jueves, 20 de agosto de 2026

Almazaras

Cartas españolas. 5/4-28/6/1832

Hoy no se conocen los usos de la madera de la higuera, especialmente de la de Smyrna y son muy preciosos: aunque tierna y ligera, adquiere mucha fuerza después de seca: el mejor usillo de la prensa de lagar ó de almazara, se hace de los troncos de este árbol. 

Diario de avisos de Madrid. 28 de octubre de 1834

Descripción, uso y ventajas de la prensa hidráulica establecida en Montilla, provincia de Córdoba, para la elaboración del aceite de olivas, por D. Diego de Alvear y Ward, individuo de la real sociedad económica Matritense: un cuaderno en 4.º con la lámina que representa la dicha prensa. Se vende á 3 rs. en las librerías de Viana, calle de Carretas, y de Escobar en la de la Concepción Gerónima.

El Español (Madrid). 22 de noviembre de 1846, n.º 738

Hacienda de olivar, chaparral, tierras calmas de pan sembrar y dehesa, el todo como de una legua de estensíon, llamada la Corchuela, bajo de una sola linde y situada en el término de la villa de Dos hermanas, distante dos leguas de Sevilla, y á tres cuartos de legua escasa del Guadalquivir á su izquierda. Perteneció al suprimido convento de San Agustín de Sevilla. Tiene veinte y siete mil seiscientos olivos productivos y muy corpulentos en su mayor parte, muchos engertos, y además de estos también en la dehesa. Del olivar hay bastante porción de aceituna gordal; nuevos engertos en su mayor parte y que van en aumento de producción según se van formando. En octubre último ha producido de la gordal nuevecíentas catorce fanegas de superior calidad, como lo es comúnmente todos los años.

Los engertos de 1843 son en su mayor parte de cañivanos, clase superior; hay multitud de acebuches para engertar y puede seguirse haciendo cada año, por la facilidad con que allí se crían y muy corpulentos. Esta finca ha recibido inmensas mejoras por su actual dueño, tanto en aumento de arbolado, como en el desmonte de una gran parte de su dehesa y continúa haciéndose, reparado y aumentado el caserío con un tinahon y pajar por mas de diez mil arrobas de paja, de material y tejas todo. Tiene dos molinos aceiteros con sus canales, caldera, piedras, alpatanas y vigas, etc. al corriente en buen estado; una grande cuadra de treinta y ocho varas de extensión para los cojedores de la aceituna y gañanes; cuadras, horno de pan cocer, almacén de tinajas para aceite de cabida de tres á cuatro mil arrobas. Las habitaciones para el dueño ó colono son amplias y cómodas con un granero encima; tiene capilla y varias oficinas para temporiles, atahona, pozo de agua dulce. En la dehesa hay en su centro una casilla de material y teja para los guardas y dos pozos abundantísimos de agua dulce con sus pilares para los ganados. Zahurda para cría de cerdos y cabreriza con sus chozos, la de la última es nueva de este verano. Hay en los molinos una prensa hidráulica inglesa, nueva, sin estrenar pero ya colocada aunque no tiene todavía el rulo para moler. Dicha prensa se considera como otro de los muebles de traspaso y no se incluye en el valor de la hacienda; está apreciada en dos millones quinientos mil reales.

Diario oficial de avisos de Madrid. 27 de noviembre de 1847

Una prensa hidráulica de grandes dimensiones, de hierro, con bomba doble, de buena construcción, muy fuerte y hecha para resistir una grande presión, de 30.000 arrobas por lo menos, proporcionada para fábrica de papel, paños, aceite y otros usos: ha sido retasada por el maquinista don Guillermo Sanfort, en la cantidad de 18,000 rs., habiéndolo sido antes en la de 24.000, y estará de manifiesto, en la fundición y cerrajería de la calle de San Gregorio, núm. 8.

Revista semanal de agricultura. 8 de agosto de 1852

Olivo (Olea europea, Lineo). 

Los olivares se plantan en calles, dejando entre árbol y árbol una distancia de 12 á 20 varas. Los plantones se traen de viveros, ó se sacan de rama y parte de troncos de antiguos olivos, lo cual acelera mucho su crecimiento, pues es árbol tan tardío como productivo. Cada año, por los meses de noviembre y diciembre, se dan un riego y dos rejas cruzadas, cavando los troncos, y cornijales. Igual cultivo se les da en el mes de abril ó en el de mayo, y luego otra vez cuando apunta el fruto. Algunos cavan todo el terreno, lo cual ciertamente es mejor, pero mas caro. La poda se hace en enero y febrero, y conviene castigar él árbol; es decir, cortarle mucha madera, pues fructifica en los renuevos, así, como es bueno hacerlo de modo que el aire pueda circular libremente por entré las ramas que se dejen. Los suelos se hacen en el mes de agosto, allanando el terreno del árbol para que sea mas fácil coger la oliva cuándo, madura ya, se desprenda naturalmente, lo cual se verifica de mediados de noviembre á diciembre. Entonces se recoge la caída, y se hace caer á mano la restante, operación que se llama muñir, hasta concluir la cosecha; hecho lo cual se lleva para su elaboración al molino o almazara.

Las clases de oliva conocidas en Alicante, son la manzanilla blanca y menuda, la cornicabra, la gordal, la gollinera, la mollar, la datilera y la llamada germanete en el país. También hay olivares de secano, plantados por lo común en cañadas que puedan regarse de avenidas, formando márgenes para retener las aguas. Cuando los olivares están en llanuras y, en secano, basta darles dos rejas al año, cavando los troncos, pues un cultivo más esmerado, siendo mas costoso, seria improductivo.

El Mallorquín (Palma de Mallorca). 4 de nov9iembre de 1857

A nuestro malogrado amigo el señor Alvear, debe España la gran mejora que ya en el día experimenta esta operación que es una de las mas importantes del ramo mas importante de la riqueza española. La prensa hidráulica en dos horas estruja perfectamente 16 fanegas de aceituna, y en las 25 al día podrá extraer al día 192 fanegas, cantidad dos veces mayor que la que trabaja en el mismo tiempo la viga ó prensa de torre; he aquí remediado completamente el notable perjuicio que sufren los ricos propietarios de olivos en los aceites que se pierden, se enrancian y adquieren mal gusto por tener que conservar la aceituna amontonada, no correspondiendo el trabajo de nuestras máquinas á la abundancia de las cosechas. En efecto, la prensa hidráulica puede prensar en un mes 5.760 fanegas de aceituna, cuando las vigas o prensas de torre solo pueden despachar 480. Ya debe suponerse, que para obrar estos prodigios, es necesario tener cuadrillas de trabajadores que se releven, pero esto no aumenta el trabajo del cosechero; y de todas maneras la bondad del aceite, ampliamente se los recompensaría si los aumentase.

Revista del movimiento intelectual de Europa. 27 de noviembre de 1867, n.º 21

CLARIFICACION DE ACEITES.

Un diario de Madrid ha dicho estos días que varios cosecheros de aceite de Valencia tenían el proyecto de establecer una gran fábrica de clarificación, y otro periódico de aquella ciudad, después de hacerse cargo de esa noticia, dice que no tiene ninguna de semejante proyecto: debe ser por consiguiente inexacta, y nosotros así lo creemos. 

Los cosecheros de aceite de Valencia no pueden emprender semejante especulación; porque estando en aquel reino tan distribuida la propiedad, las fortunas no son tan grandes para distraer capitales en otras industrias que la puramente agrícola: harto hacen con arar sus tierras, cuidar los arboles, recoger el fruto y hacer la molienda en la pequeña escala que allí se hace, para la cual casi todo labrador medianamente acomodado tiene una pequeña prensa en su reducida almazara. La clarificación de los aceites. corresponde á otra segunda industria, al cosechero lo que le importa, es venderlos á buenos precios en tiempo oportuno: él elabora la primera materia; á otros toca hacer con ella una segunda negociación tal sucede al labrador que siembra el cáñamo; saca la ebra, y la entrega para que otros se ocupen en hacer los lienzos.

Hubiérase dicho que varios capitalistas intentaban establecer una fábrica de Clarificación de aceites, y lo hubiéramos creído, porque esto es natural. Los capitales deben emplearse allí donde se vea mayor y más saneado lucro, y ciertamente que no habrá muchas especulaciones que puedan igualarse en beneficios a la especulación de que nos estamos ocupando.

Pero á nuestro entender, no es Valencia el punto más principal para plantearla. Valencia produce bastante aceite, es cierto, y de calidad superior siempre; no sólo por la clase del fruto, sino porque siendo los cosecheros en pequeña escala, lo elaboran á tiempo y con prontitud. Así es que naturalmente es claro, de hermoso color de topacio y con un gusto agradable. Puede refinarse, «n efecto, y en ese refino sin duda dejaría el lucro que se propusiera la fábrica clarificadora.

Sin embargo, para esa clase de operaciones industriales en una altísima escala, es necesario volver los ojos á Andalucía. Excusado es decir que aquella tierra privilegiada es la primera productora de aceites en el mundo. Esto todos lo saben. Allí sí que podrían los cosecheros establecer por su cuenta las fábricas de refinación, porque son grandes propietarios y cuentan con capitales para ello.

Y preguntamos nosotros: sea por los cosecheros ó por otros inteligentes industriales, ¿por qué no se establecen esas fábricas en Andalucía? Marsella es hoy la principal monopolizadora de esa industria, sosteniendo con ella un comercio activo con todos los países sin excluir España, ¿y de donde saca la mayor parte de los aceites para el refino? de Andalucía. Con saber esto se deduce el gran lucro que alcanzarán en la especulación. Pero descenderemos á algún detalle.

Marsella compra, como hemos dicho, á Andalucía la mayor parte de lo aceites que clarifica. Supongamos que por término medio los compra á 38 rs. arroba, y aumentando los derechos de comisión, flete, carga y descarga, de aduana, etc., llegan á la fábrica á 68: los clarifica, los envasa, y salen para el consumo.

¿A cómo los vende después de clarificados, con derechos de aduanas, etc., y comisión del vendedor al menudeo? A 16 rs. cada botella de libra y media en España; es decir, que la arroba, que le costó á 68 rs., la pone al comercio, calculándola de 25 libras, á 268 rs.; diferencia del valor del aceite en bruto al clarificado, 200 reales en arroba. Dedúzcase de esta enorme cantidad todo cuanto.se quiera para los gastos indicados; y véase si queda un lucro extraordinario en la especulación.

Ahora bien: establecidas las fábricas de refino ó clarificación en nuestro gran centro productor, donde podría adquirirse el aceite á menos precio que lo compra Marsella, y no teniendo que pagar la mayor parte de las gabelas que aquella paga por los aceites que importa, ¿competiría Marsella con nuestras fábricas clarificadoras? ¿No podrían nuestros aceites clarificados venderse más baratos en todos los mercados que hoy monopoliza Marsella, reportando un beneficio mucho mayor que el que esta alcanza?

Desde el tiempo de la dominación árabe que tiene fama Andalucía de gran productora de aceites: desde entonces las plantaciones han ido en aumento cada día: hoy los olivos constituyen un inmenso océano de verdura, y los molinos se cuentan por millares, y sin embargo, nadie que sepamos ha hecho el más pequeño ensayo de clarificación por los medios que lo hace Marsella. Entre tanto pagamos en España 16 rs. por libra y media de aceité de Andalucía, clarificado en Marsella.

Somos partidarios de que en España se desarrollen en grande escala todas las industrias, cuyas primeras materias sean producto de nuestro suelo en agricultura y en minería, veneros ambos inagotables; pues este es el único modo dé hacer próspero y rico el país, y de que todas las clases adquieran el bienestar, unas por medio del trabajo, y otras por el mayor producto que saquen á sus capitales. Por eso desearíamos que la industria de clarificación de aceites se estableciese aquí, como debe establecerse, ya que aquí tenemos, el mayor de los centros productores. 

Aconsejamos á los capitalistas qué estudien está cuestión, y se convencerán de la grande utilidad qué alcanzarían en esta industria.

La Gaceta industrial. 30 de abril de 1869

PRENSAS CONSTRUIDAS POR LOS SEÑORES FOSSEY Y COMPAÑÍA.

La Sociedad Fossey y compañía, establecida en Lasarte (Guipúzcoa), ha presentado en la exposición de Zaragoza dos prensas destinadas especialmente á la aceituna, pero pueden aplicarse igualmente a cualquiera otra industria que exija grandes presiones. Esta reputada casa constructora ha procurado hacer dos tipos completamente diferentes: uno sencillo, libre de todo percance, que puede estar entre las manos de personas torpes, y otro más complicado y que exige inteligente dirección. La compensación de este defecto se traduce por una presión mas fuerte en el último, como vamos á indicar.

(Figura 1.ª)

La figura 1.ª representa el tipo primero, que puede llamarse prensa rústica, da una presión de 28,000 arrobas, cuesta 12,000 reales y pesa próximamente 90 quintales.

Prescindiendo de las cuatro columnas verticales y castillete superior, vemos que el platillo lleva consigo una fuerte rosca o tornillo vertical. Este se introduce en la parte inferior, dentro de una tuerca á la cual se comunica un movimiento de rotación; unos coginetes la impiden moverse en sentido vertical. Este movimiento de rotación produce en el tornillo, que á su vez no puede girar por impedírselo el platillo superior, uno de ascenso ó descenso con pequeña velocidad, y por consiguiente con gran fuerza, pues sabido es que dado un trabajo motor fijo, lo que se pierde en velocidad se gana en fuerza. El movimiento de rotación de la tuerca se produce por un volante que lo comunica á un engranaje de ángulo. Cuando el esfuerzo en el platillo es considerable, se prescinde del volante y se usa la palanca, como muestra el grabado. Con ella se consigue disminuir aún más la velocidad de la tuerca, o sea aumentar la fuerza en el platillo, suponiendo quo sea el mismo obrero el que trabaje con igual intensidad. Un pasador permite hacer que la palanca sea la causa motriz del engranaje, ó que lo sea el volante. Como se ve. la máquina es sencilla, y no presenta por lo tanto riesgo de rotura ni descomposición: no hay en ella tampoco órgano alguno delicado, lo cual justifica la denominación que se le da.

(Figura 2.ª)

La figura 2.ª representa una prensa hidráulica, de dos cuerpos de bomba, provistos de su válvula de seguridad, para que por ella salga el agua cuando se pasa de la presión para la cual está calculado el mecanismo. Esta es de 40,000 arrobas en el platillo; el precio 20.000 reales. y el peso aproximado 160 quintales. Hay además un modelo pequeño de este mismo sistema que da 28,000 arrobas de presión y cuesta 16,000 rs., con un peso aproximado de 110 quíntales. Las válvulas de aspiración están dispuestas de modo que puedan registrarse sin desmontar el aparato, ventaja grandísima en la práctica sobre los sistemas en que esto no sucede.

Estas máquinas se distinguen por su esmerada construcción, al par que su solidez: el nombre do la casa Fossey es suficiente garantía dado el gran número que lleva construidas de estas y otras máquinas, pues solo de turbinas han salido de sus talleres 133, que representan 2,937 caballos de vapor.

En comprobación de esto podremos citar á nuestros lectores un hecho que es además curioso bajo otro punto de vista. En la última Exposición universal de Paris, hubo compradores franceses para todos los objetos que presentó la casa Fossey; pero como los derechos de entrada en Francia son muy considerables, no era posible luchar con los industriales de esta nación. España es con efecto quizás el único país de Europa que no ha modificado nuevamente su tratado de comercio, y mientras que las máquinas francesas no pagan al entrar en España más que el 3 por 100 del valor declarado, las españolas satisfacen por su entrada en Francia hasta el 16 por 100 algunas de ellas.

Este perjuicio, que dice por sí solo cómo miran nuestros gobernantas las cuestiones comerciales, es más importante de lo que á primera vista parece. En toda la parte occidental del Mediodía de Francia, incluyendo á Burdeos, no hay buenos constructores de máquinas, excepto de las especiales marinas. Esto, unido al excelente hierro de nuestras Provincias Vascongadas, y la baratura de los jornales, permite luchar ventajosamente dentro de la región citada con los constructores franceses, y la casa Fossey lo haría sin la traba protectora del trabajo francés, impuesta, sin reciprocidad, á nuestra industria. G. V.

La Gaceta industrial. 11 de mayo de 1871

FABRICACION DE LOS ACEITES VEGETALES - I.

Generalidades.

Propiedades físicos y químicas de los aceites. — Análisis de las semillas oleaginosas. — Plantas de donde proceden estas semillas. — Cantidad de aceite que producen cada una de las mismas. — Aplicaciones principales de los aceites.

Con los nombres de aceites, mantecas, grasas y sebos, se designan en el comercio los diferentes cuerpos grasos. Los primeros, ó sean los aceites propiamente dichos, aceites fijos, aceites dulces, son más ó menos líquidos, — excepto los llamados también mantecas, tales como el de palma, el de cacao, el de coco, etc.,— untuosos al tacto, combustibles, y penetran en el papel comunicándole una mancha persistente, grasa y semi-trasparente, circunstancia esta última que suele estimarse para distinguirlos de los aceites volátiles o esenciales. Los aceites se llaman vegetales y animales, según que procedan del reino vegetal ó del animal; pero nosotros solo vamos á ocuparnos de los primeros.

Las propiedades físicas de los aceites varían bastante, y por ello también sus aplicaciones. Todos son más o menos viscosos, por cuya razón no pueden correr libremente, disminuyendo esta viscosidad, y aumentando por lo tanto su fluidez, á medida que aumenta la temperatura, y mientras que este aumento no exceda de ciertos límites; su sabor es casi siempre desagradable, su olor poco sensible cuando están puros: algunos son incoloros, pero la mayor parte presentan un color amarillo más o menos claro ó amarillo verdoso; coloración que es debida, al parecer, á un principio particular que tienen los aceites en disolución: todos son más ligeros que el agua, variando su densidad con la temperatura y en los diferentes aceites de una manera poco sensible por lo general, pero siempre apreciable: su punto de ebullición varía bastante de un aceite á otro, y generalmente pueden soportar una temperatura de 150º á 200° sin descomponerse de una manera sensible: son todos insolubles en el agua, poco solubles en el alcohol, á excepción de los de ricino y de coco, que lo son muchísimo, algo más en el éter y sulfuro de carbono; á su vez, los aceites, disuelven las grasas, el azufre y el fosforo, y se mezclan en todas proporciones con las esencias: con el frio los aceites se espesan, acabando por cuajarse, y, en esto estado, si se les comprime entre papel secante, se impregna este de una materia grasa aceitosa, quedando una materia sólida más ó menos parecida al sebo: con el objeto de que se mantengan líquidos algunos aceites que han de emplearse en el alumbrado, se les añade una cierta cantidad de lucilina y aceite de nueces; en esta última propiedad de los aceites, ó sea en la de congelarse por el frio, está fundada la división de los mismos en aceites fríos y aceites calientes, con que se les suele distinguir en el comercio, según que se solidifiquen á temperaturas próximas á 0° ó permanezcan fluidos á esta temperatura.

Los aceites experimentan en contacto del aire una alteración que les hace contraer cierto sabor desagradable, esto es, se enrancian, como vulgarmente se dice. Cuando esta oxidación se verifica en determinadas condiciones, el desprendimiento de calor es tan considerable, quo llega á producir la inflamabilidad del aceite; este fenómeno suele presentarse en aquellos puntos donde se encuentran grandes masas de algodón ó de lana impregnadas con aquella sustancia. Algunos aceites, sin manifestar efectos tan intensos de combustión, se solidifican al aire, presentando el aspecto de la resina; talos son los llamados aceites secantes, como, por ejemplo, los de linaza, cañamones, nueces y fabuco, llamándose aceites no secantes, los que no se resinifican al aire, como sucede con los de olivas, cacahuete, colsa. almendras, etc. 

La Gaceta industrial. 13 de julio de 1871

De manera que, la fórmula que expresará el esfuerzo ejercido por el líquido, al que llamaremos E, será

en la cual significan

P la presión á la extremidad de la palanca,

D y d los diámetros del grande y pequeño pistón,

L y l el grande y pequeño brazo de palanca,

c coeficiente que varía de 0,80 á 0,85 según sea la intensidad de las presiones ejercidas.

Esta fórmula indica sobradamente y á la simple vista el gran partido que pueda sacarse del empleo de las prensas hidráulicas.

La Gaceta industrial. 20 de julio de 1871

La Gaceta industrial. 27 de julio de 1871

La Gaceta industrial. 3 de agosto de 1871


La figura 11 representa un corte de la bomba de inyección y del gran pistón, expresando las letras que lleva, lo que ya hemos dicho. Solo debemos añadir que en f va una guarnición de cuero, cuyo objeto es evitar que salga el agua por entre las paredes del cilindro y del émbolo ó gran pisten, lo cual de producirse seria causa de que la presión trasmitida al émbolo A no podría exceder de un límite bastante reducido.

Este sistema de prensas está muy poco usado, no sucediendo lo mismo con las que verifican la presión de abajo arriba, que están muy generalizadas en el día y que lo irán siendo más en adelante.

Para concluir este punto, vamos á dar con todos sus detalles la excelente prensa hidráulica establecida en la fábrica de aceite de los Sres. Mauret y Prom, en Burdeos, cuya prensa creemos que reúne todas las condiciones necesarias para una gran fábrica, por cuya razón la damos solo para este caso, pues no presenta ya ventajas cuando se trata de establecerla en una pequeña fábrica.

Todas las prensas de la expresada fábrica están puestas en actividad por cuatro bombas de inyección, de las cuales dos son menores que las otras: gracias á esta circunstancia y á dos aparatos especiales llamados depósitos de fuerza que corresponden cada uno con dos bombas, se puede obtener con toda regularidad y sin riesgo una presión de 50 atmósferas ó de 200.

En la figura 12 se ve una de las prensas, cortada por un plano que pasa por un eje. Esta prensa se compone de un cilindro M' de fundición, que es el cuerpo de la prensa, y está sujeto en un macizo de piedra, llevando cuatro columnas de hierro dulce N, de 10 centímetros de diámetro, que sostienen la testera O de fundición, á la que están sujetas por medio do tuercas; el pistón P, de 0,325 m. de diámetro exterior, es de hierro fundido y está hueco en parte, llevando un plato P' de forma cuadrada y con canal, el que recibe el aceite que escurre para verterlo en una vasija a propósito.


(Fig. 12.)

El cuerpo de prensa está alisado en su parte superior solamente al diámetro 0,325 m., lo cual da una sección de

0,m325 ² x 0,7854 = 830 c. c.

Por consiguiente, cuando funciona esta prensa á 50 atmósferas (51,k 65) por centímetro cuadrado, que corresponde á la pequeña presión, el pistón recibe y trasmite una carga total de

830 x 51,k65 = 42.869k50,

y cuando trabaja á 200 atmósferas (206k68) por centímetro cuadrado, ó sea á la máxima presión, la carga total será

830 x 206.67 = 171.536,k10.

La hermeticidad de la unión alrededor del pistón se obtiene, como en las prensas anteriormente descritas, por medio de un cuero alojado en la canal C abierta encima del orificio lateral que recibe la tubuladura ó llave distribuidora R.

Como medida de precaución, lleva la prensa que describimos, á algunos centímetros de la base superior del cilindro, una pequeña ranura destinada á recibir las gotas de agua que durante el trabajo puedan escaparse por entre el pistón y el cuero embutido; el orificio lateral r paralelo al de inyección, da salida á estas infiltraciones.

Veamos ahora en qué consisten las bombas de inyección y los depósitos de fuerza, merced á los cuales, y á la ingeniosa disposición de las llaves distribuidoras, se puede obtener y modificar la presión como se desee.


Digamos ante todo que con dos bombas para la baja presión y otras dos para la máxima, y con un depósito de fuerza para cada uno de estos pares de bombas, pueden marchar varias prensas. Al efecto, las cuatro bombas se colocan paralelamente sobre la tapadera de fundición que cubre el depósito de agua T, sobre el cual están sujetos los dos piés T' , también de fundición, que sirven de soporte al árbol que las mueve: este es de hierro forjado y lleva en uno de sus extremos la polea p' por la cual recibe su movimiento de rotación. 

Cada bomba se compone de un cuerpo cilíndrico de fundición U, sujeto con pernios sobre la tapadera del depósito de agua T y de un pequeño pistón marino p², ensamblado por articulación con una biela de horquilla p3 que, al imprimirla su movimiento rectilíneo, deja pasar su varilla ó vástago cilíndrico, que entra en un manguito de cobre que le sirve de guía; al extremo de la biela va sujeto un collar ó argolla de bronce formado de dos piezas que abrazan el escéntrieo circular de fundición p1 ajustado sobre el árbol que mueve las bombas; los pistones de las dos primeras de estas, ó sean las mayores, que deben producir presión menor, y que por lo mismo deben trabajar á mayor velocidad, y suministrando mayor cantidad de agua en un tiempo dado, tienen 60 milímetros de diámetro y otro tanto de carrera, y están construidos con fundición, y las varillas son de hierro dulce, mientras que los de las dos bombas menores son de bronce fundido y torneados con sus varillas, y tienen un diámetro de 40 milímetros y una carrera de 30.


Hacia la parte inferior de cada bomba, y en un costado, se adapta una caja de bronce x de chapaletas ó pequeñas válvulas, que llevan de una parte el tubo de inspiración x' y en otra el de inyección x² que va directamente al deposito de fuerza correspondiente, cuya caja no está dispuesta igualmente en los dos juegos de bombas, como se ve por los detalles 1 y 2 que representan los dos sistemas en mayor escala que la figura y en corte vertical; tanto en uno como en otro caso, cada caja contiene dos válvulas de asiento plano, de las cuales una x² está aplicada al tubo x' para la aspiración, y la otra x' en cl conducto que comunica con el tubo de salida X². El tubo de aspiración x' está atravesado en toda su longitud por una varilla vertical que desciende hasta el depósito de agua, con el objeto de ensamblarlo por articulación, en su parte inferior con una traviesa de hierro que recibe igualmente la varilla semejante de la bomba inmediata para reunirla con la primera por medio de dos pequeñas varillas laterales á la palanca de contrapeso y. Por este medio, una sola palanca sirve para las dos bombas de iguales dimensiones, y tiene por objeto hacer equilibrio á una presión determinada, para cuyo efecto, al contrapeso de la palanca y se sujeta una pequeña cuerda que, pasando por poleas de retorno suspendidas al techo, lleva en el otro extremo un platillo de fundición y' (detalle 4) que se encuentra á muy poca distancia por encima de una especie de cubeta ó taza de fondo plano y’, colocado en el extremo del tubo V del depósito de fuerza.


Consisten estos depósitos de fuerza, como indica la figura, en un contrapeso compuesto de un bloque cilíndrico V de fundición, que va enganchado á la parte inferior de la varilla vertical de hierro dulce V con el objeto de actuar en la misma dirección de la resistencia ó tracción normal; esta varilla tiene dos diámetros diferentes, atravesando por la parte más delgada la guarnición de cuero situada en la base del cilindro de fundición A' que forma el depósito propiamente dicho; y la parte más gruesa, que es la superior, atraviesa una guarnición semejante adaptada al extremo del mismo cilindro que, por lo demás, tiene el mismo diámetro en toda su longitud. En cuanto á la manera de funcionar este depósito de fuerza, es muy sencilla: el agua llega al cilindro X por el tubo de inyección x² y se mantiene á la presión normal que se quiera; pero cuando esta presión excede de este punto, la varilla V' sube, y la cubeta ó taza con que termina no tarda en tocar el plato que dijimos estaba unido á la cuerda sujeta en el contrapeso de las bombas de inyección, de suerte que quedando al subir la varilla V' la indicada cuerda floja, bajará la palanca y, subiendo las dos varillas sujetas á la traviesa inferior que sujeta las varillas verticales que se encuentran en los tubos de aspiración x’ ; estas varillas levantan entonces las válvulas de aspiración x3, que no pudiendo funcionar más, dejan marchar las bombas en vacío, continuando este hasta tanto que la presión se mantiene más elevada de lo necesario; pero en cuanto esta presión disminuye, la carga V tiende á bajar, el plato y' desciende de nuevo, y la cuerda tira del contrapeso de la palanca y que abandona las varillas laterales, y por consiguiente deja libres las válvulas de aspiración, entrando enseguida las bombas en sus funciones naturales, inyectando el agua en el depósito regulador.

Cada cilindro X está sólidamente sujeto sobre una especie de columna hueca X' de fundición, que le sirve de soporte y que reposa sobre un macizo de mampostería, y lleva dos tubuladuras, de las cuales la una recibe el tubo de inyección x² y la otra la caja de bronce Y, que sirve para unir el cilindro con el tubo x5 que lleva el agua á las prensas; en el depósito que corresponde á la pequeña presión, la caja esta provista de una válvula llamada de retención, con el objeto de evitar que el agua de la grande presión pueda introducirse en el cilindro de este aparato, lo cual sucedería si por descuido el obrero se olvidase de cerrar el orificio de la pequeña presión antes de abrir el de la grande.

Hemos dicho que cada prensa hidráulica está provista de una llave distribuidora que permite introducir á voluntad la presión mayor ó la menor á funcionar en aquella. Para ello el aparato está dispuesto de una manera muy ingeniosa y al mismo tiempo cómoda, componiéndose, como indica et detalle 3, que es un corte horizontal, de una pieza de bronce R que se aplica por un lado contra la tubuladura de la prensa, con la cual debe formar cuerpo, y lleva en el lado opuesto un tornillo de atracción z que se mueve á mano por medio de un volante con manetones; este tornillo se apoya contra un tapón de cobre guarnecido de cuero para cerrar el orificio que permite la comunicación de la prensa con el tubo de descarga Z aplicado debajo, y que se ve en la figura, el cual devuelve el agua al depósito de las bombas de inyección, cuando la prensa no funciona, y hay que proceder á descargarla de los capazos ó sacos de pasta prensada; á los dos costados laterales del mismo distribuidor se adaptan dos tornillos de punta cónica z1 y z2, provistos igualmente de pequeños volantes con manetones que permiten hacerles girar á voluntad; su extremo cónico sirve de válvula en los pequeños orificios practicados en el interior de las dos tubuladuras laterales, y el más grande, de 6 milímetros de diámetro, debe comunicar con el tubo de escape de la pequeña presión, mientras que el otro, el menor, que solo tiene 1,5 milímetros de diámetro, corresponde con el tubo de la gran presión. De este modo, cuando el obrero desee, por ejemplo, que el agua inyectada llegue del depósito de fuerza ménos cargado, abre la primera válvula z1 y cierra la segunda z2 al mismo tiempo que mantiene también cerrado el tapón de descarga con el tornillo z; y cuando quiera que llegue el agua de la gran presión, no tiene mas que hacer lo contrario, cerrando, por último, las dos válvulas y abriendo el orificio de descarga cuando la prensada se haya terminado. Como medida de prudencia, á cada distribuidor le precede una llave de inyección Z' que aplica sobre cada uno de los tubos conductores, y tienen por objeto estas llaves el permitir la interrupción del juego de una prensa cualquiera que sea, sin perjudicar en manera alguna al trabajo de las demás; al efecto, cada una de estas llaves está provista de un tornillo de atracción libre por el extremo que precede á su punta cónica, para abrir ó interceptar á voluntad la comunicación entre el tubo x5 que va al depósito, y el tubo x6 que va al distribuidor, y por consiguiente al cuerpo de la prensa.

Para concluir diremos que el agua que debe emplearse en estas prensas ha de ser lo más pura posible, por cuya razón es hasta conveniente el filtrarlas, debiendo emplear la misma hasta tanto que sea propia para ello. Esta agua llega al depósito de las bombas por el tubo Z.

Por lo demás, la manera de trabajar con estas prensas queda indicada con solo haber hecho su descripción. La primera presión se verificará con la de 50 atmósferas, y la segunda y hasta la tercera, si se llegase á este número, se hará con la de 200 atmósferas.

Conocidos los tres sistemas de prensas más principales, esto es, las de viga, las de husillo y las hidráulicas, pasemos á hacer un ligero examen comparativo de las mismas.

Las prensas de viga tienen desde luego el inconveniente, que á veces puede ser de mucha importancia, de ocupar gran espacio. La mucha madera que entra en su construcción las hace además mucho más caras de lo que se cree, debiendo advertir á este propósito que son precisos maderos de grandes dimensiones, lo cual no es siempre fácil de conseguir. Su potencia es inferior á la de las otras prensas, y el tratar de aumentarla añadiendo peso al quintal, tiene el inconveniente de la pérdida de tiempo, y de estar muy limitado este aumento por la naturaleza misma de la viga.

Al esprimir la pasta de la aceituna hay que recoger el aceite en vasijas á propósito, cuyas dimensiones y forma varían bastante. En algunos molinos de aceite se limitan á recibir el que escurre de las prensas en una tinaja en donde el aceite, como más ligero, ocupa la parte superior, sobrenadando al agua que, como más densa, ocupa el fondo de la tinaja: el aceite se extrae de aquí por medio de cazos ó jarras, y se deja reposar algún tiempo en otras tinajas donde se depositan las pocas impuridades que todavía pueda contener, así como la pequeña cantidad de agua que le queda mezclada. Las aguas estas, junto con las que proceden de la primera tinaja, suministran un poco de aceite que por medio del reposo de las mismas va á ocupar la parte superior. Este procedimiento presenta varios inconvenientes, y es preciso que sea abandonado por completo.

En otras partes se recibe el aceite que procede de las prensas en una vasija de madera de forma de tonel sin fondo, forrado en su interior con una lámina delgada de estaño, de hierro estañado ú hoja de lata; en esta vasija se echa agua fría ó caliente, y el aceite al subir á la superficie, se derrama y cae por una canal situada un poco más abajo del cuello de aquella en otros dos recipientes, en comunicación por sus bases por medio de una llave, y los cuales se llenan con el líquido graso que se encuentra igualmente dividido en cantidad y calidad por la ley de la gravedad de los cuerpos fluidos y por la de las medidas de capacidad de los vasos. Las aguas procedentes de la vasija primera de recepción, después que se les ha extraído los aceites buenos, pasan á un depósito subterráneo llamado generalmente infierno, donde todavía suministran una pequeña cantidad de aceite que sobrenada. Este depósito lo reemplazan algunos ventajosamente por un foso, donde se colocan de seis á ocho tinajas; para desprender el agua, se establece una comunicación entre estas tinajas por medio de un tubo que, partiendo del fondo de una de ellas, llega á algunos centímetros debajo de su cuello ó boca; de aquí comunica con la segunda tinaja provista de un tubo semejante al anterior, y así sucesivamente de tinaja en tinaja. En vez de las tinajas emplean algunos balsas puestas en comunicación de igual manera; y es fácil explicarse el modo de funcionar de este como del anterior aparato. En efecto, el agua que

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el molino tenga alguna importancia. Según vemos en una acreditada revista de agricultura, al ocuparse de la industria olivífera de Italia, con dos molinos del sistema moderno, una prensa hidráulica y 10 hombres para su servicio, se pueden hacer 48 prensadas en 24 horas de trabajo. Comparando los resultados de las antiguas máquinas con las modernas, resulta lo siguiente: con dos molinos buenos mecánicos, una prensa hidráulica y 10 hombres, se obtiene el producto de 8 muelas, 8 prensas, 24 hombres y 8 caballerías; suponiendo que con una prensa del país servida por tres hombres, una muela y una caballería, se obtienen, término medio, seis prensadas en 24 horas de trabajo.

Con la prensa hidráulica además, puede obtenerse una mayor cantidad de aceite de inferior calidad que en las prensas antiguas: quedará en los residuos de la presión, por ser esta insuficiente á esprimirlos.

Se ha objetado á las prensas hidráulicas el que con ellas se obtiene el aceite de inferior calidad que con las antiguas; pero esta objeción tiene bien poca fuerza, desde el momento en que se tenga presente que con las prensas hidráulicas puede obtenerse la presión que se quiera, sin más que correr á derecha ó á izquierda el contrapeso regulador de la válvula de seguridad. Esta circunstancia hace que se pueda clasificar fácilmente el aceite que escurre, según sea la presión que lo ha producido, y procurando á la última darle á la prensa su mayor presión, para obtener hasta la cantidad más pequeña de aceite que contengan los residuos.

Antes de dar por terminada la parte correspondiente al prensado de la aceituna, debemos decir dos palabras sobro la sustitución, tantas veces intentada, de los capazos de esparto, por otros medios que no resulten tan caros, corno indudablemente sucede con los primeros. Se ha tratado ante todo de sustituir el esparto por otras materias, tales como las telas de lana y la crin, pero no daban buenos resultados. Por esta razón se ha tratado de suprimir por completo los capazos, y entre los medios propuestos para ello, merece preferentemente fijar nuestra atención el que ha propuesto y puesto en práctica el Sr. Bory, el cual vamos á describir con todos sus detalles.

El Sr. Bory establece siete cilindros ó tambores como el de la figura 13, que representa un corte vertical por su eje y su proyección horizontal, perfectamente iguales, de 0,m45 de altura, por 0,m40 de diámetro, compuestos de dos partes ab y unidos en h h. Las duelas do estos tambores son de madera, de 5 centímetros de espesor; cada tambor debe estar armado por tres aros fg de hierro de buena calidad. En el interior de cada cilindro se practican en toda su redondez unas canales c de 25 milímetros de ancho, 12 de profundidad y 0,m50 de longitud, de modo que queden al extremo de cada cilindro 15 centímetros sin canales. Sobre estas canales, y en todo el rededor del cilindro, se coloca una palanca de palastro llena de agujeros pequeños, semejantes á los de una criba muy fina, que se encaja en la madera de tal suerte, que se encuentre con igualdad con la parte superior del cilindro: en el fondo de cada tambor se practica una entalladura al extremo de cada canal para que dé paso al liquido. Cada cilindro tiene una charnela que permite abrirlo por la mitad, y se cierra por medio de una clavija de hierro en forma de llave. Por último, los siete tambores se colocan sobre la plataforma de la prensa, y están provistos cada uno de un pistón de madera resistente (figura 14) de 0,m40 de altura, construido de modo que pueda entrar muy ajustado: todos los pistones deben ser de igual fuerza y altura.

Al proceder á la operación, es preciso tener siete pedazos de tela común de 40 decímetros cuadrados, en cada uno do los cuales se pone una igual cantidad de pasta de aceituna, por medio do una medida preparada exprofeso; cada trozo de tela cargada de pasta se coloca en cada uno de los tambores;, enseguida el pistón se pone encima; después se colocan sobre el todo una ó dos planchas que cubren todos los pistones, y al acercarse la presión sobre estas planchas, producirá el efecto deseado. El aceite sale enseguida por los pequeños agujeros practicados en la placa de palastro, cae á lo largo de las canales, y viene á parar á la plataforma de la prensa, para verterse en las vasijas de recepción.

Cuando se quiera trabajar en presencia del agua caliente no hay más que separar los pistones, remover la masa, después de añadirle el agua, con un tridente á propósito de hierro, y prensar enseguida de colocar los pistones y las planchas, como antes hemos indicado.

Para descargar los cilindros no hay más que quitar la varilla de hierro que los cierra, y separar enseguida el piñuelo, que se presentará en panes duros como la piedra.

Excusado es decir que en vez de siete tambores, pueden emplearse solamente seis, cinco ó cuatro, según se desee y permita la prensa.

Según el Sr. Bory, por su nuevo método, que acabamos de describir, bastan cuatro hombres en vez de ocho que se necesitan cuando se sigue el procedimiento ordinario, para hacer 20 prensadas en 24 horas, mientras que por este último, no se pueden obtener sino de ocho á diez en el mismo espacio de tiempo; desde luego no hay que llenar y apilar 36 capazos, y además se obtiene una quinta parte más de aceite, según la experiencia le ha demostrado al Sr. Bory.

A pesar de todo, nosotros dudamos mucho de que sean tan grandes las ventajas del método del Sr. Bory, sobre el que se sigue generalmente, dado caso de que existan estas ventajas.

Otros han propuesto sistemas mixtos, esto es, rejillas resistentes colocadas al rededor de la pila de capazos ó sacos en que se contiene la pasta de la aceituna; entre los cuales está el empleado en la prensa de la figura 10, que consta, como la misma indica, de una série de platos de hierro de 6 á 7 milímetros de espesor, que cada vez van siendo menores y que llevan un círculo de hierro lleno de agujeros; cuyo círculo lleva un reborde en la parte inferior, formado por otro círculo muy estrecho de igual espesor; estos dos círculos están fijos al plato, que son cónicos, elevándose en el medio 1,5 centímetros próximamente. La pasta oleaginosa se coloca en cada plato (figura 15) en una tela de crin, ó en otro cualquier tejido; se colocan los platos unos encima de otros, y cuando la pasta experimenta la presión, extendiéndose gradualmente hacia la circunferencia de aquellos, el escurrimiento del aceite se verifica con mucha más facilidad.

Tampoco creemos que este procedimiento ha de dar los mejores resultados.

La Gaceta industrial. 1875

INSTRUCCION PARA MEJORAR LA FABRICACION DE LOS ACEITES,

POR DON LUIS DE VILLAVERDE Y CASTRERA-

(Continuación.) (1)

TRITURACION.

La generalidad de nuestros molinos en lo respectivo á las yuseras, muelas, rulos y medios que tienen para triturar la aceituna, no son buenos por la poca cantidad de trabajó útil que se obtiene en ellos con relación á la fuerza que se emplea como potencia; pero como este defecto pertenece á la cuestión administrativo-económica y yo no me ocupo sino ligeramente de la que conduce al mejoramiento del caldo que se busca, hasta aquel grado en que pueda lograrse sin innovaciones sensibles, doy los demás por buenos desde luego.

En el capítulo anterior hemos dejado á los arrieros ó á los carreros tranquilamente conduciendo su carga desde el campo con todo el esmero, cuidado y pulcritud que le son características, y poseídos de aquel celo y afición que tienen acreditados nuestros braceros cuando se trata de los intereses del amo á quien sirven, y el cual se expresa generalmente entregando rota, vertida ó averiada y maltratada la mercancía, mueble ú objeto que se les ha confiado.

Alejémonos un poco de su vista, dejando á los hombres del camino hacer el suyo dormitando con el sueño de la ignorancia sobre los abismos insondables que pisan, ó que amenicen su jornada con los borrosos cantares que le son característicos, si están advertidos del inminente riesgo que corre el viajero que transite por los arrecifes de Andalucía.

Coa alguna delantera que les tomamos, conseguimos alcanzar antes que ellos las puertas del molino, objeto entonces de nuestra caminata: como era de presumir estaba cerrada. Al mozo que acertó á meter las guardas de la llave en la cerradura, le fué preciso descomponer el cuerpo, aguantar la respiración y remangar el labio para darle vuelta, y si lo consiguió al fin, como asimismo descorrer el pesado cerrojo haciendo hincapié en el umbral de mampostería, fué por el auxilio de otro compañero y por acumulación de fuerza hasta vencer la resistencia que opusieron los goznes; tal se hallaban estos, el cerrojo y la cerradura cargados de seco, espeso y mohoso orín. Los vapores que entonces se escaparon del interior, al que no le puso enfermo, cuando menos le hizo volver la espalda.

Poco ó nada se había entrado desde la cosecha anterior en aquella mansión abandonada: todo se encontraba en ella tal cual quedó en el último instante de terminar la campaña.

Instrumentos de labor por aquí, espuertas y capachas embetunadas de pasta de aceite rancio por allí, pilas de tortas podridas, caídas y rotas, entrelazadas con tisú de arañas ó llevadas á larga distancia trasformadas en menudo grano, y en fino polvo, ya por las alimianas é insectos, ya por las aves caseras, obstruían el puso por todas partes. Sin estar el suelo recubierto por centenares de nidos fraccionados de golondrinas desgajados de las vigas á impulso del vendaval, nuestros píes se hubieran enclavado en el recinto del molino, expuestos a ser encolados de la manera que lo estaba el rulo á su plano y todos los órganos mecánicos entre si. Los gatos habían tomado estos espacios por vergeles de sus amores, y en ellos hubo de haber querellas, y justas, y torneos, y también valor dudoso, porque todos los rincones acusaban la descomposición que causa el miedo, sin que fuera imperfecta la duda de que también le acometió á pato, pava, gallo y gallina, al turbar dulce sueño el furor de los combatientes, porque se encontraban en otros sitios señales visibles de que ellos habían tenido desfallecido el ánimo y sentido pavorosos temores. La pegajosa y repugnante tenaja deja de ver en su fondo, bajo una delgada capa de aceitón, una borra espesa y rancia: las sucias tapas naufragan, enteras ó rotas en un piélago de múltiples capas de lo que sirvió el año anterior para abrigar las tenajas, cuya masa se halla tan bofa y podrida, que no ofrece resistencia, y ocasiona que al andar se hunde la pisada. La bomba retiene, si bien muy mermada, aguas cuajadas de cieno del año anterior. La caldera es de color verde moteado de blanco por dentro, y está matizada de pedruscos, casquijo y telarañas; cuñas, palas, mazos, palancas, pernos, cadenas, ganchos y útiles de todas clases, quitan libertad al andar, y si se repara en la viga mal sostenida por el torcido husillo, al que falta la llave, el ánimo se contrista y se siente impulsos de escapar.

Cuanto emana de este sitio nos revela que allí ha predominado la pereza, la incuria, el descuido, el abandono, y en fin, la antipatía más decidida por los hábitos del trabajo. Tal espectáculo no pudo menos de sugerirnos multitud de reflesiones, y una vez echada á volar la imaginación, nos hizo dar un salto á la Calzada de Sevilla y á los almacenes de Málaga.

Algún desvarío parecía haber en esto; sin embargo, buscando la explicación, fácilmente se la halla. Es que en ambos sitios se encuentra de manifiesto la consecuencia precisa de cuanto aquí pasa: es que en ellos se ofenden los sentidos de un modo igual al que se acaba de decir.

La mansión que acabamos de describir es, sin duda, la más adecuada y conveniente para alojar una aceituna apaleada, estrujada, arrastrada por los suelos, sucia, maltratada y mal ataviada, de la misma manera que el lupanar es el aposento del cerdo; pero no para la que viene cogida con mimo, entresacada y separada de la que pudiera manchar su pureza, que hincha la atmósfera con su fragancia y que impone á cuanto lo rodea la limpieza y aseo que le son debidos.

El molino debe estar limpio, no olerá nada y denotar mucho orden, Cada cosa y cada útil debe estar en su sitio y todos resplandecientes y brillantes. Debe tenerse muy presente que cuantos vasos é instrumentos van á ser empleados en la faena que se prepara, sirven para ponerse en contacto con una sustancia alimenticia, aun cuando tenga además otros usos; por lo tanto, que á manera que en una casa bien dirigida, y en que hay gobierno, la dependencia más aseada es la cocina, en el molino donde se va á condimentar un caldo que tanto figura en aquella, no debe estar menos limpio.

Entrar en detalles de cómo se pone en buenas condiciones de aseo el molino, seria favorecer poco á los que leen estas líneas, y menos hacerlo en la tierra donde se conserva blanco, á fuerza de cal, el hogar donde se cuece la holla podrida.

Conseguir esa limpieza es cuestión de puños, escoba y agua; sobre todo de mucha agua.

Sin embargo, haré algunas observaciones sobre la limpieza de la tinaja, por la mucha importancia que tiene; bien entendido que lo mismo que para el rulo ó yusera, serán auxiliares eficaces la cal, la potasa, el vinagre, la ceniza, el jabón, la arena, el acido sulfúrico diluido en agua, puesto que son reactivos á propósito para cada uno de los cuerpos pegados á sus paredes, sin embargo de que ninguno de ellos es suficiente sin el auxilio de un buen estropajo bien empuñado.

La potasa diluida en agua en proporciones convenientes para que no moleste la epidermis de las manos, quita pronto y bien las grasas mezcladas con polvo y otras impurezas que forman las costras que recubren todas las partes que son de madera, como viga, cuñas, armaduras, tapas de tinaja, etcétera, etc. En la piedra es más eficaz aún el ácido sulfúrico, que á veces puede emplearse puro si las suciedades se resisten demasiado al agua acidulada y al frotamiento hecho antes con arena, ceniza ó jabón, bien entendido que la operación se debe terminar siempre, sea cual fuere el ingrediente que se use, con verter y chapuzar mucha agua en la piedra para que no quede trazo del mismo.

Los rulos y sus planicies fácilmente se limpian: respecto á los ejes de hierro, ruedas de engrane, armaduras y todos los demás órganos mecánicos, caso de hallarse recubiertos de orín, deben empaparse bien con aceite, y cuando esté bien reblandecido, se les frota con papel de estraza para limpiarlos, si bien debe repetirse la operación, caso de que las picaduras sean profundas.

Como la tinaja es de sustancia porosa, la porquería se le agarra fuertemente y llega á formar costras gruesas que á veces es necesario rascar para quitarlas, ocasionando con esto bastante deterioro en ella, puesto que se descascararía la capa primera y la deja más porosa en aquel sitio, que si bien no tienen vidriado, como sucede en toda la superficie interior, sin embargo, tiene más densidad, sucediendo lo mismo á la exterior por la mayor presión que experimentan naturalmente dichas superficies al tiempo de modelarse en el torno la tinaja.

En este particular no puede dispensarse nada: la tinaja y lo mismo la bomba han de quedar tan limpias, como si se estrenasen, cada vez que se pone aceite nuevo en ellas. Todo lo que sea faltar á esta regla es echar á perder el mejor aceite que se deposite en dichos vasos. Para convencerse de esta verdad, basta considerar que el color de las tinajas es rojo-rosado-claro, y por consiguiente que lo que interrumpa este tinte procede de una pasta endurecida, formada de los principios sólidos del aceite enranciado, borras, polvos y distintas suciedades en estado de corrupción y podredumbre: esas costras y manchas son un verdadero estiércol, y bastante peor aún; que si no apestan de un modo insufrible, es debido a su estado de sequedad; pero que se reblandecen lo bastante con el aceite nuevo, para comunicarle toda su fetidez, desprendiéndose en gases. Esta operación que se facilita, como sucede en toda reacción química, por el calor, se hace viva, porque los labradores logran producir ese calor rodeando las tinajas con orujo. Los mismísimos ángeles caídos, escapados de los profundos infiernos, no hubieran podido dar una conseja más desatinada. El consabido orujo con que arropan las tinajas (este es el término usado), hubiera sido mejor empleado en arropar al inventor que concibió tan funesta idea, para que la idea y él hubieran quedado en la cloaca en que convirtieron unos sitios que deben resaltar por su limpieza. aseo y buen olor.

El orujo, como queda dicho, activa el reblandecimiento de las capas solidificadas de residuos repugnantes al paladar en la tinaja y su mezcla intima con los aceites, á causa de la elevación de temperatura que produce; por otra parte, como esta es causada por una fermentación, que no es otra cosa que lo conocido vulgarmente con el nombre de pudrición, esparce en el almacén una atmósfera pestilenta compuesta de distintos gases, muy nocivos bajo distintos puntos de vista para los aceites, porque estos los absorben con avidez hasta llegar á un completo grado de saturación. Para convencerse de esta verdad, y de que aun cuando las tinajas estén perfectamente limpias bastan esas múltiples mantas sui generis de filamentos de pulpa, hueso y pepita de aceituna para ocasionar su ruina y deterioro; que no se verá un almacén en que se tenga orujo, y por consiguiente orujo ácido podrido, hediondo, por muy poco tiempo que haya tenido de permanencia en él, en que el aceite, por muy tapado que se halle, no participe del gusto que se mastica en el espacio del local.

Debe proscribirse por completo y en absoluto tener ni un polvo de orujo en el sitio donde están almacenadas las tinajas, ni en lugar alguno próximo á donde haya aceite Por otra parle, bien sabido es que no hay laboratorio químico más perfecto que el de la misma naturaleza. En este concepto, á nada conduce adelantar la precipitación de los principios sólidos de los aceites, lo que se llama comúnmente descolgar, porque luego viene la estación calurosa, y naturalmente se verifica su clarificación. Este resultado lo da una elevación de temperatura solamente Por eso se obtiene con la temperatura de la fermentación de los orujos frescos, pero introduciendo para esto, como hemos dicho, vicios en extremo perniciosos. Si el labrador se hallase necesitado de vender pronto sus aceites, y por ello de aclararlos por un medio artificial, que lo haga sirviéndose de una estufa que introduzca en el almacén, pero de ningún modo por el sistema que tiene en uso. Antes que esto, seria preferible que metiesen en las tinajas que se quieran aclarar aquellos calentadores cargados de carbón que usan los almacenes de la Calzada de Sevilla, que aun cuando sea otra invención de Lucifer para dar á los aceites el martirio de San Lorenzo, constituyen un método menos malo en caso de urgente necesidad, que lo es el dichoso del orujo.

Lo más perfecto seria (si bien no es mi propósito este consejo por ahora) tener un almacén-estufa á 30 grados de temperatura, en el que permaneciesen los aceites el tiempo preciso para precipitar los residuos (descolgar), y de allí pasasen á los almacenes de conservación, que para este fin deben ser frescos.

Con esto se conseguían dos ventajas, una la de hacer un primer trasiego al caldo, operación que siempre es beneficiosa; otra llevar el aceite claro á los almacenes de conservación, donde el trascurso del tiempo aumentaría su pureza, no causándose en las tinajas esas grandes cantidades de borras y aceites que para su mal retienen todo el año en contacto.

Con lo dicho hasta aquí y lo callado por sobreentendido, tenemos el molino (1) perfectamente limpio; todos los objetos en su puesto, y el trabajo de los operarios perfectamente repartido, para que cada cual desempeñe su cometido. Sobreviene ahora la duda de no saber si la aceituna que va á llegar puede molerse en el mismo día, ó si por ser excesiva la recolectada en un día podrá triturarla la muela en veinticuatro horas y prensarla la viga, dando por consiguiente un sobrante que será necesario dejar para otro, en cuyo caso nos encontramos con que no se puedo tener lo que se desea y conviene.

Nada más fácil que obtener una molienda corriente diaria y de aceituna fresca y cogida en el día, sea cual fuere la extensión del olivar que se recolecta, única á propósito para dar aceite de comer. Sin embargo, la generalidad de los olivareros oponen á este proceder tal cúmulo de dificultades y tantos inconvenientes, que á veces me ha hecho pensar si estos serian fundados. No lo son de ninguna manera, y como por otra parte, solamente por medio de fabricación corriente es como puede tenerse aceite de mesa, no hay más camino que hacerlo así y combatir esas dificultades imaginarias. Vamos á ver cómo puede llegarse al fin que se desea.

(1) Aun parece mejor conservarle su antiguo nombre árabe de almazara, para distinguirlo del molino propiamente dicho, que es donde se muele, y está compuesto de rulo, ó muela o yusera, planicie, armadura y órganos mecánicos.

Estábamos absorbidos en estas reflexiones, cuando de pronto hemos cesado de oír el monótono cencerro del liviano que desde hacia rato se percibía á la distancia, ó sea las alegres campanillas de las cabezadas de las muías ó el desgarrador chillido de la mal labrada carreta, que venían formando un crechendo, como diría Verdi, en términos musicales. Este accidente es indicio cierto de que también ha llegado á la almazara la cabalgata con la aceituna cogida, y si de ello se dudase, nos cercioraría oír alguna que otra interjección aragonesa, que hace sonar una voz robusta de las que formamos concepto en los patios de nuestras posadas.

Trae 150 fanegas de aceituna, lo que nos hace conocer que al día siguiente se recogerán otras tantas, porque esta cantidad debe ser sin duda la correspondiente al trabajo útil que puede hacer la cuadrilla recolectora.

Ei molino sólo puede moler cada 24 horas 100 fanegas de aceituna, Este es el gran conflicto en que se encuentran nuestros labradores, que dicen: Si se recolecta 50, 100 ó 300 y el molino no tritura sino 40, ¿cómo he de hacer fabricación corriente? ¿Qué puede hacer después de la primera tarea para tener fabricación corriente, si cada día se amontona más fruto en la almazara? La cosa es muy sencilla de responder. Se hace dos clases de aceite, una de fabricación corriente, y la otra como es de ordinario; fermentado, entrojado y podrido. Con las 150 fanegas de aceituna que están descargando los arrieros, se hacen dos partes: 100 se llevan al molino y las 50 restantes se echan en la troje, la cual no estará de más que se haya aseado y blanqueado.

Las 100 fanegas de aceitunas conducidas á la planicie del molino pueden empezarse a moler desde luego, mientras las caballerías se han ido á comer su pienso, las gentes á confeccionar su comida, aviar sus bestias y disponerse para repetir el mismo trabajo al dia siguiente.

Cuando se han cumplido 24 horas nos encontramos con 100 fanegas de aceituna convertido en aceite que se ha vertido en las tinajas, 50 fanegas puesto en la troje, y las caballerías con nueva carga á la puerta. Se repite la misma operación, 100 fanegas van al molino y 50 á la troje, de modo que, prosiguiendo así, cada 24 horas tenemos, por ejemplo, 70 arrobas de aceite más de fabricación corriente, y 50 fanegas de aceituna de aumento en la troje.

Al cabo de 30 días nos hallaremos con 2.100 arrobas de aceite, procedente de fabricación corriente en las tinajas, y 1.500 fanegas de aceituna con diferentes grados de fermentación en la troje que requieren molerse.

¿Qué ha costado conducir de este modo la operación? Nada.

¿Qué ventajas tiene? Muy grandes. Si alguien lo duda, puede hacer la pregunta á los que han adoptado este sistema desde el año pasado, y si no dan crédito á nadie, la baja que tendrán sus aceites en el porvenir, si no acometen la reforma, se lo harán aprender.

Por el pronto se tiene un aceite limpio y de superior calidad, y otro aceite de calidad inferior, aunque no tanto si con mucho como el que ordinariamente se hace, pero el cual por ahora, para evitar complicaciones, puede mezclarse y formar una sola clase con el procedente de la aceituna caída, la entrojada y de cuantos desperdicios se recojan en la almazara.

El aceite de segunda presión es el que se hace diariamente, pero muy inferior al de primera. La circunstancia de no tener entrojada la aceituna, hace que resulte un aceite mejor que el ordinario que se fabrica comúnmente, á pesar de que se pueden usar para sacarlos las prensas más poderosas, pues en este aceite, y más estando decidido á mezclarlo con los otros de clase inferior, lo que conviene es obtener la mayor cantidad posible, auxiliándose del agua caliente ó chorros de vapor que seria un medio más adecuado sin cuidarse de lo demás.

De este aceite se podría todavía, dando dos presiones al orujo que deja la primera presión, si se le mezcla con agua caliente, sacar dos, uno que podría ser regular para comer y el otro á que se diese la mayor compresión posible, y el cual fuese el solo que se dejase para mezclar con todos los otros que hemos mencionado.

La sola innovación precisa que por ahora debe hacerse en los molinos, es la de tener dos bombas en vez de una, y dos canales. La una para recibir el aceite de primera presión, y la otra para el de segunda presión.

Es un gasto bastante insignificante, pero de absoluta necesidad. Es tan necesaria la segunda bomba, como lo es la viga, el molino y la caldera. En el año pasado establecieron algunos labradores la segunda bomba, estando muy contentos con esa innovación, y en el actual, para la cosecha que empieza, otros me han escrito que ya la tienen preparada.

Procediendo como queda explicado en los párrafos anteriores, cosa en la cual no podrá argüirse que nos desviamos demasiado de las prácticas usuales, nos encontramos al fin de la campaña con dos clases de aceites; eso solo, sin embargo, constituye un mejoramiento y representa un progreso de fabricación de un valor inestimable, puesto que hemos llegado al desiderandum de tener en Andalucía aceite de mesa que no se ha cocido con agua.

No es esto seguramente llegar á la perfección, pero es estar en camino de ella. No lo es, porque ésta consiste, como dije en mi primer folleto, en hacer ocho clases de aceite en una almazara bien dirigida, el primero, que es el de primera presión, y el último el llamado de resence (l), que con el tiempo espero ver extraer á nuestros hacendados, teniendo para ello la misma confianza que he tenido para que adoptasen el de primera presión, que hoy hacen unos pocos en algunas localidades.

La primera prensada de la primera tarea debe ser muy suave: entre tanto debe estar abierta la canal que va á su bomba correspondiente, y cerrada la otra. Ocurre con frecuencia en esta tarea, que como la aceituna está mojada, es muy fresca y se halla entera; como le falta el calor perjudicial del agua caliente, sucede que al comprimir la viga sobre las capachas, éstas se resbalan y descomponen, dando lugar con esto á un hacer y deshacer la carga que ocasiona una pérdida sensible de tiempo. Para evitar este accidente, se montan las capachas de esta manera: después de poner la primera, una vez cargada, se le pone otra encima vacía, y se sigue así sucesivamente, alternando las capachas cargadas con las vacías. Si aun así no se consiguiese sujetar la carga, se toma un puñado de orujo caliente de las capachas en que se ha prensado el aceite de segunda presión, se desmenuza un poco de prisa para que no pierda calor y se rocía con él las capachas: puede tenerse la seguridad de que haciendo esto último, se evite con toda seguridad el accidente de que se hace mención.

Sucede también en la aceituna que tiene las condiciones que quedan expresadas, que saltan chisporrotazos que manchan las paredes y causan desperdicios. Para obviar este inconveniente, se cuelgan al rededor de la pila unos paños sobre los cuales se estrellan los chispazos, y eso basta, para que caigan al suelo.

(Se concluirá.)

(1) Ignoro la traducción española de esta palabra.

Gaceta agrícola del Ministerio de Fomento. 8-12/1876

FABRICACIÓN DEL ACEITE OE OLIVAS

PRENSADO.

Esta operación se lleva á cabo en Andalucía y en esta provincia, con algunas prensas antiguas de viga; gran número de las de husillo de madera y de hierro y unas cuántas hidráulicas.

Quisiéramos ocuparnos con detenimiento de las prensas de cada uno de los sistemas; pero temiendo hacer este artículo interminable, considerando, por otra parte, que no habrá uno sólo de nuestros lectores que no las conozca por haberlas visto funcionar, nos abstendremos de entrar en detalladas descripciones, y vamos sólo á exponer ligeramente los inconvenientes y ventajas que, en nuestra humilde opinión, presentan.

Las prensas de vigas, que, como dice muy bien nuestro compañero y querido profesor de industria rural, D. Diego Pequeño, son verdaderos armatostes, más parecidos á los arietes empleados en las antiguas guerras que á máquinas destinadas á la extracción del aceite, reúnen en sí todos los inconvenientes, sin presentar en cambio la más insignificante ventaja. Ocupan un espacio sumamente grande; su precio es exorbitante, pues con el edificio que necesitan para maniobrar costarán unos 50.000 reales; hay que recomponerlas con frecuencia; la presión que pueden ejercer es muy limitada, y se verifica oblicuamente, por lo que, á cada instante, hay que estar arreglando el pie ó cargo, perdiéndose mucho tiempo en esta operación; y, por último, su manejo fatiga mucho á los obreros.

Las prensas de husillo de madera ofrecen la ventaja sobre las de viga, de ocupar un espacio muchísimo menor y costar bastante más baratas; pero entre otros, tienen el inconveniente de estar generalmente mal construidas y presentar grandes rozamientos, por lo que exigen grandes esfuerzos para lograr una regular presión.

De mejores resultados son las prensas de husillo de hierro, particularmente las perfeccionadas, cuyo husillo se mueve por un sistema de engranaje y uno ó dos volantes con manetones: las hay que pueden ejercer una presión hasta de unos 190.000 kilogramos, costando tan sólo 12.000 reales; mas también adolecen del defecto de necesitar tres ó cuatro operarios robustos para su manejo.

Todos los inconvenientes enumerados se salvan con las prensas hidráulicas; éstas no exigen más que uno ó dos hombres para hacerlas funcionar; alcanzan presiones mucho más grandes que las anteriores, siendo sus precios relativamente menores; y no ofrece su empleo dificultad alguna.

Al ocuparnos de la práctica del prensado, tenemos que repetir lo que decíamos al hablar de la molienda; esto es, que será altamente útil y beneficioso para los cosecheros, y para la reputación y fama de sus aceites, que el prensado se haga primero en seco ó echando agua fría á los pies ó cargos, y de ninguna manera escaldando la pasta como en la actualidad, y especialmente en Andalucía, se verifica; así obtendremos dos clases de aceite: uno superior, que se conservará largo tiempo sin tomar el gusto á rancio, y otro más inferior é igual al que hoy se obtiene por la generalidad de los agricultores murcianos y andaluces.

Sabido de todos es, que para prensar la pasta de aceituna se coloca dentro de los cojines ó capachos de esparto; pero nosotros creemos que sería conveniente se reemplazasen éstos por otros de crin ó de tela metálica de hilos estañados, que no comunicarían al aceite el mal gusto que el esparto le comunica; cuando se empleen cojines de esparto deberán lavarse, cada dos ó tres días, con una legía muy concentrada, enjuagándolos después con agua caliente. Pudiera también hacerse uso de procedimientos análogos al propuesto por M. Bery para extraer el aceite sin el auxilio de cojines. Dicho procedimiento, cuya explicación copiamos del Manual de aceites de la Enciclopedia de Roret, se reduce á lo siguiente:

«Se establecen siete cilindros ó tambores, perfectamente iguales, de 45 centímetros de altura por 40 de diámetro. Las duelas de estos tambores son de madera de 5 centímetros de espesor; cada tambor debe ser reforzado por tres aros de hierro de buena calidad. En toda la superficie interior de cada cilindro, se practican unas canalitas de 25 milímetros de ancho, 12 de profundidad y 30 centímetros de longitud, de modo que queden en la extremidad de cada cilindro, 15 centímetros sin acanaladuras. Sobre éstas, y en todo el rededor del cilindro se coloca una placa de palastro llena de agujeritos (1), semejantes á los de una criba muy fina, que se encaja en la madera, de modo que se encuentre formando una superficie continua y lisa con la parte superior del cilindro: en el fondo de cada tambor, y en la extremidad de cada canal, se practica una muesca y escopleadura para dar salida al líquido. Cada cilindro tiene una charnela que permite abrirlo por mitad, cerrándose por medio de un pasador en forma de llave. Por último, los siete cilindros ó tambores se colocan sobre la solera ó lenteja de la prensa, y están provistos cada uno de un pistón de madera resistente, de 40 centímetros de altura, construido de modo que entre perfectamente ajustado; todos los pistones deben ser de igual fuerza y altura.

(1) Pudiera también emplearse una tela metálica de hilos estañados

Se procede á la operación del prensado tomando siete pedazos de lienzo de 40 decímetros cuadrados, en cada uno de los cuales se pone una cantidad igual de pasta de aceituna por medio de una medida construida exprofeso; cada trozo de tela cargada de pasta se coloca dentro de los cilindros ó tambores; en seguida se ponen encima los pistones, y, por último, sobre las cabezas de los pistones se colocan una ó dos planchas, y al ejercerse la presión sobre éstas, se prensará la pasta de aceituna. El aceite sale en seguida por los agujeritos de la placa de palastro, vertiéndose á lo largo de las canales y cae en la lenteja ó solera de la prensa y de aquí en los pocillos ó fuentes.

Hecha esta primera presión en seco, se quitan los siete pistones, se remueve la masa con un tridente de hierro, agregándole agua caliente y se vuelve á prensar de nuevo para obtener un aceite de segunda clase.

Se descargan los cilindros quitando el pasador ó clavija que los une, y separando el píñuelo que se presentará formando una masa compacta como una piedra de dura.

En vez de siete tambores, pueden emplearse dos, tres, cuatro, ó los que quepan en la lenteja de la prensa.

El aceite, según queda dicho, desde la lenteja ó solera, pasa á los pocillos o fuentes, vasijas construidas de barro, generalmente empotradas en el suelo de la almazara y en las cuales el aceite ocupa la parte superior, sobrenadando en el agua: ésta sale por un pequeño agujero practicado en el fondo de los pocillos, y el aceite se extrae por medio de cazos.

En unos puntos, el agua es conducida por una canal al estercolero ó á sitios en los que para nada se aprovecha, y en otros, se recoge en un depósito subterráneo llamado infierno, donde todavía se extrae alguna cantidad de aceite para las jabonerías.

Generalmente, con el agua que sale de las fuentes, es arrastrado una porción de aceite que va á los estercoleros ó á los depósitos subterráneos; mas puede evitarse esto, haciendo uso de tres ó cuatro fuentes escalonadas, que se comuniquen por un tubo que desde el fondo de la primera suba en ángulo recto hasta unos 20 centímetros debajo del borde de la segunda: ésta se comunicará con la siguiente por otro tubo igual al anterior, y así sucesivamente, hasta la última, que, por un conducto subterráneo, se pondrá en comunicación con el estercolero. Por medio de esta sencilla disposición, el aceite que sale con el agua del primer pocillo se deposita en el segundo; el que todavía va con el agua de éste, queda depositado en el tercero; saliendo, por último, el agua completamente despojada de aceite.

Este se extrae de las fuentes y pocillos por las espitas que éstos deben tener en su parte superior.

ACLARADORES Ó CLARIFICADORES.

El aceite extraído de los pocillos ó fuentes, lleva una porción de sustancias fermentescibles y mucilaginosas que lo impurifican y enrancian, si no se tiene cuidado de quitárselas inmediatamente: dichas sustancias son las morgas, borras ó turbios. La operación se practica depositando el aceite en los aclaradores, tinajas metidas en el suelo ó empotradas en su macizo de mampostería, y en las cuales se deja reposar por espacio de algunos días.

Varios son los inconvenientes que encontramos en los aclaradores generalmente empleados; pero bastará que citemos algunos, para que los cosecheros se convenzan de lo defectuosas que, en la operación que nos ocupa, son las tinajas y procuren reemplazarlas por las vasijas que luego diremos. En primer lugar, como para sacar el aceite aclarado es necesario introducir en él cazos ó jarros, se agita toda la masa-líquida y se revuelven y mezclan con el aceite las sustancias que se hallaban depositadas en el fondo de la tinaja, resultando imperfecta la aclaración ó clarificación; luego, con el sistema de tapaderas empleado para las tinajas, el aire actúa constantemente sobre el aceite y sustancias fermentescibles que contiene, y da origen al enranciamiento y mal gusto; y, por último, estando las tinajas empotradas, es muy difícil, ó casi imposible, que se limpien bien, y siempre queda en los posos del barro de que están construidas, aceite rancio de la cosecha anterior que comunica sus propiedades á todo el que se ponga en contacto con él.

Estos inconvenientes quedan subsanados, empleando aclaradores de hoja de lata, en forma de tronco de cono y con llaves ó espitas colocadas á diferentes alturas para ir sacando las distintas capas de aceite, á medida que los turbios ó borras vayan depositándose en el fondo.

El aceite no debe dejarse que permanezca sobre los turbios, pues como contienen gran cantidad de fermento, lo enranciarían comunicándole un olor y gusto que le hace desmerecer. Pasados quince ó veinte días del primer trasiego ó separación de las heces, debe darse otro, evitando, á ser posible, el contacto del aire; y al entrar la primera, se volverá á trasegar. Es cosa cierta y experimentada que la mejor clarificación se obtiene por los trasiegos repetidos.

Cuando se desee aceite de superior calidad, después de clarificarlo por el reposo, deberá filtrarse, y aun convendría que antes se clarificase agitándolo con agua hervida y fría, en la cual se haya disuelto cierta cantidad de sal común ó cloruro de sodio, que como insoluble en el aceite se depositará, arrastrando en su descenso las partículas que por su tenuidad permanezcan en suspensión.

Filtros. — Pueden ser de diversas clases, verificándose la filtración de arriba abajo, de abajo arriba, y de costado ó lateralmente; pero uno de los que consideramos más recomendables por su sencillez y buenos resultados, es el que haciendo la filtración de arriba abajo se compone: de una cuba de madera forrada de hoja de lata; en la parte superior y á los treinta centímetros del borde, lleva un falso fondo lleno de agujeros, en los cuales se introducen unas torcidas de algodón con un nudo en la punta; después, más abajo, hay otro falso fondo también agujereado, y entre ambos se coloca algodón 

El Diario español. 4 de septiembre de 1876

EXPOSICION AGRICOLA Y MINERA DE MURCIA.

ARTÍCULO III.

Al lado de los aparatos y máquinas agrícolas de la señora viuda de Estor, descritos en nuestro artículo anterior, vése un molino, todo de hierro, con cilindros de gran potencia, movido por fuerza animal, pero aplicable a una máquina de vapor, destinado á triturar mineral. Está construido por Mr. Benedicto Gal, en la fundición que posee en Cartagena. Este constructor tiene también expuestas diferentes prensas para aceite y uva, con tornillos de 0,09, 10 11 y 12 de diámetro. También la señora de Estor ha expuesto una prensa de triple presión. Su potencia es inmensa y la emplea con gran resultado para moler aceituna. El Sr. Noguera tiene presentada una prensa para la fabricación del vino, construida en Valencia por la Fundición primitiva, de resultados muy apreciables.

La Producción nacional (Madrid). 20 de enero de 1877, n.º 34

FABRICACIÓN DE ACEITE DE OLIVAS

Gaceta agrícola del Ministerio de Fomento. 7-9/1880

IDEA DEL CULTIVO DEL OLIVO Y DE LA FABRICACIÓN DE ACEITE EN ANDALUCÍA. SITUACIÓN DEL AGRICULTOR 

Gaceta agrícola del Ministerio de Fomento. 10-12/1880

ALMAZARA BIEN MONTADA

La Gaceta industrial. 25 de julio de 1888

DESHUESADO DE LA ACEITUNA.

El Diario catalán. 13 de enero de 1898

De re agrícola

La producción del aceite

El Progreso agrícola y pecuario. 16 de marzo de 1899, n.º 138

Aprovechamiento de los residuos

Aceite de infiernos.

Para mejor recoger la materia grasa que escapa de las bombas, ora por descuido de los operarios ó mala disposición de éstas, ora emulsionada en los alpechines, y al propio tiempo evitar las emanaciones pestilentes que de los infiernos se desprenden, aconsejamos disponer las alpechineras de un modo análogo al ideado por el autor en la nueva almazara del Instituto Agrícola de Alfonso XII, ya citado.

De los alpechines como materia fertilizante. 

El Progreso agrícola y pecuario. 7 de agosto de 1899, n. 157

De los aceites obtenidos según el grado de madurez de los frutos.

El Progreso agrícola y pecuario. 15 de octubre de 1900, n.º 215

SECCIÓN DE CONSULTAS

D. F. G. Lecomte nos dirige, desde Málaga, atenta carta demandando nuestro parecer respecto á la conservación de las aceitunas destinadas á la molienda, por un procedimiento de que es inventor y que, según parece, aplica con ventaja para conservar todo género de frutos.

Desde luego debemos decir que lo conceptuamos racional, lógico y en perfecta armonía con los principios establecidos por la ciencia, y que, de haber tenido antes conocimiento del método, le habríamos recomendado en nuestras obras de eliotecnia.

El Progreso agrícola y pecuario. 22 de junio de 1901, n.º 248

SECCIÓN DE CONSULTAS

D. Sebastián Gómez, de Villanueva de la Serena (Badajoz), nos expone los inconvenientes que tiene para los olivareros el verse precisados á llevar sus cosechas á los grandes molinos de los industriales que se dedican á la fabricación de aceites.

Según nos dicen, la molienda les resulta cara y además el rendimiento y la calidad dejan bastante que desear.

El Progreso agrícola y pecuario. 22 de febrero de 1902, n.º 280

Explicación de la lámina.

LA MOSCA Y LA TIÑA DEL OLIVO

El Progreso agrícola y pecuario. 15 de octubre de 1902, n.º 311

Aceites de oliva.

El Progreso agrícola y pecuario. 30 de abril de 1903, n.º 337

Extracción de aceites.

A propósito de la Memoria del Sr. Noriega.

El Progreso agrícola y pecuario. 7 de diciembre de 1903, n.º 366

SECCIÓN DE CONSULTAS

D. Jesús Alcántara, de Archidona (Málaga), envía unas ramillas de olivo atacadas por un insecto, un díptero bien conocido de los labradores con el nombre de Mosca del olivo. Mosca es, en efecto, perteneciente al suborden Braquiferos, tribu Muscinos, género Dacus y especie Dacus olea (de Meigen).

El Progreso agrícola y pecuario. 22 de marzo de 1904, n.º 380

Olivicultura.

El Progreso agrícola y pecuario. 31 de marzo de 1904, n.º 381

Extracción de los aceites de olivas

El Progreso agrícola y pecuario. 31 de julio de 1904, n.º 397

¿Cuál es el mejor sistema de molino aceitero?

El Progreso agrícola y pecuario. 31 de mayo de 1905, n.º 437

Testigo es el Instituto Agrícola de Alfonso XII del desacierto de los encargados de dirigir desde altos puestos la agricultura oficial. Allí, además de las desatinadas compras de maquinaria, se ha derrochado dinero en cosas que han sido, de todo punto inútiles. Se construyó un camino para un tranvía, con su correspondiente estación, que costó enormes cantidades y poco después fue abandonado. Allí se ha construido picadero para enseñar equitación á los alumnos, y se ha derruido sin prestar servicio. Allí se construyó almazara, no habiendo olivos, y á menudo se han hecho adquisiciones de ganado de lujo, que después tenia que venderse por no ser de aplicación agrícola. En cambio han faltado cantidades pequeñas para servicios indispensables, y se da el caso de que la Escuela disponga de un edificio ruinoso y poco á propósito para sus fines.

El Progreso agrícola y pecuario. 15 de diciembre de 1905, n.º 463

EL CONGRESO DE OLIVICULTURA É INDUSTRIA DEL ACEITE EN LISBOA

TRABAJO DE D. MANUEL TAVARES DE LA VEGA

Aparatos de galgas o muelas, o molinos propiamente dichos.

El Progreso agrícola y pecuario. 31 de diciembre de 1905, n.º 465

EL CONGRESO DE OLIVICULTURA e INDUSTRIA DEL ACEITE EN LISBOA

TRABAJO DE D. MANUEL TAVARES DE LA VEGA

Prensado de la aceituna. — Material y procedimientos de extracción del aceite.

El Progreso agrícola y pecuario. 15 de enero de 1906, n.º 467

EL CONGRESO DE OLIVICULTURA É INDUSTRIA DEL ACEITE EN LISBOA
TRABAJO DE D. DOMINGO TAVARES
Decantación, lavado y filtración del aceite.

El Progreso agrícola y pecuario. 28 de febrero de 1906, n.º 473

EL CONGRESO DE OLIVICULTURA É INDUSTRIA DEL ACEITE EN LISBOA
TRABAJO DEL SR. D. ALBERTO CORREA PINTO
Planos y tipos de almazaras.

El Progreso agrícola y pecuario. 7 de marzo de 1906, n.º 473

EL CONGRESO DE OLIVICULTURA É INDUSTRIA DEL ACEITE EN LISBOA
TRABAJO DEL SR. D. ALBERTO CORREA PINTO
Planos y tipos de almazaras.

El Progreso agrícola y pecuario. 22 de marzo de 1906, n.º 473

EL CONGRESO DE OLIVICULTURA É INDUSTRIA DEL ACEITE EN LISBOA
TRABAJO DEL SR. D. ALBERTO CORREA PINTO
Planos y tipos de almazaras.

El Progreso agrícola y pecuario. 30 de abril de 1906, n.º 473

EL CONGRESO DE OLIVICULTURA É INDUSTRIA DEL ACEITE EN LISBOA
TRABAJO DEL SR. D. ALBERTO CORREA PINTO
Planos y tipos de almazaras.

El Progreso agrícola y pecuario. 30 de junio de 1906, n.º 489

EL CONGRESO DE OLIVICULTURA É INDUSTRIA DEL ACEITE EN LISBOA

TRABAJO DEL SR. D. VIRGILIO BURGALLO PINTO.

Almazaras sociales ó mutualistas 

El Progreso industrial y mercantil. 7/1906, n.º 114

TEMAS INDUSTRIALES

Extracción de los aceites de oliva.

El Progreso agrícola y pecuario. 15 de julio de 1906, n.º 491

EL CONGRESO DE OLIVICULTURA É INDUSTRIA DEL ACEITE EN LISBOA

TRABAJO DEL SR. D. VIRGILIO BURGALLO PINTO.

Almazaras sociales ó mutualistas 

El Progreso agrícola y pecuario. 22 de julio de 1906, n.º 492

EL CONGRESO DE OLIVICULTURA É INDUSTRIA DEL ACEITE EN LISBOA

TRABAJO DEL SR. D. VIRGILIO BURGALLO PINTO.

Almazaras sociales ó mutualistas 

El Progreso agrícola y pecuario. 31 de julio de 1906, n.º 493

EL CONGRESO DE OLIVICULTURA É INDUSTRIA DEL ACEITE EN LISBOA

TRABAJO DEL SR. D. VIRGILIO BURGALLO PINTO.

Almazaras sociales ó mutualistas 

El Progreso agrícola y pecuario. 7 de agosto de 1906, n.º 494

EL CONGRESO DE OLIVICULTURA É INDUSTRIA DEL ACEITE EN LISBOA

TRABAJO DEL SR. D. VIRGILIO BURGALLO PINTO.

Almazaras sociales ó mutualistas 

El Progreso agrícola y pecuario. 15 de agosto de 1906, n.º 495

EL CONGRESO DE OLIVICULTURA É INDUSTRIA DEL ACEITE EN LISBOA

TRABAJO DEL SR. D. VIRGILIO BURGALLO PINTO.

Almazaras sociales ó mutualistas 

El Progreso agrícola y pecuario. 7 de septiembre de 1906, n.º 498

EL CONGRESO DE OLIVICULTURA É INDUSTRIA DEL ACEITE EN LISBOA

TRABAJO DEL SR. D. VIRGILIO BURGALLO PINTO.

Almazaras sociales ó mutualistas 

El Progreso agrícola y pecuario. 31 de marzo de 1908, n.º 573

Descripción del procedimiento "Acapulco"

El procedimiento de extracción del aceite por este novísimo procedimiento se expone brevemente á continuación.

La aceituna, ya sea desde los mismos capachos en que es transportada del olivar, ya sea desde los trojes donde se conserva, se deposita en una tolva colocada en el patio de la fábrica, de donde la toma una espiral de Arquímedes que la conduce al interior de la almazara, vertiéndola en una deshuesadora, desde donde la pulpa, convenientemente macerada, cae en un conductor horizontal formado por una canal semicilíndrica, dentro de la que se mueve un gusano ó hélice. Esta canal está provista de tantas compuertas inferiores para la salida de la aceituna cuantos sean los embudos del extractor ó los extractores que cargar.

El Progreso agrícola y pecuario. 7 de noviembre de 1909, n.º 650

El orujo de aceituna en la alimentación del ganado.

Desde hace algunos años, los agrónomos hacen una activa propaganda en favor de la utilización de los orujos de aceituna para la alimentación del ganado. Estos orujos, separados del hueso con máquinas especiales y convenientemente desengrasados, constituyen una nutrición complementaria excelente y económica para los ganados.

El Progreso agrícola y pecuario. 22 de junio de 1913, n.º 824

D. Isidro Luis Calvarro, Robledillo de Gata (Cáceres),

Sí, señor; hay ya sistemas sancionados por la práctica para extraer el aceite de los orujos en la almazara sin recurrir á las costosas instalaciones de carácter industrial. 

El procedimiento es sencillísimo: dispuesto el estractor y destilador en un solo aparato, se carga aquél de orujo y se le inyecta el bisulfuro de carbono; después de tres horas de maceración, el disolvente ha extraído toda la grasa contenida en el orujo; en ese momento, se hace pasar la mezcla de grasa y disolvente al destilador, donde, como su nombre indica, haciendo uso del vapor de agua, se hará evaporar el bisulfuro y queda el aceite, que se saca por un grifo que tiene el aparato 

El Progreso agrícola y pecuario. 31 de marzo de 1915, n.º 909

Excursión agrícola por Andalucía








 



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