miércoles, 1 de julio de 2026

Raid Cádiz - Canarias - Cádiz de 1924

España automóvil y aeronautica, primera quincena de abril de 1924

4.500 KILÓMETROS POR EL AIRE

El gran raid Cádiz-Canarias-Cádiz, de los aviadores españoles

La aviación española acaba de distinguirse brillantemente en la realización de un estupendo viaje, coronado por un éxito rotundo, pese a la dureza del recorrido y a la manifiesta adversidad de las condiciones atmosféricas.

Desgraciadamente, el público, siempre hostil a las cosas del aire, no acompañó con el entusiasmo que merecían a los valientes pilotos que pasearon en triunfo los colores de nuestra bandera a lo largo de las inhospitalarias costas africanas, y se limitó a seguir con fría indiferencia —fiel reflejo de una secular modorra— las fragmentarias noticias que del gran viaje ofrecíale la Prensa, cuya labor divulgadora no ha sido tampoco ni lo intensa ni lo fecunda que la empresa merecía.

En pleno invierno, el 3 de enero, salió de su base de Mar Chica el hidroavión "Dornier", bimotor Rolls Royee 360 HP., haciendo rumbo a Cádiz, con objeto de iniciar el raid partiendo de tierra española. Llegó después de una dura travesía de cerca de 500 kilómetros en cuatro horas, con fuerte viento contrario. Lo pilotaba el capitán don Ramón Franco Bahamonde, llevando como pasajeros al comandante Delgado Brackembury, jefe de la expedición; el capitán Mas de Gamíndez, radiotelegrafista; Alonso, fotógrafo de la aviación militar; el capitán Bermúdez de Castro y el cabo Panizo y el soldado Mateos, mecánicos de la expedición.

La escuadrilla de Breguéts en Mogador

 

El 4 partió el "Dornier" para Larache, pero al llegar a la altura de Arcila, el cielo se presentaba tan amenazador, que se decidió hacer rumbo a Ceuta, donde amerizó el hidro sin novedad y donde quedó el capitán Bermúdez de Castro para seguir a Larache a incorporarse a la escuadrilla de los "Breguet" que emprendían el raid desde aquel punto.

El "Dornier 3" en la rada de Mogador

El 6, a las diez de la mañana, reanudó su viaje Franco, pasando sobre Tánger veinte minutos más tarde, y sobre Larache poco después de 1as once, para llegar a Casablanca a la una. Casi al mismo tiempo aterrizaban en el aeródromo militar los tres "Breguets" pilotados por los capitanes Estévcz y Pardo y el teniente Martínez Pisón, llevando, respectivamente, como pasajeros al teniente Rexach, capitán Bermúdez de Castro y mecánico Bosch.

La etapa siguiente, Casablanca Mogador, de 330 km., fue dificultada por un fuerte viento de proa que retrasó notablemente la marcha del poderoso hidroavión. Salió éste de Casablanca a las diez y cinco minutos, y llegó a Mogador a la una y quince minutos, haciendo Franco un amerizaje admirable en medio de un fortísimo oleaje.

Después llegaron los "Breguet" de Estévcz y Pardo, y más tarde el de Pisón, que había tenido que aterrizar en Safi por "panne" de encendido.

El temporal fue en aumento, siendo cerrado el puerto y haciéndose imposible la salida del "Dornier".

Los "Breguet" partieron a los tres días para Agadir, llegando en una hora y treinta minutos, y el siguiente se lanzaron de nuevo al aire para salvar los 500 km. que los separaban de Cabo Juby, rudo viaje sobre terreno montañoso con pobladores salvajes y sin la menor esperanza para el caso de un aterrizaje fortuito, y que fue dificultado por un vendaval tan violento, que los aviadores, imposibilitados de luchar contra el viento, que levantaba tremendas nubes de polvo, optaron por volar sobre el mar, llegando al fin a Cabo Juby en tres horas y media.

El "Dornier" salió pocos días después de Casablanca, con un tiempo aún difícil, presentándose nuevamente el problema del amerizaje en un mar amenazador, cuando cinco horas más tarde arribó en Cabo Juby. La destreza del piloto salvó otra vez la situación, y la pesada mole del "Dornier" —más de 4.000 kilos— se posó suavemente entre las agitadas olas.

Una hora más tarde se elevaba nuevamente, habiéndose sumado a la tripulación el coronel Benz, jefe de la guarnición de Cabo Juby, y voló, dando escolta a los tres "Breguet" durante esta travesía de 250 km. sobre el mar, hasta las Canarias. En el puerto de Las Palmas amerizó el "Dornier", mientras que los "Breguet" descendían en el campo de Gando, a 20 km. de la capital.

En Las Palmas dieron los aviadores algunas exhibiciones, y en un aterrizaje, la hélice del "Breguet" de Estévez averió la cola al de Pisón, dejándolo fuera de servicio.

En un vuelo de menos de una hora fueron de Las Palmas a Tenerife el "Dornier" y los dos "Breguet", haciendo luego el primero una magnífica excursión sobre el pico de Teide (3.760 m.), cuyo elevado cráter fue por vez primera dominado por el aeroplano.

En Tenerife se dio por terminado el raid de los "Breguet", y el "Dornier" emprendió su viaje de regreso, yendo primeramente a Las Palmas y Arrecife. Desde aquí siguió en vuelo directo a Casablanca, llegando a esta población en cinco horas y treinta minutos.


Factoría española de Cabo Juby. En su ángulo de la izquierda se ve uno de los Breguets

Se habían propuesto los aviadores volar sin escala de Casablanca a Sevilla, pero en el camino se desencadenó una vez más el temporal, y, contra sus propósitos, viéronse forzados a recalar en Ceuta, después de una  hora y cincuenta y ocho minutos de vuelo con un viento que soplaba con furia de huracán.

El tiempo continuó desfavorabilísimo, y con un vendaval terrible emprendieron la última etapa del raid, partiendo de Ceuta para llegar en vuelo directo a Sevilla, el futuro gran puerto aéreo terminal de Europa. Fue ésta quizá la más dura etapa del recorrido, y en ella luchó Franco triunfalmente con un viento que alcanzaba por momentos velocidades de más de 30 metros por segundo.

Finalmente —y siempre bajo la conducción habilísima del capitán Franco— regresó el "Dornier" a su base de Mar Chica, después de recorrer exactamente 4.474 km. en treinta y siete horas y treinta y seis minutos de vuelo.

Los aviadores fueron agasajadísimos en todas las poblaciones en que hicieron escala, tributándoseles el homenaje de admiración a que se hacían acreedores al escribir con este raid una de las más bellas páginas de la historia de la aviación en nuestro país.

El raid de nuestros pilotos militares, a pesar de la escasa resonancia que desgraciadamente ha tenido en la Península, constituye una prueba de grandísimo valor desde los tres puntos de vista personal, técnico y político-militar.

Las enseñanzas reveladas, por lo que al factor personal se refiere, las habrán deducido nuestros lectores de la lectura de la reseña que antecede. Nuestros pilotos hicieron verdaderas proezas y Franco, en particular, reveló unas cualidades que sin lisonja pueden calificarse de excepcionales.

Desde el punto de vista técnico, el viaje ha sido elocuentísima del valor del hidroavión. El Dornier, aparato metálico de fórmula, moderna, resistió de una manera admirable las más violentas embestidas contra las olas y las súbitas reacciones que sobre sus sólidas alas producían las alternativas del viento, huracanado y arrachado, de cuya fuerza extraordinaria da idea la frase de Franco, quien manifestó que nunca, en su vida de piloto, había sufrido temporal más violento que el que tuvo que afrontar durante la última parte del recorrido.

En algunas etapas voló el hidro con cargas superiores en varios centenares de kilogramos a la máxima indicada por la casa constructora, y a pesar de todo, terminó el viaje sin demostrar el más leve indicio de fatiga, después de volar 4.500 kilómetros.

Las consecuencias políticas y militares, no somos nosotros los llamados a examinarlas, aun cuando no dejamos de reconocer su honda transcendencia.

El Pico de Teide visto desde el "Dornier", volando a la altura del cráter





 

No hay comentarios: