sobre esa fiesta, tan piadosa y tan española del ocho de Diciembre.
Amanecer, 22 de abril de 1937
Clara Campoamor pone los puntos sobre las íes
Censura los crímenes de los milicianos y al Gobierno que los ampara con su indiferencia
PARIS. — Bajo el título “La revolución española vista desde Madrid por una republicana”, publica la “Revue Universelle” estas edificantes palabras de Clara Campoamor:
“En Madrid, los milicianos han envilecido, con su conducta, desde el primer momento la causa de la defensa; por eso, la opinión pública se ha vuelto contra ellos, así como contra el Gobierno que les manda. Los republicanos y los socialistas podrán en el porvenir tratar de endosar la responsabilidad de estos horrorosos crímenes a las fuerzas anarquistas. Siempre quedará que un Gobierno que es incapaz de asegurar el orden público y el respeto a la vida humana, no es digno de ese nombre.
No hay otra cosa que hacer para conservar la dignidad, que confesarse vencido y desbordado por la revolución.
Pero no se trata solamente de impotencia. No se puede evitar el pensar que estos crímenes no hubieran continuado si los hombres que están en el poder hubieran sentido horror de ellos. Puesto que no cerraban los ojos, puede suponerse que los consideraban con indiferencia, convencidos de que una “depuración” era necesaria y útil a la seguridad interior.
Antoinette Quinche (25 de febrero de 1896 en Diesse-13 de mayo de 1979 en Lausana) fue una política suiza ( FDP ), activista por los derechos de la mujer y personalidad influyente de las asociaciones sufragistas suizas. Amiga personal de clara Campoamor de quien tradujo su libro La revolución española vista por una republicana (La revolution espagnole vue par une republicaine).


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