El Heraldo de Madrid. 11 de marzo de 1915
DESPRENDIMIENTO DE TIERRAS
PARTE DE UN TREN SEPULTADA
TELEGRAMAS DE NUESTRO SERVICIO
Muchos muertos y gran número de heridos. — La mitad de la compañía de Angolotti perece en la catástrofe. — Trenes de socorro. — Conducción de heridos.
Cadáveres destrozados. — Cuadros horribles.
PONTEVEDRA 10 (11 n.) En el descarrilamiento del tren correo resultó muerto el maquinista y varios viajeros gravemente heridos. El gobernador salió para Frieira con fuerzas de la Guardia civil. Reina gran ansiedad por conocer detalles. Las últimas noticias que envía el jefe de la línea férrea de Orense son que en la catástrofe hay 14 muertos y 18 heridos, varios graves. El furgón de cabeza y dos coches de tercera quedaron destrozados. Con gran trabajo fueron extraídos de entre un montón de astillas los cadáveres de varias víctimas aplastadas y desfiguradas. El cuadro es horrible. Algunos heridos tenían clavadas astillas en su cuerpo, siendo curados en medio del campo. Se cree que habrá más víctimas debajo de los vagones destrozados.
Cadáveres identificados.
PONTEVEDRA 10. Han sido identificados los siguientes cadáveres: Alfredo López Torregrosa y Félix Angolotti, ambos de Madrid; Manuel Méndez Luarca y Saturnina Causens Torres, de Valladolid; Urbano Rodríguez Álvarez, Felipe Rodríguez y José Aguito. Heridos, el maquinista y el fogonero del tren y la pareja de la benemérita. Cuatro coches han quedado indemnes y cinco destrozados.
FÉLIX ANGOLOTTI, DIRECTOR DE LA COMPAÑÍA TEATRAL QUE IBA EN EL TREN CORREO, Y QUE HA PERECIDO EN LA CATÁSTROFE
La compañía de zarzuela del Sr. Angolotti, destruida. — Artistas muertos.
VIGO 10. En el tren descarrilado viajaba la compañía de zarzuela que dirigía el Sr. Angolotti. Este, el tenor Torregrosa, la artista Saturnina Torno y el corista Manuel Méndez han perecido en la catástrofe.
Están heridos los artistas Campos, Carmen Tornos, Ramona Roso, otros dos y el maestro Garro.
Nuevas noticias. — Un celador heroico.
VIGO 10. Las nuevas noticias que llegan de la catástrofe de Frieira dicen que el desprendimiento ocurrió en el momento en que pasaba para Vigo el tren descendente, aplastando dos vagones de tercera clase y tres furgones de mercancías. La línea telegráfica del Estado y la de la Compañía ferroviaria resultaron rotas. También un hilo del teléfono; pero el celador Eugenio Salgado lo empalmó y comunicó la noticia, siguiendo luego transmitiendo, a pesar de que entre los heridos estaba su esposa con ambas piernas fracturadas. El alcalde de Vigo ha mandado preparar camas en el hospital para los heridos que lleguen en el tren enviado esta tarde, y que se espera aquí de regreso a la una de la madrugada. El alcalde y la Cruz Roja subirán a la estación.
Detalles de la catástrofe. — Nombres de algunos heridos.
VIGO 11 (3,10 m.) Se calculan las piedras y tierras desprendidas en 230 metros cúbicos. Descarrilaron la máquina y cinco coches, quedando la locomotora a cuatro metros de altura sobre la vía. Quedaron destrozados el furgón y dos coches de tercera. Resultaron 14 muertos y 18 heridos, de ellos algunos graves. Entre los heridos leves figuran el maquinista, José Taboada, y el fogonero, Enrique Corballas. Entre los heridos graves está el revisor, Jesús Vázquez. En la estación de Frieira quedaron asistidos los viajeros Serafín Riego, Pilar Leal, Dulcinea Alejandro y Josefa Prieto. Otros heridos quedaron en pueblos próximos al lugar del siniestro por ser naturales de allí. Un tren especial salió para Vigo con seis viajeros heridos. Tardará cinco días en despejarse la vía.
Llegan pasajeros de un tren siniestrado.
VIGO 11 (4,10 m.) A las tres de la madrugada regresó el tren de socorro enviado a Frieira, conduciendo a pasajeros del tren siniestrado, entre ellos algunos heridos. Los esperaban las autoridades y una sección de la Cruz Roja con camillas. Entre los muertos identificados por los documentos que tenían consigo figuran Alfredo López Torregrosa, tenor de la compañía Angolotti, y Félix Angolotti, director de la compañía, ambos de Madrid; Marcial Méndez, de Luarca; Saturnino Canseco Torres, de Valladolid, y José Ajeitos, cabo de ingenieros, que venía de Melilla. Entre las astillas quedan otros muertos. También figuran entre los cadáveres una mujer que estaba embarazada y un niño de dos años. La compañía Angolotti Torregrosa iba para Laguardia. El total de heridos no bajará de 25.
Más pormenores. — Trenes llegados a Orense con heridos. — La población, consternada.
ORENSE 11 (12.30 t.) El suceso del descarrilamiento ocurrió a las dos y media de la tarde de ayer, en el kilómetro 46, por gran desprendimiento de tierras de una trinchera, calculándose en 300 metros cúbicos la cantidad de tierras desprendidas. El tren estaba compuesto de 12 unidades. Llegaron anoche a Orense dos trenes con heridos. Entre éstos se encuentran cinco de la compañía Angolotti, que trabajó en el teatro de Variedades, de Orense, quedando muertos cuatro individuos de esta compañía de zarzuela. Desde la estación, en automóviles, fueron trasladados los heridos al hospital y a la Casa de Socorro. En el tren iba un matrimonio que hacía viaje de luna de miel. Han resultado muertos. El gobernador, el alcalde, los médicos y numerosas personas más se distinguieron auxiliando a los heridos. Los periodistas locales llegados al lugar de la catástrofe cuentan horrorosos detalles y publican nombres de muertos y heridos. Los artistas de la compañía Angolotti que resultaron ilesos regresaron a Orense, aterrorizados del espectáculo horrendo, inolvidable, que habían presenciado, y del cual se salvaron por un verdadero milagro. Las personas caritativas de Orense tratan de hacer una suscripción para arbitrar recursos destinados a la curación de los heridos pobres. La población se halla consternada.
TELEGRAMAS OFICIALES
PONTEVEDRA 11 (2,40 m.) Las noticias recibidas en este Gobierno referentes a la catástrofe ferroviaria son las siguientes: Resultaron 14 muertos vistos y 18 heridos graves. Los muertos identificados hasta ahora son Alfredo López Torregrosa, de Madrid; Manuel Méndez, de Luarca; Félix Angolotti, de Madrid; Saturnina Causeus, de Valladolid; Urbano Rodríguez Alvares, de Lendillo; Felipe Rodríguez; José Ageito, de Conil, cabo de Ejército que regresaba de Melilla.
El maquinista y el fogonero, heridos. La pareja de escolta, lesionada.
ORENSE 10 (11,50 n.) Acabo de llegar con un tren de socorro, en el que traje 11 heridos, los cuales han sido conducidos desde la estación al hospital, donde están convenientemente asistidos. Uno de los coches de tercera quedó deshecho completamente, hasta el extremo que sus restos son insignificantes. De dicho coche no se puede conocer el número de muertos. En otros dos coches, también de tercera, y parte de uno de segunda, se han encontrado 17 cadáveres. Se han enviado ocho heridos leves a Vigo. Los coches de primera y tercera que iban a la cola no sufrieron desperfectos.
ARBO 10 (12 n.) Ampliando mi telegrama, tengo el honor de comunicar a V. E. que en este momento me cruzo con tren que viene del sitio de la catástrofe y que conduce siete heridos, los cuales van perfectamente asistidos y con destino a Vigo y Santiago. Los heridos más graves han sido enviados a Orense. En el lugar de la catástrofe sólo quedan 11 cadáveres.
El Imparcial, 11 de marzo de 1915
UN TREN DESCARRILADO
Muertos y heridos
(DE NUESTROS CORRESPONSALES)
Vigo 10 (8,30 noche) Entre las estaciones de Frieira y Filgueira descarriló esta tarde el tren correo descendente a consecuencia de un desprendimiento de tierras y piedras. Resultaron destrozados el furgón y dos coches de tercera que se desengancharon del convoy. Hay viajeros muertos y heridos; pero hasta ahora se ignora el número. Se sabe que están ilesos los empleados del tren y el personal de Correos. De Vigo ha salido, a las cinco de la tarde, un tren de socorros con personal sanitario y trabajadores de los talleres. Reina gran ansiedad por conocer el número de víctimas.
El gobernador al lugar del suceso. — El maquinista, muerto
Pontevedra 10 (6,40 tarde) Al tenerse aquí noticia del descarrilamiento ocurrido entre las estaciones de Frieira y Filgueira, se organizó un tren de socorros, en el que salió para el lugar del suceso el gobernador con fuerzas de la Guardia civil. Se sabe que el maquinista ha resultado muerto y varios viajeros gravemente heridos.
Tren de socorro. — Las familias de los viajeros
Orense 10 (8,40 noche) Llegan aquí noticias de haber descarrilado en la línea de Orense a Vigo, entre las estaciones de Filgueira y Frieira el tren correo descendente. De la estación de Orense han salido un tren de socorro con personal sanitario y otro con personas pertenecientes a las familias de los viajeros. Se dice que cuatro vagones rodaron por la pendiente del Miño, resultando varios viajeros heridos.
El Nacional, 12 de marzo de 1915
Catástrofe ferroviaria
Catorce muertos y diez y ocho heridos.
VIGO, 11. — Al pasar ayer tarde el tren correo de Madrid entre las estaciones de Frieira y Filgueira, se desprendió una enorme mole de piedra de una trinchera y cayó sobre algunos coches. El empleado de la Compañía de Teléfonos D. Eugenio Salgado, que acudió al lugar del suceso, halló rotas las líneas telegráficas y telefónicas; inmediatamente hizo un empalme, y, sirviéndose de un receptor que llevaba, empezó a transmitir noticias. La conducta de este funcionario es elogiadísima, pues entre las víctimas estaba su esposa, que tenía las dos piernas fracturadas, y, más atento al cumplimiento del deber que a su propio dolor, prestó un señaladísimo servicio.
A las cinco de la tarde salió para el lugar de la catástrofe un tren de socorro. En el tren siniestrado viajaba la compañía de zarzuela que dirigía Angolotti, con destino a La Guardia. Resultaron muertos el Sr. Angolotti, el tenor Torregrosa, la señora doña Saturnina Tormo y el corista Manuel Méndez, y heridos, el maestro de música Campos, el barítono Garro, las artistas Carmen Tormo y Ramona Raso y otras dos cuyos nombres no han sido transmitidos. El número total de muertos asciende a 14, y el de heridos, a 18. Entre los muertos, además de los ya dichos, figuran Urbano Rodríguez Álvarez, Felipe Rodríguez y José Ageito Carri. Están heridos el maquinista, el fogonero y la pareja de la Benemérita. Cinco coches del tren han quedado destrozados.
El Nacional, 13 de marzo de 1915
LA CATÁSTROFE FERROVIARIA
Nuevos detalles.
VIGO, 12. — La catástrofe ocurrida entre las estaciones de Frieira y Filgueira adquiere proporciones horribles a medida que se van conociendo detalles del suceso. Se calcula en 300 metros cúbicos la cantidad de tierra y piedras que cayó sobre el tren. Por efecto del choque descarrilaron la locomotora y cinco coches, y alguno de éstos quedó reducido a astillas. Los supervivientes cuentan el cuadro de horror que presenciaron. Muchos heridos fueron curados en medio del campo, donde se improvisó una clínica de urgencia; casi todos tenían astillas clavadas en el cuerpo. El total de heridos no bajará de 25, y aunque hasta ahora sólo hay 14 muertos vistos, se cree que hay más entre los escombros.
Han salido trenes de heridos para Orense, Santiago y Pontevedra. El fraile dominico P. Gerard, que iba en el convoy, prestó auxilio espiritual a los moribundos y consuelo a los heridos.
ORENSE, 11. — Han llegado dos trenes con heridos, entre los que vienen cinco de la compañía Angolotti, que había trabajado aquí en el teatro de Variedades. En automóviles y coches fueron trasladados al Hospital y Casas de Socorro. Se dice que entre los muertos figura un matrimonio que iba en viaje de novios. Los artistas de la compañía Angolotti que han resultado ilesos están enfermos de la impresión, y dicen que no se explican su salvación, pues el coche donde viajaban y perecieron sus compañeros quedó materialmente aplastado. Las personas caritativas de Orense han abierto una suscripción en favor de los heridos pobres. El gobernador y el obispo estuvieron visitando a los heridos.
ABC, 14 de Marzo de 1915
CATÁSTROFE FERROVIARIA EN ORENSE
El 10 de Marzo de 1915 el tren correo procedente de Ourense, circulaba en dirección Vigo, cuando causas desconocidas originaron el desprendimiento de varios peñascos de gran tamaño justo al paso del tren; el maquinista José Taboada según confirmo la compañía era un hombre de probada experiencia, pero no pudo hacer nada por evitar verse arrollado por la avalancha, en la cual quedaron destrozados la maquina, el furgón y dos de los vagones de tercera. Fue precisamente en esos vagones donde viajaban la mayor parte de heridos y fallecidos, en su mayoría pertenecientes a la compañía de zarzuela de Felix Angolotti que se encontraban de gira por Galicia.
El balance definitivo del siniestro fue de 18 fallecidos y mas de veinte heridos, en algunos casos con severas secuelas, (contaba el medico de la compañía ferroviaria que acudió desde Ourense sr. Sas, que al llegar al lugar, el espectáculo era dantesco, a la vista estaban miembros amputados, sin saber si pertenecían a fallecidos o heridos).
Mundo gráfico, 17 de marzo de 1915página 23
Una máquina de auxilio, facilitando los trabajos para retirar los heridos y los muertos del tren destrozado por un desprendimiento de tierras entre las estaciones de Frieira y Filgueira, el día 10 del actual
Coches del tren siniestrado en que viajaban los artistas de la Compañía Angolotti, y otras varias personas, entre las cuales resultaron catorce muertas y veinticinco heridas FOTS. PACHECO
SRTAS. CARMEN y EMILIA TORNOS
Artistas de la Comnañia del Sr. Angolotti, que han resultado gravemente heridas
SRTA. RAMONA RASO y D. F. CAMPOS
Artistas de la Compañía del Sr. Angolotti, que han resultado heridos de gravedad
D. FÉLIX ANGOLOTTl
Director de la Compañía de zarzuela, que resultó muerto en la catástrofe
D. ALFREDO L. TORREGROSA
Tenor de la Compañía del Sr. Angolotti, que ha resultado muerto
NUESTRA plana inserta varias notas fotográficas de la terrible catástrofe ferroviaria ocurrida el día 10 del actual entre las estaciones de Frieira y Filgueira (Orense), en la línea de Vigo a Madrid, y en la que perdieron la vida catorce personas, resultando heridas otras veinticinco, pertenecientes en gran número á la Compañía de zarzuela Angolotti.
El Universo, 19 de marzo de 1915
Noticias oficiales
Restablecida la circulación.
El interventor del Estado en la línea Orense á Vigo comunica que ha quedado restablecido el servicio, mediante una vía provisional, entre Filgueira y Frieira.
El Cronista de Correos. 22 de marzo de 1915, n.º 778
Delicias del ambulante
El Noticiero de Vigo del día 12 del actual nos trae importantes detalles de la catástrofe ferroviaria ocurrida entre las Estaciones de Filgueira y Frieira, de la que dimos breve noticia en nuestro número anterior.
Como seguramente nuestros lectores verán con gusto los grandes elogios que de nuestros compañeros hace la prensa de Vigo, los copiamos a continuación:
Hablando con dos oficiales de correos. Llegada del tren de socorro. Espectáculo pavoroso.
Con objeto de adquirir más detalles del horroroso suceso que tanto emocionó a la opinión pública, nuestros redactores no han descansado ni un solo momento durante todo el día de ayer.
Hemos podido hablar con dos dignos oficiales de Correos, los Sres. D. Jenaro Méndez Núñez y D. Cástor Castiñeira, que salieron en el tren de socorro, y de quienes por involuntaria omisión no hemos dado cuenta en nuestro número de ayer al reseñar la marcha de dicha expedición. Con gran amabilidad nos recibieron dichos señores, prestándose gustosos a dar toda clase de noticias que pudieron facilitarnos. Nos manifestaron que durante el viaje de ida las impresiones que recibían en cada estación eran cada vez más pesimistas conforme se iban acercando al lugar de la catástrofe. Muchas eran las personas que había en las estaciones intermedias doliéndose del terrible suceso y esperando con ansiedad noticias de éste.
Llegaron al sitio donde ocurrió la catástrofe entre siete y media y ocho de la noche. La primera impresión que recibieron fue en extremo aterradora. Varios cadáveres se hallaban tendidos en la cuneta. Reinaba un silencio sepulcral. La máquina estaba cuatro o cinco metros más alta que la vía. Los primeros coches, cinco o seis, y el furgón de cabeza, hechos añicos. Cuatro o cinco parejas de la Guardia civil vigilando los restos informes del tren y cuidando que nadie se acercase como no fuese para prestar auxilios.
Los heridos tendidos en colchones, ya amodorrados y sin quejarse siquiera. Muchos hombres dedicándose a salvar a sus semejantes, e iluminando a ratos este pavoroso cuadro la luz de unas antorchas que llevaban varios hombres. Por un sendero estrecho iban en fila trabajadores del campo, conduciendo las sacas del correo para el transbordo.
Vieron algunos médicos que se dedicaban a reanimar a los heridos más graves con inyecciones y a practicar curas a los que más lo necesitaban. Nos dijeron los Sres. Méndez Núñez y Castiñeira que muchos paisanos recogieron heridos en sus casas. Puede decirse que todos los pueblos en masa acudieron al lugar de la catástrofe. Los paisanos llevaban botellas de aguardiente y otros efectos para auxiliar a los heridos. Lo mismo hicieron loa médicos de los pueblos vecinos que se apersonaron inmediatamente.
Elogios merecidos. — Los héroes.
Nos hicieron grandes elogios del heroico comportamiento de su compañero el Administrador ambulante D. Rafael Castillo, quien desde los primeros momentos dirigió los trabajos de salvamento; del padre Gerard, que daba absoluciones a todos los que lo necesitaban; del médico de Creciente, D. Luis Anguiano, que fue de los primeros en acudir; del farmacéutico D. Ovidio Carrera, del mismo pueblo, y de otros varios que acudieron y se distinguieron por su heroísmo.
Escenas dolorosas.
Los Sres. Méndez Núñez y Castiñeiras nos refirieron escenas dolorosísimas, de las que, si no fueron testigos presenciales, pueden facilitar amplios detalles. Un caso conmovedor fue el siguiente:
Una mujer gravemente herida y que estaba presa entre escombros, gritaba al Sr. Castillo:
— ¡Mi hija! ¡Mi hija! ¡Sáquela usted!
El Oficial de Correos preguntó dónde estaba, contestando la pobre herida:
— Ahí debe estar —y señalaba a un montón de ruinas.
El Sr. Castillo, con gran heroísmo y exponiendo a cada paso su vida, intentó penetrar por les lados del que había sido coche, y como no lo consiguiese, entró por entre dos vagones. Después de difíciles trabajos y de recibir algunas contusiones, salvó a la niña incólume. Al entregársela a su madre, ésta, a pesar de sus lesiones, se volvía loca de alegría.
En el coche correo. — Como se notó el accidente.
Nos han referido de la siguiente forma, cómo el Sr. Castillo y su acompañante, el también Oficial de Correos D. Manuel Gómez, notaron el choque, y que recogemos a título de información.
El Sr. Castillo estaba arrojando a la vía les restos de una botella que se había roto, cuando de pronto sintió la primera sacudida ocasionada por los frenos automáticos, que hicieron patinar al tren. E1 Sr. Castillo fue despedido hacia la barandilla de hierro, contra la que se dio un golpe en la cabeza, que afortunadamente no tuvo graves consecuencias, por haberle parado algo un saco. Ninguno de los dos Oficiales le dieron importancia, pues creían se trataba de una parada en seco. Inmediatamente sobreviene la segunda sacudida, que fue tremenda por haber chocado la máquina contra la tierra y piedras que se habían desprendido.
Entonces el Sr. Gómez se asomó a la ventanilla, y gritó:
— ¡Están todos los coches de pie!
Así era en efecto. Inmediatamente se dieron cuenta de lo que ocurría, y empezaron los trabajos de salvamento. Se salvaron gracias a que el coche correo venía a la cola. Dicho coche sólo sufrió averías en un tope, que quedó destrozado.
Hablando con el héroe. — Salvamento de heridos. — Espectáculos horribles.
Ayer tarde hemos podido hablar con el Administrador ambulante D. Rafael Castillo, que indiscutiblemente fue el héroe de la jornada, como así lo reconocieron todos los viajeros del tren siniestrado. Tenía vendada la cabeza a causa de una herida que recibió, y que afortunadamente no es grave, de lo que mucho nos alegramos. Al felicitarlo nosotros por su heroico comportamiento, nos contestó con gran modestia que no había hecho más que cumplir con su deber en un caso como el que reseñamos.
Nosotros nos dijo estamos acostumbrados a percances en las vías férreas, y por lo tanto no es de extrañar que tengamos un poco de serenidad, que no puede conservar el viajero en trances como éste.
De todas las maneras, el Sr. Castillo creerá que eso no tiene nada de particular, pero nosotros opinamos que para hacer lo que él hizo es necesaria una abnegación sin igual y una sangre fría muy rara en los hombres de nuestra raza. Muy amablemente nos contestó a todas nuestras preguntas —que fueron muchas,—y del relato que nos hizo extractamos lo siguiente:
Salimos de Monforte con veinte minutos de retraso, que después ganamos en parte. A las dos y cuarto de la tarde ocurrió el choque. Notamos primero una parada brusca, ocasionada al frenar. El tren siguió patinando unos metros hasta que ocurrió el choque contra el obstáculo de tierra y piedras. Afortunadamente casi todo era tierra, pues de lo contrario el choque hubiera sido más brusco. La máquina quedó encima de los escombros a cinco metros de altura, y el ténder de pie. Seguían cinco vagones, que no eran más que un montón de astillas.
Inmediatamente nos dimos cuenta de lo que ocurría. Oímos desgarradores ayes que partían de los montones de astillas. El momento de más apuro fue que entre los escombros aparecían a primera vista ocho o diez personas entre muertas y heridas. Varias de éstas estaban con el cuerpo en el aire sobre la vía y sujetas por las piernas, lo que les hacía sufrir horriblemente. Esto hacía imposible el salvamento por ese lado, pues como tenían las piernas deshechas había que sostener a los heridos para que no muriesen a consecuencia de los horribles dolores que sufrían. Entré por un departamento y pude abrirme paso por el testero hasta colocarme en el techo del vagón, que por cierto estaba desvencijado.
He visto cuadros horribles durante el salvamento. Lo primero que vi al entrar en el vagón fueron dos manos crispadas. Removí las astillas y observé un matrimonio —que eran artistas— sujetos por las piernas, que ya estaban destrozadas. Una aldeana se conservaba de pie, a pesar de tener las piernas destrozadas. Un muchacho joven estaba enterrado en los escombros hasta la cintura. Con grandes trabajos y quitando las astillas una a una pude sacar los heridos, que se quejaban mucho. Retiré otro lesionado, al que dio la absolución el padre Gerard.
En estos trabajos y en los que siguieron me ayudó primeramente el vendedor de Noticiero de Vigo y después el de La Correspondeneia Galega. Los dos se portaron con un valor sin igual, siendo sus servicios de gran importancia. El padre Gerard era incansable dando absoluciones a los heridos. Se portó muy bien y se le veía en todas partes, exponiendo siempre su vida por salvar la de sus semejantes o por ayudar a bien morir a los que estaban mortalmente heridos. También he visto a un sacerdote, cuyo nombre ignoro, que no quedaba atrás en heroísmo. Se multiplicaba, ponía la Extremaunción a los moribundos y ayudaba con todo su ánimo al salvamento.
El Sr. Castillo siguió nombrando héroes, entre ellos el médico y el farmacéutico de Creciente, que fueron los que curaron más heridos.
Siguió relatando las escenas que siguen:
Entre los restos de un vagón había un racimo de cadáveres pegados unos a otros y que fue imposible contar. Muchos viajeros fueron cogidos por la cintura. El cuadro era macabro, pues por todas partes había restos humanos. En nuestro coche tuvimos una hermosa niña, de dos años de edad próximamente, que nos entregaron, pues no aparecían sus padres. Daba pena ver a la pequeña. Esta lloraba y se abrazaba a nuestros cuellos como pidiéndonos protección. Fue una escena que desgarraba el alma. Momentos después aparecieron los padres de la criatura, a los que fue entregada ésta.
También me ayudaron eficazmente un joven vigués que no conozco y el vendedor de Faro de Vigo. Este iba en el furgón de cabeza con dos empleados, y ninguno de ellos sufrieron daños. El primer vagón de tercera no fue de los que mas sufrió; pero en cambio el segundo quedó hecho trizas.
Los heridos fueron colocados en un campo por sus salvadores; pero al ver que estaban recostados en el suelo, dispuse que se sacasen los almohadones de los coches de primera y sobre ellos fueran acostados los lesionados. La mayor parte de ellos lo estaban en las piernas, porque con el choque se juntaron los asientos y se las fracturaron o destrozaron. También había algunos con la cabeza lesionada. Los heridos, que ya llevaban dos o tres horas en el campo, estaban tiritando de frío. En vista de esto, por mis indicaciones, se hicieron hogueras, y en ellas calentáronse piedras que fueron aplicadas a los pies de los desgraciados.
Los pasajeros ilesos protestaban enérgicamente e indignados contra la tardanza en llegar los trenes de socorro. Todos se pusieron de acuerdo para elevar protestas a quien corresponda. El primero, que fue el de Orense, llegó a las seis de la tarde, y a dicha hora estaban retirados todos los heridos y los cadáveres que se veían. Cuando apareció el tren de Vigo, entre siete y media y ocho de la noche, ya estaban todas las primeras curas hechas.
A las siete y cuarto, próximamente, salió para Orense el tren, conduciendo unos 14 o 15 heridos graves. Estos, al transportarlos a los furgones, sufrieron horriblemente.
Al elogiar otra vez nosotros su comportamiento, nos dijo:
Las exclamaciones de los heridos, que pedían por Dios no se les abandonase con voces que llegaban al alma, eran tan desgarradoras, que aunque quisiéramos marcharnos, no podríamos. En los primeros momentos fue muy grande el pánico y no se sabía adónde atender, pues de todas partes pedían socorro. Los muertos creo que son catorce; pero temo que queden más entre los escombros.
Aquí en Vigo se debió saber en seguida la noticia del suceso, pues inmediatamente de ocurrir el choque salieron dos empleados del tren, uno para Frieira y otro para Filgueira, para avisar por telégrafo a Orense y a Vigo.»
Telegrama de felicitación.
Ayer recibió el Sr. Castillo el siguiente telegrama:
«Director general de Correos y Telégrafos a Administrador de Pontevedra, para transmitir a Ambulante Sr. Castillo.
Director general telegrafíame felicite a usted en su nombre por haber salido ileso de la terrible catástrofe ferroviaria.
Nota de Vigo: El personal de servicio en esta oficina telegráfica se adhiere gustosísimo a la felicitación que le dirigió nuestro Director general.»
A ésta y a las muchas felicitaciones que recibió el digno funcionario, añadimos la nuestra.
Recompensa merecida.
Los que trabajaron en el salvamento, especialmente el Sr. Castillo, son acreedores a una recompensa. Pedimos para éste una de las condecoraciones que para estos casos hay, sin perjuicio de que el señor Director general de Comunicaciones lo premie en su carrera.
El Sr. Castillo fue ovacionado entusiásticamente por los viajeros que resultaron ilesos. En la estación de Redondela, uno de ellos, dirigiéndose al aludido funcionario, exclamó:
«Este señor es un héroe; vale todo lo que pesa.»
Estos datos darán idea de cómo se portó el Sr. Castillo. Debe tenerse en cuenta que éste trabajó con una herida en la cabeza, por la que manaba sangre, y que no quiso curarla hasta después de que terminaron los trabajos de salvamento; rasgo que le honra mucho. También deben tener presente sus superiores, que el aludido Oficial, al llegar a la oficina a las tres de la madrugada de ayer, tuvo que trabajar, y así lo hizo a pesar de las fatigas y contusiones recibidas.
Elevamos el ruego a quien corresponda por entender que la recompensa es de justicia.»
El Mundo, 2 de abril de 1915
Doscientos ochenta congregantes de número.
Es la del teatro una profesión que cuenta por millares el número de sus miembros activos, y, sin embargo, la Congregación de Nuestra Señora de la Novena, fundación y propiedad de los actores españoles, sólo reúne actualmente 280 socios, muchos de los cuales no pertenecen ya a la vida activa del teatro. Es decir, que de los 3.500 ó 4.000 actores que en el día ejercen la profesión, escasamente un 5 por 100 figura entre los congregantes, que son las personalidades de más relieve en el arte escénico español.
Como asociado figuraba Félix Angolotti, el desventurado actor que con otros elementos de su compañía, viajando por tierras de Galicia, ha perecido en la reciente catástrofe ferroviaria ocurrida entre las estaciones de Frieira y Filgueira.
Eco artístico. 15 de abril de 1910, n.º 18
PROVINCIAS (DE NUESTROS CORRESPONSALES)
Albacete
Teatro Circo. — Con gran éxito ha debutado la compañía de zarzuela cómica dirigida por D. Félix Angolotti.
Eco artístico. 5 de febrero de 1911, n.º 45
Salamanca
Teatro Moderno. — Con El gaitero, Las mujeres, El monaguillo y La república del amor, ha debutado, con éxito, la compañía Angolotti, siendo aplaudidas, especialmente, las Sras. Albertos, Cañete y Garci-Nuño.
El Globo, 26 de agosto de 1911, n.º 12.441
Los festejos de San Julián, patrón de Cuenca, darán comienzo el din 4 de Septiembre. Prometen ser brillantes. Corridas, certamen literario, organizada por la Prensa local; ferias de ganados. Exposición agrícola.
En el teatro Liceo actuará una notable compañía de zarzuela, bajo la inteligente dirección de Félix Angolotti. Urquijo.
El Imparcial, 16 de octubre de 1911
La feria de Guadalajara
Guadalajara 15. — Con gran animación ha comenzado la feria en el paseo de San Roque. Esta tarde se ha celebrado la Fiesta del árbol. Asistieron todos los niños de las escuelas, a los que se ha obsequiado con meriendas. En el teatro actúa una compañía de zarzuela dirigida por Angolotti y de la que forma parte Carmen Andrés, que mañana estrenará «La corte de Faraón».
El Imparcial, 26 de septiembre de 1912
DE REGRESO. — Después de una brillante campaña en Andalucía, han regresado a Madrid la aplaudida tiple Asunción Sanz y el actor cómico Felipe Rafart, que han sido contratados por la empresa Félix Angolotti.
El accidente ferroviario de 1915 en Pontevedra (Diario de Pontevedra)
Sucedió el 10 de marzo de 1915 cuando un tren con destino Vigo no llegó a la estación y esto dio lugar allí a diferentes rumores sobre la causa. Sobre la seis de la tarde, en la estación de destino, se recibió un telegrama en el que se informaba de un desprendimiento de tierras en el trayecto de la vía de este tren y, por tanto, que había ocurrido un accidente.
De inmediato salió un tren de socorro de la compañía del ferrocarril desde Vigo, "con material sanitario y se había dado orden a un médico de la Compañía, que probablemente sería el Dr. Lanzós, para que se trasladase al lugar del suceso", lo que hizo sospechar de la gravedad de la situación. Parece ser que la primera comunicación de lo sucedido fue gracias a un operador de telégrafos, "que, subiéndose a un poste de la línea telegráfica, comunicó con Vigo y Orense. Su mujer resultó con ambas piernas rotas en la catástrofe". El primer periódico en tener algunos datos fue La Región, ya que en el mismo edificio del periódico vivía un ingeniero ferroviario, el Sr. Fitera, que les informó. Pero, como en todas las catástrofes, las informaciones iniciales fueron un tanto confusas.
El accidente ocurrió en Crecente (Pontevedra), entre las estaciones de Filgueira y Frieira en el quilómetro 46. El tren número 3, compuesto por doce vagones, que hacía el trayecto Madrid-Vigo sufrió el trágico accidente a las dos de la tarde. Un trazado complicado en esa zona, "Hay efectivamente de Frieira a Filgueira 12 kilómetros de un recorrido extremadamente accidentado. En este espacio relativamente pequeño hay abiertos cinco túneles con trazados curvos bastante pronunciados". Esto, unido al mal tiempo continuado y las fuertes lluvias, habían reblandecido el terreno que produjo la caída de mucha tierra y grandes piedras que impactaron contra el tren. Según los supervivientes incluido el maquinista, "la tierra se desplomó en el momento de la desgracia, cuando el tren corría a toda velocidad".
El dominico P. Gerard, que viajaba a Pontevedra en ese tren para ‘predicar el novenario de San José’ en la iglesia de Santa María se salvó de casualidad, porque pensó que se trataba del tren rápido y compró en Madrid un asiento de primera clase, cuando normalmente viajaba en segunda. El P. Gerad relató cómo vivió el suceso en primera persona después de que el tren fuera golpeado, "Durante unos quince segundos reinó un silencio verdaderamente aterrador y al cabo de este tiempo empezaron a oírse los gritos y lamentos de los heridos. Eran las dos y cuarto". Gerad pudo auxiliar espiritualmente a los heridos más graves, "confesó a algunos de los moribundos". La máquina del tren quedó destrozada y los vagones más afectados fueron dos de tercera clase.
Al lugar acudieron vecinos que por cercanía se acercaron para ayudar, así como algún médico de la zona y sacerdotes. El primer tren de socorro para evacuar a los heridos llegó al lugar a las siete de la tarde al lugar. Con heridos de la catástrofe llegó a la estación de Ourense un tren socorro, que había estado en el lugar del siniestro a las ocho de la tarde, y otro llegó con más heridos a las tres y media de la madrugada a la estación de Pontevedra. Entre los que llegaron a Pontevedra se encontraban el Carabinero de Vilagarcía José Pérez Díaz, las hermanas Pilar y Jesusa Real, naturales de Santiago, que fueron atendidas en la misma estación por el médico Pelayo Rubido. El propietario del restaurante de la estación de tren de Pontevedra, Ramón Rodríguez, tuvo el detalle de ofrecer caldo y jerez a los heridos de manera gratuita.
Algunos heridos de Pontevedra, la mayoría con las piernas fracturadas, fueron Matilde Pérez Quesada, Rafael Castillo, Albino Aldea Martínez de veintisiete años de Camposancos o Leoncio Moure. Entre los fallecidos de la catástrofe se encontraban varios artistas de una compañía de zarzuela, entre ellos el director de la misma Félix Angolotti o el tenor Alfredo López Torregrosa. Como sucede en la actualidad, la identificación de las personas fallecidas llevaría un tiempo, "A causa del espantoso estado en el que se hallan muchas de las víctimas su identificación se hace con gran trabajo".
La imagen según los supervivientes era horrorosa, el maquinista y el fogonero estaban heridos, pero falleció una mujer en avanzado estado de gestación y una pareja de recién casados que estaba de viaje de novios. La noche complicó las labores de rescate en el lugar del suceso, al que había acudido la Cruz Roja, los Exploradores y el centro Obrero. Los técnicos que trabajaron sobre el terreno estimaban que la vía quedaría despejada en el plazo de unos cinco días.
Un artículo en ‘Galicia Nueva’ pedía responsabilidades sobre el accidente, "La catástrofe de Filgueira debe servir de enseñanza para prevenir futuras desgracias, y criminales serán, si los que tienen el ineludible deber de hacerlo, se limitan, como otras tantas veces, a lamentar lo ocurrido anteayer, y a dejar las cosas como están".
Ya a salvo El P. Gerad llegó a Pontevedra y, como tenía previsto, al día siguiente disertó en Santa María sobre ‘El origen del mal’.
En vez de psicólogos, un pote de caldo de galiña (Faro de Vigo)
Hoy me pregunto, aprovechando que se cumplieron cien años del letal accidente del tren correo Madrid-Monforte-Vigo, el día 10 de Marzo de 1915, ¿cómo es posible que sobrevivieran sin psicólogos los pasajeros supervivientes cuando hoy parece de urgente necesidad ponérselos hasta a los viandantes que pasaban por allí o a aquel que miraba desde la ventana en cualquiera de estos sucesos colectivos ? En aquella ocasión medio centenar de personas vieron truncado su viaje entre las estaciones de Filgueira y Frieira, ambas en el Concello de Crecente, (Pontevedra), que piensa ahora si celebrar o no la memoria del trágico centenario. Entre los viajeros, la "Compañía de Zarzuela Angolotti", que había actuado en el Teatro de Variedades de Ourense y que se dirigía a Vigo para seguir una gira por toda Galicia, resultando fallecidos en el lugar de los hechos cuatro componentes y otros seis, heridos. Otros muchos eran naturales del lugar que regresaban de la feria de Ribadavia.
Al pasar por el lugar de Grobas, en la parroquia de Sendelle, un gran volumen de rocas se desprendió de un talud que flanqueaba la vía al paso del citado convoy. La locomotora y varias unidades fueron alcanzadas, quedando semienterrados y aplastados seis coches por el peso de los materiales caídos sobre los mismos. La cifra sobre el número de víctimas mortales no está clara, pues las informaciones de primera hora puede ser que se vieran incrementadas por la gravedad de los heridos evacuados y la tardanza y precariedad de los medios utilizados para su evacuación. Solamente el Registro Civil de Crecente levantó 12 actas de fallecimientos, de los cuales 11 recibieron sepultura en su cementerio parroquial. Me cuenta todo esto Román Iglesias Fernández, juez de paz de Crecente, que rastreó datos sorprendentes incluso en la casa cultural de Sendelle, (aldea en donde se produjo el accidente), con la colaboración de su presidente.
Aquel 10 de marzo en Crecente se vivió un caos en el que se puso a prueba la capacidad solidaria de sus vecinos y la de los de alrededores. En el lugar de los hechos, los primeros auxilios retiraron con mucho trabajo de entre las astillas 14 cadáveres horriblemente desfigurados y el número de heridos, que sobrepasaba la veintena, se encontraban mutilados y de extrema gravedad. Las primeras curas, transcurridas casi dos horas desde el siniestro, se le hacían en pleno campo una vez que llegó el médico de Crecente, D. Luís Anguiano, acompañado del farmacéutico y llevando a lomos de un caballo lo más indispensable para una primera asistencia. Posteriormente eran evacuados, los más graves a Ourense y otros a Vigo. El traslado se realizó en trenes, que como medida de socorro habían sido enviados desde ambas ciudades, pero en aquellos años y con las escasas medidas con que se contaba, la palabra "urgencia" carecía de sentido. El accidente sucede a las 14.15 y hasta las 18.25 no llega el primer tren de socorro desde Ourense y el de Vigo no lo hizo hasta las 20.30. Los menos graves eran llevados por vecinos a lo largo de la vía, hasta la inmediata estación de Frieira, distante unos tres kilómetros. Todos y cada uno de los traslados era coordinado y decidido por el doctor de Crecente.
Entonces no hubo un psicólogo ni nadie lo echó en falta porque antes hubieran preferido siquiera camilleros, por no exigir sibaritismos entonces como las ambulancias, para que no los pusieran sobre esos carros de bueyes que difícilmente llegaban al lugar. y en los que los devolvían al cementerio. ¡Pero si ni siquiera tuvieron los vivos -me decía Iglesias- un hombro sobre el que apoyarse y los muertos una mano amiga que depositara una flor sobre su tumba en tierra extraña. Entonces no había psicólogos ni aviones que te repatriaran ni conciencia de su necesidad ni mucho menos que fuera un derecho siquiera. No era una sociedad tan blanda como esta, tan poco tolerante a la frustración. Una información de prensa de la época narraba las vicisitudes del accidente de este modo. "Mentres tanto, xa as mulleres de Sendelle coa Sra. Xoana da Meleira á cabeza se puxeran a preparar caldo de galiña, e coas potas na cabeza, camiñaban cara a Groba para levarlle algo quente ós feridos que estaban tirados pola veira da vía. Por este labor a sra. Xoana foi gratificada pola Compañía do Ferrocarril, con 12 pesos. Foi grande o sacrificio que fixeran os veciños para socorrelos". Vecinos como los de Angrois hace dos años, aunque nadie se preocupó por ellos ni ellos pensaron que era necesario un diván psicoanalítico. La guerra mundial sonaba allí al fondo, con miles de muertos cada día sin psicólogo para aturarlos.








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