viernes, 6 de febrero de 2026

Tren de borrascas de enero y febrero

La Península ibérica ha experimentado los efectos de seis temporales en menos de 40 días: GorettiHarry, Ingrid, Joseph, Kristin y Leonardo

Leonardo es la sexta gran borrasca de este año. La primera fue Goretti (6 de enero), a la que siguieron Harry (16), Ingrid (20), Joseph (25) y Kristin (27). En 2025, fueron cuatro en enero, ninguna en febrero y seis entre marzo y la primera mitad de abril.

Una borrasca o depresión es un tipo de ciclón que transcurre por latitudes medias, entre 30 y 60º de latitud. Son sistemas de bajas presiones donde el viento gira en sentido contrario a las agujas del reloj en el hemisferio norte. Asociados a las borrascas se suelen producir vientos fuertes o muy fuertes, que serán más intensos cuanto menor sea el mínimo de presión en el centro de la baja. Pero no todas las borrascas tienen nombre propio. Las bautizadas son aquellas que pueden producir un gran impacto en bienes y personas, aunque no será necesario que experimenten un proceso de ciclogénesis explosiva, con caída igual o superior a 18-20 hPa en 24 horas en el centro de la baja en nuestras latitudes.

El tren de borrascas intensas que barre la Península ibérica está llegando transportado por la corriente en chorro (la jet stream). El anticiclón de las Azores no se encuentra en su posición habitual. Esa alta presión está en latitudes muy al norte –entre Groenlandia y Escandinavia– en la zona que siguen las borrascas atlánticas generalmente en su circulación desde América del norte a Europa. Esa ruta está ahora bloqueada y la corriente en chorro circula más al sur de lo habitual con lo que los frentes impactan en el suroeste de Europa.

La corriente en chorro es un flujo de aire alrededor del hemisferio norte del planeta que suele contener el aire frío más cerca del polo norte, pero que estos momentos está algo debilitado, debido al aumento de la temperatura del Ártico. 

Los mapas meteorológicos muestran como la corriente en chorro está muy curvada, lo que lleva a que tengamos repetidos episodios de frío. Entre curva y curva de la corriente se sitúa un anticiclón de forma estacionaria sobre las islas británicas y ese anticiclón hace de bloqueo y obliga al tren de borrascas a pasar más al sur. De ahí, que tengamos tantas borrascas seguidas.

Enero de 2026 ha sido el segundo más lluvioso del siglo XXI, con 119,3 litros por metro cuadrado (l/m2) de media nacional, tan solo por detrás de enero de 2001, cuando se registraron 131,5 l/m2. Por otra parte, este mes de enero ha sido el séptimo más húmedo desde el inicio de la serie histórica en 1961. El conjunto de temporales "Es un 85% más que el promedio de 1991-2020.  
 


La localidad gaditana acumula 1.979,4 litros por metro cuadrado desde que comenzó 2026, un récord que supera las medias anuales del Cantábrico

En apenas cinco semanas de 2026, un pequeño municipio de la Sierra de Cádiz ha registrado más precipitaciones que las ciudades tradicionalmente más lluviosas de España en todo un año. Con 1.979,4 litros por metro cuadrado acumulados desde el 1 de enero hasta principios de febrero de 2025, Grazalema se ha convertido en el epicentro pluviométrico de un temporal sin precedentes en Andalucía.

Los datos facilitados por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) revelan que este enclave andaluz ha superado con holgura los registros anuales completos de San Sebastián, que habitualmente recoge alrededor de 1.581 milímetros al año, Santander con 1.268 milímetros, y Bilbao con aproximadamente 1.200 milímetros. Una anomalía meteorológica que sitúa al sur peninsular en el foco de un episodio climático excepcional.

La cifra récord incluye los 1.279,4 litros recogidos durante el mes de enero de 2026 y otros 700 litros acumulados en tan solo cinco días de febrero que han transcurrido. Esta concentración extrema de precipitaciones contrasta radicalmente con el patrón habitual del norte de España, donde las lluvias se distribuyen de manera más uniforme a lo largo de los doce meses del calendario.

Consecuencias del temporal en la localidad serrana

La borrasca Leonardo ha dejado su huella en las calles y viviendas de Grazalema, donde se han alcanzado máximos diarios superiores a los 500 litros por metro cuadrado. La intensidad de las precipitaciones ha provocado situaciones insólitas: reventones de paredes por la presión del agua, filtraciones a través de enchufes y tomas eléctricas, y la transformación de las calles empinadas en auténticos torrentes.

Aunque los vecinos de esta localidad están acostumbrados a convivir con la lluvia y su arquitectura tradicional está específicamente diseñada para canalizar el agua mediante empedrados, canalones y sistemas de drenaje centenarios, la virulencia de este episodio ha desbordado todas las infraestructuras y previsiones locales.

Otras poblaciones de la comarca también han sufrido el embate del temporal. Benamahoma, Ubrique, Villaluenga del Rosario y Zahara de la Sierra figuran entre las localidades más castigadas por las precipitaciones persistentes, con acumulados que en algunos casos superan los 1.500 litros por metro cuadrado en el mismo período.

Comparativa con las ciudades más lluviosas de España

Para dimensionar la excepcionalidad del fenómeno, resulta imprescindible establecer una comparación detallada. Santiago de Compostela, considerada históricamente una de las capitales más húmedas del país, registra una media anual de aproximadamente 1.600 milímetros. Grazalema ha superado esta cifra en casi 400 litros, pero concentrados únicamente en poco más de un mes.

En el caso de San Sebastián, la capital guipuzcoana acumula sus 1.581 milímetros anuales en más de 150 días de lluvia a lo largo del año, con precipitaciones generalmente moderadas y constantes. Por el contrario, el municipio gaditano ha recibido volúmenes similares en episodios torrenciales concentrados en jornadas muy específicas, lo que multiplica el impacto sobre el territorio y las infraestructuras.

Santander, con sus característicos 1.268 milímetros anuales repartidos en días de lluvia fina y persistente, también queda claramente superada por los registros andaluces. Incluso Bilbao, con su clima oceánico y 1.200 milímetros de media, se sitúa muy por debajo del acumulado extraordinario de Grazalema en este arranque de 2026.

El paso de Leonardo

La situación vivida en el sur de España responde a un patrón meteorológico atípico que se intensificó desde finales de 2025 y se ha prolongado durante las primeras semanas de 2026. Las borrascas atlánticas, en lugar de descargar su humedad en el norte peninsular como es habitual, han encontrado condiciones favorables para penetrar profundamente en el Mediterráneo y descargar precipitaciones intensas sobre Andalucía.

Leonardo, la borrasca que ha protagonizado este episodio, ha actuado como catalizador de un fenómeno que los expertos califican como histórico en el contexto del clima mediterráneo andaluz. La combinación de masas de aire húmedo procedentes del Atlántico, el relieve montañoso de la Sierra de Cádiz y las temperaturas relativamente suaves ha generado condiciones ideales para precipitaciones torrenciales y persistentes.

Grazalema en el contexto pluviométrico europeo

Este municipio gaditano de aproximadamente 2.000 habitantes no es nuevo en los registros pluviométricos. Tradicionalmente, Grazalema ostenta el título de ser uno de los lugares más lluviosos de toda España, con medias anuales que habitualmente superan los 2.000 litros por metro cuadrado. Sin embargo, alcanzar casi esta cifra en apenas cinco semanas constituye un hecho sin precedentes recientes.

En el ámbito europeo, pocos lugares pueden compararse con estas cifras en tan corto período de tiempo. Regiones como los Alpes suizos, los fiordos noruegos o las montañas de los Balcanes registran precipitaciones elevadas, pero generalmente distribuidas a lo largo de períodos más extensos o en forma de nieve durante los meses invernales.

El episodio vivido en Grazalema ha despertado el interés por comprender mejor los fenómenos de precipitaciones extremas en España y su relación con el cambio climático. Los científicos señalan que, aunque la variabilidad meteorológica siempre ha existido, la intensificación de episodios extremos podría estar vinculada al calentamiento global.

Los modelos climáticos predicen que el Mediterráneo experimentará eventos más intensos y concentrados en el tiempo, aunque con una reducción en el volumen total de precipitaciones a lo largo del año. Este patrón coincide con lo observado en este inicio de 2026 en el sur peninsular.

Y esto otro por el Duero.

Análisis de un registro de datos de 38 años del chorro polar

Las series temporales de vectores de movimiento atmosférico (AMV) se pueden utilizar para detectar cambios en la ubicación e intensidad del chorro polar, que está relacionado con las variaciones interanuales de la Oscilación del Atlántico Norte (NAO) y la Oscilación Ártica (AO).

Figura 1: Ilustración esquemática de la Oscilación del Atlántico Norte (NOA) con un ejemplo de un modo NAO positivo (panel superior) y un modo NAO negativo (panel inferior). El flujo zonal corresponde al componente de viento oeste-este, mientras que el flujo meridional corresponde al componente sur-norte (cortesía de Bradbury et al., 2002).

La NAO, en conexión con el vórtice polar, determina directamente la ubicación e intensidad del chorro polar. Como se ilustra en la Figura 1, una NAO positiva dirige el chorro polar hacia el norte de Europa, mientras que una NAO negativa lo dirige hacia el sur.

El chorro es el borde exterior del vórtice polar; es una característica permanente de la circulación atmosférica presente en ambos polos. Este caso práctico pretende demostrar el uso de los VMA derivados del Meteosat para detectar cambios conocidos en la NAO y analiza su potencial para el monitoreo del cambio climático.

La NAO es un vaivén de la presión atmosférica a gran escala que determina los patrones meteorológicos y climáticos en el hemisferio norte (Hurrell y Deser, 2010). La fase de la NAO se expresa mediante el índice NAO. Este índice se calcula a partir de la diferencia de presión a nivel del mar entre las regiones ártica (comúnmente sobre Islandia) y atlántica subtropical (comúnmente sobre las Azores).

Aunque siempre exprese el mismo patrón atmosférico, el índice NAO puede calcularse utilizando valores de presión de diferentes estaciones terrestres. En este caso, utilizamos el índice NAO diario proporcionado por el Centro de Predicción Climática de los Centros Nacionales para la Predicción Ambiental (NCEP) (Barnston y Livezey, 1987). Los valores diarios del índice NAO, obtenidos por el NCEP, se representan en la Figura 2 para el período 2009-2013.

En la misma figura se destacan dos inviernos:

El invierno de 2009-2010, más frío y largo de lo normal en Europa occidental y septentrional (Cattiaux et al., 2010), se caracterizó por un índice NAO fuertemente negativo.

El invierno de 2011-2012, un invierno particularmente suave en Europa, se caracterizó por un índice NAO fuertemente positivo.

Figura 2: NAO diaria derivada por el NCEP. Se superpone un promedio móvil mensual para mostrar la variación a mayor escala temporal (Crédito: NCEP)

Las variaciones de la NAO tienen un impacto directo en el chorro polar o corriente en chorro. Las corrientes en chorro son vientos geostróficos, es decir, su intensidad depende únicamente del gradiente de presión y de la fuerza de Coriolis. En el hemisferio norte, fluyen de oeste a este a velocidades superiores a 30 m/s (108 km/h) y se localizan en la capa superior de la troposfera, entre 100 y 400 hPa (Kington y Ley, 1999).

Primeros resultados

Doutriaux-Boucher et al., 2016 intentaron por primera vez mostrar el vínculo entre la NAO y la corriente en chorro derivada de observaciones de Meteosat comparando dos días individuales: 1 de diciembre de 2010 y 1 de diciembre de 2011. Para este análisis se han utilizado los datos de Meteosat Second Generation (MSG) AMV Release 1 (EUMETSAT, 2015).

Esta conexión ha sido analizada con más detalle por Lattanzio et al., 2019, ampliando la comparación para una temporada completa de diciembre, enero y febrero (DJF). Primero compararon los patrones de AMV para un día durante una temporada con una fuerte fase NAO negativa (20 de diciembre de 2009) y un día durante una temporada con una fuerte fase NAO positiva (20 de diciembre de 2011). La Figura 3 presenta los patrones de AMV durante estos dos días, considerando solo los AMV con un Indicador de Calidad (QI) superior a 30. El QI proporciona una indicación de la robustez de la recuperación (Holmlund, 1998). Durante el día con una fase NAO negativa (20 de diciembre de 2009), la latitud media de los AMV detectados es unos 14 grados menor y su velocidad media correspondiente es unos 5 m/s más lenta, en comparación con el día con una fase NAO positiva (20 de diciembre de 2011).

Figura 3: Corrientes en chorro recuperadas el mismo día (20 de diciembre) en 2009 durante una fase de NAO fuertemente negativa (panel superior) y en 2011 durante una fase de NAO fuertemente positiva (panel inferior)

En su artículo de conferencia, Lattanzio et al. (2019) también analizaron la anomalía estacional de la latitud y la velocidad del viento en el AMV durante el invierno (DJF) con índices NAO mayoritariamente negativos (2009-2010) y el invierno con índices NAO mayoritariamente positivos (2011-2012). Los resultados de esta comparación se muestran en la Figura 4, que presenta la serie temporal de los índices NAO, las latitudes medianas del AMV y las velocidades medianas del viento en el AMV durante los meses de diciembre, enero, febrero y marzo de estos inviernos.

Figura 4: Comparación de las series temporales de velocidad del viento y latitud del AMV durante el invierno de 2009-2010 (gráfico izquierdo) y el invierno de 2011-2012 (gráfico derecho). Las líneas discontinuas azules muestran la mediana de la velocidad del viento y la mediana de la latitud durante el invierno de 2009-2010; las líneas discontinuas rojas muestran la mediana de la velocidad del viento y la mediana de la latitud durante el invierno de 2011-2012.

Se observa que las latitudes del AMV durante el invierno con índices NAO negativos (2009-2010) son aproximadamente 15 grados más bajas que durante el invierno con índices NAO positivos (2011-2012). De igual manera, se observa una ligera diferencia en las velocidades del viento del AMV, con velocidades del viento aproximadamente 5 m/s más lentas durante los períodos con índices NAO negativos.

La inclusión del Meteosat de Primera Generación (MFG) en la última versión permitió extender el análisis hasta 1981, abarcando un período de 38 años. La tendencia de la posición y la velocidad (véase la Figura 5) de la corriente en chorro coincide con la predicción de varios modelos y reanálisis (Irvine et al., 2016).

Figura 5: Series temporales de vientos de estiércol (JS) de 1981 a 2019 para la latitud media (panel superior) y la velocidad zonal media (panel inferior). La velocidad zonal corresponde al componente del viento oeste-este. El análisis distingue entre verano e invierno boreales anuales e boreales. La tendencia decenal de la latitud media anual es ligeramente positiva. La velocidad zonal media anual muestra un claro aumento en la tendencia decenal.

Este caso muestra que los patrones de latitud y velocidad del viento del AMV coinciden con el comportamiento esperado debido a los cambios en la NAO y podrían servir como indicador para observar los cambios en la NOA relacionados con los desplazamientos del chorro polar. El registro de datos utilizado para este caso de uso se publicó en septiembre de 2021 (consulte la Tabla 1 para obtener más información) con el siguiente índice de objeto digital: http://doi.org/10.15770/EUM_SEC_CLM_0020.

Beneficios

Este estudio demuestra la importancia de los datos geoestacionarios, como el Meteosat, para analizar los patrones climáticos atmosféricos y evaluar su evolución a lo largo del tiempo. En particular, el análisis de las corrientes en chorro polares proporciona datos indirectos clave para el estudio de la Oscilación del Atlántico Norte.

Oscilación del Atlántico Norte – NAO 

La Oscilación del Atlántico Norte (OAN) es un vaivén de presión atmosférica a gran escala en la región del Atlántico Norte. La OAN describe la diferencia de presión entre Islandia y las islas Azores, al oeste de Portugal. Tiene dos fases: positiva y negativa. A veces, la diferencia de presión es mayor que la media (OAN positiva) y, en otras ocasiones, no es tan pronunciada (OAN negativa).  

Impactos del clima global

Durante una fase positiva de la NAO, predominan los vientos del oeste, que traen consigo aire cálido, mientras que la posición de la corriente en chorro permite que tormentas más fuertes y frecuentes atraviesen el Atlántico. Esto propicia condiciones invernales suaves, tormentosas y húmedas en el norte de Europa y el este de EE. UU. Mientras tanto, el norte de Canadá, Groenlandia y el sur de Europa son propensos a condiciones invernales frías y secas. 

Mientras que, durante una fase de NAO negativa, los vientos del este y noreste son más frecuentes, trayendo consigo aire frío, mientras que la posición ajustada de la corriente en chorro provoca tormentas más débiles y menos frecuentes. Como resultado, Europa y el este de EE. UU. tienen mayor probabilidad de experimentar inviernos fríos, tranquilos y secos. Mientras tanto, el norte de Canadá y Groenlandia tenderán a ser templados y húmedos. 

Impactos del clima en el Reino Unido

Los cambios en los patrones de presión local influyen fuertemente en los patrones climáticos locales, como la temperatura, las precipitaciones, la fuerza y ​​la dirección del viento. 

La NAO es una herramienta importante para pronosticar patrones meteorológicos a largo plazo en todo el Reino Unido durante otoño, invierno y primavera. Dado que la NAO proporciona indicios sólidos sobre los tipos de invierno que podemos esperar en el Reino Unido, es uno de los elementos clave del pronóstico invernal de la Oficina Meteorológica. En general: 

Durante una fase NAO positiva, los vientos del oeste son más fuertes. Traen aire templado del Atlántico durante los meses de invierno, lo que genera condiciones templadas, húmedas y potencialmente tormentosas. 

Mientras que, durante una fase de NAO negativa, los vientos del oeste son más débiles, por lo que hay mayor probabilidad de vientos del este o noreste. En invierno, los vientos del este traen aire frío, por lo que hay mayor probabilidad de un invierno con más nieve en el Reino Unido. 

Es importante tener en cuenta que, si bien la NAO da una indicación de la configuración de presión más probable durante el período invernal, cualquier gráfico de presión para un día determinado sería diferente. 

Vídeo explicativo

¿Qué es la Oscilación del Atlántico Norte (NAO)?


¿El pesimismo se cierne sobre los científicos?

Vientos cambiantes: cómo una corriente en chorro polar más ondulada provoca fenómenos meteorológicos extremos ARCTIC COUNCIL

Explicando los efectos de una corriente en chorro polar cambiante con la Dra. Jennifer Francis, científica atmosférica senior del Centro de Investigación Climática Woodwell y comunicadora científica galardonada.

Fiel a su nombre, la corriente en chorro polar puede acortar entre 30 y 45 minutos la duración de un vuelo transatlántico de Norteamérica a Europa. Esta corriente de viento de gran altitud, que circula por el hemisferio norte a la misma altura que los aviones comerciales, ha actuado como una barrera fiable entre el gélido aire Ártico y el aire más cálido del sur. Sin embargo, el cambio climático está alterando el sistema eólico, y las olas de la corriente en chorro polar, antes relativamente estables, ahora se sumergen con mayor frecuencia y ascienden a mayor altura, lo que acarrea graves consecuencias para miles de millones de personas.

La corriente en chorro polar es un río de viento que fluye de oeste a este y rodea el hemisferio norte. Sus ondas serpenteantes crean una frontera entre el aire frío del Ártico y el aire más cálido del sur. Sin embargo, dado que el Ártico se calienta tres veces más rápido que el promedio del resto del mundo, la diferencia de temperatura entre el norte y el sur disminuye, al igual que la velocidad de los vientos del oeste de la corriente en chorro. A medida que estos vientos disminuyen, sus ondas suelen aumentar de tamaño y extenderse más hacia el norte y el sur. Las ondas más grandes de la corriente en chorro se desplazan hacia el este con mayor lentitud, lo que afecta los patrones climáticos desde Norteamérica hasta Europa Central y Asia.

Las grandes oscilaciones de la corriente en chorro tienden a ser muy persistentes y a permanecer en el mismo lugar durante mucho tiempo. A medida que cada onda trae aire cálido o frío a una región, este lento movimiento puede causar patrones climáticos extremos, como olas de calor, inundaciones, olas de frío, tormentas y sequías, y estamos observando que estos patrones ondulantes ocurren con mayor frecuencia, explica la Dra. Jennifer Francis, científica atmosférica sénior del Centro de Investigación Climática Woodwell.

En el lado correcto (o incorrecto) de la ola

El archipiélago de Svalbard experimentó el invierno más frío en 20 años en 2024, seguido de un calentamiento persistente y la rápida desaparición del hielo marino en primavera, lo que dio lugar a otro verano cálido récord. Esto tiene una correlación directa con las fuertes oscilaciones norte-sur de la corriente, afirma la Dra. Francis. Mientras que algunas zonas del Ártico, como Svalbard y el norte de Noruega, registraron el mes más cálido (Longyearbyen, Svalbard: un promedio de 11 grados Celsius en agosto a 78°N) y la mayoría de los días de verano superaron los 20 grados Celsius (Tromsø, Noruega: 36 días en comparación con un promedio de 12), Europa Central sufrió inundaciones devastadoras a finales del verano, que afectaron a 2 millones de personas en el continente.

Estos extremos se presentan en pares. Mientras que una región puede experimentar temperaturas anormalmente cálidas, basta con mirar hacia el este, río abajo, para encontrar las condiciones climáticas opuestas. Que se experimente una sequía o una inundación depende en gran medida de la posición de las ondas de la corriente en chorro polar en relación con usted: si se encuentra en la parte de una onda donde los vientos soplan del noroeste, normalmente se observan condiciones secas y cielos despejados y azules, comparte la Dra. Francis. Al otro lado de esa onda, los vientos del suroeste traen calor y humedad, que tienden a formar tormentas. "Por lo tanto, se puede observar la ubicación de la corriente en chorro y obtener una idea bastante precisa de cómo se comportará el clima en el futuro cercano".

Los científicos y los residentes del Ártico a menudo no aprecian los fuertes efectos que puede generar el exceso de humedad. Para empezar, el vapor de agua es un gas de efecto invernadero, por lo que, en una atmósfera ártica seca durante el invierno, un poco más de humedad puede atrapar mucho más calor. Además, cuando esa humedad se condensa en nubes, libera calor latente, calentando aún más el aire.

Océanos cálidos, olas de corrientes en chorro más grandes

Además del rápido calentamiento del Ártico, otra razón para que la corriente en chorro se vuelva más ondulada es el drástico calentamiento de los océanos de latitudes medias, teoriza la Dra. Francis. «Los océanos están absorbiendo gran parte del calor atrapado por los gases de efecto invernadero, hasta el 90 %. En el Pacífico Norte y el Atlántico, hemos observado temperaturas del agua récord en los últimos años».

En las latitudes más altas, el calentamiento es aún más pronunciado. En tan solo 40 años, se ha perdido alrededor del 75 % del volumen del hielo marino. A medida que el hielo marino se retira y adelgaza, ofrece una barrera menos eficaz para que el calor del océano penetre en el aire, lo que contribuye aún más al calentamiento.

La Dra. Francis también enfatiza el papel del vapor de agua y escribió en un artículo de Scientific American de 2018: «Los científicos y los residentes del Ártico a menudo no aprecian los fuertes efectos que puede generar el exceso de humedad. Para empezar, el vapor de agua es un gas de efecto invernadero, por lo que en una atmósfera ártica seca durante el invierno, un poco más de humedad puede atrapar mucho más calor. Además, cuando esa humedad se condensa en nubes, libera calor latente, calentando aún más el aire. Finalmente, más nubes atrapan más calor debajo de ellas, un factor más que contribuye al deshielo del Ártico». [1]

Si a esto añadimos la oscilación norte-sur más extensa de la corriente en chorro, que ha traído pulsos de calor y humedad récord a las latitudes altas, estamos empezando a reconstruir el complejo panorama de la amplificación del Ártico.

[1] Francis, J., 2018. Meltdown. The Arctic Climate is Shattering Record after Record, altering Weather Worldwide. Scientific American, abril de 2018.

La interacción de los sistemas eólicos

Además de la corriente en chorro polar, también existe una corriente en chorro subtropical en el hemisferio norte. Si bien la corriente en chorro polar afecta los patrones climáticos en las latitudes medias, desde Estados Unidos hasta Europa, su equivalente austral tiene mayor influencia en las zonas entre el ecuador y los 30 grados norte. "A veces, estas dos corrientes en chorro interactúan, superponiéndose; y cuando lo hacen, tendemos a sufrir tormentas realmente fuertes. Esto se debe a que la corriente en chorro subtropical pone en contacto el calor y la humedad tropicales con el aire ártico muy frío", describe la Drs. Francis.

Es un sistema complejo y, como explica la Dra. Francis, ambos sistemas eólicos se forman por diferentes razones y responden de forma distinta al cambio climático. «Es muy interesante. Aún tenemos muchas preguntas sobre cómo cambiarán estos sistemas eólicos y cómo, a su vez, influirán en nuestro clima».

En invierno, una tercera corriente circular entra en escena: el vórtice polar estratosférico. Esta masa de aire frío se sitúa sobre el Polo Norte solo durante los meses de invierno, muy por encima de la corriente en chorro (30 kilómetros frente a 10). Comienza a formarse a finales de otoño y suele girar alrededor de la cima del mundo, sin molestar a nadie, como dice la Dra. Francis.

Normalmente, el vórtice polar tiene poca influencia en nuestro clima, pero de vez en cuando se estira en forma de frijol o se divide en dos o tres bolsas. Cuando esto sucede, esas pequeñas bolsas de aire frío pueden descender hacia el sur y reforzar una depresión en la corriente en chorro, agravando considerablemente la ola de frío.

Un vórtice polar tambaleante que causa eventos de congelación mortales

Normalmente, el vórtice polar tiene poca influencia en nuestro clima, pero de vez en cuando se estira hasta formar un frijol o se divide en dos o tres bolsas. Cuando esto sucede, esas pequeñas bolsas de aire frío pueden descender hacia el sur y reforzar una depresión en la corriente en chorro, agravando considerablemente la ola de frío.

Esto es exactamente lo que ocurrió en Texas en febrero de 2021, cuando el estado estadounidense registró la racha de heladas más larga de su historia. Con una duración de casi 9 días completos, la Gran Helada de Texas provocó que las temperaturas cayeran por debajo de los -26 grados Celsius y provocara un apagón que dejó a millones de personas sin electricidad.

Si bien las divisiones de los vórtices polares ocurren de forma natural, investigadores como la Dra. Francis observan estos eventos con mayor frecuencia. "Creemos que una de las razones por las que ocurre con mayor frecuencia es la pérdida de hielo marino, especialmente en la zona del mar de Barents-Kara, al este de Svalbard. Este es uno de los lugares del Ártico con mayor calentamiento y se encuentra justo debajo de los vientos del oeste del vórtice polar. Crea una especie de burbuja de aire caliente sobre la región, que puede hacer que el vórtice giratorio se tambalee, se estire y, finalmente, se rompa".

Aunque revertir estos cambios y devolver la corriente en chorro a su estado original puede ser poco realista, podemos esforzarnos por ralentizarlos al máximo. Las medidas que tomemos hoy harán que el futuro sea menos desalentador para nuestros hijos y nietos.

La corriente en chorro del futuro y las posibilidades de volver a encaminarla

Al preguntársele cómo cree que cambiará la corriente en chorro polar en el futuro, la Dra. Francis predice que se producirán con mayor frecuencia patrones de corriente en chorro más ondulantes, que provocarán regímenes meteorológicos más persistentes. "Esa es una mala noticia, porque significa que veremos más sequías, más olas de calor, más incendios forestales y más inundaciones". Todos estos efectos están relacionados con patrones meteorológicos inusuales y persistentes. "El mensaje subyacente es que veremos regímenes meteorológicos cada vez más persistentes, lo que provocará fenómenos extremos derivados de condiciones meteorológicas prolongadas. Desafortunadamente, experimentaremos fenómenos aún más extremos y condiciones sin precedentes que afectarán a miles de millones de personas en todo el hemisferio norte", advierte la Dra. Francis.

Entonces, ¿existe la posibilidad de recuperar la corriente en chorro? «El problema que hay que abordar es la acumulación de gases de efecto invernadero que atrapan el calor en la atmósfera, provenientes principalmente de la quema de combustibles fósiles, pero también de la tala de bosques y la eliminación de humedales», enfatiza la Dra. Francis. «Tenemos todas las herramientas, solo necesitamos la voluntad de las personas, los gobiernos y las comunidades para alcanzar el objetivo. Mientras tanto, debemos prepararnos para los cambios que sabemos que se avecinan».

Como afirma la Dra. Francis, debemos identificar y abordar los riesgos y vulnerabilidades que enfrentan las comunidades debido al aumento y la intensificación de los eventos extremos. «Si bien revertir estos cambios y devolver la corriente en chorro a su estado original puede ser poco realista, podemos esforzarnos por ralentizarlos al máximo. Las medidas que tomemos hoy harán que el futuro sea menos desalentador para nuestros hijos y nietos».

El Ártico está batiendo récords climáticos y alterando el clima mundial.

El clima del Ártico está batiendo récord tras récord, alterando el clima en todo el mundo.

Por Jennifer A. Francis

Número de abril de 2018

Veinticinco científicos, incluyéndome a mí, tuvimos una revelación sobre el Ártico en 2003. La Fundación Nacional de Ciencias nos había invitado a un retiro en Big Sky, Montana. Antes de esta reunión, cada uno había centrado su investigación sobre el Ártico en temas específicos. Al compartir nuestras perspectivas, llegamos a una conclusión aterradora: los cambios que habíamos estado observando individualmente estaban conectados. Encajaban a la perfección. El sistema ártico en su conjunto se dirigía hacia un nuevo estado precario. Y la esperanza de detenerlo ya parecía improbable.

Publicamos un artículo con una conclusión sorprendente y controvertida: al ritmo actual de cambio, existía una posibilidad real de que, dentro de un siglo, el mundo pudiera presenciar un océano Ártico de verano sin hielo, un estado no visto en miles de años. Hoy me sorprende de nuevo porque parece que el océano probablemente estará libre de hielo de verano para 2040, 60 años antes de lo que habíamos predicho hace más de una década.

El Ártico está cambiando exactamente como los científicos previeron, pero a un ritmo que supera incluso las predicciones más ambiciosas. El comportamiento reciente es descomunal. Desde tan solo 2015, más de una docena de récords climáticos que se mantuvieron durante décadas se han desmoronado, incluyendo los de la desaparición del hielo marino en verano, la disminución del hielo marino en invierno, el calentamiento del aire y el deshielo del suelo.

Estas tendencias son una señal de problemas para las personas de todo el mundo. La última vez que el Ártico fue solo un poco más cálido que hoy, hace unos 125.000 años, los océanos eran de 13 a 20 pies más altos. Adiós, Miami, Nueva Orleans, la base naval en Norfolk, Virginia, la mayor parte de la ciudad de Nueva York y Silicon Valley, así como Venecia, Londres y Shanghái. Una nueva investigación sugiere que el rápido calentamiento del Ártico también tiende a desviar la corriente en chorro de maneras que podrían permitir que los patrones climáticos castigadores persistan en América del Norte, Europa central y Asia más tiempo de lo habitual, sometiendo a millones de personas a olas de calor incesantes, sequías o tormentas implacables. El plancton está aumentando en todo el sur del Océano Ártico, lo que puede alterar las cadenas alimentarias que sustentan la pesca comercial. Y el derretimiento masivo del hielo se está sumando a una enorme mancha de agua dulce al sur de Groenlandia que puede estar frenando la Corriente del Golfo, lo que podría cambiar significativamente los patrones climáticos de los continentes a ambos lados del Océano Atlántico.

¿Qué está impulsando este cambio vertiginoso?

Pérdida de hielo “permanente”

Los científicos dedican gran esfuerzo a observar el Ártico debido a su gran sensibilidad al cambio climático. Es un indicador clave para todo el sistema climático de la Tierra. La larga lista de récords que se han batido en los últimos años no deja lugar a dudas de que décadas de inquietantes simulaciones climáticas están dando en el blanco. Pero los datos revelan algo aún más importante: nuestras proyecciones de cambios inminentes podrían ser demasiado conservadoras.

En tan solo 40 años, la extensión del hielo en el océano Ártico durante el verano se ha reducido a la mitad. Sí, a la mitad. El volumen de hielo marino, durante todo el año, también ha disminuido considerablemente: aproximadamente una cuarta parte de lo que era a principios de la década de 1980. Hasta hace poco, los científicos creían que se necesitaría al menos hasta mediados de este siglo para alcanzar estos extremos.

El hielo marino de verano se desvanece rápidamente debido a retroalimentaciones: círculos viciosos que pueden amplificar un pequeño cambio. Por ejemplo, cuando un poco de calor adicional derrite el hielo blanco brillante, se expone una mayor superficie oscura del océano, lo que refleja menos energía solar al espacio. Ese calor absorbido calienta aún más la zona, lo que derrite aún más hielo y provoca un calentamiento aún mayor. En invierno, cuando el sol no brilla, otras retroalimentaciones intervienen. Por ejemplo, el hielo marino que flota en el océano Ártico actúa como una lámina aislante, impidiendo que el calor y la humedad que se encuentran debajo escapen a la atmósfera. Cuando ese hielo retrocede, más calor y humedad pueden calentar el aire, lo que retrasa aún más la formación de hielo. Las simulaciones por computadora generalmente muestran una desaparición demasiado lenta del hielo, lo que contribuye a las estimaciones conservadoras del calentamiento futuro.

La desaparición del hielo marino no es la única transformación que nos quita el sueño a investigadores como yo. Los otros dos tipos de lo que antes se llamaba hielo permanente en el Ártico también están disminuyendo drásticamente.

Crédito: Pitch Interactive; Fuentes: JPL Grace Mason Ocean, Ice, and Hydrology Equivalent Water Height RL05M.1 CRI Filtered Version 2. DN Wiese, DN Yuan, C Boening, FW Landerer y MM Watkins. PO.DAAC, JPL, 29 de abril de 2016. Datos consultados el 14 de febrero de 2018 ( hielo de Groenlandia ); Instituto Nacional de Investigación Polar de Japón y JAXA, a través del Sistema de Archivo de Datos del Ártico ( extensión del hielo ); Piomas, Centro de Ciencias Polares ( volumen del hielo ); Reanálisis 1 del NCEP/NCAR, División de Ciencias Físicas, ESRL, NOAA ( temperatura del aire, anomalías del vapor de agua y datos de amplificación ).

El permafrost, el suelo que suele permanecer congelado todo el año, se ha estado descongelando. Los edificios construidos sobre él se están derrumbando, los árboles se están derrumbando y las carreteras se están deformando. Además de perturbar la vida cotidiana de los residentes locales, el deshielo del suelo también puede liberar grandes cantidades de gases que atrapan el calor a la atmósfera. Cuando la materia orgánica que ha estado atrapada en el permafrost durante miles de años se descongela, las bacterias la descomponen en dióxido de carbono (si hay oxígeno presente) o metano (si no lo hay). El permafrost ártico contiene aproximadamente el doble de carbono que la atmósfera actual, por lo que un deshielo generalizado podría exacerbar considerablemente el calentamiento global, lo que conduciría a un deshielo aún más rápido. Los modelos informáticos actuales no captan adecuadamente los impactos del deshielo del permafrost, lo que contribuye a subestimar considerablemente el calentamiento global futuro.

El tercer tipo de hielo ártico previamente permanente es el agua congelada en tierra, incluyendo los glaciares y la enorme capa de hielo de Groenlandia, que tiene más de una milla de espesor en promedio. La pérdida de este hielo tiene consecuencias nefastas a nivel mundial porque, a diferencia del derretimiento del hielo marino, la escorrentía hacia el océano eleva el nivel del mar directamente. Durante el verano de 2016, la masa total de la capa de hielo de Groenlandia (estimada mediante mediciones satelitales de cómo afecta a la gravedad terrestre) alcanzó el valor más bajo desde que comenzaron las observaciones satelitales en 2002. Los niveles también son inferiores a cualquier cantidad que se remonta a finales de la década de 1950, cuando la masa se estimaba de otras maneras. Una investigación reciente sugiere que el derretimiento acelerado del hielo en la superficie de Groenlandia se ve acelerado por los efectos del calentamiento relacionados con la disminución del hielo marino.

Aire más caliente y húmedo

La reducción del hielo marino y el rápido calentamiento del Ártico tienen otros efectos de gran alcance. Esta combinación puede alterar los vientos en altura, transportando calor y humedad adicionales desde latitudes meridionales hacia el Polo Norte. En 2012, el derretimiento de la superficie de Groenlandia, entonces récord, se debió a una cresta de alta presión inusualmente fuerte y persistente en la atmósfera, el llamado anticiclón de bloqueo. Este anticiclón no solo trajo calor y humedad del sur, sino también hollín procedente de los incendios forestales del hemisferio norte. Este hollín oscurece las superficies de hielo y nieve (reduciendo su albedo, o reflectividad), que a su vez absorben más energía solar, acelerando el derretimiento: otro de esos círculos viciosos.

Los patrones de bloqueo (grandes remolinos en la corriente en chorro) cerca de Groenlandia parecen estar ocurriendo con mayor frecuencia en las últimas décadas, especialmente en los meses de verano, lo que probablemente explica al menos parte de la tendencia ascendente del deshielo. La pérdida de masa de hielo durante 2018-2019 estableció un nuevo récord, superando las de 2010 y 2012. Investigaciones recientes, realizadas por mis colegas y por mí, sugieren que el mayor número de altos bloqueos probablemente esté relacionado con el calentamiento global. Sin embargo, las simulaciones por computadora tienen dificultades para formar y descomponer bloques de forma realista, por lo que es difícil predecir cómo podrían actuar estos patrones en el futuro.

Otros comportamientos del Ártico son igualmente extraños. Durante los inviernos desde 2016, olas de calor récord cerca del Polo Norte fueron superadas por olas de calor aún más récord. La disminución y el adelgazamiento del hielo marino es parte de la causa, proporcionando una barrera menos eficaz para que el calor del océano entre al aire. Las fuertes oscilaciones norte-sur de la corriente en chorro también trajeron pulsos récord de calor y humedad a latitudes septentrionales lejanas. Los científicos y los residentes del Ártico a menudo no aprecian los fuertes efectos que puede crear la humedad adicional. Para empezar, el vapor de agua es un gas de efecto invernadero, por lo que en una atmósfera invernal ártica seca, un poco más de humedad puede atrapar mucho más calor. Además, cuando esa humedad se condensa en nubes, libera calor latente, calentando aún más el aire. Finalmente, más nubes atrapan más calor debajo de ellas, un factor más que contribuye al deshielo del Ártico.

Atrapados en los extremos

Aunque aún queda mucho por aprender, es evidente que se está produciendo un rápido cambio en el Ártico, el más drástico en la historia de la humanidad. Ante esta cruda realidad, los científicos atmosféricos intentan determinar con precisión los efectos que el Ártico cambiante podría tener en las personas y los ecosistemas de todo el mundo para que la sociedad pueda decidir cómo reaccionar y prepararse para el futuro.

Un ejemplo evidente de los efectos globales son las inundaciones costeras. Según un informe de 2017 de la The Union of Concerned Scientists, alrededor de 170 comunidades costeras estadounidenses experimentarán inundaciones crónicas en los próximos 20 años. Para finales de este siglo, si las naciones siguen emitiendo dióxido de carbono como hasta ahora, la mayoría de las grandes ciudades costeras del mundo se enfrentarán a inundaciones periódicas y disruptivas. Este informe, inquietantemente profético, se publicó apenas unas semanas antes de que los huracanes Harvey, Irma y María culminaran la temporada de huracanes más destructiva y costosa de la historia de Estados Unidos.

También hay cada vez más evidencia de que los fuertes calentamientos en la atmósfera inferior del Ártico pueden afectar los vientos en la corriente en chorro e incluso más arriba, en la estratosfera, hogar del patrón de viento del vórtice polar que rodea el Ártico. Los picos hacia el norte y los valles hacia el sur en la corriente en chorro curva generan los centros de alta y baja presión que vemos en los mapas meteorológicos como una H o L mayúscula. Las curvas controlan nuestro clima en el hemisferio norte. Pero si las curvas extremadamente grandes ocurren con mayor frecuencia, podemos esperar ver un repunte en condiciones extremas donde viven miles de millones de personas. Esto se debe a que las grandes curvas en la corriente en chorro tienden a progresar más lentamente de oeste a este, lo que hace que los sistemas meteorológicos que crean permanezcan más tiempo. Piense en olas de calor prolongadas, lluvias incesantes y tormentas tropicales estancadas como el huracán Harvey, que inundó Houston en agosto de 2017, así como temporadas de incendios más intensas como las que California ha experimentado en los últimos años.

El agua de deshielo sobre un casquete glaciar en desintegración en Svalbard, Noruega, se vierte al mar. 

Las grandes olas en la corriente en chorro, junto con el fuerte calentamiento del Ártico, pueden perturbar el vórtice polar, prolongando heladas profundas y letales o series de tormentas de nieve, incluyendo el devastador período de frío extremo que azotó la parte baja del Medio Oeste de EE. UU. en febrero de 2021. Un colapso del vórtice polar también puede perpetuar las oscilaciones bruscas de la corriente en chorro, que provocan intensas olas de calor en Alaska y el extremo norte, creando otro círculo vicioso que acelera el calentamiento del Ártico. Algunos estudios sugieren que el calentamiento del Ártico está estrechamente relacionado con estos patrones ondulantes; otros afirman que la evidencia de esta conexión aún es tenue. La investigación sobre este tema candente avanza rápidamente.

Un Ártico en rápido calentamiento probablemente alterará significativamente los hábitats terrestres y marinos. A medida que el hielo marino retrocede, han aparecido floraciones de plancton en nuevas áreas durante las nuevas temporadas, lo que atrae a especies de peces de latitudes más bajas a las aguas árticas, mientras que los peces autóctonos desaparecen. El deshielo primaveral más temprano en las latitudes altas ha provocado un reverdecimiento más temprano de la tundra y una eclosión más temprana de insectos; las aves migratorias, que se orientan por la duración del día, podrían llegar a los sitios de alimentación del Ártico demasiado tarde para el festín. Los pueblos del Ártico también están sintiendo los impactos; el deshielo los aleja de sus zonas de caza tradicionales e incluso los obliga a desarraigar pueblos amenazados por la erosión costera causada por las altas olas de tormenta en áreas que solían estar protegidas por el hielo a lo largo de la costa. Al mismo tiempo, grandes países y grandes empresas se abalanzan en busca de recursos naturales recientemente accesibles, a medida que aumentan las tensiones sobre quién puede reclamar qué partes del vasto y rico fondo marino como suyas.

La revelación que tuvimos mis colegas y yo en el retiro Big Sky se repite en mi mente cada vez que un nuevo patrón meteorológico de larga duración causa estragos o se rompe un nuevo récord en el Ártico. Ahora mis vecinos se están dando cuenta. Las encuestas sugieren que la mayoría de los estadounidenses cree que la pérdida de hielo ártico y la corriente en chorro —que rápidamente se ha convertido en un término común— conspiran para crear un clima extraño. El antiguo Ártico puede haber sido implacable, pero era estable. El nuevo Ártico es menos predecible y podría estar cambiando de forma irreversible, con efectos en cadena sobre la vida en todo el planeta.

¿Son aún evitables estos impactos? Sí y no. Dado que la respuesta del clima va a la zaga del aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero y que el dióxido de carbono tiene una vida muy larga en la atmósfera, el cambio futuro ya está arraigado en el sistema. Pero la magnitud y el ritmo pueden reducirse si la sociedad actúa con rapidez para reducir drásticamente las emisiones y si se desarrollan métodos para extraer carbono de la atmósfera en grandes cantidades. El progreso en ambos frentes es rápido, aunque probablemente demasiado escaso y demasiado tarde para preservar la Tierra y el Ártico tal como los conocemos. Prepárense para lo inesperado.


Los estados emocionales de la crisis climática

Por Fernando Valladares 22/03/2023

Por Carolina Belenguer Hurtado, Fernando Valladares y Equipo Ciencia Crítica

Aristóteles definió al ser humano como el único ser racional. Descartes dijo: «Pienso, luego existo». Más tarde Kant afirmo, «Atrévete a pensar». Y la Ilustración consiguió encumbrar a la razón a fundamento y causa original de todo conocimiento. De esta forma las emociones se han mantenido en el pozo del olvido científico durante más de 2000 años. Afortunadamente los avances en la ciencia están sacando a las emociones de este pozo. Antonio Damasio, brillante neurocientífico, nos enseña que las emociones están en la base de todo conocimiento y que el cerebro trabaja manejando todos los datos de manera interconectada. De hecho, los últimos estudios evidencian que las emociones guían las conductas, trazan los caminos que conforman las maneras de pensar, de reaccionar, de tomar decisiones y de vincularnos con el mundo. Son las emociones las que nos acompañan en el modo que tenemos de habitar el mundo. Un mundo cambiante que nos sumerge ahora en una de las más potentes pesadillas, la de un planeta en calentamiento con cada vez menos margen para la civilización actual.

En estos momentos de incertidumbre ante el futuro, las investigaciones del premio Nobel D. Kahneman junto a A. Tversky acerca de los procesos de toma de decisiones, puede ser de gran ayuda. Al estudiar el comportamiento humano obtienen datos que no corroboran la teoría tradicional de que las personas siempre actúan sopesando todas las opciones y eligiendo aquella que más beneficios le reporte. Por el contrario, sus investigaciones evidencian que el pensamiento humano es menos racional y más intuitivo de lo que se creía. Descubren que hay un sistema de pensamiento voluntario, intencional pero que requiere mucho esfuerzo y recursos mentales y un segundo sistema, intuitivo e involuntario que de manera automática emerge en las mentes. Estos heurísticos o atajos mentales para tomar decisiones se encuentran plagados por sesgos cognitivos, que no son otra cosa que alternativas que se han seguido en el pasado y que se siguen para resolver situaciones nuevas. Estos heurísticos dan lugar a formas de actuar mecánicas e inconscientes ligadas más a los contenidos emocionales que a una verdadera deliberación racional.

Sabemos, conocemos y tenemos los datos: la crisis climática ha sido ocasionada por los comportamientos y las actividades que durante siglos ha mantenido el ser humano. Pero no tenemos casi datos de cuáles son las emociones que amparan a estos estilos de vida y cómo se conectan con las acciones pro-ambientales. ¿Pueden predecir las emociones los comportamientos relevantes para el medio ambiente?, ¿Qué emociones nos relacionan con el cambio climático? Emociones que nos llevan a tomar decisiones diariamente, que nos generan diversos estados de ánimo, que influyen en nuestra salud, que impactan la economía o que llevan al activismo social.

En un estudio inédito y preliminar (ver nota al pie), se diseñó un cuestionario para profundizar en las emociones relevantes y descubrir de qué pensamientos y conductas se acompañan.

La muestra estaba compuesta por un total de 25 personas. El 56% fueron mujeres. El porcentaje mayoritario de participación por edad, un 48%, lo compusieron las personas de entre 45 a 64 años. Según los estudios finalizados el 44% de la muestra dijo estar en posesión de una titulación universitaria. También se recogieron datos por ámbitos de trabajo, siendo el mismo porcentaje, 44% las personas que decían trabajar en la administración pública o para empresas privadas. Los ingresos mensuales se tuvieron en cuenta, estando representados de un 20 a un 25% todos los tramos de renta desde 1000 euros a más de 2500 euros al mes.

En este estudio, la emoción más frecuente fue la tristeza. Hasta un 72% de las personas entrevistadas, dijeron sentirse tristes cuando piensan en el cambio climático. Le siguen la impotencia, el enfado, la preocupación, la esperanza, la rabia, la frustración, el miedo, la decepción, la culpa y la indignación. Once emociones que pueden tener una influencia decisiva en cómo se siente y cómo se piensa el cambio climático. Así mismo se observa que el sexo, el nivel de ingresos y la edad modulan la capacidad y enmarcan las normas de lo que es permitido, apropiado o más frecuente sentir. Las mujeres entrevistadas dicen sentirse mayoritariamente esperanzadas, mientras que menos del 30% de los varones nombra este sentimiento. La esperanza es una convicción que indica que la meta deseada puede ser alcanzada en algún momento. Poseer esperanza en la tecnología, la educación o la juventud parece ser imprescindible para mantener el compromiso con un futuro habitable.

La tristeza es un sentimiento que refleja la pérdida de algo insustituible, de valor incalculable. La tristeza, se relaciona con el dolor, con la resignación y la depresión. Hay que decir, que es un paso necesario para evaluar y afrontar la nueva situación que se vive, pero queda muy lejos del impulso necesario para emprender acciones a favor del planeta.

Se observa una tendencia a sentir más miedo cuanto menor es el nivel de ingresos de las personas entrevistadas. El miedo cumple una función esencial ya que previene del peligro que amenaza la supervivencia. En este sentido, el cambio climático representa un miedo existencial cuyas causas se encuentran enraizadas en la proyección que se hace del futuro. Las personas entrevistadas dicen sentir miedo «a dejarles a nuestros hijos un futuro incierto», a los impactos que las alteraciones del clima tienen sobre la salud y a la percepción de desprotección por parte de las instituciones y gobiernos. Este resultado podría estar relacionado con las investigaciones que sugieren que aquellas personas que cuentan con menores ingresos y por tanto también con menores recursos a su alcance para disponer de soluciones muestran emociones más intensas.

El enfado fue una emoción nombrada por el 56% de las personas entrevistadas. Este resultado nos informa de que un objetivo importante para la persona ha quedado bloqueado y de que las dificultades para conseguirlo se agrandan. Las actitudes pasivas, negligentes e indolentes de los Estados y Organismos Internacionales son las principales causas del enfado. Los datos sugieren que con la edad, el enfado y la preocupación aumentan. Varias investigaciones han comprobado que cuando se percibe que el cambio climático tiene impactos directos en la vida diaria, las emociones más difíciles de gestionar como el miedo, la tristeza o el enfado aumentan.

Los datos indican, sin embargo, que son las personas que manifiestan emociones como la preocupación, el enfado, la rabia o la indignación las que hacen compromisos de mayor envergadura con las practicas individuales de protección al medio ambiente y son las que apoyan políticas de mitigación del cambio climático con mayor determinación. Las emociones y tendencias de acción que han surgido de la investigación necesitan de un trabajo con capas más amplías de la población que incorporen una mayor diversidad de perfiles sociales, económicos e ideológicos. De esta manera se podrían describir con mayor precisión los estados y disposiciones emocionales que prevalecen con el objetivo de apoyar las intervenciones tanto de adaptación como de mitigación del cambio climático.

La inteligencia emocional puede proporcionar el marco en el que organizar las respuestas emocionales, ya que, si bien no hay unas emociones mejores que otras, si hay emociones que pueden ser más adaptativas que otras y que pueden conducir a tomar mejores decisiones. Mayer y Salovey definen la inteligencia emocional como una habilidad que permite incorporar las emociones para mejorar el pensamiento y también la acción. De este modo se facilita la adaptación a las condiciones y situaciones de vida personales. Ser consciente de la conexión que existe entre las emociones, los pensamientos y las acciones, según la teoría de la inteligencia emocional, se relaciona con la capacidad de gestionar los problemas y superar las ambigüedades de la civilización occidental. Reconocer y aprender de nuestras emociones climáticas, transitar a través de ellas los malestares y comprender de dónde vienen y adonde nos llevan es una manera de cultivar las habilidades que subyacen al bienestar emocional.

Descubrir y analizar los vínculos de las emociones con las acciones relacionadas con el cambio climático es también una obligación de las instituciones. Facilitar las transiciones y acabar con los dilemas que atraviesan a la ciudadanía es una tarea pendiente de administraciones y gobiernos. Enriquecer a estas organizaciones con mejores habilidades emocionales solo puede desembocar en un proceso de concienciación hacia la necesidad indispensable de los cuidados. La responsabilidad de acción conjunta, solidaria y colectiva tiene que conducir a elevar los niveles de bienestar físico y mental de todas las partes implicadas, no solo de unas pocas de ellas. La acción individual es imprescindible, pero debe ser impulsada por políticas firmes que permitan restituir el equilibrio del planeta y todas sus formas de vida.

Cada vez con más frecuencia se escucha y se lee sobre el concepto de ecoansiedad. La ecoansiedad es el temor crónico a sufrir un cataclismo ambiental que se produce al observar el impacto aparentemente irrevocable del cambio climático y la preocupación asociada por el futuro de uno mismo y de las próximas generaciones. Más de la mitad de los niños y jóvenes menores de 25 años sufren emociones negativas con respecto a la crisis climática, y más del 45% de ellos asegura que esos sentimientos afectan negativamente a su vida diaria.

La ecoansiedad está muy ligada al concepto de solastalgia, entendida como el conjunto de trastornos psicológicos que se producen en un individuo o una población tras cambios destructivos en su territorio. La solastalgia, que revela nuestra estrecha conexión con el medio ambiente, afecta a personas que ya han padecido las consecuencias de un desastre natural y que, como revelan diversos estudios, tienen por ello un 4 % más de posibilidades de padecer una enfermedad mental y de sufrir cuadros de estrés postraumático o depresión.

Los efectos de la ecoansiedad pueden abordarse buscando la parte positiva ante las circunstancias, trabajando la regulación emocional de los impulsos propios y desarrollando resiliencia para afrontar adversidades. Es clave pasar a alguna forma de acción, empezando por conocer los problemas ambientales, y por concienciarse y concienciar a los demás. Importante entre las soluciones está revisar nuestro modo de vida, buscando la sostenibilidad ambiental de nuestras actividades. Reducir el consumo, reciclar, hacer una vida sana, con una dieta saludable y apostando por la movilidad, recoger basura y un largo etcétera que la mayoría conocemos bien. Para gestionar las emociones generadas por el cambio climático en positivo no podemos quedarnos quietos y esperar. Hay que pensar y hacer. Solo sentir, puede ser letal.

La inteligencia emocional ayuda a lidiar con las emociones intensas y muchas veces desagradables que la información sobre la emergencia climática genera y a amortiguar la incertidumbre sobre los cambios que se deben implementar en los estilos de vida para alcanzar un mundo sostenible. Es indispensable una educación sentimental y emocional para transformarnos y transformar la sociedad en una más justa, que tenga en consideración a todos los seres vivos del planeta y que permita cambiar su rumbo de colisión con los límites planetarios. Indispensable para que salga lo mejor de cada uno de nosotros mientras tiene lugar ese cambio ineludible.

Nota. Los resultados presentados forman parte del trabajo fin de master “Las emociones en el contexto de la crisis climática” realizado por Carolina Belenguer Hurtado en 2022 dentro del Master Inteligencia Emocional: estudio científico desde la Psicología, la Neurociencia y la Salud, impartido por el Instituto Psicobiológico de la Universidad Isabel I.










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