lunes, 5 de octubre de 2026

Accidente en la mina Cabeza de Vaca en 1915

El Correo español, 5 de marzo de 1915, página 2

En Córdoba.    

El alcalde de Bélmez dice que el ingeniero jefe de la mina de Cabeza de Vaca, donde resultaron sepultados 14 o 16 obreros, manifiesta que a causa de la magnitud del hundimiento se desconfía de poder llegar al sitio en donde se supone que se encuentran los desgraciados obreros.    

Hasta ahora, se han extraído cinco muertos y 14 heridos.

El Mundo, 5 de marzo de 1915

CATÁSTROFE EN UNA MINA    

CÓRDOBA 4 (8 n.) Comunican de Bélmez que en una mina de la cuenca de Cabeza de Vaca ha ocurrido una terrible explosión de grisú, produciendo el hundimiento de una galería.   Murieron cinco obreros y resultaron heridos gravemente siete. Además, han quedado sepultadas 20 personas, entre ellas el ingeniero y el jefe de los mineros, ignorándose hasta ahora si han muerto.— Daniel.    

Los sepultados. 

Desconfianza en el salvamento. Aumentan los heridos.    

CÓRDOBA 5 (6 m.) Las últimas noticias llegadas de Bélmez comunican que continúan sepultados el ingeniero, el jefe capataz y 14 ó 16 de éstos, desconfiándose en llegar al sitio en donde se supone deben encontrarse, a causa de la magnitud de los hundimientos. El número de heridos asciende a 14.—Daniel.   

Explosión de grisú.    

Con motivo de la explosión de grisú ocurrida en la mina Cabeza de Vaca, que ha producido cinco muertos y se teme por la vida de quince mineros más, se han cruzado sentidos telegramas entre el ingeniero jefe de Minas de Córdoba, y el director de Agricultura, Minas y Montes. El ministro de Fomento, hablando de este asunto, manifestó a los periodistas, después de lamentar hondamente lo ocurrido, que se abrirá expediente para depurar y exigir las responsabilidades a que haya lugar.  

España nueva, 6 de marzo de 1915

Explosión en una mina 

(DE NUESTROS CORRESPONSALES)    

Nombres de los muertos y heridos. — Doce desaparecidos. — Acuerdos de este Ayuntamiento. — Entierro de las víctimas.    

BELMEZ 5   He aquí los nombres de los muertos y heridos en la catástrofe ocurrida en la mina «Cabeza de Vaca»: Muertos: Antonio Muñoz Granda, Antonio García, Eduardo Lozano, Manuel Parra, Juan Roca Bruno. Heridos: Manuel Sujar, Mariano Fernández, Manuel Calvo, Aurelio González, Angel Soriano, José Pedrosa, Félix García, Juan Caballero, Francisco García, Manuel Rodríguez, Pedro Fernández, Eusebio Leal, Jacinto Canseco.    

Hay doce sepultados que no he podido adquirir sus nombres, entre ellos el ingeniero y el jefe de la mina, que en aquella hora se encontraban haciendo la visita de inspección diaria. Se quedaron con los diez restantes aislados, sin salida alguna y, lo que es más lamentable, sin ventilación, en un sitio donde normalmente, y a pesar de potentes ventiladores, no se podía permanecer mucho tiempo. La causa de la explosión no se sabe con fijeza cuál pudo ser; pero, según se dice, obedeció a un rompimiento de un pozo próximo a terminarse, por la acumulación de grisú, y al ocurrir el rompimiento subiría la llama a las lámparas, siendo la causa de la explosión. Esto, según unos, y, según otros, por haberse apagado una lámpara de bencina y tratar de encenderla sin la coraza puesta.    

El herrador del pueblo, Juan Manuel Murillo, que accidentalmente se encontraba en la mina herrando unos mulos del servicio de la misma, se ha salvado milagrosamente, pues minutos antes de la terrible explosión rechazó la invitación que un obrero le hizo de ir en unas vagonetas, precisamente a la galería donde ocurrió la explosión, librándose por tal causa de una muerte segura.    

El Ayuntamiento, reunido en sesión extraordinaria, acordó izar la bandera nacional con lazo negro, en señal de duelo, cerrar los casinos, sociedades y comercio, que unidos al Ayuntamiento partieron con los representantes del pueblo al entierro de los cinco muertos. El acto ha resultado una verdadera manifestación de duelo. Todo el vecindario de Pueblo Nuevo y Bélmez unidos demostraban el dolor que en los pueblos hermanos ha causado la catástrofe. — C.    

Los sepultados en la mina.—Trabajos de salvamento

CORDOBA 6 El gobernador ha recibido un telegrama del alcalde de Bélmez participando que todavía no ha sido encontrado el personal que estaba en la mina «Cabeza de Vaca» en el momento de la explosión. Han sido redoblados los trabajos de salvamento; pero se duda del éxito, porque no responde el tubo de comunicación. — C.   

El Liberal, 6 de marzo de 1915

EXPLOSIÓN EN UNA MINA 

Muertos y heridos. — Obreros sepultados    

El gobernador de Córdoba ha telegrafiado al ministro de la Gobernación participándole que en una mina de Cabeza de Vaca ocurrió una explosión de grisú, ocasionando el hundimiento de una galería y quedando sepultados los obreros que trabajaban en aquélla. A la hora en que telegrafiaba el gobernador iban extraídos cinco muertos y siete heridos y habían desaparecido quince o veinte obreros. Entre los desaparecidos se encuentran también el ingeniero y el jefe de la mina.   De Córdoba salió para Cabeza de Vaca el ingeniero jefe de la provincia, para dirigir los trabajos de salvamento e instruir el expediente para depurar las responsabilidades.    

Un nuevo telegrama del gobernador de Córdoba dice lo siguiente: «El alcalde de Bélmez me comunica que el ingeniero jefe de la mina donde ocurrió el accidente de ayer y catorce o dieciséis obreros continúan sepultados. A causa de la magnitud de los hundimientos, se desconfía llegar al sitio donde se supone deben encontrarse. Los muertos, hasta ahora, son cinco, y catorce los heridos.»   

El Parlamentario, 7 de marzo de 1915

LOS REYES EN SEVILLA 

Don Alfonso ha enviado al general Aranda á Pueblo Nuevo del Terrible, para que le informe sobre la catástrofe ocurrida en la mina de Cabeza de Vaca.

El Universo, 8 de marzo de 1915

Trabajos de salvamento    

Comunica el gobernador de Córdoba que continúan activamente los trabajos para salvar al ingeniero y los obreros sepultados como consecuencia de la catástrofe de la mina de Cabeza de Vaca, de Bélmez, rivalizando los obreros, ejercitados en los trabajos. Los heridos que resultaron en aquella catástrofe mejoran notablemente.  

El Liberal, 9 de marzo de 1915

El gobernador de Córdoba telegrafía que ha fallecido el obrero Francisco Canseco, que resultó herido en el accidente ocurrido en la mina «Cabeza de Vaca», del término de Bélmez,

El Liberal, 11 de marzo de 1915

La catástrofe minera de Bélmez

Según las noticias recibidas ayer en la Dirección do Agricultura y transmitidas de Bélmez, continúan los trabajos para extraer á los sepultados en la mina de Cabeza de Vaca. Aún faltan 16 metros para llegar á la profundidad en que se encuentran los sepultados.

La Patria, 12 de marzo de 1915

DE CORDOBA

Muarte de un minero.

CORDOBA 12. — Anoche falleció Aurelio González, uno de los heridos en la explosión de la mina «Cabeza de Vaca», término de Bélmez.

El Correo español, 14 de marzo de 1915

Un telegrama oficial dice que se ha encontrado otro cadáver en Cabeza de Vaca.

El Correo español, 15 de marzo de 1915

EN GOBERNACIÓN

La catástrofe de Bélmez. Seis sepultados vivos.

Un telegrama del gobernador de Córdoba dice que los trabajos de salvamento realizados esta madrugada en la mina de Cabeza de Vaca, permiten asegurar que viven seis de los obreros sepultados por el desprendimiento.

Durante los trabajos oyeron ruido detrás de una masa de materiales, y al llamar y preguntar por el estado y número de los infelices aprisionados detrás de esa masa, oyeron perfectamente seis golpes, lo que pareció indicar que eran en ese número los enterrados que todavía viven.

Se han redoblado los trabajos, y cree el alcalde que dentro de ocho horas podrán atravesar la masa desprendida.

El ministro de la Gobernación ha ordenado la inmediata salida de un funcionario del Ministerio, que lleva socorros para las familias de las víctimas.

El Mundo, 15 de marzo de 1915

LA CATÁSTROFE DE BÉLMEZ

LOS SEPULTADOS VIVEN

En el ministerio de la Gobernación se ha recibido el siguiente telegrama:

«Córdoba 15 (10,20 m.) — El capitán de la Guardia civil de Bélmez comunica que durante los trabajos que se realizaban en la mina «Cabeza de Vaca», en la madrugada de hoy, se adquirió la seguridad de que aún viven los sepultados por el hundimiento.

Se supone que sean seis, pues al llamar y preguntar cuántos eran, contestaron con seis golpes.

El alcalde de dicho pueblo también da la noticia, y añade que se redoblan los trabajos, y se cree que dentro de ocho horas se atravesará la parte hundida.»

EN FOMENTO

En el ministerio de Fomento se han recibido los siguientes telegramas, que hacen referencia a los enterrados en la mina de «Cabeza de Vaca» (Córdoba), por los que parece que todos los sepultados están en salvo:

BÉLMEZ 15 (8,15 m.) El relevo de esta noche ha sido contestado por los incomunicados a las repetidas llamadas y retretas que se les han enviado por la tubería de aire comprimido.

Tenemos el convencimiento de que están vivos. Todavía tardaremos varias horas en conseguir el paso franco, si no se presentan nuevos hundimientos, no conocidos.

Telegrafiaré novedades.

BÉLMEZ 15 (11,15 m.) Tengo la dicha de seguir comunicando a usted satisfactorias noticias de los aislados, que ya no sólo contestan con golpes en la tubería, sino que nos comunicamos verbalmente.

Según dicen los enterrados, con voz muy débil, están todos vivos, o sean siete. En todo el día de hoy esperamos unirnos a ellos, y no saldrán de la mina sin tomar antes toda clase de precauciones para su salud.

Estamos satisfechísimos con el resultado, con el que no contábamos ya, después de tantos días transcurridos.

El Siglo futuro, 16 de marzo de 1915, n.º 2.431, página 3

EN BELMEZ    

Después del hundimiento - Trabajos de salvamento.    

CÓRDOBA, 15. — El gobernador ha recibido telegramas de Bélmez, en los que se le manifiesta que se ha logrado poner en comunicación con los obreros sepultados, dando a entender éstos que son siete los supervivientes, y entre ellos hay un jefe. Los trabajos, añaden los despachos, son hechos con gran rapidez.    

CÓRDOBA, 15. — Telegrafían de Bélmez que en los trabajos de salvamento que se están verificando en la mina "Cabeza de Vaca" se ha podido comprobar que, al cabo de once días de incesantes trabajos, todavía viven siete obreros, entre ellos el ingeniero, según se ha deducido de los golpes que, en número de siete, se han oído en el muro que los separa de sus salvadores. Todavía faltan cuatro metros para llegar al sitio donde se encuentran aprisionadas las víctimas. Los obreros se desviven por llegar a la galería. — P. A.    

Informes oficiales.    

Gobernador a ingeniero jefe minas ministerio de Fomento: "Tengo la dicha de comunicar a usted satisfactorias noticias aisladas: que ya no sólo contestan con golpes en la tubería, sino que nos comunicamos verbalmente; según dicen los enterrados en voz muy débil, están todos vivos, ó sean siete. En todo el día de hoy esperamos unirnos á ellos, y no saldrán de la mina sin tomar antes toda clase de precauciones para su salud."    

El director general de Agricultura visitó ayer tarde al ministro de la Gobernación para darle cuenta de los informes recibidos respecto de los supervivientes de la catástrofe de la mina "Cabeza de Vaca". Según dichos informes, se confirma que los sepultados que avisaron su presencia por medio de golpes son siete, el ingeniero, el capataz y cinco obreros. Los que dirigen los trabajos de salvamento han podido comunicar con los sepultados por medio de un tubo acústico, y se espera de un momento á otro poder sacarlos de la prisión en que se encuentran. La opinión general comenta este caso extraordinario, pues el accidente ocurrió hace once días. Se cree que los sepultados se han alimentado durante ese tiempo con la carne de una mula que había en el interior de la mina para el arrastre de las vagonetas.   

¿Nada más que dos?    

El gobernador de Córdoba telegrafió anoche al ministro de la Gobernación diciéndole que, según le comunica el alcalde de Bélmez, se ha podido hablar con el ingeniero y el capataz sepultados en la mina “Cabeza de Vaca”, los cuales dicen que están solos y que ignoran el paradero de los obreros. Se les han facilitado alimentos, y esperaba el alcalde que en el plazo de unas tres horas pudiesen ser puestos en salvo.  

La Correspondencia militar, 16 de marzo de 1915, n.º 11.396, página 2

La catástrofe de Bélmez    

El ingeniero y el capataz, salvados.    

El gobernador de Córdoba telegrafía lo siguiente: «El alcalde de Bélmez me comunica que anoche, a las siete y diez minutos, fueron extraídos de la mina «Cabeza de Vaca» el ingeniero y el jefe minero de la explotación, ambos en perfecto estado de salud. Han manifestado que los cinco obreros que con ellos estaban quedaron ilesos, pero, no obedeciendo las órdenes del ingeniero, les abandonaron pretendiendo salvarse, y murieron asfixiados por los gases.»    

Apenas se recibió el telegrama de este milagroso salvamento, fue transmitido por el presidente al rey, que se había interesado muchísimo por los supervivientes de la catástrofe de Bélmez. El ministro de Fomento recibió un telegrama, conteniendo algunos detalles del salvamento del ingeniero Sr. Santa María y del capataz, Sr. Coello. Ambos supervivientes se encuentran en cama, suficientemente atendidos, y se espera en su pronto restablecimiento. Refieren horrores de su vida bajo tierra, donde se alimentaron con aceite y corteza de los troncos de la entibación. Añaden que cinco compañeros, pretendiendo salvarse, se internaron por una galería, donde las emanaciones de grisú les ocasionó la muerte. Se elogia mucho el comportamiento del jefe de la sección de Minas del Ministerio de Fomento, D. Alfredo Lasala, que ha estado dirigiendo los trabajos de salvamento.   

Mundo gráfico, 17 de marzo de 1915, página 23

La catástrofe de Bélmez. — La mina de Cabeza de Vaca, donde ocurrió el día 9 una explosión de grisú que causó numerosas desgracias. FOT. SÁNCHEZ

El Diario español, 17 de marzo de 1915página 1

La catástrofe de Bélmez  

El ingeniero y el capataz, salvados.    

El gobernador de Córdoba telegrafía lo siguiente: «El alcalde de Bélmez me comunica que anoche, a las siete y diez minutos, fueron extraídos de la mina «Cabeza de Vaca» el ingeniero y el jefe minero de la explotación, ambos en perfecto estado de salud. Han manifestado que los cinco obreros que con ellos estaban quedaron ilesos, pero, no obedeciendo las órdenes del ingeniero, les abandonaron pretendiendo salvarse, y murieron asfixiados por los gases.»    

Apenas se recibió el telegrama de este milagroso salvamento, fue transmitido por el presidente al rey, que se había interesado muchísimo por los supervivientes de la catástrofe de Bélmez. El ministro de Fomento recibió un telegrama, conteniendo algunos detalles del salvamento del ingeniero Sr. Santa María y del capataz, Sr. Coello. Ambos supervivientes se encuentran en cama, suficientemente atendidos, y se espera en su pronto restablecimiento. Refieren horrores de su vida bajo tierra, donde se alimentaron con aceite y corteza de los troncos de la estivación.   Añaden que cinco compañeros, pretendiendo salvarse, se internaron por una galería, donde las emanaciones de grisú les ocasionó la muerte. Se elogia mucho el comportamiento del jefe de la sección de Minas del Ministerio de Fomento, D. Alfredo Lasala, que ha estado dirigiendo los trabajos de salvamento.   

Detalles del salvamento. — Los muertos.    

He aquí el telegrama del ingeniero jefe de Minas, encargado de los trabajos de salvamento:   «Bélmez 16. — Dolorosamente tengo que rectificar mis dos telegramas anteriores. Aunque por las señales de los aislados parecía desprenderse que todos estaban vivos, se conoce que en las palabras «dos» y «todos» hubo una lamentable confusión, pues sólo el ingeniero, Sr. Santa María, y el capataz, Pueyo, han salido con vida. A las siete de la tarde se hizo el rompimiento, apareciendo por el boquete de la galería los dos expresados señores. Según cuentan los mismos, en el momento de la explosión sufrieron desmayos, de los que se rehicieron después. Los mineros, amedrentados, desoyeron los consejos de sus jefes y buscaron salida por la avalancha del pozo de Santa Rosalía, donde encontraron la muerte, por los gases irrespirables que la invadían. Dos de ellos, afectados por los gases, volvieron a buscar socorro al lado de sus jefes, y allí murieron. Los salvados se han alimentado en estos once días y medio con corteza de las maderas de entibación, el aceite de tres lámparas de la mina, que dosificaban cuidadosamente, y el agua, muy mala, de la mina, que filtraban con sus pañuelos y recogían en sus sombreros. Los salvados han quedado en la mina, cuidadosamente atendidos, en camas improvisadas. Aún conservan tantas energías, que espero que mañana puedan salir para sus casas. Los cadáveres de los infortunados obreros que suponíamos con vida serán extraídos mañana de la mina.»   

España nueva, 19 de marzo de 1915, página 3

BUSCANDO MÁS CADÁVERES    

La catástrofe de Bélmez    

Siguen los trabajos de desescombro. — Socorros a las familias de las víctimas. — El trabajo en las minas. — Poco salario y mermado.    

CÓRDOBA 19 Continúan los trabajos de desescombro para encontrar los restos de los cuatro mineros que falta por extraer. En Bélmez se han constituido Comisiones de socorro para aliviar la situación de las familias de las víctimas. Hay agitación entre los obreros por el convencimiento de que las malas condiciones en que se trabaja en las minas son causa de los frecuentes accidentes que ocurren. De la mina «Antolín» dicen que es una de las más quebrantadas, pues lleva soportados treinta años de explotación, lo cual hace que la tierra se encuentre allí muy resentida. Es enorme la riqueza minera que aquí hay atesorada, y esto mismo debiera ser tenido en cuenta por la Empresa, para que el trabajo se efectuara en las debidas condiciones de seguridad para los obreros.    

Aparte de eso, el salario que se da a los obreros no compensa el riesgo del trabajo, y, por si fuera poco, se les merma el jornal, descontándoles una cantidad para botiquín, y aun subsisten en algunas minas las antiguas cantinas, aunque disfrazadas. Urge que el actual estado de cosas cambie; de otro modo, al primer accidente que ocurra, que no ha de tardar mucho, seguirá la protesta de los obreros, que ya empiezan a lamentarse. — C.    

Elogios al ingeniero    

Enterado por su secretario particular, que se encuentra ya en Madrid de regreso de Bélmez, de cuantos detalles se refieren a la catástrofe de la mina «Cabeza de Vaca», el Sr. Sánchez Guerra dedicaba hoy ante los periodistas grandes elogios a la entereza de ánimo demostrada por el ingeniero sepultado. Éste, con serenidad admirable, así que ocurrió la catástrofe se trasladó, junto con el capataz y los obreros, a otra galería de la mina donde la atmósfera estaba menos viciada. Está demostrado, así lo afirmó Sánchez, que el capataz debe su vida a esa entereza de ánimo del ingeniero. A este propósito decía el ministro que el ingeniero, al presentarse ante sus jefes, dijo, sin conceder importancia a lo que le había ocurrido:    

— ¡Perdonen ustedes que me presente sin afeitarme y con la ropa destrozada!    

Análogos elogios dedicó Sánchez a la madre del joven ingeniero, la cual en ningún momento perdió la esperanza de que su hijo se salvaría. 

La Mañana, 21 de marzo de 1915, página 3

La mina de Cabeza Vaca, en la que ocurrió la catástrofe. La cruz indica el pozo que quedó cegado por los derrumbamientos. En primer término se ve la otra salida, por la que, según los relatos del ingeniero y el capataz, trataron inútilmente de salvarse los cinco operarios que sobrevivieron en los primeros momentos.

La mina Santa Isabel (pozo número 22), que dista medio kilómetro de la de Cabeza de Vaca, donde ha ocurrido la catástrofe que ya conocen nuestros lectores. Como nota que se relaciona indirectamente con esta desgracia, apuntaremos que en el año 1898 se produjo en la Santa Isabel una explosión de grisú y perecieron 134 obreros. Desde entonces está clausurada.

Marte, 25 de marzo de 1915, página 3

En Gobernación se recibió la noticia de que la madre de un obrero muerto en la catástrofe de la mina de Cabeza de Vaca, llamada Rafaela Seco Pizarro, se suicidó. Según parece, la indicada señora, á consecuencia de la terrible noticia dé la muerte de su hijo, quedó en un estado de tal excitación nerviosa que le ha inducido á atentar contra su vida.

La Patria, 27 de marzo de 1915, página 3

ÚLTIMA HORA    

Los cadáveres de la mina «Cabeza de Vaca».    

CÓRDOBA 27 (5 t.) — El alcalde de Bélmez comunica que han sido extraídos de la mina «Cabeza de Vaca» los cadáveres de los obreros Antonio Gómez y Agustín Ruiz, últimos que quedaban.   

España nueva, 12 de abril de 1915, página 1

La catástrofe de Cabeza de Vaca

Los muertos y los supervivientes. — La solemnidad de una ceremonia no impedirá exigir responsabilidades. — Poder e impunidad de la Sociedad Minera y Metalúrgica de Peñarroya.    

A propósito de la catástrofe de «Cabeza de Vaca» hemos guardado un discreto silencio hasta que los últimos cadáveres recibieron sepultura y la solemnidad oficial celebrada ayer en la Escuela de Ingenieros de Minas puso final al trágico accidente que ha costado tantas vidas.    

La imposición de la cruz de Carlos III al ingeniero Sr. Santamaría, y la de Isabel la Católica al capataz Pueyo, no puede ser la llave que cierre la entrada a una nueva fase de la catástrofe, que es la de las responsabilidades.    

Vítores y aclamaciones; sonoros párrafos de prosa oficial; salud a los supervivientes y gloria a los muertos. Solemnidad deslumbradora, detrás de la cual queda oculta la verdadera causa de la catástrofe que conmovió la región minera de la sierra de Córdoba. Acto aparatoso, que cubrirá la tremenda y criminal responsabilidad de una Empresa egoísta que ha sacrificado tantas vidas por el afán de un desmedido lucro.    

La Sociedad Minera Metalúrgica de Peñarroya que explota el grupo minero de Bélmez, Pueblo Nuevo del Terrible, Peñarroya y Espiel; el grupo de Extremadura, Viñas Perdidas, Santa Bárbara y La Unión; el grupo de la Mancha, a que pertenecen San Quintín, Puertollano, San Froilán, San Raimundo, Valdeinfierno, La Pizarra y Horcajo, el distrito de Pedroches de Córdoba, mina Claudio, la Minera de Villanueva del Duque, la de Villagutiérrez, la Industrial minera de Linares, la de Cerro Verde, El Correo, El Soldado de Alcaracejos y otras, es la Empresa más privilegiada de cuantas en España han tendido sus tentáculos. Ir contra la Sociedad Minera Metalúrgica de Peñarroya para obligarla a respetar al obrero, pedir que los trabajos estén en condiciones de seguridad para la explotación, reclamar las indemnizaciones del trabajo por la ley de accidentes, es condenarse a los resultados de un proceso, a salir desterrado de la región donde operan sus agentes y a ser agredido por un desalmado, siempre irresponsable por la poderosa fuerza que la Sociedad tiene en cuanto representa autoridad en la provincia.   

Causas de la catástrofe. — El material inservible de una mina va a “Cabeza de Vaca”. — Economías criminales de la Empresa. — Sin personal técnico.    

«Cabeza de Vaca» pertenece al grupo de Bélmez. En el año 1909 se perforó un pozo de 280 metros, instalándose en él el material viejo e inservible de la mina «La Montera», de Pueblo Nuevo del Terrible. La explotación de carbones en la mina «La Montera» quedó en suspenso al empezar a funcionar el pozo titulado el «Antolín».    

Refiriéndonos a las causas de la explosión del gas grisú en esta mina de «Cabeza de Vaca», como en las anteriores ocurridas en Bélmez, y la de «Santa Elisa» en 1908, se deben a las economías que hace la Sociedad para la extracción de carbones. La falta de maderas para las entibaciones, los rellenos deficientes y una ventilación escasa, son los motivos originarios de esta catástrofe.    

La falta de personal técnico en todas las explotaciones mineras de la Sociedad Peñarroya es la causa de los frecuentes accidentes. Esta Empresa carece de ingenieros españoles, y los que están al frente de los trabajos con este nombre son capataces extranjeros, que al llegar a nuestra patria compran un traje en la frontera y se titulan pomposamente ingenieros.    

Hágase una revisión del personal facultativo de la citada Empresa y se verá que cuanto decimos es rigurosamente cierto. A causa de la guerra ha habido que utilizar nuestros ingenieros, entre los que se contaba el Sr. Santamaría, porque los capataces o ingenieros «ful» marcharon a incorporarse a los ejércitos de sus naciones.    

Los obreros temían la explosión. — Cómo la anunciaron a los jefes. — Mineros atufados. — Efectos del grisú en las lámparas. — ¿Cómo se produjo el gas? — Represalias de las familias de las víctimas.    

Los trabajadores de la mina «Cabeza de Vaca», desde unos días anteriores a la explosión, venían quejándose a sus jefes de la gran cantidad de grisú que había en las galerías y del peligro que corrían. Como las reclamaciones de los obreros se reciben por los jefes de la Sociedad en el mismo tono de desplante y con la contestación de que «el que no quiera trabajar se quede en su casa», el que no se dispone a morir de hambre o dejar sin pan a sus hijos baja a la mina como bajaría a los infiernos, seguro de no volver a ver la luz.    

Los mineros se quejaban a sus jefes de la gran cantidad de grisú, porque al salir a la superficie, después de las horas de trabajo en los pozos, sufrían los efectos del gas, que ellos titulan «estar atufados». Al mismo tiempo, observaban la llama de las lámparas de seguridad, y notaban una vibración y movilidad distinta a cuando la atmósfera es normal o poco cargada de gases nocivos. 

Con todos estos anuncios nada se hizo para evitar la acumulación del gas. ¡En virtud de qué causas el grisú permaneció en las galerías hasta ocurrir la explosión! ¡Se produce rápida y espontáneamente este gas! Los técnicos lo pondrán en claro. ¿Qué medios o aparatos tiene la Sociedad Minera de Peñarroya para comprobar la existencia del grisú, y cuáles para desalojarlo?  

Si han de permanecer ignoradas las causas de la catástrofe y a la Sociedad de Peñarroya no se le va a exigir la responsabilidad civil y criminal, no sorprenda a las gentes llamadas de orden que un día, no muy lejano, se den la mano las viudas y huérfanos de tanta víctima, y violentamente juzguen a los causantes de tantas lágrimas y dolor como ocasiona el egoísmo brutal de un grupo de hombres sin corazón colocados a la cabeza de la Empresa.   

Los heridos no pueden ser curados por carecer de medios. — La Sociedad no tiene hospital. — Traslados a Pueblo Nuevo del Terrible. — Los heridos graves mueren en el camino    

Para aumentar el dolor, y que a la vejación y el escarnio vaya unido el abandono cruel e inhumano, sepan nuestros lectores, y sépalo todo el ejército industrial que lucha en las fábricas o en las explotaciones mineras, rompiéndose el cuerpo y embruteciendo con el exceso de trabajo la inteligencia, que esa llamada Sociedad de Peñarroya no disponía de una sola cama en la zona minera de Bélmez donde poder recoger y curar a sus heridos. Los heridos graves en «Cabeza de Vaca» fueron conducidos al hospital de Pueblo Nuevo del Terrible, que dista 12 kilómetros.  

Algunos murieron durante la conducción por no disponer de medios adecuados para el traslado. ¡Material sanitario y de urgencia! Ese lujo no lo conocen los obreros que están al servicio de la Minera Metalúrgica de Peñarroya.    

La Sociedad de Peñarroya confiesa en una Memoria que el material de “Cabeza de Vaca” es de desecho. — Dividendos. — El 22 por 100.    

El material de desecho de «La Montera» es el que ha servido para la instalación de la mina «Cabeza de Vaca», noticia que tomamos de una Memoria publicada por la Sociedad de Peñarroya al dar cuenta en junta general de accionistas, en París, el 29 de julio, con motivo de la gestión del Consejo. Del mismo documento tomamos este párrafo, que demuestra los pingües rendimientos de la Sociedad:    

«El dividendo que se reparte a las acciones es el de 52'80 francos por cada acción nominativa, o sea el VEINTIDOS POR CIENTO.»    

El rey en la ceremonia. — Párrafos alentadores. — Realidad desconsoladora.    

El texto del discurso que leyó D. Alfonso es un documento más, perdido en el vacío apenas terminadas las mismas palabras.    

«El resurgimiento de España..., la actividad de nuestras clases..., la competencia de nuestros ingenieros..., desenvolvimiento de las riquezas naturales de la patria...»    

A nada de cuanto se relaciona con aquella zona minera podía referirse el monarca. En los pueblos donde la Sociedad Minera de Peñarroya abre una calicata, funda su soberanía, sin reconocer más poder que su omnímoda voluntad ni más leyes que su capricho. Para ello paga una jauría de leguleyos encargados de burlar la ley y torcer el Derecho. Las clases españolas no existen en aquella cuenca; allí no hay más que esclavos, encargados de arrancar el mineral y obedecer ciegamente al extranjero, que es el que domina.    

¡Nuestros ingenieros! ¡Pobre juventud! Las Empresas extranjeras, que son en su totalidad las que explotan nuestro subsuelo, no llaman a sus trabajos al ingeniero español; se sirven del capataz extranjero, y hasta mortifican la competencia de los que adquirieron un título en nuestras Escuelas. En tanto que las grandes Empresas cierran las puertas a los ingenieros españoles, abren sus cajas al político influyente, nombrándole abogado, consejero, agente, para poder burlar la tributación las responsabilidades y disponer a su antojo de todas las autoridades de la provincia donde ejerce la industria.    

Honrada y patriótica sería la labor de los ingenieros españoles si reclamasen para sí la dirección técnica de los establecimientos industriales que actualmente están en gentes extranjeras e incompetentes, causantes de las catástrofes que lloramos, para no poner remedio. Empiecen por desalojar a los políticos, que nada hacen en las poderosas Empresas que representan, y pongan mano en el futuro de la clase y en las esperanzas de ver las industrias movidas por el capital español, si hemos de gozar independencia en el propio solar.    

Señor fiscal de S. M. de la Audiencia de Córdoba. — Unas vidas egoístamente sacrificadas, ¿merecen reparación?    

Por ahora, requerimos la apertura de un sumario que averigüe las causas originarias de la catástrofe de «Cabeza de Vaca»; que se depuren las responsabilidades que se exijan, para que sepan los poderosos que dirigen las grandes explotaciones donde se reparten dividendos de un «22 por 100» que la vida del obrero es algo sagrado que no se puede sacrificar por ahorrar unas pesetas. El señor fiscal de S. M. de la Audiencia de Córdoba no se hará el sordo a este requerimiento, y esperamos que en esta ocasión no suceda lo mismo que en la explosión de la mina «Santa Elisa», iremos aportando material para que cada palo aguante su vela.   Hemos llorado la desgracia y celebrado la ceremonia de la imposición de las cruces; ahora sólo falta conocer al autor o autores de los crímenes cometidos en los mineros que trabajaban en la mina «Cabeza de Vaca», para exigir las debidas responsabilidades.   

Mundo gráfico, 14 de abril de 1915

Solemne sesión efectuada en la Escuela de Minas, bajo la presidencia de S. M. el Rey, para imponer al ingeniero D. Manuel Sáenz Santamaría y al ayudante facultativo D. Manuel Fuello las condecoraciones que le han sido concedidas por el Soberano en premio á su comportamiento con motivo de la catástrofe ocurrida en la mina de Cabeza de Vaca el día 4 del pasado

Ingeniería, 20 de abril de 1915, n.º 36

A continuación leyó el Sr. Adaro, Presidente del Consejo de Minería, el relato de la catástrofe de la mina «Cabeza de Vaca», que reproducimos;

Señor; Como Presidente del Consejo de Minería y Jefe del Cuerpo de Ingenieros de Minas, he tomado á mi cargo la honrosísima tarea de exponer ante Vuestra Majestad la reseña de la horrorosa catástrofe acaecida en las minas de «Cabeza de Vaca», la explicación de los trabajos de salvamento ejecutados y el elogio de los salvados y de sus salvadores, agregando algunas consideraciones. Pero como de este terrible accidente resultaron diez y siete infelices obreros muertos y once heridos, séame permitido, antes de pasar adelante que, invocando el noble ejemplo y la generosa iniciativa de Vuestra Majestad, tribute el respetuoso homenaje de nuestro dolor á esas pobres víctimas del trabajo minero, cuyos nombres siento no recordar en este momento.

Mi tarea es fácil, porque todas cuantas informaciones han llegado á nuestras manos, sobre todo las de aquellas personas que por razón de su cargo oficial acudieron desde el primer momento y han sido testigos presenciales de gran parte de los acontecimientos, están perfectamente contestes.

Yo, principalmente, me he inspirado en la del Inspector general Sr. Perea, quien, acompañado del Ingeniero Sr. Oriol, se personó en el lugar del suceso por encargo urgente del Consejo de Minería.

D. Manuel Sáenz Santamaría, Ingeniero de Minas. Foto Jarillo.

De unas y otras informaciones he tomado los puntos más esenciales y los pormenores más salientes para redactar la mia en los términos que, con la venia de Vuestra Majestad, voy á leer;

Reseña de la catástrofe acaecida en la mina de «Cabeza de Vaca» con motivo de una explosión de grisú; trabajos de salvamento efectuados, y algunas consideraciones.

El día 4 de Marzo de 1915, á eso de las diez de la mañana, se hallaban en la balanza número 2 de la mina de «Cabeza de Vaca» el Ingeniero Sr. Santamaría y el Capataz Sr. Fuello, acompañados de cinco obreros y disponiendo trabajos importantes, cuando al calarse una chimenea que debía comunicar el piso 31 con el 25, surgió una masa de grisú, sin duda acumulada en la campana de la labor ascendente, apagándose las lámparas de los obreros que allí trabajaban.

Avisado el vigilante, éste se lo comunicó al Ingeniero, quien le encargó acudiera precipitadamente para que se tuviese mucho cuidado con las lámparas, advirtiéndole que él se proponía ir en seguida. Este vigilante llevaba lámpara de seguridad de bencina y tuvo cuidado de apagarla antes de llegar al calamiento, haciéndose alumbrar por un obrero que disponía de una lámpara eléctrica.

No se sabe bien lo que sucedió después, porque es objeto del sumario; lo cierto es que á los pocos momentos sobrevino una explosión que, desde luego, ocasionó la muerte á cuatro obreros, y heridas á catorce. En cuanto se pudo atender á éstos y sacar de la mina á aquéllos, se reconocieron las labores y se comprobó en la galería un hundimiento que había dejado aisladas, al otro lado, a las siete personas que formaban el grupo capitaneado por el Ingeniero.

La sacudida sorprendió á este grupo y todos cayeron en tierra. El Sr. Santamaría se proponía, en aquel instante bajar por una escalera de mano; y de haber sobrevenido la explosión algunos segundos después, hubiera caído precipitado desde una altura de 60 metros.

En seguida comenzaron los trabajos de salvamento dirigidos por los Ingenieros de la mina, organizándose con cuatro relevos de á seis horas, formados de cuarenta obreros escogidos cada uno. Afortunadamente la corriente ventiladora pasaba á través de los escombros producidos por el hundimiento; sin esta circunstancia, hubiera sido imposible avanzar con tanto empuje la bien dispuesta labor de conquista.

Esa labor estuvo constantemente vigilada por el Ingeniero al servicio de la Policía Minera, por el Celador á sus órdenes y, menos directamente, por el Ingeniero Jefe del Distrito, encontrándose constantemente en ella, para dirigir los trabajos, un Ingeniero de minas. Alternaron en esta delicada faena los Ingenieros D. Juan Sánchez Arboledas, D. Joaquín Carbonell (alumno de la Escuela de Minas que se hallaba de prácticas en «Cabeza de Vaca») y D. Carlos Lutrand, geómetra de las hulleras de Peñarroya.

A espaldas de los siete hombres que habían quedado incomunicados por el hundimiento, existía una serie escalonada de pozos y balanzas que llegaba hasta el exterior, á través de una zona incendiada.

Refiriéndose á esta zona el Inspector general, Sr. Perea, informa que: en todo ese recorrido podía considerarse el tramo comprendido entro el piso 25 y el 19 en estado accesible; en la cámara del 19 no se podía permanecer por la gran cantidad de tufo; entre el 19 y el 16 era completamente imposible el paso; del 16 al 11, mejor ventilado, se sentía un calor extremado, en la galería del piso 11 había una gran cantidad de agua y se suponía fuertes hundimientos, y en el resto de las labores hasta la superficie, no sólo la atmósfera era irrespirable, sino que la fortificación estaba quebrantada.

A pesar de conocerse todas estas circunstancias, que anunciaban una imposibilidad casi absoluta de realizar otro salvamento por este camino, se decidió intentarlo, á fin de que no quedase por ensayar medio alguno de los que, aun remotamente, permitieran esperar un acceso hacia los infelices sepultados.

Se instalaron rápidamente con dicho objeto ventiladores y cabrestantes, y se intentó la bajada con un equipo provisto de aparatos respiratorios; pero todo fue inútil, hubo que desistir por la gran cantidad de ácido carbónico y por los enormes hundimientos con que se tropezó.

D. Manuel Fuello, Ayudante Facultativo de Minas. Foto Jarillo.

Entre tanto se avanzaba porfiadamente en la labor de conquista, siendo preciso, en ocasiones, regarla con ácido fénico por el nauseabundo olor que exhalaban los cadáveres descompuestos encontrados entre los escombros.

Así se siguió trabajando con el mayor ahínco en esta labor difícil, peligrosísima, admirablemente conducida, hasta que después de encontrar en los días 13 y 14 una vagoneta, un cadáver carbonizado y una lámpara rota, pero precintada, llegó la mañana del día 15 en que se oyeron los primeros ruidos acompasados al otro lado del hundimiento.

Los salvadores, que ya iban sintiendo la intensa angustia de sospechar que á pesar de sus afanes arriesgadísimos iban á llegar tarde para extraer vivos á sus infortunados compañeros, suspendieron la faena y hasta la respiración, y cuando comprobaron que aquellos ruidos eran golpes dados intencionadamente se les ensanchó el corazón y renovaron el avance con indecible coraje.

Entre tanto, ¿qué había sucedido al otro lado del hundimiento?

Cuando pudieron incorporarse el Ingeniero Santamaría, el Capataz Fuello y los cinco obreros que habían caído en tierra por la sacudida de la explosión, y comprendieron la transcendencia del accidente, bajaron por la balanza número 2, encontrándose con que era tan densa la nube de polvo que los hundimientos habían levantado, que no permitía ver ni respirar, y como la atmósfera de la galería se iba también cargando de los gases mefíticos producidos por la explosión, todos, uno tras otro, perdieron el conocimiento y, en tal estado, pasaron el día entero.

Repuesto Santamaría, y así que se dio cuenta exacta de la situación y de que, aunque existía una salida al exterior por los contrapozos escalonados de «Santa Rosalía» (la misma que sin éxito habían intentado aprovechar los salvadores), esa salida era impracticable por las emanaciones de la zona incendiada, pensó, con increíble serenidad y superior energía, en organizar la resistencia en espera de que, como él confiaba, vinieran de fuera á salvarles por el único procedimiento racional que vislumbraba: levantando poco á poco la galería hundida.

Así se lo manifestó reiteradas veces y con toda clase de argumentos á sus obreros aconsejándoles que se resignasen á esperar, y aun consiguió, por el momento, dominar el terror de que aquéllos estaban poseídos; pero como la esperanza que les daba resultaba demasiado remota para su impaciencia, y el instinto de conservación les empujaba hacia aquella salida que tenían grabada en su imaginación, acabaron por rebelarse y por alejarse los cinco hacia la balanza del pozo «Rosalía». Tres de ellos no volvieron más.

Solos ya el Ingeniero y el Capataz se dedicaron cada uno por su lado, y á obscuras, á tantear y reconocer el terreno; pero el Capataz cayó á un pocillo de cuatro metros de profundidad y perdió el conocimiento. Al recobrarle, se encontró con la gratísima sorpresa de una lámpara eléctrica que alguien había dejado allí abandonada, y cuando á costa de inauditos esfuerzos pudo salir del pocillo y fue á buscar al Ingeniero, halló á éste tendido en tierra y desvanecido.

Fue tan grande entonces su desaliento, que comenzó á gritar y á silbar desaforadamente, y como nadie contestara, él mismo confiesa que hasta le acometió la idea de quitarse la vida. Por fortuna, los fuertes silbidos bastaron para impresionar y reanimar á su compañero. Vuelto éste en sí, ya ambos cobraron nuevos alientos y se decidieron á esperar con resignación, auxiliándose mutuamente y ahorrando energías y medios de subsistencia.

Tres de los obreros que se habían alejado con ánimo de buscar la salida de « Santa Rosalía », perecieron asfixiados. Los otros dos regresaron al punto de partida, pero tan extenuados é intoxicados, que fallecieron: uno, á poco de llegar; el otro, al día siguiente; siendo inútiles los esfuerzos que el Ingeniero y el Capataz hicieron para practicarle la respiración artificial y reanimarlo con los escasísimos recursos que pudieron improvisar.

Ha referido el Capataz Fuello que, no abrigando las mismas esperanzas que su compañero, y acordándose de sus siete hijos, se sintió desfallecer, siendo confortado con admirable entereza de espíritu por el Ingeniero, que llegó á contarle historietas y á recordarle sucesos interesantes para distraerle é infundirle alientos. Acción sublime, que basta para darnos idea de los sentimientos humanitarios del joven Santamaría y de la grandeza de su alma. Es verdad que ni por un momento olvidó que allí era él, como Ingeniero, el más obligado á dar ejemplo; porque había aprendido á fondo, en esta Escuela, que el cumplimiento del deber ha de ser para los Ingenieros de Minas una verdadera religión profesional.

Cuando se les apagó la lámpara eléctrica y quedaron completamente á obscuras, calculaban el tiempo transcurrido por las variaciones de la ventilación y de la temperatura, y así llevaron la cuenta casi exacta de los doce días y once noches que permanecieron sepultados.

Para calmar el hambre intentaron comer cortezas de la madera de entibación, rajitas de cuero cortadas de los sombreros de minero, y hasta los botones del chaleco; pero aunque masticaron esas substancias no las pudieron deglutir, y hubieron de conformarse con disponer parcamente del aceite contenido en los depósitos de tres lámparas de mina que encontraron en sus diferentes exploraciones. Como cada lámpara contenía próximamente doscientos gramos, vinieron á consumir una ración de veinte gramos por día y persona, alimento que repartían mojando en los depósitos un dedo y llevándoselo á los labios unas pocas veces al día.

S, M. el Rey conversando con el Ingeniero Sr. Santamaría y el Ayudante Sr. Fuello durante el lunch que siguió al acto.

El agua la tomaban de un charco existente en el suelo de la galería, recogiéndola con el sombrero y filtrándola á través del pañuelo para poder beberla. Su repugnancia, al principio, fue tan grande, que a veces devolvían lo que bebían; pero pudo más la horrible sed y acabaron por tragarla con avidez, aun cuando comprobaron que uno de los cadáveres se descomponía sobre el mismo charco.

Hasta el sábado, día 13, no se dieron cuenta de los trabajos que se efectuaban para su liberación.

Fue entonces cuando percibieron el ruido producido por las herramientas de los obreros afanados en el trabajo de avance á través de los escombros; pero eran tantos los ruidos que ocasionaban los desprendimientos de piedras y rellenos en la mina, que llegaron á dudar, y aun perdieron toda esperanza de salvación cuando una noche un espantoso hundimiento lejano les hizo creer que de haber existido salvadores, éstos acababan de perecer aplastados. 

El Ingeniero Sr. Santamaría y el Ayudante Sr. Fuello en la Escuela de Minas rodeados de las Comisiones que vinieron á presenciar el acto.

Reanimáronse al día siguiente, porque habiendo dado golpes en el tubo de ventilación fueron contestados desde fuera, y no tardaron mucho en comunicarse con los que venían avanzando, cambiando con ellos algunas palabras, las cuales, por haber sido mal oídas ó interpretadas, dieron lugar á escenas horribles entre las mujeres é hijos de los cinco obreros que habían perecido.

Ya en la mañana del día 15 pudieron hablar claramente salvados y salvadores desenchufando la tubería y voceando por ella. Al Capataz apenas se le oía; pero el Ingeniero daba gritos recomendando precauciones en la colocación de las tablestacas de avance, a fin de que no ocurriera algún accidente á los trabajadores.

Por fin, abierto el hueco, penetraron por él los dos obreros que trabajaban en el frente, y encontraron tal pestilencia que tuvieron que retroceder. Por fortuna suya, los dos enterrados habían perdido el sentido del olfato.

Salieron primero el Capataz, y después el Ingeniero, mediante la ayuda de los Ingenieros Bourbon, Carbonell y Lutrand, y lo primero que pidieron fue agua. Algo repuesto Santamaría, expresó su gratitud á los salvadores por el admirable trabajo ejecutado al conquistar palmo á palmo, y con evidente riesgo de su vida, cerca de setenta metros de galería hundida; y todos se lamentaron amargamente de que tan afanosos trabajos no hubieran logrado por completo el fin que perseguían: salvar á todos los sepultados.

Por prescripción médica se les retuvo en la enfermería subterránea veinticuatro horas, para que no sufrieran súbitamente la impresión de la luz y del aire puro. Allí recibieron la visita de sus buenos amigos y parientes; allí pudo Santamaría abrazar á su madre, la cual, ardiente devota de la Virgen del Pilar, ni por un momento había perdido la esperanza de volver a ver sano y salvo á su querido hijo.

Ya el martes día 16 pudieron salir al exterior y trasladarse á sus casas. Y cuéntase que Fuello iba loco de alegría rodeado de sus siete hijos.

Es realmente providencial que después de doce días de horrible prisión, abatido el espíritu, extenuados de debilidad, bebiendo agua infecta y respirando aire pestilente, se hayan librado esos dos hombres de una grave enfermedad y se hayan repuesto tan rápidamente.

El Inspector general Sr. Perea dedica alabanzas al Ingeniero D. Alfredo Lasala, Delegado del Excelentísimo Sr. Ministro.de Fomento, que acudió desde los primeros momentos al lugar del accidente, y á los Ingenieros D. Juan de la Escosura, D. Rafael Oriol y D. Fernando Benito que extremaron su celo durante los trabajos, no obstante las difíciles circunstancias en que éstos fueron ejecutados. Pero con él hemos de reconocer todos que los verdaderamente acreedores á nuestros plácemes, á nuestra admiración y á nuestro respeto, fueron estos abnegados, intrépidos, infatigables obreros que formaban las cuadrillas de salvamento, y los inteligentes Ingenieros Arboledas, Carbonell y Lutrand que las capitaneaban. Ellos, al arriesgar sus vidas denodadamente por salvar las de sus semejantes, y Santamaría derrochando serenidad y temple de alma por levantar el ánimo abatido, precursor de la muerte, del buen Capataz Fuello, han realzado con timbres de gloria la profesión á que pertenecen y serán de hoy más el orgullo de los que nos honramos llamándonos sus compañeros.

Las enseñanzas que se desprenden de estos tristes acontecimientos, singularmente del tremendo contraste que forman, de un lado, el feliz salvamento del Ingeniero Santamaría y del Capataz Fuello, y de otro, la desastrosa muerte de los cinco desdichados obreros que les acompañaban en el subterráneo, deben ser aprovechadas y consignadas en letras indelebles, no sólo en la Cátedra de Laboreo de Minas de esta Escuela, sino en todas las Escuelas profesionales de los Distritos, para que sirvan de norma á los Ingenieros, Capataces y obreros de todas las minas.

Es la eterna lucha de la inteligencia humana con los elementos y fuerzas naturales que actúan en la ciega é incesante rotación universal. Los mineros han de sufrir súbitas, traidoras, horrendas tempestades subterráneas, que ni siquiera tendrán la grandeza de las tempestades atmosféricas; y en caso de que ellas venzan y sobrevenga una catástrofe, el hombre sereno, el hombre inteligente y disciplinado que sea capaz de apreciar la intensidad del riesgo, percibir la posibilidad de nuevos peligros, afirmar la probabilidad del salvamento, medir la resistencia de sus fuerzas; darse cuenta de los medios de subsistencia y defensa disponibles y aprovechar cualquier coyuntura favorable; ese podrá salvarse, sida mina cuenta con los elementos de salvamento indispensables y con salvadores de tanta entereza como estos que lucharon con los gases, los hundimientos y la muerte en «Cabeza de Vaca»; pero el hombre ignorante, el obcecado y desobediente, que proceda irreflexivamente á impulsos de su instinto animal y de su atolondramiento, ese perecerá irremisiblemente.

Y es que la disciplina debe tenerse por indispensable en todos los órdenes y ocasiones de la vida social; porque es origen de cultura, de educación, de orden, de seguridad, de armonía y, al fin, de verdadera libertad.

La experiencia de «Cabeza de Vaca» y la adquirida durante muchos años en tantas otras minas de España, singularmente en las grandes explotaciones hulleras, permiten afirmar rotundamente algo que no acaban de comprender bien los obreros; y es que, cualesquiera que sean las precauciones, las instalaciones y los medios de salvamento de que una Empresa minera disponga, no bastarán á garantizar la seguridad de las personas y de las labores, y menos en caso de siniestro, si todo el personal no obedece á la más estricta disciplina, fundada sobre el principio de una responsabilidad profesional que, en la debida escala, alcance desde el Director general hasta el ultimo peón de la mina.

Los Sres. Santamaría y Fuello, rodeados de los Ingenieros y trabajadores que contribuyeron á su salvamento. Foto Biedma.

Por eso el Ingeniero Santamaría, ah vestir hoy, con singular acierto, el honroso uniforme de soldado, se nos presenta no sólo como un ejemplo admirable, sino como un verdadero símbolo.

Acto seguido el joven Ingeniero D. Manuel Sáenz Santamaría y Alonso apareció en el estrado, acompañado del Duque de Vistahermosa, y el Ayudante facultativo D. Manuel Fuello, al lado del Secretario de la Escuela de Minas Sr. Herreros de Tejada. Fueron saludados con una inmensa ovación.

Don Alfonso XIII se levantó de su sitial, é impuso las condecoraciones entre grandes aplausos.

Terminada la imposición, el Sr. Igual, Presidente del Instituto de Ingenieros Civiles, leyó su discurso, concebido en los términos siguientes:

La Construcción moderna. 30 de abril de 1915, n.º 8

Su majestad el Rey (q. D. g.), se ha dignado imponerle, por su propia y real mano, en solemne acto celebrado en la Escuela de Ingenieros de Minas, la encomienda de Isabel la Católica, que en recompensa le ha concedido. Mas nuestro augusto soberano, que en todo lugar y ocasión muestra su cariño al Ejército, ha querido también distinguir al ingeniero Santamaría, atendiendo a su condición de soldado, y a este fin le concede la cruz que acabo de imponerle: feliz determinación, porque esa cruz, en estas circunstancias, asocia el honroso uniforme del Cuerpo de los Ingenieros del Ejército a la admiración que uno de sus soldados ha merecido de todos, por su extraordinario proceder en el ejercicio de su profesión civil en la esfera de la ingeniería.    

Lo que el soldado e ingeniero D. Manuel Sáenz Santamaría y Alonso ha hecho en Bélmez, sirviendo a la industria nacional, es prenda segura de lo que mañana podrá hacer por su Patria en las filas de este regimiento. Por eso os lo presento como un ejemplo de carácter, inteligencia y serenidad. - Vuestro coronel, Aubarede.»   En el instante de terminar la lectura, se tocó fajina y se retiraron las fuerzas.    

La música del regimiento, que dirige el maestro Marquina, quedó en el patio, interpretando un variado programa.    

Anoche, a las siete y diez, hizo precisamente un mes que el joven ingeniero Sáenz Santamaría salió de las profundidades de la mina «Cabeza de Vaca».    

Todos, ingenieros civiles y militares, pasaron al cuarto de banderas.    

El general Banús, jefe de la Sección del Ministerio de la Guerra, dio gracias a los presentes por haber honrado el acto con su asistencia.   

ANTECEDENTES

El Gobierno, 10 de septiembre de 1864

En el pleito que pende ante el Consejo de Estado en primera y única instancia, entre partes, de la una D. Marcelino de Luna, como presidente de la Sociedad carbonera de Espiel y Belmez, demandante, representado por el licenciado D. Simon Santos Lerin, y de la otra el fiscal de S. M., a nombre de la administracion, demandada, sobre subsistencia o revocacion de la real órden de 27 de Febrero de 1861, que aprobó el expediente de la mina Cabeza de Vaca, declarando al propio tiempo que se considerase ejecutoriada la nulidad decretada por el gobernador de Córdoba con relacion al expediente del registro Honorio, se ha confirmado la mencionada real órden de 27 de Febrero de 1861.

Gaceta de los caminos de hierro. 17 de febrero de 1867

Los números 3, 4, 5 y 6 proceden de las capas números 1, 2, 3 y 4, de la mina Cabeza de Vaca, y tienen todos los mismos caracteres. Sin embargo, las muestras números 5 y 6 de las capas 3 y 4 arden más rápidamente que las dos primeras, se aglomeran más con el calor y dan un coke más fuerte.

La Correspondencia de España. 15 de octubre de 1871, n.º 5.071

El resultado práctico capital que más resalta de estos ensayos es su notable potencia de vaporización, según lo indican las cifras siguientes, que demuestran el número de litros de agua vaporizada por kilógramo de combustible quemado en la parrilla.    

1.° CUENCA HULLERA DE BELMEZ. 

Mina Terrible (término medio de seis ensayos)..... 6 litros 

Mina Cabeza de Vaca (ídem de cuatro íd.)..... 7 » 

Las dos clases anteriores mezcladas de por mitad.. 8 »

2.° CUENCA HULLERA DE VILLANUEVA DEL RIO.    

Mina Reunión (término medio de dos ensayos)..... 6 litros 

OTROS ACCIDENTES 

La Oposición (Madrid). 10 de noviembre de 1881

SECCION DE PROVINCIAS.

Según El Diario de Córdoba, hace dos días se recibió en el Gobierno civil de aquella ciudad, el siguiente telegrama del alcalde de Belmez: 

«Belmez 7 á las seis y diez minutos de la tarde. — A las ocho de la mañana ha ocurrido una explosión en la mina Cabeza de Vaca. Inmediatamente me presenté en el sitio de la ocurrencia, habiéndose extraído quince cadáveres y cinco trabajadores gravísimos. Acabo de retirarme después de terminadas tan lamentables ocurrencias.» 

En su vista el señor gobernador interino dispuso saliera inmediatamente el ingeniero jefe de minas para el sitio de la catástrofe, con objeto de instruir expediente y averiguar las causas origen del siniestro. La mina Cabeza de Vaca pertenece al Excmo. Sr D. Jorge Loring, marqués de Casa-Loring, y la explosión de gas fue terrible. El juez de Belmez se personó en el sitio de la ocurrencia y dispuso la extracción de cadáveres y conducción al cementerio. De los heridos dos son muy graves, dos no ofrecen peligro y uno es de pronóstico reservado. Estos datos Jos adquirimos hasta las tres de la tarde de ayer, después de cuya hora nada se ha vuelto á saber del lugar de la catástrofe.

La Ilustración Española y Americana, 30 de marzo de 1898

La catástrofe de Bélmez (Córdoba) 

La mina Santa Isabel, donde ocurrió la explosión el 17 del actual. E. Lupiáñez







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