miércoles, 17 de septiembre de 2008

Accidente en el gaseoducto Argelia - España

A las 13 horas 20 minutos del día de hoy tuvo lugar un accidente laboral en la grua marítima semisumergible Saipem 7000, que trabaja en el tendido del gaseoducto Argelia - España que está construyendo la empresa Medgaz.

En este accidente fallecieron tres personas, otras tres resultaron heridas, y una más, desaparecida. Todo ocurrió cuando una tubería de acero, recubierta de tres capas de polipropileno, de 12 metros de longitud se soltó de la grua que la manipulaba y cayó sobre la plataforma aplastando a los tres trabajadores muertos. En el rescate de los heridos y de los cadáveres de las víctimas han participado un helicóptero de Salvamento Marítimo, dos helicópteros de la empresa Medgaz, dos UVIs móviles y una ambulancia convencional que han transladado a los heridos al complejo hospitalario de Torrecárdenas (Almería).

Poco después del accidente el helicóptero Helimer Alborán comenzó a rastrear la zona en busca del trabajador desaparecido.

La grua Saipem 7000 tiene 198 metros de eslora y una altura máxima en la cubierta principal de 43,5 metros. Puede levantar hasta 14.000 toneladas (7.000 toneladas en cada una de las dos gruas) de peso a 42 metros de altura sobre la cubierta, lo que la convierte en la segunda más potente del mundo. Es propiedad de la empresa petrolera italiana Eni. En esta grua viven y trabajan 45o trabajadores

Mediante esta grua se colocan más de tres quilómetros de tuberías al día del gaseoducto, a una profundidad de más de 1.250 metros. Medgaz inició en agosto el tendido del tramo submarino en aguas profundas, que comprende 120 de los 210 kilómetros que separan el punto de partida en Orán y el de llegada, en la playa de El Perdigal de Almería.

La primera parte del tendido se realizó a finales de junio mediante otro buque, el Castoro Sei, que instaló en aguas españolas el tramo correspondiente a la zona poco profunda, a alrededor de 550 metros de profundidad. El gaseoducto, que por primera vez unirá los yacimientos argelinos de gas natural con el mercado europeo, es también el primero que se construye en el Mediterráneo a más de 2.000 metros de profundidad. Una vez finalizado este tramo, se habrá completado el 80% del gaseoducto Argelia-Europa, vía España cuya puesta en marcha está prevista para 2009.

martes, 16 de septiembre de 2008

El Principio de Mediocridad

Hace unos días leyendo un libro de Jorge Wagensberg oí hablar por primera vez del Principio de Mediocridad, me pareció curioso, y como tal, lo comento aquí. No tengo ninguna otra opinión formada al respecto. Algunos de los textos siguientes son del citado libro, aunque un poco retocados.

Jorge Wagensberg.

En astronomía, el Principio de Mediocridad viene a decir que no existe nada intrínsecamente especial en la Tierra, y por tanto, tampoco en la especie humana. En consecuencia, el principio de mediocridad presupone que la vida extraterrestre debe ser relativamente común en el universo, porque las condiciones que han originado la aparición de la vida y de la inteligencia en nuestro planeta deben darse también en un gran número de otros planetas.

En las ciencias sociales, el Principio de Mediocridad afirma que no existe nada intrínsecamente especial en cualquier momento histórico. Aplicando este principio J. Richard Gott ha desarrollado un método matemático para estimar la posible duración de sucesos en curso sobre los que se tienen pocos datos.

J. Richard Gott.

Nuestra mente clasifica los sucesos en tres clases: los sucesos que han empezado y ya han acabado, los sucesos que ya han empezado pero aún no han acabado y los sucesos que aún no han empezado.

El presente es una fina línea a través de la cual el pasado engulle al futuro. La ciencia predice con éxito razonable la duración de un fenómeno que ya es historia. Con unos pocos restos y unos pocos rastros se hacen maravillas en geología, paleontología, arqueología o investigación policial. Otra cosa son los sucesos que aún no han empezado: ¿cómo estimar lo que va a durar un suceso si no sabemos bien de qué suceso se trata, ni si va a suceder, ni cuándo?

Por lo que hace a los sucesos que más nos afectan, nuestros coetáneos, los que ya han empezado pero aún no han terminado. De ellos podemos conocer al menos un dato: el tiempo que llevan rodando por este mundo. Supongamos que no sabemos nada más. ¿Podemos estimar el tiempo que les queda? La materia existe desde hace 13.500 millones de años, ¿cuánto le queda? La vida se asoma al planeta hace 3.500 millones de años, ¿cuánto le queda? El Homo sapiens supera los 200.000 años, ¿cuánto le queda? Yo ya he gastado 54 años de mi vida, ¿cuánto me queda? Un valor en Bolsa lleva subiendo seis semanas seguidas, ¿cuánto le queda?

La peor predicción que podemos hacer es un número comprendido entre cero (acaba ahora mismo) e infinito (no acabará nunca). La gran pregunta ahora es: ¿podemos hacer una predicción mejor? Podemos, sí. Basta aplicar el Principio de Mediocridad. Según este principio no existen observadores de la realidad privilegiados. O sea, cuando observamos un suceso coetáneo, nuestra posición no tiene nada de especial dentro del intervalo que media entre su principio y su final.

Para calcular el tiempo (X) que resta de un suceso sólo se necesitan dos números: el tiempo transcurrido (P) y la fiabilidad (f) con la que queremos hacer la estimación. La vida total del suceso es la suma del tiempo transcurrido y el que queda por pasar (P+X). Aplicar el principio de mediocridad es asumir que nada tenemos de especial al observar el suceso y, por lo tanto, no nos encontramos ni en el margen del comienzo ni en el margen del final, sino en cualquier instante del segmento restante.

Una breve operación permite deducir, utilizando la fórmula de J. Richard Gott, el tiempo que resta (X) del suceso. Este tiempo está comprendido entre dos valores: es menor que su pasado (P) multiplicado por un factor que sólo depende de la fiabilidad prefijada (el cociente entre 1+f y 1-f) y es mayor que su pasado P dividido por ese mismo factor.

En suma, si queremos una fiabilidad perfecta, y no equivocarnos, usaremos el valor f = 1. La fórmula no arriesga nada y predice un tiempo futuro entre cero e infinito, o sea, el suceso acabará entre ahora mismo y nunca. No nos equivocamos, pero es tanto como no saber nada. Si nos fijamos un error seguro, y un valor f = 0, la fórmula arriesga el máximo y predice un futuro nulo, el suceso se acaba con sólo mirarlo. Esto tampoco nos sirve de nada.

Pero existen infinitas situaciones intermedias. A más riesgo menos fiabilidad. Elijamos una buena fiabilidad, por ejemplo tomando f = 0,95, y veamos el resultado. El principio de mediocridad anuncia que el tiempo futuro será mayor que el tiempo pasado dividido por 39 y menor que el tiempo pasado multiplicado por 39. Si nos conformamos con una predicción de sólo el cincuenta por ciento, entonces el factor multiplicativo es 3.

La idea se le ocurrió al astrofísico Richard Gott mientras visitaba el muro de Berlín con su amigo astrónomo Charles Allen en 1969. El muro había sido construido ocho años antes, así que la predicción fue, con 0,5 de fiabilidad, que el muro duraría más de dos años y ocho meses, pero menos de veinticuatro años. Cuando el muro cayó veinte años más tarde, Gott llamó muy excitado a su amigo y decidió escribir un artículo para Nature.

Ahora, con un 0,95 de fiabilidad, respondemos las preguntas: la materia aún durará más de 346 millones de años, pero menos de medio billón de años. La vida animará el planeta durante 90 millones de años como mínimo, pero no más de 137.000 millones de años. La humanidad resistirá un mínimo de 5.100 años, pero se extinguirá antes de 7,8 millones de años (¡lo que ya sucediera, más o menos, con los anteriores homínidos!). Yo pienso aprovechar el año y cinco meses de vida que me garantiza el principio de mediocridad, celebraré cualquier ulterior propina y me conformo con ese tope máximo de 2.106 años.

Podemos arriesgar más si nos conformamos con un cincuenta por ciento en la predicción. En ese caso si unas acciones en Bolsa llevan subiendo seis semanas, aún se puede aguantar un día más sin vender, pero sería, al 95 por ciento temerario, esperar a que sigan subiendo después 54 años. Con el 50 por ciento de error, en cambio, la predicción es más inmediata: las acciones subirán un mínimo de dos semanas más, pero nunca más de dieciocho.

El principio de la mediocridad funciona. Gott prefiere nombrarlo como principio de Copérnico en honor del científico que rompiera con el prejuicio de que la Tierra está en el centro del universo y diera paso con ello a la revolución newtoniana. El principio de mediocridad premia a sus usuarios. Aplicarlo no es precisamente un gesto intuitivo, pero quizás se amague detrás de todas las grandes revoluciones. Moisés: todos los hombres son iguales ante Dios (aunque algunos sean los elegidos). Grecia: todos los ciudadanos son iguales ante la ley (aunque no todo humano sea un ciudadano). La revolución americana y la revolución francesa: todos los seres humanos son creados iguales y libres (aunque no se lo parezca a los esclavos y a las mujeres). Marx: ningún ser humano es especial respecto de los medios de producción (aunque la ilusión sea tenaz). Darwin: el ser humano no ocupa un lugar central en la evolución de los seres vivos, es sólo una especie más (digan lo que aún dicen nuestras tradiciones). Einstein: una ley de la naturaleza no puede depender de las particulares condiciones del observador... El principio de mediocridad es un principio saludable y agradecido.

Si aplicamos el método de cálculo de Gott al caso de la esperanza de vida de las personas, en función de su edad tendremos los resultados de la tabla siguiente. Saque cada cual sus propias conclusiones.

Si llevamos estos datos a una gráfica podría quedar de la siguiente manera.

“La rebelión de las formas“, Jorge Wagensberg, Metatemas - Tusquets 2.004 (Pag. 127)

domingo, 14 de septiembre de 2008

Reactor soviético Topaz

El Topaz es un mini reactor nuclear utilizado para proporcionar electricidad a los satélites RORSAT (Satélites militares de reconocimiento naval por radar). De estos satélites se enviaron al espacio 42 unidades, propulsadas por cohetes Soyuz los dos primeros y Tsiklon el resto, entre diciembre de 1965 y marzo de 1988.

El cohete R-36 se diseñó como misil intercontinental en 1967, llegándose a instalar 308 en silos subterráneos durante la Guerra Fría. De este cohete deriva el lanzador Tsiklon (Que se sigue fabricando en Ucrania), del que se lanzó la última unidad en junio de 2006 para poner en órbita el satélite de la armada rusa USPU de 3.150 Kg de peso.

El Topaz es un generador eléctrico termoiónico. En él el combustible nuclear produce calor que se aprovecha para producir el efecto termoiónico. El elemento que contiene el combustible radiactivo es el cátodo caliente que emite electrones. A este elemento le rodea otro cuerpo cilíndrico frío que recoge los electrones, es el ánodo. El espacio comprendido entre el emisor (Cátodo) y el colector (Ánodo) está ocupado por un arco de plasma formado por vapores de cesio. Este arco de plasma ayuda al movimiento de los electrones. El emisor está construido de molibdeno monocristalino (Mo) con un 3% de niobio (Nb), recubierto de una fina capa de tungsteno de una pureza del 95% (W) 194. El colector está fabricado de molibdeno policristalino. El material de que está hecha la capa aislante es óxido de aluminio monocristalino Al2O3.

En el espacio que queda entre la cubierta de acero inoxidable de un elemento TFE y el bloque moderador de hidruro de zirconio se hace circular una mezcla gaseosa al 50% de helio y de dióxido de carbono.

Barra formada por varios elementos termoiónicos conectados en serie, similar a las utilizadas en el reactor TOPAZ - II.

El TOPAZ - II se diseñó para funcionar durante tres años. Produce corriente contínua a 27 voltios y con una potencia máxima de 5,5 Kw. El conjunto completo pesa 1.061 Kg y tiene 3,9 metros de altura. De los 37 elementos termoiónicos (TFE) 3 se utilizan para alimentar la bomba electromagnética que mueve el fluido refrigerante. Como fluido refrigerante se utiliza la aleación NaK (78% de K y 22% de Na), que ha de trabajar a 600 ºC, con un caudal de 1,3 Kg/segundo, circulando por tuberías de acero inoxidable.

Reactor TOPAZ - I.

El reactor del TOPAZ - II trabaja con 27 Kg de óxido de uranio UO2 de una riqueza del 96% y en forma de pellets. Para mantener la reacción en cadena se utilizan neutrones epitermales de baja energía. El núcleo del reactor tiene unas dimensiones de 37 x 26 centímetros y el reactor completo de 92 x 40 centímetros.

El reactor dispone de 1 Kg de cesio, del que se consumen 0,5 gramos diariamente. El radiador está formado por 78 elementos con una superficie total de 7,2 metros cuadrados. Cada elemento está formado por una lámina de cobre recubierta con un esmalte negro.

Esquema de la instalación completa del TOPAZ - II.

En el TOPAZ II la protección exterior frente a los neutrones se consigue con hidruro de litio LiH. Para la protección de los rayos gamma se utiliza acero inoxidable.

Sección de un reactor TOPAZ - II.

En el croquis anterior el revestimiento del vaso del reactor y de las barras de control y de seguridad es de acero inoxidable, que está indicado como SS (Stainless Steel).

Las células TFE están insertadas en un nucleo de hidruro de zirconio ZrH (1,85). Este material actua de moderador de neutrones para reducir la velocidad de los mismos, de forma que sean útiles para continuar la reacción en cadena. Las barras de control y de seguridad han de mantener la velocidad de la reacción nuclear a un ritmo aceptable. Tanto las barras de control como las de seguridad están formadas por un núcleo de berilio (Be) con un sector de 120º de B4C/SiC dentro de una vaina de acero inoxidable. Girando las barras de control, y las de seguridad, se puede conseguir que los neutrones choquen contra la zona ocupada por el carburo de boro, sean absorbidos por este y, por tanto, la reacción nuclear vaya más lenta. En sentido contrario, si se hace que los neutrones incidan sobre el nucleo de berilio, no sólo no serán aborsorbidos, sinó que las partículas alfa que lleguen hasta allí producirán más neutrones que acelerarán la reacción nuclear.

El zirconio es un metal duro, resistente a la corrosión, similar al acero. En gran medida (Un 90% del total consumido) se utiliza como recubrimiento en reactores nucleares.

El berilio (Be) tiene uno de los puntos de fusión más altos entre los metales ligeros y al igual que el radio y el polonio, libera neutrones cuando es bombardeado con partículas alfa.

El carburo de boro B4C absorbe neutrones. El carburo de silicio, o carborundo, también se utiliza en el recubrimiento de algunos combustibles radiactivos.

NaK es una aleación de sodio (Na) y potasio (K) que puede presentarse en estado líquido a temperatura ambiente.

En 1978 cayó sobre Canadá un satélite RORSAT (Cosmos 954), esparciendo los restos radiactivos de su reactor TOPAZ sobre una superficie de 124.000 quilómetros cuadrados.

La URSS vendió dos reactores TOPAZ - II a Estados Unidos en 1992 por un valor de 13 millones de dólares. Estos reactores, que no incluían el combustible nuclear, fueron analizados y estudiados en los centros de investigación americanos.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Cohetes rusos de los años 30

El 15 de septimebre de 1931 se creó en la Unión Soviética el equipo de diseño de cohetes GIRD, (Gruppa Izucheniya Reaktivhogo Dvizheniya). Este grupo de ingenieros y diseñadores entusiastas de los cohetes se organizó en cuatro brigadas. De él formaron parte Fridrikh Arturovich Tsander, Mikhail Klavdievich Tikhonravov, Yuri Aleksandrovich Pobedonostsev y Sergey Pavlovich Korolev como responsables de las cuatro brigadas y otros 127 técnicos más, incluyendo torneros, soldadores y ajustadores.

El primer cohete de combustible líquido fue el GIRD - X (GIRD - 10), lanzado el 25 de noviembre de 1933. Este cohete alcanzó una altura de 80 metros, momento en que le falló el motor. El motor del GIRD - X utilizaba gasolina y oxígeno líquido, con lo que conseguía un empuje de 70 Kg.

El cohete GIRD -09 consumía oxígeno líquido y un combustible sólido obtenido disolviendo colofonia en gasolina. El primer lanzamiento se hizo el 17 de agosto de 1933, llegando a 400 metros de altura. En enero de 1934 uno de estos cohetes alcanzó una altura de 1.500 metros.

Carga del depósito de oxígeno líquido de un cohete GIRD - 09 en 1933.

Proyecto de misil 06/IV diseñado por Korolev y probado en mayo de 1934. Incorporaba un motor OR - 2 que consumía gasolina y oxígeno gaseoso a presión, consiguiendo un empuje de 50 Kg. La tobera del motor estaba construida de grafito. La versión del motor OR -2 que consumía alcohol conseguía un empuje de 80 Kg. Para lanzar el misil se utilizaban unos cohetes auxiliares de combustible sólido de 750 Kg de empuje.

Para guiar el misil se utilizaba un piloto automático con giroscopios. También se sustituyó el motor por un ORM - 65 que consumía ácido nítrico y queroseno y conseguía un empuje de 150 Kg. Un modelo de este misil se lanzó desde un avión dirigido por radiocontrol.

Se ha calado el tunel de Pajares

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, asistió hoy en Pola de Lena al calado del mayor de los túneles de la linea de alta velocidad que une Asturias y León. Es uno de los principales hitos de una obra que sustituirá con la alta velocidad, 300 km por hora, el actual trazado ferroviario de 83 kilómetros y 85 túneles, donde los trenes no superan los 60 km/hora. El nuevo trazado es de 50 km, de los que 40 son de túnel y 1,8 de viaductos, con lo que el 83 % del recorrido va por túnel o viaducto.

Este túnel se inició en julio de 2005. La tuneladora que venía de León ya había terminado su trabajo y la de Asturias fue la que realizó el derrumbe de la pared que separaba ambas tuneladoras. En realidad, de momento sólo una de los dos tubos del túnel ha quedado calado. El otro tiene aún 3,5 kilómetros por perforar y está previsto que terminará el calado la próxima primavera (La velocidad media de perforación es de unos 600 metros al mes).

Para la excavación, se han movido cinco millones toneladas de materiales, que harían un montón de 900 metros de altura con una base similar a un campo de fútbol. Se han colocado 229.000 dovelas, los anillos del túnel, de siete toneladas cada una, para las que han sido necesarios 700.000 metros cúbicos de hormigón. La obra es especialmente compleja además por las características geológicas del terreno. El espesor de las dovelas es de entre 50 y 60 centímetros, casi el doble que las de Guadarrama, donde la cordillera tiene una menor capacidad geomecánica, es decir, que el Pajares es menos resistente. En estos túneles se han gastado unos 1.700 millones de euros de un total de 2.350 millones de la Variante de Pajares, lo que supone algo menos de 50 millones de euros por quilómetro.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Desaladoras de osmosis inversa

La utilización comercial de la osmosis inversa para la purificación del agua es relativamente reciente. La primera membrana sintética se obtuvo en la década de los años 60 por Loeb y Sourirajan, utilizando acetato de celulosa. Fue la primera membrana que además de rechazar las sales tenía una facilidad al paso del agua que la hacía utilizable en la práctica.

En la actualidad, las membranas semipermeables se realizan de diversos materiales siendo las clásicas de acetato o triacetato de celulosa, como ya hemos dicho, y las modernas de otros materiales más estables como las poliamidas aromáticas.

Estas membranas, aparte de otras peculiaridades, tienen pequeños poros (Diámetro de 5 a 8 Angstroms) en su superficie que permiten el paso del agua potable, rechazando la mayoría de las sales en una pequeña cantidad de agua denominada rechazo o salmuera. La membrana no es perfecta, por lo que deja pasar una pequeña cantidad de sal hacia el otro lado.

La desalinización es un proceso que permite separar la mayor parte de las sales que contiene el agua de mar para producir agua dulce de calidad para el consumo humano. Este proceso se realiza en instalaciones específicas llamadas desaladoras. En 2012 en Cataluña habrá cuatro desaladoras (Tordera 1, Tordera 2, Prat de Llobregat y Cunit) con una capacidad para producir 200 hectómetros cúbicos de agua potable al año. Para desalar 1.000 litros de agua se necesitan unos 3 Kw/h de electricidad.

El proceso se inicia en la captación del agua del mar (1). Esta toma de agua se encuentra a una cierta distancia de la costa y a unos 30 metros de profundidad. Desde aquí el agua se bombea hacia la desaladora.

A continuación tiene lugar el pretratamiento y la cloración (2). A la entrada de la desaladora se realizan una serie de controles para conocer las características del agua. En esta etapa se retiran los sólidos que flotan en la superficie del agua y se añaden algunas sustancias que ayudan a realizar el proceso posterior. También se hace una primera cloración para asegurar que en el proceso posterior no crezcan bacterias que dificultarían el filtrado y el proceso de osmosis inversa.

A continuación se envía el agua a unas balsas que contienen arena (3) y que filtran el agua y le retiran las impurezas de tamaño más grande. Estos depósitos se conocen con el nombre de filtros de arena.

El agua que abandona los filtros de arena, por su parte inferior se envía a los filtros de cartucho (4) que retiran las particulas de impurezas más finas.

Cartucho de membranas en espiral para osmosis inversa.

En este momento se realiza, por fín, el proceso de osmosis inversa (5). El agua se bombea a alta presión a través de unas membranas dotadas de poros muy finos que retienen las sales disueltas. Casi la mitad del agua entrante se convierte en agua potable (45%). Las turbobombas impulsan el agua a una presión de 70 atmósferas.

Para adecuar las propiedades del agua al consumo humano se añaden pequeñas cantidades de cal y dióxido de carbono, para ajustar su dureza y acidez (6). Este es el tratamiento final.

En el depósito de salida (7) el agua se vuelve a clorar para garantizar que en el transcurso desde el depósito hasta el grifo de los consumidores el agua potable continue desinfectada.

El agua salada de rechazo sale de los equipos de osmosis inversa a mucha presión y se aprovecha para mover unas turbinas y producir electricidad. Posteriormente se envía de nuevo al mar a través de un emisario de salmuera (8).

martes, 9 de septiembre de 2008

Espectroscopia

En 1666 Newton descompuso la luz del Sol utilizando un prisma de vidrio. En una carta al presidente de la Royal Society le explicaba en que había consistido la experiencia:

Para cumplir la última promesa que le hice, le informaré sin más ceremonia que a principios del año 1666 me procuré un prisma de vidrio triangular para tratar el célebre fenómeno de los colores con él. Para ello oscurecí mi habitación y practiqué un pequeño agujero en el cierre de mi ventana que dejara pasar una cantidad conveniente de luz del Sol. Coloqué mi prisma a su entrada de manera que se refractara desde allí hasta la pared opuesta. Al principio fue una diversión muy placentera ver los colores vividos e intensos producidos, pero después de un rato cosiderándolos más circunspectamente, quedé sorprendido al verlos en una forma oblonga, porque de acuerdo con las leyes de refracción, hubiera esperado que tuvieran forma circular.

Ilustración de Voltaire, amigo de Newton, para explicar la descomposición de la luz por el prisma (“De Arquímedes a Einstein“, Manuel Lozano Leyva, 2005).

Joseph Fraunhofer nació en 1787 en Straubing (Baviera). Al igual que su padre se dedicó al trabajo del vidrio y la fabricación de instrumentos ópticos. En 1817, utilizando uno de sus prismas de vidrio Flint repitió el experimento de Newton, haciendo pasar un rayo solar a través de una rendija paralela a la arista del prisma. Aumentó la imagen del espectro mediante una lente y, para su sorpresa, descubrió que lo que Newton había tomado por un espectro continuo en donde los colores se fundían sin interrupción, tenía una multitud de rayas intermedias oscuras y hasta totalmente negras.

Espectro solar de Fraunhofer.

Fraunhofer llegó a situar con precisión la posición de 580 de estas rayas oscuras, distinguiendo entre ellas 8 rayas principales, para que le sirvieran de puntos de referencia y comparación. A estas rayas las designó con las primeras letras del alfabeto. Las rayas A, B y C están en el rojo (La C a poca distancia del naranja). La linea doble D está en el límite entre el naranja y el verde; E está en medio del verde; F en medio del azul; G esta entre el añil y el azul y la doble raya H al final del morado. La letra a minúscula indica un grupo de lineas en el rojo y la b minúscula en el verde.

Posteriormente, a finales del siglo XIX, Angstrom obtuvo un espectro de 3 metros de longitud y 1.600 rayas oscuras y Thollon uno de 10 metros de largo en el que se podían diferenciar 4.000 rayas oscuras. En la misma época Brewster usaba en sus experimentos, para hacer más sensibles sus ojos al estudiar el espectro solar, vapores de amoniaco cuya acción disolvente destruye el velo fluido que cubre la superficie del ojo.

Fraunhofer estudió también los espectros de los objetos que reflejaban la luz solar (La Luna, los planetas, las nubes, etc.), viendo que tenían el mismo espectro que la luz del Sol, aunque con las rayas de menor intensidad. Estudiando el espectro de otras estrellas observó que, por el contrario, no todas tenían la misma distribución de rayas oscuras.

Espectro de diferentes estrellas, que Fraunhofer clasificó en cuatro tipos (“El Mundo Físico“, Amadeo Guillemin, 1882).

El estudio de los espectros de la luz llenó el tiempo de muchos investigadores, se necesitaban fuentes de luz intensas y se probó con las velas, los fuegos de todo tipo, el hierro incandescente y muchos otros. La experiencia llevó al conocimiento de que las sustancias sólidas o líquidas incandescentes producían un espectro continuo, mientas que en los gases incandescentes el espectro era discontinuo y estaba formado por un número limitado de rayas brillantes, o fajas luminosas, separadas por anchos intervalos oscuros. Tanto en unos como en otros, al igual que pasaba en el espectro solar, las lineas brillantes o negras siempre ocupaban el mismo lugar.

Para estudiar los espectros de los elementos simples, se introducía en la llama un hilo de platino impregnado de una solución salina de estos elementos. El agua empezaba por evaporarse, la sal en disolución se evaporaba a su vez, viéndose parecer en el espectro las rayas características del metal. Para estudiar el sodio se utilizaba sal marina, produciéndose un espectro con una raya amarilla de gran intensidad. El litio da dos rayas principales, una amarilla de escaso brillo y otra roja y brillante; el potasio dos lineas características, una roja y otra violada, acompañadas de algunas amarillas y verdes; el calcio una verde muy viva, otra anaranjada y otra azul; el bario dos verdes y otras en el amarillo y el azul; el talio, una sola, de color verde y notable por su brillo. Basta la millonésima parte de un miligramo de sodio para que aparezca la raya marilla característica del espectro de este metal.

Dos químicos y físicos alemanes, los señores Kirchhoff y Bunsen, consiguieron que el análisis espectral alcanzara un alto grado de precisión desde sus comienzos. «Preparo, dice Bunsen, una mezcla de los cloruros de los metales alcalinos y alcalino-térreos, sodio, potasio, litio, bario, estroncio y calcio, que contenga á lo sumo una cienmilésima de miligramo de cada una de estas sustancias; aplico esta mezcla á la llama, y observo el resultado. Primeramente aparece la línea amarilla intensa del sodio en el fondo de un espectro continuo muy pálido; cuando empieza á ser menos perceptible y se ha volatilizado ya la sal marina, se presentan las tenues líneas del potasio, seguidas de la línea roja del litio, que desaparece en breve, mientras que las verdes del bario brillan con toda su intensidad. Entonces quedan totalmente volatilizadas las sales de potasio, litio y bario; al poco rato se muestran las líneas del calcio y del estroncio como si se disipara un velo, y adquieren paulatinamente su forma y brillo característicos.»

Por medio del análisis espectral, se comprueba fácilmente la presencia del sodio en el aire y en las partículas de polvo que tiene en suspensión. La sensibilidad de reacción de este metal es tan grande, que los observadores del espectroscopio han de tomar toda clase de precauciones para que esta reacción no se manifieste al punto mediante la presencia de la raya amarilla en el espectro, bastando sacudir el polvo de un libro cerca del instrumento para que en el acto aparezca dicha raya.

Cuando Bunsen concentró agua mineral, reduciendo treinta toneladas a unos pocos litros, vio, entre las líneas de muchos otros elementos, dos sorprendentes líneas azules, juntas, que nunca había visto antes. Le pareció que eso era la firma de un nuevo elemento. «Lo llamaré cesio a causa del hermoso azul de su línea espectral», escribió, y anunció su descubrimiento en noviembre de 1860.

Con este método se descubrieron, en aquella época, seis nuevos metales; los dos primeros, el cesio y el rubidio, por Bunsen y Kirchhoff; el talio, por Crookes y Larny; el indio por Reich y Richter; el galio, por Lecoq de Boisbaudran y el escandio por Nilson. El nombre de cesio se le ha aplicado por sus dos rayas azules; el de rubidio por las rayas rojas que caracterizan su espectro; el de talio recuerda la raya verde característica de este metal, y el de indio, una raya azul situada en el añil. El galio y el escandio (procedentes de los nombres de Francia y de Escandinavia, patrias de los descubridores) tienen, el primero dos rayas en el morado, y el segundo un crecido número de líneas, particularmente en el amarillo.

En la segunda mitad del siglo XIX se descubrieron unos veinte elementos más con ayuda del espectroscopio: el indio y el talio (que también recibieron su nombre de las líneas espectrales de brillante color), el galio, el escandio y el germanio (los tres elementos que Mendeléiev había predicho), todas las tierras raras que quedaban y en la década de 1890 todos los gases inertes

Espectro del helio (“El tío Tungsteno“, Oliver Sacks, 2003).

La espectroscopia también permitió el descubrimiento del helio. Lockyer, durante un eclipse solar, en 1868, consiguió ver una línea amarillo brillante en la corona del sol, una línea próxima a las líneas amarillas del sodio, pero claramente distinta. Conjeturó que esa nueva línea debía de pertenecer a un elemento desconocido en la tierra, y lo llamó helio (le dio el sufijo metálico de -ium porque supuso que era un metal).

Representación del espectro de la luz solar (I) y del de los elementos potasio (II), sodio (III), cesio (IV) y rubidio (V). Estos dos últimos elementos fueron descubiertos por Bunsen y Kirchhoff mediante el análisis de sus espectros.

Situando la llama de un mechero de gas delante del anteojo del espectroscopio, y amortiguándola hasta el punto de que quede reducida a una llama azulada casi imperceptible, no da espectro: detrás del prisma reina completa oscuridad. Pero si introducimos en la llama una sal metálica, por ejemplo, un poco de sal marina, aparecerá la raya amarilla del sodio.

Si se da paso á un rayo de Sol al propio tiempo y en el mismo prisma, de modo que el espectro del sodio y el solar se sobrepongan, se notará una coincidencia perfecta en la posición de la raya amarilla del sodio y de la doble raya oscura D de Frauenhofer.

Si se sustituye la luz del Sol por la conocida con el nombre de luz de Drummond (Que se obtiene quemando un fragmento de cal en una llama de gas atravesada por una corriente de oxígeno) el espectro de esta luz, visto aislado, presenta notable esplendor y perfecta continuidad, y no contiene ninguna de las líneas oscuras del solar. Pero si se procede de modo que cubra exactamente el espectro del sodio, interponiendo la luz Drummond entre el prisma y la llama de dicho metal, desaparece en el acto la línea amarilla del sodio, siendo reemplazada por una línea oscura que ocupa precisamente la misma posición que la raya brillante.

Kirchhoff designó este fenómeno con el nombre de inversión del espectro de las llamas, habiéndolo comprobado en un gran número de espectros metálicos. «Si se hace llegar, dice, un rayo solar á través de una llama de litio, se ve aparecer en el espectro, en el sitio de la raya roja, otra oscura que compite en pureza con las rayas de Frauenhofer más características, y que desaparece cuando se retira la llama de litio. No se obtiene tan fácilmente la inversión de las rayas brillantes de los otros metales; sin embargo Bunsen y yo hemos tenido la suerte de invertir las rayas más brillantes del potasio, estroncio, calcio y bario.»

¿Qué consecuencia debe deducirse de este hecho tan singular? Que los vapores metálicos, dotados de la propiedad de emitir en abundancia ciertos rayos de colores con preferencia á los otros, absorben por el contrario estos mismos rayos emanados de un foco luminoso. Por ejemplo, la luz del sodio que emite rayos amarillos de refrangibilidad determinada, absorbe precisamente los rayos amarillos de igual refrangibilidad de la luz Drummond á su paso por ella, resultando de aquí esa raya negra que en el espectro continuo se sitúa en el puesto que ocupaba la raya brillante del sodio.

Si esta absorción es un hecho general, debe deducirse de ella que las líneas negras, observadas en el espectro solar, indican la inversión de otras tantas rayas brillantes debidas á los vapores metálicos de su atmósfera. Esta atmósfera hace con respecto á nosotros las veces de un mechero oscuro de Bunsen, y la viva luz del cuerpo del Sol las de la luz Drummond en el mismo experimento.

Estudiando Bunsen y Kirchhoff bajo este punto de vista las rayas negras del espectro solar, comprobaron la coincidencia de gran número de ellas con las rayas brillantes de ciertos metales. Por ejemplo, las 70 líneas brillantes del hierro, que varían en color, anchura é intensidad, coinciden exactamente con las 70 rayas oscuras del Sol, por lo que es imposible dudar que en la atmósfera solar haya hierro en estado de vapor metálico. Además reconocieron la presencia de diez y nueve cuerpos simples en el Sol: hidrógeno, cobre, zinc, cromo, nikel, magnesio, bario, calcio, sodio, potasio, aluminio, manganeso, cobalto, estroncio, cadmio, titano, cerio, uranio y plomo.

La consecuencia de todo ello es que los procedimientos espectrográficos nos permiten analizar la composición de materiales terrestres que podemos tocar, pero también de las estrellas más lejanas.

Para estudiar los espectros se utilizaban aparatos llamados espectroscopios.

Dase el nombre de espectroscopios á los instrumentos que sirven para analizar los focos de luz, es decir, para estudiar la composición de los espectros que producen estas luces, cuando son refractadas por un prisma.

En el centro de una plataforma circular horizontal sustentada por un pié está situado verticalmente el prisma P, que por lo regular es de Flint muy puro y su ángulo de 60°. Hay además dos cuerpos de anteojo C y B colocados simétricamente con relación á las caras laterales del prisma y en la posición de la desviación minimum respecto de los haces que los atraviesan y que son refractados por el prisma. El anteojo C lleva en su extremidad más apartada del prisma y en el sitio del ocular una placa metálica con una ranura que se puede ensanchar ó reducir como se quiera. Delante de esta placa A se pone el foco luminoso que se ha de analizar. Los rayos luminosos que atraviesan la ranura pasan paralelamente por un sistema de dos lentes, de suerte que es un haz vertical el que penetra en el prisma, se refracta en él, y al salir va á dar en el objetivo del anteojo B. Aplicando el ojo al ocular de este segundo anteojo puede estudiar el observador el espectro producido por la dispersión.

En E, y delante de un tercer anteojo, D, va adaptada una lámina de cristal en la cual está
trazada una escala micrométrica de divisiones equidistantes muy finas: esta escala se halla colocada horizontalmente y alumbrada por una vela. Se orienta el tubo D de modo que la imágen del micrómetro se reproduzca en la cara lateral del prisma de donde emerge el haz luminoso del foco, y se refleje precisamente en la dirección del eje del anteojo B.

Si, estando todo dispuesto de esta suerte, se aplica el ojo al ocular de B, se percibe con gran claridad, por una parte el espectro del foco que se estudia, con todos sus colores y rayas, y por otra la imagen del micrómetro que, sobreponiéndose á dicho espectro, lo divide por consiguiente en partes equidistantes y numeradas. Así pues, se puede anotar la posición exacta ocupada por tal ó cual color, ó por una raya determinada del espectro observado.

Asimismo es posible comparar directamente las partes de refrangibilidad igual de los espectros de dos focos diferentes. Para esto se fija en la parte superior de la ranura del colimador C un pequeño prisma de cristal de reflexion total, que recibe lateralmente los rayos del segundo foco y los envia al eje de la lente: el haz se dispersa como el del foco colocado delante de la ranura. Entonces, aplicando el observador el ojo al ocular convenientemente graduado, ve los dos espectros dispuestos horizontalmente uno sobre otro, posición que permite reconocer las rayas comunes ó medir la diferencia de refrangibilidad de las rayas vecinas.

Cuando se observa, se tiene cuidado de cubrir el prisma con un tambor ennegrecido interiormente, para impedir el acceso é influencia de cualqier otra luz: este tambor tiene tres orificiops circulares que corresponden a los tres tubos del espectroscopio.

En 3B Scientific disponen de espectroscopios desde 7,54 hasta 2.337 €.

En La web de Anilandro podemos encontrar información para construir un sencillo espectroscopio.

En la página de la Universidad de Oregon se pueden consultar los espectros de emisión y absorción de los diferentes elementos químicos de la tabla periódica.