Entre 1840 y 1860 Barcelona estaba experimentando una fuerte expansión comercial e industrial. El puerto era el gran centro del comercio catalán. En torno a 1842 concentraba más del 80 % del tráfico marítimo exterior de Cataluña. La industria textil tenía un peso enorme entre las mercancías exportadas.
El puerto de Barcelona fotografiado en 1874 por Jean Laurent.
Barcelona necesitaba mercados para sus manufacturas y materias primas y alimentos para una población e industria crecientes.
El convenio hispano-marroquí de 1780 mencionaba expresamente a Barcelona como uno de los puertos en donde podían comerciar los marroquíes. El documento contemplaba incluso el intercambio entre comerciantes de Tetuán y Barcelona y mencionaba el envío hacia Barcelona de pieles y otros productos, mientras que desde Barcelona podían salir sedas y otras mercancías.
Tánger, Tetuán, Larache, Mogador y otros puertos marroquíes estaban integrados en las redes comerciales mediterráneas y Atlántica. La economía marroquí podía proporcionar a los comerciantes europeos: cereales; ganado; pieles; cueros; cera; frutos secos; productos agrícolas; lana y otros productos ganaderos. Y el mercado marroquí demandaba productos manufacturados europeos: tejidos; productos textiles; azúcar; café; té; tabaco; herramientas; productos metálicos y manufacturas diversas.
Los intercambios de Tetuán y Tánger estaban controlados por las comunidades mercantiles judías y europeas. Los comerciantes de Tetuán, por ejemplo, tenían una actividad importante en la exportación de cereales, cítricos, cueros, cera y ganado y en la importación de manufacturas europeas y productos coloniales.
Entre los puertos de procedencia de los barcos de carga que entraron en Barcelona en 1860 aparece Tánger con una sola entrada registrada. También aparecen Tetuán, Casablanca y Mazagán dentro de la red comercial mediterránea/atlántica, pero con una presencia muy reducida frente a los grandes centros comerciales europeos y mediterráneos.
No parece que en 1860 hubiera una economía colonial catalana en Marruecos comparable a la que existía en Cuba o Puerto Rico.
En 1860 Vidal Quadras Hermanos, una de las grandes casas mercantiles y financieras de Barcelona, intervenía en aproximadamente el 26 % del valor de las letras de cambio registradas por los corredores de Barcelona, pero no mantenía una actividad comercial importante en Marruecos. Su principal actividad estaba en el negocio financiero, el giro de letras y las relaciones con plazas internacionales.
En 1858 se creó en Barcelona la Compañía Hispano-Alemana de Navegación por Vapor, con un capital desembolsado de 1.750.000 pesetas, para explotar los vapores Barcelona y Hamburgo. Entre sus accionistas estaban los Vidal Quadras.
En 1859-1860 la infraestructura marítima española orientada al transporte hacia África experimentó una movilización extraordinaria. El vapor Barcelona, de la Línea Hispano-Alemana, transportó tropas hacia la Guerra de África, concretamente el segundo batallón de Luchana, mientras que una compañía de Ingenieros embarcó en el Cartagena en noviembre de 1859.
La gran penetración económica catalana en Marruecos es posterior a 1860, sobre todo desde las décadas de 1870-1880. El propio Ayuntamiento de Barcelona, en su estudio sobre las bases coloniales, documenta que fue entonces cuando surgió en Cataluña un verdadero grupo de presión colonialista. En 1883 se creó en Barcelona la Compañía Hispano-Africana, con líneas hacia Tánger, Larache, Rabat, Casablanca, Mazagán y Mogador.
El Diario español, 27 de marzo de 1885, página 1
EL ATENTADO DE RIO DE ORO
Decimos esto juzgando que importa mucho determinar desde el principio si corresponde á la iniciativa particular que fundó aquellas factorías mantenerlas, vengando al propio tiempo el ultraje causado al honor de la nación. Claro está que esa iniciativa privada debe ser y será sin duda secundada por el Gobierno, que no puede permanecer indiferente en un asunto que le proporciona á él un nuevo contratiempo y otro desengaño y al país una nueva calamidad; pero una cosa será que el Gobierno secunde y apoye los esfuerzos que para castigar y reparar el desastre, y todavía más que para eso y para evitar su repetición en lo futuro practique la compañía Hispano-Africana, y otra cosa distinta que el Gobierno tome á su cargo establecer en el Río de Oro fortalezas, guarnecerlas con soldados y cañones y destinar tropas que avancen hasta el desierto, persiguiendo á los aduares que llevaron á cabo el atentado.
Posteriormente aparecieron empresas catalanas dedicadas al comercio de trigo marroquí y otras iniciativas económicas y geográficas. Entre 1880 y 1900 aparece un auténtico lobby económico y colonial catalán.
La guerra de Wad-Ras creó las condiciones políticas, territoriales y diplomáticas que posteriormente facilitaron la penetración económica. El Tratado de Wad-Ras proporcionó a España: ampliación del territorio de Ceuta; ampliación del territorio de Melilla; Santa Cruz de la Mar Pequeña; una indemnización de guerra; ocupación temporal de Tetuán; y ventajas comerciales.
Un estudio de Pedro Panera interpreta la movilización catalana en el contexto político de la época. Según su análisis, la sociedad liberal catalana utilizó la guerra para reafirmar simultáneamente su identidad catalana y su patriotismo español, después de décadas de conflicto entre Barcelona y el poder central. En 1842 Barcelona se subleva contra Espartero y es bombardeado. Entre 1846-1849 se produce la Guerra dels Matiners. En 1858 comienza el Gobierno Largo de O'Donnell. En 1859 comienza la Guerra de África. En diciembre de 1859 se autoriza la creación del Batallón de Voluntarios Catalanes. En enero de 1860 466 voluntarios embarcan en Barcelona.
El estudio muestra que la movilización de los voluntarios tuvo una dimensión política: demostrar que ser catalán y ser español no eran identidades incompatibles. El embarque de los Voluntarios Catalanes el 26 de enero de 1860 fue un auténtico acontecimiento público. Victor Balaguer describió la multitud concentrada desde la Ciudadela hasta el puerto para contemplar la partida. Y la ciudad produjo rápidamente una enorme cultura africanista: prensa; literatura; pintura; grabados; objetos conmemorativos; celebraciones; monumentos; nombres de calles. Un ejemplo extraordinario es Mariano Fortuny, enviado por la Diputación de Barcelona a Marruecos como cronista artístico de la campaña. La guerra se convirtió así en un fenómeno económico, cultural y político, no solamente militar.
Los héroes de nuestra historia en la guerra de África en el año 1909

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