martes, 21 de julio de 2026

Minería del carbón en la montaña central leonesa en la segunda mitad del siglo XIX

Eliecer Anguiano, al que todos conocían como Elian, dudó dos veces antes de aferrar sus dos manos al pomo de la pesada puerta de castaño y atraerla hacia si, entre un leve rumor de astillas descompuestas, dejando la abertura suficiente como para introducir algo más de medio cuerpo en el interior de este relato. Siendo como era un personaje de ficción, no hubo de hacer gran esfuerzo para abrirla, a pesar de que llevaba más de un siglo cerrada y tenia por ello sus bisagras corroídas por la humedad y el salitre. 

En este caso hemos de reconocer que fue el azar y no el lejano parentesco con el lector lo que provocó que él fuese el elegido para traer hasta nuestro tiempo el recuerdo de tantos personajes de carne y hueso atrapados entre las páginas de sus historias en minúscula. Una vez en la estancia miró a su alrededor y afilando el lápiz sobre una pequeña piedra de arenisca del alfeizar de la ventana comenzó a garabatear las primeras cuartillas. 

En los angostos valles de la montaña, entre chopos, robles y paleras, el agua cantarina se escurre saltando de piedra en piedra en su eterno viaje hacia el océano. Impulsadas por el inexorable tic tac del tiempo, año tras año y siglo tras siglo, estas frescas humedades lamen cual perro sediento rocas, guijarros y arenas, bañando la corteza terrestre, disolviendo y deshaciendo sus materiales hasta dejar al descubierto los minerales que atesora en sus entrañas. Unas veces se trata del refulgente oro nativo que en forma de pepitas y pajuelas descansa en los remansos a la espera de ser rescatado por las delicadas manos de las sianas. Pero también brotan piedras negras mucho más ligeras y frágiles. Por si fuera poco estas piedras arden y fue su calor el que impulsó la primera  revolución industrial, la que se inició en Inglaterra en el siglo XVIII.

En España esta revolución se hizo esperar un poco más, por no hablar del tiempo que tuvo que pasar para que algunos sucesos lejanamente relacionados con ella se produjesen en el seno de la montaña leonesa. El más importante de estos acontecimientos fue el tendido de dos líneas ferroviarias, una que la atraviesa de Sur a Norte en busca de las tierras asturianas y el mar, y otra que la recorre de Oeste a Este desde La Robla hasta Bilbao y de nuevo el mar.

En la primera página del manuscrito de Elian, sin prólogo alguno y sin más miramientos, se nos arroja a los caminos embarrados de la montaña central leonesa, cuando aún corría el año de Nuestro Señor de 1786. Por esos vericuetos cabalgaba entonces un pequeño grupo de aventureros comisionados por el Consejo de Castilla, la Real Sociedad Económica de Amigos del País de León y las Sociedades Económicas de León y Astorga. Se les había encomendado el estudio de las canteras de carbón de piedra de Matallana, Serrilla y Villalfeide, que sin duda alguna se utilizaban desde hacía tiempo para pequeños carboneos con destino a las fraguas y a otras pequeñas industrias de la comarca. En el relato de Elian no se nos desvela si es que de ese informe se derivó algún tipo de explotación más activa de la hulla de esas minas. 

Cuando el informe de las minas de Matallana llegó a manos de los miembros del Consejo de Castilla habían pasado ya poco más de setenta años desde que en Inglaterra se comenzaron a utilizar las primeras máquinas de vapor del sistema Newcomen, allá por el año 1712. Tiempo después Watt modificó estas máquinas para hacerlas más eficientes y las comenzó a comercializar en 1776. En España las primeras de esas máquinas de vapor se instalaron en los arsenales de Cartagena, Cádiz y Ferrol en 1773, ellas habían de ser las mayores consumidoras del carbón de piedra. También en España se dedicaron esfuerzos para promocionar el nuevo combustible que había de ayudar a desarrollar la industria, y con ella la economía y el progreso social. Uno de estos propagandistas, Gaspar Melchor de Jovellanos, presentó en abril de 1789 su informe La importancia del carbón de piedra, con la intención de animar la industria carbonera. 

Aprovechando los últimos rayos de sol, de una tarde de mediados de junio, reseguimos las amplias y tendidas letras ligadas, que nos ha dejado Elian en su relato, a lo largo de angostos renglones. Por ellos sabemos que hasta mediados del siglo XIX no consta explotación hullera alguna en la montaña leonesa. 

La Sociedad la Ventajosa se constituyó en Palencia el 18 de marzo de 1850. Era propiedad de Miguel de Iglesias, granadino afincado en Palencia, dedicado al comercio y fundador en 1843 de la Compañía Palentina de Minas, que explotaba los criaderos de Sabero. La Ventajosa explotaba minas en Matallana, y Otero de las Dueñas. Desde comienzos de los años sesenta su actividad fue pequeña y realizada en precarias condiciones, mantenida solamente con la intención de llegar a vender sus propiedades y de esta forma amortizar los 600.000 reales invertidos en la compañía. Parte de las concesiones pasaron en 1872 a manos del hijo de Miguel de Iglesias, quien se deshizo de ellas en la década de los noventa. En 1867 La Ventajosa participó, junto a otras empresas mineras de la provincia, en la Exposición Universal de París. En el catálogo de esta exposición se daba cuenta de que la compañía vendía sus carbones integramente en el mercado de León capital. 

En El Agente industrial minero del 5 de julio de 1855 se da cuenta de la demarcación de la mina de hulla Ventura, situada en Orzonaga y propiedad de don Miguel de Iglesias, vecino de Palencia, representado por Tomás García, vecino de Orzonaga. También se realizaron los reconocimientos de las minas, Valdivia en Orzonaga, propiedad de Juan y Antonio García, vecinos de Orzonaga, La Colorada en Matallana, entre el cerro Valdegaton, el Cueto, Los Maganones y la Salguerona, propiedad de Tomás González, vecino de León, siendo su representante Antonio Brugos, vecino de Matallana, La Flor, en La Valcueva, de José Díez Álvarez y Romualdo Tegerina, vecinos de León, siendo su represente Pedro González, vecino de La Valcueva. También se reconocieron las minas situadas en Matallana, de Francisco A. Casado, vecino de León, La Famosa, La Polvorina, situada entre el reguero de las Bargañinas, el prado de Juan Canseco y el terreno concejil, y La Superfina, situada entre el nacimiento del arroyo de las Barquiñas, el cerro concejil, el valle Valdesalinas de Fuentescala y Barquiñas. 

En el BOPL del lunes 13 de Agosto de 1855 Patricio de Azcárate como Gobernador y Manuel Arriola, como Secretario, dan conocimiento de que Manuel García y un vecino de Mortera de Olloniego residente en su pueblo, han solicitado la mina de carbón de piedra Abandonada en término La Valcueva, Ayuntamiento de Matallana, entre el alto que divide aguas para Villalfeide, el camino de Valdesalinas, el arroyo del sierro de las casas y el arroyo Fuentescala. 

En el BOPL del lunes 22 de Agosto de 1855 Patricio de Azcárate como Gobernador y Manuel Arriola, como Secretario, dan conocimiento de que José López Cuadrado, vecino de León solicitó el registro de una mina de carbón de piedra en Matallana, entre la Vallina de la Escabosa y la Vallina de Salmerón, que perteneció y fue registrada por Pedro Gutiérrez y Antonio Brugos vecinos de Matallana, y denunciada por el Cuadrado, fue declarada su caducidad en 8 de agosto, la cual designó con el nombre de Ruperta

En el BOPL del lunes 3 de Septiembre de 1855 Patricio de Azcárate como Gobernador y Manuel Arriola, como Secretario, dan conocimiento de que José Vilan vecino de Valladolid residente en León, solicita el registro de una mina de carbón de piedra en La Valcueva, entre terreno baldío de La Valcueva y Matallana, la cual designó con el nombre de Protectora. José López Cuadrado vecino León solicita el registro de una mina de carbón de piedra en Matallana, entre la llana del Fontun, el Cueto, el Palin y la canaleja, la cual designó con el nombre de Florida

En el Boletín Oficial de la Provincia de León de 9 de abril de 1856 el Gobernador civil daba cuenta de la desgracia acaecida por el hundimiento de la galería de una mina en Orzonaga, debido a la imprudencia de los trabajadores, que olvidando las precauciones debidas, perecieron al extraer furtivamente carbón de piedra. Por ello encomendaba a los Alcaldes la vigilancia para evitar el aprovechamiento de minerales sin que se hubiese dado permiso provisional a los registradores, u obtenido el título de propiedad y tomado posesión de las minas en cuestión. 

En el BOPL del lunes 5 de Mayo de 1856 D. Patricio de Azcárate, Gobernador de la provincia de León, daba cuenta de que Francisco Miñón había registrado la mina de carbón de piedra Quebrada en Matallana de Vegacervera, entre el monte que divide el arroyo de Fuente Escala del rio Torío, este mismo río, el Puerto de Robles, y el arroyo de las Canillas. Al mismo tiempo Pablo Miñón registró la mina Fontanón, entre el monte comprendido entre el arroyo de Fuente Escala y el río de Torio, Fontanón, arroyo de Valdesalinas y cierro de las casas. Esta misma persona también registro la mina Torío, entre el río Torio, un reguero, y por todos aires con terreno común del pueblo de Matallana. 

En 1858 se explotaba en Matallana la mina de carbón de piedra Inspiración, de hulla seca. 

En 1859 en Matallana había 57 minas concedidas y 17 demarcadas con un total de 37 pertenencias. Muchas de estas minas no estaban en explotación y, por el contrario, algunas minas activas no disponían de los permisos necesarios, trabajando sin control ni seguridad alguna. 

En 1860 se fundó en León la sociedad minera La Confianza, para explotar minas de hulla en Villalfeide y Matallana. 

En diciembre de 1861 en la Memoria descriptiva del proyecto y resumen del presupuesto de construcción del Ferrocarril del Noroeste se preveía un tráfico de mercancías con unas 500 toneladas de carbón y coque de Santa Lucía y 10.000 toneladas de carbón de Otero de las Dueñas, pero no contaba con transportar tonelada alguna de Matallana o La Valcueva. 

En el plan de carreteras provinciales de mayo de 1863, entre otras varias, se proyectaba una que saliendo de León y subiendo por el valle del río Torío se acercase a las cuencas carboneras de La Valcueva, para empalmar en Robles con la carretera que había de llegar desde la Robla.

En la Revista científica del Ministerio de Fomento del 22 de diciembre de 1864 se publicó el Informe acerca de la industria minera en el antiguo DISTRITO de Zamora. En Matallana se visitaron las minas Carmonda, Valdivia, Ventura, Unico y otra más.

La mina Carmonda tiene tres socavones a diferentes alturas. El superior tiene 50 metros de longitud en direccion de S. E. a N. O. e inclinación de 85º, pero puede ser muy variable por lo trastornado que está el terreno. Este socavón se excavó sobre una capa cuyo espesor varía de 0,41 a 0,66. El socavón del medio ha seguido sobre la misma capa de espesor muy variable, y atesteró en estéril a los 25 metros. El socavón inferior excavado tambien sobre la misma capa es probable atestere como el anterior, pero al presente tiene de espesor un metro, siendo en los tres la dirección e inclinación iguales al principio de la labor. La fortificación se realiza con portadas bien establecidas.

La mina Valdivia, situada en Orzonaga, tiene un socavon de 50 metros de entrada, y a su final se presenta la capa con un metro de espesor, y el carbón es graso.

La mina Ventura, de la Sociedad La Ventajosa, tiene un socavón con cuatro galerías, excavado sobre la capa con direccion de E. a O. casi fijo, con inclinacion de 45º a 50º. La capa está dividida en dos por un intermedio de arenisca. La hulla tiene 0,85 metros de espesor la de la parte de Sur y 0,20 metros la del N. La fortificación ofrece por ahora seguridad, pero están mal colocadas las portadas, y con menos de estas, bien puestas, no habria riesgo alguno.

La mina El Unico, pertenece a los Señores Dantin y Miñón. Tiene dos socavones de 151 metros de longitud cada uno. El socavón más bajo tiene su direccion de E. a O. próximamente con la inclinación de la capa de 65º por término medio. Esta capa, como en la mina anterior, está dividida en dos por un intermedio, al que llaman regadura, y es de pizarra arcillosa y de un espesor 0,41 metros, y la capa, incluida la regadura, 1,55 y 1,66 metros. Es muy notable el hecho de que el carbon es más compacto el de la parte del N. y coquiza mejor que el de la parte del S., que es más blando. Dicha labor está mal ventilada, pero continuándola, puede ponerse en comunicación con una galeria más elevada, y desaparecerá este defecto. Esta Sociedad tiene además las minas Complemento, Agustina y otra más, que tienen poca más labor que la exigida para la demarcación. 

De todas las minas de esta comarca se han explotado y vendido en el primer semestre del año actual 12.046 quintales castellanos y una libra (5.551 quintales métricos 54 libras), cuyo combustible se ha conducido a León. (555 toneladas en 6 meses, 92,5 toneladas al mes, 3,7 toneladas al día) 

En el término de Llombera hay una mina, llamada Posterior, que sólo tiene la labor legal, y ésta que es un socavón, va sobre una capa de un espesor may notable, que no baja de 10 metros, ignorándose la causa por la que no está en explotacion. 

En 1865 el ingeniero Luis Natalio Monreal elaboró una memoria sobre las minas de carbón de piedra que Fernando Penelas poseía en Matallana con el fin de poner en marcha una explotación de 40.000 toneladas anuales y el establecimiento de una fábrica de coque, pero nada de esto se llevó a cabo. Fernando Penelas había participado en 1847 en la creación de la Sociedad Anónima El Fuego, destinada a abastecer Madrid de carbón vegetal y mineral, leña y madera. En 1852 era oficial de la dirección general del Tesoro. En 1859 participa en la creación de la sociedad La Cantábrica, que se proponía construir un ferrocarril de Aguilar de Campoo a Vergaño, y explotar los criaderos de hulla del valle de Vergaño y del partido judicial de La Vecilla. En 1860 recibió autorización para estudiar un ferrocarril desde Vegacervera a Puente Castro, para empalmar con la línea de Palencia a la Coruña. En 1861 fundó, junto con otros El Consuelo de las Familias, una compañía de seguros mutuos sobre la vida, para la creación de capitales con destino a la redención del servicio de las armas. En 1863 establece un servicio de locomotoras de vapor por caminos ordinarios en la carretera de Madrid a Alcalá de Henares. En 1864 solicitó cuatro minas de hulla, la Eugenia en Canseco, la Chalana en Villar, la Chispa en Villanueva y  la Soberana en Correcillas. En 1865 era dueño del establecimiento balneario de La Margarita, en Loeches

En la revista La Minería del 1 de enero de 1873 de daba cuenta de que en Orzonaga se vendía el carbón de la mina Ventura, que era bituminoso y generalmente menudo, de 44 a 52 reales la tonelada. 

En 1883 la tonelada de coque de Matallana se vendía en León a 33 pesetas.

En enero de 1884 Lázaro Robles Lanza, vecino de Robles de la Valcueva, solicitó una mina de carbón de 12 pertenencias llamada Margarita, situada en Matallana, en Valdesalinas, al sur de las minas Polvorina y Carmonda, y cerca del río Torío. En el mismo mes Melchor García Viñuela registró la mina de carbón Petra de 8 pertenencias en Matallana. Urbano Gutiérrez, vecino de Pardavé, representado por Paciano Morán Canseco, vecino de León, registró la mina de carbón La Hermosa de 12 pertenencias en Orzonaga. En febrero del mismo año Tomás Garcia Tascon, vecino de Orzonaga, registró la mina de carbón La Escondida de 10 pertenencias en Orzonaga. En marzo se renunció a la mina La Escondida.

En febrero de 1884 se comunicó a los propietarios de las minas situadas en Matallana, Rica Montaña de 12 pertenencias, propiedad de Lorenzo García Valle, María de 4 pertenencias, de Vicente Miranda, Esperanza de 8 pertenencias, de Lorenzo García y La Nicolasa de 4 pertenencias, de Froilán Martínez, que por no haber pagado los derechos correspondientes se declaraban caducadas.

Desde 1884 se explotaban en la zona de Matallana y La Valcueva las minas Casualidad, Pepita, Tomasito, Presentación, Chomin, La Bilbaína y Capriles.

A la estación de La Robla llegaban en 1884 muchos carros de hulla procedentes de las minas de Aviados, La Valcueva y Matallana, después de recorrer de 14 a 18 kilómetros, tal como relataba Ricardo Becerro de Bengoa en la Memoria sobre los Caminos de Hierro de León, Asturias y Galicia

En el Diccionario Geográfico de Pablo Riera Sans de 1885 se da cuenta de que en el ayuntamiento de Matallana, en el valle de Valdesalinas, hay una cuenca carbonífera, con buenos carbones, pero la carencia de buenas vías de comunicación impide que la explotación se haga en gran escala. 

En 1887 Lucas Mallada tras visitar las explotaciones del área de Matallana las describe como labores de rapiña, la mayor parte de ellas abandonadas y en ruinas en ese momento. Las excavaciones practicadas, abiertas con escasos recursos por gentes del país que raras veces penetraban con la misma galería en una longitud mayor de 20 metros. Cuando sus estrechos, tortuosos y mal entibados escarbaderos ofrecían claras señales de hundimiento, perforaban nuevas aberturas en los afloramientos inmediatos de la misma capa. Las concesiones se beneficiaban por el sistema de las minas de montaña, realizando socavones o galerías transversales para acceder a las capas y arrancar el mineral con labores a testero o combinadas con bancos.

La Sociedad Carbonifera de Matallana se constituyó en Bilbao el 6 de marzo de 1889 con un capital nominal de 2.000.000 de pesetas. La Sociedad adquirió sus minas a Manuel García Viñuela y José María Gurtubay. 

El nacimiento de la Sociedad Carbonífera de Matallana se produjo a la par que el del Ferrocarril de La Robla. Además algunos de los socios fundadores de este último lo fueron también de la Sociedad Carbonífera. El 18 de abril de 1890 se firmó, ante el notario de Bilbao, D. Félix de Uríbarri, la escritura de bases de constitución de la Compañía del Ferrocarril hullero de La Robla a Valmaseda. Los fundadores de la compañía, siguiendo el orden en que aparecen en la escritura de constitución, fueron los siguientes: D. Cirilo Mª de Ustara e Isla; D. Epifanio de la Gándara y González de Piélago; D. Fernando Fernández de Velasco y Pérez de Soñanes; D. Juan de Gurtubay y Meaza; D. Luis de Salazar y Zubía; D. Manuel de Orbe e Ipiña; D. Francisco de Arratia y Uribe; D. Santos López de Letona y Apoita; D. Victoriano de Zabalinchaurreta y Goitia; D. Paulino de la Sota y Ortiz; D. Enrique de Aresti y Torre; D. Andrés de Isasi y Zulueta, Marqués de Barambio; D. Manuel Ortiz y Sáinz; y D. José Antonio de Errazquin y Astigarraga.

En diciembre de 1891 Facundo Martínez Mercadillo, apoderado de Félix Murga, registró la mina de carbón Fermín de 6 pertenencias en Llombera y las demasías de 6 pertenencias de la mina de hulla Esperanzita, de 20 pertenencias de la mina Paquito, y demasía a la mina Segundo, en Orzonaga, y Ángel Merino la ampliación de 40 pertenencias en la mina de carbón Victoria en Vegacervera. 





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