miércoles, 10 de febrero de 2021

OLAS DE AIRE FRÍO Y TEMPORALES DE NIEVE

OLAS DE AIRE FRÍO Y TEMPORALES DE NIEVE EN CASTELLÓN

Fernando Ginés Llorens

Siglos XV-XVIII

Desde finales de la Edad Media hasta mitad del siglo XIX, el clima del planeta experimentó un largo enfriamiento que los especialistas en la materia denominan la Pequeña Edad de Hielo (PEH). Font Tullot (1988) califica este cambio climático como uno de los más notables de los últimos 2.500 años de vida del periodo Subatlántico.

Previamente a este episodio, entre los siglos VIII y XIV-XV, se había disfrutado de un episodio de temperaturas suaves denominado Optimo Climático Medieval.

La PEH fue una época en la que los londinenses podían patinar y hacer ferias sobre el río Támesis, en la que el río Ebro se helaba en su desembocadura, y en la que los glaciares de los Alpes y Escandinavia crecieron de forma apreciable. En el interior de la provincia de Castellón durante dicho periodo se construyeron las denominadas neveras, edificaciones relacionadas con el almacenamiento y comercialización del hielo y la nieve (Quereda Sala, 2001). Sin embargo, no todos los años que duró este periodo fueron uniformemente fríos, ya que a decenios muy fríos les siguieron otros de recuperación térmica. En general, el clima se hizo más extremo, durante largos periodos de tiempo la circulación atmosférica del oeste se debilitó lo que permitió la entrada de masas de aire muy frío y seco de origen continental que producían un descenso acusado y constante de las temperaturas durante semanas o incluso meses.

Autobús en la sierra de Aitana en enero de 1980.

A continuación se describen las situaciones más rigurosas padecidas durante aquellos años:

Diciembre 1442. Primera helada del Ebro de la que se tiene noticia, como consecuencia de una intensa ola de frío del NE. Grandes témpanos de hielo arrastrados por la corriente hicieron que el puente de barcas en Tortosa quedase arrasado. Según los datos de que se disponen el río se habría helado completamente la víspera de Santa Lucía. Además, Balbás nos relata que el vino se congeló en las bodegas.

Enero 1447. Se heló el río Ebro entre el 1 y el 11 de enero. Tuvo que ser una de las más intensas heladas que haya padecido el río, ya que, según Bayerri Bertomeu, “se formó una capa de hielo tan recia, que por frente de la iglesia de Santiago, el bajo pueblo se divertía pasando a pie desde una a otra orilla “.

Año 1503. Se hiela el Ebro una vez más, y según relata Fontana Tarrats, en su libro Historia del Clima de Cataluña, se cruzaba el río andando sobre el hielo.

Diciembre 1506. El 12 de diciembre se hiela el río Ebro y parece ser que fue de tal intensidad que, de acuerdo con Bayerri Bertomeu, “se dio el caso de atravesarse el río montado un hombre sobre una mula, sin que cediera el gélido pavimento”. Algunas fuentes sitúan esta helada en el mes de enero.

Enero 1543. El 18 de enero cae un palmo de nieve en la ciudad de Valencia.

Invierno 1572-1573. El Ebro se hiela en medio de uno de los inviernos más fríos del siglo XVI. El río comenzó a helarse el día 20 de diciembre de 1572 permaneciendo helado hasta la segunda decena del mes de enero, siendo una de las heladas más duraderas e intensas de las que se tiene constancia. Según Font Tullot todo el país estuvo azotado por sucesivas oleadas de frío continental de una crudeza inusitada, siendo afectada especialmente la vertiente mediterránea. En Cataluña, los cronistas de la época nos relatan que el frío mató a muchos animales y heló el vino y los huevos. Hacia finales del año 1572, el día 29, se produjo una intensa nevada en Alicante.

Invierno 1580-1581. Durante este invierno hubo, según Francisco Martorell, una nueva helada del Ebro. En su obra de 1626, menciona varias heladas del río, como las de 1506, 1573 y 1590.

Enero 1590. El Ebro vuelve a helarse a su paso por Tortosa. Fontana Tarrats indica que las nevadas y el frío llegaron a rincones insospechados de la Península.

Febrero 1592. El día 23 hubo una gran nevada en la ciudad de Valencia.

Diciembre 1594. El día 22 se registró una intensa nevada en Valencia.

Febrero 1600. El día 3 nevó en Valencia.

Febrero 1603. El día 4 nevó en Valencia.

Invierno 1623-1624. Fue un invierno especialmente crudo. Como consecuencia de los fríos continentales, el día 30 de diciembre el Ebro se heló a la altura de Tortosa, lo que provocó la destrucción del puente de barcas que lo cruzaba. A finales de enero de 1624 se recrudeció la situación, una entrada de frío siberiano hizo que se helase el Turia el día 30 y que cayese una copiosa nevada el día 31 sobre la ciudad de Valencia. Las nevadas continuaron durante el mes de febrero por todo el arco mediterráneo, desde Cataluña hasta Alicante y Murcia. El día 1 de febrero se registró una nevada general en Cataluña y el interior de Castellón, produciéndose incluso muertes por hipotermia. En los días posteriores el hambre se extendió al no poder llegar suministros por encontrarse los caminos intransitables.

Primavera 1643. El día 29 abril, según narra mosén Vicente Torralba en sus memorias, se acumuló un palmo de nieve en la ciudad de Valencia. El mismo cronista nos relata que el día 8 de mayo volvió a nevar.

Enero 1648-1649. Parece que hubo una nueva helada del Ebro que se habría producido en enero de 1649, no se dispone sin embargo de fechas exactas.

Enero 1656. Intensa nevada en el interior de la provincia de Castellón. En Castellfort la nevada duró cinco días y acumuló cinco palmos de espesor.

Enero 1684. Se registra la primera nevada documentada de Castellón. 

Enero de 1694. El día 11, en uno de los inviernos más crudos del siglo XVII, se volvió a helar el Ebro El espesor del hielo en Tortosa alcanzó los tres metros según Bayerri Bertomeu, por lo que parece tratarse de la mayor de todas las heladas documentadas. Esta situación se mantuvo al menos durante tres días seguidos, bajando témpanos de hielo por el río durante los quince días siguientes. Los fríos duraron hasta bien entrada la primavera.

Invierno 1708-1709. Invierno muy severo, de características similares a las de los más crudos de la PEH y especialmente durante el mes de enero cuando llegó a helarse el río Ebro en Tortosa. Según el relato de Balbás fue un invierno terrible, “las raíces se helaron en el interior de la tierra. Los árboles más corpulentos estallaban con un ruido súbito e impetuoso como el de un formidable cañonazo o un gran trueno. El hambre fue espantosa….”

Invierno 1712-1713. Invierno muy frío y, en general, extremadamente seco debido al constante bloqueo de la circulación zonal, lo que habría permitido la entrada de vientos muy fríos de origen siberiano, siendo lo más destacado la helada del río Ebro a su paso por Tortosa, aunque según las crónicas no habría sido tan intensa como las de años anteriores.

Inviernos de 1739-40 y 1754-55. El primero se dejó sentir especialmente en la Europa continental con una severidad pocas veces repetida. Así, Balbás en su libro nos describe que en Londres se repiten ”lo de las fiestas sobre el Támesis”. En los dos casos y según las crónicas de Enrique Bayerri, el Ebro no llegó a helarse completamente, aunque los hielos rondaron su cauce durante varios días.

Enero 1766. Se produce una nueva helada del Ebro, debiendo ser un invierno muy severo en toda la Península. El historiador Enrique Bayerri nos relata que “en el año 1765 fueron muy grandes y furiosos los fríos que en todas partes se padecieron; se heló el río Ebro y prosiguieron los fríos y hielos hasta el marzo del año siguiente, de 1766; quedó el tema como el año de los fríos y hielos”. Durante aquel invierno se produjeron constantes entradas de aire frío polar continental que mantuvo un régimen de heladas permanente sobre toda la Península.

Enero 1784. Fue un invierno muy frío, especialmente durante el mes de enero. Las heladas fueron tan extensas y persistentes que produjeron una nueva helada del río Ebro hacia finales de este mes, sin embargo, no parece que su intensidad fuese comparable a las heladas anteriores.

Invierno 1788-1789. Seguramente uno de los inviernos más crudos de todo el siglo XVIII; se registró una intensa ola de frío del NE en el mes de diciembre de 1788 que mantuvo helado el río Ebro durante dos semanas a su paso por Tortosa, siendo una de las heladas más intensas que se recuerdan, comparable a las de 1624 y 1694. Según Balbás fue un “invierno horriblemente frío. Las heladas duraron dos meses (diciembre y enero). Se helaron todos los ríos” … “Los pobres sucumbían ateridos de frío y de hambre.”

Continuando con las descripciones de Balbás el día 25 de diciembre hubo un “espantoso huracán y gran frio. El viento derribó en Castellón varias casas y parte del convento de San Francisco. Se heló la acequia mayor y una gran balsa que había en la plaza del Ravalet, encima de la cual iban carros cargados sin romper el hielo.”

Diciembre de 1796. El día 28 Balbás nos informa de que se registra” una extraordinaria nevada en Castellón y en todo el Maestrazgo. Grandes fríos.”

Siglo XIX

El siglo XIX se caracterizó por una sucesión de fases frías y cálidas bien marcadas (Font Tullot, 1988). La recuperación térmica que, al igual que en el resto de Europa, se inició en la Península hacia finales del siglo XVIII, se mantuvo hasta el final de la tercera década del siglo. El año 1829 marcó el cambio hacia una nueva fase, en la que se alternaron las olas de frío polar invernales y las olas de calor estivales. A partir de los años cincuenta comenzó una fase más benigna que duró hasta principios de los años ochenta. La explosión del Krakatoa, sucedida en 1883, fue probablemente la responsable del nuevo enfriamiento ocurrido a partir de esas fechas y que, en sus máximos, devolvió el clima a un escenario típico de la PEH. El invierno de 1894-1895 marcó un punto de inflexión en esta fase fría con una recuperación clara de las temperaturas que fue más apreciable durante el siglo siguiente.

Como puede observarse en la figura 10, las medidas de temperatura, que comenzaron a realizarse en el Instituto Provincial de Castellón a partir de 1880, registraron la última fase fría del siglo XIX. Los mínimos absolutos anuales no fueron extraordinariamente bajos hasta finales de 1883 pero, a partir de dicho año y con la excepción de 1886, se midieron valores próximos o inferiores a -3,0ºC, destacando los -10,4ºC medidos en enero de 1891.

Las situaciones más destacables del siglo XIX fueron las siguientes:

Enero 1810. Balbás nos documenta una nevada ocurrida el día 22. “Gran nevada. En Castellón estuvo nevando desde las 8 de la noche hasta las dos del siguiente día”.

Diciembre 1822. El mismo cronista relata otra nevada ocurrida el día 19 pero no nos indica si se registró en la capital. “Gran nevada en toda la provincia. En el alto Maestrazgo fue horrorosa”.

Invierno 1829-1830. Durante este invierno se observaron algunos de los elementos típicos de los inviernos más fríos de la PEH, entre otros, la congelación del río Ebro. La entrada de aire frío siberiano comenzó a mediados del mes de diciembre de 1829 para intensificarse a partir del día de Navidad, arreciando el frío de tal manera que el Ebro amaneció helado el día 31 de diciembre, manteniéndose así al menos durante una semana.

El frío, extremo en todo el país, fue especialmente intenso en el arco mediterráneo. En Tarragona las temperaturas descendieron hasta -7ºC, helándose las orillas del mar. En Barcelona nevó el día de Navidad y volvió a hacerlo con intensidad el día 1 de febrero de 1830, cuando se inició una nueva ola de frío continental. En Valencia se heló la albufera, mientras que, en Castellón, Balbás nos comenta que la acequia mayor se heló, hecho que no volvió a suceder hasta 1891.

Enero 1842. El día 5, según nos relata Balbás se produce una “formidable nevada en Castellón y todos los pueblos del llano”. También nevó en Valencia.

Febrero 1860. Se produce la entrada de una gran ola de frío con importantes nevadas en el Cantábrico. El temporal se extendió a otras partes del país, registrándose una nevada muy intensa el día 23 de febrero en Orihuela y su comarca. También nevó en Valencia, pero no tenemos constancia de que lo hiciera en Castellón.

Invierno 1870-1871. Durante este invierno se produce una de históricas olas de frío del siglo XIX, siendo uno de los inviernos más fríos del siglo. La península Ibérica se vio invadida por masas de aire continental, muy frías, durante buena parte de los meses de diciembre y enero, registrándose algunas de las temperaturas más bajas en los antiguos observatorios de institutos y universidades. Según nos ilustra Enrique Bayerri, la nevada caída el 28 de diciembre dejó sobre Tortosa una capa de 20 cm de espesor. Al día siguiente, el día 29, en Valencia se registró una nevada, así como en Alicante, pero no hay constancia de que lo hiciera en la ciudad de Castellón.

Diciembre de 1883. Balbás nos documenta los días 7 y 8, una “gran nevada en toda la provincia. En Castellón empezó a nevar a las once de la noche, apareciendo al día siguiente un palmo de nieve en las calles y tejados, causando gran sorpresa y regocijo, en especial a la gente joven, pues no había nevado desde el año 1842”.

Enero de 1885. Se produjo un temporal de frío y nieve que, conjuntamente con la posterior ola de frío siberiano del invierno de 1890-91, supuso la entrada de aire frío más intensa y general que padeció la Península durante el último cuarto del siglo XIX. El día 14 nevó en la mayor parte del país, alcanzado este fenómeno las costas mediterráneas. Al día siguiente se mantuvieron las nevadas siendo más intensas en el norte y algo más moderadas en el este y el sur. El ambiente se tornó progresivamente más frío, sobre todo a partir del día 15, lo que causó la congelación total de muchos ríos de la meseta norte y de otras regiones peninsulares. Siguió nevando los días 17, 18 y 19 en muchos puntos de España. Posteriormente, el temporal dio muestras de agotamiento y, a partir del inicio de la tercera decena de enero, comenzó una recuperación rápida de las temperaturas acompañada por el cambio de los vientos a componente oeste.

El episodio se inició el día 12 con una advección de aire polar marítimo que derivó, rápidamente, a una de aire polar continental, primero, del subtipo seco y, posteriormente, del subtipo húmedo. Los días 14 y 15 nevó en la capital de la Plana. Este último día también nevó en Valencia, donde se acumuló un espesor de 12 cm y la mínima fue de - 7ºC. Al día siguiente, el 16 enero, se registraron -5,8ºC en Castellón. El día 17, las nevadas retornaron a ambas capitales, acumulándose en las calles de Valencia un espesor de 25 cm, con una mínima de -6ºC. La intensidad del temporal y de los fríos fue de tal magnitud que no es de extrañar que la nieve se conservara en las calles de la capital del Turia durante siete días, como así nos relatan los cronistas de la época.

Invierno 1890-1891. Este invierno merece ser recordado por lo extremadamente frío y seco que fue, en general, en todo el país. Un régimen prácticamente constante de vientos del noreste, desde mediados de octubre de 1890 hasta la primavera de 1891, provocó la llegada casi continua de masas de aire muy frío y seco a la península Ibérica, con un tiempo gélido y precipitaciones escasas salvo en algunas zonas del norte, como las costas cantábricas. Esta sucesión de olas de frío continental dejó mínimas absolutas aún no superadas, como la del Observatorio Astronómico de Madrid con -12,5ºC, el 29 de noviembre de 1890. A mitad de enero, el frío llegó a ser tan intenso que se produjo la última helada del río Ebro a su paso por Tortosa. Enrique Bayerri nos relata en su obra que “el 18 de enero de 1891 aparecieron heladas las aguas del río Ebro, a casi todo lo largo del frente de Tortosa, con una temperatura de 9,5ºC grados bajo cero, una de las mayores, si no la mayor, de que se tiene aquí noticia”. Esta última helada duró un par de días, pero parece ser que no fue tan potente como las de los siglos anteriores ni por su duración ni por su intensidad, ya que el hielo no tuvo el espesor ni la firmeza de otras veces. Evidentemente no sólo se heló el Ebro sino todos los ríos de la meseta, tal como había sucedido en el invierno 1884-1885.

Las heladas de este invierno, ocurridas desde finales de noviembre de 1890 hasta finales de enero de 1891, fueron consecuencia de una serie de entradas de aire frío continental seco que apenas aportaron precipitaciones a la vertiente mediterránea. En Castellón, según nos relata Balbás, “el 29 de noviembre de 1890 el termómetro ya bajó a -5,4ºC, durando muchos días el frío. El año 1890 acabó con frío y nieves y el 1891 empezó con una ligera lluvia que se convirtió en un fuerte nevasco hacia el día de Reyes, apareciendo completamente nevadas todas las montañas”. Continuando con el relató de Balbás “el 18 de enero la mínima registrada en Castellón fue de -10,4ºC. Todo el día se mantuvo bajo cero. Se heló parte de la cosecha de la naranja, así como también los algarrobos y las verduras. Aparecieron heladas todas las acequias de la huerta y la acequia mayor, el río Mijares y el Ebro, observándose además en el grao un hecho rarísimo que causó la admiración de todos los que lo presenciaron: las olas del mar, al llegar a la playa quedaban congeladas, formándose una inmensa faja de hielo a orillas del Mediterráneo. La temperatura siguió muy baja los días sucesivos. En Morella el termómetro llego a -20ºC según nos lo han asegurado personas dignas de crédito”. En el observatorio de la Universidad de Valencia el día 18 se registraron -8.0ºC, mínima absoluta registrada en la capital desde el inicio de las mediciones en 1869. Balbás acaba el relato de este invierno comentando que “cerramos estos apuntes en la segunda quincena de febrero con un cielo siempre sereno …; pero bajando aún todas las noches el termómetro a 2 y 3 bajo cero”.

Siglo XX

El siglo XX se caracterizó por un aumento apreciable de las temperaturas y de la variabilidad climática, sobre todo a partir de su segunda mitad. Se estima que la temperatura ambiental del planeta subió, en promedio, unos 0,8ºC, de 13,6ºC a 14,4ºC.

Sin embargo, la tendencia a lo largo del siglo no fue uniforme, ni en el tiempo ni en el espacio. La integración de los registros de temperatura de más de trescientas estaciones en todo el hemisferio norte ha permitido establecer tres fases en la secuencia climática del pasado siglo (Quereda Sala, 2001). En la primera mitad, hasta casi finales de los años cuarenta, se produjo un intenso calentamiento de unos 0,4-0,7ºC. A este calentamiento siguió un ligero enfriamiento o palier que acabó a mitad de los años setenta. Durante la última fase, hasta finales de siglo, se produjo un nuevo calentamiento que en algunos observatorios del Mediterráneo occidental superó los 0,7ºC.

Los episodios fríos y las nevadas más destacables fueron los siguientes:

Febrero de 1902 y 1907. Durante los febreros de 1902 y 1907 se produjeron sendas entradas de aire polar continental seco. No disponemos de registros meteorológicos de la ciudad de Castellón, pero si del observatorio de la universidad de Valencia, pudiéndose destacar los -2,7ºC y -2,0ºC medidos en febrero de 1902 y 1907, respectivamente.

Enero de 1914. De este mes destacaron, no tanto las temperaturas mínimas registradas en toda España, en cualquier caso muy bajas, sino, especialmente, las temperaturas medias que, junto con las registradas en 1945, resultan ser las más bajas del siglo XX para un mes de enero en la Península. El frío comenzó a principios de año y no remitió hasta finales de mes, manteniéndose un régimen general de heladas y bajas temperaturas.

Durante este mes se produjeron dos advecciones de aire polar continental, casi seguidas, del tipo 2 seco, con algunas derivaciones al subtipo húmedo. La primera pulsación comenzó el 31 de diciembre de 1913 y se prolongó hasta la víspera de Reyes. El día 2 se registró una ligera nevada en la capital del Turia que llegó a cuajar, midiéndose una temperatura mínima de -2ºC. A partir de 13 de enero, una segunda invasión de aire siberiano produjo un recrudecimiento del frío y nevadas generalizadas que alcanzaron de nuevo las costas mediterráneas. A finales de este episodio, el día 22, nevó en la ciudad de Alicante, fenómeno que no se veía desde 1887. No se tiene constancia de que nevara en Castellón durante esas fechas. El observatorio de la universidad de Valencia registró una mínima mensual de -3,8ºC mientras que en la ciudad de Castellón las mínimas no fueron tan rigurosas y no bajaron de -0,5ºC. De los registros de la provincia de Castellón, destacan los -14ºC registrados en Sant Joan del Penyagolosa (Vistabella).

Invierno 1917-1918. La ola de frío registrada durante este invierno es una de las de mayor rigor de toda la pasada centuria. Se produjeron nevadas intensas y muy generalizadas y, en muchos puntos del interior peninsular, las temperaturas bajaron de -20ºC, congelándose la mayor parte de los ríos castellanos. Especialmente intensos fueron los fríos del día de Nochevieja y Año Nuevo, días en los que se registraron la mayoría de las mínimas absolutas de este temporal de frío.

El episodio comenzó como una advección de aire polar del tipo 2 seco que evolucionó, a finales de diciembre, a una situación del tipo 2 húmedo. El 29 de diciembre se registró en la universidad de Valencia una mínima de -2,0ºC, e idéntica temperatura se midió en la ciudad de Castellón el 31 de diciembre. En Valencia, el día 30 de diciembre, se registró una nevada que acumuló una capa de 4 cm. En la capital de la Plana también nevó, pero desconocemos el espesor que se acumuló.

Diciembre 1920. Durante este mes se registró una corta pero intensa ola de frío que fue originada por una advección polar continental del tipo húmedo, posiblemente reforzada, a posteriori, por una situación del tipo 3. Aunque se desconoce si nevó en la ciudad de Castellón, sí que lo hizo en numerosas zonas de la vertiente mediterránea. El día 19 se registró en la capital una mínima de -5,0ºC, lo que supone la efeméride para un mes de diciembre, y al día siguiente se midieron -4,6ºC. Destacan también los -3ºC registrados en la capital del Turia el día 19.

Año 1926. A finales de 1925 y principios de 1926 se registraron heladas que, de acuerdo con Font Tullot, fueron de radiación. En Castellón no fueron de gran intensidad, ya que las temperaturas mínimas apenas bajaron de los 0ºC. De ese año, lo más reseñable fue el episodio de diciembre de 1926, la denominada neva grossa, que fue seguramente la mayor nevada ocurrida en el levante español en los últimos doscientos años, y que se registró, entre la Nochebuena y el día 27, en amplias zonas de Alicante y Murcia.

El episodio se inició el día 23 con una irrupción de aire polar continental del tipo seco que derivó rápidamente a una del tipo húmedo los días 25-27, con la formación de una depresión muy fría sobre el sudeste peninsular que provocó un fuerte temporal de levante acompañado de lluvias de elevada intensidad horaria, especialmente, en el sur de la Comunidad. Destacan, sobre todo, los 210 cm de nieve acumulados en el Santuario de la Virgen de los Lirios en la Font Roja, aunque en algunas zonas de la sierra de Aitana, bien expuestas a los vientos de levante, pudo ser netamente superior. En otros puntos del litoral valenciano y del archipiélago balear fue más destacable la intensidad de la lluvia y la violencia del viento, aunque también nevó de forma abundante en poblaciones del interior castellonense, destacando los 50 cm de espesor de nieve registrados en el municipio de Benassal. Como datos de temperatura extremos se pueden mencionar los –7ºC de Alcoy y -1ºC en Valencia; desafortunadamente, no se dispone de registros meteorológicos de la ciudad de Castellón para esas fechas.

Febrero 1932. A partir de la segunda semana de este mes, se sufrió una ola de frío de aire polar marítimo, que destacó, más que por las temperaturas mínimas registradas, - 0,2ºC en la ciudad de Castellón el día 16, por su persistencia, ya que finalizó a comienzos del mes siguiente.

Enero y diciembre 1933. A finales de enero se produjo una ola de frío continental del tipo 2 húmedo con nevadas que alcanzaron las costas mediterráneas. El día 24 nevó ligeramente en las ciudades de Valencia y Castellón. Las mínimas no fueron excepcionalmente bajas, siendo la mínima mensual en la capital de la Plana de -0,4ºC el día 26.

A mediados de diciembre de este mismo año, se produjo una nueva advección de aire polar continental, reproduciéndose las nevadas de principios de año. En Castellón nevó, pero no tenemos constancia de que llegara a cuajar.

Enero 1935. Durante la segunda mitad de enero se produjo una de las olas de aire frío más intensas de la década. Este episodio estuvo originado por dos advecciones consecutivas; la primera pulsación, menos intensa, de aire polar marítimo, y la segunda, mucho más intensa, de aire polar continental, destacando en la ciudad de Castellón los - 3,2ºC registrados los días 30 y 31.

Años 1938, 1939, 1940 y 1942. Durante el final de la guerra y los primeros años de la postguerra se vivieron inviernos especialmente fríos. Los datos de aquellos años, debido a las circunstancias, son muy limitados, destacando -2,0ºC el 5/01/1938 y el 15/02/1938, -2,3ºC el 27/12/1938, -2,1ºC el 17/02/1939, -2,0 el 24/01/1940 y 26/12/1940, y -2,0ºC el 13/01/1942.

Febrero 1944. A partir de la segunda quincena del mes se produjo una advección de aire frío que fue oscilando entre polar marítima y continental, tanto del subtipo 1 como del 2, y que produjo intensas nevadas en el norte peninsular.

En la ciudad de Castellón, las temperaturas no fueron especialmente bajas, destacando los -0,2ºC registrados el día 21. A partir del día 23, la advección fue húmeda y, aunque no tenemos constancia de que nevara en la capital, el día 24 se registró una ligera precipitación de 1,6 mm, por lo que, con una mínima de 0,3ºC, es muy posible que en la capital de La Plana se observara la caída de copos o aguanieve.

Enero 1945. Como se comentó anteriormente, fue uno de los meses más gélidos del pasado siglo. La constante entrada de frentes fríos de origen polar con largo recorrido marítimo y, por consiguiente, cargados de humedad, provocaron precipitaciones constantes y abundantes en gran parte de la península Ibérica durante la práctica totalidad del mes. A partir del día 8 se registraron nevadas en las dos mesetas, en la cuenca alta y media del Ebro y en Cataluña. El temporal se intensificó los días 13, 14 y 15, y las nevadas llegaron al levante español y Andalucía. La ola de frío afectó de forma especialmente intensa a la capital de España, midiéndose -10,1ºC en el observatorio del Retiro el día 16.

Durante la ola de frío se sucedieron las situaciones del tipo 1 y 2 seco y húmedo. Los días 13 y 14 nevó en las tres capitales valencianas, registrándose en Castellón una mínima absoluta de -1,6ºC.

Enero y diciembre 1946. A mediados de enero, se produjo una irrupción de aire polar con temperaturas muy bajas en toda la Península y nevadas en el Mediterráneo.

El episodio comenzó el día 16 como una advección de aire polar del tipo 2 seco que derivó, rápidamente, al subtipo húmedo, provocando en Valencia y, especialmente, en la zona costera castellonense nevadas muy intensas. El día 16 precipitaron en Valencia 5,8 mm en forma sólida, unos 5 cm de espesor de nieve, mientras que, entre los días 16 y 17, se registró en la capital de La Plana la mayor nevada del pasado siglo, acumulándose espesores de 25 cm, que en algunas zonas alcanzaron el medio metro. Las temperaturas más bajas se registraron con posterioridad al temporal de nieve debido a una transición al tipo 3, en la que la gran cantidad de nieve acumulada favoreció la irradiación nocturna.

El día 17 el termómetro bajó en Valencia hasta los -6,5ºC mientras que al día siguiente se registraron en Castellón -5,4ºC.

La segunda ola de frío, a finales de año, fue de origen continental y afectó con mayor intensidad a Valencia. El día 17 de diciembre se registró en esta capital una temperatura de -1,4ºC mientras que en Castellón no bajó de los cero grados. El día 18, precipitaron en Valencia 15,8 mm en forma de nieve y lluvia y otros 11,1 mm el día 21. No se tiene constancia de que nevara en la ciudad de Castellón, pero es posible que cayera aguanieve en el centro urbano o sus alrededores el día 18, cuando el observatorio de la capital registró una precipitación de 5,0mm.

Febrero 1954. A principios de este mes una masa de aire frío de origen polar continental se canalizó hacia la Península generando un descenso acusado de las temperaturas y nevadas generalizadas en casi todo el territorio peninsular y Baleares. Las nevadas fueron especialmente intensas en la Cornisa Cantábrica, pero, las más reseñables, debido a su excepcionalidad, fueron las que se registraron, los días 3 y 4, en amplias zonas del sur y este peninsular.

El episodio comenzó el día 1 de febrero con una invasión de aire polar continental del tipo 2 seco que, rápidamente, derivó a una situación del tipo 2 húmedo. Las mínimas en la capital de la Plana estuvieron durante 6 días por debajo de los cero grados, destacando el día 2 de febrero con -3,2ºC. Durante este mes se registró la temperatura mínima más baja de la que se tiene constancia en la provincia de Castellón, -22 °C en Castellfort. El día 4, la advección de aire húmedo del Mediterráneo favoreció la aparición de nevadas en cotas muy bajas. En Castellón, fue la última vez que este meteoro cubrió sus calles de forma apreciable, con una precipitación de 11,6 mm y una mínima de -1ºC. En algunas zonas del área metropolitana de Valencia, la nieve también llegó a cuajar.

Febrero 1956. Durante la práctica totalidad del mes España sufrió la invasión de aire frío polar continental de procedencia siberiana más larga e intensa del siglo XX. Un potente anticiclón situado entre el archipiélago británico e Islandia, conjuntamente con una borrasca en el golfo de Génova, canalizaron aire polar extraordinariamente frío que afectó, especialmente, al este de la Península. Nevó copiosamente en el tercio norte, pero poco en el centro, este y sur. A partir del día 19 una masa atlántica húmeda penetró por el suroeste y, al colisionar con la masa fría que se encontraba todavía sobre la Península, provocó intensas nevadas en lugares tan variados como la sierra madrileña, el norte de Cáceres y el interior castellonense (50 mm en Morella la Vella). En numerosos observatorios de la Península las temperaturas medias fueron de 4 a 5 grados más bajas de lo habitual por lo que este mes es considerado el mes más gélido del siglo pasado. El día 2, en el Estany de Gento (Lleida) se midió la temperatura mínima absoluta más baja de España desde que hay registros, -32ºC5.

La invasión de aire polar continental se desarrolló en tres oleadas. La primera inició su penetración en la península entre los días 1 y 2 de febrero, con una irrupción de aire muy marcada del tipo 2 seco que duró unos cinco días. La segunda comenzó entre los días 8 y 9 de febrero y también se debió a una irrupción polar del tipo 2 seco, duró unos seis días y fue la más intensa. La tercera, menos intensa y precisa que las anteriores, se desarrolló entre los días 17 y 22 del citado mes.

En la mayoría de los observatorios del litoral de la Comunidad Valenciana los valores mínimos fueron inferiores a -5ºC, y tan sólo en la zona costera de la mitad sur de la provincia de Alicante la mínima del día 12 osciló entre -4ºC y -5ºC. En los observatorios de las tres capitales las mínimas registradas supusieron las efemérides, con -7.3ºC en Castellón y -7.2ºC en Valencia, el día 11, y -4.6ºC en Alicante, el día 12. Durante aquellos días, en el interior de Castellón se registraron -19ºC en Sant Joan de Penyagolosa, -17ºC en Castellfort, -15ºC en Morella y -8ºC en Benicarló.

La invasión de 1956 no solo destaca por los récords mencionados sino por la extraordinaria circunstancia de que en muchas poblaciones valencianas durante ese mes heló más de 15 o 20 días, lo que resultó catastrófico para la agricultura. El aire seco y glacial y los cielos despejados se aliaron para favorecer heladas que no se han vuelto a repetir. El meteoro protagonista de aquellos días fueron las llamadas heladas negras que arrasaron miles de hectáreas de cítricos. Estas heladas también afectaron a árboles más resistentes como algarrobos, olivos e, incluso, a las frondosas del interior montañoso.

Enero 1960. Durante la segunda decena de este mes se produjo una invasión de aire frío polar. La nieve se presentó tanto a las costas cantábricas como en las mediterráneas.

El día 11 de enero gran parte de la Comunidad Valenciana quedó cubierta por un manto blanco que llegó en muchos puntos hasta la orilla del mar. Las nevadas fueron causadas por una advección de aire continental del tipo 2 húmedo. En la ciudad de Valencia, con una precipitación de 28,8 mm y una mínima de cero grados, se acumuló un espesor de nieve de unos 10 cm. Esta fue la última vez que se pudo observar este meteoro, de forma apreciable, en la capital de Turia. En Castellón, por el contrario, la mayor parte de los 13,8 mm, registrados durante ese mismo día, precipitaron en forma líquida; a primera hora de la tarde, con una temperatura de -3,1ºC, se vieron caer copos durante un par de horas, formándose una finísima capa helada sobre las calles y aceras que la lluvia deshizo posteriormente.

Diciembre 1962. A finales de este mes se produjo una entrada de aire polar continental, que originó nevadas excepcionales en Barcelona los días de Nochebuena y Navidad, llegando en muchas zonas a superarse ampliamente el medio metro de espesor.

Las nevadas de Cataluña fueron causadas por una invasión continental del tipo 2 húmedo.

En la Comunidad Valenciana la invasión resultó ser del subtipo seco, lo que impidió la aparición de precipitaciones. En la ciudad de Castellón las temperaturas fueron muy bajas los días 25, -2,7ºC, y 26, -2,0ºC, pero sin precipitaciones. Otras mínimas destacables, registradas el día 25, fueron, -7,0ºC, en Onda y -10,0ºC en Sant Mateu. Al día siguiente, el día 26, en Borriana se registraron -3,0ºC.

Diciembre 1963. Durante este mes un temporal de nieve afectó a buena parte de la Península. Aunque no puede considerarse una invasión polar típica, como la de febrero de 1956, el día 17 la temperatura en Calamocha bajó hasta los -30° C, un registro récord para una estación de la red española si consideramos que el observatorio de Estany Gento es de alta montaña.

Los fríos más intensos fueron consecuencia de una situación del tipo 3, en la que fue determinante la fuerte irradiación que siguió a las nevadas. En la ciudad de Castellón las temperaturas no fueron excepcionalmente bajas, aunque el día 17 se registró una mínima destacable de -1,3ºC. En el interior de la provincia las temperaturas fueron mucho más rigurosas, destacando los -17,0ºC de Vistabella.

Invierno 1970-1971. Durante ese invierno, desde aproximadamente el día de Nochebuena hasta el 5 de enero, se padeció una de las invasiones de aire polar más intensas del siglo XX. El temporal destacó tanto por las intensas nevadas registradas como por el frío padecido, especialmente en el interior de la Península. En algunos lugares de las dos mesetas y de Aragón se registraron temperaturas mínimas récord, como fue el caso de Monreal del Campo (Teruel) con -28,0ºC y Ávila con -27,6ºC.

La invasión se desarrolló en dos oleadas sucesivas de aire frío. La primera advección fue continental del tipo 2 subtipo seco, se inició el día 24 de diciembre y finalizó el día 26 con una entrada de aire mucho más húmedo de procedencia mediterránea que causó lluvias y nevadas generalizadas. La segunda ola de frío, más intensa, comenzó el día 31 como una situación del tipo 1, derivando posteriormente a una del tipo 2 subtipo seco.

Las heladas fueron severas, incluso a nivel del mar, en toda la Comunidad Valenciana, destacando las mínimas registradas en Castellón el día de Navidad y el 3 de enero, con - 1,4ºC y -1,8ºC, respectivamente. En muchas zonas de las provincias de Castellón y Valencia las temperaturas fueron mucho más rigurosas, destacando las siguientes: el 24 de diciembre en Atzeneta -8,0ºC; el 1 de enero en Vistabella y Betxi, -15,0ºC y -3,0ºC, respectivamente; finalmente, el 3 de enero -19ºC y -5,0ºC, en Utiel y La Vall d’uixó, respectivamente. Durante los días que se produjo la oleada tipo 2 subtipo húmeda, del 26 al 29 de diciembre, no nevó en las capitales de la Comunidad Valenciana, pero si lo hizo en las sierras próximas a la costa, como en los montes Picayo y Garbí o en el Desierto de las Palmas, los cuales quedaron cubiertos de una apreciable capa de nieve que se mantuvo durante varios días.

Enero 1980. Durante los días 12 y 13 de enero se vivió una situación similar a la neva grossa de Nochebuena de 1926, con nevadas que superaron, en algunas poblaciones de Alicante, como Alcoy, el medio metro. Nuevamente, una irrupción en altura de aire muy frío de aire polar continental y una advección intensa de aire húmedo en superficie favoreció estas extraordinarias nevadas.

A pesar de la intensa entrada de frío en la capas medias y altas de la atmosfera, las temperaturas superficiales en la zona costera no fueron tan bajas como en anteriores irrupciones de aire polar continental del subtipo húmedo, por lo que la nieve no cuajó en la capital de La Plana, pero si lo hizo en zonas muy próximas a la costa. En el observatorio oficial, la noche del día 13 se registró una mínima de 1ºC y, los casi 40 mm precipitados, dejaron en el Desierto de las Palmas un manto de nieve de más de un palmo en alturas superiores a los 200-300 m de altura.

Enero de 1981. Este mes se produjo una invasión del tipo 2 húmeda, aunque no fue especialmente intensa. En la capital de La Plana, el día 10 las temperaturas mínimas bajaron hasta 1,8ºC y durante la noche del 10 al 11 nevó a escasos kilómetros del núcleo urbano. En el Desierto de las Palmas se acumuló un espesor de unos 10 cm en sus cotas más altas.

Febrero 1983. Durante este mes se produjo una invasión de aire frío que provocó importantes nevadas en las costas del Cantábrico, en Galicia y en el levante peninsular.

Las temperaturas también fueron muy bajas, aunque no se batió ningún récord. La ola de frío se inició el día 6 con una invasión de aire marítimo ártico que fue derivando a una de aire polar continental seco el día 8 y que dio lugar a un fuerte descenso térmico.

Los días 10 y 11 de este mes, las mínimas registradas en la ciudad de Castellón fueron de -2,0ºC y -2,2ºC. Posteriormente, el día 12, la advección polar pasó a ser del subtipo húmedo, lo que provocó importantes nevadas, siendo, posiblemente, la última vez que ha nevado de forma generalizada y a cota cero en la Comunidad Valenciana, desde Orihuela hasta Benicarló. Ese día se observó la caída de copos tanto en el núcleo urbano de Castellón como en el de Valencia, pero la exigua precipitación registrada impidió que la nieve cuajara. En el Desierto de las Palmas, se acumularon espesores de un par de centímetros de nieve.

Las temperaturas más bajas se registraron el día 14, al virar los vientos a componente norte tras el avance de una depresión desde Alborán, con heladas que llegaron hasta la misma costa. En Castellón se registró una mínima de -1,6ºC, en Morella de -14,0ºC y en Valencia de -3,0ºC. La noche del día 14 al 15, se produjo una nueva irrupción de aire húmedo que estuvo acompañada de lluvias, registrándose en la capital de la Plana 12 mm.

En todas las montañas de alrededor de la capital, por encima de los 100-200 m, la nieve cuajó y en el Desierto de las Palmas, los aproximadamente 25 mm precipitados en forma sólida dejaron una capa de nieve de un palmo de espesor.

Enero 1985. Sin lugar a dudas fue la última gran siberiana del siglo XX y, posiblemente, con la de febrero de 1956 y la del invierno de 1971-72, una de las tres más potentes del siglo pasado. La irrupción comenzó a principios de mes con grandes nevadas en las costas cantábricas, que llegaron los días 5 y 6 a las costas mediterráneas. Tras las nevadas, el tiempo se serenó y las temperaturas bajaron de forma muy apreciable, helando en prácticamente toda España. La irrupción de aire polar continental duró unas dos semanas, siendo las temperaturas especialmente bajas en las dos mesetas, todo el norte, incluida Cataluña, y el levante español. Algunas estaciones del mediterráneo español registraron sus mínimas absolutas históricas, destacando los -13,0ºC de Girona, los -7,5ºC de Murcia y los -6,0ºC de Tarragona.

La invasión de aire frío se inició como una situación de tipo 1 que derivó, posteriormente, a una del tipo 2 seca. La madrugada del día de Reyes comenzó a llover en Castellón y continúo todo el día, recogiéndose unos 12mm. La cota de nieve, que se situó inicialmente en unos 500 m, fue bajando progresivamente hasta alcanzar prácticamente la cota cero, observándose la caída de copos incluso en la misma capital de la Plana. En las cotas más elevadas del Desierto de las Palmas se acumularon unos 10 cm de nieve. Tras el paso del frente frío, comenzó la irrupción de aire polar continental muy frío y seco, que se desarrolló en dos pulsaciones, con una bajada brusca de las temperaturas. Los días siguientes fueron muy fríos, alcanzándose una mínima de -4,0ºC, el 9 de enero, y de - 4,4ºC, el día 16. Las temperaturas en el interior castellonense también fueron extremadamente bajas, destacando los -15ºC de Morella y los -12,0ºC de Vilafranca.

Desgraciadamente, las heladas negras, al igual que ocurrió en febrero de 1956, fueron las grandes protagonistas de este episodio frío, arrasando parte de los cultivos de regadío de todo el litoral Mediterráneo, especialmente los cítricos. La comarca más afectada fue La Plana castellonense.

Abril 1986, febrero 1987 y enero 1992. Durante estas fechas se produjeron nevadas en las sierras costeras próximas a la ciudad de Castellón.

En abril de 1986, los aproximadamente 6-8 mm registrados entre los días 11 y 12, fueron en forma sólida en el Desierto de las Palmas, cuajando la nieve por encima de los 400 m, con un espesor que en las cotas más altas llegó a alcanzar los 5 cm; pero, sin lugar a dudas, lo más extraordinario del fenómeno fueron las fechas en las que se produjo.

Menos de un año después, el 18 de febrero de 1987, se produjo otra nevada en las montañas próximas a la capital. La temperatura mínima registrada ese día en el observatorio de Almassora fue de 2,4ºC y los 6-10 mm precipitados dejaron una capa de nieve de unos 10 cm por encima de los 400 m. Los copos se dejaron ver en localidades tan próximas a Castellón como Borriol y Benicàssim.

El 23 de enero 1992, nevó en numerosos puntos de la Comunidad Valenciana. En la capital de la Plana la temperatura mínima fue de 1,4ºC y precipitaron unos 9 mm, la mayor parte en forma de aguanieve. En las montañas del Desierto se acumularon, por encima de los 100-200 m, espesores de unos 10 cm.

Invierno 1996-1997. Desde finales de 1996 hasta casi la mitad del mes de enero se produjo una invasión de aire frío polar siberiano en todo el centro y oeste de Europa con temperaturas extremadamente bajas. Aunque en la península Ibérica las temperaturas no fueron tan rigurosas, en buena parte del territorio se registraron nevadas importantes por encima de los 500 m entre el 29 de diciembre y el 3 de enero.

Los días 5 y 6 de enero, un embolsamiento de aire frío cruzó la Península, este hecho unido a la entrada de aire muy húmedo del Mediterráneo favoreció la reaparición de las nevadas en la provincia de Castellón, por encima de los 250 m. En poblaciones muy próximas a la capital de la Plana, como la Pobla Tornesa, la nieve cuajó, pero lo más destacable fue la nevada que se registró en el Desierto de las Palmas, donde se pudo acumular, desde principios de año, un espesor de medio metro en sus cotas más altas.

Siglo XXI

El comienzo del siglo XXI se ha caracterizado por una estabilización de las temperaturas medias. En efecto, tras la apreciable subida térmica registrada durante buena parte del siglo pasado, y contradiciendo las proyecciones más alarmistas sobre la rapidez y aceleración del calentamiento, durante la primera década del presente siglo la temperatura media global apenas ha experimentado cambios. Los registros del observatorio de Castellón/Almassora así lo atestiguan, como puede comprobarse en la figura 17. Así pues, aunque desde el año 2000 las temperaturas medias se han mantenido en sus niveles máximos históricos, alrededor de los 18,0ºC, no se ha observado un incremento apreciable7 de las mismas.

Los episodios fríos y las nevadas más destacables que se han producido desde inicios del presente siglo han sido los siguientes:

Diciembre 2001. Durante los días 15 al 18 y del 22 al 23 se produjeron dos oleadas sucesivas de aire polar continental siberiano, no muy intensas, que afectaron a toda la Península y Baleares, pero con especial incidencia a la vertiente mediterránea y a las dos mesetas. La invasión de aire frío, muy seca en Castilla y el Cantábrico, llegó más húmeda al este peninsular y, especialmente, a Cataluña, donde las nevadas fueron intensas y llegaron al nivel del mar. Tras las nevadas, el asentamiento del anticiclón, el día 24, estabilizó el tiempo y favoreció descensos térmicos muy acusados por la intensa irradiación y la inversión térmica (situación del tipo 3). Los observatorios más propicios para estas situaciones, como son los situados en el triángulo geográfico formado por Teruel, Calamocha y Molina de Aragón, registraron mínimas por debajo de los -20 °C, siendo remarcables los -25,2ºC registrados en Torremocha del Jiloca.

En la provincia de Castellón, destacaron, no tanto las mínimas como las nevadas registradas a nivel del mar. El 15 de diciembre, la nieve cuajó en las playas de Torreblanca y Peñíscola, fenómeno que no había sucedido desde hacía muchos años. Aunque no de forma tan espectacular, la imagen se repitió en muchos puntos de la costa valenciana, donde se vio nevar junto al mar, pero sin que lograse cuajar. En Vila-real y la capital de La Plana, donde la precipitación fue de 2,1 mm y la mínima de 1,6ºC, se observó la caída de copos. En el Desierto de las Palmas, por encima de los 100 m, se acumuló un manto de nieve de unos 5 cm. La nieve también llegó a cuajar en el área metropolitana de Valencia, en poblaciones como Burjassot y Paterna. El día 23 de diciembre volvió a nevar de forma moderada en el Desierto de las Palmas por encima de los 400 m. Las temperaturas registradas en la capital, más altas que el día 15, impidieron que nevara en cotas bajas por lo que la precipitación, a pesar de ser más significativa, casi 20 mm, fue toda en forma líquida.

Enero, febrero y marzo de 2005. El invierno de 2005 se caracterizó por una sucesión de invasiones de aire frío continental con mínimas récord en algunas zonas del sureste español y Andalucía. El primer episodio, ocurrido a finales de enero, fue del tipo 2 subtipo seco, aunque previamente llegó a tener algo de recorrido marítimo, con algunas nevadas locales. A finales de febrero y principios de marzo se produjo una nueva irrupción de aire frío del tipo 2 húmedo, aunque el sector más frío afectó principalmente al norte de la península Ibérica.

Durante la primera invasión, cuyo máximo se produjo el día 27 de enero, las temperaturas bajaron de los -10ºC en puntos del interior de las tres provincias valencianas, y las heladas llegaron a ser severas en áreas cercanas al litoral. La ciudad de Castellón también sufrió estas frías temperaturas, registrándose -2,0ºC en el observatorio oficial.

En la siguiente invasión de aire frío, que comenzó a finales de febrero, las temperaturas en el interior de la provincia de Castellón volvieron a ser muy rigurosas, destacando Vistabella, el día 1 de marzo, con -12,0ºC. Esta segunda invasión, menos seca que la anterior, estuvo acompañada por ligeras nevadas. El 28 de febrero la nieve alcanzó el litoral castellonense y municipios, como Castellón, Almassora y Vila-real, se vieron sorprendidos por la caída de copos de nieve. Sin embargo, las precipitaciones fueron débiles y no llegaron a cuajar. En el observatorio de Almassora la temperatura mínima fue de 1,7ºC, pero la sensación de frío se vio intensificada por el viento. Al día siguiente, se produjeron nuevamente precipitaciones, registrándose 2,3 mm en la capital y llegándose a acumular en las cumbres más elevadas del Desierto de las Palmas hasta 10 cm de nieve.

Enero de 2006. A finales de este mes se produjo una invasión de aire polar del tipo 2 húmeda, que provocó nevadas entre los días 27 y 30. Las precipitaciones sólidas comenzaron el día 27 por la tarde en cotas superiores a los 500 m y fueron bajando progresivamente. En la madrugada del día 28, se observó la caída de copos por debajo de los 200 metros en poblaciones del litoral como Castellón, Vila-real, Vinarós o Vilavella, si bien no cuajaron, a pesar de las mínimas registradas, 1,0ºC en la capital, debido a la escasa precipitación registrada. En algunas zonas del litoral Valenciano, la precipitación fue algo más apreciable lo que favoreció que la nieve cuajara en lugares tan poco frecuentes como la playa del Perelló, donde hacía muchas décadas que no se veía este fenómeno, o en el Desierto de la Palmas, donde se acumuló un espesor de 5 cm. El día 29 las temperaturas bajaron todavía más, destacando los -0,3ºC registrados en Castellón.

Enero 2010. Durante este mes una nueva situación del tipo 2 húmeda provocó nevadas los días 7 y 8 en muchas localidades valencianas cercanas a la costa.

Los copos de nieve se dejaron ver incluso en las capitales de Valencia y Castellón a primeras horas de la mañana del día 8. La nieve cuajo por encima de los 50-100 m en grandes áreas de Castellón y Valencia, llegándose a acumular hasta 40 cm en Morella. La precipitación en la capital de la Plana fue de unos 20 mm y la temperatura mínima registrada de 1,4ºC. En el Desierto de las Palmas, los más de 50 mm precipitados durante estas dos jornadas acumularon una capa de 25 cm en las cotas más altas.

Enero 2011. Se produjo una situación del tipo 2 seca intensa, pero de corta duración, que dejó mínimas de -13,6ºC grados en Barracas, -12,0ºC en Vilafranca, -10ºC en Castellfort y -1,8ºC en Castellón.

Febrero 20128. Se produjo una ola de frío destacable tanto por su duración, ya que el episodio abarcó prácticamente todo el mes, como por su extensión geográfica. La peor parte se la llevó el centro y este de Europa, con centenares de víctimas y temperaturas mínimas que en algunos casos fueron récords históricos. En su última etapa llegó a afectar a zonas donde no es usual que las masas de aire tan frío se presenten, como son las islas Baleares, las Canarias o el Magreb. En dichas zonas también se puede hablar de registros mínimos históricos y de nevadas atípicas.

La invasión de aire frío fue del tipo continental 2 del subtipo seco y se desarrolló en tres pulsaciones. Desde el punto de vista de las mínimas registradas, no puede ser considerada una invasión muy intensa, posiblemente debido a que el pulso más frío llegó acompañado de vientos muy fuertes que impidieron que las temperaturas descendieran más; esos mismos vientos, sin embargo, proporcionaron sensaciones térmicas de hasta -25,0ºC en el interior castellonense. La temperatura mínima absoluta del episodio en la capital de la Plana fue de 0,2ºC, mientras que en el interior de la provincia se registraron mínimas de -9,0ºC, tanto en Vilafranca como en Morella. Debido a la persistencia de la invasión, la temperatura media del mes fue 2,5ºC inferior a su valor normal (promedio del periodo 1971-2000), por lo que hay que remontarse hasta el año 1965 para encontrar un mes de febrero tan frío.

Con posterioridad a la redacción de este trabajo, las temperaturas en el observatorio oficial de Castellón ya no han vuelto a bajar de los cero grados (periodo 2013-2021), destacando, tan solo por debajo del grado centígrado, la temperatura registrada en enero de 2021 con 0,8ºC. No obstante, debemos mencionar los intensos temporales registrados, de forma recurrente, en enero de 2017, 2020 y 2021, que han pulverizado los récords de precipitaciones, en un mes de invierno en la capital, y de nevadas, desde que hay registros, en el interior de Castellón. Durante el primer temporal, en 2017, la capital de La Plana, con más 175 mm en 48 h, registró la mayor precipitación en un mes de enero. Las nevadas en la zona costera fueron escasas, observándose la caída de copos en las cumbres más elevadas del Desierto; en el interior de la Provincia, sin embargo, con precipitaciones sólidas de unos 100 mm, las nevadas fueron extraordinarias, ya que se igualaron o superaron los registros históricos, destacando los 80 cm y 74 cm medidos en Morella y Vilafranca, respectivamente. En el segundo temporal, originado por la borrasca Gloria, en 2020, las precipitaciones también fueron muy cuantiosas, superandose en algunas localidades de la Provincia los 200 mm. En las cumbres del Desierto, por encima de los 600 m, se llegaron a acumular hasta 5 cm y en el interior, con precipitaciones sólidas superiores a los 130 mm, los espesores alcanzaron los 86 cm en localidades como Vilafranca, superando los registrados en 2017. En el último temporal, causado por la borrasca Filomena, las precipitaciones fueron inferiores a las de los dos temporales anteriores, pero las bajas temperaturas permitieron que se acumulara una capa de casi 10 cm de nieve en la cima del Bartolo; en el interior los espesores llegaron a alcanzar los 50 cm en localidades como Morella. De este último temporal, no obstante, cabe destacar la extensión de las nevadas, que cubrieron prácticamente un tercio de la Península, así como las temperaturas registradas con posterioridad. En efecto, tras las fuertes nevadas, la estabilización del tiempo favoreció descensos térmicos muy acusados por la intensa irradiación y la inversión térmica; los observatorios más propicios, situados en el denominado triángulo del frío, registraron mínimas por debajo de los -20 °C, rozando en algunos casos los -30ºC, por lo que se superaron los registros negativos de diciembre de 2001. En la provincia de Castellón se acercaron a los -20ºC, destacando Morella (-18,1ºC, Fábrica de Giner) y Forcall (-15,9ºC). Nuevamente señalar que, la ausencia de temperaturas negativas desde hace más de 8 años es una clara señal del cambio climático, siendo también muy probable que lo sea el aumento de la frecuencia e intensidad de los temporales invernales.


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