domingo, 27 de septiembre de 2026

Casa Taller Zamacola

El taller de la Casa Zamacola es uno de los claros ejemplos de patrimonio industrial de Eibar. Se trata de un antiguo taller armero, en la Avenida de Otaola, debajo del Complejo Educativo y a orillas del río Ego, que se conserva intacto gracias al cuidadoso trabajo de protección que llevan a cabo sus últimos propietarios.

Fundada por el constructor de cañones Felipe Zamakola (1860-1913) a finales del siglo XIX, la casa-taller fue posteriormente mantenida por su hijo Pablo Zamakola que fundó la firma Zamakola e Hijos, integrada por él y sus cinco hijos, Juan, Pablo, Silvestre, Francisco y Cándido.

La casa fue construida en 1870 y alberga en el bajo un taller con maquinaria propia de una armería, una forja, y la instalación para aprovechar la fuerza hidráulica, mientras que las plantas superiores se dedican a la vivienda familiar. 

Se puede datar el inicio del taller en 1872, cuando Felipe Zamakola Arregui compró el terreno para su construcción con el cauce y el derecho de aprovechamiento de agua para el molino hidráulico, como fuerza motriz necesaria para mover la maquinaría, con el fin de fabricar cañones para escopetas de caza, dentro del gremio de cañonistas al que pertenecía esta familia.

Posteriormente, le sucedió su hijo Pablo Zamakola Uriarte que más tarde, junto con sus cinco hijos (Juan, Silvestre, Pablo, Francisco y Cándido) fundó la firma Pablo Zamacola e Hijos. Fallecido Pablo en 1936 y su hijo Cándido en la guerra civil, tras la contienda el resto de los hermanos continuaron con la fabricación de cañones como Zamakola Hermanos y posteriormente, tras la compra de la patente a E. Schilling, también con la fabricación de escopetas marca 'Jabalí'. La primera escopeta que tuvo Miguel Delibes era una Jabalí. Este taller fue germen de esta marca y en el que se empleó la fuerza hidráulica como única energía hasta el año 1914, a la que se unió después la eléctrica trabajando cinco personas, en la última época: Pablo Zamakola Arizaga como maestro armero junto a Emeterio Alzerreka, Prudencio Berrojalbiz, Benjamin y Carmelo cesando en su actividad en 1969. A partir de aquí, los Zamakola se dedicaron a la fabricación de escopetas en la fábrica de Eibar hasta 1982.

La fecha de construcción de la mayoría de las máquinas que se conservan en el taller es anterior a 1933. La energía era hidráulica y el salto proporcionaba la fuerza necesaria para mover las máquinas a través de un complejo e ingenioso sistema de embarrados y poleas, bien conservado. Más adelante, en la década de los años 50 se instaló un motor eléctrico que accionaba todas las máquinas. En el taller se conservan en buen estado escariadores, calibradoras, tornos, barrenadoras, máquinas de torneado exterior y enderezadoras, además de las herramientas necesarias para acometer el trabajo.

Máquina para el calibrado interior de cañones previamente perforados

Su función es calibrar a un diámetro exacto el interior del cañón, una vez que ha sido perforado. Esta labor se efectúa por medio de una herramienta denominada escariador provisto de tres o cuatro dientes insertada en un mango consistente en una varilla metálica de diámetro menor. El escariador es el que gira, el cañón avanza contra el escariador y va introduciéndose en el orificio del cañón por el lado de la boca de salida. Como consecuencia de los movimientos de giro y avance los dientes de la herramienta van cortando el material del interior del cañón dejándolo al diámetro requerido.

La máquina consiste en una bancada horizontal de una sola pieza, de fundición de acero, montada sobre dos conjuntos de patas atornillados a ella. En el lado derecho de la bancada dispone de un carro, también fundido, que se desliza sobre la bancada sobre guías triangulares, en el que existen dos soportes sobre los que se fija el cañón a calibrar, en uno de ellos el cañón está simplemente apoyado, en el otro existe una mordaza en forma de puente que sujeta el cañón por medio de un tornillo. Este carro de desplaza manualmente a lo largo de la bancada en movimientos de avance y retroceso, accionando un volante que actúa sobre un piñón y una cremallera fijada bajo el carro.

Enderezadora de cañones

La operación de barrenado o taladrado de gran profundidad originaba orificios en el interior del cañón no perfectamente rectos. Esto era debido a que se taladraba simultáneamente por ambos extremos por lo que era difícil conseguir un encuentro perfectamente concéntrico de los dos extremos, así mismo la barrena era una herramienta de muy poca rigidez debido a su larga longitud por lo que se producían desviaciones del eje durante el taladrado. Lo anteriormente expuesto se corregía enderezando el cañón, o más bien el interior del cañón tratando de conseguir un ánima perfectamente recta a todo lo largo. Con este objeto se desarrolló el dispositivo denominado la enderezadora de cañones. El trabajo era completamente manual y requería habilidad y oficio. El dispositivo, necesitaba luz natural y estaba montado sobre una columna de altura regulable, hasta cerca de los 2m si era necesario, el cañón quedaba inclinado para recibir la luz solar por uno de los orificios. El trabajador observaba por su interior y percibía la curvatura del cañón por medio de las sombras que se originaban en forma de círculos no concéntricos. Con el volante manual daba golpes e iba enderezándolo al mismo tiempo que, con la otra mano, iba cambiando la posición del propio cañón hasta conseguir que todas las sombras fueran concéntricas, lo que denotaba la perfecta rectitud del orificio central.



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