viernes, 6 de febrero de 2026

Setenta y cinco Aniversario de la Fundación de la S. A. Hullera Vasco-Leonesa

Revista HORNAGUERA, Enero de 1969

Setenta y cinco Aniversario de la Fundación de la S. A. Hullera Vasco-Leonesa

DONDE HABITA EL RECUERDO

BIOGRAFIA DE UNA EMPRESA A TRAVES DE DON CIRILO DE ASLA

A petición de D. Victoriano Crémer, Director de esta revista «Hornaguera» y en virtud del deseo expreso de Don Emilio del Valle Menéndez, nuestro Director de la S. A. Hullera Vasco Leonesa, de editar una revista extraordinaria con motivo del setenta y cinco Aniversario de la Fundación de la misma, BODAS DE BRILLANTE, voy a exponer lo visto y trabajado en cuarenta y ocho años de mi profesión a su servicio.

En primer lugar, y siendo todavía muy próximo el acontecimiento a mi humilde persona, dar las más expresivas gracias a los Excmos. Sres. Gobernador Civil y Presidente de la Excma. Diputación de León; a los Ilmos. Sres. Delegado Provincial de Trabajo y Sr. Alcalde del Ilmo. Ayuntamiento de León y en él, a los de Pola de Gordón, de La Robla, Matallana y Vegacervera, pueblos circundantes de las minas en que he venido trabajando por la superficie y en el interior de las minas; a las Señoras y Señores que con su presencia me emocionaron en el acto de la imposición de la Medalla, y me honraron por el cariño y afecto demostrado. A Radio León y a los periódicos: «Hoja Oficial del Lunes»; «Diario de León» y «Proa», por su difusión y fotografías periodísticas en esos días y en el que por el Ilmo. Sr. Delegado de Trabajo, tuvo la gentileza de imponerme la Medalla «Al Mérito en el Trabajo» en representación del Excmo. Sr. Ministro.

Muy obligado, también: A D. José A. Álvarez, Decano, componentes de la Junta de Gobierno, al Sr. Secretario, D. Eloy Algorri, y a la Asamblea que en Junta extraordinaria del Colegio Oficial de Facultativos de Minas, Fábricas Metalúrgicas y Mineralúrgicas de León, Burgos, Palencia y Santander, aprobó por unanimidad el expediente formulado por la Junta de Gobierno de concederme una Medalla en el Trabajo por mis méritos reconocidos en el trabajo y sociales, en tantos años en la práctica de la profesión, en actividades de la Asociación, como en el Colegio.

En Villablino, en el año 1918, formamos cinco compañeros una Sección, dependiente de la Central de Mieres, siendo Secretario General, D. Pancracio García. En Santa Lucía de Gordón, también formamos otra, con cuatro compañeros, también dependiente de Mieres, siendo Presidente D. José María García; D. Benjamín Calleja, Delegado Interprovincial; Secretario, y yo Tesorero, D. Heraclio Méndez. El Delegado y Tesorero, fallecidos por enfermedad, no así el Presidente que fue asesinado él y sus hijos varones de 18 y 16 años por los «rojos», en el año 1937, para más desgracia de las niñas, a su madre en estos mismos días, apresaron a su esposa, llevándola conducida a la «Iglesiona» de Gijón, no siendo liberada hasta la Liberación por las tropas de Franco.

Esta Sección, antes del Glorioso Movimiento, se consideraba como de los compañeros en León, Capital y provincias más próximas, hasta que se fundó en León.

Empecé mis servicios en esta Sociedad, el día primero de octubre de 1920, el Director era D. Manuel García-Peña; Subdirector, D. Juan Jesús Inciarte, causante de yo venir de Villablino, este señor tenía en compañía de otros amigos, arrendada la mina Teófilo, de los Sres. Arias, de Rioscuro y me instó a venir como Jefe de los Servicios Topográficos y en buenas condiciones que acepté.


La fotografía es del año 1918 y nos ofrece una perspectiva de las vías de entrada al Apartadero y salida para la báscula del material cargado al ferrocarril del Norte y vía para la maniobra a las balsas de decantación de Schlams.

 

La oficina era un edificio próximo al jardín de la Dirección, la entrada con un corredor de madera que sirvió en algún tiempo para pagar al personal. Había una mesa de pino de unos cuatro metros de larga por 1,75 de ancha; un armario grande, capaz de colocar los planos de 1,20 de ancho, el cuerpo de arriba de baldas para libretas y carpetas de cintas. También se guardaban los aparatos de medir en otro armario, así como los trípodes y jalones y miras de centímetro. Los aparatos eran: un teodolito Morín, cuyo limbo horizontal medía 20 cms. de diámetro, el vertical 15, muy pesado, el trípode de madera fijo sin articulaciones con meseta rotativa. Una brújula colgada con eclímetro, todas las graduaciones sexagesimales. Para mi trabajo usaba mi taquímetro y mis miras que llevaba a todos los sitios, así como las tablas taquimétricas. Todos los planos estaban calcados en papel tela «imperial», los estuches eran franceses de buena calidad. Había dos Niveles tipo «Lenua» de collares; para dar un giro de 180, era necesario girarlo a mano, tanto el teodolito como a estos niveles cuando se trabaja con ellos había que corregirlos. Traje de Zaragoza, para medir en el interior, dos pantómetras de división centesimales de poco peso y muy manejables para los auxiliares, pero de material muy poco fuerte y para hacer operaciones de poca distancia. 

Hice la comprobación del inventario, terminado ya todo, empecé a orientarme sobre el trabajo a seguir, me encontré enseguida con los pedidos de trabajo urgente. Un rompimiento en cuarcita del piso «El Ferrerín» al cuarto en el que según el auxiliar, ya lo habían hecho otros pero con mal resultado en el recorrido, encontré dos pozos empezados y abandonados, marqué otro, que era corto el pozo unos 15 metros y se caló exactamente, iba cada dos días a poner las marcas al principio y después cada cuatro, como era en cuarcita y maza andaban muy poco pero salí triunfante. 

Otro trabajo que urgía era en la fábrica, una nuez para el molino de la brea, era bastante complicado, lo mandé llevar a la oficina, hice el plano y se pidió a Talleres de Deusto, pues era de acero su construcción y gracias a Dios, volví a triunfar, esto me hizo creer que me gané la plaza por oposición.

Terminadas estas pruebas, me enteré que en el Cueto San Mateo a 1.675 metros de cota había un mojón, y pensé sería algún vértice geográfico y al Sr. Director, le pedí se pidieran los datos, no tardaron en enviarlos del Ministerio de Fomento, subí con mi aparato y el Auxiliar y en efecto había un montón de piedras sueltas semejante a un mojón hecho en seco, comprobé los datos con la visual a la Torre de la Iglesia Parroquial de La Pola de Gordón y tomé la declinación.

El tomar la declinación del aparato, me inspiró a tener próxima una Meridiana, pues como había que hacer operaciones de situar las minas, rogué del Sr. Director, me era necesario, dado que había que corregir los aparatos a menudo. D. Manuel, hizo gestiones y enseguida vino de Madrid la Comisión nombrada de este Departamento Oficial, en tres noches, a las doce, después de comprobar los relojes con el de Londres, se fue al mojón colocado de antemano de cemento entre prado y calizas y tomaron repetidas visuales a los vértices de las montañas, esquina del edificio Dirección y de la cruz de la Iglesia Parroquial de Santa Lucía.

Había ya empezado a tantear la situación de los puntos de partida de las concesiones, pero como en el terreno no coincidían con los datos de los planos de demarcación oficiales, pedí al Sr. Director que por la Jefatura los situara. La Jefatura comenzó primero a la base de Vegacervera y después por los montes en las partes culminantes, se ponían mojones vértices o marcas en las rocas, para cerrar en la base de Santa Lucía, en los mojones que yo había puesto entre las vías de la Estación del ferrocarril del Norte, así que mí primera triangulación fue confrontada con esta oficial. Inmediatamente, procedí a hacer una Nivelación cerrada de todos los vértices, más los puestos en las plazas o pisos de las minas, más tarde el Plano Topográfico general, con cuatro miras y un apuntador de libreta. Llevaba un paraguas grande que hincaba con martillo capaz de todos los portamiras y el aparato montado cuando llovía torrencialmente. La duración del trabajo era desde las 7 de la mañana hasta oscurecido o que ya no se podía leer en el aparato. Los portamiras eran chicos jóvenes muy voluntariosos, las operaciones topográficas en el terreno lo hice en dos etapas y de gabinete, cálculo de libretas y pasar al papel con curvas de nivel en papel Cansón forrado de tela el resto, hasta tres años.


Pila de briqueta en depósito. — Año 1923

En enero, todos los años era necesario u obligatorio, pasar los avances en los planos de papel tela, como los procedimientos topográficos era por gráfico vi muchos errores y pedí al Ilmo. Sr. Jefe, que me permitiera retirarlos ofreciéndole en cambio, que en el plazo de ocho días, le entregara otros de las galerías y explotaciones. En el plazo ofrecido, hice entrega de los planos numéricos y por coordenadas en papel ferro prusiato y en colores convencionales oficiales de galerías, explotaciones de minas que quedaron archivados. Más tarde según órdenes oficiales, se hicieron los PLANES DE LABORES, en los que hubo que hacer: Un estudio geológico acompañado de su plano, con expresión de los terrenos; de galerías y explotaciones y del proyecto para el año siguiente, en la actualidad se sigue este sistema.

Mi actuación era por encargo del Sr. Director, a petición de la Junta Vecinal, reparar la Escuela Nacional y ser Secretario de la Junta; reparé las clases, el piso y el tejado, todo estaba ruinoso y lo terminé para que los Sres. Maestros pudieran ocupar sus viviendas y los niños y niñas no perdieran más enseñanza. En la fecha, tiene un Grupo Escolar y este edificio, está destinado a Correos, Hogar, lo ocupa también la Junta Vecinal y Falange.


Locomóvil, generador de corriente eléctrica, por vapor.

En primero de agosto de 1936, teníamos la esperanza de que las tropas de Franco nos liberarían, pero no pasaron de La Robla. El Comité que ya había tomado posesión de la plaza, en este día por temor de que llegarían, levantaron su oficina y marcharon en un tren especial en dirección de Asturias, muchos vecinos fueron obligados a evacuar, quedamos unos pocos todavía con la esperanza, pero no tuvimos esa dicha y el Comité volvió de nuevo para torturarnos y hacernos la vida imposible, también vinieron de otros pueblos aquí y el Comité les dio alojamiento y comida, quitándonos a los que estábamos, en la creencia de que seríamos liberados de un día a otro, el guarda de la Dirección y yo evitábamos que entraran en los edificios de la Sociedad, sobre todo en la Dirección y en las oficinas, pero lo que hicieron es detenernos y llevarnos a la cárcel, una vez que perdimos la libertad, bien custodiados, descerrajaron las puertas y atropellaron todo, poniendo la Dirección a merced de las hordas.

En mi oficina, sacaron los planos y libretas y las dieron fuego. A los aparatos desmontaron los anteojos y los llevaron al monte, sin duda para «ver» los aviones Nacionales.

Una Comisión que vino de Asturias, obligó a los Directivos Socialistas que nos interrogaran, lo hicieron dos veces, y entre las preguntas que eran políticas y de religión. Les contesté las dos veces que era católico y sería mientras viviera. Los forasteros querían matarnos y celebraron las dos veces Asambleas tumultuarias, pero los jóvenes directivos se negaban a ese atropello, creo que esos jóvenes, que habían sido alumnos de D. José María García y míos en la Escuela de noche, que era para los hijos de los obreros, les pareció un crimen y les contestaron que lo hicieran por escrito con fundamento verdadero sus juicios sobre nuestra actuación política y social, parece que se calmaron y no siguieron con sus voces y amenazas. Después de sacar a alguno de los que estaban presos conmigo y de la zozobra que pasamos por no decir miedo, nos metieron en un autocar y por la carretera nos condujeron a Mieres. En la Plaza del Ayuntamiento de Mieres, salió el Alcalde, González-Peña, al balcón y me conoció y dirigiéndose a todos nos dijo: «no temer, estáis en Puerto seguro» y acto seguido en un camión de transportes de cerdos nos llevaron al Convento, que era la cárcel.


Cadena flotante que sube los vagones vacíos para el cable aéreo Pholig y para el pie del Plano inclinado a las minas.

Nos visitaron, el Ministro de Justicia y el Alcalde en la cárcel, nos sacaron a una galería a los ocho, y el Ministro preguntó «el que ha dicho yo soy y seré católico toda mi vida», que dé dos pasos al frente, yo de inmediato los di; el Alcalde González Peña, le dijo, no me extraña, a este le conozco cuando estuvo de estudiante, éramos algo amigos, es Vasco y cantaba en el coro de la Iglesia, pero en política nunca se le vio. El Ministro, dijo, por católico nosotros no perseguimos a nadie y me mandaron retirarme a la celda. Después decretaron mi libertad provisional y el Presidente y Secretario de la Asociación me sacaron y me buscaron alojamiento en el Bar Asturias, estuve unos días, pero me mandaron a una casa particular, una señora viuda con dos hijos mayores, un chico y una chica, el chico era también compañero de profesión y estaba nombrado de la Comisión que visitaba las minas de carbón y entre ellas las de esta Sociedad.

Ya se acabó la guerra, vi entrar en Mieres a los primeros falangistas en un coche, no sabíamos si estábamos despiertos o soñando, todavía hacía muy pocas horas que se hablaba que harían frente y que arrasarían el pueblo antes de entregarse, pero la cordura de los vecinos, nombraron nuevo Alcalde poniéndose a sus órdenes, a estos jóvenes nos unimos y en manifestación fuimos al Ayuntamiento para que estuvieran con el Alcalde, única Autoridad, por la mañana del día siguiente, entraron las tropas de Oviedo.


Secaderos al aire libre de menudo, puente de paso entre los secaderos.

Dejando a la familia en Mieres otro amigo y yo, después de estar con el Alcalde para pedirle el salvoconducto, diciéndome que yo no lo necesitaba, no creo que tengas ningún inconveniente, me avisas por teléfono y tomé el número. Al día siguiente había un jaleo enorme, entrega de armas de los del frente, en la plazoleta del muro, detenidos en calidad de presos de guerra, etc.

Dejando la familia en Mieres, con otro amigo, hijo de Santa Lucía, nos pusimos en camino a pie en dirección de La Pola de Lena, a la altura de Santullano, un coche que se para y saluda a mi amigo y nos lleva hasta la entrada de Pola de Lena, nos enteramos que había una oficina compuesta por altos Jefes Militares, que después de tomar declaración, daban salvoconductos, a mi compañero que tenía un amigo en Pola lo pudo avalar, pero yo no tenía ningún amigo; después de estar bastante tiempo a la cola, llegó mi turno, y les dije lo que me había dicho el Alcalde de Mieres y uno de los Jefes habló con el Alcalde y muy cariñosos me dieron el «boleto» y un apretón de manos, ahora a buscar en que irnos a León, salían camiones para León con algunas tropas entre ellas moros, en una que traía material de guerra, y algún militar, nos acoplamos en la caja, llegamos a Busdongo y revisión de salvoconductos, pasamos Villamanín y nuevamente revisión, pero aquí resulta que estaba en el período de quintas o edad del Servicio Militar, a mi, como ya había pasado esa edad, me condujeron a León, también a la revisión, en la Diputación, ya libre empecé por ver y saludar amigos y compañeros, un amigo, en vista que mi casa estaba quemada com­pletamente, me llevó a un amigo suyo para alquilarme una vivienda, hecho, esto, a un compañero, pedí un empréstito y regresé a Mieres, por la carretera todavía iban las tropas del Movimiento a Asturias y yo aprovechando otro camión militar, el que nos comprometimos para el día siguiente traer a mi familia, quedando ya en una casa en León, al pasar por la carretera por Santa Lucía, tuve que tapar a mi esposa y a las dos hijas con el toldo del camión, con la excusa de que iba a empezar a lloviznar; en Vega, cuando se dieron cuenta, se me enfadaron, no quise pasaran tan mal rato como yo lo hice por primera vez.

Me quedé sin vivienda, todo lo quemaron o lo asaltaron porque encontré cosas por el camino de Ciñera cuando iba a la mina algunos días, todo roto, inservible. En León, los amigos, me prestaron muebles y cosas para la casa, que devolví cuando empecé a ganar en la Empresa.

Visité a D. Leonardo Manzanares Serrano, Ingeniero Director de la Sociedad, inmediatamente y después de saludarnos y contarnos algunas cosas, me dijo: bueno, mañana le espero aquí a las siete y media para ir a nuestro trabajo. En efecto, a las ocho y media ya estábamos en Santa Lucía. La Dirección, las Oficinas, la casa de los empleados quemada y más de un 45 por 100 del pueblo quemado, daba pena ver las ruinas de un pueblo en ruinas, también se presentó D. Benjamín Calleja, como además de las ruinas del pueblo, también el Castillete del Pozo Ibarra, estaba fuera de sus anclajes, solamente sujeto por el peso de la riostra, las minas en peligro de hundimientos la Fábrica también había recibido desperfectos, D. Leonardo, dispuso que Calleja se dedicara exclusivamente de las minas y yo a reconstruir para poner en marcha todo. Yo busqué posada y me instalé como mejor pude.


Preparando la base de un Montacargas y paso su perior de los vagones vacíos a los Grupos: Pastora, Competidora y Amézola.

Las obras de reconstrucción, se las encargamos a D. Eloy Hermosa, me dediqué a levantar el Castillete del Pozo Ibarra, pedimos traviesas a la RENFE y cuatro gatos de los de más potencia y levantado poco a poco con muchas precauciones, tomé medida para la estructura de los pies de las columnas y su anclaje que en el taller me prepararon enseguida, colocado el caballete en su sitio bien nivelado y en su plomo se hecho a andar con todo éxito. D. Leonardo fue militarizado con la graduación de Capitán y el Sr. Calleja y yo de teniente, los Vigilantes de Sargentos y el resto de tropa, nos dieron el Reglamento y carnet militar del arma de Artillería.


Tendejones de madera cubiertos para la cinta de briquetas, tejados del Lavadero Coppée, pilas de briqueta en depósito, pasos cubiertos para las vías de las vías de los vagones cargados al Lavadero y de vacíos de regreso al pie del plano inclinado. Edificio para las máquinas del ramal, desde la cabeza del plano a las Cribas. Y el molino «El Tremendo» del pueblo, para moler centerno, trigo, etc.

No tardó mucho tiempo en que casual o de mano criminal, se quemara la Estación de Descarga del cable aéreo Pholig, sin planos, porque los habían quemado a la vez del edificio o antes, tuve que hacer un plano con los únicos elementos que las bases de cemento y el terreno, pues todo estaba hecho cenizas y los conos, ruedas dentadas, poleas y demás elementos de hierro retorcidos inservibles con el plano hecho a mi manera, se pidió a Miguel de Prado las transmisiones y poleas urgentemente, con los carpinteros de casa se serraron los postes de la planchada, modifiqué completamente el sitio del motor, la tolva, quité la cadena flotante y en fin, lo hecho no se parecía en nada a la anterior, se echó a andar satisfactoriamente con muchas más ventajas y economía para la Empresa.

Cambiamos el recorrido de los vagones entre el pie del plano y entrada al basculador del Lavadero Coppée, en fin, todo lo que antes nos parecieron era necesario modificar, muy importante era la subida de madera a la plancha.

Para más fácil conocimiento de lo que era, he recopilado algunas fotografías antiguas, que se incluyen en esta revista y otra más modernas.

También he de decir, aunque no pertenece a la Empresa, un trabajo en esta temporada próxima a la terminación del Glorioso Movimiento; que por don Prudencio Barrenechea, Arquitecto de «Regiones Devastadas» me encargó hiciera unos planos topográficos para el estudio de emplazamientos de nuevos edificios oficiales de los pueblos: Cármenes, Villamanin, Rodiezmo y La Pola de Gordón, aprovechando los días festivos y con el permiso de don Leonardo Manzanares Serrano, Director de esta Sociedad, me puse y terminé en el tiempo que a D. Prudencio convenía, en papel de dibujo bueno, con cotas y curvas de nivel de metro en metro y con todos los servicios de caminos y carreteras.












 


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