martes, 5 de mayo de 2026

Esmeralda Cervantes

Clotilde Cerdá y Bosch nació en Barcelona en 1861. Con tan sólo 12 años ofreció un concierto de arpa en el Teatro Imperial de Viena, con motivo de la Exposición Universal. Posteriormente en sus actuaciones fue conocida como Esmeralda Cervantes

Esmeralda Cervantes en Tenerife a la edad de 42 años. 

En la recepción que posteriormente se celebró en la embajada de España, Clotildina recibió los mayores cumplidos de las personas que allí se encontraban; entre ellas, el eminente escritor francés Víctor Hugo, quien la bautizó con el seudónimo de Esmeralda, en memoria de la heroína de su novela Nuestra Señora de París, a la vez que Isabel II de Borbón le añadía el apellido Cervantes, el más ilustre de las letras españolas.

Esmeralda era hija del ingeniero Ildefonso Cerdá, responsable del ensanche de Barcelona de mediados del siglo XIX, y de la pintora Clotilde Bosch.

Cerdá tuvo con Clotilde cuatro hijas: Pepita (1849), Sol (1850), Rosita (1851) y Clotilde (1862). La hija menor fue fruto de una relación extramatrimonial, aunque Cerdá la reconoció como propia. Finalmente, en 1862 el matrimonio se separó y en 1864 las Clotildes, madre e hija, se fueron a Madrid.

Tras pasar unos años en Madrid, madre e hija viajaron a Roma. Allí estudió pintura con Mariano Fortuny, pero finalmente se decantó por la música. 

Tras el éxito obtenido, Richard Strauss la llevó con su orquesta por las principales ciudades alemanas, recibiendo en Múnich los elogios de Richard Wagner, quien la calificó de «genio» cuando actuó ante el rey Luis de Baviera. En Londres actuaría en el Palacio de Buckingham, para la reina de Inglaterra y el príncipe de Gales.

A los 14 años inicia una macro gira de conciertos por Hispanoamérica. En Argentina actuó en el Teatro Colón de Buenos Aires, siendo recibida por el presidente de la República. En Brasil, el emperador Pedro II la nombró Arpista de su Imperial Cámara. En Uruguay, el presidente la distinguió como Hija Adoptiva de la República. En Chile ofreció varios conciertos benéficos y cenó con el presidente de la República.

Al año siguiente actuó en la Exposición Internacional de Filadelfia de 1876, dedicada al Centenario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos; en junio, reunió a más de diez mil personas en el Madison Square Garden de Nueva York; y en Cuba ofreció treinta y seis conciertos, durante tres meses, entregando la recaudación de veintiocho de ellos a beneficio de los heridos de guerra.

Éxitos en América

Sus 16 cumpleaños los celebró en Méjico, donde tuvo grandes éxitos artísticos. En el homenaje que se le tributó en el Casino Español, asistió el presidente de la República, Porfirio Díaz. Con 18 años de edad formó parte del elenco artístico del concierto que Franz Liszt ofreció en Roma, quien, al oirla interpretar la Fantasía de Oberon op. 59 de Elías Parisk Alvar, exclamó: «¡Es la primera vez que siento el arpa!».

Arpista de la Real Cámara

Cuando tenía 19 años participó en la velada artística que la Sociedad Académica de Lisboa celebraba al cumplirse el tercer centenario del fallecimiento del escritor y poeta Luis de Camoens. Al oírla, el rey Luis I de Portugal la nombró Arpista de la Real Cámara.

Después del impasse por su boda (1885-1889), retoma su carrera musical en Alemania, ofreciendo varios conciertos en Berlín, con la Berliner Philarmonischen; en Altenburg, con la Berliner Singakademie; y en Hamburgo, con la Berliner Opeembauss. También interviene en Londres, Bruselas, Frankfurt y Berlín, bajo la dirección de William Macet.

En agosto de 1893 fue invitada a la Exposición Universal de Chicago (Estados Unidos), participando en un concierto con la orquesta dirigida por Theodore Thomas. El 1 de diciembre actuaría en la Casa Blanca, ante el presidente Cleveland y, al día siguiente, ante el Cuerpo Diplomático, en el Metzerott Hall de Washington.

Autores contemporáneos

En sus conciertos, solía utilizar piezas de autores contemporáneos, aunque también solía interpretar sus propias obras, ya que fue autora de doce composiciones para arpa.

Al cumplir los 30 años considera que debe cambiar su vida itinerante por una más reposada. Se presenta a las oposiciones a la cátedra de arpa del Real Conservatorio de Madrid y, al no obtenerla, comienza a dar clases de arpa en su piso del Paseo de Gracia, en Barcelona, a la vez que dirige las revistas La Estrella Polar y El Ángel del Hogar, en las que publicó obras como La historia del arpa o Cartas Musicales. También Funda la Academia de Ciencias, Artes y Oficios para la enseñanza de la mujer, en el ático del Hotel El Continental, en la Rambla de Canaletas, donde niñas y adultas de escasos recursos económicos se formaban en diversas disciplinas, teniendo que cerrarla tres años más tarde por falta de apoyo institucional.

Esmeralda llegó por primera vez a Santa Cruz de Tenerife, el 25 de julio de 1880, a la edad de 19 años, precedida de una gran fama mundial y acompañada por su madre. Los días 26 y 29 ofreció dos conciertos en el Teatro Municipal, organizados por la Sociedad Filarmónica Santa Cecilia, volviendo a a ofrecer otro concierto el día 30, tan brillante como los dos primeros, cuya recaudación entregó al capitán general Valeriano Weyler para que pudiese financiar las obras de la plaza que luego llevará el nombre del militar.

Ascensión al Teide

Los días 2, 3 y 4 de agosto ascendió al Teide, caminando desde La Orotava, dejándonos un entrañable relato titulado: Un Recuerdo de mis Viajes. Subida al Teide. Durante su estancia, madre e hija se inscribieron en la Logia Tinerfe nº 114, en calidad de Hermana Hospitalaria de Honor y grado 3º.

En esta estadía, Esmeralda Cervantes se prendó de nuestra isla y de nuestra ciudad, visitándonos y deleitándonos con algún concierto durante la escala del barco que la llevaba para América.

Se queda en Tenerife

Hasta que, a partir del 25 de diciembre de 1901, se quedó a residir en Santa Cruz con su marido el ingeniero brasileño Oscar Grossman, donde impartiría clases particulares de solfeo, piano, canto y arpa en su domicilio de la calle La Rosa 25.

En 1918 adquirieron un viejo caserón en la calle Bernabé Rodríguez 1, con entrada por la calle del Pilar, derribándolo para construir un chalet con jardín, huerta y casa para el servicio. En el mes de agosto subían a veranear a La Laguna, para disfrutar de la excelente temperatura.

Durante sus 25 años de estancia en Santa Cruz, Esmeralda brindó su apoyo, su experiencia y su arte a numerosas asociaciones pues, el 18 de abril de 1903, ofreció un concierto benéfico para recaudar fondos para la Junta de Caridad de Señoras de Santa Cruz de Tenerife; en las Fiestas de Mayo de 1904 formó parte del jurado en un concurso de bandas de música celebrado en el Club Tinerfeño (Náutico); en las Fiestas de Mayo de 1924, dirigió el Coro de Señoritas del Círculo de Amistad XII de Enero que actuaron en el Teatro Guimerá.

En la iglesia de San Francisco

El citado año interpretó escogidas composiciones religiosas en la misa celebrada en la iglesia de San Francisco, en honor de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro; en la inauguración de la iglesia de las Asuncionistas ofreció bellas composiciones de música religiosa; y colaboró en la fiesta celebrada para recoger fondos para ayudar a los soldados españoles que luchaban en Marruecos.

También publicaría una serie de artículos en el Diario de Tenerife, titulados Recuerdos de Viajes, en los que cuenta su estancia en Constantinopla y su opinión sobre la mujer turca. En marzo de 1925, una hemiplejia la dejaría inválida, falleciendo a los 65 años de edad. Las solemnes honras fúnebres tuvieron lugar en la iglesia de San Francisco.

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Esmeralda simpatizó tanto con nuestra tierra y con nuestra gente que, después de recorrer todo el mundo recogiendo aplausos, distinciones y simpatías, eligió Santa Cruz para su retiro y descanso definitivo, junto a su marido Óscar Grosmann, durmiendo ambos la paz eterna en un mausoleo de mármol de Carrara, situado en el pasillo del patio central del cementerio de Santa Lastenia.


El Arte, 16 de agosto de 1874

Encuéntrase en Barcelona una verdadera notabilidad artística, según los periódicos extranjeros.

Aludimos a una linda joven española que ha llegado a ser una notabilidad en el arpa y que ha dado brillantes conciertos ante distinguidas personas y soberanos de Europa. Esmeralda Cervantes, es su nombre artístico y bajo el cual es conocidísima en los más renombrados salones de Conciertos.

Esperamos tener el gusto de admirarla en Madrid para ocuparnos más detenidamente de su indisputable mérito.

La Época, 14 de noviembre de 1874

Con motivo de una correspondencia de París copiada en LA ÉPOCA del 3 de noviembre da otro diario de Madrid, la hija da la señora de Cerdá, que en el mundo artístico brilla ya como una verdadera estrella con el nombre de Esmeralda Cervantes, nos escribe una sentida carta protestando contra la apreciación inexacta de que el concierto dado en París bajo el patronato de la Cruz roja había tenido, no solo un objeto carlista, sino el de arbitrar recursos para prolongar nuestra fratricida guerra civil. Semejante idea debía herir todas las fibras de su alma. Una niña de 13 años, por eminente artista que sea ya, dada su edad, no pueda tener mas partido ni pasión que la pasión del arte; pero si algún sentimiento político se abrigase en su corazón, el título que lleva de arpista de la reina Isabel marcaría su filiación. En cuanto a sus padres, Barcelona y Cataluña saben que han figurado siempre en la opinión liberal de España.

La joven artista creyó que tratándose de la caridad no hay partidos, y la sociedad de la Cruz roja ó de socorros a los heridos de la guerra, de que Esmeralda Cervantes forma parte como presidenta honoraria da la sociedad lírica de Barcelona que lleva este nombre, solo reconoce en todas las naciones de Europa, como en España, victimas dignas del apoyo de todas las almas filantrópicas. Así es, que en Francia el mariscal Mac-Mahon, y en España el duque de la Torre, así como la duquesa de Medinaceli en Madrid, han prestado su apoyo a esta sociedad, y a ella consagró Esmeralda Cervantes todo lo que podía darle: su joven corazón y extraordinario talento, pensando qua si un socorro llegaba a un herido carlista, español siempre, otros preciosos alcanzarían por ella dados a los que defienden en España la causa de la libertad y de la civilización. Así, dejó que en nombre da la Cruz roja el conde de Serrurier, presidente del comité en París, invitase a la princesa Margarita y a las damas legitimistas del faubourg Saint-Germain, como ella y su señora madre invitaban a la reina Isabel, al republicano Víctor Hugo, a los príncipes de Orleans, de los cuales el duque de Nemours es uno de los protectoras de la Cruz Roja, a los duques de Bailén y al embajador de España.

No fue culpa de la inspirada artista si por ciertas personas y a última hora se quiso dar un colorido político a una obra de caridad, impidiendo qua concurriesen a ella los marqueses de la Vega de Armijo, como la reina Isabel y las princesas, aunque enviando Isabel de Borbón, para quien habían preparado un palco, su generosa ofrenda. El objeto ni aun así se consiguió, pues Víctor Hugo envió a los jóvenes da la escuela de medicina, que no pueden ser reaccionarios, y los alumnos del Conservatorio, que también acudieron, devolvieron a la fiesta su carácter artístico, contribuyendo a la ovación que obtuvo Esmeralda Cervantes, que fue esplendente, y de la que habla con entusiasmo LA EUROPA ARTISTA, revista de París.

Naturalmente la joven artista no nos habla en su carta de un triunfo que con placer consignan nuestros corresponsales en la capital de Francia. En ella debía dar aun un nuevo concierto sobre cuyo carácter no habrá posibilidad de dudas, y mas tarde los que se propone realizar en Roma, San Petersburgo, Constantinopla y Egipto aumentarán los recursos verdaderamente destinados a los heridos que protege la Cruz roja.

Es triste que maniobras políticas ó intereses de partido se acojan i su nombre. No es la vez primera que, desde París, como desde Londres, se nos advierte que una parte de las sumas que la caridad cristiana y el sentimiento filantrópico ofrece realmente para heridos de la guerra, se dediquen a alimentar los horrores de esta. Los estados qua publica el comité central de París, demostrando que unos 12.000 duros recogidos se han distribuido por igual entre liberales y carlistas parece desmentir estos rumores; pero si tuviesen fundamento, terrible sería la responsabilidad de los que, en nombre de la humanidad, protegiesen la lucha y los horrores de la guerra.

De todas suertes, los embajadores de España en el extranjero deberían ponerse al frente de asociaciones para auxiliar a los heridos que vierten su sangre por la causa del orden social, de la libertad y de la civilización.

El Tiempo, 24 de diciembre de 1874

París 11 de Diciembre.

En la calle Taitbout, una de las más céntricas de Paris, se ha inaugurado anoche un pequeño pero elegantísimo teatro, que recuerda por su forma al de Haymarket, de Londres, y el que había en el palacio de las Tullerías.

Se daba un concierto por vuestra compatriota la niña de trece años Esmeralda Cervantes, que ya conocen VV. por los periódicos como la mejor arpista de Europa, pues sobrepuja en mérito al célebre Geoffroy, profesor de este conservatorio, uno de los maestros de éste prodigioso y precoz talento.

Como presentaría escaso interés para un público extranjero la narración detallada de las diferentes piezas que se ejecutaron, todas con sobrada razón aplaudidas, me limitaré a decir a ustedes que la graciosa Esmeralda sobresalió entre todos aquellos veteranos artistas, así como suele «Entre tomillos menguados descollar gigante encina».

La concurrencia que llenaba el lindísimo teatro se componía de lo más brillante de la sociedad española, parisiense y americana, y en un espacioso y elegantísimo palco de honor, construido frente al escenario, estaban la reina Isabel, y la condesa de Girgenti, vestidas con la más exquisita elegancia, y acompañadas de sus damas de honor y de sus gentilhombres.

Al final de cada pieza que tocaba Esmeralda, caía a sus pies una lluvia de coronas y de ramos de mucho precio y del mayor gusto, y en la última de la primera parte le arrojó uno de sus admiradores cien palomas, que llevaban todas al cuello lazos de seda con los colores de la bandera española.

En suma, esta soirée es una de las más agradables a que asistiremos este Invierno.

El embajador de España se hallaba en uno de los mejores palcos, inmediato al de la Reina. Pero se retiró apenas comenzado el concierto.

Nada de particular en política.

El Diario español, 15 de abril de 1875

— El día 23 del corriente, aniversario de la muerte de Cervantes, se celebrará en el palacio del Senado, por iniciativa de la asociación de escritores y Artistas, una sesión consagrada al príncipe de nuestros ingenios, leyéndose en ella notables poesías por las señoras doña Matilde Díez, doña Teodora Lamadrid y doña Elisa Mendoza Tenorio, y los señores Cañete, Catalina y Vico. La reputada artista Esmeralda Cervantes se ha brindado a ejecutar algunas piezas musicales, y el Sr. Arrieta a dirigir la orquesta. Oportunamente detallaremos el programa de dicha sesión, que promete ser brillante.

El Tiempo, 12 de junio de 1875

La joven arpista Esmeralda Cervantes se dispone a hacer un largo viaje a Ultramar, adonde ha sido invitada a trasladarse por el emperador del Brasil. El itinerario que en un par de años debe recorrer la artista española después que abandone el Brasil, adonde ahora se dirige, será Montevideo, el Perú, Cuba, Méjico, Estados-Unidos, donde asistirá a las grandes solemnidades de la Exposición de Filadelfia, California, Filipinas, Japón, India, Egipto, Turquía y Rusia.

El rey de Portugal la ha nombrado también arpista de la corte, la reina Pía de Saboya la ha regalado un medio aderezo con grandes brillantes, el rey D. Fernando un brazalete rodeado de las mismas preciosas piedras, y la condesa de Elda dos grandes brillantes para las orejas.

El Correo de la moda, 10 de enero de 1876

ECOS MUSICALES.

La prodigiosa niña Esmeralda Cervantes sigue obteniendo en Buenos-Aires legítimos triunfos. En la noche de su beneficio fue objeto de una brillante ovación que casi rayó en delirio, pues los ramilletes, las coronas, las joyas cayeron con suma profusión a los pies de la inspirada artista, y hasta una pequeña lira de oro macizo, regalo del Ministro del Brasil.

El 24 de Noviembre último Esmeralda Cervantes fue a Belgrano, para visitar a nuestra amiga la Baronesa de Wilson, en la preciosa quinta que habita, puesta a disposición de la ilustre escritora española por la conocida familia del Sr. Zuaivia, inspector general del Banco de aquel país.

Esta quinta, según nos escribe la persona que nos facilita estas noticias, se asemeja a los palacios griegos y a algunas casas de Pompeya y producía un magnifico golpe de vista, engalanado su pórtico con escudos nacionales y argentinos, banderas de ambas naciones, arcos de follage, y alfombrado el suelo con hojas de rosa, que comunicaban al ambiente un suavísimo perfume.

Habíase dispuesto así para recibir a Esmeralda, quien vestida de blanco y rosa, tocó delante de multitud de señoras que la aguardaban allí para conocerla, algunas piezas en el arpa con su maestría acostumbrada.

Después de servido un abundante refresco, pasaron los concurrentes a visitar otra cercana quinta; engalanada y decorada del mismo modo, propiedad del hermano del Sr. Zuivia, Secretario del Senado, en donde estaba preparada una opípara comida.

Iguales obsequios se dispensaron allí a Esmeralda y a su simpática madre, quedando todos prendados, al par que del mérito de la joven artista, de su sencillez y gracia.

Sabemos que Esmeralda volverá pronto entre nosotros, como asimismo la autora de El mundo en carnaval, señora Baronesa de Wilson.

La Ilustración española y americana, 30 de noviembre de 1876

ESMERALDA CERVANTES.

CARTA A FERNANDEZ BREMON.

I.

Cuando visité por vez primera a la eminente niña, que en el mundo del arte se ha hecho conocer con este extraño y simpático pseudónimo, fui a cumplir por delegación los deberes de una recomendación casi oficial.

Venía la ilustre arpista por vez primera a Madrid, y conocida ya de antiguo en el circulo del palacio Basilewski, en París, por el Sr. Conde de Coello, nuestro actual representante diplomático en Italia, encomendóla a la solicita atención de compañeros queridos en la propiedad y dirección de La Época, de quienes recibí la grata misión de ofrecer a Esmeralda los servicios generosos que han sido repetidas veces el sólido escabel de muchas reputaciones, aunque legítimas, incipientes. No obstante, porque contrariaba mis planes de aquella noche, confieso que asistí a la morada de Esmeralda casi casi como a la fuerza.

Clotilde Cerdá había invitado para que la oyeran a los profesores más considerados del Conservatorio. Cuando llegué a su casa encontré en ella a Arrieta, Monasterio, Zabalza, Guelbenzu, Mata, el Marqués de Gaona y algún otro que la memoria infiel no me trae ahora al recuerdo. Había también algunos convidados que, como yo, eran profanos al arte, y entre éstos el Sr. D. Manuel Silvela y el Sr. Marqués de Corvera, que habiendo comido aquel día en casa de la Sra. Condesa del Montijo, hicieron una breve escapatoria por saludar a la que habían ya admirado en Francia en los salones de la reina Isabel.

Monasterio me confesó que estaba aquel día molido de trabajo (había tenido Capilla en Palacio y concierto en el Circo del Príncipe Alfonso) y aun calenturiento, y que sólo por no ser descortés con aquellas damas había deferido a su invitación. Protestas análogas oí a Arrieta, a Guelbenzu y a Zabalza. Pero todavía, cuando las formularon en reserva de amistad, Clotilde no se había acercado al arpa. Antes de hacerlo se habló mucho de grandes maestros concertistas, de grandes compositores, y entre aquella profusión de nombres exóticos, que ni todos eran para mí nuevos, ni todos conocidos tampoco, la amable niña hablaba de cada uno como de las personas que le hubieran sido más familiares: de todos había recibido una lección, una nota, un recuerdo; y al tratar de su amistad con todos ellos, la ingenuidad de su rostro y la facilidad y fijeza de su frase revelaban la verdad de su relato. Aquel primer examen oral ya sedujo a los hábiles interlocutores de Esmeralda.

Luego se acercó al arpa; suspendió a todos con las infinitas armonías que arrancó su diestra mano en obras de Godefroid, Thomas, Gounod, Haydn y Strauss, y Monasterio, volviéndose a mí, me dijo al terminar Clotilde de tocar Les Adieux del primero de estos célebres compositores: — Confieso a usted que me he llevado chasco: no esperaba esto: ni ya siento el cansancio del día ni me duele la cabeza. — Arrieta, por lo bajo, emitió su respetable juicio sobre la joven arpista en estos elocuentes términos, al Marqués de Gaona y a mi: — Verdaderamente, dijo, esta niña es un portento: es un talento fundamental.

Si esto opinaban y esto sentían tan autorizados maestros, ¿ qué sería de mí ?

II.

Lo que pensé y sentí acerca de Esmeralda en aquella inolvidable velada, escrito está en las columnas de La Época. Aquella admiración a la artista, sin embargo, creció de punto cuando en la afectuosa confianza que fue desde entonces vínculo de inquebrantable amistad, pude relacionar la aureola del genio con la aureola de la constancia y los trabajos: ¡ que no fuera el celeste privilegio del talento don tan digno de universales respetos, si sus palmas se alcanzasen ordinariamente sin las pruebas fatigosas del afán y de sus luchas exacerbadas con la tenaz esquivez de la fortuna, que realza los ánimos generosos en lugar de abatirlos y achicarlos, y con la pugna encarnizada con la desgracia, que mientras más duramente persigue a los de espíritu levantado, más les eleva y les engrandece !

Asmodeo, cuando habló de Esmeralda en una de sus Revistas de La Epoca, tan estimadas en el mundo del buen tono, contó con su ingenuidad acostumbrada cómo la conoció en las antecámaras de la reina Isabel en París, recibiendo de esta augusta señora acogida preferente en su regia estancia a la concedida a los grandes y a los títulos que concurrían al palacio de Basilewski a visitarla. Más llana conmigo la encantadora niña, abrió a mi amistad dos brillantes hojas del libro de su historia.

En una estaban escritas las revelaciones inapreciables de los trabajos de su educación y de su infancia; en la otra, álbum de más brillantes recuerdos, se encerraban las espléndidas flores de que la admiración ha sembrado el camino de la artista. El vulgo ilustrado, los muelles lectores de las cosas superficiales y amenas, ya han devorado algunas notas de esta parte de la historia de Esmeralda: de la primera, pocas son conocidas, porque verdaderamente la historia del trabajo y de la constancia contra las remoras del infortunio, casi, casi no son interesantes más que para los que en el camino de la constancia y del trabajo nos hemos hallado frente a frente en lid abierta con el infortunio y sus obstáculos. Sin embargo, algo de esto es digno de saberse, para que a la aureola del genio que hoy ciñe la frente de Esmeralda, preste su divino esmalte el mérito de sus triunfos sobre el ominoso estigma de la suerte desdeñosa.

III.

Clotilde Cerdá no desciende de una familia advenediza: su padre, a quien acaba de perder, D. Ildefonso Cerdá y Sunyer, miembro de una de las familias patricias más distinguidas de Vich, era ingeniero civil, y en su carrera ha dejado un nombre esclarecido, pues a él se deben la construcción de la carretera de Barcelona a Francia, la del ferro-carril de Granollers, la del canal de la Infanta, la conducción de aguas a Valencia, los planos del ferro-carril de San Juan de las Abadesas y el del ensanche de Barcelona, sobre cuyo proyecto escribió notables obras, donde manifestó sus profundos estudios y vastos conocimientos, no sólo en las materias más propias de su profesión, sino en cuanto concierne a topografía, hidrografía, climatología, higiene y sanidad. Además Cerdá había sido en varias ocasiones presidente de la Diputación provincial de Barcelona, y diputado a Cortes.

De tan abonado tronco procede la eminente arpista, nacida en Barcelona el 28 de Febrero de 1861. Casi en la infancia salió de Cataluña, porque su madre, doña Clotilde Bosch, animada de un secreto impulso, se obstinó en dar a la niña una educación artística, que contrariaba las tenaces preocupaciones de la clase social a que pertenecía, refractaria en nuestro país más que en ningún otro a abandonar las mujeres a los contrarios embates de la lucha artística. Roma fue el refugio de las dos Clotildes, y la madre, en cuyas manos no han sido ingratos los pinceles, fio a éstos su sostén y la educación de la niña, pues Cerdá, que, aunque había trabajado tanto, no había explotado la fortuna, excusaba los sacrificios exigidos para aquella empresa, no influyendo poco en su determinación su oposición a acometerla. En aquella intrépida tentativa, sembrada de los trabajos inherentes a resolución tan atrevida, superó con fe la Sra. Bosch todas las difíciles pruebas de su aislamiento y falta de recursos, decidida a labrar sobre la penosa cruz de las privaciones el porvenir apetecido para la hija de sus entrañas.

¿ Qué relato aquí cabe de esta parte de la vida de Clotilde ? El arpa y los pinceles se completaban bajo la dulce y recíproca ternura del amor de madre a hija y de hija a madre, y los días de afán, de privaciones, de incertidumbres los sonrosaban las cándidas alegrías de la alumna infantil de las sagradas Piérides. No eran solas para consolarse de las desdichas de tan difícil prueba. Cataluña tenía constantemente en Roma una rica colonia de artistas del porvenir, y el humilde hogar de las dos Clotildes era el centro de aquella gallarda juventud de que formaban parte Rosales, Fortuny, Vallés, Martí, Vera, y otros ya insignes maestros españoles é italianos, y muchos cuyos nombres aun no disfrutan del aura de la fama.

La ilusión del arte, el ansia de la gloria, la ardiente sed de la notoriedad laureada, el vivo estímulo de la fortuna, ¡ a cuántas ingenuas expansiones dio alientos bajo aquel techo y en aquel hogar! Nada es más hermoso que la vida de las doradas esperanzas. Ellas lo sanan todo; ellas mitigan todos los dolores; ellas sonrosan todas las imágenes de la fantasía. ¡ Feliz aprendizaje, parecido a la aurora brillante de un día de sol espléndido de Mayo ! Todas las nubes de la vida son en él vaporosas brumas que se abren y desvanecen a la primera aparición del astro bienhechor! Ningún punto oscuro en el espacio previene entonces de las rudas tempestades de la tarde. La exuberancia de fe desmaya las asechanzas del destino. La misma pobreza entonces es una prueba que ni abruma, ni desanima; el porvenir es un campo de esmeralda cuajado de vistosas flores; la gloria una aspiración sublime, y la constancia la más amable virtud. Ningún padecimiento llega a los dinteles del alma, que sueña sin descanso entre las vaporosas nubes del espacio en que se cierne.

Esta fue Roma para Clotilde en el primer vuelo de sus estudios, y aquí, sin embargo, están los días más afanosos de su existencia. Después de Roma, París fue la capital elegida para ensanchar los horizontes de la educación artística de Esmeralda. Félix Godefroid, prendado de las felices disposiciones de la niña, la tomó bajo su dirección, y a poco consiguió envanecerse en el círculo de sus amistades artísticas con lo acertado de su generosa elección.

El talento de la niña fue admirado por todo el París de los talentos escogidos, y entre éstos por Víctor Hugo, el primer poeta lírico de la Francia contemporánea. Todos animaron a la madre a sacar a Clotilde de su oscuridad de alumna; mas como para salir a la notoriedad del mundo artístico quisieran vencer madre é hija las dificultades de nuestras hidalgas preocupaciones españolas de nombres y apellidos, Víctor Hugo resolvió la mitad del problema bautizando a Clotilde con el pseudónimo de Esmeralda, en memoria de una de sus más románticas producciones. El pseudónimo lo completó luego una augusta señora, que siempre ha dispensado a la niña artista la protección más decidida. En efecto, la reina D.ª Isabel de Borbón hizo perfecto el nombre artístico de Clotilde Cerdá, añadiendo al Esmeralda de Víctor Hugo el Cervantes del inmortal autor del Quijote. Así se reunieron en la preciosa niña dos tan insignes recuerdos, compendio de los dos más grandes hechos de su vida hasta entonces, es decir, su nacimiento y su educación.

IV.

Sin embargo, la vida artística de Esmeralda Cervantes no comenzó hasta que su patria natural, España, se vio presa de la más profunda de sus revoluciones modernas, y su patria adoptiva, Francia, de la más ominosa de las guerras contemporáneas. París gemía bajo el fuego de los cañones prusianos cuando Esmeralda, errante por Europa en busca de fama y fortuna, se hallaba en la capital del Austria hacia Abril de 1873.

La colonia española que a la sazón se encontraba en Viena, con motivo de la Exposición Universal, quiso celebrar en aquella nación, cuyos emperadores, en los tiempos en que vivió Cervantes, recibieron su investidura bajo el influjo y el oro de los Austrias españoles, el aniversario del más grande de los ingenios que florecieron en nuestra edad de oro. Tomó la iniciativa en aquella solemnidad el representante diplomático de España en Viena D. Eduardo Asquerino, que antes que las de la política había con gloria cultivado las palmas de la bella literatura. Esmeralda Cervantes fue invitada a aumentar el brillo de la fiesta, ejecutando al arpa algunas de sus más predilectas melodías. Tratábase de un bautismo artístico de los más gloriosos, y desde luego la angelical artista asintió entusiasmada a lo que se la pedía. Tocó, en efecto, y arrebató a aquel culto auditorio. Al día siguiente todos los periódicos de Viena se hicieron lenguas de aquel milagro del arte, como con unánime dictamen la llamaron.

Inmediatamente el famoso concertista Antonio Zamara se comprometió a presentarla espléndidamente en el mundo artístico alemán, y desde aquel día Esmeralda gozó los honores de una primera reputación.

V.

Asquerino la recomendó a los agentes diplomáticos de España en toda Europa; Cabouli-Bajá, embajador de Turquía, le expidió título de arpista de la Embajada imperial de Turquía en Viena; el Emperador Francisco José tuvo ocasión de hacerla el primer regalo en joyas ricas y espléndidas; el joven alumno del Liceo Teresiano entonces le cobró la estimación que profesa a los que en el Olimpo de las artes dan gloria a la patria española; y Strauss y Languenbach se apoderaron de la niña y la llevaron como en triunfo de Viena a Munich y de Munich, durante cuatro meses, por todas las principales ciudades de la confederación alemana.

En Munich, Wagner, que la admiró, dijo al Rey de Baviera, informándole sobre la capacidad artística de Esmeralda: Ese es el genio.

Firmada la paz con Alemania volvió Esmeralda a París, desde donde hizo varias excursiones a Londres, y durante este tiempo tuvo el honor de tocar con los principales concertistas de Europa. Gounod y Thomas desde entonces le profesaron singular cariño, y el pianista Kontski, al presentarla a la Reina Victoria, la dijo: (C'est ma fille.)

Víctor Hugo, que con Esmeralda sostiene correspondencia epistolar, la escribía en cierta ocasión en una carta que fue publicada por todos los periódicos de Francia: Vous êtes encoré enfant, et vous êtes dejà une renommée. En The Times, otro entusiasta, después de haberla oído en los conciertos del Príncipe de Gales, escribió: We hope to see Esmeralda Cervantes next season; and hope she will play before Queen Victoria. Is she not her self a Queen of the musical art?

El álbum de Esmeralda contiene las firmas y los elogios autógrafos de casi todos los soberanos de Europa. La Reina de Wurtemberg le regaló un rico brazalete; un medallón, la de Holanda; una sortija, la de Bélgica; otra rica joya y un beso, la de Inglaterra; un rico aderezo de brillantes, perlas y rubíes, la de España, D.ª Isabel de Borbón; una rica pulsera de su uso continuo, la Condesa del Montijo, madre de la Emperatriz Eugenia; el Emperador del Brasil, unos brillantes en unos pendientes de inestimable valor, y los Presidentes de las repúblicas del Uruguay, de La Plata y del Perú, joyas también de muy subido precio. En un solo concierto en Buenos Aires se le regalaron joyas por valor de 44.000 duros.

En Filadelfia, en su visita a la Exposición, el Emperador del Brasil organizó un concierto en obsequio de Esmeralda; todas las repúblicas del Sur por donde ha pasado le han dispensado el honor de nombrarla ciudadana de honor de los Estados hispano-americanos; los periódicos ilustrados de París, Lisboa, Rio Janeiro, Montevideo, Buenos-Aires, Chile, el Perú y Nueva-York han publicado su retrato y biografía. Uno de aquéllos representa un templo de flores, en medio del cual Esmeralda de pie, junto al arpa, engalanada también con flores naturales, recibe de manos de las tiernas hijas del general Mitre el pergamino-diploma de la ciudadanía de honor de la República Oriental. Ahora Esmeralda se encuentra en Cuba, donde la rica Antilla no la prestará menos admiración. La carrera de esta preciosa niña es brillante, y el porvenir que el arte la ofrece le convida con un nombre imperecedero y una fortuna colosal.

De todo es merecedora la que dotada por el cielo con un talento tan peregrino ha sabido cultivarlo y hacer brillar su celeste resplandor en la esfera a que era llamado. Muchos trabajos y desvelos la costó su educación artística; muchos trabajos y desvelos le cuesta también el logro de sus laureles; pero el cielo los tiene decretados para los espíritus constantes, y nadie vence a Esmeralda en la constancia que la inspira su fe.

JUAN PÉREZ DE GUZMAN.

Noviembre, 1876.

La Dinastía, 21 de abril de 1887

La distinguida arpista doña Clotilde Cerdá (Esmeralda Cervantes) ha regalado al Excelentísimo Ayuntamiento, con destino al Museo Martorell, una preciosa colección de coleópteros y lepidópteros que el Emperador del Brasil había remitido a la Academia de Artes y Oficios para la mujer que hasta hace poco ha venido funcionando.

La Ilustración, 2 de septiembre de 1888

Nuestra compatriota la hábil arpista Clotilde Cerdá, conocida en el mundo musical, como no ignoran nuestros lectores, con el nombre de Esmeralda Cervantes, se encuentra actualmente aposentada en el Palacio del duque reinante de Sajonia Coburgo Gotha, por haber aceptado las brillantes proposiciones que éste la hizo después de haberla oído en los conciertos de Monte Carlo. El señor Duque, que permaneció el año pasado una larga temporada en aquel punto, en donde se hallaba Esmeralda Cervantes, tuvo ocasión de conocer el talento y la habilidad de esta joven artista, y procuró alcanzar de ella que se estableciese en Alemania.

Ilustración musical hispano-americana. 9 de abril de 1889

 — Nuestra compatriota la aplaudida arpista Esmeralda Cervantes ha dado en Berlín varios conciertos, en los que ha obtenido señalados triunfos. El público ha llenado el salón de la Academia de canto en donde ha tocado la señorita Cervantes, que ha sido obsequiada con ramos de flores y con repetidos llamamientos. Los principales periódicos dc Berlín, como el Berliner Frendemblatt y el Berliner Tageblatt, le dedican entusiastas elogios, diciendo que nuestra compatriota posee gran seguridad, fuerza de ejecución y técnica perfecta.

— Sobre la misma escribe otro periódico: «Nuestra paisana la popular concertista de arpa. Esmeraldina Cervantes, se encuentra en la actualidad en Alemania bajo la protección del duque Remonte Sape Coburg. El doce de este mes dio un concierto en la Singer Academia de Berlín, del cual se ocupan gran número dc periódicos de aquella capital prodigando grandes elogios a la arpista española.»

Celebramos el triunfo de nuestra compatriota.

La Oceanía española. 4 de septiembre de 1889

Esmeralda Cervantes.

Esmeralda Cervantes ha dado últimamente en Londres, un concierto público en la casa-palacio de la archimillonaria americana mistress Mackay, bajo el patronato de los Excmos. señores Albareda Dal’Antas, Príncipe Ghica, Embajadores respectivamente de España, Portugal y Rumania, del Cónsul español de Santurce, la Princesa Ghica, Teunaut, condesa de Casa-Miranda y Mackenzie.

Las damas inglesas tienen por costumbre proteger a los artistas, cediéndoles los salones de sus casas ó palacios para dar en ellos conciertos públicos. Mistress Mackay, que no había querido jamás aceptar como buena esta costumbre, se ha dejado convencer por el melódico encanto del arpa de Esmeralda Cervantes, y en obsequio a nuestra compatriota ha permitido por primera vez que se pudiera entrar en su casa pagando una guinea.

Mistress Mackay, como siempre hermosa, durante el concierto estuvo en el salón contiguo al de la fiesta, ocupado en su casi totalidad por bellas y elegantes damas. Los hombres estaban en tan exigua minoría, que si no la hubiera dado importancia de calidad la presencia del Embajador de España, del Sr. de Muñiz y del Príncipe Ghica, podríamos decir que la sala presentaba el aspecto de un hermoso ramo de flores manchado con unas cuantas gotas de tinta negra.

Esmeralda Cervantes tocó como siempre y obtuvo justos y merecidos elogios y también muy pingües resultados. Bien merece Mistress Mackay que la enviemos un entusiasta cumplido por haber desistido de su entêtement en obsequio a una española.

La España artística, 15 de junio de 1890

Esmeralda Cervantes, la arpista española tan conocida, se ha decidido por hacerse turca, según dice una carta de Constantinopla.

La arpista dio un brillante concierto a presencia del sultán Abdul-Hamid, y tan prendado quedó el soberano turco de la maestría de nuestra compatriota, que después de hacerle ricos dones, propúsole que se quedase en la capital del imperio como «maestra de arpa de las sultanas del harem.»

Y así ha sucedido.

La Ilustració catalana. 30 de enero de 1910

Els seus cursos y conferencies vegérense concorreguis per dexebles pertanyents a nostres mes elevades classes socials, obtenint mes endevant el títol de professora en l'Academia de Ciencies, Arts y Oficis que per a la dona havía fundat a Barcelona la eminent artista Clotilde Cerdá (Esmeralda Cervantes). En 1901 fou designada pera desempenyar el professorat de taquigrafía en l'EscoIa de Institutrius establerta en la Societat Económica d'Amichs del País, carrech que segueix exercint en la actualitat.

La Época, 12 de abril de 1926

Esmeralda Cervantes

Con gran sentimiento hemos recibido, la noticia de haber fallecido en Tenerife, donde residía desde hace varios años, la notable y eximia artista española Clotilde Cerdá, que hizo célebre el nombre de Esmeralda Cervantes, con que era conocida en el mundo del arte.

Su popularidad como arpista fue grande en todo el mundo, enalteciendo el nombre de su patria en todas las cortés de Europa y Repúblicas americanas, donde era siempre admirada, tanto por el talento artístico como por sus virtudes y bondades.

Fue discípula predilecta del maestro Thomas en el estudio del arpa, que llegó a dominar como nadie, y la sociedad madrileña recordará los conciertos dados por la artista a su paso por Madrid en los finales del siglo anterior.

Era también escritora brillante, teniendo publicados algunos volúmenes de sus impresiones en los diversos países que recorrió.

Había nacido en Barcelona y era hija del célebre ingeniero don Ildefonso Cerdá, a quien se debe el primitivo plan del ensanche de la ciudad condal.

Descanse en paz la insigne artista.

Y (Madrid). 1 de junio de 1944

Las periodistas y sus periódicos 

Por Juan Sampelayo

CUANDO hoy algunos muestran su asombro de ver nuestros diarios y revistas llenos de firmas femeninas, lo harían mucho más si, volviendo la vista hacia atrás, se dedicaran a hojear colecciones de periódicos ya cubiertos del amarillo color que el tiempo ha depositado sobre ellos.

Muchas revistas son las que en todo el correr del siglo pasado, que es el que hemos escogido para esta evocación, estuvieron dirigidas en la capital y en sus provincias por damas y damiselas.

La mayor parte de ellas trataban de cosas de la familia y de la moda, aunque no faltasen algunas de literatura o también las de «leyes y cuestiones atrevidas sobre la España», como aquella titulada El Robespierre español.

El citado periódico, que comenzó a tirarse en la isla de León por un médico militar, fue dirigido al ser encarcelado aquél por la esposa del mismo, doña María del Carmen Silva. Aparecía éste en Cádiz, y lo hacía en cuadernos de 16 páginas, siendo la autora de los «avanzados editoriales» la misma directora, que a veces tomaba la pluma para hablar de las encantadoras fruslerías femeninas.

Nada menos que en París, y como «órgano internacional de las artes, la literatura, el comercio, la moda y los salones», aparecía una revista de publicación decenal también pilotada por una periodista.

Los 10, 20 y 30 de cada mes salía de las prensas de Le Cler y Compañía, corriendo el 1878, La Estrella Polar, que éste era el nombre del periodiquito que dirigía la periodista doña Esmeralda Cervantes, cuyo verdadero nombre era de Clotilde Cerdá y Boch, ya que el eufónico Cervantes no lo usaba más que para las tareas del periodismo, dado que en el mundo social, donde brilló mucho, y en el arte —fue una consumada arpista—, usó tan sólo el suyo propio.

Las madres de familia presentes o futuras tenían su mejor consejero en La canastilla infantil, que se hallaba dirigida por la novelista doña Faustina Sáenz de Melgar. Esta señora dirigió también La Violeta, publicación dedicada a la reina Isabel II, y Paris-Charmart-Artistique, en el que había grabados a la acuarela copiando los últimos modelos que llevaban las bellas en la capital de Francia.








 




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