miércoles, 4 de noviembre de 2026

El Sacamantecas

Juan Díaz de Garayo y Ruiz de Argandoña, conocido como El Sacamantecas fue un violador y asesino en serie español que vivió y cometió sus crímenes en Vitoria. 

El Sacamantecas, que lleva los subtítulos de «su retrato y sus crímenes» y «narración escrita con arreglo a todos los datos auténticos», es una obra de Ricardo Becerro de Bengoa sobre la figura de Juan Díaz de Garayo, el Sacamantecas, asesino en serie del siglo XIX. Se publicó en forma de folleto en 1881.

Gaceta Universal, 1879 noviembre 15

Un crimen horrible

El saca-mantecas

Vitoria 8.

Desde hace unos diez años se venían sucediendo en Vitoria crímenes misteriosos que no dejaban rastro alguno; recaían todos ellos en mujeres, que aparecían en el campo estranguladas y violentadas, sin que la policía pudiera descubrir al criminal. Últimamente, alguna de las víctimas había sido encontrada abierta y con las principales vísceras arrancadas. Crímenes tan frecuentes y en tales condiciones cometidos, hicieron meditar y discurrir sobre cuál sería el móvil que los impulsara, fijándose en el pueblo la idea de que estos delitos repetidos tenían por objeto extraer á las víctimas las mantecas para preparar con ellas unturas de efectos asombrosos en la curación de ciertas enfermedades. De aquí el que se hubiere creado un ser terriblemente fantástico y desconocido, al que se llamaba el «Saca-mantecas», autor misterioso de todos esos horribles delitos.

A principios del mes de Setiembre último se avisó al juzgado la aparición en la cuesta de Ayurdin, camino de esta ciudad á Bilbao, el cadáver de una joven de veinticuatro años que faltaba hacía dos días del pueblo de Zaitegui, donde vivía con sus padres. Trasladose el celoso juez de primera instancia, D. José Antonio Parada, y levantando el cadáver y verificada la autopsia, apareció que la víctima estaba estrangulada, violentada y con varias heridas en el vientre, ocasionadas con instrumento punzante y cortante.

Cuando salía el señor juez á levantar el cadáver de la desdichada joven de Zaitegui, se avisó al tribunal el descubrimiento de otro cadáver en el monte de Araca, dos leguas á la derecha del punto en que apareciera el primero, obligando á salir al señor juez municipal de Vitoria, D. Eduardo Madariaga, á ocuparse de este segundo delito. El cadáver de Araca era de una mujer del pueblo de Nafarrate, de 50 años, que apareció estrangulada y abierta, habiéndole arrancado un riñón, que se encontraba cerca de la cesta en que la víctima llevaba algunas compras hechas en la ciudad.

La consternación fué general, y el «Saca-mantecas» ocupó la atención de todos.

Enmedio de las calles de Vitoria se apoderó de él el alguacil Pinedo, y conducido á la cárcel, se obstinó en la más rotunda negativa. Declarado procesado por indicios, consiguió el juzgado que el detenido confesara sus delitos, y ya en este camino, han venido las declaraciones completas de lo ocurrido.

La lucha, 1879 noviembre 21

Un crimen horrible

EL SACA-MANTECAS.

Desde hace unos diez años se venian sucediendo en Vitoria crímenes misteriosos que no dejaban rastro alguno; recaian todos ellos en mujeres, que aparecian en el campo estranguladas y violentadas, sin que la policia pudiera descubrir al criminal.

Ultimamente, alguna de las víctimas habia sido encontrada abierta y con las principales vísceras arrancadas.

Crímenes tan frecuentes y en tales condiciones cometidos, hicieron meditar y discurrir sobre cuál seria el móvil que los impulsára, fijándose en el pueblo la idea de que estos delitos repetidos tenian por objeto extraer á las víctimas las mantecas para preparar con ellas unturas de efectos asombrosos en la curacion de ciertas enfermedades.

De aqui el que se hubiere creado un sér terriblemente fanástico y desconocido, al que se llamaba el «Saca-mantecas», autor misterioso de todos esos horribles delitos.

A principios del mes de Setiembre último se avisó al juzgado la aparicion en la cuesta de Ayurdin, camino de Vitoria á Bilbao, el cadáver de una jóven de veinticuatro años que faltaba hacia dos dias del pueblo de Zaitegui, donde vivia con sus padres.

Trasladóse el celoso juez de primera instancia, D. José Antonio Parada, y levantando el cadáver y verificada la autopsia, apareció que la víctima estaba estrangulada, violentada y con varias heridas en el vientre, ocasionadas con instrumento punzante y cortante.

Cuando salia el señor juez á levantar el cadáver de la desdichada jóven de Zaitegui, se avisó al tribunal el descubrimiento de otro cadáver en el monte de Araca, dos leguas á la derecha del punto en que apareciera el primero, obligando á salir al señor juez municipal de Vitoria, don Eduardo Madariaga, á ocuparse de este segundo delito. El cadáver de Araca era de una mujer del pueblo de Nafarrate, de 50 años, que apareció estrangulada y abierta, habiéndole arrancado un riñón, que se encontraba cerca de la cesta en que la víctima llevaba algunas compras hechas en la ciudad.    

La consternación fué general, y el «Saca-mantecas» ocupó la atencion de todos.    

En medio de las calles de Vitoria se apoderó de él el alguacil Pinedo, y conducido á la cárcel, se obstinó en la mas rotunda negativa.    

Declarado procesado por indicios, consiguió el juzgado que el detenido confesara sus delitos, y ya en este camino, han venido las declaraciones completas de lo ocurrido.

El sér fantástico llamado el «Saca-mantecas», no era otro que un labrador pobre, de 58 años, casado en cuartas nupcias, llamado Juan Garayo (a) Zurrumbon.

Sus declaraciones estremecen, y los detalles que dá de sus delitos no pueden consignarse. Juan Garayo ha confesado ser el autor de las muertes de la jóven de Zatiegui y de la mujer ya de edad, encontrada en Araca, habiendo cometido ambos crímenes con el intérvalo de dos horas, y ademas ha confesado y detallado el asesinato y violacion de otras cinco mujeres de las que aparecieron en los años anteriores en los campos de la ciudad. Siete víctimas y cuatro asesinatos frustrados, tal es el lúgubre cuadro que ha presentado á la vista del tribunal este desdichado.

Las dos causas formadas por los dos últimos delitos están conclusas y se fallarán de un dia á otro.

El fiscal pide en su acusación la pena capital.

El eco de la provincia, 1879 noviembre 26

UN CRÍMEN HORRIBLE.

EL SACA-MANTECAS.

Desde hace unos diez años se venian sucediendo en Vitoria crímenes misteriosos que no dejaban rastro alguno; recaian todos ellos en mujeres, que aparecian en el campo estranguladas y violentadas, sin que la policía pudiera descubrir al criminal.

Ultimamente, algunas de las víctimas habia sido encontrada abierta y con las principales visceras arrancadas. 

Crímenes tan frecuentes y en tales condiciones cometidos, hicieron meditar y discurrir sobre cuál sería el móvil que los impulsara, fijándose en el pueblo la idea de que estos delitos repetidos tenían por objeto extraer á las víctimas las mantecas para preparar con ellas unturas de efectos asombrosos en la curación de ciertas enfermedades.    

De aquí el que se hubiere creado un sér terriblemente fantástico y desconocido, al que se llamaba el «Saca-mantecas», autor misterioso de todos esos horribles delitos.    

A principios del mes de Setiembre último se avisó al juzgado la aparicion en la cuesta de Ayurdin, camino de Vitoria á Bilbao, el cadáver de una jóven de veinticuatro años que faltaba hacia dos dias del pueblo de Zaitegui, donde vivia con sus padres.    

Trasladóse el celoso juez de primera instancia, D. José Antonio Parada, y levantando el cadáver y verificada la autopsia, apareció que la víctima estaba estrangulada, violentada y con varias heridas en el vientre, ocasionadas con instrumento punzante y cortante.    

Cuando salia el señor juez á levantar el cadáver de la desdichada jóven de Zaitegui, se avisó al tribunal el descubrimiento de otro cadáver en el monte de Araca, dos leguas á la derecha del punto en que apareciera el primero, obligando á salir al señor juez municipal de Vitoria, D. Eduardo Madariaga, á ocuparse de este segundo delito. El cadáver de Araca era de una mujer del pueblo de Nafarrate, de 50 años, que apareció estrangulada y abierta, habiéndole arrancado un riñón, que se encontraba cerca de la cesta en que la víctima llevaba algunas compras hechas en la ciudad.    

La consternacion fué general, y el «Saca-mantecas» ocupó la atencion de todos.    

En medio de las calles de Vitoria se apoderó de él el alguacil Pinedo, y conducido á la cárcel, se obstinó en la mas rotunda negativa.    

Declarado procesado por indicios, consiguió el juzgado que el detenido confesara sus delitos, y ya en este camino, han venido las declaraciones completas de lo ocurrido.    

El sér fantástico llamado el «Saca-mantecas», no era otro que un labrador pobre, de 58 años, casado en cuartas nupcias, llamado Juan Garayo (á) Zurrumbon.    

Sus declaraciones estremecen, y los detalles que dá de sus delitos no pueden consignarse. Juan Garayo ha confesado ser el autor de las muertes de la Zatiegui y de la mujer ya de edad, encontrada en Araca, habiendo cometido ambos crímenes con el intérvalo de dos horas, y además ha confesado y detallado el asesinato y violación de otras cinco mujeres de las que aparecierieron en los años anteriores en los campos de la ciudad. Siete víctimas y cuatro asesinatos frustrados, tal es el lúgubre cuadro que ha presentado á la vista del tribunal este desdichado.

Las dos causas formadas por los dos últimos delitos están conclusas y se fallarán de un día á otro.

El fiscal pide en su acusación la pena capital.   

Crónica Meridional, 1880 abril 14

–13– 

domina la capital y la provincia á despecho de la ley, de las autoridades, del estado de sitio y de todo el lujo de prevenciones en medio de las cuales han vivido los pueblos vascos desde la conclusion de la guerra hasta hace muy poco tiempo.    

1878. 

El 2 de enero de 1878 se encontró en las inmediaciones del campo de Olarizu el cadáver de otra mujer. Era el décimo desde 1870. Estaba en el vértice de los caminos que dirigen á Castillo y Mendiola, boca abajo, en un arroyo, descubierta la parte posterior, recogidos los vestidos sobre la espalda y la cabeza.

Presentaba un aspecto repugnante, espantoso. El asesino le habia cortado la glándula mamaria derecha despues de inferirle varias heridas en las cavidades toráxica y abdominal. Una de estas, que se prolongaba hasta la region pelviana, daba salida á todo el paquete int stinal. El agresor habia arrancado á la víctima uno de los riñones y el hígado, lastimando cruelmente otras vísceras. La extencion de las heridas no permitió examinar si hubo violencia anterior.

La interfecta era una vecina de Monasterio-Turen, llamada Melchora Rodriguez, que frisaba en los cincuenta y cinco años. Tenia marido é hijos, cuya honda pena aumentaron las pesquisas judiciales, envolviéndolos en las consecuencias de un proceso del que solo resultó probada su inocencia.    

–14–

Alarma y descontento.

La comarca entera acogió con un grito de unánime indignación el relato de este tristísimo suceso. Ya era demasiado, en efecto; ya era intolerable lo que acontecía. Crecieron el pavor y la alarma. Las mujeres abandonaban el campo y se negaban á transitar por los caminos sin compañía numerosa y fuerte. La imaginación popular dió nombre al enigma y designó aquel terrible enemigo de la paz de las familias, con ese apodo que aún hoy infunde espanto: el Saca-mantecas.

Bastaba decir á cualquier jóven aldeana de los contornos de Vitoria: «Mira...; por ahí viene el Saca-mantecas», para que palideciese y demudada, intranquila, corriera á buscar seguro refugio en su albergue; ni allí conseguía calmar sus temores y sobresalto; recordaba la muerte de Simona Gamarra, en su propia casa de la capital, casi á la vista de las personas queridas que la rodeaban y no era fácil que hallase la confianza y el reposo perdidos en parte alguna.

La autoridad redobló su celo, los tribunales y la policía su acción. Fueron presos muchos indivíduos sospechosos, se multiplicaron las pesquisas y las indagaciones; pero siempre sin resultado.

–15–

Los que vivimos en esas capitales como Madrid, en medio de la seguridad que nos otorgan los múltiples recursos del poder público, la activa vigilancia de sus agentes y el propio celo, encerrados tras triples y herradas puertas día y noche, no concebimos á primera vista, ni lo que es la vida en estos pueblos, ni lo que significa la alarma de una comarca, como la que reinaba á la sazón en el término de Vitoria. Aquí, en la capital y mas sobre todo en los pequeños lugares inmediatos, siempre se ha disfrutado de una seguridad extraordinaria, que no han contribuído á disminuir los azares de la guerra. Ha sido costumbre no interrumpida dejar de día y de noche abiertas las puertas de las casas, que las familias circulen con libertad entera por caminos y campos y que las personas y las propiedades, rodeadas de escrupuloso reposo, no necesiten para su salvaguardia vigilancia, ni candados. Arrojad sobre un país, que vive de esa suerte, un azote como el que ha sufrido este distrito desde 1870 á 1879 y veréis surgir el temor y el recelo, donde se anidaba la confianza, mudarse el carácter franco de los aldeanos en hosco y sombrío, su dulce calma en contínua zozobra, su dicha en angustia, su natural alegre en iracundo y apasionado, su plácida conformidad en descontento.

No falta tampoco, y menos en estas provincias, quien diga al labrador que esos males son consecuencia necesaria é ineludible de lo que nosotros llamamos bienes de la civilización; ni quien, al amparo de ese disgusto, que el temor engendra y la falta de tranquilidad propaga, aliente y estimule los decaídos afectos de su añejo fanatismo. Ahora ocurre en Vitoria que algunas de las causas instruidas para castigar los recientes crímenes que han consternado á esta región no se sustancian –sin que de ello sea responsable el activo y celosísimo juzgado de la capital– con toda la presteza y celeridad que la opinión reclama, por dificultades nacidas del procedimiento.

–16–

Esto es aquí causa de mortificantes censuras. Las gentes hablan de «impunidad» sin que haya realmente motivo todavía para deslizar esta palabra. El descontento cunde y se generaliza.

—Este descontento, nos decía á poco de llegar una persona respetable, no se manifiesta porque las circunstancias han impuesto al país profundísima reserva; pero el país cree que todo se debe al nuevo gobierno, al nuevo gobierno que pesa mucho mas que el anterior y hace por la prosperidad de los pueblos muchísimo menos.

No hemos de discutir ahora esos asertos, ni su espíritu siquiera. Bástanos consignarlos como un síntoma, como un dato, porque revela la existencia de una causa séria y honda de verdadero malestar.    

La policía. 

Algo mas se deduce de los hechos que hemos expuesto. Se deduce de ellos, sin violencia alguna, como de tantos otros que á toda hora ocurren en diversas localidades de la Península, que aquí es cada vez mas urgente, mas indispensable no mantener el abandono en que se hallan ciertas instituciones de cuya buena organizacion dependen la mayor parte de las ventajas que ofrece la vida social.

Nuestros gobiernos piensan en todo menos en establecer de una manera adecuada y conveniente esos servicios, que son los mas atendidos en cualquier país culto. En España, la policía ¿está organizada para cumplir de una manera satisfactoria los fines de su instituto? No necesitamos responder á esa pregunta. Los hechos que acabamos de mencionar la contestan. 

El nuevo ateneo, 1880 mayo 16

ENSAYO FILOSÓFICO sobre el célebre criminal Saca-Mantecas, por D. Alfonso Richar, miembro de varias sociedades científicas.

PUNTO DE VENTA.

LIBRERÍA DE FANDO É HIJO, COMERCIO, 31.

Crónica Meridional, 1880 mayo 18

Criminales.—A peticion del defensor de Garayo, conocido por el Saca-mantecas, ha llegado á Vitoria el doctor Esquerdo con el director del manicomio de Toledo, para emitir dictámen acerca del estado de las facultades mentales de aquel famoso criminal, cuyo indulto de la pena de muerte ha sido denegado.

Ya habrá llegado también á aquella ciudad el ejecutor de la justicia, para cumplir la sentencia de muerte impuesta á Saez de Araya, conocido por el abuelo y el afilador.

Crónica Meridional, 1880 julio 11

Por segunda vez se ha pronunciado sentencia de muerte en garrote, en el Juzgado de primera instancia de Vitoria, en las causas célebres de Garayo el Sacamantecas.

El Papa-Moscas, 1880 Octubre 17

El día 4 del actual tuvo lugar en la Sala de la segunda seccion de lo criminal de esta Exma. Audiencia, la vista de la célebre causa seguida en el Juzgado de primera instancia de Vitoria, contra José Diaz de Garayo (a) Zurrumbon, conocido vulgarmente por el apodo de Sacamantecas, por el delito de violacion y asesinato en la jóven de 14 años de edad, María de los Dolores Cortazar, siendo defensores del procesado el Licenciado D. Ramon de Bezanilla y D. Felipe Sagredo y Oribe.

Con fecha 11 del actual ha sido fallada dicha causa, condenando al procesado á la última pena.

La Correspondencia de España, 1880 octubre 28

EDICIÓN DE LA NOCHE. 

DE HOY 28 DE OCTUBRE.

Hoy se ha recibido en el tribunal Supremo, relatoría del Sr. Bonet, la ruidosa causa remitida por la audiencia de Búrgos, seguida á Juan Diaz Garayo, sentenciado a la pena de muerte como autor de la estrangulacion y violacion de Maria de los Dolores Garcia Cortázar, perpetradas á principios de 1879.

El Diaz Garayo (a) Yurrabon, conocido vulgarmente por Sacamantecas, tan luego como fué puesto ante el juzgado, confesó ser único autor del crímen que se le imputaba, asi como también de otros trece análogos cometidos anteriormente en las cercanias de Vitoria y que tanto habian preocupado la atencion pública, puesto que, en menos de tres años, aparecieron trece mujeres estranguladas, víctimas de la ferocidad del criminal.

El apodo de Sacamantecas con que hoy se conoce al procesado, tiene su origen en que habian aparecido todas sus víctimas con las entrañas fuera del cuerpo.

Parece que el autor de tales crímenes no negó ante la autoridad judicial haber arrancado las entrañas á todas sus víctimas, si bien añadió, con la mayor tranquilidad, que usó con la primera dicho procedimiento por ver si el aspecto que presentaba el cadáver le hacia abandonar su criminal y torpe pasion; y que con las demás mujeres hizo lo mismo por dejar marcada en sus cuerpos la señal inequívoca de que el fantasma del crimen había sido el Saca-mantecas, como el vulgo le apellidaba, sin conocerle, desde que cometió el primer asesinato.

Tambien parece manifestó al juzgado, que tan luego como consumaba su brutal crimen, comenzaba á llorar pidiendo á Dios le perdonara, y rezaba despues por el alma de la víctima; pero que, pasados algunos días y animado por la circunstancia de haber salido impune, ponía en práctica los más complicados, planes, á fin de saciar, de la manera que tenía por costumbre, sus brutales instintos.

Diaz Garayo (a) Sacamantecas, tiene 58 años de edad, está casado en cuartas nupcias, de cuyo último matrimonio tiene tres hijos.

Parece que muy en breve se verificará la vista del recurso de casacion de la tristemente célebre causa.

La Patria, 29 de octubre de 1880

El saca-mantecas

Vitoria 8.

Desde hace unos diez años se venían sucediendo en Vitoria crímenes misteriosos que no dejaban rastro alguno; recaían todos ellos en mujeres, que aparecían en el campo estranguladas y violentadas, sin que la policía pudiera descubrir al criminal. Últimamente, alguna de las víctimas había sido encontrada abierta y con las principales vísceras arrancadas. Crímenes tan frecuentes y en tales condiciones cometidos, hicieron meditar y discurrir sobre cuál sería el móvil que los impulsara, fijándose en el pueblo la idea de que estos delitos repetidos tenían por objeto extraer a las víctimas las mantecas para preparar con ellas unturas de efectos asombrosos en la curación de ciertas enfermedades. De aquí el que se hubiere creado un ser terriblemente fantástico y desconocido, al que se llamaba el «Saca-mantecas», autor misterioso de todos esos horribles delitos.

A principios del mes de Setiembre último se avisó al juzgado la aparición en la cuesta de Ayurdin, camino de esta ciudad á Bilbao, el cadáver de una joven de veinticuatro años que faltaba hacía dos días del pueblo de Zaitegui, donde vivía con sus padres. Trasladose el celoso juez de primera instancia, D. José Antonio Parada, y levantando el cadáver y verificada la autopsia, apareció que la víctima estaba estrangulada, violenta y con varias heridas en el vientre, ocasionadas con instrumento punzante y cortante.

Cuando salía el señor juez á levantar el cadáver de la desdichada joven de Zaitegui, se avisó al tribunal el descubrimiento de otro cadáver en el monte de Araca, dos leguas á la derecha del punto en que apareciera el primero, obligando á salir al señor juez municipal de Vitoria, D. Eduardo Madaringa, á ocuparse de este segundo delito. El cadáver de Araca era de una mujer del pueblo de Nafarrate, de 50 años, que apareció estrangulada y abierta, habiéndole arrancado un riñón, que se encontraba cerca de la cesta en que la víctima llevaba algunas compras hechas en la ciudad.

La consternación fué general, y el «Saca-mantecas» ocupó la atención de todos.

Enmedio de las calles de Vitoria se apodero de él el alguacil Pinedo, y conducido á la cárcel, se obstinó en la más rotunda negativa. Declarado procesado por indicios, consiguió el juzgado que el detenido confesara sus delitos, y ya en este camino, han venido las declaraciones completas de lo ocurrido.

El sér fantástico llamado el «Saca-mantecas», no era otro que un labrador pobre, de 58 años, casado en cuartas nupcias, llamado Juan Garayo (a) Zurrumbon.

Sus declaraciones estremecen, y los detalles que da de sus delitos no pueden consignarse. Juan Garayo ha confesado ser el autor de las muertes de la joven de Zaitegui y de la mujer ya de edad encontrada en Araca, habiendo cometido ambos crímenes con un intervalo de dos horas, y además ha confesado y detallado el asesinato y violación de otras cinco mujeres de las que aparecieron en los años anteriores en los campos de esta ciudad. Siete víctimas y cuatro asesinatos frustrados, tal es el lúgubre cuadro que ha presentado á la vista del tribunal este desdichado.

Las dos causas formadas por los dos últimos delitos están conclusas y se fallarán de un dia á otro.

El fiscal pide en su acusacion la pena capital.

La Voz, 1880 octubre 31

Madrid.—Remitida por la audiencia de Búrgos se ha recibido en el Tribunal Supremo la causa seguida al célebre Sacamantecas, sentenciado á muerte como autor de la extrangulacion y violacion de María de los Dolores García, á principios de 1879.

Juan Diaz Garayo, que es el nombre del criminal, tiene 58 años de edad, y está casado en cuartas nupcias, contando tres hijos de este último matrimonio.

Cuando le presentaron ante el juzgado declaró ser el autor del crímen que se le imputaba y de otros trece más cometidos con anterioridad en las cercanías de Vitoria.

Preguntándole que por qué habia arrancado las entrañas á todas sus víctimas, contestó con la mayor naturalidad que su intencion habia sido arrancárselas á la primera solamente, pero que una vez comenzada su criminal tarea, no sabia contenerse hasta dejar á todas en el mismo estado, y despues de saciados sus brutales instintos rezaba por el alma de ellas.

Tambien añadió que la impunidad del primer crímen le habia animado á cometer todos los demás.

La Unión Católica, 31 de octubre de 1880

Sacamantecas.

Ayer se recibió en el Tribunal Supremo, relatoría del Sr. Bonet, la ruidosa causa remitida por la Audiencia de Burgos, seguida á Juan Diaz Garayo, sentenciado á la pena de muerte como autor de la estrangulacion y violacion de Maria de los Dolores Garcia Cortázar, perpetradas á principios de 1879.

El Diaz Garayo (a) Yurrabon, conocido vulgarmente por Sacamantecas, tan luego como fué puesto ante el juzgado, confesó ser único autor del crímen que se le imputaba, así como tambien de otros trece análogos cometidos anteriormente en las cercanias de Vitoria, y que tanto habian preocupado la atencion pública, puesto que, en menos de tres años, aparecieron trece mujeres estranguladas, víctimas de la ferocidad del criminal. 

El apodo de «Sacamantecas» con que hoy se conoce al procesado, tiene su origen en que habian aparecido todas sus víctimas con las entrañas fuera del cuerpo.

Parece que el autor de tales crímenes no negó ante la autoridad judicial haber arrancado las entrañas á todas sus víctimas, si bien añadió con la mayor tranquilidad, que usó con la primera dicho procedimiento por ver si el aspecto que presentaba el cadáver le hacia abandonar su criminal y torpe pasion; y que con las demás mujeres hizo lo mismo por dejar marcada en sus cuerpos la señal inequívoca de que el fantasma del crimen habia sido el «Sacamantecas», como el vulgo le apellidaba, sin conocerle, desde que cometió el primer asesinato.

Tambien parece manifestó al juzgado que tan luego como consumaba su brutal crimen, comenzaba á llorar pidiendo á Dios le perdonara, y rezaba despues por el alma de su víctima; pero que, pasados algunos días y animado por la circunstancia de haber salido impune, ponia en práctica los más complicados planes, á fin de saciar, de la manera que tenia por costumbre, sus brutales instintos.

Diaz Garayo, (a) «Sacamantecas», tiene cincuenta y ocho años de edad y está casado en cuartas nupcias, de cuyo último matrimonio tiene tres hijos.

Parece que muy en breve se verificará la vista del recurso de casacion de la tristemente célebre causa.

La Correspondencia de España, 1880 noviembre 27

El jóven abogado Sr. Morenas de Tejada, defensor de Juan Garayo, vulgarmente conocido por el Sacamantecas, interpondrá el martes ó miercoles próximo el recurso de casacion por quebrantamiento de forma, y despues el de infraccion de ley.

De suerte que la causa no podrá terminarse en el plazo que se ha anunciado.








 



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