La noche del sábado 22 de agosto de 1858 Pere Masferrer, de 28 años, tejedor de Roda de Ter, esperaba la salida de la fábrica de su novia, Teresa Fussimanya, de 19 años y vecina de Folgueroles, con quien había reñido el día 15 de agosto, en la fiesta mayor de Folgueroles. Teresa trabajaba en la fábrica de Malars, ubicada a orillas del Ter entre Manlleu y Roda de Ter. A Masferrer le acompañaba Sebastià Solà, alias Salabrià, de 21 años, también de Roda de Ter y como él trabajador del textil. Masferrer y Solà estaban al acecho y esperaban ver pasar a Teresa Fussimanya en una taberna de la Creu de Codines, un arrabal de Roda de Ter por donde pasa el camino que va de esta villa a Vic.
Pero la chica no iba sola. Sobre las 12 de la noche llegó a la Cruz de Codines procedente de Malares acompañada de las hermanas Disorgas, Mariàngela, de 23 años, y Maria, de 14, trabajadoras también de la fábrica Malars. Habían hecho el recorrido habitual Salieron de la fábrica después de pasar por la pasarela que había sobre el río Gurri y, en lugar de ir por el camino de Roda que bordea este afluente del Ter, siguieron camino arriba pasando por Can Macià hasta llegar a la Cruz de Codines. En este lugar se encontraron con Josefa Sala, de 14 años, Maria Serra, de 13, y Josefa Pous, de 12, las tres niñas que trabajaban en la fábrica Vella de Can Ricart en Roda de Ter.
Desde este punto emprendieron juntas el camino hacia Folgueroles, para pasar el domingo con sus familias. Poco antes de la una de la madrugada, cuando ya habían subido el camino de vuelta hacia Folgueroles, charlando y cantando a ratos como se solía hacer en estos itinerarios, fueron sorprendidas por los dos hombres, Masferrer y Solà, que las habían seguido desde la Cruz de Codines. Las esperaban escondidos dentro de un campo de maíz, en el robledal del Banús, cerca de la sierra del mismo nombre, y las asaltaron. Las hicieron retroceder y las obligaron a ir, con amenazas, hacia el robledal de Serrabou y desde aquí, pasando por delante de la ermita de Sant Jaume, (una ermita románica del siglo XI que fue dinamitada en 1936) por caminos embarrados, las llevaron al Sot del Cós donde las apuñalaron.
Pere Masferrer degolló a cuatro o cinco jóvenes, dependiendo de las fuentes consultadas, y Sebastià Solà apuñaló a una o dos. Lo que se sabe por su testimonio es que Solà intentó estrangular y herir con la daga a la más pequeña del grupo, Josefa Pous, una de las supervivientes. Al despuntar el día la niña consiguió llegar y pedir ayuda a los masoveros del Cós que avisaron a las autoridades.
La masía del Cós de Tavèrnoles hoy muy reformada.
El alcalde de Tavèrnoles, municipio en donde sucedieron los hechos, Josep Arimany, acompañado del secretario, Antoni Jutglar, Joan Serrabou, Bernat [Pallàs] Pujol y el juez, José Gómez, se presentaron en el Sot del Cós, comprobaron que tres de las chicas estaban muertas: Teresa Fussimanya, Mariàngela Disorgas y Josefa Sala, y que dos se movían mínimamente: Maria Disorgas y Maria Serra. La más pequeña, Josefa Pous, pudo levantarse por su propio pie y explicó lo sucedido a Joan Sala, el pastor del Cós que fue a quien primero encontró (por eso fue llamado a juicio), era la única capaz de explicar lo sucedido.
Según el informe del forense Teresa Fussimanya recibió cinco puñaladas, Mariàngela Disorgas, ocho, y Josefa Sala, cinco; la mayoría mortales por el órgano afectado. De las supervivientes, Maria Disorgas recibió veinte puñaladas y quedó con la cara desfigurada y los labios torcidos. Maria Serra recibió cinco puñaladas y Josefa Pous tenía una herida grave en el cuello. La convalecencia de Maria Serra y de Maria Disorgas duró cuarenta días y la de Josefa Pous, treinta y cinco.
Malars a principios del siglo XX. Lluís Coll y Espadaler.
A continuación se trascribe una carta de Francisco Turull dirigida a Anton Ricart, residente en Vic y dueño de la fábrica de Can Ricart donde trabajaban, Josefa Sala, de 14 años, Maria Serra, de 13, y Josefa Pous, de 12. La carta escrita al día siguiente de los hechos tiene el valor de la inmediatez y nos muestra como Francesc Turull, director de la fábrica, debe hacer frente a la nueva situación. La empresa, más allá de la consternación, debe organizar la producción adaptándola a las bajas laborales derivadas de la tragedia.
La carta contiene una referencia espontánea muy valiosa que nos introduce en el entorno de los asesinos cuando todavía públicamente no habían sido identificados. Dos trabajadores que tanto Turull como Ricart conocían de sobra (por lo que se deduce que Masferrer y su madre eran o habían sido, como lo era entonces su hermana, trabajadores de Can Ricart). El texto menciona, además, la noticia errónea que corría en aquel momento de que una de las chicas heridas, Maria Serra, había muerto. Esta noticia también apareció en el Diario de Barcelona.
Se trata de un documento interesante y sugerente que acaba haciendo mención del nombre de La Blava, nombre que ha perdurado hasta la fecha, como nombre de la fábrica donde trabajaba Sebastià Solà, el segundo de los asesinos.
Sr. Anton Ricart
Vic
Roda, 23 agost 1858
Molt Sr. meu, un crimen el més horrorós que es pot imaginar acaba de posar en consternació en aquet desgraciat poble.
Com ja deu saber de les sis noies assassinades les tres eren de la Fàbrica Vella, la una i esta era la més gran [Josefa Sala] ja va quedar morta a l’acte de consumar-se el crimen, les atres dos [Maria Serra i Josefa Pous] molt malferides, la una de estas [Maria Serra] (segons me digueren les noies de les contínues ahir vespre [diumenge] ya va morir), l’altra [Josefa Pous] deien que en sortirà.
Interim [entretant] no disposin una altra cosa, de les quatre noies que han quedat de les contínues, les dos les faré anar a l’altra fàbrica i aixís farem a anar una contínua només a la nit. Lo espant de les que han de treballar de nit és gran. La Pauleta que és germana del Pere de la Margarida, un dels assassinos, tot avui la una basca li troca [segueix] l’altra, no crec que de dies la tinguem a treballar si és que torni. Lo altre dels assassinos era filador de la Blava, ara estan buscant-los per les inmediacions de Malars i circumveïns.
S.S.S. Francisco Turull
El segundo documento es una crónica, escrita después de la ejecución de los culpables, por Joan Serrabou i Tortadès (1831-1876), dueño de la masía de Serrabou y testigo de los hechos.
A las 12 de la noche del 21-22 de agosto de 1858, hora que acostumbran por empezar el domingo, cerrada la fabricación del pueblo de Roda y establecimiento de Malars, salieron de las denominadas fábricas de Roda y de las de Malars seis muchachas naturales y vecinas de Folgarolas, a su pueblo de Folgarolas. Reunidas al efecto emprendieron el camino hasta el punto llamado Roureda del manso Banús del término de Tavérnolas a donde les salieron dos jóvenes furiosos con cuchillos a la mano y les obligaron a éstas a ir hasta al punto llamado Sot del manso Cós de la misma jurisdicción de Tavérnolas a donde fueron acuchilladas todas las seis.
Al amanecer el día, la más joven de ellas llamada Josefa Pous, siendo ésta la más levemente herida se levantó y puso a conocimiento al colono del manso Cós de cuanto había sucedido aquella noche. Pasó desde luego este colono a dar parte al señor alcalde de Tavérnolas, que sin pérdida de tiempo acudió en el momento acompañado de su secretario, regidor síndico, D. Juan Serrabou y Bernardo Pujol, en aquel manso y punto donde había manifestado Josefa Pous había dejado a sus compañeras, encontró esta autoridad cinco muchachas tendidas al suelo las tres llamadas Mariona [Mariàngela] Disorgas, de 23 años de edad, Teresa Fusimaña, de 19 años y Josefa Sala, de 14 años completamente muertas, María Serra de 13 años de edad que daba muy pocos señales de vida, no pudo ni hablar ni se movía, solo temblava muy poco los pies, y María Disorgas de 14 años que se le observó algo de movimiento
El lunes 23 de agosto, las tres chicas asesinadas, Teresa Fusimanya Santamaria, Mariàngela Disorgas Salvador y Josefa Sala Vila, según se puede leer en el Libro de óbitos, fueron enterradas en el cementerio de Folgueroles, que entonces ocupaba la antigua sagrera junto a la iglesia y los funerales se hicieron en días diferentes.
A los veinte y tres días de agosto de mil ochocientos cincuenta y ocho, en el cementerio parroquial del pueblo de Santa María de Folgarolas, provincia de Barcelona, diócesis de Vich, de orden de la Autoridad se dio sepultura eclesiástica al cadáver de Teresa Fusimaña y Santamaría que murió asesinada el día antes en la parroquia de Tavérnolas, de edad diez y nueve años, hija legítima y natural de Antonio Fusimaña, bracero, y de Antonia Santamaría, conjugues vivientes. El día veinte y cinco del mismo mes se le hicieron los funerales con asistencia de tres sacerdotes y el día siguiente se le cantó el ofició de recordanza. Juan Blat, presbítero, vicario.
A los veinte y tres días de agosto de mil ochocientos cincuenta y ocho, en el cementerio parroquial del pueblo de Santa María de Folgarolas, provincia de Barcelona, diócesis de Vich, de orden de la Autoridad se dio sepultura eclesiástica al cadáver de Mariángela Disorgas y Salvador, que murió asesinada el día antes en la parroquia de Tavérnolas, de edad veinte y tres años, hija legítima y natural de Pedro Disorgas, bracero, y de María Salvador, conjugues difuntos de esta. En el día trece de setiembre se le hicieron los funerales con asistencia de tres sacerdotes y en día catorce se le cantó el ofició de recordanza. Juan Blat, presbítero, vicario.
A los veinte y tres días de agosto de mil ocho cientos cincuenta y ocho, en el cementerio parroquial del pueblo de Santa María de Folgarolas, provincia de Barcelona, diócesis de Vich, de orden de la Autoridad se dio sepultura eclesiástica al cadáver de Josefa Sala y Vila que murió asesinada el día antes en la parroquia de Tavérnolas, de edad catorce años, hija legítima y natural de Tomás Sala, bracero, difunto, y de María Vila, residentes de ésta y el día treinta del mismo mes se le hicieron los funerales con asistencia de tres sacerdotes. Juan Blat, presbítero, vicario.
De la tragedia de las degolladas, que afectó inmensamente Folgueroles y la Plana de Vic, en la ermita de la Mare de Déu de la Damunt, había habido un exvoto que se perdió en el saqueo e incendio del año 1936. Las familias de las chicas supervivientes lo habían llevado en acción de gracias a la Virgen María, a quien las fabricantas tenían por costumbre rezar tres avemarías o el rosario entero cuando pasaban cerca de la ermita mientras iban y volvían de trabajar.
Las seis chicas protagonistas de esta tragedia, según relata un romance, no iban y venían a diario de Folgueroles, como sería habitual años más tarde, sino que se quedaban a dormir en las mismas fábricas, es decir, hacían vida allí toda la semana y tan sólo hacían fiesta el domingo:
Es costumbre entre nosotras
que vamos a trabajar
en las mencionadas fábricas,
lejos de nuestro lugar,
De estar toda la semana
en las fábricas nombradas,
por no perder el jornal
teniendo de hacer jornada.
Y como de día y noche
trabajando está el vapor,
mientras las unas descansan
las otras hacen labor.
El hecho de que algunas de estas trabajadoras del textil fueran menores de edad era algo corriente. Es más, no fue hasta 1873, quince años más tarde, que se promulgó la ley Benot, lo que no quiere decir que se cumpliera si hacemos caso de la literatura de la época, con estos términos:
Art. 1º Los niños y las niñas menores de 10 años no serán admitidos al trabajo en ninguna fábrica, taller, fundición o mina.
Art. 2º No excederán de cinco horas cada día, en cualquier estación del año, el trabajo de los niños menores de 13, ni el de las niñas menores de 14.
Art. 3º Tampoco excederá de ocho horas el trabajo de los jóvenes de 13 a 15 años, ni el de las jóvenes de 14 a 17.
Los asesinos, naturales de Roda de Ter, también eran trabajadores del textil. Pere Masferrer, instigador del crimen, tejedor de oficio, de 28 años de edad, hijo de Margarida Monich y Sebastià Solà de Can Pep Metu, alias Salabrià, hilador, de 21 años.
El Estado, 27 de agosto de 1858
Ferocidad inaudita.
En los periódicos de Barcelona recibidos ayer, vimos la noticia de un crimen tan espantoso, que ni aun quisimos trascribirla a nuestras columnas en la creencia de que hoy vendría desmentido; pero nos engañamos completamente; lejos de eso, hallamos en ellos la confirmación de aquel, con detalles de tal naturaleza, que no dejan ya lugar a la menor duda. Seis jóvenes, desde 10 a 23 años, han sido degolladas por dos asesinos en las inmediaciones de Vich. He aquí los horribles pormenores que dan en carta de aquella ciudad con fecha 23 del corriente:
«Hoy puedo darle algunos pormenores del horroroso atentado que le comunique ayer, al propio tiempo que debía hacer algunas rectificaciones.
Las seis jóvenes degolladas (esta es la expresión) no procedían todas de la misma fabrica de Malats; tres de ellas trabajaban en otras de las de Fontanellas, las que en cierto paraje, convenido de antemano, aguardaron a las tres restantes para volverse juntas a su casa. Era media noche.
Al estar ya a la vista de su pueblo, Folgarolas, y cuando menos lo pensaban, fueron acometidas por dos asesinos con puñal ó cuchillo y pistola en mano; amedrentadas las pobres niñas se entregaron sin resistencia a la intimación de los asesinos, quienes las hicieron volver atrás deshaciendo una buena parte del camino que habían hecho, hasta tenerlas en un lugar solitario y mas adecuado a la venganza inaudita que en las infelices quería tomar un desalmado asesino secundado por otro de sus camaradas.
Al llegar las victimas al lugar del suplicio, mandáronles sentarse, y cogiendo el desalmado asesino a la primera, causa de su rencorosa venganza, mientras su cómplice custodiaba a las otras cinco, se la llevó a alguna distancia donde la degolló, como si lo hiciera coa un cordero; las cinco victimas restantes oyeron un horroroso chillido, después nada, solo la lluvia que en aquel momento caía: al cabo de un rato volvió el asesino y se llevó otra; oyóse un chillido penetrante y después un silencio, sepulcral; era que yacía degollada a alguna distancia de la primera; volvió el asesino y se llevó otra, y otra, y otra. Creyendo que todas, eran cadáveres se marcharon los asesinos, al parecer tranquilos, pues que se dejaron ver en su pueblo de Roda, de donde son vecinos.
Algunas de estas víctimas fueron robadas.
La última, de edad de unos diez años, recibió la herida por el lado del cuello, pero simuló el muerto y se escapó, aunque no se atrevió a menearse hasta ser día claro, y entonces llamó a la casa mas próxima.
Hechas las primeras diligencias, y trasladado allí el tribunal con toda la perentoriedad y premura que acostumbra nuestro dignísimo señor juez D. José Gómez, resultó haber tres cadáveres y tres heridas, las dos de muchísima gravedad, pero que aun no habían muerto esta tarde, como equivocadamente dije ayer.
Con ser ayer día festivo, fueron muchísimas las personas que acudieron al lugar de esta sangrienta catástrofe, saliendo todos horrorizados de ver aquellos tres cadáveres de jóvenes de 23, 21 y 14 años; las niñas huidas son mas jóvenes, de 13, 12 y 10 años.
La causa de una venganza tan horrorosa como premeditada, según la versión común, fueron los celos; se dice que el asesino había tratado con la joven de 21 años, a la que gustaba divertirse y hablar con otros; el último domingo se denegó a bailar con él, como también el devolverle un anillo que le había dado; desde aquel momento juró su muerte. Buscó un cómplice que le ayudase, y lo puso en práctica tal como he referido.
Era tan desgarradora esta escena, que con referencia a dichos de las heridas, se asegura que el cómplice llegó, hasta a pedir gracia por ellas; pero el encolerizado asesino no quiso escucharle, pretextando que serian descubiertos.
Lo han sido en efecto, y hay motivos fundados para creer que la vindicta pública no tardará en ser satisfecha, aunque hasta ahora no hayan podido ser habidos.»
La Crónica, 28 de agosto de 1858
PROVINCIAS.
Al dar ayer noticias del horroroso asesinato de seis trabajadoras jóvenes, cometido en Vich el 21 por la noche, ofrecimos a nuestros lectores nuevos detalles de este hecho espantoso. He aquí lo que sobre el particular nos dicen con fecha 23:
«Hoy puedo darle algunos pormenores del horroroso atentado que le comuniqué ayer, al propio tiempo que debo hacer algunas rectificaciones.
Las seis jóvenes degolladas (esta es la expresión) no procedían todas de la misma fábrica de Malats; tres de ellas trabajaban en otras de las de Fontanellas, las que, en cierto paraje convenido de antemano, aguardaron a las tres restantes para volverse juntas a su casa. Era media noche.
Al estar ya a la vista de su pueblo, Folgarolas, y cuando menos lo pensaban, fueron acometidas por dos asesinos con puñal ó cuchillo y pistola en mano; amedrentadas las pobres niñas se entregaron sin resistencia a la intimación de los asesinos, quienes las hicieron volver atrás deshaciendo una buena parte del camino que habían hecho, hasta tenerlas en un lugar solitario y mas adecuado a la venganza inaudita que en las infelices quería tomar un desalmado asesino secundado por otro de sus camaradas.
Al llegar las víctimas al lugar del suplicio, mandáronles sentarse; y cogiendo el desalmado asesino a la primera, causa de su rencorosa venganza, mientras su cómplice custodiaba a las otras cinco, se la llevó a alguna distancia, donde la degolló, como si lo hiciera con un cordero, las cinco víctimas restantes oyeron un horroroso chillido, después nada, solo la lluvia que en aquel momento caía: al cabo de un rato volvió el asesino y se llevó otra; oyóse un chillido penetrante, y después un silencio sepulcral; era que yacía degollada a alguna distancia de la primera. Volvió el asesino, y se llevó otra, y otra, y otra, y otra.
Creyendo que todas eran cadáveres, se marcharon los asesinos, al parecer tranquilos; pues que se dejaron ver en su pueblo de Roda, de donde son vecinos.
Algunas de estas víctimas fueron robadas.
La última, de unos diez años de edad, recibió la herida por el lado del cuello; pero simuló el muerto, y se escapó, aunque no se atrevió a menearse hasta ser día claro, y entonces llamó a la casa mas próxima.
Hechas las primeras diligencias, y trasladado allí el tribunal con toda la perentoriedad y premura que acostumbra nuestro dignísimo señor juez D. José Gómez, resultó haber tres cadáveres y tres heridas; las dos de muchísima gravedad, pero que aun no habían muerto esta tarde, como equivocadamente dije ayer.
Con ser ayer día festivo, fueron muchísimas las personas que acudieron al lugar de esta sangrienta catástrofe.
Saliendo todos horrorizados de ver aquellos tres cadáveres de jóvenes de 23, 21 y 14 años; las niñas heridas son mas jóvenes, de 13, 12 y 10 años.
La causa de una venganza tan horrorosa como premeditada, según la versión común, fueron los celos; se dice que el asesino había tratado con la joven de 21 años, a la que gustaba el divertirse y hablar con otros; el ultimo domingo se denegó a bailar con él, como también el devolverle un anillo que le había dado; desde aquel momento juró su muerte. Buscó un cómplice que le ayudase y lo puso en práctica tal como he referido,
Era tan desgarradora esta escena, que, con referencia a dichos de las heridas, se asegura que el cómplice llegó hasta a pedir gracia por ellas; pero el encolerizado asesino no quiso escucharle, pretestando que serian descubiertos.
Vich 28 de agosto.
Ayer a última hora llegó la noticia por un parte extraordinario que mandó la ronda de mozos de escuadra de Torelló, de que ya estaban presos por los gendarmes, en un pueblo de la frontera llamado Zaret, los dos reos que habían asesinado las seis jóvenes de Folgarolas. que tanto horror ha causado en esta ciudad; y hoy acabamos de saber por los mismos que los han visto presos, que después de negar el pueblo de su residencia y sus propios nombres y de mil otras estratagemas, por fin han declarado que ellos dos eran los que habían degollado las seis jóvenes, ¡qué horror! y que si veinte hubiesen sido, veinte hubieran degollado. Desde Zaret los han conducido a Perpiñán, esperando la resolución del gobierno y que se hagan las reclamaciones como es de costumbre.
Cuando lleguen en ésta y se les tomen las declaraciones debidas, se espera confesarán otros crímenes.
Toda esta comarca se ha alegrado de que estén en manos de la justicia y dan las gracias a todas las autoridades y a la ronda de mozos de escuadra por el inmenso trabajo con que han cooperado a tan acertada persecución.
Por la redacción, el secretario, JUAN ÁLVAREZ
El Estado, 31 de agosto de 1858
Mas pormenores sobre el degüello de las seis jóvenes. En carta de Vich, fecha del 27, dicen lo siguiente;
«Siendo de utilidad las noticias y datos referentes al horroroso crimen de que le di a V. conocimiento, paso a comunicarle que los dos asesinos aun no han podido ser habidos, a pesar de la activa persecución de que son objeto, pero no es de creer que burlen por mucho mas tiempo la perspicacia de los mozos de la escuadra, guardias Civiles y demás fuerzas empleadas en su persecución y busca.
Anteayer se levantó un somaten por haber visto a dos personas que se creyeron ser los criminales: salió de Vich alguna fuerza, junto con nuestro dignísimo y activo señor juez, hacia el punto donde se habían visto los supuestos asesinos, los que cogidos resultaron ser dos hermanos prófugos de su familia por altercados domésticos. Se están practicando las mas minuciosas pesquisas, al mismo tiempo que se tienen tomados los puntos por donde podrían pasarse, al extranjero.
Posteriormente supe, y debo añadir a los datos ya publicados, que en la mañana siguiente a tan horrible y único atentado, uno de los presuntos asesinos convidó a beber, en otro de los mesones de ésta ciudad, sito en la plaza, al hermano de una de las víctimas, y al decir este que no tenia sed, "yo sí que tengo, contestó, porque ésta noche he comido mucha carne, y la cena se me ha indigestado." Estuvieron en esta ciudad hasta cerca de las doce, en cuya hora se fueron a Roda, donde supieron, por la relación que allí se hacia de este atentado, que no todas eran muertas, y. desde entonces empezaron a ocultarse.
Antes de la aurora volvieron los presuntos asesinos al lugar del atentado y examinaron las víctimas; la justicia divina hizo que las creyesen muertas: por esto se presentaban al publico con aparente tranquilidad.
Anteayer estuvieron en el lugar de la matanza don Ramón Sendra, jefe de vigilancia de ésa, junto, con otro señor, quienes fueron también a Folgarolas, para ver e interrogar a las jóvenes heridas, cuyo estado no es muy satisfactorio. También estuvieron en las fábricas donde dichas jóvenes trabajaban.
La Crónica, 2 de septiembre de 1858
Una carta recibida de Vich nos manifiesta que en un pueblo de la frontera de Francia habían sido presos por los gendarmes, Masferrer y Solá, presuntos reos de los asesinatos cometidos en las seis jóvenes de Folgarolas, asesinatos que tanto horror han causado. Parece que en la primera declaración han negado sus propios nombres y el pueblo de su naturaleza, valiéndose de otras mil estratagemas para evadirse de la justicia; pero últimamente se dice que han confesado su crimen, que si veinte jóvenes hubieran sido, a veinte hubieran degollado en aquel momento. Los presos se hallan en Perpiñán, hasta que el Gobierno haga las formalidades prescritas en las reclamaciones de extradición.
La Discusión, 5 de septiembre de 1858
Vich 31 de agosto. — Hoy ha muerto en el vecino pueblo de Roda la madre del tristemente célebre Pedro Masferrer, presunto asesino de las seis jóvenes de Folgarolas.
Sin duda que la acción tan inhumana de su hijo afectó tan terriblemente su corazón y su salud ya delicada, que la han conducido hasta el extremo de morirse de pesadumbre.
Al comunicarle mi correspondencia del 28 la prisión de Masferrer y de su compañero el Celebrian, hablé de los beneméritos mozos de escuadra, olvidándome decir que fue la división de Torelló la que dirigida por su valiente cabo, fue al alcance de los fugitivos hasta prenderlos en el vecino imperio.
También debo consignar aquí, que los valientes individuos de la guardia civil estacionados en esta ciudad, al mando de su activo y entendido, jefe D. Juan Perruca, desde el momento de sabido este atentado ocuparon los principales collados y puntos mas sospechosos, por donde podían los asesinos efectuar su tránsito, reconocieron los ómnibus y coches del ferro-carril del Norte, y cooperaron por cuantos medios estuvieron a su alcance a la prisión de estos criminales, llenando con todo esmero el servicio privilegiado a que esta brillante institución está destinada.
Para completar las noticias referentes a este triste acontecimiento, falta solo continuar el nombre de las víctimas.
Fueron muertas: María Angela Disorgas, edad 23 años; Teresa Jussimaña, 19 años, y Josefa Sala, de 14. Heridas: María Serra, 13 años;; María Disorgas, 13, y Josefa Pous, 12.
Hablase de hacer una cuesta para el sustento y curación de éstas últimas, sumidas en la pobreza.
El Estado, 10 de noviembre de 1858
¡Pobres criaturas!
De algunos días a esta parte se han presentado en gran número de casas, cafés y otros establecimientos públicos de Barcelona implorando la generosidad de las personas caritativas, las tres jóvenes que quedaron acribilladas de heridas, pero con vida, al sucumbir tres de sus compañeras, víctimas del mas criminal y bárbaro atentado perpetrado, hará cosa de dos meses en el término de Folgarolas, cerca de Roda.
Aquellas desgraciadas criaturas van acompañadas del padre de una de las mismas, y tienen su cuerpo lleno de cicatrices. La triste situación en que se encuentran escita en todas partes el mayor interés, sobre todo cuando se sabe que son enteramente pobres, de manera que se mantenían trabajando a jornal en una fábrica.
La Corona, 12 de noviembre de 1858
CIRCO BARCELONÉS. — TEATRO RISTORI.
Función núm.. 38 de abono para hoy viernes 12 de noviembre.
Habiéndose acercado a este coliseo varias de las personas notables de esta capital intercediendo en beneficio a favor de las desgraciadas tres jóvenes que la Divina Providencia dejó con vida de las seis que en el término de Folgarolas, distrito de Vich, fueron asaltadas tan alevosamente la noche del 21 de agosto próximo pasado, esta empresa constante siempre en proporcionar cuantos auxilios le sean posibles en favor de la desgracia, no ha titubeado un momento, contando con la proverbial filantropía de los moradores de esta capital, en contribuir por su parte a este acto de caridad, destinando la noche de hoy a beneficio de dichas jóvenes llamadas María Lisorga, Maria Ferrer y Teresa Pons.
El Diario español, 5 de diciembre de 1858
— Las autoridades francesas habían entregado ya a estas fechas a las españolas los asesinos de las infelices muchachas del pueblo de Folgarolas. Aquellos dos desgraciados, presos en el pueblo de la Manera, Francia, fueron conducidos por la gendarmería a la cárcel de Ceret, y luego a la de Perpiñán, donde todavía se hallaban esperando, sumergidos en un piélago de amarguras, el supremo instante en que habrán de expiar su espantoso crimen.
El Parlamento, 10 de diciembre de 1858
La Junquera, 4. — Como anuncié a Vds. en mi comunicación de fecha de 29 de noviembre último, Pedro Masferrer, por apodo de la Margarida, de veinte y ocho años de edad, y Sebastián Solá, por sobrenombre Sabriá, de veinte y uno, ambos naturales y vecinos de Roda, a las dos de la tarde de este día han verificado su entrada en esta villa custodiados por dos parejas de la guardia civil de este punto, al mando del pundonoroso sargento D. Manuel Camacho.
Habiendo permanecido en el cuartel de los civiles unos cinco cuartos de hora para el debido descanso, y tomar, como han tomado, el alimento necesario a su apetito, salen en marcha para Figueras a la hora de las tres y cuarto, escoltados por un piquete de tropa, al mando del teniente D. José Esteve, que se nos presentó ad hoc en el día de ayer.
Un numerosísimo gentío llenaba la calle Mayor por donde pasaron aquellos infelices, hasta que, llegando a la plazuela de la Puerta de España, subieron a una tartana que se les tenia previamente preparada de orden de esta autoridad local.
Figueras, 4. — Son las cinco de la tarde, y acaban de entrar los dos asesinos de las muchachas del pueblo de Folgarolas.
La carretera de Francia y las calles desde la entrada de la población hasta la cárcel estaban cuajadas de gente, atraída por la curiosidad de ver a los criminales.
La Independencia española, 15 de diciembre de 1858
— Según El Diario de Barcelona del 11:
«A las cuatro de la tarde del 1.º llegaron a dicha ciudad en el tren del ferro-carril del Este, Pedro Masferrer (a) Pere de la Margarida de cal Monich y Sebastian Solá (a) Calabria de cal Pep, presuntos autores de los horrendos asesinatos de Folgarolas.
Venían bien atados y escoltábanlos una fuerte partida de tropa. En cuanto al atravesar la plaza de palacio tuvo conocimiento el público de quienes eran los presos, la gente corría en tropel para verlos.
Ellos manifestaban la mayor indiferencia producida tal vez por el abatimiento que se mostraba en su rostro. El primero tiene el rostro achatado y que respira cierta siniestra y repugnante expresión; el segundo tiene mejor semblante. Uno y otro vestían el traje del país.»
La Corona, 21 de diciembre de 1858
Vista. — Está próxima a verificarse la de la causa formada sobre el asesinato de las trabajadoras d de Folgarolas. El Sr. D. Luciano Sánchez, fiscal de la causa, se halla enfermo por haberle estropeado el pie derecho una rueda al tiempo de subir al coche; cuando por no causar molestia a los particulares viajaba de una a otra parte instruyendo esta causa, y a pesar de este sensible accidente, ha continuado encargado de las actuaciones, lo cual hace honor a este benemérito jefe.
La Discusión, 24 de diciembre 1858, n.º 871
Anunciase en Barcelona para la presente semana la reunión del Consejo militar que debe entender en la causa instruida contra los presuntos autores de los horrorosos asesinatos de Folgarolas, Pedro Mas y Sebastian Sola.
La Corona, 25 de diciembre de 1858
Como ya anunciamos, tuvo lugar anteayer, en consejo de guerra en la sala de vistas de las cárceles nacionales de esta ciudad, la de la causa instruida contra Pedro Masferrer y Sebastian Sola, como acusados confesos y convictos de los asesinatos de las jóvenes de Folgarolas.
He aquí una parte de la acusación fiscal, cuya lectura hizo el infatigable fiscal de la misma, don Luciano Sánchez, quien, como en otras ocasiones, no ha desmentido en esta su celo y laboriosidad, y que con tan brillantes y verdaderos colores pinta la atrocidad de los criminales, y la justicia con que la sociedad necesita una espiación:
«Dos hombres, dijo el caballero fiscal, ó mejor dicho, dos hienas, abrigados en el manto de una noche oscura, en altas horas y en lugar solitario, creídos, sin duda, que el horrendo crimen que iban a cometer debía quedar envuelto en el misterio, se ponen en acecho y asaltando a seis inocentes jóvenes que descuidadas y confiadas, regresaban a sus casas, las asesinan sin compasión de una a una. La mano oculta de la Providencia, empero, descorre el velo y salva la existencia de tres de las seis víctimas inmoladas para descubrir a sus verdugos, a fin de que, después de ser entregados a la execración pública, sufran el castigo a que se han hecho acreedores. La sociedad lamenta, haber abrigado en su seno a dos seres indignos de ella, quienes no se detienen ni espantan al derramar la sangre inocente de las víctimas, ni les conmueven los tristes ayes de las mismas al implorar compasión; al contrario, poco tiempo después hacen estos dos criminales estúpidos, cínico alarde del horrendo delito que han cometido, contando acaso que con su fuga a país extranjero quedarían impunes.
»Veamos ahora, ilustre consejo, el verdadero resultado de este procedimiento para estimarlo en todo su valor.
»Eran las doce de la noche del 21 al 22 de agosto último, hora en que Teresa Fusimaña, Mariangela Disorgas, Josefa Salа, María Disorgas, María Serra y Josefa Pons, después de dejar el trabajo a que se dedicaban en las fábricas tituladas de Ricart y Malats, se retiraban a sus casas del pueblo de Folgarolas. Al llegar al punto llamado «Raureda de Banús», saliendo Pedro Masferrer (a) «Pere de la Marguerida Munich,» y Sebastian Sola (a) «Salabriá de can Pep Metu,» de un campo sombrado de maíz, las sorprendieron con las voces de «Atrás, que por aquí no pasareis;» y con la terrible amenaza de que si daban un paso no darían dos.»Al oír esta intimacion, y como si presintiesen aquellas desgraciadas el cruel martirio que las aguardaba, quisieron entregarles el dinero que llevaban creyendo sin duda que por este medio conseguirían librarse de él; pero contestándolas que el dinero ya lo tomarían después, las obligaron a retroceder, conduciéndolas al punto llamado la «Raureda de Serrabou,» en donde permanecieron un breve rato, y prosiguieron luego su camino y pasando por delante de la capilla de San Jaime llegaron al término nombrado «Sot del Cos.» lugar elegido por los asesinos para el sacrificio y que quedó regado con la sangre de seis almas inocentes.
»Una de las seis jóvenes, salvada milagrosamente, vuelta en si del accidente que le ocasionó la estrangulación frustrada que contra ella se intentó y herida que recibió en el cuello, se levanta, da cuenta en una casa inmediata de lo acontecido con las otras compañeras, y acudiendo los moradores de aquella al sitio que se les indica, contemplan con espanto aquella escena de sangre y de horror, y los cadáveres de Teresa Fusimaña, Mariangela Dìsorgas y Josefa Sala, y próximas a exhalar el último aliento María Serra y María Disorgas; se presta a estas pronto у eficaz auxilio, у repuestas algún tanto del lamentable estado en que se encontraban, designan como autorеs de tan horrendo crimen a los sobredichos Masferrer y Sola, a quienes después reconocen en los actos de vista y careos practicados, foleos... (El caballero fiscal cita aquí y en otras ocasiones los foleos de la causa a que corresponden los procedimientos a que hace referencia). Se procura la captura de los acusados y no puede conseguirse porque, protegidos estos por Pablo Noguera (a) Mariano, huyen a Francia; pero merced al bеnеmérito guarda-bosque Pablo Puig que, con unа abnegación y constancia digna de elogio, les sigue de cerca, penetra pocо después que ellos en el vecino imperio, y entregando la nota que el cabo de las escuadras de San Pedro de Torelló le había dado con las señas de los asesinos, se procede a su captura, y reclamada su extradición como comprendidos en el artículo 2.º del tratado internacional vigente entre Еьрайа y Francia de 26 de agosto de 1850, fue aquella concedida por decreto imperial de 30 de octubre último.
»Conducidos a estas сагсеles declara Pedro Masferrer con una estupidez salvaje, que estando bebiendo a las doce, poco mas o menos, de Ja noche del sábado 21 de agosto último, con su compañero Sebastian Solá, vio pasar a las seis jóvenes de Folgarolas entre las que iba Teresa Fusimaña, con la cual había tenido relaciones que cesaron dos o tres días antes, y que habiendo llegado a entender que había hablado mal de él, le ocurrió la idea de шаtarla, a cual efecto las siguieron hasta darles alcance, y separándolas del camino las detuvieron. Entonces cogió a la Teresa, la llevó un poco separada de las demás y le dio de cuchilladas en el cuello; que después de matar a la Teresa volvió por otra, que ignora como se llamaba, pues solo sabia que era de Folgarolas y también la dio de cuchilladas, dejándola un tanto retirada del otro cadáver; que en seguida se llevó a otra e hizo lo mismo, y que últimamente cogió a la cuarta y retirándola de las tres que en su concepto ya habían espirado, le dio igualmente de cuchilladas, dejándola también por muerta.Añade que ningún resentimiento tenia contra las jóvenes que acompañaban a la Fusimaña, y que si las mató fue рогque creyó que matándolas a todas no seria descubierto, y que aun cuando después supo que no habían fallecido, su intención era la de matarlas. Aseguro que él se iba llevando de una a una a las cuatro que inmoló, que su compañero Sola las guardaba, y que este mató las otras dos. Dice que no las robaron y que no fueron por nadie inducidos: que antes del amanecer volvieron cada uno a su casa, y que a la mañana siguiente se fueron a Vich, y oyendo que se hablaba de las jóvenes a quienes habían degollado en la noche anterior, regresaron a Roda; y que cuándo se enteraron de que vivían tres de las jóvenes a quienes ellos creían muertas, y que el hecho se babia divulgado, acordaron marcharse a Francia, a donde llegaron andando dos noches y un día siempre por los bosques, sin recibir protección ni socorro de nadie; negando al mismo tiempo conocer a Pablo Noguera (a) Mariano.
«Sebastian Sola declara también que estando bebiendo con su compañero en la noche del 21, vieron рasаг a las seis jóvenes de Folgarolas, entre las que iba Teresa Fusimaña, y que diciéndole Masferrer que le acompañara para dar cuatro bofetones a esta última, echaron a andar tras ellas; que un poco antes de llegar al punto llamado «Sot del Cos» las detuvieron, y separándolas del camino, las llevaron por delante o muy cerca de la ermita de San Jaime; que al detenerlas le dijo alguna de las jóvenes que si querían el dinero se lo darían, a lo que contestó Masferrer que el dinero ya se lo tomarían después; añadiendo que cuando estuvieron cerca del «Cos» dijo la Teresa Fusimaña que iba a gritar, y Masferrer le replicó que si daba un grito no daría dos; que siguieron andando hasta llegar a un campo, y deteniéndose allí les mandó Masferrer a él y a las jóvenes que estuvieran sin moverse, y que entonces cogió aquel a una de las chicas, se retiró a unos treinta o cuarenta pasos de distancia, y la mató; que después volvió por otra y la retiró, matándola como a la primera, y que sucesivamente se llevó hasta cinco, siendo la última de las que se llevó la Teresa Fusimaña; que Masferrer le obligó a él a que asesinase a una de las jóvenes, y que por miedo, y retirándola treinta o cuarenta pasos, la dio una cuchillada con la navaja que al ir a sorprenderlas le dio Masferrer, dejándola tendida en el suelo.
»Afirma que su compañero robó a las cinco que mató, y que él a la que hirió; conviene en que se fueron a sus casas, y después a la mañana siguiente a Vich; que a la tarde regresaron a Roda; que el lunes 23, después que supieron no habían muerto todas las jóvenes, se marcharon los dos a San Pedro de Torelló, que cenaron en una casa conocida de un amigo de Masferrer, en la que durmieron un rato, y a cosa de las diez de la noche partieron de este pueblo, y a la salida encontraron a un hombre conocido de Masferrer, que después ha reconocido ser Pablo Noguera (a) Mariano, el cual les acompañó hasta Santa Pau, donde se despidió de ellos manifestándoles que siguiendo la carretera sin separarse de ella, llegarían al pueblo de la Manera (Francia), dándole él un duro a dicho hombre, y que Masferrer también le dio algún dinero, pero que no sabe cuanto, porque no reparó en ello. —Este acusado ha pretendido disculparse con las palabras que asegura dirigió a Masferrer de que «era hombre de paja, que no tenía palabra y que aquello no era lo tratado», pero esto en nada atenúa su responsabilidad criminal, puesto que con el hecho de recibir la navaja que dice le dio Masferrer (lo cual niega este) queda probado que iba dispuesto a matar o herir, como lo verificó, y que si tal no era su intención e ignoraba, como aparenta ignorar, los designios de Masferrer, ya que no hubiese podido evitar el primer asesinato, pudo y debió evitar los demás huyendo con las cinco jóvenes a quienes guardaba; y cuando así no obró, es evidente que estaba enterado de todo y dispuesto a obrar en el sentido que lo hizo. y por último, que en el careo con Josefa Pons le reconoce esta por el mismo que intentó estrangularla, dándole además una fuerte cuchillada en el cuello.
»La discordia que se observa entre las declaraciones de Pedro Masferrer y Sebastian Sola en nada mejora la situación de ninguno de estos dos reos, pues hallándose convictos y confesos de ser autores de los homicidios, heridas y robo de que se trata, y reconocidos como tales por las tres jóvenes que la Providencia Divina se dignó salvar, poco importa para que la ley ejerza su imperio, que Masferrer consumase el sacrificio y robo de cuatro, y Sola de una o de dos.
En seguida pasó el caballero fiscal a detallar los cargos que resultaban contra Pablo Noguera, quien, si no cabe duda que acompañó a los reos en su fuga al extranjero, fue después de haberse cometido, circunstancia que atenúa su culpabilidad, concluyendo por pedir para el Masferrer y Sola la pena de muerte en garrote vil, y tres años de presidio correccional para el Noguera.
Luego después los defensores de los reos Masferrer, Sola y Noguera, que lo fueron D. Juan Duarte, teniente; D. Miguel Delgado y Monroy, capitán graduado; y D. Víctor Moreno y López, también teniente; todos ellos del regimiento infantería de Valencia. núm. 23, cumplieron con la noble misión que les estaba confiada del mejor modo que lo permitían las circunstancias especiales en que se encontraban sus respectivos patrocinados. Acto continuo el señor presidente del consejo dispuso la presentación de los reos.
En este momento notóse en el numeroso auditorio un extraordinario impulso de curiosidad.
Compareció el 1.º Pedro Masferrer. Este desventurado es de semblante siniestro. Su rostro achatado y su mirada viva y penetrante previenen poco en su favor. Manifestóse sereno e impasible, y contestó con seguridad a las preguntas que se le dirigieron, no tratando de ocultar, ni de atenuar siquiera las circunstancias del crimen que pesa sobre su conciencia. El Sebastian Sola es el reverso de la medalla de su compañero.
Pedro Masferrer tiene 28 años cumplidos, es soltero, de oficio tejedor y vecino de Roda. Estuvo en presidio acusado de haber dado de cuchilladas, y consta que disfrutaba de malísima reputación. Tampoco la tenía muy favorable el Sebastian Sola, que es también soltero, vecino del propio pueblo, de oficio hilador, y que solo cuenta 21 años de edad.
A las doce del día terminó la vista y el consejo de guerra quedó reunido en sesión secreta. El fallo que pronuncie debe sujetarse a la aprobación del Escmo. Sr. Capitan general.
El secretario de la redacción, JUAN ALVAREZ.
Les Degollades de Folgueroles
Maria Serra i Oms, bisabuela de Joan Vilamala, autor del libro Les Degollades de Folgueroles, había quedado, como hacía cada semana, en la noche de un sábado de agosto con otras cinco chicas en la Cruz de Codines de Roda de Ter. Habían terminado su semana laboral en las fábricas y volvían juntas a Folgueroles para pasar el domingo con su familia. No sabían que, escondidos en la oscuridad, dos hombres vigilaban sus movimientos.
Cuando pasaban por la sierra del Banús, cerca de Tavèrnoles, fueron asaltadas por Pere Masferrer y Sebastià Solà. Las degollaron una a una. Mientras uno mataba, el otro miraba que no escaparan. No eran desconocidos. Teresa Fussimanya, una de las seis chicas y que tenía entonces 19 años, había dado calabazas a Masferrer unos días antes en la fiesta mayor de Folgueroles. Esto provocó la ira de aquel sujeto, que se hizo ayudar por Solá para cometer esa barbaridad que aún pudo ser peor. Tres de las chicas sobrevivieron a las heridas. Después de una hora los asesinos volvieron al lugar para comprobar que estaban muertas. A la bisabuela de Vilamala le llegaron a poner una cerilla en la nariz para ver si respiraba y ella se hizo la muerta. Gracias a ello se salvó.





No hay comentarios:
Publicar un comentario