La Ilustración española y americana, 22 de septiembre de 1883
CRÓNICA GENERAL
La tempestad del sábado último ha sido el suceso más ruidoso ocurrido en Madrid. Muchas personas creyeron notar sacudimientos eléctricos, como si las descargas hubieran pasado por sus cuerpos. El estrepito fue tan insoportable, que hubo quien extrañó que la autoridad soportase aquel escándalo. En el campo se encienden en esos casos luces a Santa Bárbara; en Madrid se confía en los pararrayos; fe tan expuesta a error como cualquiera otra, pues la mayor parte de ellos se suelen inutilizar con el descuido.
Sabido es que en otros tiempos se solía decir a los niños cuando tronaba :
— Son los angelitos, que juegan a los bolos.
Hoy es preciso inventar fábulas más humanas: nosotros hemos oído este diálogo en la última tormenta :
— ¡Papá, papá! ¿Qué es eso?
— Nada; son barrenos.
— ¿Quién los dispara?
— El Cuerpo de Ingenieros.
— Si suenan en las nubes.
— Es que quieren volar el firmamento.
— ¿Para qué?
— Para que no haya nadie encima de nosotros.
En otros tiempos no era poeta quien no describía en verso una tempestad. Como era natural, apenas había nubarrones se asomaban a las ventanas de sus buhardillas todos los poetas, para oír bien el estampido del trueno, retener el fulgor del relámpago y estudiar el fragor de la tormenta, para ponerlo todo en verso, Las Musas, evocadas en todos los aleros, corrían sobre las tejas, sin saber a quién atender, y volvían al Parnaso acatarradas.
Apolo, entristecido, se vio en la precisión de dictar este decreto:
«Quedan los truenos y relámpagos desterrados para siempre de la poesía, y sometidos a la industria. Desde hoy en adelante no dispondrán del rayo a su capricho los poetas, sino los físicos y químicos.»
Y en cumplimiento del decreto, se inventaron la máquina y las pilas eléctricas, y los fósforos de trueno.
Pero los poetas se vengaron de Apolo llenando de versos malos las cajas de cerillas.
Espíritu de los mejores diarios literarios que se publican en Europa, 16 de agosto de 1790
Carta del Abate Hervieu, Presbítero y profesor de Filosofía, a Mr. de la Metherie sobre una aurora boreal.
A fines del mes de Septiembre último observé una de las más bellas auroras boreales, cuya observación fue causa de que me ocurriesen algunas reflexiones sobre este brillante fenómeno. Desde luego pensé en comunicárselas a vm. pero determiné diferirlo con el fin de confirmarlas con nuevas observaciones, lo que no he podido verificar desde entonces, sin embargo de que según dicen, se ha repetido varias veces dicho fenómeno singular. Cómo quizá tardará mucho en volverse a presentar, me tomo la libertad de dirigir a vm. una descripción de la aurora boreal que ha dado motivo a ellas, a fin de que en caso de que le parezca de alguna utilidad, se sirva insertarla en su excelente Diario.
Diario de Madrid, 21 de junio de 1792
NOTICIAS PARTICULARES DE MADRID
Noticia de la tempestad del día de ayer.
A las 10 poco mas ó menos de la mañana de ayer, con viento Norueste, se presentó un nublado tempestuoso, no de mucho tamaño, que pasó por una parte de Madrid hacia la puerta de Atocha.
La materia eléctrica puesta en movimiento ocasionó varios truenos, pero en particular uno, cuyo estruendo se percibió en toda la población; siendo particular que la descarga eléctrica, no descendió del nublado, sino que subió de la tierra, según nuestra observación, y la de otras varias personas que vieron ascender la culebrina, ó relámpago, muchas toesas en la nube: donde se formó este rayo fue, pues, fuera de la puerta de Atocha, a la entrada de la primera cabaña de la era que fue de Julián Ruiz, en donde mató instantáneamente a un hombre, hirió a otro de bastante peligro, y mató asimismo a un perro, que todos tres estaban inmediatos.
En la tierra, a la entrada de la expresada cabaña, hay cuatro agujeros, pero ninguno profundo, siendo dos de ellos muy superficiales. No, se nota en la cabaña ninguna señal de este estrago. De los dos hombres que ambos eran trabajadores de la misma hacienda, al que murió, se le halló con toda la ropa destrozada, inclusos los zapatos, que los rajó el fuego eléctrico por varias partes: asimismo los calzones quedaron hechos giras, la camisa y las medias quemadas, como si se hubieran echado al fuego, unos botones de plata que tenia al cuello, han quedado asimismo derretidos en alguna parte de su superficie.
En toda la parte anterior del cuerpo tenia muchas como contusiones negras, con ráfagas de humo, y alguna tal cual herida rozada: el otro que quedó herido lo fue solo en el brazo, costado, y pie, del lado izquierdo, pomo también parte del vientre, habiéndole quedado sumamente doloridas estas partes, y todas las articulaciones ofendidas de la materia eléctrica: ambos fueron llevados al Hospital general, a la sala de S. Andrés, donde la facultad, dispuso con la mayor inteligencia, y prontitud, la aplicación de aquellos remedios mas adecuados, que se administran en semejantes casos, como el alkali volátil, interior y exteriormente, friegas, en las articulaciones, espaldas, &c. y fumigatoria de humo de tabaco, pero todo en vano, con el otro se tomaron las precauciones convenientes en semejante suceso.
También se comprueba la observación de que esta descarga de materia eléctrica, ascendió hacia el nublado con que se ha encontrado tierra en las partes superiores del cuerpo, así del que murió, como del herido, que fueron sin duda, violentamente conducidas con el impulso de la fulminación. La mayor parte de los físicos están acordes en que la electricidad, en virtud de su tendencia al equilibrio corre hacia todas partes, y en todas direcciones, y si un nublado está desprovisto de electricidad, y esta se halla en la tierra o depósito común super-abundante, no hay dificultad en persuadirse que el mismo conato con que este fluido solicita el equilibrio, le haga arrojarse de la tierra, a las nubes; del mismo modo que en suposición contraria, bajará de las nubes a la tierra, siempre que el deposito común. no tenga tanta electricidad como el nublado que se la suministra.
En favor de las personas a quienes amedrenta este meteoro terrible y poderoso, haremos la advertencia, de que en las casas es menor el riesgo, que en los campos, porque regularmente se comunica todo rayo, ó centella a las varillas de hierro, dorados &c., y en el campo solo hay los nervios de los hombres y animales, que sirvan de inmediato conductor a la materia eléctrica.
Semanario de agricultura y artes dirigido a los párrocos, 22 de julio de 1802
CARTA XLVII. Nubes : lluvia : rocío: niebla: como se forman estos meteoros.
Ya. sabes que es lo que llamamos nubes: estos, inmensos cuerpos que vemos tan frecuentemente suspendidos en lo alto de la atmosfera, y que tantas veces nos presentan un aspecto bello y majestuoso, y otras obscuro y terrible, no son otra cosa sino un conjunto de los vapores vexiculares, que han padecido ya el primer grado de descomposición, perdiendo su invisibilidad. Cuándo no hay tantos que basten para cubrir a cierta altura toda la atmosfera, se atraen entre sí y forman masas esparcidas aquí y allá, las cuales parece que ejercitan entre sí una nueva atracción, tal vez ayudadas por los vientos; si es que estos no las deshacen y disuelven, como sucede muchas veces, ó descomponiendo el vapor vesicular, reduciéndolo a lluvia, a otro meteoro, ó restituyéndolo a su primera combinación, porque se levante su temperatura.
Es de observar que según sea la estación fría ó caliente tienen las nubes diferente carácter; en la estación fría no son mas que un simple agregado de vapores vexiculares; y en la estación caliente son además un depósito de electricidad; porque entonces se combina el calórico con el agua, de lo que provienen los vapores, y con el fluido eléctrico, del cual se halla gran cantidad en el globo. A este fluido eléctrico lo conduce el calórico atravesando el aire hasta la región de las nubes. Ya ves que en invierno no dan las nubes señal alguna de electricidad; la razón es, porque en el invierno falta el calórico que es el único que conduce basta las nubes el fluido eléctrico, pues la atmosfera no es cuerpo conductor. En el verano, en primavera y en otoño, si hace calor, atraen de continuo las nubes por afinidad el fluido eléctrico que se levanta de la tierra con los vapores invisibles, y en este caso presentan las nubes, un conductor aislado en medio de la atmosfera, dispuesto a cargarse de continuo con tal que se conserve seco el aire que lo rodea. Ya veremos en su lugar los fenómenos que resultan cuándo las nubes se hallan sobrecargadas de fluido eléctrico; ahora observaremos los que nos ofrecen las nubes en la estación fría.
El primero de estos es la lluvia, cuerpo líquido y transparente que vemos caer de las nubes; esta procede de una descomposición sucesiva de los vapores vexiculares, y esta descomposición se verifica siempre de una temperatura superior al cero, y la produce, ó la pérdida del calórico que tenia disuelta, al agua, ó la llegada de un aire caliente y húmedo del mediodía ó del poniente, y que venga del mar. Entonces, ó bien encuentre en la atmosfera, con que se viene a mezclar, un estado de reposo, ó bien una temperatura fría, no puede dicha atmosfera mantener disuelta tanta agua y cae en lluvia. De esta suerte la simple mudanza de temperatura quita a el agua el estado precario de fluido aeriforme que había adquirido por el calórico, y la obliga a volver al estado líquido que antes tenia.
Ni solo procede la lluvia de la pérdida de calórico , ó de que sobrevenga un aire caliente y húmedo, pues hay otras causas, bien que particulares. La primera es la combustión del gas hidrogeno en la atmosfera; la segunda, el paso del fluido eléctrico de una nube a otra, ó de una nube a la tierra.
Figúrate que en el verano sube de la superficie de la tierra gran cantidad de gas hidrogeno que se acumula en lo alto de la atmosfera; a este lo pone en combustión la chispa eléctrica, y entonces la base de este gas, esto es, la sustancia solida del hidrogeno, va a combinarse con el oxígeno, que es la base del aire vital, cuya unión forma, como sabes, el agua; la cual en tal caso se precipita sobre la tierra en forma de lluvia mas ó menos gruesa ó copiosa, según se haya verificado la combustión mas cerca, con mas rapidez, ó en mas extensión. Ruido, luz, y grande alteración ó falta de equilibrio acompañan a esta combustión del gas hidrogeno, como vemos que sucede algunas veces en el verano, y como lo vemos también en nuestros laboratorios. Toda esta conmoción nace del paso que hace un volumen inmenso dé fluido aeriforme, cual es el gas hidrogeno, a un volumen muy pequeño de agua.
Sucede también frecuentemente que el fluido eléctrico, cuerpo que tiene mucha afinidad con el calórico, y que en el verano compone parte, ya mayor, ya menor, de los vapores y de las nubes, por afinidad y por su tendencia al equilibrio, se descarga de una nube en otra, ó de una nube sobre la tierra; entonces se lleva consigo parte del calórico de la nube que abandona, produce una rápida condensación del vapor vexícular, se descompone este, y se convierte instantáneamente en lluvia, porque el aire no lo puede ya sostener. Esta lluvia es mas ó menos gruesa con proporción a la descarga eléctrica, al calórico que lleva consigo, a la inmediación de la nube respecto de la tierra, a su extensión, a la copia de vapores que contenía, y a otras circunstancias semejantes.
También sucede a veces que vemos caer una lluvia muy menuda estando el cielo sereno, lo que tiene su «explicación una dilatación ó rarefacción grande en algunas colunas del aire, ó una mudanza repentina de temperatura, ponen al aire en un instante en estado de no poder contener los vapores invisibles, y por esto de repente se condensa en agua una porción de estos, que cae en lluvia por su natural peso ó gravedad. Baste ya de lluvia: hablemos del roció y de las nieblas, que me atreveré a llamar hermanas menores de la lluvia.
Llamo rocío aquel agua que hallamos esparcida en gotitas muy menudas sobre los cuerpos que de noche están a la inclemencia; por lo que hemos dicho hasta ahora conocerás que no puede proceder sino de la descomposición de los vapores invisibles que están combinados con el aire atmosférico. No solemos ver los rocíos sino en las mañanas de verano, y aun en las de otoño y primavera si la estación es caliente, porque entonces se combina mucho calórico con el agua que hay en la superficie de la tierra, lo que se verifica principalmente cuándo el sol está sobre el horizonte; esta agua así combinada con el calórico va a combinarse por afinidad con el aire, y forma con él un todo igual e invisible; pero apenas se pone el sol se disminuye la cantidad de calórico que tenia disuelta aquélla agua, se disminuye igualmente la fuerza de afinidad ó atracción entre el aire y el agua, porque se baja su temperatura y el agua se ve obligada a volver insensiblemente al estado que antes tenia. Esta vuelta al estado de líquido se apresura tanto mas cuanto mas se enfríe la atmosfera; y padeciendo el mayor grado de frio en el momento en que el sol, concluida su carrera en el otro hemisferio, vuelve a aparecer sobre el nuestro, entonces es cabalmente cuándo vemos caer el rocío en mas abundancia. Es menester que los rayos del sol hayan difundido por la atmosfera nueva cantidad de calórico para que detengan esta insensible lluvia que llamamos rocío; entonces el agua que se halla todavía en la atmosfera, con el calórico que sobreviene, se combina de nuevo en estado de vapor, y en el mismo se levanta poco a poco y se combina con ella una cantidad del mismo rocío.
No te digo que observes los benéficos efectos que produce el rocío en el reino vegetal; solo indicaré que en la estación caliente sirve este maravillosamente para establecer el equilibrio del fluido eléctrico de la atmosfera con la tierra, viniendo a ser un excelente conductor entre la una y la otra. De aquí es, que cuándo cae rocío, ó cuándo cae todas las noches, rara vez hay tempestades, y más raras veces se observan los terribles fenómenos de la electricidad. Con esto te pongo en estado de adivinar los buenos tiempos y los malos, singularmente cuándo estás en el campo; porque si observas que por algunas noches falta el rocío, ya sea porque el cielo este cubierto de nubes, ya porque el aire, aunque de temperatura mas fría, no tenga tanto vapor que abandonar, ó ya porque sobrevenga un aire caliente y seco que impida que se condensen los vapores del día, una vez que llegue a faltar entre la atmosfera y la tierra este conductor, y que sobreabunde el fluido eléctrico en la una ó en la otra, hará en la primera ocasión un sacudimiento terrible para equilibrarse.
Al observar algunos físicos que un vegetal cubierto con una campana de cristal ó con otra cosa que le quite la comunicación con lo alto de la atmosfera, se halla sin embargo por la mañana reluciente de rocío, han creído poder asegurar que no cae del cielo sino que sube de la tierra. El fenómeno es verdadero, pero la conclusión es falsa. La impresión del calor que recibe por el día la tierra y el vegetal produce una evaporación insensible del agua que se halla en uno y otro, y no pudiendo disolverse el vapor en el aire interior del vaso, ó porque le falte la cantidad necesaria de calor, ó porque no haya proporción entre el aire y el agua, se ve esta obligada a caer sobre el vegetal y sobre la superficie de la tierra en que se halla el mismo.
La niebla es aquel vapor húmedo y visible que enturbia la atmosfera y hace que a veces no nos veamos a corta distancia unos de otros; de dos modos suele producirse, ó por la descomposición de los vapores invisibles, antes de que se formen en nubes, ó por la descomposición lenta y sucesiva del vapor vexicular de que se componen las mismas nubes. Pero ¿cómo es, dirás tú, que habiendo tenido ayer un día muy claro, esta mañana nos rodea una niebla espesa que todo lo obscurece?, yo te diré como: ayer, mientras el día estaba sereno se cargó el aire de vapores invisibles por el exceso de calórico esparcido mediante la acción del sol; al ponerse este astro sobrevino frio en la temperatura; por eso se comenzó a enturbiar el cielo. Algunas veces se aleja la niebla en pocas horas; otras continúa toda la noche, y no se disuelve sino al levantarse el sol; y finalmente otras, en especial si la atmosfera está nebulosa y saturada de vapores, en llegando a cierto grado de frio la temperatura, se descomponen los vapores invisibles y parte de los mismos vapores vexiculares y la niebla se fija y obstina continuando por largo tiempo sin que baste el calor del sol para volverla a convertir en vapores invisibles; para que del todo desaparezca es necesario que sobrevenga un aire seco a fin de que se verifique la necesaria combinación del agua con el calórico. También sucede que en vez de aire seco, viene un viento húmedo, y este apresura mas la descomposición de los vapores vexiculares; entonces la niebla se convierte en verdadera lluvia, y no vuelve el buen tiempo hasta que nueva copia de calórico vuelve a reducir el agua a vapores invisibles. Todas las alternativas de la niebla, que son tan varias, vienen del juego del calórico mas ó menos dominante. Hay parajes y tiempos en que se ve todas las mañanas una baja nieblecilla que cubre la tierra, y que desaparece a poco de salir el sol; esta niebla procede de la insensible evaporación que se levanta de la tierra húmeda calentada por el sol del día antes, y continúa después en la noche; al paso que el sol va difundiendo el calórico en las primeras horas del día, se va convirtiendo dicha niebla en vapores invisibles y desaparece.
Cuándo tú te pongas a explicar estos fenómenos lo harás con tanta gracia y elocuencia, qué las verdades de la física se harán mucho mas agradables en tus labios. A Dios. Se continuará.
OBSERVACIÓN
de una Hemiplejia fulmínica, por el Dr. D. Félix Janer, Médico de Barcelona,
Los efectos del rayo suelen ser tan singulares como terribles, produciendo varios males mas o menos graves que se hallan notados en los nosologistas, y el siguiente caso de hemiplejia causada por un rayo no desmerecerá quizá la atención de nuestros lectores, ya por su singularidad, ya por algunas reflexiones teóricas y prácticas que naturalmente sugiere.
A las tres de una tarde del mes de julio de 1810 hubo una furiosa tronada en Villafranca del Panadés, Principado de Cataluña, y cayo un rayo, que no causó mas daño que el siguiente. Durante la tronada, un soldado Valenciano de veinte y seis años de edad, sano, robusto y bien fornido, asistente de un Coronel alojado en la casa de Pausas muy conocida en aquella villa, después de haber bien comido salió al común que está en una azotea ó galería pegada a la misma casa. Estaba en pie meando cuando sintió un gran golpe, que fue, según su expresión, como un hachazo, en la parte inferior del espinazo. El golpe fue tal que lo derribó; dio algunos gritos, acudieron los de la casa, y lo encontraron tendido en el suelo, sin poderse levantar, y vomitando la comida que había tomado poco antes. Lo llevaron a la cama y me llamaron. Fui luego y lo halle tendido a la larga quejándose de que no podía mover la pierna y brazo derechos, cuyos miembros decía él tenerlos como muertos. En efecto toda la mitad derecha del cuerpo estaba sin movimiento, sin sentido, sin calor y sin pulso, cuando la otra mitad conservaba su estado natural. No había dolor en parte alguna, ni mas fenómeno patológico que los expresados, pues las potencias intelectuales, la vista y el oído, la voz, la deglución, la respiración y las demás funciones estaban enteramente libres y expeditas. Le ordené una mixtura espirituosa y unas friegas con el linimento volátil sobre toda la mitad afecta. Estos excitantes de tal modo despertaron y restablecieron el movimiento, el sentido, el calor y el pulso, que cuando volví al anochecer hallé al enfermo con una gran calentura; la cara rubicunda, los ojos encendidos, cefalalgia intensa, mucha sed, respiración alta y fatigosa, gran inquietud, sumo calor, pulsos altos, llenos y vibrantes. Temiendo entonces los funestos, efectos de tan fuerte reacción, mandé una buena sangría, de brazo, la que calmó bastante todos los síntomas, sobreviniendo poco después un copioso sudor y un sueño apacible, después del cual al otro día por la mañana hallé al joven fulminado perfectamente restablecido. Lo vi aun después diferentes veces y no había tenido novedad alguna.
Hasta ahora no he visto un caso semejante en los autores que refieren varios efectos mas ó menos singulares de los rayos en los hombres y animales. Es obvio aquí que la fuerte conmoción causada por la descarga eléctrica afecto particularmente a la médula espinal, pero no a toda ella, sino tan solo a los cordones del lado derecho a pesar de la contigüidad y enlace que estos tienen con los del otro lado; y quedando afectados ambos cordones laterales, así el anterior que da origen a los nervios qué producen. el movimiento, como el posterior, de que salen los nervios que conducen el sentimiento según los descubrimientos modernos, se perdieron el movimiento y el sentido en la mitad derecha del cuerpo, como también consiguientemente el calor y el pulso. El vómito acontecido por simpatía, o quizá por la sola conmoción y caída. Al celebro no se le propagó una afección que intereso a una gran parte del sistema nervioso. Pero después al desplegarse una fuerte reacción toda la economía se resintió de ella y presentó los fenómenos patológicos que eran consiguientes.
Es muy probable que en aquella falta exterior de sentido, movimiento, calor y pulso, en aquella concentración interior de la acción vital, o si se quiere, en aquella conmoción repentina de las partes principales del sistema nervioso y consiguiente estupor y suspensión del influjo de la acción vivificante del mismo sistema, es muy probable, digo, que a primera vista cualquier Médico se hubiera ceñido, a reanimar dicha acción mas ó menos eficazmente y a llamarla hacia la periferia del cuerpo con la aplicación de los excitantes oportunos, y se abstuviera sobre todo de evacuaciones sanguíneas, que podrían al contrario producir un excelente efecto en el estado de reacción, como sucedió en nuestro caso, cuando la acción vital antes casi extinguida o sofocada no solo se hubiese reparado, sino que hubiese adquirido un sobrado aumento de vigor que pudiera ser funesto a toda la economía ó particularmente a alguno de los órganos mas importantes. En aquel estado de abatimiento, reconcentración ó casi extinción o sofocación (como quiera llamarse) de la actividad vital, en aquel estado de estupor y suspensión mas ó menos completa del influjo nervioso, verificado por susto, disgusto, cansancio, golpe, caída, principio de calentura, histerismo, &c, que causaría mas o menos pronto la muerte, ¿deberá imponernos la idea de congestión, irritación, inflamación plétora local, &c., para obrar de otra manera, aunque después una reacción violenta exija evacuaciones de sangre abundantes?
Vi años pasados morir un labrador sano y robusto, a quien un cirujano extranjero llevado de no sé que idea hizo una sangría en medio del frio de una terciana regular que pasó luego a perniciosa y resistió a todos los auxilios del arte, pudiendo aquella sangría haberle sido muy útil en el período del calor ó en la apirexia. Los secuaces mas rígidos de Broussais, por mas que viesen también aquí irritaciones y flegmasías, se ocuparían al principio en restablecer el influjo nervioso y combatir el primer estado de estupor y postración, empleando los excitantes internos y externos mas apropiados para luego substituirles los antiflogísticos y ordenar con mano franca y segura las evacuaciones de sangre que fuesen necesarias y con las que mas o menos reiteradas solo puede salvarse frecuentemente la vida del enfermo. Y ¿esta diferencia de uno y otro estado deberá inducirnos a obrar con igual diferencia en el principio d curso de las apoplejías? Es esta una cuestión interesante, de que quizá me ocuparé otro día, como también de si conviene curar las calenturas lipíricas con los excitantes aplicados interior y exteriormente, ó mas bien con sangrías y demás auxilios de un plan antiflogístico mas o menos riguroso.
Décadas de medicina y cirugía prácticas, 1828, n.º 161
Sesión del lunes 22. Observación de un paralítico curado con un trueno. Un pasajero de edad avanzada y muy grueso estaba tan paralítico de las piernas, que hacía más de tres años que no había andado ni media milla a pie, y desde que se embarcó no se le había visto tenerse en pie ni un solo momento. Después de la descarga eléctrica que se verificó cerca de su cama, se le vio con admiración levantarse, andar por la cubierta, y continuar paseándose mucho tiempo, como si nunca hubiera estado enfermo. En los primeros momentos tenia la cabeza como perdida; pero esta perturbación intelectual duró poco, y se curó completamente. En efecto, este pasajero, no solamente continuó andando con libertad todo el tiempo de la navegación, sino que ha podido servirse de sus piernas luego que llegó, y ha andado a pie el camino que hay desde el sitio donde desembarcó hasta su casa.
El doctor Arago añadió, que no es este hombre el único que se ha curado con el mismo remedio.
El Eco del comercio, 29 de junio de 1835, n.º 425
SEVILLA. 22 de junio. = A cosa de las diez de la mañana del sábado 20 se fueron aglomerando con notable rapidez vastas masas de nubes sobre esta ciudad, recargándose simultáneamente la atmósfera. Una hora después empezaron a resonar distantes truenos y a caer escasa lluvia. Rápidamente se aumentó la tormenta. A las once y media ó doce menos cuarto se sintió una explosión tan estrepitosa y violenta, que estremecidos muchos de los transeúntes en la plaza de Isabel II cayeron algunos por tierra. Al mismo tiempo se desprendió una chispa eléctrica, que hendió la techumbre y cuarteó las paredes de la casa núm. 33 de la calle Colcheros, quebrantó é hizo saltar las losas del patio principal, enterrándose al fin en un pequeño patio contiguo a la cocina. Muchas personas que estaban en las inmediaciones aseguran haber experimentado en aquel punto un olor desagradable parecido al del azufre. No ha ocurrido desgracia ninguna de que tengamos noticias, de resultas de esta descarga eléctrica. A corto rato cayó otra centella en el convento de S. Francisco sin hacer daño mas que en las paredes; y parece que también ha sucedido lo mismo en una casa de la collación de S. Juan de la Palma; en la plaza de armas extramuros de esta ciudad, y en la torre de la iglesia de Sta. María la Blanca, donde cayó el monaguillo sin sentido, hiriéndose en la caída. A las doce y media empezó una abundante lluvia que duró hasta la una y despejó un poco la atmósfera. A las dos había cesado la tormenta; pero se repitió á las cuatro de la tarde, y concluyó al parecer del todo a cosa de las cinco y media, hora en que entra en caja nuestro periódico. La tormenta corrió del N. E. al S. O. en contraste con el viento S. O. reinante en estos últimos días.
Correo nacional, 20 de noviembre de 1838
METEOROLOGIA
SOBRE EL RUIDO DEL TRUENO.
M. Raíllard ha estudiado por espacio de once años este fenómeno, que es muy frecuente y hermoso en el país que habita, y sus observaciones le han demostrado que la Verdadera causa del fenómeno está en la grande extensión de los relámpagos, idea que admitió ya Priestley hace nueve años a lo menos.
"Si la diferencia entre las distancias extremas entre el observador y el relámpago es bastante considerable (dice М. Raillard), la explosión, aunque instantánea, debe producir un ruido bastante prolongado, puesto que parte de los puntos colocados a diferentes distancias. Y como hemos visto relámpagos cuya longitud debía pasar de dos miriámetros ( unas tres leguas), podría producir, respecto al observador colocado en uno de los extremos un ruido de un minuto, a razón de 337 metros ( unas 420 varas) por segundo. Así se concibe fácilmente que truenos de 10 segundos corresponderán a una diferencia de 3,37 kilómetros (mas de 4.200 varas) entre las distancias de los extremos del relámpago al observador.
"Las diversas sinuosidades del relámpago, explican las variaciones en la intensídad del trueno.
Esta teoría se apoya esencialmente sobre dos condiciones, a saber: 1.ª La chispa eléctrica en las nubes hiere el aire y produce un ruido: 2.ª Cada punto del rastro luminoso es un centro de conmoción, es decir, que el aire se encuentra herido en toda la longitud del relámpago.
«Fácilmente se concibe el primero de estos dos efectos, pues sí la chispa eléctrica de nuestras débiles máquinas produce un sonido bastante perceptible, ¿qué no harán esas formidables descargas cuyos efectos son tan terribles y violentos? Así es qué entre los muchos casos que hemos podido reunir de caídas de rayos, jamás hemos sabido de uno en que la descarga eléctrica se haya verificado en silencio, sino que siempre va acompañada de violentas detonaciones que oyen inmediatamente las personas que se hallan vecinas al sitio en que ha caído el rayo.
"La segunda condición nos parece también incontestable. Si se busca ocasión de observar un relámpago bajo un ángulo suficientemente abierto, se siente que el ruido proviene de todos los puntos del rastro luminoso, y que sigue exactamente todas sus sinuosidades. Jamás hemos visto desmentirse esta ley, y entre otros hemos observado un relámpago que nos presentó la figura de una horquilla inmensa, cuyo mango se apoyaba en el suelo, en el cual al principio se oyó un ruido considerable en la dirección del píe de la horquilla, y después se dividió a izquierda y derecha y se debilitó según se acercaba. En otra circunstancia mas reciente саíа un relámpago sobre una casa de Bourg, cerca de Langres, y dejó señales muy marcadas; el mismo rayo conmovió una casa de Verseilles, distante de la primera mas de 4 kilómetros (unas 4.800 varas) y dejó caer algunas tejas de un tejado. Es indudable que fue un solo relámpago el que produjo los dos efectos, pues ni le precedió ni le siguió otro alguno; pero en Bourg el ruido del tueno se siguió inmediatamente al brillo del rayo, en tanto que en Verseilles todas las personas que se hallaban presentes, convienen en que no siguió inmediatamente el ruido al brillo, aunque solo tardaría unos dos segundos, en vez de 12 que correspondían a la distancia entre Bourg y Verseilles. Esto debía ser así, pues el relámpago tocó en Bourg, y solo se acercó a Verseilles, donde produjo un efecto del choque de reacción El redoble del trueno duró de 15 a 18 segundos consecutivos. Se ve, pues, que el trueno es un fenómeno local que depende de la posición del observador con respecto al relámpago.
"La chispa eléctrica al surcar la atmósfera, obra sobre el aire y le atraviesa como atravesaría un cuerpo sólido mal conductor, o a la manera que obra sobre los terrenos areniscos, formando en ellos los que se llaman tubos fulminares. Probablemente el relámpago al pasar eleva el aire a una temperatura muy alta, y a esta súbita elevación atribuye M. Biot 1a luz tan viva que produce el relámpago. Acaso es también ella la que hace que a veces sea el relámpago doble, triple, cuádruple en el espacio de menos de medio segundo, conservando siempre la misma figura, porque si la descarga del fluido no se ha hecho totalmente en el primer golpe, la parte que quede se escapará por el paso que acaba de preparársele."
M. Raillard ha observado un relámpago múltiplo, cuya longitud se aproximaba a tres miriámetros, y que duró a lo menos un segundo. La primera descarga fue blanca, las siguientes le tiñeron algo de púrpura, y las últimas eran de un color de púrpura subido, y parecían un chorro continuo. Los relámpagos simples son bastante ratos, y apenas se ve uno de cada diez; son más brillantes que los otros, su luz es muy blanca, y el trueno que les sigue es por lo común mas fuerte.
"Si el relámpago (continúa) siguiese una línea recta, el efecto que produjese seria un ruido continuo creciente ó decreciente según la posición del observador, y aun para eso seria necesario que las diferentes partes de la línea fuesen heridas del mismo modo, lo cual rara vez podría suceder. Mas las sinuosidades del relámpago explican el ruido irregular y desigual del trueno. Supongamos que una parte del relámpago forme una línea recta ó casi recta, cuya prolongación ocupe el oído del observador, es claro que los diversos sonidos producidos en los distintos puntos de la línea, llegarán uno a uno al oído, y le afectarán débilmente; pero si la línea es un arco, en cuyo centro se encuentre el oído, entonces la sensación será mucho mas fuerte, porque los sonidos parciales vendrán todos a herirle a un mismo tiempo. Así es, que cada repliegue del relámpago produce un accidente particular de sonido, y si algunas porciones del relámpago contienen mas o menos cantidad de fluido, ó atraviesan capas de aire de diferentes densidades, estas serán otras tantas causas de variación en la fuerza del trueno.
Los ecos de las montañas, y la distancia de la nube pueden modificar accidentalmente los efectos de la explosión eléctrica, pero no puede considerarse como causa completa de los redobles del trueno."
M. Raillard entra en seguida en algunas consideraciones acerca de la forma de los relámpagos, y en su concepto las sinuosidades deben provenir de la falta de homogeneidad en la masa de aire que recorre la chispa, y en la desigual distribución del fluido en las diferentes partes de la nube. Supone además que hay otra causa que influye a veces en su dirección, a saber, las desigualdades de la superficie del suelo. En efecto, si en el momento en que con el excitador se saca una chispa de la máquina eléctrica, se acerca al camino que sigue la chispa un cuerpo poco conductor, se ve que la chispa se inclina hacia el nuevo cuerpo. M. Raillard dice que ha visto en las tempestades un efecto semejante producido sobre el relámpago por la inmediación de una montaña que atrayendo la electricidad de la nube obligaba al relámpago a formar una especie de recodo.
Semanario pintoresco español, 27 de febrero de 1848, n.º 9
EL RAYO.
Antes de los descubrimientos recientes de la física, el fenómeno del rayo se hallaba envuelto en un velo misterioso, que los hombres no acertaban a descorrer. Los adelantos de la ciencia han esparcido luz clara sobre su naturaleza y origen. Preséntase bajo tras formas diferentes; el relámpago, la detonación, es decir, el ruido que le acompaña y el rayo que destruye todo lo que encuentra a su paso. Hoy nadie ignora que el rayo es uno de los fenómenos de la electricidad; este poderoso agente de la vegetación tan bienhechor en sus efectos ordinarios, tan terrible cuando sale de las proporciones necesarias para la fertilización de la tierra.
Las nubes que vagan en la atmósfera se hallan constantemente llenas de electricidad. Cuando dos de ellas están cargadas la una de electricidad positiva y la otra de electricidad negativa, se atraen mutuamente y su contacto produce una detonación proporcionada a su volumen. El espacio se halla lleno de gran número do espesas nubes cargadas de una electricidad diferente de la de la tierra, las montañas atraen las nubes y estallan estas tempestades tan comunes en los países montuosos. En los llanos las promueven los bosques y los edificios y producen los efectos terribles que vemos todos los días. El relámpago y el trueno son simultáneos, pero como la luz recorre el espacio con mas rapidez que el sonido, resulta que distinguimos con frecuencia el relámpago mucho antes que la detonación; lo propio sucede cuando presenciamos el disparo de un cañón a cierta distancia.
Acontece a menudo que se oye prolongar el trueno y repartirse su eco en diversas direcciones. Débese este efecto a las montañas, a los valles, a los bosques y a los edificios y también a las nubes y a la superficie de la tierra que se reproducen mutuamente el sonido; de otro modo no podría explicarse cómo se oye igualmente esta prolongación en el mar donde no existen para producirle mas que la superficie del agua y de las nubes.
Varias son las precauciones que se toman para preservarse de los estragos del rayo. Unos pretenden que para desparramar la tempestad que los produce conviene disparar un proyectil que divide las nubes, otros que debe hacerse ruido, por ejemplo tocar las campanas. Numerosas desgracias han tenido por origen esta opinión. Otros en fin, corren apresuradamente a guarecerse de la tormenta bajo árboles elevados y espesos. Gran número de víctimas han sido también sacrificadas a esta preocupación. Sabido es que los puntos elevados atraen el fluido eléctrico: de aquí resulta que el peligro aumenta para los que se colocan en la indicada situación. Los periódicos refieren con mucha frecuencia desgracias nacidas de esta costumbre, muy general en las aldeas.
Los campanarios de las iglesias, las casas aisladas, están mas expuestas que las que son de la misma altura con corta diferencia y se hallan agrupadas en las poblaciones. Después de la invención de los pararrayos es fácil evitar los efectos de las exhalaciones, mas como el pararrayo no obra sobre el fluido eléctrico en una circunferencia mayor de treinta varas, se necesitan varios en edificios de mucha extensión.
La acción del fluido eléctrico envuelve en sí misterios que no ha sido posible descifrar completamente, fenómenos meteorológicos de singulares y tristes resultados, cuya causa no es fácil determinar con exactitud. Ha habido algunos casos en que el rayo no ha sido acompañado de detonación: no ha mucho que una centella mató a una joven sin que la descarga eléctrica se hubiera revelado a las personas que se hallaban cercanas por detonación de ningún género; las circunstancias que acompañaron al suceso, la imposibilidad de explicar la muerte súbita de la joven de otra manera y algunas observaciones hechas en su cadáver, demostraron a los facultativos que la infeliz había sucumbido a la conmoción producida por el choque de dos corrientes eléctricas. En una tarde de estío muy calurosa y seca, encontrándose un labrador con su familia en medio de un plano poblado de árboles, vio repentinamente venir hacia el punto donde se hallaba trabajando una nube negra que amenazaba una gran tempestad, apresuróse a mandar a su hija delante, la cual se dirigió corriendo precisamente en la dirección que traía la nube. Al cabo de pocos momentos disponíase el resto de la familia a seguir a la niña, cuando la distinguieron a seiscientos pasos tendida boca abajo en el suelo. Llamáronla, y como no recibieran contestación, corrieron a donde estaba y la encontraron muerta: ni ellos ni ninguno de las cercanías habían oído la menor detonación ni distinguido la claridad mas débil. Los facultativos declararon tres horas después del suceso, haberla producido la muerte una exhalación; así lo indicaba entre otras cosas la circunstancia de no tener las manos extendidas para neutralizar el golpe como debía suceder al caer, y el pañuelo que llevaba en la cabeza, que pareció a cuatro pasos de ella, atravesado en el centro por una grande rotura, producida evidentemente de arriba abajo según la dirección de los hilos sueltos que quedaron alrededor de la abertura. Este hecho es ciertamente curioso bajo el doble aspecto de los efectos caprichosos y casi inexplicables del rayo, y sobre todo por la ausencia de la detonación.
Avisador del comercio, 16 de junio de 1848
CORREO DE LA HABANA.
Rayo. — Si no estamos mal informados, durante la turbonada que empezó a las doce de anteayer, una descarga eléctrica cayó en el pararrayo del reloj de la Aduana; se desvió del conductor y pasó al tejado de la casa de los Sres. Drake y Hermanos, llevándose el espejo que había en dicho tejado para reproducir las señales del Morro; pasó en seguida a nuestro puerto y allí mató a un negro de los dos que dirigían una embarcación de un lado a otro de la bahía. El compañero de esta víctima no sufrió mas que el susto consecuente a la tal desgracia.
El Clamor público, 17 de marzo de 1850
— Un rayo a bordo. — Según los últimos periódicos que tenemos de Nueva Orleans, había llegado muy destrozado a aquel puerto el bergantín anglo-americano Titi, que salió de la Habana el 9 de enero. Parece que al día siguiente de su salida, a eso de las tres y media de la mañana y cuando solo distaba unas 160 millas de la Habana, cayó un rayo en el palo mayor, haciéndole astillas hasta la altura de dos o tres varas de la cubierta.
La misma descarga eléctrica inutilizó completamente el mastelero del trinquete, y también el velamen sufrió averías de importancia.
El bergantín Titi llevaba a bordo 18 pasajeros, y es fácil formarse una idea del espanto que de ellos se apoderaría cuando ocurrió el desastre y cuando cayó sobre cubierta la arboladura del buque. Por fortuna no hubo que lamentar desgracias personales, ni sufrió averías el cuerpo del buque.
Sin embargo de la poca distancia que le separaba de la Habana, prefirió el capitán del Titi, que supo conservar toda su serenidad, continuar el viaje hacia Nueva Orleans, a donde llegó sin mas novedad unos diez días después de la catástrofe. Es de advertir que el Titi estuvo algunos días en las inmediaciones de la Baliza, esperando práctico.
La España, 19 de diciembre de 1852, n.º 1.448
Efectos del rayo. Con razón ó sin ella, la exhalación pasa por capaz de los efectos mas opuestos. A ella solo se atribuye la responsabilidad de innumerables casos diversos, tan admirados del lector no científico. Sin embargo, al amparo de la academia, y por consiguiente a cubierto de toda sospecha de falsedad, vamos nosotros también a reproducir una historia bastante contada, en la que se verá que despeinar a un transeúnte, sondear sus bolsillos, descomponer su reloj, y llevarle su bolsa, dejándole la vida, son para el fuego del cielo cosas de un instante, obras de un relámpago, de un millonésimo de segundo.
Et lunes 17 de mayo, a las once de la noche, dice M. de H., me dirigía a mi casa por las calles de Saint Guillaume, de la Chaise, y de Varennes, cuando un trueno muy fuerte fue causa de que apresurara mi marcha, temeroso de un aguacero próximo. Apenas había dado unos cincuenta pasos, cuando un segundo trueno resonó al mismo tiempo que brillaba el relámpago. Empezaron a caer gruesas gotas de agua al hallarme a unas cincuenta varas de mi casa, y eché a correr. Repentinamente me vi envuelto en una luz tan fuerte, que me causó un extraordinario dolor en los ojos. Un trueno espantoso resonó instantáneamente, y mi sombrero voló a diez pasos, aún cuando no se sentía ni la menor ráfaga de viento. La sensación de mis ojos había sido tan violenta y tan terrible mí temor de haber quedado ciego, que toda mi atención se concentraba en esta cruel idea; de manera que no podré decir si sentí otra que la propia sacudida eléctrica, propiamente llamada, la cual no fue muy violenta.
El último trueno había sido seguido de un torrente de agua, la que cayendo sobre mi cabeza descubierta, disipó mi aturdimiento en ocho ó diez segundos, y mi alegría fue tan grande al convencerme de que mí vista no había sufrido alteración, que salvé la distancia que me separaba de mi casa, corriendo loco de contento.
Al disponerme a acostarme, fui a sacar mi reloj, y entonces conocí los efectos de la descarga eléctrica en el bolsillo izquierdo de mi chulleco. Este bolsillo tenia en su fondo un agujero por el que cabían dos dedos, y sus orillas parecían a la vez quemadas y tijereteadas. El chaleco era de casimir, el forro del bolsillo de percalina, y el centro de paño.
Como yo corría para llegar a mi casa antes que el aguacero fuese más fuerte, la cadena de mi reloj formaba un circulo libre saltando sobré el chaleco; el rayo se adhirió, probablemente por en medio, que era el punto mas bajo de su curva, supuesto que la parte superior, sujeta a uno de los ojales del chaleco, no sufrió el menor deterioro, mientras que el muelle a que estaba unido el reloj había desaparecido con los dos primeros eslabones de la parte inferior de la cadena. El muelle era de plata, lo mismo que esta; pero con fondo de acero, por exigirlo así el uso a que se destinaba: la cadena era maciza. He aquí los otros pormenores, que puedo dar.
Un anillo de oro que sostenía algunos dijes, quedó cortado en cinco pedazos. La llave de acero del reloj cubierta hasta el cañón de una hoja de oro, desapareció, excepto esta hoja de oro, que quedó intacta,
Los polos de una pequeña brújula de plata quedaron cambiados. En cuanto al reloj, no presentaba ningún signo exterior de deterioro, ni aun el aro a que se sujetaba el muelle de la cadena había sido arrancado. Pero aunque no eran mas que las once y media, las agujas marcaban las cinco menos cuarto, y la máquina se había parado. Persuadido de que el principal resorte ó cualquiera otra pieza se habría roto, dejé el reloj sobre la mesa con idea de enviarlo al día siguiente a componer; pero cuando, por la mañana quise antes examinar la avería, empezando por darle cuerda, vi que las agujas se ponían en movimiento del modo regular, que no ha variado después, como, si el rayo, al mismo tiempo que hiciera correr las agujas, hubiese aflojado el resorte y conducídole bruscamente al extremo de su carrera.
Cerca del reloj, el día de la tormenta, llevaba yo un medallón de hierro de Berlín con cerco de oro, y una llave pequeña del mismo, también de oro. Los dos objetos desaparecieron completamente, juntos sin duda con el muelle de la cadena, por el agujero del bolsillo del chaleco. La cadena, que había servido de conductor, no conservaba ninguna marca exterior. En cuanto a mi, solo sentí a la mañana siguiente un gran cansancio como el que resulta de un ejercicio violento ó inusitado, por lo demás no tenia ninguna señal en mis vestidos ni en mi cuerpo.
Debo notar aquí una particularidad, que puede no haber sido indiferente a la producción de estos efectos.
He adquirido en España la costumbre de llevar sobre la camisa y debajo del chaleco una faja de seda encarnada, con la que me doy cuatro ó cinco vueltas a la cintura, de ancho de 15 a 20 centímetros. ¿Me habrá preservado, esta ligadura anti eléctrica, determinando el paso del rayo por la superficie de mis vestidos más bien que por el interior de mi cuerpo?
A consecuencia de esta relación, leída ante la academia por M. Biot, se ha hecho mención de los objetos disueltos por el rayo, tales como el muelle de plata y acero y la cubierta de oro de la llave. El estilo de la narración y el carácter del sabio eminente que la ha hecho en la sesión celebrada por esta corporación, responden bastante de la exactitud del caso, para que nos apresuremos a publicarle con toda confianza.
El Católico, 20 de agosto de 1853
— Hallándose anteayer un operario componiendo el alambre del telégrafo eléctrico del ferro-carril de Aranjuez, sufrió un ligerísimo golpe del hilo metálico en el cuello y quedó muerto en el acto. Esta lamentable desgracia debe atribuirse a una fuerte descarga eléctrica. Nosotros al menos no sabemos explicarla de otra manera. (G.)
El Diario español, 23 de agosto de 1853
— Hemos adquirido pormenores sobre la desgracia ocurrida el viernes en el telégrafo eléctrico de Aranjuez. Parece que, subido en una escalera de mano apoyada en uno de tos pilares del puente, estaba un trabajador componiendo los alambres del telégrafo, cuando desprendiéndose uno de estos, le dio en la cara un fuerte golpe, el cual le produjo la caída, aunque pudo agarrarse a uno de tos alambres. Trasportado a la casilla del guarda, fue asistido por el médico de Villaverde, el cual, en su declaración, dijo que el paciente se había desnucado al caer, y que esto era la causa de la muerte, y no una descarga eléctrica como ayer anunciamos. El desgraciado trabajador vivió unas dos horas después de haber recibido el golpe. Su muerte ha dejado a su viuda en la mayor miseria, y para colmo de desgracias próxima a ser madre.
El Vapor, 6 de agosto de 1854
No sabemos si la misma nube que al anochecer del 26 último se hizo sentir sobre esta línea de Aranjuez, echando abajo el agua y viento varios palos del telégrafo é inutilizando por una descarga eléctrica los aparatos de aquella estación, sería la que ha producido en 28 la fuerte tormenta que obligó a suspender la circulación en la línea de París a Lyon En las cercanías de Tonnerre y de Flogny fue tal la violencia del huracán que la vía se vio en varios puntos completamente deshecha: el servicio se hizo pasando a pie los viajeros por la parte deteriorada, hasta que en el siguiente día quedó esta perfectamente reparada.
Las Cortes, 31 de marzo de 1855
TOLEDO.
Toledo marzo 30. — Ayer a las tres de la tarde tuvimos en esta ciudad una tormenta horrorosa, aunque de corta duración; apenas preocupaba los ánimos de la generalidad si bien ocasionaba extrañeza los deslumbradores relámpagos y horrísonos truenos que en cortos intervalos se sucedían, cuando a las 3 y 13 minutos de la tarde un fuerte relámpago acompañado de una espantosa é instantánea detonación llevó el espanto y la consternación a todos los ánimos, y la palidez a los semblantes como si instintivamente presintieran todos que aquella violenta descarga eléctrica debiera producir alguna catástrofe; y así era por desgracia. Un voluminoso meteoro en forma globular había caído sobre la cúpula de la torre de la iglesia Primada, y corriendo sobre las planchas de zinc de que se halla vestida la cúpula, desnudó esta en sus dos primeras coronas, y deslizándose por la cuerda del cimbalillo de señales, que hizo, por la humedad de que se hallaba impregnado el conductor cual si fuera un pararrayos, penetrando en el caracol ú escalera principal de la torre que desquició en diversos puntos, violentando los sillares angulares, y dando finalmente paso a la bóveda de la nave principal de la catedral en su extremidad, horadando la corona del pabellón del monumento corriendo por las colgaduras fundiendo el galón de oro por donde se deslizó y ofreciendo las mil irregularidades, anomalías, el inexplicable curso que describen comúnmente los meteoros. Los daños causados en el templo, y en la torre principalmente, son de suma consideración. Lo admirable en este suceso ha sido el hallarse los campaneros en número de 11 individuos empleados en el juego de las campanas, los cuales solo experimentaron la conmoción violenta que sufrieron asimismo otras muchas personas que no se hallaban a aquella altura, y por lo tanto, lejos del influjo del choque de retorno tan común en los que se encuentran en elevados sitios próximos a las nubes. La cuerda que pende del campanillo, de que he hecho mérito, se halla con este montado ó suspendido al aire, en la parte externa de la torre, en dirección al Sur, y baja por un conducto que se insinúa en el centro de la torre, por cuyo trayecto se indicó el meteoro: añadan Vds. que la cuerda expuesta a la injuria exterior no es como debiera ser de seda, ni en ningún punto de este edificio, admiración de propios y extraños, y ornamento de las artes, no hay, ni se ha pensado siquiera colocar cuatro ó seis para-rayos; y sabiendo Vds. todo esto, comprenderán fácilmente que una notable imprevisión ha causado daños de difícil remedio por ahora, siendo tanto mas de lamentar ésta desgracia, cuanto que pocos años ha consumió este cabildo privado mas de diez y siete mil duros en la construcción de un lujoso cementerio para enterrarse en él con una pompa y fausto mundanales, que desdicen mucho de la humildad evangélica, y acreditan el apego a las vanas distinciones que deben desaparecer en la tumba. En medio de este fatal suceso no hubo que deplorar desgracia alguna personal. Uno de los trabajadores fue ligeramente asfixiado, y otros sufrieron sacudidas mas ó menos violentas, y la pérdida instantánea de las funciones intelectuales y de los sentidos, aunque por breves instantes: el cabildo sé encontraba en coro y la iglesia llena de gente, sufriendo todos un completo estupor, consiguiente al influjo natural de la electricidad y al terror que imprimiría el espantoso ruido é iluminación sorprendente que bañaba de fuego el templo desde las bóvedas al pavimento, siendo un prodigio no causara desgracia alguna.
El Diario español, 29 de agosto de 1855
CRONICA ESTRANJERA.
Escriben, de Vallerois le Bois el 14 de agosto al Diario de la alta Saona:
«El sábado último, un rayo ha herido de una manera sumamente extraordinaria a un hombre que se dirigía del campo a su domicilio, seria cosa de la una de la tarde; estaba precedido y seguido a la distancia de algunos metros por muchas personas, cuando le acometió el rayo.
Instantáneamente lo despojó de toda su ropa, y se le halló tendido, enteramente desnudo, en el camino.
Se han encontrado diseminados, al lado del camino y en el mismo camino, algunos pedazos de claveteados borceguíes que le calzaban, una manga de su camisa y algunos fragmentos de su ropa. Diez minutos después de la descarga eléctrica que le había herido, pudo volver en sí, diciendo al abrir los ojos, que tenia frio y que no podía dar cuenta cómo se encontraba allí enteramente desnudo.
Las personas que acudieron, no podían creer que realmente viviese. Han notado en su cuerpo muchas heridas, en la cabeza y en el cuello, pero poco graves. No sucede lo mismo en el vientre, que está surcado por muchas partes con rayas parecidas a las que se podrían hacer con un cuchillo ó con otro instrumento cortante; sobre todo en los pies, las heridas que tiene son horrorosas. A pesar de todo, se conserva la esperanza de salvarle.»
Las Novedades, 1 de octubre de 1857
La exposición de agricultura se ha cerrado con un hecho notable, que la gente supersticiosa podría muy bien tomar por fatídico.
Antes de anoche descargó sobre Madrid una gran tempestad, que inundó las calles de agua, los relámpagos y los truenos eran espantosos, y dícese haber caído varias exhalaciones en el casco de la población. Lo que si es cierto, es que a eso de las once de la noche cayó un rayo en San Marcos, habiendo causado bastante daño, y aunque no tenemos que lamentar desgracia ninguna.
Ayer a las nueve y media de la mañana se repitió la tormenta con grandes aguaceros, en medio de los cuales oímos sonar una gran detonación que llenó de espanto a los habitantes. Esta fue la señal de una fuerte descarga eléctrica verificada en la montaña del Príncipe Pio, sobre el pabellón árabe en que se inauguró la exposición de agricultura. Un rayo hizo trizas el escudo de armas, la bandera principal y el asta de bandera del pabellón citado, bajando a sepultarse en el suelo. En los dos polígonos de los extremos, oriental y occidental, cayeron otros dos rayos, abriéndose paso a través de los trasparentes que incendiaron y destrozaron completamente, descargando sobre las estrellas de barras de hierro que figuraban en el centro de los citados polígonos, cuyas coronas centrales fueron arrancadas por el meteoro que se difundió luego por todo aquel edificio. Hubo pedazo de madera que fue a parar a cien varas de distancia, y un humo espeso y extraño se esparció rápidamente en aquel sitio, formando una extraña nube.
La descarga eléctrica fue tan general en aquel punto, que otro palo situado junto al edificio de la secretaría, se rajó también a presencia de los Sres. Acuña y Aruñón, cuyas vidas estuvieron en gran peligro, habiendo muchas otras señales de rayos en la montaña.
A pesar de los muchos individuos que había en el pabellón árabe y en toda la montaña del Príncipe, ninguna desgracia ocurrió que sepamos.
El Parlamento, 16 de octubre de 1857
Según escriben de Cornudella, una furiosa tormenta ha descargado en los términos de Ulldemolins, Prades y Villanueva, en donde caían piedras del tamaño de almendras, destruyendo los campos y asolando las viñas y todo cuanto había respetado el terrible oidium.
En lo mas recio de la tempestad, cinco hombres y una muchacha de quince años huyendo fueron a guarecerse en un aprisco ó corral do ganado de José Toldrá, situado en Segalás, en el Ulldemolins, y cometieron la imprudencia de situarse en la esquina de la pared de dicho corral para contemplar mas a su sabor este magnífico y espantable cuadro de la naturaleza, cuando de improviso una descarga eléctrica deja instantáneamente yertos cadáveres al heredero de José Toldrá y a la joven de quince años, y azorados, estupefactos y semimuertos a los cuatro restantes; y entrando en el corral, sacrificó siete reses del ganado que se cobijaba dentro.
Los cuatro hombres, sin movimiento casi, y aturdidos y sofocados por la electricidad, fueron sucesivamente retirados dentro del corral por los esfuerzos del pastor, y fundadamente se cree que todos cuatro sobrevivirán a tan terrible desgracia.
El Estado, 27 de junio de 1858
Fuego del cielo. A consecuencia de la furiosa tormenta que estalló sobre la capital, desde la una a las siete de la tarde, cayó una exhalación sobre la cúpula de la iglesia de San Cayetano, convirtiéndose en el acto la torre en una inmensa hoguera, pero de tal modo, que el elemento destructor, comunicándose con rapidez a la media naranja, é invadiéndolo todo, no se contuvo sino cuando hubo consumido todas las materias combustibles.
A las tres ocurrió la descarga eléctrica y pocos momentos después se hallaban en el sitio de la catástrofe el gobernador y casi todas las autoridades civiles y militares de Madrid. Las bombas acudieron también inmediatamente, mas a pesar de la actividad é inauditos esfuerzos hechos para extinguir la devoradora llama, no fue posible apagar el incendio hasta cerca de media noche.
Todas las avenidas estaban tomadas por la caballería y la guardia civil. Un destacamento de cazadores ayudaba a los bomberos en sus tareas. Pero como la voracidad del fuego era tanta, apenas podían obtener ventaja alguna. Casi ninguna de las bombas colocadas en la calle de Embajadores, frente a la fachada principal del templo incendiado, podían ser útiles a los operarios que, con un arrojo digno del mayor elogio, hacían los mas grandes esfuerzos por apagar un fuego cuyas terribles proporciones comenzaban ya a extender la alarma entre los vecinos de las casas inmediatas, que temían ver presa de las llamas sus habitaciones.
Cuando todos los maderos que sostenían la cúpula estaban ardiendo, se desplomaron, cayendo unos con gran violencia dentro de la iglesia, y arrojados otros a los tejados inmediatos, comunicaron el fuego a los objetos que mas cerca tenían, y apenas podía intentarse salvar las muchas preciosidades que encierra aquella iglesia por impedir la fácil entrada en ella una lluvia de plomo derretido que descendía por todas partes. La cúpula, la linterna y la media naranja han sido completamente destruidas.
La obra de este templo se concluyó en 1761. Los diseños vinieron de Roma; y aunque uno de los sublimes catedráticos de la escuela de Churriguera la sobrecargó de adornos, es, sin embargo, uno de los edificios mas espaciosos de Madrid, constando de tres naves con una cúpula en medio, y cuatro mas pequeñas en los extremos de las colaterales. Los frescos de las pechinas que representan a San Cayetano, San Andrés Avelino, beatos Pablo de Arezzo y José María Tomasi, fueron pintados por D. Luis Velázquez.
El Estado, 25 de junio de 1859
¡Infeliz! El conductor de la silla-correo de Castilla, al pasar por cl monte Salgueiró cerca de Betanzos, vio tendido a un licenciado al pie de un palo del telégrafo, muerto por una descarga eléctrica.
El Monitor de la salud de las familias y de la salubridad de los pueblos, 15 de marzo de 1861, n.º 8
HIGIENE MUNICIPAL.
LAS TEMPESTADES Y LAS CAMPANAS
¿Es prudente tocar campanas durante las tempestades?
El Monitor de la salud de las familias y de la salubridad de los pueblos, 15 de abril de 1861, n.º 8
HIGIENE MUNICIPAL.
Frecuencia de los rayos en el campo. — Número de muertos por el rayo en varias naciones. —Edilicios predilectos del rayo. — Polvorines. — Animales. — Arboles.— Incendios causados por el rayo. — Siniestros marítimos. — Buques heridos por el rajo.—Acción patogénica y terapéutica del rayo.
Atenta la Higiene a estudiar y prevenir todas las causas de enfermedad y de muerte, no ha olvidado los accidentes y las defunciones causadas por el rayo. — En el MONITOR de 1858, p. 205, dimos ya los preceptos convenientes para socorrer a los asfixiados por el rayo.
En cuanto al número de muertes causadas por este terrible meteoro, diremos ahora que es mas considerable de lo que algunos pudieran creer.
Sépase, ante todo, que se observan mas rayos mortíferos en el campo que en la ciudad. En París, desde 1800 a 1851, no hubo ni una sola muerte por fulguración. El día 30 de junio de 1834 cayeron en aquella capital 14 descargas fulmínicas, no causando mas defunción que la de un tal BARRE, herido por el rayo al pie de un árbol del muelle Saint-Bernard, donde se había refugiado. — El mismo día murió del rayo otro individuo, pero fue en Bercy, también al pie de un árbol. — La cuarta parte, por lo menos, de las muertes por el rayo, ocurren en personas refugiadas debajo de los árboles. — En Londres se hizo, en 1786, el cálculo de que entre 730.000 defunciones ocurridas en treinta años, dos solas fueron causadas por el rayo.
— En un espacio de cien años, solo tres personas han sido tocadas en Gotinga, y dos en Hala. — De estos hechos se deduce fácilmente el oportuno precepto higiénico.
— En ESPAÑA no hay que preguntar por datos de ninguna especie: aquí no contamos nada, ni sabemos nada, ni queremos saber: así anda ello! La estadística es planta que entre nosotros tardará en arraigarse. Con todos los trabajos del mundo apenas sabemos cuántos somos, pues no ignora el lector las dificultades con que tropiezan nuestros censos de población. — En las naciones extranjeras ya es otra cosa: de FRANCIA, por ejemplo, podemos decir a nuestros lectores que en 18 años han ocurrido 1.508 defunciones causadas por las descargas eléctricas. He aquí el estado detallado:


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