El fusil M 1859
Evolución del mosquete
A mediados del siglo XIX el mosquete evolucionó, paso de ser un fusil de chispa, de cañón liso y disparar una bala de plomo de forma esférica a un arma de cañon rayado, de llave de pistón y que utilizaba balas más aerodinámicas. De todas formas, aunque utilizaba cartuchos de papel, seguía cargándose por la boca y se había de utilizar una baqueta para introducir la bala en su interior. El objetivo de este nuevo diseño era conseguir un arma más precisa, que permitiese aprovechar más la ingente cantidad de balas que se disparaban durante la batalla.
Réplica del mosquete español del modelo 1801 usado en la Guerra de la Independencia.
Sir James Emerson Tennent (1804-1869), en su obra Story of the guns publicada en 1864, señala que en la batalla de Los Arapiles, el ejército francés tuvo 8.000 bajas para lo cual sus adversarios tuvieron que disparar tres millones y medio de cartuchos, lo que supone que para abatir a un soldado francés eran precisos una media de que 437 disparos. El general Jean-Jaques Gassendi (1748-1828), inspector general de la artillería francesa hizo la estimación de que eran precisos 3.000 cartuchos para matar a un enemigo. En opinion del coronel Schlimmbach: para dejar fuera de combate a un enemigo eran precisos su peso en plomo y diez veces su peso en hierro.
Las descargas cerradas de fusilería contra los cuadros de infantería enemiga que avanzaban a pecho descubierto hacían mucho ruido, pero producía pocas bajas. El arma que verdaderamente solventaba las batallas hasta aquella época era la bayoneta. El resto era más humo que otra cosa.
La bala Minié
Tras una serie de pruebas iniciadas en 1849, el capitán de infantería Claude-Étienne Minié, instructor de la Escuela de Tiro de Vincennes, diseñó lo que se denominó como bala forzada a cuña.
Se trataba de una bala tronco-cónica provista de unas acanaladuras o bandas de engrase como la de Tamisier. El ensanchamiento del culote de la bala para que se adaptará a las estrías del cañón se lograba mediante una cuña de madera, encajada en el hueco del culote, de forma que al producirse el disparo hacia presión sobre los bordes del culote. Este ensanchamiento era de alrededor de medio milímetro.
Al ajustar la bala en las estrías del cañón aumentaba la presión en su interior, por lo que se podía rebajar el peso de la bala, reduciendo el calibre del arma, que en un mosquete de chispa podía llegar a los 17 e incluso 22 mm., con el consiguiente ahorro de plomo. En el caso del fusil español se optó por un calibre de 14,1 mm., lo que supuso una reducción de peso de unos 2 gramos.
Esta reducción de peso supuso a su vez un aumento de la velocidad de salida del proyectil, llegando a los 350 y 380 m/seg. Eso se traducía igualmente en un aumento de la precisión y del alcance efectivo, pasando de los 100 metros escasos de un mosquete de ánima lisa a los 400 metros o más de un fusil con bala Minié. Un buen tirador armado con un fusil con bala Minié era capaz de meter cinco tiros a 400 metros en una diana de 50x50 cm.
Por si fuese poco, una bala más ligera requería una carga inferior de pólvora. Por ejemplo, el cartucho para bala esférica reglamentario en España contenía un proyectil de 17,3 mm. de calibre con un peso de 30,5 gramos y una carga de pólvora de 10,7 gramos. Esto proporcionaba un retroceso unas tres veces mayor que el producido por un Mauser 93 español en calibre 7x57. La carga de una carabina modelo 1851 descendía hasta los 5,3 gramos, o sea, prácticamente la mitad de la carga usada para bala esférica.
La evolución de la precisión en los fusiles llevó aparejados cambios tácticos. Este mayor alcance y precisión en los disparos de fusil obligaron a la artillería a emplazar sus cañones a más de 1.500 metros de la infantería enemiga mientras que en las guerras napoleónicas bastaban apenas 200 o 300 metros para que los servidores de las piezas se sintieran seguros y razonablemente alejados del peligro que suponían los fusiles de la infantería enemiga.
Las tácticas habituales de la infantería de avanzar hacia el enemigo soportando sus descargas a pecho descubierto para llegar a la bayoneta convirtieron los campos de batalla en verdaderas carnicerías ya que el fuego procedente de los fusiles enemigos podía abatir a decenas de combatientes en cada descarga. Curiosamente, este absurdo empleo táctico de la infantería perduró hasta la Primera Guerra Mundial.
El aumento de la velocidad suponía, como es lógico, una mayor energía cinética del proyectil, con efectos mucho más mortíferos que los de las balas esféricas tradicionales.
Primeras armas rayadas españolas
En 1857 se introdujeron en España las armas rayadas de pequeño calibre y proyectil Minié. La carabina rayada Modelo 1857 fue declarada reglamentaria el 4 de mayo de 1857. En 1857, el ejército español dio un paso importante hacia la estandarización de las armas ligeras con la adopción de la serie Modelo 1857 de fusiles de percusión rayados. Estas armas se basaban en la serie Enfield Pattern 1853 inglesa y guardaban un gran parecido con ella, con algunas diferencias menores y claramente españolas. La adopción de armas basadas en el Enfield inglés fue appropiada, ya que las armas inglesas habían sido de uso generalizado en el ejército español desde finales de la primera década del siglo XIX.
La producción de los fusiles originales se llevó a cabo en el arsenal nacional de Oviedo, en la fábrica Euscalduna de Placencia, así como en Inglaterra y Bélgica, subcontratando su fabricación a las empresas Glukman, de Birmingham, y Falisse & Trapmann, de Lieja.
A continuación se puede ver la carabina española M 1857 fabricado en Birmingham y vendido por Glukman, también en Birmingham. El sello con la letra Z dentro de un círculo es la marca de aceptación española.
Las armas rayadas en la batalla de Wad-Ras
El Batallón de Cazadores Cataluña n.º 1 es muy probable que en la batalla de Wad-Ras estuviese equipado con fusiles rayados de percusión del modelo 1859 diseñados para disparar balas de tipo Minié del calibre 14,4 mm., pués era el arma más moderna de las que disponía el ejército. Este modelo de fusil tenía una longitud total de 1.379 mm., de los que el cañón ocupaba aproximadamente un metro. Disponía de un alza graduada hasta 1.000 m. y una bayoneta de cubo del modelo 1857. El fusil tenía un peso aproximado de unos 4 kilogramos.
Los fusiles tipo Berdan
El fusil rayado modelo 1859 posteriormente se transformó, utilizando el sistema Berdan, en el M-1859/67.
Este fusil era ya de retrocarga y cartuchos metálicos. La transformación comenzó después de los estudios iniciados en 1866.
Proceso de carga de un fusil M 1859
Durante la batalla el soldado llevaba encima varios paquetes de diez cartuchos de papel encerado o engrasado para proteger la pólvora de la humedad. En el interior de cada cartucho se encontraba la carga de pólvora y la bala. Para cargar se desenvolvia el cartucho y se echaba la pólvora en el interior del cañón. A continuación se introducía el culote de la bala en la boca del cañón con el papel hacia abajo, eliminando el sobrante, y se empujaba con la baqueta. No era preciso golpear la bala, sino simplemente asentarla con firmeza sobre la carga.
Revólver Lefaucheux Modelo 1858A continuación, el soldado cogía un pistón de la cebetera, una pequeña bolsa que pendía del cinturón o de una bandolera y lo colocaba en la chimenea. Amartillaba el arma, que durante el proceso de carga había mantenido el martillo en posición de seguro y solo restaba abrir fuego sobre el enemigo.
En 1860 el revólver Lefaucheux Modelo 1858, de 6 disparos y cañón de 156 mm., fabricado en España en la Fábrica de Trubia, era probablemente el arma corta reglamentaria más usada entre los oficiales, entre otros los del Batallón de Cazadores de Cataluña. El sistema Lefaucheux utilizaba un cartucho de espiga de 11 mm y percusión mediante martillo.
Artillería
Cañón de montaña de 8 cm corto
En la batalla de Wad-Ras se utilizó artillería de montaña con cañones de bronce rayados de 8 cm de calibre, cortos, de avancarga y fabricados en la Real Fábrica de Artillería de Sevilla. El modelo corto para montaña fue adoptado el 19 de septiembre de 1859.
Este cañón utilizaba el sistema de proyectiles de tetones, inspirado en el sistema francés La Hitte.
Estos cañones se obtuvieron transformando los antiguos cañones de a 4 libras, mediante el rayado del ánima. El nuevo calibre pasó a denominarse como de 8 cm. También se fabricaron cañones de montaña de 8 cm largos, con ánima rayada.
El proyectil del nuevo 8 cm no era la tradicional bala esférica, era un proyectil cilindro-ojival, provisto de tetones o resaltes que penetraban en las rayas del ánima. El proyectil tiene un diámetro de aproximadamente 7,5 cm. y 24 cm. de longitud. Vacío pesa unos 5,5 kg y con carga de pólvora y espoleta, más de 6 kg. Tenía un alcance aproximadamente de 3.000 m.
El proyectil podía utilizar tres tipos de cargas: Granada explosiva, en un proyectil hueco que contenía una carga de pólvora y llevaba una espoleta; Proyectil de metralla, que contenía pequeñas bolas metálicas y una carga explosiva; Bala maciza que podía emplearse para determinados objetivos.
Durante la campaña de África se transportaron a Marruecos 32.066 granadas y se llegaron a disparar 12.424.
Un ejemplar de este proyectil de 8 cm. se conserva en el Museo Arqueolóxico Provincial de Ourense.
Las imágenes anteriores muestran el modo de transportar un cañón de montaña de un modelo posterior a la batalla de Wad-Tas del año 1974.
Cañón de 12 cm
La artillería de campaña disponía además de una nueva pieza de 12 cm de reserva, también fabricada en bronce, con ánima rayada y avancarga, y adoptada el 30 de septiembre de 1859.
Además España transportó a África 653 cohetes de guerra y 154 de señales; de los primeros se llegaron a disparar 279 durante la campaña.
Operaciones
El Batallón de Cazadores de Cataluña n.º 1 pertenecía al Primer Cuerpo de Ejército expedicionario junto con otros batallones de cazadores como Madrid, Barbastro, Talavera, Simancas, Las Navas, Mérida y Alcántara.
En Wad-Ras, los Cazadores de Cataluña y los Cazadores de Madrid fueron quienes tomaron inicialmente el puente sobre el Bu-Seja, mediante un ataque a la bayoneta. Posteriormente, los Voluntarios Catalanes fueron enviados en su apoyo cuando los marroquíes contraatacaron.
Los Voluntarios Catalanes fueron una fuerza creada específicamente para la campaña. Partieron de Barcelona con 466 hombres, bajo el mando de Victorià Sugranyes. Después de las bajas sufridas en Tetuán y otros combates, en Wad-Ras quedaban aproximadamente 250. En Wad-Ras estuvieron bajo el mando de Francisco Fort tras la muerte de Sugranyes.
Las fuerzas de Prim
En el orden de marcha del 23 de marzo, el cuerpo de Prim llevaba:
16 batallones de Infantería
3 compañías de Voluntarios de Cataluña
4 baterías de Artillería de montaña
1 batería de cohetes.
El puente de Bu-Seja
El río Guad-el-Jelú hoy se conoce como río Martí.
El Bu-Seja, Guad-el-Jelú —también escrito Uad el Jelú, Wad-el-Jelú o simplemente Jelú— corresponde al actual río Martil, que desemboca en el Mediterráneo al sur de Tetuán.
Guad-el-Jelú no era realmente el nombre indígena del río. Los lugareños, lo denominaban Uad Martín / río Martín en su desembocadura. El término Jelú significa «dulce» y probablemente procede de una interpretación de los primeros informadores europeos.
El Buceja, escrito también Bu-Seja, Bu-Sfija o Busfiha, es el río que aparece constantemente en las descripciones de la batalla de Wad-Ras.
La toponimia histórica asigna al río Martín el nombre de Busfiha (nuestro Buceja) en el llano de Uad-Rás.
En una publicación reciente del Ministerio de Defensa se señala que el Uad Ras era un afluente del Buceja, y éste a su vez afluente del Martín.
Documentación
Españoles y Marroquíes. Historia de la Guerra de África, Evaristo Ventosa, Librería de Salvador Manero, Barcelona, (1859-1860), en dos volúmenes que suman más de 1.100 páginas. Tomo segundo
Recuerdos de la campaña de África, Gaspar Núñez de Arce, Imprenta José M. Rosés, 1860
La Guerra de África (1859-1860) en Imágenes - Antonio David Palma Crespo (tesis doctoral)
























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