Mary Wortley Montagu fue una aristócrata, escritora y poeta inglesa, que que se hizo famosa por haber llevado a Inglaterra el método turco para inmunizar contra la infección de la viruela. Para su educación pudo disponer de los cuidados de una institutriz y de los fondos de la nutrida biblioteca de la casa familiar en Thoresby Hall, en donde se encerraba todos los días de 10 a 2 y de cuatro a ocho. Escribía poesía y ensayos, se declaraba una amante de la lectura y llegó a dirigirse al obispo de Salisbury para quejarse de las dificultades que tenían las mujeres para acceder a la cultura.
Para evitar un matrimonio arreglado, se fugó del hogar paterno a sus 23 años y se casó con Edward Wortley Montagu, nieto del primer conde de Sandwich. En 1716, Edward se convirtió en embajador de Inglaterra en Estambul (o Constantinopla como se conocía en ese entonces), capital del Imperio otomano.
Fue en Estambul donde Mary Wortley Montagu observó una curiosa costumbre que conseguía mantener a raya a la viruela, una enfermedad devastadora que ella misma había sufrido con 26 años y que se había llevado por delante la vida de su hermano. Se trataba de la inoculación o variolación, una práctica originaria de China y la India que se fue extendiendo por toda Asia.
“La viruela, tan fatal y frecuente entre nosotros, aquí es totalmente inofensiva gracias al descubrimiento de la inoculación, (así es como la llaman)”, relata en una de sus cartas a su amiga Sarah Chisvell en 1717. "Te voy a decir una cosa, que te hará desear estar aquí. La viruela, tan fatal y tan común entre nosotros, es aquí completamente inofensiva... Hay un grupo de ancianas que se ocupan de hacer la operación cada otoño, en el mes de septiembre, cuando amaina el gran calor. las personas se consultan unas a otras para saber quién de entre ellos está dispuesto a tener la viruela…”.; hacen fiestas con este propósito, y cuando se reúnen (normalmente quince o dieciséis juntos) la anciana viene con una cáscara de nuez llena de materia de la mejor especie de viruela, y pregunta qué vena te gustaría que te abriera... Inmediatamente abre la que le ofreces, con una aguja grande (que no te produce más dolor que un simple rasguño) y mete en la vena toda la materia que puede quedar sobre la cabeza de la aguja, y después de eso, venda la pequeña herida." La técnica descrita consistía, básicamente, en inocular a los voluntarios con pus de enfermos en cuatro o cinco venas abiertas.