España automóvil y aeronáutica. 15 de febrero de 1913, n.º
AERONÁUTICA MILITAR
La primera quincena de febrero ha sido fértil en cosas de aeronáutica militar.
El dirigible España, aeronave considerada por mucha gente como «un mal negocio», había sido repasado y barnizado cuidadosamente. Unos días malos de lluvia y viento habían retrasado su salida hasta el 4 de este mes, que los madrileños recibieron la grata sorpresa de su inesperada visita a la hora del regocijo carnavalesco.
El España por los aires.
Desde ese día el España no ha dejado de trabajar, y sus pérdidas de hidrógeno son las normales. El hecho es interesante, pues aunque la marcha rapidísima del progreso en la aviación haya relegado a segundo término estas naves guerreras, de misión muy distinta que la de los «más pesados que el aire», es indudable que nuestro Ejército debe hacer prácticas relacionadas con estos globos, colocados en término preferente por potencias muy militares.
El Rey en la barquilla del dirigible España.
El España ha llevado en su barquilla al Rey de España. Su viaje ha inspirado muy diversos comentarios, acaso todos innecesarios, y no hemos leído en ningún colega el que a nosotros se nos ocurre: el Rey ha cumplido una vez más con su deber.
Es muy cómodo hablar de peligros a un hombre que está familiarizado con todos ellos, y que si no ha tomado parte en batallas, único peligro tal vez que no ha corrido, ha desafiado mil veces a la dinamita después de haberla visto estallar bajo su propia carroza en las calles de Paris y de Madrid.
¿Acaso los monárquicos de guardarropía preferirían tener un Rey cobarde?
El Infante D. Alfonso hablando con el piloto alemán Linnekogel.
Don Alfonso, al ocupar un puesto en la barquilla del dirigible militar en compañía del capitán general Marina, que ya otra vez se hizo pasear en aeroplano, ha probado que dedica a la aeronáutica, que actualmente es, como si dijéramos, el progreso, la atención que exigen al Rey de una nación moderna ó que se moderniza los pasos de la civilización en el espacio de los siglos.
Prévost sobre monoplano Deperdussin.
Ha probado además cuan absoluta es la confianza que le inspiran los que dirigían el España, que son los mismos que dirigen la aeronáutica militar española; y con esto, los que nos interesamos por el progreso de la navegación aérea, ciencia que, en fuerza de constituir la amenaza terrible, acaba por ser la garantía de la paz universal, experimentamos una satisfacción muy grande.
La visita del Monarca a Cuatro Vientos coincidió además con la presencia en el aeródromo militar de dos muestras de la fabricación extranjera: un aeroplano francés y otro alemán que vinieron a probar ante el cliente posible las bondades de sus construcciones respectivas.
El sentimiento patriótico permitiría en aquellos instantes al Rey soñar con la posibilidad de un aparato español de concepción y de construcción...
Y al abandonar el aeródromo militar es seguro que a la impresión de simpatía que inspiró al público correspondió en su espíritu la que sintéticamente pudiera resumirse en esta frase:
—¡No he perdido la tarde!
No fue perdida, sino muy aprovechada, la tarde del 7 de febrero para la navegación aérea en España, y nosotros confiamos, muy fundadamente, en que no se harán esperar mucho las consecuencias favorables para esa causa de la visita y del paseo aéreo regios.
Prévost, con monoplano Deperdussin, y Linnekogel con el suyo, Rumpler - Taube, hicieron vuelos interesantísimos.
El primero había ya realizado la víspera todas cuantas pruebas pueden exigirse a un aparato moderno.
El segundo no se hallaba aún en condiciones de realizarlas, porque estaba en ensayo de su motor, y sólo hizo vuelos sueltos, pero muy bellos.
Un viraje del piloto Linnekogel sobre Rumpler-Taube.
Es el monoplano Rumpler-Taube de líneas caprichosas, cuya silueta en pleno vuelo llena mucho la vista. Claro está que su aspecto de pajarraco en el aire no es la consecuencia de cálculos ni de imitaciones de la Naturaleza, puesto que no se trata de un aeroplano de ala batiente; pero la disposición de las terminaciones de sus alas da al mando un recorrido muy grande, permitiendo virajes verdaderamente aparatosos que hacen suponer fundadamente una excelente defensa contra el viento.
Prévost, con aparato Deperdussin, dos plazas (pasajero delante), hizo vuelos sueltos, proporcionó bautismos de aire y realizó una serie de pruebas en todo momento con una seriedad y una simpatía parejas.
Mauricio Prévost marchó a París para volver luego, y cuantas personas le han tratado durante los días que ha estado entre nosotros, han quedado encantadas de su exquisita corrección y de su agradable carácter.
Personalmente agradecidos a él por la atención que tuvo de llevarnos a su bordo (en nuestro tercer viaje en aeroplano), tuvimos también personal ocasión de comprobar su maestría extraordinaria, absteniéndonos de hacer sobre el aparato comentario alguno que pudiera parecer consecuencia de agradecimiento.
La última nota que alcanza nuestra edición es el vuelo, importantísimo para nosotros, que estamos tan lejos de los récords mundiales, del capitán Herrera, en pruebas para la concesión del título superior militar.
Sobre su Nieuport, dos plazas, acompañado del alumno de la Escuela de Aviación Monasterio, oficial de Caballería, Herrera salió para un vuelo de dos horas, durante el cual había de efectuar un viaje de 100 kilómetros en circuito cerrado, con el itinerario siguiente: Cuatro Vientos, Alcorcón, Pinto, Vallecas, Alcalá y regreso libre.
El viaje se efectuó rigurosamente por la vía prevista, y al regreso, en línea recta desde Alcalá, terminó en vueltas sobre el aeródromo las dos horas exigidas con unos minutos de exceso, tomando tierra ya anochecido con toda perfección y felicidad.
S. M. el Rey felicitando al aviador Prévost, piloto de Deperdussin, en presencia del coronel Vives.
Piloto y observador fueron muy felicitados, y nosotros, que ya lo hicimos personalmente, nos complacemos hoy en dar público testimonio de felicitación al nuevo piloto superior y a los más modestos en categoría Cortijo, Sousa y Viniegra, pilotos también de esta última decena, con los cuales se eleva ya a quince el número de nuestros aviadores militares.
En la Escuela de Cuatro Vientos se vuela q diario, mañana y tarde. En el aeródromo hay lugar acotado para poder colocar automóviles y para presenciar los vuelos sin estorbar a nadie. Los jefes del aeródromo se complacen facilitando a todo el mundo datos y noticias, enseñándoles su escuela y sus aparatos.
La carretera está, en general, bien para autos y ciclos.
Hay dos trenes (línea Villa del Prado).
Hay tranvía hasta Carabanchel, y un cuarto de hora de paseo desde allí al campo militar de Cuatro Vientos...
¿Por qué no vas, lector, a ver el aeródromo militar, en pleno campo y a media hora de Madrid?
R. Ruiz FERRY.
España automóvil y aeronáutica, 15 de octubre de 1913, n.º 19
S.M. LA REINA EN CUATRO VIENTOS
S.M. la Reina durante su visita a Cuatro Vientos, acompañada por el Infante D. Alfonso, el coronel Vives y el capitán Kindelán. (Fot. Alfonso.)
Días pasados ha visitado S. M. la Reina D.ª Victoria la Escuela Militar de Aviación, establecida en Cuatro Vientos. Coincidió esta visita con la revista de material y dependencias, que estaba pasando el general Banus. Durante la presencia de D.ª Victoria todos los pilotos hicieron sus vuelos diarios, distinguiéndose el Infante D. Alfonso, que domina como un maestro el nuevo biplano Lohner, en cuyo manejo se ha estado ejercitando durante las vacaciones del verano en la fábrica austríaca que construye esto tipo de aparatos.
Es casi seguro que salgan para Ceuta y Tetuán siete aparatos de Cuatro Vientos, a saber: Dos monoplanos Nieuport. Tres biplanos Mauricio Farman, y Dos Lohner.
Desconócese aún los pilotos que han de manejarlos; pero no nos extrañaría ver en los Nieuport a los capitanes Herrera y Alonso: en los Farman, a Bayo, Espin y Ríos; y en los Lohner, al capitán Barrón y a S. A. el Infante D. Alfonso.
La Ilustración española y americana, 22 de junio de 1915
El Infante D. Alfonso pilotando un biplano I,ohner. De observador, el piloto aviador militar Sr. Baños. (Fot. Alfonso.)
El infante don Alfonso de Orleans enseñando a su hijo el manejo del "LOHNER" (Fotografías Alfonso) 22 de junio de 1915
España automóvil y aeronáutica. 15 de junio de 1916, n.º 11
Los vuelos militares de Madrid a Cartagena y regreso.
En nuestro número último, sección de noticias, dimos cuenta de un viaje de práctica efectuado por varios aviadores militares desde Madrid a Cartagena, para volver al punto de partida.
Dicho viaje, hecho con aeroplanos Farman puramente de escuela, es decir con poca capacidad de combustible —escasamente para tres horas de vuelo— y de lento andar, fue terminado felizmente por tres de los aparatos, lo que constituye una proeza de un mérito superior al que se le ha dado.
Posteriormente, salieron de Cuatro Vientos con dirección a Cartagena, para tentar el hacer un circuito igual, otros cuatro aparatos de tipo Flecha, que si bien su diseño les permite hacer velocidades superiores a las de los aeroplanos escuela antes citados, en cambio los viejos motores que tres de ellos tenían, hacía suponer que les sería difícil realizar enteramente el viaje. Esta era la impresión que dominaba en Cuatro Vientos antes de la partida.
S. A. el Infante D. Alfonso, llegó a Cartagena en un solo vuelo rapidísimo gracias a su habilidad extraordinaria y a que, según él mismo confiesa modestamente, llevaba un motor Mercedes, que aunque ya del año 12, es siempre un motor Mercedes, es decir un motor en el cual se puede confiar.
Una fotografía tomada en el trayecto de Madrid a Cartagena.
La distancia Madrid-Cartagena, que en vuelo, pasando por Albacete, es de unos 390 kilómetros, fue recorrida a la ida por el Infante D. Alfonso, con el que iba de observador el capitán Sr. Fanjul, en tres horas once minutos lo que representa una velocidad de 123 kilómetros por hora. Al regreso de Cartagena encontró el Infante un viento de cara tan violento, que marchando el motor a toda su potencia apenas avanzaba el aparato, y tuvo que recurrir al expediente de viajar muy cerca del suelo, donde si bien la corriente de aire era menor, en cambio los peligros de los remolinos aumentaban.
S. A. R. el Infante D. Alfonso a su llegada a Cartagena.
El trayecto de Cartagena-Albacete (unos 172 kilómetros) le exigió más de tres horas, y como siguiendo así, la distancia que faltaba para llegar a Madrid (218 kilómetros) le hubiera tomado más de cinco horas, en total cerca de nueve horas de vuelo, para las cuales no contaba con combustible suficiente, decidió, según eso, aterrizar en Albacete para reanudar al siguiente día el viaje. La segunda parte del regreso fue, si cabe, más dura que la primera, pues cogieron a los aviadores unos aguaceros furiosos.
Ya que con motivo de los mencionados vuelos se ha hablado más de lo que es costumbre en la prensa diaria, de la labor de la Aviación Militar, nosotros, sin el punzante y vivo espíritu de crítica que es común en los diarios, donde hay que escribir a prisa, diremos que nuestra Aviación Militar, que estaba cuando estalló la guerra en su primer período de establecimiento, como le sucedía a la aviación inglesa, por ejemplo, se encontró repentinamente que tenía que hacer frente a las necesidades con los medios de que entonces disponía y los nacionales que ha tratado de fomentar y que espera ansiosa.
Si la industria nacional, que según se asegura ha hecho ya tan brillante papel en los ejércitos extranjeros, con motores construidos en Francia, entrega pronto en Cuatro Vientos los que se la tienen pedidos, veremos pronto dar un gran paso a nuestra Aviación Militar.
AVIATOR.












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