martes, 14 de julio de 2026

Revolución científico técnica

La revolución científico-técnica de los años noventa del siglo XX fue un proceso de transformación impulsado por los avances en la informática, las telecomunicaciones, la biotecnología y la automatización, que modificó profundamente la economía, la sociedad y la forma de producir conocimiento. 

La expansión de Internet, el desarrollo de los ordenadores personales y la telefonía móvil facilitaron el acceso a la información y la comunicación global en tiempo real. 

En 1990, el científico británico Tim Berners-Lee creó el primer servidor web del mundo utilizando un ordenador NeXTcube en las instalaciones del CERN en Suiza. Esta máquina alojó la primera página web de la historia, puesta en línea el 6 de agosto de 1991.

Al mismo tiempo, la mejora de los sistemas de producción mediante la robótica y las tecnologías digitales aumentó la productividad y favoreció la globalización de los mercados. 

En el ámbito científico, los progresos en genética, como el inicio del Proyecto Genoma Humano, abrieron nuevas posibilidades para la medicina y la investigación biológica. 

Esta revolución también impulsó el crecimiento del sector de los servicios y de las industrias basadas en el conocimiento, reduciendo el peso relativo de la industria tradicional en muchos países desarrollados. 

Sin embargo, generó nuevos desafíos, como la brecha digital entre regiones y grupos sociales, la necesidad de una formación continua para adaptarse a los cambios tecnológicos y el debate sobre la privacidad, el empleo y el impacto ético de las nuevas tecnologías. 

En conjunto, marcó el inicio de la sociedad de la información y sentó las bases de la economía digital actual.

A continuación se muestran seis textos significativos de lo que en los años 90 se entendía por nueva revolución tecnológica (Internet, microelectrónica, tecnologías de la información, multimedia, etc.):

1. The Information Technology Revolution: Computer Hardware, Software, and Services into the 21st Century (1993)

Autor: Joseph F. Coates y colaboradores.

Este artículo intentaba prever cómo sería el mundo tecnológico del año 2000 y principios del siglo XXI. Anticipaba redes públicas de información, ordenadores portátiles generalizados, asistentes digitales, teletrabajo, educación electrónica y comercio electrónico. Muchas de sus predicciones resultaron sorprendentemente acertadas.

2. The Third Industrial Revolution (1996)

Autor: Jeremy Greenwood.

Es uno de los textos más citados sobre la llamada “tercera revolución industrial”. Argumenta que los años noventa marcan la consolidación de la era de la información, impulsada por la informática y las tecnologías digitales.

3. The Computing Revolution and the Physics Community (1996)

Autor: Alfred E. Brenner.

Publicado en Physics Today. Describe cómo la “revolución de la información” estaba transformando no solo la investigación científica sino la sociedad en general. Presenta la revolución informática como una nueva etapa histórica comparable a las revoluciones agrícola e industrial.

4. World Economic Integration and the Revolution in Information Technology (1996)

Autor: Robert Gilpin.

Analiza cómo las tecnologías de la información estaban acelerando la globalización económica y transformando los flujos internacionales de comercio, inversión y telecomunicaciones.

5. Se despliega en el mundo la cuarta onda larga de la historia del capitalismo (1995)

Autor: Jorge Castro.

Artículo que vincula la nueva expansión económica mundial con la revolución de la microelectrónica y la era de la información. Resulta interesante porque muestra cómo se interpretaba el cambio tecnológico desde América Latina en plena década de 1990.

6. De D'Alembert al CD-ROM: las enciclopedias electrónicas o la aparición de un nuevo paradigma (1995)

Autor: José Antonio Cordón García.

Un texto  muy representativo del entusiasmo de la época por el multimedia, el hipertexto y los nuevos soportes digitales. Habla de la aparición de un “nuevo paradigma” basado en la interactividad.

Dos de los autores que realmente captaron el espíritu de los años 90 ante la revolución digital, fueron Greenwood (1996) y Coates (1993). El primero ofrece una visión económica e histórica de la revolución tecnológica, y el segundo muestra qué futuro imaginaban los expertos justo antes de la explosión de Internet. 

Jeremy Greenwood, The Third Industrial Revolution: Technology, Productivity, and Income Inequality (1997). 

El autor plantea una tesis central: la revolución de las tecnologías de la información iniciada en torno a 1974 constituye una tercera revolución industrial, comparable a la Revolución Industrial del siglo XVIII y a la electrificación de finales del siglo XIX. Intenta explicar por qué este cambio tecnológico coincide con un aumento de la desigualdad salarial y, al mismo tiempo, con una aparente desaceleración del crecimiento de la productividad.

Ideas principales

1. La revolución de las tecnologías de la información comienza hacia 1974

Greenwood sostiene que, desde mediados de los años setenta, se acelera el progreso tecnológico gracias al desarrollo de las tecnologías de la información (ordenadores, software, telecomunicaciones y redes). Un indicador es la fuerte caída del precio de los equipos informáticos y de inversión, lo que refleja que cada vez podían producirse máquinas más potentes a menor coste.

2. El progreso tecnológico no produce beneficios inmediatos

Uno de los argumentos más importantes del texto es que las grandes innovaciones no aumentan automáticamente la productividad.

Al principio ocurre lo contrario:

    • las empresas deben aprender a utilizar las nuevas tecnologías;
    • los trabajadores necesitan formación;
    • las organizaciones tienen que reorganizar sus procesos;
    • gran parte de la inversión consiste en adquirir conocimientos, algo que las estadísticas económicas apenas registran.

Por ello, durante los primeros años puede parecer que la productividad se estanca aunque la innovación sea muy intensa.

3. La adopción tecnológica favorece inicialmente a los trabajadores cualificados

La hipótesis central del autor es que las nuevas tecnologías requieren trabajadores capaces de aprender rápidamente.

Por tanto:

    • aumenta la demanda de trabajadores cualificados;
    • suben sus salarios;
    • crece la diferencia salarial respecto a los trabajadores menos cualificados;
    • aumenta la desigualdad de ingresos.

Según Greenwood, esta desigualdad no se debe únicamente a que los ordenadores sustituyan trabajo, sino a que los trabajadores cualificados poseen una ventaja para implantar las nuevas tecnologías.

4. La historia muestra que este patrón ya ocurrió antes

El autor compara la revolución informática con dos procesos históricos:

    • la Primera Revolución Industrial (máquina de vapor, mecanización);
    • la industrialización estadounidense del siglo XIX.

En ambos casos observa el mismo patrón:

    1. aparece una tecnología revolucionaria;
    2. aumenta la demanda de trabajadores especializados;
    3. crece la desigualdad salarial;
    4. la productividad tarda décadas en despegar.

Por ello considera que la revolución digital sigue un proceso histórico conocido.

5. Aprender es más importante que inventar

Greenwood insiste en que el verdadero coste de una revolución tecnológica no es inventar una máquina, sino aprender a utilizarla correctamente.

Cita estudios que muestran que:

    • las empresas mejoran su productividad durante muchos años simplemente por experiencia;
    • los trabajadores especializados aceleran el aprendizaje;
    • los costes de adopción pueden superar ampliamente los costes de invención.

En otras palabras, la innovación depende tanto del aprendizaje organizativo como de la propia tecnología.

6. Las tecnologías se difunden lentamente

Otra idea clave es que ninguna revolución tecnológica se extiende de forma instantánea.

El autor explica que:

    • las primeras versiones suelen ser caras e imperfectas;
    • aparecen productos complementarios (software, redes, servicios);
    • aumenta el número de fabricantes;
    • los precios bajan;
    • finalmente la tecnología se generaliza.

Este proceso puede durar varias décadas.

7. La electrificación sirve como modelo para entender Internet

Greenwood utiliza la electrificación estadounidense como ejemplo histórico.

La electricidad existía desde finales del siglo XIX, pero durante muchos años apenas transformó la productividad porque las fábricas seguían organizadas como cuando utilizaban máquinas de vapor.

Solo cuando las empresas rediseñaron completamente la producción para aprovechar motores eléctricos individuales apareció el gran aumento de productividad.

El autor sostiene que con los ordenadores ocurre exactamente lo mismo: los beneficios reales aparecen cuando las organizaciones cambian su forma de trabajar.

8. Los ordenadores transforman la organización de las empresas

Según Greenwood, la informática no solo automatiza tareas.

También permite:

    • reducir niveles jerárquicos;
    • eliminar trabajo administrativo repetitivo;
    • conectar departamentos mediante redes;
    • gestionar mejor la información;
    • producir más con menos trabajadores dedicados al procesamiento de información.

Esta reorganización empresarial es una de las principales fuentes futuras de productividad.

9. Los beneficios llegarán, pero tardarán décadas

El autor desarrolla un modelo económico que predice que:

    • la productividad puede tardar unos veinte años en recuperarse;
    • los salarios de los trabajadores menos cualificados pueden caer inicialmente;
    • la bolsa suele reaccionar antes porque anticipa los beneficios futuros;
    • a largo plazo toda la sociedad mejora su nivel de vida gracias al progreso tecnológico.

Conclusión del autor

Greenwood concluye que la revolución de las tecnologías de la información constituye una auténtica tercera revolución industrial. Aunque en sus primeras fases genera desigualdad, incertidumbre y una aparente desaceleración de la productividad, estos efectos son transitorios. Una vez que empresas y trabajadores aprenden a utilizar plenamente las nuevas tecnologías, la productividad aumenta, los salarios mejoran y el nivel de vida termina elevándose para el conjunto de la sociedad.

Tesis resumida en una frase

Las grandes revoluciones tecnológicas generan primero costes de aprendizaje y desigualdad, pero, una vez asimiladas, impulsan un crecimiento económico sostenido y una mejora general del bienestar.










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