jueves, 6 de marzo de 2025

La paradoja de Luxemburgo

La paradoja de Luxemburgo: récord de trabajadores pobres en el país más rico de la UE

El contraste entre el elevado coste de vida y de la vivienda y las dificultades de parte de la población tensionan el modelo social del pequeño Estado centroeuropeo

Cada mañana, decenas de miles de personas cruzan la frontera para trabajar en Luxemburgo, atraídas por los salarios más altos de Europa. Otros tantos han emigrado desde todos los rincones del globo a un país donde la riqueza se mide en récords. La pobreza, en cambio, se esconde en estadísticas menos visibles y en vidas que no encajan con la imagen de prosperidad del Gran Ducado.

Una mujer bajita y con un llamativo gorro de leopardo paga los 50 céntimos de euro que cuesta el menú y se pone a la cola en el comedor social de la ONG La voz de la calle (Stëmm vun der Strooss). Accede a contar por qué está allí ―la mayoría de los usuarios no querrán― a cambio de no dar demasiados datos. Bastará con Madame Moufida, de 67 años. De nacionalidad francesa, trabajó más de 15 años “en casi todo: hostelería, en un museo, en un centro sanitario…”. Relata que un problema burocrático está reteniendo su pensión y que mientras lo soluciona vive con 300 euros al mes y duerme en un hogar para personas mayores. El comedor social es para ella una necesidad.

No lo es tanto para la venezolana Jhoana Rojas, abogada de 46 años, que trabaja como limpiadora. Vive con su marido, empleado en la construcción, y su hijo en Francia, nada más pasar la frontera. “Aquí es imposible”, sonríe. No se considera pobre, pero el dinero no les sobra. “Trabajo cerca y comiendo aquí no gasto tanto”, explica.

Los 50 céntimos son algo simbólico. Se piden para que los usuarios valoren el servicio, explica Bob Ritz, portavoz de la ONG. Pero si alguien llega sin dinero, comerá igual. También hay lavandería gratis, un ropero con todo tipo de prendas procedentes de donaciones, duchas, consulta médica y asistente social.

Este jueves lluvioso de febrero el menú consiste en arroz con pollo o salchichas. Dos mujeres mayores, refugiadas ucranias, se saludan pero se sientan cada una en una mesa con su bandeja. Muchos de los comensales son personas sin hogar, de todas las edades. Otros tienen trabajos. Cobran el salario mínimo, o tienen contratos semanales, o trabajan en negro. Algunos se dedican al reparto, como un madrileño que dice que no se imaginaba viviendo así con 30 años.

Beneficiarios de todas las edades, de media 450 personas al día, comen en las instalaciones de La voz de la calle.

La organización de Ritz ha sido testigo de un cambio a peor en el país con la renta per cápita más alta, con diferencia, de la UE. En 2015 servían 50.000 comidas al año en este comedor (tienen otros tres); ahora superan las 100.000. También se ha transformado el perfil del beneficiario. “Hace 10 años solían venir sobre todo personas sin hogar; ahora cada vez tenemos más trabajadores pobres”, dice mientras sus compañeros aprovechan para comer antes de que abran las puertas a los usuarios.

“En los últimos dos años vemos también madres solteras con niños y jubilados a los que la pensión no les alcanza para llevar una vida decente en Luxemburgo”, añade.

El coste de la vida y, sobre todo, de los alquileres explican la peculiar distribución de la población activa del país. Unos 230.000 trabajadores, que representan el 47% de la fuerza laboral en un país de 680.000 habitantes, provienen de países vecinos: Bélgica, Francia y Alemania. Son los llamados frontaliers, a los que cada vez se suman más luxemburgueses que están siendo expulsados por los elevados precios de la vivienda, como explica en una cafetería del centro Djuna Bernard, diputada de Los Verdes.

Con el mayor porcentaje de trabajadores en riesgo de pobreza de la UE (13,4%), Luxemburgo encarna una paradoja extrema: conviven los elevados salarios de la banca, las aseguradoras o los fondos de inversión con la precariedad de una parte cada vez más numerosa de la población. Una precariedad que no mitiga el salario mínimo más elevado de la Unión, que este año asciende a 2.704 euros brutos mensuales. “Con la situación de la vivienda y el riesgo de pobreza, que es mucho mayor para las personas de origen migrante, cada vez resulta menos atractivo venir a Luxemburgo, y eso es un problema estructural para el país porque necesitamos trabajadores”, asegura Bernard.

Luxemburgo es el país de la Unión Europea con más trabajadores en riesgo de pobreza

Luxemburgo 13,4 %

Bulgaria 11,8

España 11,2

Rumanía 10,9

Grecia 10,7

Estonia 10,3

Italia 10,2

Eslovaquia 10,2

Portugal 9,2

Polonia 9,1

Suiza 8,7

Francia 8,3

Croacia 8,3

Lituania 8,3

Media UE 8,2

Letonia 8,2

Malta 7,8

Suecia 7,7

Austria 7,6

Chipre 7,3

Hungría 6,9

Alemania 6,5

Dinamarca 6,2

Noruega 6,2

Eslovenia 5,4

Irlanda 5,3

Países Bajos 4,7

Bélgica 4,3

Chequia 3,6

Finlandia 2,8

Luxemburgo tiene el mayor PIB per cápita de la Unión Europea. Datos de 2024, en euros.

Luxemburgo 127.027

Irlanda 104.512

Dinamarca 65.654

Países Bajos 62.380

Austria 53.834

Suecia 52.551

Bélgica 52.369

Alemania 51.833

Finlandia 49.096

Francia 42.594

Malta 40.623

Media UE 39.945

Italia 37.312

Chipre 35.731

España 32.633

Eslovenia 31.698

Chequia 29.438

Estonia 28.987

Lituania 27.351

Portugal 27.063

Eslovaquia 23.852

Polonia 22.611

Grecia 22.479

Croacia 22.201

Letonia 21.642

Hungría 21.548

Rumanía 18.558

Bulgaria 16.265

Un contraste llamativo que, como advierte el eurodiputado socialdemócrata Marc Angel, no es una excepción, sino la expresión más visible de una desigualdad que atraviesa a toda Europa. El gran factor desestabilizador, en Luxemburgo y en toda la Unión, es la vivienda, como recoge un informe reciente de Eurofound, la agencia europea que estudia las condiciones de vida y laborales. Los elevados costes del alquiler, en especial, absorben una parte desproporcionada de los ingresos de los hogares con menor poder adquisitivo, limitando su capacidad para cubrir otras necesidades básicas y aumentando la desigualdad, señala la agencia.

“Eurofound alerta de que la clase media disminuye en toda Europa, y eso provoca que mucha gente caiga en la trampa de la extrema derecha. Durante años la crisis de la vivienda se ha considerado una cuestión de los Estados miembros, pero es un problema europeo y como tal hay que abordarlo”, señala Ángel, que como luxemburgués conoce bien cómo el actual Gobierno de su país y de la capital, de conservadores y liberales, aborda la pobreza.

En el centro de Luxemburgo está prohibida la mendicidad agresiva desde 2024.

La mendicidad ha protagonizado agrios debates en el país en los últimos años. El Ayuntamiento decretó a principios de 2024 la prohibición de pedir en la calle en buena parte del centro, con multas de entre 25 y 250 euros. Justificó la medida por el aumento de la mendicidad organizada y agresiva, pero los críticos como Angel y Bernard denuncian que es una “criminalización de la pobreza”. “Es un discurso populista y muy peligroso, y lo único que hace es esconder el problema y trasladarlo, no actuar sobre las causas”, dice Bernard.

La Grand Rue, principal arteria comercial y peatonal del centro, muestra que la mendicidad no ha desaparecido. Este jueves por la tarde se ven varias personas pidiendo limosna. Son menos que antes, dicen algunos transeúntes, pero el fenómeno persiste, aunque de forma más dispersa y, sobre todo, menos visible. Muchos, aprovechando que el transporte es gratis en Luxemburgo, se trasladaron cuando empezó la prohibición a localidades más pequeñas, que acabaron quejándose al Gobierno porque carecían de medios para atenderles.

“El mensaje fue: no vengáis aquí a pedir, y espero que se entendiera”, asegura en su despacho del Ayuntamiento, a pocos metros de la Grand Rue, Corinne Cahen, concejal de acción social. La política liberal, exministra de asuntos sociales, asegura que había un problema con personas que viajaban a Luxemburgo para pedir porque es un país rico. Su Gobierno, dice, está centrado en crear vivienda social para atender a quienes viven en el país, “para que a los trabajadores no se les vaya casi todo el sueldo en pagar el alquiler”.

Ángel Batum, malagueño de 55 años, cruzó hace unos meses la línea entre el trabajo y la precariedad. Estuvo empleado como encofrador con contratos semanales hasta que una agresión en la estación central de Luxemburgo le mandó al hospital. Cuando le encontramos en el comedor social sigue sin recuperarse, no puede trabajar y no consigue volver a España porque le robaron la documentación. “Aquí tienes un plato de comida, ducha, ropa, son muy caritativos, pero en tema de trabajo y vivienda, olvídate”, lamenta.

Él ha visto las dos caras de Luxemburgo. La primera vez que emigró al país, hace cinco años, lo hizo contratado en origen y con piso. Otra vida, dice. Ahora duerme en un albergue que solo abre en invierno. “Aquí no hay clase media. O trabajas y tienes, o no trabajas y te ves pidiendo por la calle”. “La gente viene pensando que Luxemburgo es el paraíso, que es fácil tener un trabajo de 4.000 o 5.000 euros, pero cuando llegan se dan cuenta de que ni encuentran trabajo ni dónde dormir y tienen que recurrir a comedores sociales”.

Cómo es la pobreza en uno de los países más ricos de Europa

Alexandra Osel, líder de la organización “La Calle”, dedica su vida a ayudar a las personas sin hogar en Luxemburgo.

A pesar de ser conocido por su riqueza y estabilidad financiera, Luxemburgo enfrenta un creciente problema de pobreza y falta de vivienda, según el documental de la cadena alemana DW Documental.

Ayuda en la marginalidad

Alexandra Osel, líder de la organización “La Calle”, dedica su vida a ayudar a las personas sin hogar en Luxemburgo. Ella señala que mientras muchos ciudadanos se quejan de la presencia de mendigos, la verdadera preocupación debería ser la situación de las personas que se ven obligadas a dormir en la intemperie.

Historias de lucha

El documental presenta casos como el de Stefan y Ferenc, dos húngaros que viven bajo un puente con sus perros. A pesar de las bajas temperaturas, valoran la ayuda social que reciben, como atención médica gratuita. Yannick Virz, un joven pintor, refleja la frustración de muchos luxemburgueses ante la falta de oportunidades laborales y el aumento de la competencia con inmigrantes.

La voz de los afectados

“La Voz de la Calle”, un periódico creado por personas sin hogar, permite a sus colaboradores expresar sus experiencias y opiniones. Serge Kler, uno de sus escritores, denuncia la escasez de viviendas asequibles y la falta de acción efectiva por parte del gobierno.

Crisis de vivienda

El experto Antoine Paccoud describe la crisis de vivienda en Luxemburgo como una “bomba de tiempo”. La extrema concentración de la propiedad del suelo y la especulación inmobiliaria han hecho que los precios de las viviendas se disparen, dejando a muchos sin hogar. Solo el 2% de las viviendas en Luxemburgo son sociales, una cifra alarmantemente baja en comparación con otros países europeos.

Iniciativas insuficientes

Aunque el gobierno ha comenzado a construir viviendas asequibles, estas medidas son vistas como tardías e insuficientes. Patrick Clement, quien logró salir de la calle gracias a una vivienda de protección oficial, destaca la importancia de organizaciones como “La Calle” y el apoyo gubernamental necesario para abordar el problema de manera efectiva.

El documental de DW Documental expone la alarmante realidad de la pobreza en uno de los países más ricos de Europa.

Mientras una parte de la población disfruta de un alto nivel de vida, muchos otros luchan diariamente contra la pobreza y la falta de vivienda.

La labor de personas como Alexandra Osel y la existencia de organizaciones como “La Calle” son cruciales para dar voz a los más necesitados y presionar por cambios significativos en las políticas sociales del país.

Estos países europeos superaron la pobreza e incrementaron la riqueza con bajos impuestos y poca regulación

Los socialistas democráticos suelen alabar a los países nórdicos como ejemplos del éxito de los impuestos progresivos, los generosos Estados de bienestar y los poderosos sindicatos. Los librecambistas han respondido señalando que estos países no sólo se enriquecieron mucho antes de que se aplicaran estas políticas, sino que además tienen tanta flexibilidad normativa como Estados Unidos, según datos del Banco Mundial. Sin embargo, también hay que señalar a los países que abrazaron el llamado neoliberalismo como medio para enriquecerse y reducir la pobreza. Resulta que se ha demostrado que esta estrategia funciona y que estas zonas de Europa tienen un nivel de vida tan alto, si no más, que el de los nórdicos. Aquí veremos tres ejemplos.

Luxemburgo

El Foro Económico Mundial es famoso por su creencia en «reajustar» el capitalismo para lograr el objetivo de «orientar el mercado hacia resultados más justos, teniendo en cuenta los riesgos y oportunidades medioambientales y sociales y no centrándose únicamente en los beneficios financieros a corto plazo». Sin embargo, cada año presentan el Índice de Competitividad Global. Su objetivo es descubrir los países económicamente más desarrollados y productivos de la Tierra, en términos de infraestructura, educación y salud pública. Este índice compuesto tiene doce pilares principales: los dos más relevantes para nuestros fines son el primero y el séptimo, «instituciones» y «eficiencia del mercado laboral». Dentro de cada pilar, hay subcomponentes más pequeños. Dentro de las instituciones, se incluyen factores como los «derechos de propiedad», la «carga de la regulación gubernamental» y el «despilfarro del gasto público», mientras que la eficiencia del mercado laboral incluye el «efecto de la fiscalidad en los incentivos al trabajo».

Se pueden utilizar fácilmente los datos del FEM para demostrar que los países más prósperos del mundo están orientados al mercado y son favorables a la empresa. Nuestro ejemplo es Luxemburgo. Según el Pew Research Center, una persona con bajos ingresos en Luxemburgo es más rica que una persona con bajos ingresos en cualquier otro país occidental (incluidos los nórdicos) y, además, el país puede presumir de tener la segunda clase media más fuerte del mundo y la renta media familiar más alta del mundo. Lamentablemente, el Pew Research Center no define los límites del percentil de ingresos de cada categoría. Sin embargo, para tener más perspectiva, la información de Eurostat muestra que, a partir de 2019, el 10% más pobre de Luxemburgo es el cuarto más rico de Europa.

¿Qué explica esto? ¿Gasta el gobierno luxemburgués grandes cantidades en bienestar? Aunque el gasto social está ligeramente por encima de la media de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, con un 21,6% del PIB, Luxemburgo sigue estando por debajo de muchos de sus vecinos. De hecho, la recaudación de impuestos es del 33,8% de la economía luxemburguesa, muy por debajo de la media; muchos consideran incluso que Luxemburgo es un paraíso fiscal. Gracias a sus favorables tipos impositivos sobre la propiedad, las empresas y el capital, ocupa el quinto lugar en el Índice de Competitividad Fiscal.

Aquí es donde los datos del FEM adquieren relevancia. Es cierto que Luxemburgo ocupa una posición baja en cuanto a la facilidad para crear una empresa; sin embargo, en cuanto a la carga de la regulación gubernamental sobre las empresas (refiriéndose a lo libre que está una empresa de la burocracia), ocupa el noveno lugar; en cuanto a los derechos de propiedad, ocupa el quinto lugar; en cuanto a la «protección de la propiedad intelectual», ocupa el tercer lugar; en cuanto a los «efectos de los impuestos sobre los incentivos al trabajo», ocupa el décimo lugar; en cuanto a los «efectos de los impuestos sobre los incentivos a la inversión», ocupa el octavo lugar; y en cuanto a los «impuestos totales como porcentaje de los beneficios», ocupa el duodécimo lugar. Según estos parámetros, Luxemburgo es una economía de libre mercado. Luxemburgo cuenta con una larga historia de libertad económica. Entre 1970 y 2001, ocupó sistemáticamente los diez primeros puestos del Índice de Libertad Económica del Instituto Fraser.

Ludwig von Mises nos enseñó que la productividad marginal de la mano de obra, y por tanto los salarios, vienen determinados por la facilidad con la que las empresas pueden invertir y acumular capital, sin trámites burocráticos, impuestos, burocracia, deuda pública e inflación. El entorno favorable a las empresas de Luxemburgo explica que tenga los trabajadores más productivos del mundo. De ahí que los pobres de Luxemburgo tengan, según los estándares internacionales, un nivel de vida muy alto.

Suiza

Suiza ocupa, junto con Luxemburgo, el primer puesto en las categorías orientadas al mercado del FEM. En cuanto a los derechos de propiedad, ocupan el tercer lugar, el duodécimo en cuanto a la carga de la regulación gubernamental sobre las empresas y el décimo en cuanto a los efectos de la fiscalidad sobre los incentivos laborales (ocupan un lugar destacado en el resto de las métricas que he utilizado. No estoy seleccionando datos). Se sitúan justo delante de Luxemburgo en el Índice de Competitividad Fiscal, en el cuarto puesto.

El país también es conocido por su disciplina fiscal; en 2001, el 85% de los votantes suizos votaron a favor de un «freno a la deuda», que esencialmente obliga al gobierno a gastar dinero en concordancia con el crecimiento de los ingresos. Desde que la ley entró en vigor en 2003, la deuda como porcentaje de la economía suiza ha descendido del 60% al 41% actual.

El énfasis de Suiza en la democracia directa significa que el dinero del gobierno debe gastarse de forma eficiente y prudente. Un estudio reveló que la democratización directa en los cantones suizos (el equivalente a los estados o distritos del Congreso) redujo el gasto en bienestar social en un 19% de media. Está claro que los votantes suizos tienen un nivel de racionalidad que a la mayoría de los políticos de otros países les aterraría. Por ejemplo, en un referéndum de 2012, dos tercios de los votantes rechazaron una propuesta para ampliar las vacaciones anuales obligatorias en el país, que «podría haber añadido 6.000 millones de francos suizos (5.000 millones de euros, 6.520 millones de dólares) a los costes laborales de los empresarios, según la Unión Suiza de Artes y Oficios (SGV), que representa a unas 300.000 empresas.»

La carga fiscal global de Suiza (28,5% del PIB) es una de las más bajas de la OCDE, y su gasto social es del 16,7%, muy por debajo de sus socios.

Sin embargo, lejos de lo que predice el modelo económico socialista, el 10% más pobre de Suiza es el tercero más rico de Europa.

Al igual que Luxemburgo, la productividad laboral suiza es increíblemente alta; la tercera más alta del mundo. Los impuestos y la burocracia son bajos y, al ser el país más globalizado del mundo, el capital, la tecnología y la inversión extranjeros tienen fácil acceso a los mercados suizos. Dicho esto, la economía suiza se ha estancado en los últimos años. En 2020, el desempleo alcanzó un máximo histórico, un insoportable 4,85%. Claramente, esto sugiere que unos impuestos bajos y una regulación flexible del mercado laboral pueden mitigar el impacto de la recesión/el estancamiento económico.

Irlanda

Irlanda no siempre ha sido una economía de libre mercado entusiasta. En 1970, acosada por profundos conflictos políticos y religiosos, Irlanda tenía una calificación de 6,55 en el Índice de Libertad Económica del Instituto Fraser, en un nada impresionante decimonoveno lugar. Así, en 1980 la renta per cápita de Irlanda era inferior a la de todos los países de Europa Occidental con nombre; su tasa de desempleo superaba el 12%; la inflación rugía al 20%.

Sin embargo, el gobierno empezó a hacer reformas: se recortaron los impuestos y el gasto, y desde 1980, la calificación de la libertad económica de Irlanda ha aumentado un 22%. Hoy en día, Irlanda es famosa por su tipo impositivo del 12,5 por ciento en el impuesto de sociedades y su atractivo para las empresas. La recaudación de impuestos sólo representa el 22,7 por ciento de la economía irlandesa, y el gasto social es un minúsculo 13,4 por ciento. Aunque está por debajo de los otros dos países que hemos examinado, Irlanda sigue ocupando un lugar destacado en cuanto a la protección de los derechos de propiedad, la flexibilidad normativa y los tipos impositivos sobre los beneficios.

Muchos sostienen que la prosperidad de Irlanda se debe únicamente a las enormes transferencias de bienestar de la Unión Europea. Sin embargo, un estudio indica que esta postura es errónea. En primer lugar, señala que estas transferencias subvencionaban a las empresas agrícolas. Aunque aumentaron los ingresos de las comunidades rurales, desalentaron la migración a las zonas urbanas, donde esas personas habrían sido inevitablemente más productivas. Por lo tanto, las transferencias fueron un impedimento, no una ayuda, para el crecimiento económico. En segundo lugar, el estudio señala que, mientras las tasas de crecimiento en Irlanda han aumentado, las subvenciones de la UE han disminuido en realidad:

Irlanda comenzó a recibir subvenciones tras su ingreso en la comunidad europea en 1973. Los ingresos netos procedentes de la UE supusieron una media del 3% del PIB durante el periodo de rápido crecimiento (1995-2000), pero durante el periodo de bajo crecimiento (1973-1986) supusieron una media del 4% del PIB. En términos absolutos, los ingresos netos se encontraban en 2001 aproximadamente al mismo nivel que en 1985. A lo largo de la década de 1990, los pagos de Irlanda al presupuesto de la UE aumentaron constantemente, pasando de 359 millones de euros en 1990 a 1.527 millones en 2000. Sin embargo, en el año 2000, los ingresos procedentes de la UE fueron de 2.488 millones de euros, es decir, menos que los 2.798 millones de 1991.

En tercer lugar, el estudio indica que, si las subvenciones pudieran explicar el repunte del crecimiento de Irlanda desde la década de 1990, cabría esperar que otros países que también reciben importantes pagos de la UE mostraran niveles de prosperidad similares. Sin embargo, este no es el caso: «Los Fondos Estructurales y de Cohesión de la UE representaron el 4% del PIB griego, el 2,3% del español y el 3,8% del portugués. Ninguno de estos países logró ni de lejos la tasa de crecimiento que experimentó la economía irlandesa. España tuvo una media de crecimiento del PIB del 2,5%, mientras que Portugal tuvo una media del 2,6% y Grecia sólo del 2,2% entre 1990 y 2000». Así pues, fueron los mercados libres, y no las inversiones de la UE, los que impulsaron la prosperidad de Irlanda.

Para los estándares americanos, Irlanda sigue siendo un país relativamente pobre. Sin embargo, desde la liberalización económica, Irlanda ha hecho enormes progresos en la reducción de la pobreza y el aumento de los ingresos mediante el crecimiento económico. Por ejemplo, un estudio (p. 34) ha revelado que la pobreza absoluta se redujo del 50% en 1993 al 20% en 2000 (una reducción más sustancial que en todos los países nórdicos). Reducir la tasa de pobreza en un 60% en siete cortos años es realmente impresionante. Según el Pew Research Center, entre 1990 y 2010, los ingresos de la categoría de bajos ingresos aumentaron un 73% (en general, la renta media ha crecido un 70%). Los datos de Eurostat lo corroboran: solo desde 2011, los ingresos del 10% más pobre de los irlandeses han aumentado un tercio.

Conclusión:

Los progresistas utilizan los países nórdicos como ejemplos de sistemas socialistas exitosos. Aunque esto no es así, los librecambistas deberían utilizar estos tres países -Luxemburgo, Suiza e Irlanda- para demostrar que no son necesariamente el gasto en bienestar y la redistribución los que elevan la posición de los más pobres. Por el contrario, son el crecimiento económico, el aumento de la productividad, el espíritu empresarial y los derechos de propiedad los que enriquecen a los más pobres.

Luxemburgo, Noruega e Irlanda, los países mas ricos del mundo

Índice de prosperidad HelloSafe

Qatar y Singapur son los únicos países no europeos entre los cinco primeros

Los países mas pobres son Mozambique y la República Centroafricana

Los países africanos más prósperos son Mauricio (41,05), Seychelles (40,77) y Argelia (40,36)

HelloSafe ha desvelado su Índice de Prosperidad Mundial, que ha clasificado a 186 países según un conjunto de criterios que incluyen indicadores de desarrollo económico, social y medioambiental, con el objetivo de ir más allá de las clasificaciones basadas únicamente en indicadores de riqueza bruta como el PIB o el PNB. El resultado, según destacan desde HelloSafe, es una clasificación original y exclusiva que pone de relieve los retos del desarrollo desigual en nuestro planeta.

El Índice de Prosperidad HelloSafe se basa en 6 indicadores clave: Producto Interior Bruto (PIB) per cápita, Renta Nacional Bruta (RNB) per cápita, tasa de ahorro nacional bruto, Índice de Desarrollo Humano (IDH), coeficiente de Gini y tasa de pobreza. Véase la metodología al final de la página para la ponderación de estos indicadores y todas las explicaciones pertinentes.

Los resultados del Índice de Prosperidad HelloSafe muestran que entre los 20 países más prósperos predominan los países europeos, con Luxemburgo a la cabeza (86,2), seguido de Noruega (85,1) e Irlanda (84,7). Esta clasificación refleja la fortaleza económica de estas naciones, combinada con altas puntuaciones en desarrollo humano e igualdad de ingresos. Qatar y Singapur son los únicos países no europeos entre los cinco primeros, lo que demuestra el dinamismo de sus economías y sus avanzadas infraestructuras. Estados Unidos y Canadá ocupan los puestos 18 y 19, mientras que Francia cierra el top 20 con una puntuación de 60,4, lo que ilustra un alto nivel de prosperidad, aunque inferior al de los países del norte de Europa y ciertas economías dinámicas asiáticas.

Los 20 países peor clasificados en el Índice de Prosperidad HelloSafe reflejan unas condiciones socioeconómicas extremadamente difíciles, con puntuaciones muy bajas que oscilan entre el 10,88 de Mozambique y el 17,37 de Suazilandia. Esta clasificación la ocupan principalmente naciones del África subsahariana, donde los problemas económicos, la pobreza y las infraestructuras limitadas son recurrentes. La República Centroafricana, Madagascar y la República Democrática del Congo se encuentran entre los países menos prósperos debido a su bajo PIB e IDH, así como a las elevadas desigualdades de renta y tasas de pobreza.

Yemen y Afganistán también aparecen en este grupo, marcados por conflictos prolongados e inestabilidad que obstaculizan su desarrollo. Esta situación pone de manifiesto las importantes necesidades de inversión y desarrollo para mejorar la prosperidad en estas regiones.

Los resultados del Índice de Prosperidad Hello Safe a escala europea muestran una clasificación dominada por los países de Europa Occidental y Septentrional, con Luxemburgo (86,20), Noruega (85,09) e Irlanda (84,72) a la cabeza, lo que refleja unas economías robustas, un alto nivel de vida y una buena distribución de la riqueza. Los países nórdicos, entre ellos Islandia (77,04) y Dinamarca (72,96), confirman su prosperidad gracias a una combinación de riqueza económica y desarrollo humano. Francia ocupa el puesto 14 con una puntuación de 60,36, lo que refleja una prosperidad sólida, aunque más moderada que en los países punteros. España, por su parte, ocupa el puesto 21, con una puntuación de 54,90. Por el contrario, los países de Europa del Este y los Balcanes, como Moldavia (36,99), Macedonia (38,46) y Albania (38,52), obtienen las puntuaciones más bajas de la clasificación europea, lo que pone de manifiesto los importantes retos económicos y sociales a los que aún se enfrentan estas regiones. Esta distribución pone de manifiesto la brecha existente entre Europa Occidental y Oriental en términos de prosperidad general.

En el Índice de Prosperidad HelloSafe, los países africanos más prósperos son Mauricio (41,05), Seychelles (40,77) y Argelia (40,36). Estos países destacan por tener niveles de prosperidad relativamente altos para el continente, gracias en parte a una mayor estabilidad económica, un PIB per cápita más alto y un desarrollo humano más avanzado. Les siguen Libia (33,84) y Egipto (33,24), a pesar de importantes retos socioeconómicos, pero beneficiándose de recursos naturales y desarrollos históricos que contribuyen a su relativa prosperidad. En África Oriental, Botsuana (27,35) y Gabón (32,20) también obtienen una buena puntuación, apoyados por una gestión más estable de sus recursos naturales. Esta clasificación pone de relieve los contrastes entre las economías más estables del continente y los países con retos económicos más pronunciados, mostrando una clara disparidad de prosperidad entre los países del Norte de África y algunos Estados del África Subsahariana.

Si la pregunta es qué países europeos pagan los salarios más altos, este gráfico lo deja claro: España no es uno de ellos

El salario medio de la UE en 2024 alcanzó los 39.800 euros en 2024, un 5,2% más que en 2023

Luxemburgo rozó los 83.000 y Bulgaria apenas superaba los 15.000, con una brecha de más de 67.500 euros.

Compara el sueldo que cobras con el de un trabajador en Luxemburgo y es probable que la diferencia te deje sin palabras. Europa es un continente que comparte moneda, mercado único y fronteras abiertas, pero donde los salarios cuentan historias muy distintas según el país en el que vivas y trabajes.

Visual Capitalist ha elaborado un gráfico en el que se representan los salarios ponderados de distintos países de Europa a partir de los datos más recientes de Eurostat y la OCDE. El gráfico deja constancia de una realidad incómoda. Pese a compartir muchos elementos normativos comunes, dentro de la Unión Europea, el salario medio anual puede multiplicarse por más de cinco dependiendo del país en el que se viva.

Un gráfico sencillo, pero en él se refleja una realidad esculpida por décadas de diferencias económicas, históricas y geopolíticas.

Una media que no es lo que parece

Antes de entrar en cifras, conviene entender qué mide exactamente Eurostat cuando habla de salario en este mapa.

El indicador que utiliza Eurostat y la OCDE para elaborar esta estadística se llama "salario promedio ajustado a tiempo completo por empleado" y no refleja lo que cobra la mayoría de los trabajadores. En realidad, lo que representa es una media ponderada que toma el total de las remuneraciones pagadas en un país y lo divide entre el número de empleados equivalentes a jornada completa.

Dicho de otro modo: si en un país muchos trabajadores trabajan a tiempo parcial, esas horas se convierten a su equivalente de jornada completa antes de calcular la media.

Eso significa que el número resultante tiende a ser más alto que el salario más habitual de ese país, el que percibe la mayoría real de los trabajadores. Aunque no sea una representación "literal" de lo que cobra la mayoría de los trabajadores del país, este dato es una herramienta útil para comparar países entre sí. No obstante, hay que tomársela como lo que es: una fotografía estadística, no el reflejo exacto del sueldo que recibes a fin de mes.

Los países en los que más se cobra

En 2024, el salario anual medio ajustado a tiempo completo en la Unión Europea se situó en 39.800 euros. Eso representa un incremento del 5,2% frente a los 37.800 euros registrados en 2023. Por encima de esa media destacan con claridad los mismos nombres de siempre.

Luxemburgo encabeza el ranking europeo con un salario medio anual a tiempo completo de casi 83.000 euros, impulsado por su potente sector financiero y tecnológico. De hecho, el Gran Ducado no solo es el que tienen los salarios más altos de Europa, también lo son del mundo.

Islandia ocupa el segundo puesto con algo más de 77.000 euros anuales, y Suiza se sitúa en el tercero con 75.100 euros, siendo además el país de mayor población entre los tres primeros. A continuación, aparecen los escandinavos Dinamarca y Noruega con 71.600 euros y 64.025 euros respectivamente completando el grupo de cabeza.

Basta un simple vistazo para darse cuenta de que los países nórdicos y del oeste de Europa dominan de forma clara la parte alta de la tabla. Bélgica, Austria, Alemania y Finlandia también superan la media europea de 39.800 euros, mientras que los países escandinavos mantienen una presencia constante entre los mejor pagados gracias a sus modelos de negociación colectiva y sus robustos estados del bienestar.

La brecha entre el Este y el Oeste

El gráfico de Visual Capitalist hace evidente una fractura que separa el oeste y el norte del este y el sur del continente, al menos en lo que a salarios se refiere.

En el extremo inferior del ranking se encuentran Bulgaria, con unos salarios de apenas 15.387 euros anuales, Grecia con 17.954 euros y Hungría con 18.461 euros. Polonia, otra gran economía del bloque de Europa oriental, registra una media de 21.246 euros al año.

La distancia salarial entre Luxemburgo y Bulgaria supera los 67.500 euros anuales, una brecha que no es casualidad. La herencia del bloque soviético dejó economías debilitadas con décadas de retraso en inversión, productividad e infraestructura industrial. Aunque países como Polonia y los Estados bálticos han reducido distancias modernizando sus economías en los últimos años, la convergencia real con el oeste sigue siendo un proceso lento.

España: por encima de la media... del sur

España ocupa una posición salarial intermedia, aunque se mantiene por debajo de la media salarial de la UE. En 2024, el salario medio ajustado a jornada completa llegó a los 33.700 euros brutos anuales, lo que supone un incremento del 4,6% respecto a los 32.216 euros que se registró en 2023.

Aun así, esa cifra queda 6.100 euros por debajo de la media europea de 39.800 euros, y a una distancia considerable de Alemania, que alcanza los 53.751 euros, o de Francia con 43.790 euros anuales.













 

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