domingo, 1 de noviembre de 2026

Primer Congreso Catalán del trabajo á domicilio

Ibérica, 1917 marzo 17

Primer Congreso catalán del trabajo a domicilio. — Por iniciativa del Museo Social de Barcelona, se celebrará en la próxima primavera, en dicha capital, una Exposición y un Congreso del trabajo a domicilio. En el Congreso se leerán cuantas comunicaciones se reciban proponiendo medios para mejorar la situación de los trabajadores a domicilio, y se pondrá a discusión, como tema único, el siguiente: «¿Sería conveniente una ley española que estableciese salarios mínimos en las industrias a domicilio? En caso afirmativo, estudio de las bases principales que habrían de informar dicha ley.»    

El Reglamento del Congreso, que se repartirá a los inscritos, dará pormenores acerca de la forma de celebrarse. El derecho de inscripción es de 5 pesetas, aunque las personas pertenecientes a la clase trabajadora pagarán solamente una peseta.   

 

La Acción, 3 de mayo de 1917

Congreso del trabajo    

El día 17 del corriente se verificará en Barcelona la sesión inaugural del primer Congreso catalán del trabajo a domicilio.

Durará cuatro días, y se estudiarán los resultados obtenidos para mejorar la situación de los obreros y obreras que trabajan a domicilio.   

El Financiero hispano-americano. 11 de mayo de 1917, n.º 841

Se ha fijado ya la fecha para la sesión inaugural del I Congreso Catalán del Trabajo á domicilio. Dicha sesión se celebrará el día 17 del actual, continuando el Congreso los días 18, 19 y 20. Las sesiones tendrán lugar en el Museo Social. Se estudiarán los resultados hasta ahora obtenidos para mejorar la situación de los trabajadores en dicha forma de organización industrial y en especial por los llamados Comités de salario mínimo. Coincidiendo con este Congreso se celebrará en los locales del Museo Social una Exposición de trabajo á domicilio. Comprenderá ésta todo lo referente á la vida y situación económica de los trabajadores á domicilio, habitación, salarios que ganan, horas de trabajo, condiciones higiénicas, objetos producidos, instituciones que les protegen, etc. La Exposición organizada á semejanza de las que han tenido efecto en las principales ciudades europeas, habrá de llamar la atención de cuantos se interesan por la vida de las clases trabajadoras.

La Hormiga de oro. 26 de mayo de 1917

NOTAS DE ACTUALIDAD DE VALENCIA, MADRID Y BARCELONA    

EN la casa editorial Bailly Baillière, de Madrid, se verificó el día 16 del actual la inauguración de la Exposición de labores, organizada por la revista «La Mujer en su casa.» A las once llegó D.ª María Cristina, acompañada de su dama particular la Duquesa de la Conquista, siendo recibida por las señoras de la Comisión organizadora, señoras viuda de Bailly Bailliére, Pérez del Pulgar, Maciá, Díaz, Recante, Ralliere y Cano. Momentos después llegó D.ª Victoria, acompañada de la Marquesa de Sa'amarca y del Duque de Santo Mauro. Fué igualmente recibida por la misma Comisión, y acto seguido D. Enrique Bailly Bailliére dió las gracias a las augustas damas, las cuales visitaron los trabajos admirables de las expositoras, situados en un gran salón adornado.   

  

El día 17 del actual tuvo lugar en una de las aulas del Museo Social de Barcelona la inauguración del Congreso del Trabajo a domicilio, presidido por la Comisión organizadora, que ha de estudiar las condiciones en que se hace el trabajo a domicilio y la manera de remediar sus crueles deficiencias El acto resultó simpático e importante; lo primero porque su finalidad es de las que encuentran eco en todos los corazones generosos, y lo segundo, porque además de la importancia que en sí tiene el Congreso, vino éste avalorado por la presencia de las primeras autoridades eclesiástica, gubernativa y local, que personalmente asistieron a la sesión. La señora Moncerdá de Maciá, después de recordar que en el siglo XIX quedó abolida la esclavitud de los negros, aboga para que ahora se consiga redimir a las obreras del trabajo a domicilio, de la dura esclavitud a que la tienen sujeta las condiciones de su oficio, y para que sea Barcelona donde, bajo la protección de su Patrona la Virgen de las Mercedes, se inicie esta campaña de redención. La Sra. Moncerdá fué ovacionada, lo mismo que el Sr. Obispo, el cual animando a sus oyentes a proseguir estos trabajos, recordó el «nolite timere», de Jesucristo a sus Apóstoles, augurándoles la protección divina y con ella la seguridad del triunfo. El señor Gobernador civil se manifestó decidido partidario de las aspiraciones del Congreso, y D. Ramón Albó demostró la justicia y equidad de éstas, haciendo ver la enormidad de los males que han de remediarse.   


I. VALENCIA: La bandera del Sindicato de la Aguja después de ser bendecida por el Excmo. Sr. Arzobispo. - II. MADRID: D.ª Victoria y D.ª Cristina, en la inauguración de la Exposición de labores, organizada por la revista "La Mujer en su casa". - III. BARCELONA: Sesión inaugural del primer Congreso Catalán del trabajo a domicilio, que tuvo lugar el día 17 del actual en la Escuela Industrial. (Fotografías Cabedo, Ortiz y Marín)

Revista nacional de economía. 6-7/1917, n.º 8

Primer Congreso catalán del trabajo a domicilio.    

En dicho Congreso, celebrado en Barcelona en mayo último, se aprobaron las siguientes Bases para un proyecto de ley fijando el salario mínimo en algunas industrias:    

Base primera.—Para mejorar los salarios, evidentemente insuficientes, que rigen en algunas industrias, se crearán en las localidades que se designen Comités de salarios, encargados de elaborar para dichas industrias, y en su demarcación, tarifas de salarios mínimos, según la duración del trabajo y la cantidad de obra, tanto en el trabajo de taller como en el ejecutado a domicilio.    

Base segunda.—Las industrias afectadas por esta ley deben ser, desde el primer momento, las de juguetes, monederos de malla metálica y cadenas, y todas las comprendidas bajo la denominación de trabajo de aguja.    

Base tercera.—El Gobierno, a propuesta del Instituto de Reformas sociales, podrá extender la aplicación de la ley a otras industrias cuando las informaciones que se practiquen demuestren la conveniencia de tal extensión.    

Base cuarta.—Todo patrón, subempresario o intermediario en cualquier forma, que proporcione trabajo a otras personas no unidas a él por parentesco de uno de los tres primeros grados, deberá fijar en su taller o lugar en que entregue el trabajo un cartel en que consten los precios detallados con que se remuneren los diversos trabajos, así como las formas, lugar y fecha del pago. Deberá además llevar un libro registro en que consten los nombres y domicilios de los obreros a quienes se proporciona trabajo, y entregar a cada uno de los que no trabajen en el taller del patrono un carnet en que conste: nombre y señas del patrono y del obrero, clase de trabajo que se le entrega, remuneración que por el mismo deba percibir, lugar y fecha de la devolución del trabajo, lugar y fecha del pago. 

Los subempresarios o intermediarios deberán hacer constar además en todos esos documentos el nombre y señas del patrono o patronos por quienes trabajen. 

Base quinta.—Los Comités de salarios que con arreglo a la ley se establezcan en una localidad y región, abarcarán sólo una industria o un grupo de industrias análogas. Estarán constituidos por nueve personas, como mínimo, tres elegidas por los patronos de la industria en cuestión, tres por los obreros en ella empleados y tres designados por el Gobierno a propuesta del Instituto de Reformas Sociales entre personas pertenecientes a instituciones protectoras del obrero, Ligas de compradores, personas conocidas por sus estudios o acción social, o pertenecientes a la carrera judicial. 

Las mujeres tendrán el carácter de electores y elegibles. 

En el caso de que en la industria de que se trate tenga gran importancia el trabajo femenino, uno por lo menos de los miembros elegidos por los obreros y otro de los designados por el Gobierno deberá pertenecer a dicho sexo. 

Si los elementos obreros o patronales dejasen de nombrar sus representantes, el Gobierno los nombrará de oficio, debiendo cesar, no obstante, en el momento en que quede hecho el nombramiento por los interesados. 

Base sexta.—Los Comités de salarios, así constituidos, previas las informaciones necesarias y auxiliados por subcomités por ellos nombrados, cuando se trate de industrias complejas, fijarán una tarifa de salarios mínimos. Para ello determinarán el salario mínimo por hora de trabajo en un taller, teniendo en cuenta las condiciones de vida, condiciones de la industria, etc., que rijan en aquella determinada región o localidad. Elaborarán también series de precios por cantidad de obra que permitan a un trabajador a domicilio, de capacidad media, ganar un jornal no inferior en una cuarta parte al que se le pagaría en un taller de igual o similar oficio, trabajando el mismo número de horas que en éste. 

Base séptima.—Por elección de los Comités constituidos se creará un Comité Central de Salarios, al que se comunicarán las tarifas dictadas por los Comités locales. Dicho Comité podrá introducir en ellas las modificaciones convenientes para impedir competencias ilícitas entre las diversas regiones del Estado. 

Aprobada una tarifa, entrará en vigor, en plazo corto, siendo obligatoria para todo el trabajo efectuado en la región correspondiente. Esta tarifa podrá ser de nuevo modificada al cabo de dos años. 

Base octava.—Las infracciones, además de dar lugar en su caso a indemnización al obrero perjudicado, serán castigadas con multas de 10 a 100 pesetas la primera, de 100 a 500 la segunda y de 500 a 1.000 la tercera. Infracciones posteriores darán lugar al arresto mayor y al cierre del establecimiento industrial en que la infracción se haya cometido. Una parte de las multas se entregará al denunciante y el resto se dedicará a obras de utilidad inmediata para los trabajadores. 

Base novena.—La inspección para el cumplimiento de la ley correrá a cargo de los Inspectores del trabajo, miembros o delegados de los Comités y Presidentes de Asociaciones profesionales de patronos y de obreros, quienes, provistos del correspondiente carnet, tendrán derecho de entrada en los locales de trabajo, de distribución o de devolución.   

Justicia y Caridad, 1917 agosto

El primer Congreso Catalán del Trabajo a domicilio    

No dudamos conceder el primer lugar de esta sección al acto celebrado en Barcelona en el pasado mayo; de cuyo fundamento y bases acordadas vamos a dar una sucinta idea tomada de la importante revista «Ciencia Tomista» en su número 46, año VIII. Dice así:    

El problema del trabajo de la mujer, tanto en los talleres o fábricas como en su propio domicilio, ofrece aspectos desgarradores, de enorme trascendencia moral y social. Claro es que, resuelto el problema del trabajo del hombre mediante el salario familiar y otras soluciones a que se tiende, el del trabajo de la mujer queda solucionado, en gran parte, automáticamente. Pero, hoy por hoy, constituye una gran llaga social que mana sangre, lágrimas y cieno.    

La mujer que tiene que vivir de la aguja es una verdadera esclava de comerciantes y damas particulares. Unos y otras entregan su trabajo a un precio inverosímil por lo ínfimo. Como son tantas las que de ese trabajo tienen de vivir antes que morir de hambre o entregarse al vicio (de ordinario bien retribuido por los ricos, que así forman sus ganancias y las disipan) lo aceptan, arrastrando una vida de martirios y privaciones, que es una continua agonía. Si hay un feminismo aceptable y de verdadera trascendencia, es éste de poner a la mujer en condiciones de poder ganarse decorosamente la vida cuando se ve privada del apoyo del padre, del hermano o del marido.    

En este sentido es mucho lo que el Catolicismo social va haciendo en España, asociando y organizando a las pobres obreras y empleadas para defender sus derechos.    

Poco há los Sindicatos de costureras, modistas y empleadas de Bilbao, según vemos por la Prensa, y señaladamente por el excelente periódico obrero El Sindicalista, de aquella capital, lanzaron un manifiesto, y luego han seguido otras proclamas, que todo el mundo debe leer, y que algo han movido la opinión. En uno de esos escritos decía Una asociada:

«Muchas costureras estamos siendo, sin que apenas se fije en ello el público, víctimas de un trato inhumano. No hablamos a humo de pajas; hoy mismo hace constar una socia que siempre se la obliga a ir y venir a deshora del taller; pero hace pocos días la tuvieron trabajando desde las cinco y media de la mañana hasta las once de la noche, y sin dejarla ir a comer a su casa, a fin de aprovechar mejor el tiempo. Además, o se hace trabajar en el taller también los domingos, o se obliga a llevar la labor a casa.»

Este hecho vergonzoso tiene fácil explicación. Entran como factores la codicia de los dueños de los talleres, la dificultad de una efectiva inspección de parte de las autoridades y nuestro miedo en denunciar estos hechos, a fin de no perder el poco pan que ganamos.

Mas si se quiere que no muramos de anemia y tuberculosis; si se quiere que no contagiemos a gran parte de la población con gérmenes de esa enfermedad, que en los vestidos que confeccionamos van al público, que no nos considera como azote de Dios; si las palabras de simpatía que se nos dedican y las miradas benévolas con que se nos sigue por las calles y plazas, no han de ser pura farsa, menester es que se ponga remedio a estos males, y que para ello se implante a toda costa el horario que nuestra Junta, tan acertadamente, ha marcado; entrada por la mañana, a las ocho y media; salida, a las doce y media; entrada por la tarde, a las dos y media; salida, a las siete y media. Siendo el horario el mismo para todos los talleres, a nadie se irrogan perjuicios, si no es a los que ninguno tienen y nos estrujan más que en otros talleres. ¿Hay alguien que se oponga a esto? Señal de que de quebrantos de nuestra salud, aumenta su bolsillo.

Desde este punto de vista, como cualquiera puede apreciar, ha tenido verdadera importancia el I Congreso catalán del trabajo a domicilio, celebrado en Barcelona durante los días 17, 18, 19 y 20 de mayo, organizado por los católicos. El tema único que había de discutirse y razonarse era el siguiente:

«¿Sería conveniente una ley española que estableciese salarios mínimos en las industrias a domicilio? En caso afirmativo, estudio de las bases principales que deberían informar dicha ley.»

Fueron aprobadas nueve bases, que nos parecen muy acertadas, para la futura ley.

El acuerdo principal es el de que se formen en cada localidad o región industrial Comités de salarios, constituidos por representantes patronos, obreros y del Gobierno, para que, teniendo en cuenta las necesidades de la vida, etc., fijen los salarios mínimos obligatorios, bajo fuertes multas y una rigurosa inspección que visite fábricas, talleres, etc., y lleve cuenta de las obreras que trabajen para cada casa.   

Revista católica de las cuestiones sociales. 12/1917

De algún tiempo á esta parte vienen siendo harto ostensibles los fuertes latidos de una fuerza nueva, de una organización nueva, la cual responde á una necesidad que urge satisfacer, la de hacer justicia á la obrera de la fábrica diseminada, es decir, á la obrera que trabaja á domicilio ó en el taller, menos atendida que la obrera de la fábrica concentrada, para la cual existe cuando menos un márgen de protección legal.    

Esta fuerza ó unión de fuerzas son los Sindicatos femeninos católicos, que funcionan ya en el Norte y en el Levante y en el Centro y Mediodía de España.    

Estos Sindicatos, casi todos de modistas, costureras de blanco, bordadoras y demás trabajadoras de la aguja, han llamado con sus reclamaciones la atención del Instituto de Reformas Sociales, el cual se ha mostrado dispuesto á elaborar un proyecto de Ley protectora del trabajo á domicilio, pero añadiendo que á este objeto «sería preciso que todas ó la mayoría de las modistas de España unidas» pidieran al Gobierno dicha ley. Y he aquí justificada la actuación pública del «Sindicato Barcelonés de la Aguja» al convocar el primer mitin de modistas obreras en esta ciudad, el cual resultó un verdadero éxito.    

Asistió al acto una concurrencia numerosísima, y presidió la señorita Julia Comeleran, haciendo uso de la palabra las señoritas Monserrat Parés, Magdalena Martínez, Magdalena Cambra, doña Caridad Girandier, y los señores Omar, Negre y Brandoly, adoptándose las conclusiones siguientes, que el Sindicato ha de elevar al Instituto de Reformas Sociales para elaborar el proyecto de una ley protectora del trabajo á domicilio.    

1.ª Que la jornada máxima de trabajo sea normalmente de ocho horas. (El Sindicato proponía que fuese de nueve horas, pero las obreras no sindicadas enmendaron la conclusión en el sentido votado).    

2.ª Que las horas extraordinarias, que no pueden pasar de dos, se remuneren con doble sueldo.

3.ª a) Que se fije un salario mínimo para el trabajo á domicilio. b) Que para su fijación se creen las comisiones de salario, tal como se acordó en las conclusiones del primer Congreso Catalán del Trabajo á domicilio, admitiendo en dichas comisiones á los Sindicatos, en primer lugar por lo que se refiere á la representación del trabajo.

4.ª Que se exija con sanciones de mayor eficacia el cumplimiento de la legislación obrera, especialmente en lo que se refiere á la Ley del descanso dominical.

5.ª Que se exija con verdaderas garantías previas á todo contrato de trabajo en los talleres el cumplimiento en los mismos de las debidas condiciones higiénicas y morales.   

El faro, 1917 diciembre 27

D. Alberto Bastardas    

Hemos tenido el gusto de leer el elocuentísimo discurso impreso que D. Alberto Bastardas pronunció en la clausura del primer Congreso catalán del trabajo a domicilio, en cuyo discurso patentiza el señor Bastardas que aun existe en España la esclavitud blanca.

La burguesía cree honrar a Dios, con solo rendir tributo a la Iglesia, y a Dios se le honra muchísimo más amando al prójimo como a nosotros mismos. Los burgueses deben considerar de que los obreros tienen como ellos derecho a la vida y no es justo ni cristiano que el obrero, semejante suyo, con el misérrimo jornal con que se le satisface su mano de obra, haya de llevar una vida excesivamente precaria, teniendo en lontananza por único porvenir un retiro en el hospital.

Esto es en síntesis el tema del referido discurso. A continuación del mismo, van insertas las bases para un proyecto de ley que fije el salario mínimo en algunas industrias, aprobadas por el primer Congreso catalán del trabajo a domicilio.

Cordialmente felicitamos a los organizadores de dicho humanitario Congreso y en particular a nuestro querido amigo y correligionario don Alberto Bastardas por su hermosa disertación que hemos tenido el gusto de comentar.   

Caridad Girandier

El castellano, 31 de enero de 1910

UN EJEMPLO

CONTRA LAS ESCUELAS LAICAS    

Son en buen número las señoras que visitan estos días el Gobierno civil de Barcelona, dejando allí sus tarjetas en señal de adhesión á las conclusiones del mitin contra las escuelas laicas que se efectuó en el Tivoli el domingo último.

Muchas de dichas señoras se reunieron anteayer en la sala de Juntas de la parroquia mayor de Santa Ana, habiendo acordado constituir una asociación denominada «Liga de Señoras para la Defensa Social» á imitación de las que se han formado en Bilbao y otras capitales de España, donde funcionan, con grandes resultados, estas instituciones.

Fué elegida presidenta la ilustrada señora doña Caridad Girandier, viuda de Miquel y Badía, que desarrolló ante sus compañeras, con hermosas palabras, el pensamiento de la nueva entidad, como hija de la necesidad de los tiempos, mostrando todas gran entusiasmo por llevar adelante la idea.   

Revista católica de las cuestiones sociales. 11/1911

También en Barcelona se baten admirablemente las señoras.

Crearon una Liga, que combatiese á sangre y fuego, la moda escandalosa que padecemos, y se dedicase á implantar una decente, elegante y económica.

Esto último, seguramente que agradó no poco á los maridos, padres y hermanos que se aterran de las cuentas que han de pagar.

No contentas con esto y de los triunfos obtenidos para la causa católica en Tortosa y en la barriada de Gracia, han querido proseguir su interesante labor, celebrando un brillante acto en el Centro Católico de Sans, en el que, la infatigable Presidenta de la Liga de señoras para la acción católica, doña Caridad Girandier, dió una notabilísima conferencia, explicando el afianzamiento de las sectas masónicas que tienen esclavos á los Gobiernos, á cuyas disposiciones antirreligiosas debemos hacer frente, ya que traen, como consecuencia lógica, los sucesos de que por desgracia hemos sido espectadores.

Demostró la férrea organización de la masonería, citando varios acuerdos de sus juntas y comités, encaminados todos á expulsar á Dios de todos los corazones.

Advirtió que, como poderosos auxiliares para estos fines, se valía de la Prensa y de la pornografía, que tantos estragos causan en la sociedad actual.

Dijo, que para la mujer se crearon las grandes empresas, é invocó el generoso apoyo de todas para ayudar á la Iglesia en su lucha contra la revolución.

Evocó el recuerdo y los ejemplos de fortaleza y de heroísmo de una Judit, una Juana de Arco, una Agustina de Aragón.

Y terminó, después de detallar los fines de la Liga que tan admirables frutos está dando, diciendo que nada debe arredrarnos y que firmes hemos de luchar al grito de «Por la Iglesia».

Precisa advertir á los que lo ignoren, que se necesita mucho temple, mucho corazón, para ir á Sans, la barriada, el pueblo más avanzado y malo de los que circundan la ciudad Condal.

Pero está visto que el valor es patrimonio de la mujer, en cuanto se entrega de lleno á la acción católico-social.

La escritora católica siente verdadera y muy íntima satisfacción al consignar todos estos detalles.

Presagian un triunfo para la causa que hemos abrazado. Señalan nueva era de desarrollo y prosperidad para la religión.    

MARÍA DE ECHARRI.   

Gaceta de instrucción pública y bellas artes. 21 de agosto de 1912

ÍNDICE LEGISLATIVO

Disposiciones oficiales publicadas en la Gaceta de Madrid.    

Día 10

Real orden disponiendo se den las gracias á D.ª Caridad Girandier, ex Vocal de la Junta provincial de Instrucción pública de Barcelona, por sus relevantes servicios prestados á la enseñanza. — Pág. 334.   

Revista católica de las cuestiones sociales. 11/1915

CRÓNICA DEL MOVIMIENTO CATÓLICO FEMENINO    

Os prometí hace unos meses hablaros extensamente de la Liga de Señoras de Barcelona para la Acción católica, como lo llevo hecho de otras varias asociaciones femeninas, dando á conocer de este modo la grandiosidad del movimiento de la mujer en España y fuera de ella.

Como siempre, entresacamos algunas notas de las memorias presentadas por la Junta, pues así iremos sobre seguro, y no diremos sino lo que es verdad comprobada, sin añadir ni quitar. Conforme ocurrió con ese apostolado tan hermoso que va buscando dinero en los sacrificios personales para levantar el templo del Tibidabo, en expiación no sólo de una región, sino de la nación entera, la Liga de Señoras para la Acción católica barcelonesa, nació en aquellos días lúgubres de la semana sangrienta, y según dice su ilustre presidenta, incansable luchadora por el bien y la buena causa, Caridad Girandier: «al nacer no se arrogó otra misión ni tuvo más empeño que el de romper lanzas por la Iglesia de Cristo, vilmente ultrajada por los sucesos de aquel mes de Julio de 1909, de triste y bochornosa memoria».   

Sindicato de la aguja

En 1909, Agustí Robert i Surís fundó el Sindicato Barcelonés de la Aguja, primera organización que velaba por los intereses de las trabajadoras del ramo de la modistería. Por otro lado, en 1912, Maria Domènech de Cañellas fundó la Federación Sindical de Obreras, que además de ofrecer una bolsa de trabajo, asesoramiento laboral, formación y suministro de material, tuvo una escuela propia y organizó actividades culturales y lúdicas para poder sufragar la organización.

En contraposición, surgió un movimiento de carácter anarquista, impulsado principalmente por Teresa Claramunt, que no incidió demasiado en el ámbito de las trabajadoras de la aguja porque era un colectivo muy diverso que a menudo quedó al margen de la organización del movimiento obrero y los sindicatos.

La Lectura dominical. 28 de febrero de 1897

EL SINDICATO DE LA AGUJA    

CUANDO en estos días pasados oíamos hablar de los bailes de modistas, donde muchas infelices obreras pierden la paz del espíritu y la inocencia del corazón, recordábamos el sindicato de La Aguja que, gracias á la caridad de los católicos franceses, funciona en París en provecho de las pobres modistas.

El individualismo, que tanto daño ha causado á los débiles aislándoles para poder mejor someterles á la monstruosa tiranía del Estado, ha hecho víctima especial de este despotismo á la mujer pobre, lanzada por él á la lucha por la vida y privada de las armas necesarias para no sucumbir en la pelea. El liberalismo individualista ha inventado para la mujer pobre del siglo XIX una condición cien veces peor que la de la esclavitud antigua: tal es la libertad desenfrenada del trabajo, la ilimitada competencia y la lucha brutal á que es lanzada la mujer sin protección ni escudo alguno contra los enemigos que la rodean. Las leyes humanas no reconocen á la mujer los derechos que el mismo Dios la ha otorgado, pero la imponen el deber de ganarse la vida honradamente y la castigan y la persiguen cuando tropieza y cae.

En estos tiempos que hoy corremos, cuando funcionan sociedades protectoras de todo lo malo y hasta los animales, mejor que los hombres, hallan patronos que los atiendan, sería muy conveniente formar en todas partes una Asociación encargada de proteger á la mujer pobre librándola de los peligros del trabajo y de la miseria, y de las sugestiones absurdas llamadas por los socialistas emancipadoras.

Mucho se ha hecho en estos últimos tiempos en favor de la mujer obrera, pero aún queda mucho que hacer á la vista de un mal cada día más grave. En todas las naciones cristianas, y en España de una manera especial, hace tiempo que existen diversas instituciones caritativas en provecho de las mujeres pobres, que, como las criadas de servicio, las cigarreras, las tejedoras de taller, etc., etc., trabajan de ordinario fuera del paterno hogar; pero no tenemos, como tienen los católicos franceses, una Asociación protectora de las pobres modistas, que se pasan la vida moviendo la aguja á cambio de una mezquina retribución apenas suficiente para atender á las más imprescindibles necesidades.    

El sindicato de La Aguja funciona en París bajo la protección del ilustre conde de Mun, secundado en tan loable empresa por muchas señoras caritativas. En poco tiempo ha logrado agremiar á las costureras, haciéndolas fuertes ante la tiranía de los patronos egoístas. Posee Caja de préstamos gratuitos, Sociedad de Socorros mutuos, escuelas y talleres de aprendizaje, y una Casa de familia donde, por módica pensión, pueden vivir cristiana y decorosamente las obreras.

Infatigable propagandista de esta excelente institución es el insigne P. Du Lac, de la Compañía de Jesús. Recientemente ha hecho un hermoso panegírico de la obra en una de las más concurridas iglesias de París. El ilustre religioso ha excitado la caridad de las señoras en favor del sindicato de La Aguja, narrando con estilo conmovedor los dolores y las angustias de las infelices costureras que pasan una vida triste encorvadas sobre la labor para embellecer el cuerpo de las mujeres favorecidas por la fortuna. «Las que vivís de su vida, y acaso de su muerte—decía el P. du Lac,—pensad en la cuenta que de vuestra conducta os pedirá Dios muy pronto.»

También en España deberían pensar las mujeres ociosas y ricas en las penas de las costureras pobres, y hacer algo semejante al sindicato de La Aguja, seguras de que enjugarían muchas lágrimas, calmarían muchos dolores y cooperarían á la salvación de muchas almas, hoy próximas á perderse en el rudo batallar de la miseria y las pasiones.

Heraldo Alavés, 1901 Febrero 20

LAS HUELGAS

La de modistas de París está estudiando diferentes proposiciones en las juntas que estos días celebran para librarse de la tiranía de los patronos.

En una de ellas se pide que se dirijan á los grandes clientes para que éstos les den trabajo, quedando así en condiciones de resistir más tiempo la huelga.

Otra proposición pide se formen sociedades cooperativas de costura.

Todas estas discusiones se llevan á cabo en medio de una gritería espantosa, por la multitud de obreras que acuden á la Bolsa del trabajo.

Para solucionar la huelga se ha formado un sindicato de patronos y obreros que se llama sindicato de la aguja, en que tienen representación 150 patronos y 1.500 obreros, y que hasta la fecha no ha podido arreglar el asunto.

La defensa, 1905 septiembre 16

Un Sindicato femenino

El Centro Católico alemán fué el primero que aplicó el principio de asociación y cooperación al trabajo de la mujer, reuniendo y asociando á las obreras en Círculos y Sindicatos dedicados á la exclusiva defensa de los intereses morales y económicos de las trabajadoras que las constituían.

El ejemplo de los católicos alemanes tiene, afortunadamente, imitadores.

Leo en una revista social francesa, una reseña del sindicato de la aguja, creado en Burdeos y formado por más de cien obreras costureras, modistas, ribeteadoras, etc.

Las obreras contribuyen con la cuota de una peseta mensual y tienen derecho á percibir los beneficios de la Sociedad de Socorros Mutuos, y rebaja en determinados establecimientos.

El Sindicato ha creado cursos profesionales y trata de fundar una escuela nocturna de educación casera.

Finalmente el Sindicato proporciona á las obreras al por mayor y á precios reducidísimos todos aquellos materiales y útiles necesarios para la ejecución de sus trabajos.

¡Cuánta falta hace que en España se funden Asociaciones dedicadas á defender los derechos á la obrera!

El Universo, 17 de enero de 1910

POR LAS OBRERAS OPRIMIDAS

Generosa campaña católica.

En el Correo Catalán, de Barcelona, vemos con satisfacción muestras de la campaña emprendida en favor de las obreras de la aguja, víctimas de verdadera explotación, por varias Instituciones católicas.

He aquí la razonada exposición del Patronato de la Santa Madrona al ministro de Fomento:

"Excelentísimo señor: El Montepío de Santa Madrona, Instituto de amparo y protección en favor de la mujer que vive de su trabajo, establecido en Barcelona, Moncada, 19, en nombre de las asociadas, á vuecencia atentamente expone:

Que hace suya en todas sus partes la justísima exposición elevada á vuecencia por el Sindicato Barcelonés de la Aguja, reclamando el cumplimiento de la ley de descanso dominical en lo que se refiere á la mujer.

Sabe perfectamente vuecencia que el jornal ó salario de la mujer suele ser siempre exiguo, y que el número de horas que ha de dedicar al trabajo es excesivo. Y como si no bastasen esas dos terribles circunstancias que caracterizan su trabajo, ve constantemente cómo quedan incumplidas y burladas las pocas leyes dictadas en su favor. La ley de 13 de marzo de 1900, el real decreto de 26 de junio de 1902 y la ley de 3 de marzo de 1904 son bien terminantes acerca del particular, y á pesar de esto no se cumplen.

¡Cómo puede durar por más tiempo el que deban conocer muchísimas mujeres que se acerca una festividad porque han de perder la noche? ¿Cómo puede dejarse pasar sin protesta que muchísimas deban trabajar nerviosamente toda la mañana y primeras horas de la tarde de los domingos, para terminar penosamente una labor?

Este Montepío denuncia á vuecencia el funcionamiento de talleres que, clandestinamente, ó sea, ocultándose á las miradas del público, infringen cada domingo, y especialmente en ocasiones ó períodos determinados, las leyes antes indicadas. No citaremos casos concretos, por no ser esta nuestra misión. Consignamos el hecho y lo hacemos presente para que en la forma que proceda se averigüe el mal y se haga cesar el abuso.

Es preciso, excelentísimo señor, cese bien pronto la tristísima anomalía que resulta en nuestro país de que se cumplen menos las leyes sociales, á medida que se van dictando otras nuevas. Se cumplen, es verdad, y al pie de la letra, las leyes que reconocen, por ejemplo, determinados derechos pasivos que cada año cuestan más millones á la nación; y aquellas que, como las citadas, al aplicarse redundan en beneficio de los seres más desgraciados y hacen al propio tiempo un bien social inmenso, sin costar nada á la nación, son en cambio letra muerta.

Por todo lo expuesto acudimos á vuecencia prometiéndonos de su celo é interés en favor de los seres más desvalidos de la clase obrera, como son las mujeres que tienen que vivir de su trabajo, que se interesará en remediar el mal que con tanta razón lamentamos.

Dios guarde á vuecencia muchos años.”

El diario en cuestión escribe estas hermosas palabras:

“No dejamos de mano el asunto de las obreras en su justa demanda para que se cumplan las leyes del descanso dominical y del trabajo de menores á su favor.

Está elevada la justísima exposición de las obreras que forman el Sindicato de la Aguja, conforme ya dijimos. Hy presentamos una nueva exposición atenta y justa en las mismas proporciones que aquélla. ¿Se atenderá á la voz de las que piden justicia, por humildes y preteridas que ellas sean?

Así lo esperamos. Pero, con todo, estamos arma al brazo para hablar muy claro sobre explotaciones indignas y vergonzosas, si es que no se atienden las citadas peticiones. Las obreras citadas, repetimos, nos tienen á su lado, y no permitiremos se las atropelle ni se las olvide.

Aquí donde tan pronto se atienden las peticiones políticas, donde se escuchan y se imponen hasta con amenazas elementos revolucionarios desde sus mitines por las causas más injustas y las peticiones más irracionales, ¿cuándo se espera á procurar el cumplimiento de la ley y á dar oídos á las justísimas peticiones de esas beneméritas hijas del trabajo?

La vida se consume, las explotaciones no cesan y, por tanto, la necesidad es urgentísima.”

Es preciso que no nos asustemos y que apoyemos con valor las justas reivindicaciones del pueblo.   

El Universo, 13 de marzo de 1913

Grandiosos actos en Zaragoza

ZARAGOZA 12.—Se ha iniciado con entusiasmo la protesta contra el Gobierno sobre la enseñanza del Catecismo.

Un número considerable de obreras pertenecientes á las escuelas dominicales y al Sindicato de La Aguja, Socorros Mutuos y otras Sociedades, uniéndoseles varias vendedoras del Mercado, se reunieron en la iglesia de los Mártires, trasladándose después en manifestación ordenada al Gobierno civil, donde entregó una Comisión... el acto.

Revista católica de las cuestiones sociales. 12/1914

He aquí todo un drama social. El drama de la codicia y el drama de la miseria.

Ha ocurrido el hecho en Valencia. Un contratista se ha quedado con el encargo de un millón de camisas y las da para coser á pobres obreras, pagando por mano de obra seis reales docena. Además la obrera ha de poner el hilo. Y además la primera camisa que cosa, la ha de entregar gratis á título de muestra.

Aquellos horrores que acongojan y sublevan el ánimo, aquella pena que produce la lectura de la famosa poesía inglesa «La canción de la camisa», palidece ante la tristeza y la rebeldía y protesta que produce este hecho insólito, esta enorme y cruel explotación.

El Sindicato femenino de la Aguja, con el apoyo de toda persona de corazón, ha dirigido al gobernador de Valencia la exposición que sigue:

«Excelentísimo señor:

»Las obreras del Sindicato de la Aguja de Valencia, al enterarse de las condiciones abusivas y humillantes en que se viene ofreciendo la contrata de un millón de camisas, pagando por coser una docena de ellas, incluyendo el hilo, el precio de 1´50 pesetas, después de haber hecho gratis una como muestra:

»Considerando primero, que la labor de una docena de camisas, por muy sencillas que sean, requiere un trabajo contínuo de 28 horas, ó sea: de dos días, á razón de más de catorce horas de trabajo por día;

»Considerando segundo, que únicamente pueden aceptar labor tan injustamente remunerada las pobres que, por no morir de hambre, se ven obligadas á procurarse el sustento, sujetándose á una muerte lenta y desgraciada, ó las que no siendo verdaderas obreras, ó no necesitándolo para el sustento del día lo aceptan como un recurso con que mantener el lujo de la esfera superior en que viven en sociedad, con perjuicio siempre de las que sólo han de pasar del trabajo;

»Considerando tercero, que para obtener un jornal de 1´25 pesetas mínimo que necesita la obrera que trabaja en su domicilio, había de estar cosiendo camisas las 24 horas del día, sin quedarle tiempo para comer, dormir, ni descansar, ¡cosa que indigna sólo de pensarlo!;

»Considerando cuarto, que ante la competencia del trabajo, tan barato, hecho por otras en tan deprimentes condiciones, han de verse las verdaderas obreras obligadas á trabajar por el mismo salario de hambre, con daño de su salud, con ruina de la industria, mengua de la dignidad del oficio, y hasta de la dignidad humana, al no reconocersele á la mujer lo necesario para vivir como persona.

»Las obreras del Sindicato de la Aguja se creen en el deber de salir á la defensa de las obreras todas de Valencia, y, á este fin.

»Apelan al juicio de la autoridad competente, al dictamen del Instituto de Reformas Sociales y á la conciencia de las personas rectas y cristianas, y ruegan que, por de pronto, no sea permitido proponer trabajo de aguja en tan humillantes y mortíferas condiciones, por ser deprimente para el decoro de la mujer y atentatorio contra la vida de la obrera.

»Carmen Entraigües, Presidenta.—Valencia 11 de Noviembre de 1914.»

La Tribuna, 7 de diciembre de 1914

TRIBUNA LIBRE

Cuestiones sociales

Coser casi de balde... y poner el hilo.

Hasta el Parlamento llegaron en esta ocasión las denuncias referentes á hechos que solemos contemplar en España con gran indiferencia: el Sindicato Católico de la Aguja ha protestado en Valencia de que un contratista, encargado de suministrar á los ejércitos aliados un millón de camisas, ofrezca la confección de ellas á seis reales docena; descontando el coste del hilo, que es de cuenta de las obreras, resulta el salario á 34 céntimos por día.

El señor ministro de la Gobernación, al responder al diputado Sr. Simó, quien planteó la cuestión en el Congreso, como el Sr. Polo y Peyrolón se había hecho eco de ella en el Senado, contestó que, lamentando lo que ocurría, no encontraba medio legal de impedirlo; y no es esto lo más triste: la sensibilidad social está tan amortiguada, que apenas ha dado lugar la denuncia en la Prensa á alguna chirigota ó frase semejante á un encogimiento de hombros, representativo de que se lamenta lo inevitable.

El hecho denunciado no es típico de España, no radica en nuestra pobreza, ni lo causa tan sólo la codicia de un contratista deseoso de aprovechar el momento; esta situación de los trabajadores aislados, principalmente de las obreras que trabajan en sus casas por jornales misérrimos, á los que los ingleses llaman «starvation wages» (salario de hambres), constituye una fuente de gravísimos daños sociales, que repercute en el lupanar, desmoralizando las costumbres y la familia; en el presidio, nutriéndolo de criminales de ocasión, y en las salas de hospitales y asilos, llenándolas y disminuyendo con el sostenimiento de ellos por la asistencia pública, el producto que deberían disfrutar los sanos y vigorosos.

Esta explotación sistemática del trabajador aislado que sufre y calla recibió entre los sajones el nombre de «swaetiag-systan» (sistema de hacer sudar); el número de sometidos á sus misérrimos jornales es grandísimo; supera al de los obreros que trabajan en fábricas y talleres; mientras éstos, asociados, van obteniendo jornadas más cortas y jornales más altos, los «sweated workers» (obreros sudadores) ven sus jornales bajar incesantemente y prolongarse sus jornadas, hasta llegar á diez y ocho horas diarias en muchos casos; la introducción de las máquinas, lejos de favorecerles, les ha perjudicado, pues permiten el constante aumento del trabajo á domicilio, contradiciendo las famosas profecías de Carlos Marx sobre el fatal predominio de la centralización industrial, y al difundirse abarata la mano de obra, deprimiendo los salarios hasta ese límite increíble, el de los 34 céntimos diarios que ofrece el contratista á las obreras de Valencia.

En otros países se ha tratado de poner coto á tal situación; en Australia y Nueva Zelanda iniciaron el remedio; en 1896 se estableció en esos países el salario mínimo, calculado por días ó distribuido entre las piezas que pueden ser fabricadas en un día y fijado por Consejos mixtos de patronos y obreros, presididos por delegados del Poder público; la explotación despiadada acabó en esos países.

En Inglaterra fue un poeta, Tomás Hood, quién llamó la atención del público hacia el abuso, con su famoso «Song of the Shirt (Canto de la camisa), publicado en 1843; presenta á la obrera cosiendo, desde que sale el sol, con los párpados enrojecidos, al llegar la noche, dormida junto al quinqué pestilente, en el nauseabundo cuchitril donde habita; fue preciso que en 1876 muriese, contagiada por un traje de amazona fabricado en la vivienda de un trabajador enfermo, la hija del ministro sir Roberto Peel, y que «The Lancet», la famosa revista médica «The Lancet», la famosa revista médica de Londres, diera la voz de alarma, desde el punto de vista de la salud pública, para que la atención del pueblo inglés se fijara en el problema; justo es decir que desde entonces la opinión agitada se preocupó del asunto; en 1888 la Cámara de los lores abrió una información, ante la cual desfilaron 291 testigos, obreros, médicos, inspectores del trabajo, etc., los Congresos de las «Trade Unions» repetidamente clamaron contra los abusos del trabajo á domicilio, y en 1906 el diario londinense «Daily News» organizó una Exposición de trabajos ejecutados á domicilio, donde, junto á cada uno, había una tarjeta indicando la remuneración obtenida y el tiempo empleado en la confección; esta Exposición, copiada de la de Berlín de 1904, de la que la Emperatriz de Alemania salió con los ojos arrasados de lágrimas al enterarse de la enorme cantidad de trabajo míseramente remunerado, impresionó extraordinariamente al pueblo inglés. Formóse en seguida la «Anti-sweating League», liga encaminada á mejorar la condición de esos obreros; reprodujo en varias ciudades inglesas la Exposición de Londres é inundó el país de folletos y propagandistas que movieran la opinión; este mismo año, en la «Conferencia de Guildhall», representantes de todas las ideas políticas pidieron al Gobierno que acometiera el problema; en 1908 tuvo lugar en Londres una «Great Demonstration», donde, representantes de todas las confesiones religiosas, entre ellos el jesuita P. Vaughan, abogaron por que se pusiera fin á esa inícua explotación, y el Gobierno envió un delegado á Oceania á estudiar sobre el terreno la solución del problema, y designó una Comisión para determinar las industrias susceptibles de ser reglamentadas.

El comisionado Mr. Aves regresó, después de seis meses de labor, y su informe, juntamente con las investigaciones de la Comisión, sirvieron de base á un proyecto de ley, que pasó rápidamente por las Cámaras y rige desde el 1 de Enero de 1910; el remedio es el mismo de Australia, el salario mínimo por piezas ó por días, fijado por Comités mixtos de obreros y patronos, intervenidos y presididos por delegados del Gobierno.

Los demás países se han aprestado á seguir este procedimiento; en Francia, Bélgica, Alemania y Austria han sido presentados á los respectivos Parlamentos proyectos sustancialmente basados en las enseñanzas de la experiencia de diez y ocho años en Australia y cuatro en Inglaterra, con excelentes resultados, elevando en más del doble los jornales mínimos, sin variar sensiblemente el coste de los productos.

En uno de sus últimos números se ocupaba el popular semanario «El Mentidero» de una contrata de zapatos para los ejércitos aliados, que habían de ser fabricados á precios poco remuneradores para los obreros; ahora es el Sindicato de la Aguja, de Valencia, el que se presenta á los Poderes públicos pidiendo ayuda contra el abuso; si el renacimiento industrial de España procedente de la actual situación europea ha de venir por ahí, mala traza lleva; la Junta de Iniciativas debería pensar más que en el fomento de la industria española, si es por ese camino, en tomar la iniciativa para evitarlo, á semejanza de la «Antisweating league», de Londres, á fin de que la sangre española, que no se va por heridas abiertas en combates heroicos, no salga convertida en el sudor de nuestros trabajadores exprimidos en la ergástula.

Eduardo Ibarra y Rodríguez.

La Hormiga de oro. 4 de septiembre de 1915

VALENCIA. —  Acción social: Taller de paro del Sindicato de la Aguja protegido por varias señoras. —  (Fot. Cabedo)

La Hormiga de oro. 10 de junio de 1916

El Sindicato Femenino, que bajo la advocación de Nuestra Señora de los Desamparados sostiene y fomenta en Valencia los intereses sociales de más de 800 obreras de la aguja, celebró el día 28 del finido Mayo el cuarto aniversario de su fundación, con una velada interesante en el patio del Colegio de Nuestra Señora de Loreto. Presidió el acto el Ilmo. Sr. don Rigoberto Doménech, Obispo preconizado de Mallorca. Dió comienzo con la presentación que hizo la vicepresidenta doña Trinidad Tatay. Concluida la velada, que resultó en extremo interesante, la presidenta de la Obra doña Carmen Entraigües, dió las gracias a todos los asistentes. y dedicó un especial recuerdo al Primado, que dirigió una expresiva carta con autógrafo al Sindicato de la Aguja. El Dr. Doménech cerró la sesión con un breve discurso.

VALENCIA. — Fiesta conmemorativa de la fundación del Sindicato de la Aguja presidida por el Dr. Domenech, obispo electo de Mallorca. - (Fot. Cabedo)











 

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