Ildefonso Fierro Ordóñez —gustaba de suprimir el González de su primer apellido y lo hizo legalmente en 1947— nació en Lugueros (León).
El joven Fierro demostró aptitudes para el estudio y cursó Comercio. Al mismo tiempo, se inició en el negocio familiar, relacionado con el comercio del carbón, que alcanzó gran importancia durante la Primera Guerra Mundial. El éxito obtenido le animó a crear la Naviera Fierro en 1919 y la Comercial Asturiana en 1920.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Fierro ganó mucho dinero exportando mineral de wolframio. Una empresa de su propiedad, la Compañía Minera Santa Comba, operaba en la zona de Santa Comba-Barilongo —en las cercanías de Santiago de Compostela—, considerada la principal zona de producción de wolframio en España.
En 1921, Ildefonso Fierro constituyó Ibérica de Contratación y Publicidad para desarrollar en exclusiva la publicidad de los cartones de cerillas. Al año siguiente desempeñó un papel fundamental en la creación de la Compañía Arrendataria de Fósforos, la empresa a la que se encomendó la explotación del monopolio fiscal de la fabricación de cerillas. En noviembre de 1956, Fierro fue el principal impulsor de Fosforera Española, como empresa continuadora de la anterior en un marco algo más competitivo.
Pero el nombre de Ildefonso Fierro no sólo estuvo ligado al mundo de las cerillas. También lo está, y de forma notable, al de la banca. Aliado en 1933 con un grupo inversor valenciano, Fierro impulsó el Banco Internacional de Industria y Comercio, que había sido fundado en 1924 con capital belga; en ese momento, entró en el consejo del Banco de Valencia.
En los años de entreguerras, Fierro se implicó en la constitución de la Compañía Arrendataria del Monopolio de Petróleos (CAMPSA), el Banco Exterior de España, otras empresas de obras públicas —negocio donde destacó especialmente— y cementeras.
Tras la Guerra Civil Española, el Banco Central absorbió al Banco Internacional de Industria y Comercio en 1943. Fierro fue nombrado vicepresidente del Central, pero en 1946 lo dejó para fundar el Banco Ibérico, decidido a desarrollar por su cuenta la banca mixta que tantas perspectivas de éxito parecía tener en la España autárquica. Diez años después de su creación, el Banco Ibérico tenía más de 1.000 millones de pesetas en recursos ajenos e iniciaba la apertura de sucursales por todo el territorio nacional; en 1958 fue considerado un “banco nacional”.
Contando con el apoyo del Banco Ibérico, el crecimiento del grupo Fierro fue vertiginoso y sirvió para crear un notable grupo empresarial con participaciones en el sector del automóvil (FASA-Renault), el petróleo (Petroliber, Hispanoil), el transporte marítimo (Naviera Fierro, Sertosa, Compañía Transatlántica Española), la minería (Minera Manchega Asturiana, Minera Santa Comba), la edición (Taurus), los electrodomésticos (Ibelsa, Cointra), el gas (Camping Gas), los detergentes (Compañía Ibérica de Detergentes, asociado al 50 por ciento con Unilever), los seguros (Seguros Cervantes), la construcción (Constructora Internacional, sucesora de Constructora Fierro creada en los años veinte), la química (Cenar), la aviación (Industrias Subsidiarias de Aviación), los tabacos (Compañía Tinerfeña de Tabacos, Tabaquera Canaria y Compañía Industrial Expendedora, por medio de la cual participó en la fundación de Tabacalera en 1945 y ocupó un puesto en su consejo de administración como accionista que era a través de la Financiera Fierro) y, por supuesto, las cerillas (Fosforera Española).
Por su prestigio, Fierro fue llamado también a participar en otros consejos de administración, como el del Banco de España o la siderúrgica Duro Felguera.
En la última etapa de su vida, Fierro se interesó por potenciar la internacionalización de sus negocios en lo que constituía el núcleo fundamental: fósforos, tabacos, petróleo y banca. Los principales países elegidos fueron Portugal, Marruecos y Venezuela. En plena actividad, Ildefonso Fierro falleció en Madrid, de un infarto, el 6 de diciembre de 1961. Se le concedió la Medalla de Oro del Trabajo.
Ildefonso Fierro Ordóñez, el empresario del fósforo
El leonés levantó un gran imperio económico entre el negocio de las guerras y los monopolios de las cerillas, el petróleo y el tabaco
Cuando Félix y Toribio González Fierro decidieron torcer el signo de la suerte al repartirse en 1907 las actividades de su sociedad, Fierro Hermanos, desconocían que aquel modesto negocio naviero establecido en el puerto asturiano de San Esteban de Pravia acabaría por convertirse en el origen de un importante conglomerado industrial que se caracterizó, cuando ya el siglo XX se plegaba por la mitad, por el don de la oportunidad y la diversificación de sus actividades (minería, fósforos, construcción, transporte y finanzas). Aunque la fortuna había deparado otro destino, Ildefonso, el segundo de los hijos de Toribio, convenció a su padre y su tío para cambiar los lotes: él y su progenitor se quedarían con las faenas de la mar, mientras que la otra rama familiar se ocuparía de los asuntos de la tierra.
Nació así, el 16 de junio de 1908, Toribio Fierro e Hijos, sociedad que pronto se lanzó a competir en el transporte de mercancías por vía marítima. Para tal fin, Ildefonso animó a su padre –reacio a apostar su dinero en el mar frente a la seguridad que le proporcionaba la tierra− a comprar un buque: el Mieres, que acabaría varado en la costa de Málaga. Con todo, aquel vapor de mil toneladas fue el primero de una amplia flota que situó a la compañía en una posición inmejorable al estallar la I Guerra Mundial, en el verano de 1914. El conflicto otorgó una ocasión de crecimiento a los países neutrales como España, que ocuparon los mercados abandonados a raíz de las armas. Y, entre las operaciones más lucrativas, el suministro a los contendientes de carbones, donde Fierro tenía las minas y el correo. Siempre destacó por su inteligencia y su fino olfato para hacer dinero Justo en esos años, cuando “los fabulosos negocios del carbón habían convertido Asturias en un nuevo Eldorado”, se sitúa el despegue empresarial de Ildefonso González-Fierro Ordóñez (Lugueros, León, 1882- Madrid, 1961), quien apenas cursó los estudios elementales y una breve formación mercantil, pero que siempre destacó por su inteligencia y su fino olfato para hacer dinero. De esta forma, si con los beneficios de la Gran Guerra compró explotaciones mineras, incorporó navieras, se adentró en el almacén y venta de coloniales y adquirió ventajosas participaciones en la banca, la relevante posición de su firma en la extracción y transporte de wolframio –metal usado en blindajes y proyectiles por la industria militar en la II Guerra Mundial− disparó los ingresos de sus sociedades en los años cuarenta.
En el transcurso de esas dos décadas –atravesadas por el impacto de la Guerra Civil, que le sorprendió, curiosamente, de vacaciones familiares en Estoril−, Ildefonso Fierro había conquistado plaza entre los empresarios más notables de España. Poco quedaba del animoso joven que, con dos potentes empresas familiares, se había trasladado de Asturias a Madrid con apetito de gloria a comienzos de la década de los veinte. Para comprobarlo, quizás, bastaba verlo subir o bajar cualquier mañana del Rolls Royce con chófer que lo esperaba a diario en la Gran Vía madrileña, justo en la puerta de sus oficinas, o en las tardes del Hotel Palace, donde era asiduo. No tenía nada extraño este ritual de la riqueza: su papel dominante en los monopolios –especialmente, los fósforos− vino a ratificar su fortuna y su gloria.
Cuando el Ministerio de Hacienda promovió en 1922 el concurso estatal sobre las fábricas de fósforos, cuyo alquiler se otorgaba como monopolio, el leonés estaba situado en un lugar de privilegio gracias a la Sociedad Ibérica de Contratación y Publicidad, que ya se ocupaba del suministro en exclusiva el cartón con el que se fabricaban las cajas de cerillas, y en la mejor de las compañías: el banquero Ignacio Herrero y el político Juan Navarro-Reverter Gomis, quien llegó a ser gobernador civil de Madrid.
Apuntaló esta aventura con la creación de la Fosforeira Portuguesa, su primera incursión internacional, con la apertura en 1925 de unas oficinas en Lisboa y una fábrica en las proximidades de Oporto. Ese crecimiento tendría, no obstante, su mayor conquista en su entrada en el consejo de administración de Campsa, que venía a concretar en la dictadura de Primo de Rivera la nacionalización del sector de los combustibles.
Su entrada en la directiva de la nueva sociedad le trajo efectos positivos: uno de sus primeros negocios, la Sociedad Comercial Asturiana, se transformó en la delegación de la petrolífera en Oviedo, si bien debió dejar la presidencia a uno de sus hermanos para salvar, al menos, la apariencia.
También le fue concedida la reforma del puerto de San Esteban, así como el ferrocarril de Alicante a Alcoy, dentro del plan de obras públicas emprendido por la dictadura de Primo de Rivera. Para tal fin, constituyó la Constructora Fierro, a la que incorporó la cementera Portland El León. Entre los movimientos más llamativos, saltó del fósforo al tabaco, otro monopolio.
Ildefonso Fierro sobrellevó los años republicanos desde la cúpula de Campsa, donde destacó por su defensa del monopolio ante los intentos del nuevo régimen de cambiar los términos del acuerdo entre la arrendataria y el Estado y, al final de la guerra española, aceleró la expansión y la diversificación de sus empresas en un contexto realmente adverso para la economía española.
Entre los movimientos más llamativos, saltó del fósforo al tabaco –otro monopolio− al desembarcar con fuerza en la Compañía Arrendataria de Tabacos, la sociedad poseedora de la adjudicación desde 1887 y, por tanto, la principal candidata a renovar el nuevo contrato en 1944 bajo una nueva denominación: Tabacalera. Era habitual ver al empresario con un puro Rumbo, cuyo logotipo, el timón de un barco, rememoraba sus inicios.
De igual forma, Fierro se adentró en las artes gráficas, donde se vinculó −otra vez− a la esfera pública, en concreto, a la expedición del documento nacional de identidad y la fabricación de billetes, actividad que se le ocurrió al asistir en el aeropuerto de Barajas a la llegada de un avión con el papel moneda procedente de Alemania, donde se confió su fabricación durante la Guerra Civil.
Esta última iniciativa se concretó en la compra y el equipamiento de unas instalaciones y en la firma de un contrato con el Banco de España, si bien la oposición radical del Ministerio de Hacienda llevó el proyecto a un callejón sin salida. Como alternativa, el Estado le compró todos los bienes de la sociedad –solar, edificios y maquinaria-, pero sin llegar a la cantidad que el empresario exigía como compensación.
Con el impulso de los planes de estabilización, el empresario de origen leonés puso pie en los productos de gran consumo (los helados Camy, por ejemplo, que acabarían en mano de la multinacional Nestlé) y la publicidad, a través de la agencia Publinsa, a quien se atribuye el lema “Spain is different” que acompañó el boom turístico de sol y playa.
Con todo, una de sus aventuras empresariales más sorprendentes fue la transformación de una exportadora de cítricos en una fábrica de armas para Estados Unidos. En la adjudicación de este contrato en junio de 1953 tuvieron, al parecer, influencia sus relaciones a cuenta del wolframio y un alto mando americano, que pudo percibir importantes beneficios por la citada intermediación.
Cuentan de él que siempre ejerció una dirección personal de sus empresas, omnipresente en todas las decisiones, en todas las gestiones, arropado por personas de su confianza. Al comienzo, fueron sus hermanos y, cuando ellos desaparecieron o las relaciones saltaron por los aires por motivos diversos, incorporó a sus amigos y a su círculo familiar más próximo: hijos y yernos. En paralelo, cultivó una política paternalista entre sus empleados, a los que solía recordar que se encontraban entre los mejor retribuidos de España.
Creó una mutua para ofrecerles atención médica y una organización de previsión y beneficiencia que atendió a viudas y huérfanos. Se le ha fijado con la etiqueta de “empresario de Franco”. Sin embargo, Ildefonso Fierro ya era rico, muy rico, antes de la Guerra Civil.
Falleció a causa de un infarto el 6 de diciembre de 1961. Cuando acabó de almorzar y se disponía a encender uno de sus puros Rumbo antes de acudir al consejo de administración del Banco Exterior, el corazón le falló. Se paró. A su entierro acudió una amplia representación oficial encabezada por el ministro de la Presidencia, el almirante Luis Carrero Blanco, quien estuvo acompañado por seis representantes más del gobierno de Franco.
Ese despliegue venía justificado por la trayectoria del fallecido, sin duda uno de los empresarios más importantes e influyentes del país: poseía cerca de cuarenta sociedades en España y una veintena en el extranjero, repartidas por el norte de África (Marruecos) e Iberoamérica (Venezuela, Ecuador y Perú). Imagen que contiene TextoDescripción generada automáticamente
También era fundador y presidente del Banco Ibérico, uno de los doce privados más importantes del país. La Memoria de la entidad de crédito recoge aquel año: “Fruto de sus obras y trabajo, no fue aquí un banco quien hizo a un hombre, sino un hombre extraordinario quien hizo al banco”.
A su muerte, el reto que dejó a sus herederos fue fenomenal, puesto que la excesiva diversificación que alcanzó se convirtió, por un lado, en una muestra de su éxito, pero, por otro, en una fuente inmediata de riesgos dada la dificultad de mantener un entramado de negocios tan variado. La red de empresas de Ildefonso Fierro se fue disolviendo, poco a poco, ante la imposibilidad de hacer frente a los desafíos de un grupo tan amplio y de una economía en permanente cambio.
Sus hijos
En 1946 Ildefonso Fierro Ordóñez compra la Banca Frade y crea el Banco Ibérico con un capital de 4,9 millones de pesetas. Sus hijos mayores Arturo y Alfonso se incorporan al banco. Llegó a tener 96 sucursales en toda España. Desde los años 50 experimenta un fuerte crecimiento y la familia Fierro se enriquece rápidamente, pues los dividendos rara vez bajan del 30% de los beneficios.
En 1960 a su constructora, su naviera, su banco y su fosforera se une Publinsa, una agencia de publicidad creadora, entre otros del famoso eslogan 'Spain is different' para el Ministerio de Información y Turismo de Manuel Fraga.
En 1977 el Banco Ibérico es absorbido por el Banco Central, cuando años atrás era el Ibérico quien ostentaba el 7% del Central y sentaba tres miembros de la familia en el consejo de administración. Después de dieciocho años de relación, en septiembre de 1985, Alfonso e Ignacio Fierro presentaron su dimisión como consejeros al presidente del Central, Alfonso Escámez.
En 1985, aunque se había abolido el monopolio de las cerillas, la familia Fierro siguió controlando en exclusiva su producción. De la fusión de sus negocios surgió Fosforera Española, ya toda una multinacional, pues Fierro tenía fábricas también en Cuba, Venezuela y Ecuador. Ignacio Fierro capitaneaba los negocios internacionales de la familia, que luego extendió a la construcción y, sobre todo, la banca.
En 1997, investigada desde hacía años, Fosforera Española recibió una dura sanción de la CNMV por presentar datos falsos y suspendió pagos, tras acumular deudas de 9.000 millones de pesetas. En ese momento cotizaba en la Bolsa y, aunque seguía controlada por los Fierro, tenía 3.000 accionistas.
En 2002 falleció Ignacio Fierro Viña. Alfonso había muerto en 1998 y Arturo en 1993. Los tres descansan en el panteón familiar de El Pardo (Madrid). El emporio de los Fierro en España está prácticamente desmantelado. Para saldar sus deudas, la familia llegó a subastar su valiosa colección de armas. Pero el de Latinoamérica está prácticamente intacto.
Alfonso (o Ildefonso) González-Fierro Viña, era hijo de Ildefonso González-Fierro Ordóñez y nieto de Toribio González Fierro. Estuvo casado hasta el final de sus días con Trinidad Jiménez-Lopera Álvarez, con la que tuvo cuatro hijos, aunque fue pareja sentimental durante más de 35 años de Ana Castor
La doble vida de Alfonso Fierro siempre fue un secreto a voces, del que se habló abiertamente cuando este murió en 1998, pero por poco tiempo. Recogen las crónicas que dos semanas antes de fallecer el industrial dejó a Castor para volver con su esposa.
Alfonso aseguró para Castor y para la hija que tuvo con ella y a la que reconoció, Alexandra Fierro Pliego -hermana por parte de madre de Gloria Monis y, por tanto, cuñada de Patxi Andión-, una buena posición económica. Ni la actriz ni su hija figuraron en la esquela de los Fierro.
Su hijo Ignacio González-Fierro Viña continuó con los negocios familiares, especialmente en Latinoamérica. Se casó con Yolanda Eleta y, juntos, se convirtieron en una de las parejas clave de la sociedad y el glamour madrileños. Hicieron del palacete de la calle Serrano de Madrid su hogar hasta la muerte de Ignacio, en 2002. Una de sus hermanas es Cuqui Fierro. Su hijo, Guillermo Fierro Eleta, propietario del Grupo Fierro, gestiona sus inversiones desde Malta.
Ildefonso (Alfonso) González-Fierro ViñaOtra hija de Ildefonso es la ya citada Cuqui González-Fierro Viña.
Bautizado como Ildefonso, aunque siempre utilizó el nombre de Alfonso, fue el primogénito de Ildefonso González-Fierro Ordóñez, creador del Banco Ibérico en 1946 y de uno de los holdings empresariales más importantes del franquismo, al mismo nivel que los March, los Botín o los Urquijo.
Tras la muerte de su padre en 1961, Alfonso Fierro se repartió con su hermano Arturo la dirección del grupo de empresas radicadas en España y Portugal; fue presidente del Banco Ibérico, del Banco de Finanzas, de Fosforera Española, de Constructora Internacional, de Cementos Triefierro, de Compañía Auxiliar de Fósforos; vicepresidente de Ibérica de Electrodomésticos, de Unión Comercial del Atlántico, de Goyasa; de Petrolíber y de Hispanoil (participadas por el Estado) y vocal de Campsa. Ha ocupado puestos directivos en treinta y seis consejos de administración de compañías vinculadas al núcleo financiero familiar —el Grupo Fierro—, un holding que experimentó un portentoso crecimiento durante el franquismo. “El Grupo Fierro —escribió Ramón Tamames en 1977—, que es uno de los holdings españoles con más activos en el extranjero, especialmente en los sectores de fósforos, tabacos y navegación, experimentó un prodigioso crecimiento a lo largo del período del franquismo. Los Fierro son una dinastía financiera cuyo estudio será esencial para conocer la historia profunda del Franquismo”. Alfonso Fierro gozó de excelentes relaciones personales con la familia Franco, cuyo círculo frecuentaba en compañía de su esposa, Marita March Cencillo, hija del financiero Juan March.
A partir de 1977, Alfonso Fierro fue vicepresidente del Banco Central tras la absorción del Banco Ibérico por esa entidad, presidida por Alfonso Escámez, en la que los Fierro controlaban el 7 por ciento de su accionariado, hasta su dimisión el 25 de noviembre de 1985 por problemas financieros. También fue presidente del Sindibank y del Grupo Fosforera. Poseyó la colección privada de armas más valiosa de España.
Su Padre, Toribio González Fierro
Toribio G. Fierro, nacido en Tolibia de Arriba, fue un ganadero que buscó en la arriería una salida más productiva y desde tierras asturianas montó una empresa que sentó las bases de un imperio, el de una de las familias más poderosas del siglo XX. Tuvo dos hermanos, Félix y Rosalía González Fierro.
Toribio, el padre de Ildefonso, nació en Tolibia de Arriba el 27 de abril de 1848. Diez años más tarde la familia se trasladó a Lugueros, pues allí tenía buena parte de ‘sus tierras’ el padre de familia, José Ildefonso González.
Un patrimonio familiar valorado en 45.000 reales, según consta en la carta de dote al citado Toribio en 1878. «En esa suma total se incluye tres machos de carga, seis vacas, cuatro cabras, quince ovejas, dos corderos y dos cerdos». Al casarse Toribio recibió una dote de 3.155 reales, la misma que sus hermanos, que es en lo que estaban valorados «algunos prados, algunas tierras... y lo más valorado, un macho de carga, tasado en mil reales».
El famoso chalet de Toribio Fierro en Lugueros antes de la guerra, en la que fe destruido.
Toribio se asoció con su padre y en pocos años aquellos 3.155 reales se habían multiplicado hasta los 13.000 reales y la mirada puesta en Asturias, donde Toribio se asoció con su hermano Félix e iniciaron una exitosa aventura comercial, Fierro Hermanos, que abrieron su primer comercio en Muros del Nalón y después lo hicieron en Soto del Barco y San Esteban de Pravia.
Una fábrica de conservas de pescado era la más productiva, aunque no la única pues la llegada del ferrocarril, las minas, la siderurgia... propiciaron la multiplicación de los negocios Fierro, ya con hijos ‘en el barco Fierro’, la compra venta de pescado, carbón y madera; exportación de carbones, agencia de aduanas, consignación de buques... hasta una compañía naviera.
Se decía que aquella carta dotal de 3.155 reales la había multiplicado Toribio por más de 500 cuando los precios solamente se habían duplicado; y seguía creciendo.
Casado con Gregoria Rodríguez González con quien tuvo a Valentín González-Fierro Rodríguez. Casado en 1881, en segundas nupcias, con Genoveva Ordóñez Fernández, tuvieron a Ildefonso (1882-1961), José, Gregoria, Socorro, Félix, Elena, Emilia, Nieves y Federico González Fierro.
Pero por ese camino vamos hacia los poderosos empresarios cuando el protagonista era aquel Toribio de Tolibia al que le gustaba mantener en su carnet el oficio de ganadero, regresar a Tolibia, pasar temporadas con sus amigos de la infancia y la escuela...
Pese a la riqueza acumulada, la biografía de Ildefonso Fierro escrita por Elena San Román con el título de ‘La aventura de un emprendedor’ señala que «el inventario de bienes de Toribio le retrata como lo que siempre fue, un hombre de campo. Aunque a su muerte (el 17 de junio de 1928) ya llevaba tiempo viviendo en León se había preocupado de mantener su patrimonio agrícola y ganadero. En Lugueros dejaba una pequeña cabaña que explotaba a medias con un casero y en su casa de León tenia también animales de granja, entre otros, medio centenar de gallinas. (...) En León estaban sus inversiones urbanas de mayor entidad.
Toribio González Fierro se había hecho allí con una importante finca muy céntrica en la mitad de aquella finca había edificado su vivienda era el número 20 de la calle Padre Isla (el famoso Chalet de Padre Isla sede de la Cámara de Comercio) con una gran huerta, un jardín y las cuadras para los animales».
En su testamento legó una verdadera fortuna, con especial atención a seis de sus nietos, hijos de su hija Elena, fallecida prematuramente en la famosa Gripe Española y cuyo marido, un médico asturiano que había ejercido en Lugueros, tenía graves problemas mentales a causa de las duras experiencias vividas en la I Guerra Mundial cuando se alistó voluntario en Francia.
Esquela de Toribio González Fierro.
La naviera, Toribio Fierro e Hijos
La sociedad Toribio Fierro e Hijos se fundó en 1908 con intereses en sectores muy variados, creándose la naviera en 1910. En 1919, al separar las líneas de negocios, la naviera se independizó dándole el nombre de Naviera Fierros. En la creación de esta última colaboró el Banco de Urquijo, bien tomando una parte de la sociedad o apoyándola con un crédito. Esto se materializó con, al menos, la entrega de un buque que el banco había embargado, seguido de otro un año mas tarde. Fueron los Juan Manuel Urquijo y Luis Urquijo. A partir de 1926 la naviera quedó con solo tres barcos.
Aproximadamente en 1928 algunos miembros de la familia decidieron comenzar a ser armadores individuales, adquiriendo buques de pequeño tamaño; fueron Ildefonso González Fierro y Federico González Fierro. Uno de los buques, el Valentin Fierro, pasó en fecha indeterminada a Federico González Fierro quien en 1933 le renombró Villa Selgas. En 1935 al ser desguazado el Juan Manuel Urquijo, que era su último barco, cesó la actividad de la naviera.
Perforaciones VEGARADA
En 1953 se tramitó la importación de una máquina Star Drilling Machine (posiblemente sea una errata del registro y se tratara realmente de un equipo Speedstar) tramitada por la empresa Vegarada S.A. y una segunda de la marca Ruston Bucyrus aparentemente para el INC.
Por su parte Perforaciones Vegarada, actualmente registrada como Perforaciones Vegarada II S.L., es una empresa española de perforación, sondeos y captación de aguas subterráneas. Fundada en la década de 1970, se consolidó como un referente nacional en el alumbramiento de aguas, transformación de fincas y obras hidráulicas.
Durante los años 70 y 80 la empresa llegó a ser una marca de referencia a nivel nacional. Entre sus proyectos más destacados se encuentran las grandes obras de urbanización y captación de aguas realizadas en enclaves como La Manga del Mar Menor y campañas de sondeos mineros y geotécnicos (como los realizados para la empresa ADARO). Operaba desde Madrid y llegó a contar con una fuerte campaña publicitaria en medios de la época.
La empresa fue reestructurada bajo el nombre de Perforaciones Vegarada II S.L. el 3 de mayo de 1995. Su sede se trasladó a la localidad de Villaescusa (Zamora).
En 1975, con la industria turística en pleno desarrollo y la agricultura ya en decadencia, llegó a Ibiza la empresa Vegarada, con permiso del Ministerio de Industria, para realizar 14 perforaciones y extraer y comercializar hasta 7 hm3 al año (Más de la mitad del agua desalada que producen a día de hoy las 3 desaladoras existentes). Todo este caudal de agua no fue a parar a la agricultura, entre otras cosas porque por aquel entonces los agricultores tenían agua más que suficiente en sus pozos. El agua fue a parar a distintas calas para satisfacer la demanda de la industria turística.
Su tío, Félix González Fierro
Era hermano de Toribio González Fierro y tío de Ildefonso González-Fierro Ordóñez. Era el último de los diez hermanos Fierro.
El nieto, Guillermo González-Fierro EletaSe casó con Matilde Fernández-Carvajal y tuvo cuatro hijos. Uno de estos, el primogénito, Luís González-Fierro, nacido en San Esteban en 1918 y fallecido en Madrid en 2001, era monje dominico y pintor.
En su oficina del Paseo de La Castellana de Madrid aseguran que no reside en España y que sus negocios tampoco, pero es miembro de una de las sagas cardinales del empresariado industrial español. Guillermo Fierro (Madrid, 1961) es hijo de Ignacio Fierro, el empresario fallecido en 2002 que junto a sus hermanos Arturo y Alfonso explotó el monopolio del fósforo en España en el siglo XX.
Fierro representa a la tercera generación de una de las célebres sagas del empresariado español, la asturleonesa Fierro, que desde el siglo XIX explotó bancos, fosforeras y mineras. Al calor de la dictadura multiplicó sus bienes pero sus negocios en España fracasaron hasta casi difuminarse en los años 90. No así en Latinoamérica, donde una de las ramas familiares clonó el negocio y lo mantiene. Guillermo Fierro es la principal novedad del ranking de 'Los 200 más ricos de España', con un patrimonio neto estimado de entre 1.400 y 1.000 millones de euros.
El empresario es patrono de la Fundación Príncipe de Asturias, tiene tres hijos, dos de ellos de su segundo matrimonio con Lucrecia Botín, hija de Jaime Botín y dueña de la productora Morena Films. Fierro regenta el Grupo IF, dueño de seis bancos de mediano tamaño en Perú (Banbif), Miami (International Finance Bank), Venezuela (Banco Exterior de Venezuela), Ecuador (Banco Internacional), Curaçao (Ebna Bank) y Guatemala (InterBanco).
En Perú, Banbif, el sexto banco del país, está participado por el Banco Mundial (10%), controla fosforeras, constructoras y la destilería que produce el ron Cartavio. Además, su imperio tiene una fuerte división industrial que invierte en Petróleos Sudamericanos (Petrosud), una petrolera que explota pozos en Los Llanos y la cuenca del Putumayo (Colombia) y en Argentina; el fabricante de plásticos (Quimtia), y la agroalimentaria (Sinea).
Saga de empresarios
La fortuna de los Fierro viene de viejo, asociada a la figura de Ildefonso Fierro (Lugueros, León), que nació en 1882 y murió el mismo año que nació su nieto Guillermo. Durante la Primera Guerra Mundial el empresario se hizo de oro con el suministro de carbón y, en la Segunda, vendiendo Wolframio a Alemania. Desde los años 20, los Fierro explotaron en exclusiva el monopolio de las cerillas.
En los años 30 hicieron sus primeros pinitos en el sector financiero, pero fue en los años 40 cuando entraron de lleno. En 1943 Ildefonso Fierro accedía al puesto de vicepresidente del Banco Central, donde no duró mucho, y en 1946 crea el Banco Ibérico, incorporando a sus dos hijos mayores, Alfonso y Arturo. El banco creció con brío en los 50 y Fierro se embarcó en otros negocios florecientes, como el naval o la construcción. También el publicitario. Publinsa su agencia, creó para el Gobierno el eslogan 'Spain is different'.
De la mano de Ignacio Fierro, que se había casado con Yolanda Eleta, miembro de una poderosa familia criolla panameña, la familia replicó en Latinoamérica su negocio de fosforeras, bancario y de construcción. En España, en 1977 el Banco Central absorbió al Ibérico. A cambio, los Fierro recibieron el 7% del capital. En 1985, los Fierro dimitieron del Central. Mientras, la fosforera familiar también hacía aguas y, investigada por la CNMV y ahogada en deudas, en 1997 presentó suspensión de pagos.
UN ZAIBATSU FUERA DE LUGAR: LOS ORÍGENES DEL GRUPO FIERRO (1870-1939)
DE ARRIEROS LEONESES A COMERCIANTES ASTURIANOS: FIERRO HERMANOS Y T. FIERRO E HIJOS
Ildefonso Fierro Ordóñez nació el 23 de enero de 1882 en Lugueros, una pequeña población de la comarca leonesa de los Argüellos que limita con Asturias. Desde el siglo XVII, muchos argollanos habían compaginado las tareas del campo con la arriería. Los arrieros argollanos se habían especializado en el transporte de pescado asturiano hacia León a través del Puerto de Vegarada. A diferencia de los arrieros de otras zonas, los argollanos no se limitaban al transporte de la mercancía, sino que solían negociarla. Tenían un marcado espíritu comercial, propio de las personas obligadas a tomar decisiones y a arriesgarse en las operaciones de compra venta.
Como muchos de sus paisanos, el padre de Ildefonso Fierro, Toribio González-Fierro, también fue un hombre emprendedor. Hacia 1870 se asoció con su hermano Félix para crear la empresa Fierro Hermanos, cuya base de operaciones estaba en suelo asturiano, concretamente en San Esteban de Pravia.
Originariamente Fierro Hermanos se dedicó a la compraventa de pescado, carbón y madera. A estas actividades añadieron la exportación de carbones desde el Puerto de San Esteban, convirtiéndose en consignatarios de buques y agentes de aduanas. En el vecino municipio de La Arena instalaron, además, una fábrica de conservas de pescado.
La sociedad Fierro Hermanos duró hasta 1907. En aquel año, Félix y Toribio decidieron, de común acuerdo, dividir sus negocios en dos lotes y separarse. Félix se quedó con los negocios «de tierra», la fábrica de conservas, y Toribio con los «de mar», la consignación de buques y la venta de mercancías por vía marítima. Una vez desaparecido Fierro Hermanos, Toribio creó una nueva sociedad, T. Fierro e Hijos, que fue escriturada el 16 de junio de 1908 como sociedad regular colectiva en San Esteban de Pravia. Los socios iniciales fueron Toribio y sus dos hijos mayores, Valentín e Ildefonso, y a ellos se unieron con el tiempo los otros hermanos varones, Federico, Félix y José.
Ildefonso comenzó a trabajar con su padre nada más cumplir dieciocho años. Hasta los catorce había vivido en Lugueros. Los cuatro siguientes los pasó en Avilés, estudiando comercio y haciendo prácticas en la casa Sucesores de Espinosa. Cuando se incorporó a la empresa familiar, Ildefonso se hizo cargo de los negocios marítimos, mientras que su hermano mayor, Valentín, dirigía una fábrica de conservas adquirida en el propio San Esteban.
En 1910 la sociedad T. Fierro e Hijos dio un importante paso al comprar, por iniciativa de Ildefonso, su primer barco, el «Mieres», que naufragó en agosto de 1911. El «Mieres» fue sustituido por el «Fierros», un vapor de 1.200 TRB que permitió a los Fierro aprovechar la favorable coyuntura de la huelga portuaria de Londres en 1912. En febrero de 1913 Ildefonso compró a los armadores Wilson & Reid de Belfast, Irlanda, el vapor «Carlisle», de 1.400 TRB, al que cambió el nombre por el de «Alfonso Fierro». Este vapor se perdió a la altura de la Estaca de Vares en diciembre de 1919 pero, junto al vapor Fierros, otorgó numerosos beneficios a la familia antes de su desaparición.
LOS BENEFICIOS DE LA GRAN GUERRA
Tras unos comienzos no exentos de dificultades, la Primera Guerra Mundial proporcionó a los Fierro su primer gran salto adelante. Eran tiempos de carbón y transportes caros y escasos, y por ello, ambos sectores vivieron una formidable bonanza. Como reconocía la prensa, Asturias se había convertido en un nuevo Eldorado, y el carbón, en oro negro. El crecimiento del negocio se tradujo, para Ildefonso, en numerosos viajes buscando oportunidades de transportar mercancías. Los resultados fueron positivos para la empresa familiar: el recuento de valores industriales y fondos públicos con que contaba T. Fierro e Hijos era ya notable en 1916 si se considera que la familia había partido de un patrimonio minúsculo.
El edificio Fierro, un mecenazgo rentable
Construido en los años 60, este inmueble cultural fue financiado por Ildefonso González-Fierro, oriundo de Valdelugueros y uno de los empresarios más poderosos de la época, para donárselo a la Diputación de León, que sigue manteniendo su titularidad.
La familia Fierro, enfrentada por su millonario palacete
La residencia, situada en la plaza del Marqués de Salamanca y con más de 1.900 metros cuadrados, permanece cerrada desde 2017. Fue entonces cuando Cuqui Fierro decidió abandonarla debido a problemas de movilidad y se mudó a un piso por la misma zona.
La vivienda salió al mercado por 50 millones de euros, pero la operación se ha enquistado con el paso de los años. El motivo no parece ser la falta de compradores, sino la compleja titularidad del inmueble, muy lejos de aquellos años de brillo, con recepciones selectas y apellidos ilustres compartiendo salón.
La propiedad no pertenece exclusivamente a Cuqui Fierro, sino que figura también a nombre de su hija Marta, de la viuda de uno de sus hijos y de dos de sus nietos.
Yolanda Eleta, con sus tres hijos
La familia Fierro levantó en los años 60 un palacete en el número 128 de la madrileña calle Serrano, una propiedad de más de 4.000 metros cuadrados, sobre una parcela de 1.900. Ildefonso González-Fierro hizo fortuna en la industria y el transporte durante la primera Gran Guerra. Su hijo Ignacio y su esposa Yolanda Eleta eran una de las parejas más glamurosas de la sociedad.
















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