lunes, 4 de agosto de 2008

Túneles de viento de los años 30

En los años 20 y 30 del siglo XX en los países industrializados como Alemania, Francia, Inglaterra y Estados Unidos se construyeron túneles de viento para el ensayo de perfiles de ala y modelos de aviones.

Al hacer las medidas en el túnel de viento hay que tener en cuenta la «semejanza aerodinámica», pues no se pueden aplicar directamente a la realidad los resultados obtenidos en un modelo. La causa de esto está en que el aire tiene viscosidad, que es la manifestación de la cohesión entre sus moléculas; gracias a esta cohesión, cuando una masa de aire se pone en movimiento se lo transmite a las inmediatas, y así se explica que la circulación de un torbellino se vaya transmitiendo hacia el exterior, pero con velocidad decreciente.

También se explica por la viscosidad, que los torbellinos de la estela se disipen en la masa de aire. En las experiencias en túnel se tiene en cuenta ese efecto, haciendo que el llamado número de Reynolds (Osborne Reynolds, 1883) sea constante. Ese número vale lv/f, en donde l es una longitud, por ejemplo, la envergadura; v la velocidad y f la viscosidad cinética del aire, que es la velocidad por unidad de masa.

Para el agua el coeficiente f es diez veces menor que para el aire. Según esto, al ser l , por ejemplo, diez veces menor, debería ser v diez veces mayor en al túnel para que la experiencia fuese comparable a la realidad. Esto no es rigurosamente exacto por no ser tampoco rigurosamente constante el coeficiente f ; de todos modos, se ve que para que las experiencias reprodujesen la realidad, sin recurrir a grandes velocidades irrealizables, habría de emplearse un fluido más denso, tal como el agua o aire comprimido, que es la razón por la cual los túneles modernos esrán dispuestos para emplear aire a presión.

Con las velocidades de los primeros tiempos de la aviación, los ensayos con modelos al 1/10 daban buenos resultados para velocidades comparables a las reales.

Espectros aerodinámicos.

Las fotografías de estos espectros aerodinámicos se tomaron en el túnel aerodinámico con humo del Instituto alemán para el vuelo sin motor de Darmstadt (1939).

1. Cilindro: La corriente se disloca en la popa y forma una estela de torbellinos.

2. Cilindro giratorio: Dirección de la rotación en sentido de las agujas de un reloj, es decir, a la derecha. Se ve que las líneas de corriente ya no son simétricas. Se acercan entre sí sobre el cilindro y allí nace una aspiración, y bajo él se separan (sobrepresión; toda la estela se inclina hacia abajo). En el cilindro giratorio se origina una sustentación llamada efecto Magnus, cuyo fenómeno fue utilizado en los rotores Flettner.

3. El cuerpo currentilíneo da lugar a una corriente aérea mucho más regular que el cilindro.

4. También es regular la corriente que se lanza sobre un perfil de ala. En la cara dorsal las líneas de corriente se comprimen lateralmente dando lugar a aspiración en forma análoga al caso del cilindro giratorio, pero no con tanta intensidad como en este caso.

5. Perfil de ala en estado crítico: el ángulo de ataque era demasiado grande y la corriente se disloca formándose una estela de torbellinos.

6. El mismo perfil, pero con ranura; el espectro es mucho más regular y más reducida la zona de torbellinos. Este perfil da lugar a menor resistencia y mayor sustentación que su adyacente a la izquierda.

7. Así obra el alerón de aterrizaje: la zona de torbellinos de la figura 5 está muy aumentada y la resistencia es mayor.

8. Alerón de librillo. También con pequeño ángulo de ataque origina el alerón — aquí alerón de librillo — una zona de torbellinos con aumento de resistencia. Sin embargo, se ve que en este caso la corriente sobre la cara dorsal del ala no está perturbada esencialmente, cuando, naturalmente, también el efecto de los alerones influye algo en los fenómenos marginales.


Este túnel de viento fue usado para probar los grandes modelos de dirigibles. Se conseguía una velocidad del viento de 112 Km/h con una hélice de 4,2 metros de diámetro movida por un motor de 200 HP. (NIST California 1922)

Los ensayos sobre modelos no dan siempre valores satisfactorios; por consiguiente se construyen túneles gigantescos como el americano de Langley Field o el francés de Chalais-Meudon, en los cuales pueden ser ensayadas: las avionetas de tamaño natural; los revestimientos de los motores; los motores; el enlace de alas a fuselaje y hasta aparatos de gran tamaño. El carretón sobre el que se monta lleva la balanza aerodinámica (balanza de seis componentes) que mide y registra la magnitud y dirección de todas las fuerzas que se originen.

Túnel de viento de Langley (Virginia) en 1941.

En el interior del difusor se distingue (foto superior) el filtro de aire formado por un enrejado de planos de perfil que obliga a que el aire pierda todo movimiento de torbellino y entre en forma de corriente paralela perfectamente regular, y en la foto inferior se ve una de las dos grandes hélices aspiradoras. El difusor elíptico (foto superior) tiene 18 m de ancho por 9 m de altura. Velocidad máxima del viento producido: 180 km por hora; potencia de la instalación: 8.000 HP.

Túnel de viento de Langley en 1939.

En las afueras de Braunschweig en una gran área boscosa, rodeada por campos de cultivo y granjas, para no ser detectadas por los aviones de reconocimiento, se encontraban las instalaciones del Centro de Investigación Aeronáutica. Ninguno de los edificios principales era visible desde el aire, ya que se encontraban bajo tierra cubiertos por las ramas de los árboles del bosque.

El complejo de investigación tenía unas cuarenta edificaciones a prueba de proyectiles de artillería. Una de estas edificaciones contenía un gran túnel de viento supersónico. La toma de aire en el exterior se disimulaba dentro de la caseta de un retrete cercano a una granja.

Su director era el antiguo directivo de Lufthansa, Erhard Milch, y Adolf Baeumker el jefe del departamento de investigación.

En 1933 el presupuesto para el desarrollo de la aviación ascendió a 40 millones de marcos de la época, con lo que las instalaciones de investigación que antes habían sido inconcebibles de pronto fueron puestas en marcha. El túnel de viento de sección elíptica, inaugurado en 1934, tenía unas dimensiones de 6 × 8 metros y disponía de refrigeradores, sistema de transmisión de las hélices y un motor que movía las mismas.

Durante la Segunda Guerra Mundial un caza Messerschmidt Bf-109 se ensaya en un túnel de viento del Centro de Investigación Aeronáutica Hermann Goering (1940).

Otra innovación tecnológica de la Alemania de la época era el túnel de viento vertical construido en 1935 con forma de un enorme huevo. En su interior una corriente de aire vertical y ascendente de 4 metros de diámetro y una velocidad de 40 m/s mantenía suspendido el modelo del avión permitiendo su libre movimiento delante de una cámara que registraba las evoluciones del modelo.

El personal del centro se triplicó en un período de dos años. En vísperas de la Segunda Guerra Mundial, el centro tenía cerca de 2.000 empleados. En 1936 se ampliaron las instalaciones, tanto en horizontal como en vertical.

Existián otras instalaciones en donde ensayar aviones. El nuevo túnel de viento de Göttingen era tan grande que los pilotos de la Lufthansa y de la Luftwaffe lo usaban como referencia visual para orientarse en la zona. Era el primer túnel de viento frío para estudiar la producción de hielo sobre las superficies del avión en el vuelo a gran altura. En este túnel se conseguía una temperatura de 60 grados bajo cero y una presión de 0,1 atmósferas. Para aislar térmicamente las instalaciones se requirió la cosecha anual de corcho portuguesa.

En 1933 el personal que trabajaba en Göttingen eran unos 80 empleados que ascendieron a más de 450 hacia 1936, y a aproximadamente 700 en el año 1939.

En Francia, el 7 de abril de 1934, el general Denain inauguró el túnel de viento L1 en presencia del primer director del I.M.F.L., el Profesor Kampé de Fériet. Este túnel aerodinámico era del tipo de Eiffel, con un pasillo de retorno del aire. El túnel de viento disponía de una cámara experimental de hormigón de unas dimensiones de 27 m por 14 m y 30 m. La cámara estába dividida en tres etapas. El aire entraba en esta cámara por un colector de 3,30 metros de diámetro dotado de 6 paletas encauzadoras de 1,90 m de longitud.

En 1934 también se construyó en Francia el túnel de viento S1Ch de Chalais-Meudon, en donde desde 1794 existía una escuela de aerostática militar.

Vista aérea de las instalaciones de Meudon y de sus alrededores. En primer plano se puede ver el gran túnel de viento S1Ch y en segundo plano, el hangar Y.

Por las grandes dimensiones de su cámara de pruebas el túnel de viento S1Ch permitía experimentar con aviones reales de 12 m de envergadura, con motor encendido y piloto a bordo.

Plano del túnel de viento de Meudon.

El aire del exterior se introduce mediante un colector elíptico de 350 m ² (24,8 m x 16,8 m) equipado de una rejilla metálica. Una vez canalizado se acelera gracias a un estrechamiento de la sección del colector a 100 m ² (16 m x 8 m), hasta la cámara de experimentación. El flujo de aire disponible para los ensayos tiene una anchura de 11m. En la cámara, Un mástil sostiene el modelo del avión que hay que someter a pruebas, equipado con los instrumentos que deben medir las fuerzas aerodinámicas.

El flujo de aire se introduce, después de pasar sobre el modelo del avión, en un conducto divergente, el difusor, un tubo de hormigón armado de 38 metros de longitud. Este conducto desemboca en la cámara de aspiración, monumental por su volumen, que separa el difusor de los ventiladores. Los seis ventiladores de 8,7 m de diámetro absorben una potencia de 6.000 HP, generando así por aspiración el flujo de aire que puede alcanzar una velocidad de 180 km/h en la cámara de experimentación. Al final del recorrido el aire es echado de nuevo a la atmósfera.

El avión Morane-Saulnier 315 en el tunel de viento S1Ch en 1936.

domingo, 3 de agosto de 2008

Aviones 1939

Las fotografías son del libro “El hombre vuela“ de Paul Karlson, editado por Editorial Labor en Barcelona en 1940. En esa época mi madre tenía 10 años y un conocimiento bastante limitado de los aviones. La Guerra Civil se había acabado hacía poco y los pocos aviones que habían visto por allí eran los que habían ido a disparar sobre los pueblos cercanos.

Vuelo en planeo desde Lichterfelder, Fliegeberg. Se reconoce en seguida que en este tipo de planeador, en el que el cuerpo del piloto va al aire, habrá una gran resistencia al avance causada por el cuerpo mismo. Lilienthal lo sabía muy bien, pero no quería abandonar el método de pilotaje por el balanceo de su cuerpo.

¡El hombre vuela! Lilienthal en su biplano. Se ve claramente la ligera armadura de mimbre de las alas. ¡Qué valor se necesita para volar en tal aparato! Y no hay que olvidar nunca que Lilienthal fue el primero.

El primer avión con motor, 17 de diciembre de 1903. Orville Wright está en el aparato; a la derecha Wilburg Wright. Se aprecia la forma ligeramente en «V negativa»; los extremos de las alas más bajos que el centro. Esta forma tan inestable exigía acción continua de los mandos. A la derecha es visible el trabajo de torsión. En el suelo, la vía de lanzamiento con la que despegaba el aparato.

Wilbur Wright, en Pau, 1909. En este aparato, ya perfeccionado, el sitio del piloto va dispuesto en el ala inferior junto al motor. La dirección del vuelo es a la derecha, con el timón de altura delante. La torreta de entramado, en el centro, contiene el contrapeso de la instalación con que los hermanos Wright lanzaban su aparato por aquel entonces.

El primer velero, Carolina del Norte 1911. El aparato, con el timón de altura detrás, se aproxima ya más a la forma que hoy se conoce. Se ve cuan fina y esmeradamente construían los hermanos Wright.

Túnel aerodinámico americano. Los ensayos sobre modelos no dan siempre valores satisfactorios; por consiguiente se construyen túneles gigantescos como el americano de Langley Field o el francés de Chalais-Meudon, en los cuales pueden ser ensayadas: las avionetas de tamaño natural; los revestimientos de los motores; los motores; el enlace de alas a fuselaje y hasta aparatos de gran tamaño. El carretón sobre el que se monta lleva la balanza aerodinámica (balanza de seis componentes) que mide y registra la magnitud y dirección de todas las fuerzas que se originen. En el interior del difusor se distingue (foto superior) el filtro de aire formado por un enrejado de planos de perfil que obliga a que el aire pierda todo movimiento de torbellino y entre en forma de corriente paralela perfectamente regular, y en la foto inferior se ve una de las dos grandes hélices aspiradoras. El difusor elíptico (foto superior) tiene 18 m de ancho por 9 m de altura. Velocidad máxima del viento producido: 180 km por hora; potencia de la instalación: 8.000 HP.

«Minimoa» vuela en la ladera. Un avión que en la forma quebrada de las alas se parece mucho a las formas naturales, por ejemplo: la gaviota. En la parte inferior del fuselaje se ve sobresalir la rueda para el despegue a remolque. Proyecto de Wolf Hirt.

Lanzamiento del «Pafnír II» «Sao Paulo». Está a punto de caer el tirante de goma empleado en el lanzamiento. Se ve bien la perfección aerodinámica del enlace de alas a fuselaje. Construcción: A. Lippisch.

Vuelo a vela con apoyo en las nubes. Se ve claramente el gran alargamiento de las alas que tiene el velero: aquí un «Rhónadler».

Una fotografía infrarroja desde 6.000 m de altura. Foto: Army Corps de los Estados Unidos. En primer plano, muy pequeñitos, los rascacielos de Filadelfia. Los copos blancos son nubes de tipo cúmulos; muy al fondo surgen los lejanos montes Alleghany, a unos 200 km de distancia.

El motor decide. Antes de partir los motores se prueban cuidadosamente. El capó NACA se puede levantar. Se aprecian, en el buje, el mecanismo de la hélice reglable sistema Hamilton.

Avión americano tipo Hummel que alcanza los 500 Km/h. Avión de concurso típico. Las alas son muy pequeñas y extraordinariamente delgadas, por lo que es preciso atirantarlas. Todos los elementos van con revestidos aerodinámicos; en esa época, 1931, se desconocía todavía el tren de aterrizaje eclipsable. El motor exige gran diámetro de fuselaje. Para conseguir la situación favorable del centro de gravedad se ha llevado muy atrás el sitio del piloto.

Avión meteorológico sobre las nubes. El tiempo se fragua no junto a la Tierra, sino en las alturas; por consiguiente, los meteorólogos investigan el tiempo en la altura para completar los datos del suelo que tienen las estaciones de meteorología aeronáutica, haciendo ascensiones regulares en avión que diariamente llegan hasta 6.000 m, obteniendo así los datos de temperatura, humedad, nubosidad y viento en altura que se miden y registran en instrumentos adecuados.

Principio y fin de una evolución. El F 13 (arriba) fue el primer avión comercial del mundo (1919). Lo indispensable de sus características fundamentales se ha comprobado en el mundo entero: alas en voladizo, construcción enteramente metálica de chapa ondulada, monoplano de ala baja con el centro de gran resistencia y espesor para proteger la cabina contra los choques en los aterrizajes violentos. Cabina del piloto todavía abierta. Cabina para cuatro pasajeros, velocidad de crucero 150 km por hora, 220 HP.

De este F 13 salió la larga serie conocida de tipos Junkers: hasta el Ju 52, que representa hoy el tipo alemán de avión comercial de serie. Finura aerodinámica muy detallada, revestido de ruedas y motores, cabina del piloto cerrada, elevación de la velocidad de crucero a 250 km por hora con 1.600 HP. Alas trapeciales dispuestas claramente en V; 17 pasajeros. Alas auxiliares rebajan la velocidad de aterrizaje a 100 km por hora.

Junkers Ju 86. La gran velocidad obligó también a Junkers a abandonar la chapa ondulada. Motores de aceite pesado. Alas auxiliares Junkers, en el interior, como alerones de aterrizaje; en el exterior, como timones transversales. El timón de dirección desdoblado en dos laterales asegura una buena eficacia, disminuye la resistencia inducida del timón de altura y aumenta, por tanto, la eficacia de éste. Naturalmente que el tren de aterrizaje es eclipsable.

Gigantes a la orden, 26 toneladas de peso en vuelo. El creciente tráfico aéreo exige aviones gigantes con gran velocidad de crucero y toda clase de comodidades para los pasajeros. El Junkers Ju 90 fue construido completamente de acuerdo con estas exigencias de la práctica. Tiene sitio para 40 pasajeros y llega, con plena carga, a los 325 km. por hora; su techo, con carga de 5.000 kg está en los 9.000 m. Las necesidades del tráfico han sido cuidadosamente atendidas y así puede cambiarse un motor en 20 minutos.

El arma más fuerte es la velocidad. Talleres bávaros de Aviación. Los aviones de caza de todos los países evolucionan hacia las grandes velocidades con lo que pueden hacer frente a un enemigo que aparezca por sorpresa en cualquier momento. El Messerschmitt M 109 consigue el mismo fin que el Heinkel He 112 con medios algo diferentes. En ese tipo, la forma del ala es continuación del fondo del fuselaje que es aplanado. Se ve claramente el ala ranurada y los alerones de aterrizaje que mantienen la velocidad de aterrizaje dentro de límites tolerables. Con este aparato consiguió Wendel la marca mundial de 755 km por hora.

Los instrumentos del Ju 52. En el centro los instrumentos para la vigilancia del motor: a derecha e izquierda los instrumentos de vuelo.

Descenso en picado. Para los vuelos de acrobacia y de escuela el biplano es el modelo indicado a causa de su gran resistencia y de su manejabilidad; tal es aquí el Bücker «Jungmann ».

«Salto» sobre obstáculos. Una fotografía que demuestra con especial claridad hasta dónde pueden llegar las características de un aparato dotado de los modernos medios complementarios que proporciona la aerodinámica. Un vuelo empinado, con tal brusquedad, a seguida del despegue, traería irremisiblemente la consecuencia de resbalar de cola. Pero el ala ranurada — ranura a lo largo de todo el borde de ataque, como se ve claramente y en plena actuación — impide que la corriente aérea se disloque; además los alerones auxiliares puestos en acción — detrás del centro de las alas — elevan notablemente la sustentación.

El «Wal» sudatlántico, subiendo la rampa de lona. La rampa de lona (Tipo Hein) ha resuelto la cuestión de llevar a bordo la canoa voladora. La rampa de lona es remolcada por el buque y forma una base resistente sobre la que el avión sube con sus propios medios, y una vez en ella la grúa eleva con relativa facilidad. Se ven en el avión las pequeñas alas inferiores que aseguran la estabilidad lateral en el agua y que son del mismo género que unas alas sustentadoras y la disposición típica de motores en tándem montados en las alas: una hélice tractora delante y otra propulsora detrás.

El «Seeadler» Do 26 sobre el lago Constanza. La canoa voladora se moderniza. El Do 26 se ha construido a propósito para el servicio atlántico de la Lufthansa. Se ha conservado la conocida y favorable disposición, desde el punto de vista aerodinámico, de motores en tándem; sin embargo, la nueva organización permite levantar ligeramente los motores posteriores para protegerlos durante el despegue de las salpicaduras del agua. En lugar de las aletas, emplea Dornier, en este tipo, flotadores de protección, los cuales, exactamente igual que un tren de aterrizaje eclipsable se ocultan en la parte inferior de las alas. Velocidad: 335 km por hora.

Travesía sistemática del Atlántico Norte: los aviones Ha 139 «Nordmeer» y «Nordwind». La Lufthansa lanza su último tramo. Con sus aviones para lanzamiento en catapulta, la canoa voladora de Dornier y el hidroplano Ha 139, proyecto del Dr. Vogt, construido por Blohm & Voss, ha demostrado la Lufthansa por medio de los 12 vuelos realizados con arreglo a plan, que se puede establecer un servicio de correos sobre el Atlántico Norte. Los motores Juno-Diesel aseguran con su pequeño consumo, el gran radio de acción necesario para el Ha 139. La construcción de las alas, según proyecto del Dr. Vogt, es especialmente interesante: un tubo único de acero cerrado hace el papel de larguero y soporta todos los esfuerzos de flexión y torsión.

Por todas partes se va a Roma. Para eliminar las dificultades del envuelo de un hidro muy cargado (para las que ideó la Lufthansa el lanzamiento por catapulta) el ingles Mayo construyó el doble avión. La canoa voladora mayor lleva el avión menor; un hidro cargado con gasolina y correo y le eleva hasta la altura de vuelo favorable. En ella se suelta el acoplamiento y el avión caballero se pone en camino, volviendo el aparato auxiliar otra vez al aeropuerto. «Mercury» el primero de estos aviones ha hecho la travesía del Atlántico Norte y un vuelo, sin escala, Inglaterra-África del Sur. No es probable que este método siga desarrollándose y menos desde que se practican con éxito el suministrar la gasolina desde el aire.

Douglas C 3 de la KLM volando sobre Holanda en viaje hacia las Indias Holandesas.
En otros países, también las mismas costumbres. Se ve lo parecido que es el Douglas a nuestro Heinkel He 111. Existen, naturalmente, pequeñas diferencias, por ejemplo: la forma de los timones, del fuselaje, el empleo de motores en estrella, etc. Las ruedas no son completamente eclipsables. Uno de los Douglas de serie hizo la carrera Inglaterra-Australia, clasificándose en segundo lugar, llegando sólo dos horas después del vencedor, que voló en un avión especialmente construido para ese fin.

La vuelta a lo mismo : Douglas DC 4 con rueda de proa. La rueda de proa de los primeros años de la aviación ha vuelto a aparecer, especialmente en América: El aparato de este modo, conserva en el aterrizaje su posición de vuelo; con ello, ha desaparecido el aumento de ángulo de ataque y consiguiente aumento de la sustentación que se producía al recuperar: el trayecto paralelo al suelo se acorta y el freno de las ruedas puede entrar en acción antes y con mayor eficacia.

El Heinkel «Relámpago» He 70. El monomotor rápido de la Lufthansa. Tren de aterrizaje eclipsable. Excelente enlace aerodinámico de alas a fuselaje.

Heinkel He 111. También se ha llevado al extremo la finura aerodinámica en el hermano mayor, el trimotor He 111. Timones de altura y dirección completamente volados. Las ruedas se eclipsan entrando en las góndolas de los motores.

Heinkel H 112. La perfección aerodinámica de la célula se ha llevado al límite en este nuevo avión de caza de un solo tripulante; con un aparato de este tipo, alcanzó el teniente general Udet su marca mundial: los 100 km con una velocidad media de ¡634 km! El salto de elevación de la velocidad de los últimos tiempos es debido principalmente a las mejoras de la técnica aerodinámica evitando toda resistencia residual. Heinkel espera llegar por este camino a los 700 a 900 km por hora.

«China Clipper» volando sobre las Filipinas. Es una de las canoas voladoras de 19 toneladas, de Sikorsky. Cuatro motores, flotadores laterales, timones de dirección doble, alerones de amaraje. Estos aviones hacen en cinco días el trayecto de 12.500 km, desde San Francisco a Manila. Antes de inaugurar la linea se hicieron docenas de vuelos de prueba.

La vuelta al mundo en 3 días 19 horas y 16 minutos. Con este vuelo batieron Hughes y sus tres compañeros la marca de 7 días que Wiley Tost, él solo, había alcanzado. Fueron recorridos 25.000 k. por el Lockheed con sus dos motores Wright de 1.100 HP a una velocidad media de 257 km/h. En este vuelo brillantemente preparado, se emplearon todos los medios de la técnica moderna y de la organización: el coste no importaba, el kilómetro volado importó ¡30 marcos!

El Focke-Wulf Fw 200 «Cóndor» es uno de los grandes aviones rápidos de la Lufthansa: 350 km, 26 pasajeros. Con este aparato de serie fueron Henke y sus compañeros, en 25 horas, de Berlín a Nueva York e hicieron el regreso en 20 horas: una prueba de que el avión terrestre moderno, multimotor y de perfección aerodinámica, está dispuesto para el vuelo transoceánico.

El autogiro de Juan de La Cierva aterriza en Picadilly Circus (Londres). Este tipo, de recíente construcción, no lleva ninguna clase de alas fijas como los anteriores y se manda sólo por inclinación del árbol del rotor. El timón de dirección, muy aligerado, entra en acción sólo durante el rodaje.

La gravedad ha sido vencida. El helicóptero construido por Henrich Focke ha resuelto el problema que estaba planteado desde hacía siglos. Reposo en el aire, envuelo y aterrizaje verticales, relativamente buena velocidad de vuelo, a pesar de ser sólo posible un revestimiento aerodinámico reducido. La prueba decisiva la dio Hanna Keitsch con sus vuelos en el Estadio cerrado de Berlín. El Fw-61 alcanzó en 1937 una altitud de 2.500 metros, a 122 Km/h y a lo largo de una distancia de 226 Km. En uno de estos helicópteros el piloto Rohlfs paró el motor a una altura de 400 metros y, dos segundos después, estaba en planeo normal.

La «pulga del cielo» sobre el Canal. Pequeño, pero vuela. El motor al aire es poco favorable desde el punto de vista aerodinámico, como acontece con el fuselaje poligonal: se observa el fuerte decalaje de las alas y el gigantesco timón de dirección que debe sustituir también la acción del mando transversal. Lo que no está todavía resuelto es la cuestión de seguridad que ha planteado «la pulga del cielo», tratándose de un avión construido por los particulares, sin la vigilancia que por lo general tiene una fábrica. Está diseñado y construido por Henri Mignet, con un pequeño motor de 20 HP y un precio cercano a los 1.000 marcos.

Avión movido por fuerza muscular, de Haessler y Villinger. En la fotografía se ve a Haessler en el aparato, que se ve abierto. La hélice va fija delante del ala y se acciona por medio de pedales. La longitud volada se ha elevado últimamente a los 450 m. El lanzamiento se hace con tirantes de goma, como en los aviones sin motor.

sábado, 2 de agosto de 2008

Relación peso-potencia de los motores de aviación

Del libro “El hombre vuela“ de Paul Karlson, editado por Editorial Labor en Barcelona en 1940, se han extraido estos deliciosos párrafos que nos hablan de los motores de aviación con la perspectiva de 1940.

Motores que atruenan

Hace aproximadamente cincuenta años, dos ingleses, Claremont y Royce, fundaron una fábrica para artículos de electricidad, lámparas de arco, etc. Hacia el año 1900 empezaron a construir automóviles, cuando topó con ellos un ingeniero llamado Rolls, y entonces apareció por vez primera el nombre Rolls-Royce en la historia de los motores. También el compañero, Mr. Claremont, utilizaba por estos años un automóvil de su firma, pero tenía la precaución de que siempre y a todas partes le siguiera el cochero con su «Hansom-Cab» particular, como seguridad contra las averías del auto. Estaba convencido de que las averías se presentan indefectiblemente, y él no sólo era un hombre precavido, sino también un filósofo, por lo que llevaba en su auto un escudo con la inscripción: «Si este coche tiene una avería, se ruega no hacer demasiadas preguntas estúpidas».

Esto, como se ha dicho, ocurría a últimos del siglo pasado, y veinticinco años después voló Lindbergh en vuelo directo de Nueva York a París, con su monomotor «Spirit of Saint Louis»; Köhl, Hünefeld y Fitzmaurice atravesaron el Atlántico del Este al Oeste, a pesar de los vientos huracanados del Oeste; Wiley Post dio la vuelta a la Tierra, él solo, en cinco días. Una rotura de un tubo de aceite, el fallo de un resorte de válvula, el engrase de dos o tres bujías; y algunas semanas después hablarían su mudo lenguaje un par de restos de ala que, en alguna parte, recogerían a bordo unos pescadores. Pero los aviadores se confían, sin embargo, al martilleante mecanismo de acero.

Sobre todos los países del mundo truena la fuerte canción de los motores; día y noche zumban los aviones lo mismo a través de las ardientes tempestades de arena que a través de los torbellinos de nieve de las regiones árticas. En el banco de pruebas de las fábricas se les atormenta con todos los medios imaginables; se les hace marchar cientos de horas con mal enfriamiento, con bencina de la peor calidad, como sea; pero sus férreos y fuertes latidos suenan sanos como nunca. Mr. Claremont no necesita hoy llevar una tarjeta que diga: «Haga el favor de no hacer preguntas tontas».

Es muy corriente hoy, entre los aviadores, la lacónica afirmación de Henri Farman, en los primeros años de la aviación francesa: «¡Con un buen motor, vuela hasta un loco asustadizo! ».
Hemos visto en el curso de estas explicaciones que no todo depende del motor, y en nuestro acuciamiento por la perfección aerodinámica nos hemos dejado llevar hasta criticar el testimonio de un hombre como Werner von Siemens. Por eso, ahora es justo y equitativo dejar hablar a la otra parte, y que los constructores de motores puedan presentar las características por ellos alcanzadas, así como que expongan sus cuitas y sus quejas.

— ¿Puede usted proporcionarme un buen motor? — pregunta el constructor de aviones.

— Aquí tengo un motor de automóvil, el mejor que he construido — responde el ingeniero, lleno de orgullo —. Tiene una potencia de 1oo HP y sólo pesa 300 kg.

— ¡Cielos! ¿Tres kilogramos por caballo? No; tres cuartos, o, en todo caso, un kilogramo; no puedo permitir más.

Suprimiré el volante, piensa el constructor de motores, con lo que ahorraré peso, aun cuando con ello el motor perderá algo de regularidad. Pero al día siguiente viene el aviador, y dice :

— Quería también decirle que el motor, como es natural, debe marchar con especial regularidad, completamente libre de vibraciones, porque la construcción de las alas de mi avión no soporta las vibraciones algo fuertes.

Acaso renuncia el ingeniero, con dolor de su corazón, al acostumbrado enfriamiento por agua y construye un motor con enfriamiento por aire, una bella y gran máquina, con extensas superficies de enfriamiento.

— Aló, ¿qué imposible monstruo es ése? — dice el piloto por teléfono. — El motor que yo necesito debe ser muy pequeño para que presente poca resistencia. También creo que ya le dije que el consumo de gasolina debe ser el mínimo; ¿no es eso? Hasta la vista.

Después transcurre algún tiempo y de nuevo se presenta el aviador en la fábrica.

— Además, había olvidado decirle que también el motor debe poder marchar en todas las posiciones; incluso invertido, debe funcionar con regularidad, pues a mí me placen también las acrobacias. Y entonces, ¿no podríamos adoptar dos bujías por cilindro? El peso, naturalmente, siempre muy pequeño. Y con esto se despide y se va.

— Sí—dice finalmente el constructor de motores, con su obra terminada y mostrándola con orgullo. — La cosa era difícil, pero yo he conseguido reunir todas las ventajas. He elevado el número de revoluciones a 3.000 por minuto, y entonces el motor da la potencia requerida. ¿Se lo lleva usted ya?

— ¡Quita de ahí, demonio! —exclama el aviador. — ¿3.000 revoluciones? Me es imposible emplear ese motor; si mi hélice hace más de 1.400 revoluciones, ¡no da tracción alguna!

El final de esta controversia escapa a nuestro conocimiento, y quizá también la discusión no se desarrolló tal como nosotros contamos; pero lo que sí es cierto es que no puede exigirse a una negra y grasienta máquina más cantidad de condiciones, en parte contradictorias, que las que se piden al motor de avión.

FIG. 109. Característica de peso en kilogramos por caballo de potencia en los motóres de gasolina. Los constructores de motores han conseguido en cincuenta años una reducción a la 400ª parte. En 1880 un motor de 100 HP pesaba 20.000 kg; hoy solamente 50 kg.

Hacia el 1880 no se podía tener un motor de explosión que pesase menos de 200 kg por caballo. En 1890 había ya descendido el peso a 30 kg, y entonces fueron posibles los primeros «coches resoplantes », los autos de bencina y motocicletas en su tosca forma primitiva. Al final del siglo se bajó a los 5 kg, y los motores entran en este decenio en la esfera de la solicitud y celo que supone una naciente Industria como la del automóvil. Los que tenían penetración para mirar el porvenir veían que desde el descubrimiento de las ruedas no había habido una ocasión como ésta para la transformación del tráfico por carretera, presumiéndose además por poco que se adivinase — que se acercaba la conquista del aire en toda su extensión.

En 1910 ya construyeron los ingenieros motores límites con un peso de 2 kg y aun menos por caballo, y entonces el avión fue un hecho.

Pero entonces aparece la guerra. Al principio de las hostilidades los aparatos hacían 110 a 120 km por hora; en 1916 se voló a 170 y 180 km; en 1917 a 200 km y más, y hacia el fin de la guerra los cazas monoplazas iban contra el enemigo a 250 km por hora. Techo (1)(Techo es la altura máxima a la que puede navegar un vehículo aéreo. N. del T. ) , velocidad ascensional y velocidad de vuelo a gran altura fueron elevados en la misma proporción, de modo que alcanzar los 6.000 y 7.000 m de altura nada tenía de extraordinario. Sistemas de construcción mejorados, dando lugar a construcción más ligera y resistente; nuevas formas de alas como resultado de investigaciones y experiencias aerodinámicas más perfectas desempeñaron también su papel. Pero, en el fondo, todos esos progresos de la aviación bélica vinieron exclusivamente por el desarrollo de la construcción de motores que los proporcionó más perfectos y de más potencia. Acaso la única novedad efectiva de aquel tiempo fue la aparición del avión Junkers, enteramente metálico, pues en la necesidad que entonces había de producir sólo con resultados positivos, no quedaba lugar para experimentos inciertos y novedades problemáticas.

La rápida acrobacia del combate aéreo exigió a los constructores de motores en el tiempo de la guerra, una gran seguridad de funcionamiento, un mejor trabajo en la altura y rápida acomodación a las circunstancias provocadas por el mando del avión. Los datos que damos a continuación, que dan el peso medio por caballo de los motores, muestran con toda claridad los resultados que se alcanzaron:

Enfriamiento por agua
1914 1915 1916 1917 1918 1919
1,85 1,70 1,55 1,25 1,15 1,10 Kg/HP
Enfriamiento por aire
1914 1915 1916 1917 1918 1919
1,80 1,35 1,15 o,95 0,90 0,85 Kg/HP

Por consiguiente, en 1920 fue conseguido el ideal, largamente perseguido por la ingeniería, de « ¡1 kg por caballo! », como peso medio de los motores y aun menos, y hoy tenemos motores de carrera que tienen 1.300 HP de potencia y solamente pesan 930 kg. Esto es un «peso de marca »: ¡sólo 0,3 kg por caballo!

En 1903 los hermanos Wright lograron el primer vuelo con un avión movido por un motor de cuatro cilindros en línea, 110 kg de peso y 12 HP de potencia, que proporcionaba, por tanto, una relación peso/potencia de 9 kg/HP. En 1906 el francés León Levasseur fabricó el Antoinette de ocho cilindros en V, de 24 HP, con una relación peso/potencia de sólo 4 kg/HP, y poco después, lograba obtener 50 HP con un peso inferior a los 100 kg.

Motor Anzani de un avión “Caudron“.

En el año 1909 aparecieron otros dos motores decisivos: el Anzani de tres cilindros en abanico, 25 HP y 65 kg y el Gnome rotativo de siete cilindros en estrella y 50 HP, ambos refrigerados por aire. Otros motores famosos que surgen en esta época fueron el Darracq de dos cilindros horizontales, 30 HP y 60 kg y el Renault de ocho cilindros y50 HP. Estos motores se sitúan entre los 2 y 3 kg/HP, peso suficientemente bajo como para permitir una carga de combustible considerable.

Motor rotativo Rhône.

Motor rotativo Gnome.

Motor Renault V6.

En esos años, con las continuas mejoras, se suceden los récords de alcance, velocidad, altura... Los motores más ligeros de la época, el Gnome de siete cilindros y 72 HP y el Rhône de 80 HP, ambos rotativos, habían rebajado la relación peso/potencia a cifras alrededor de 1,3.

Hasta 1909 la disminución de peso se consiguió a base del aligeramiento de los diseños y los materiales. La aparición en dicho año, del primer reductor, permitió en adelante el aumento de la potencia a base del incremento de las revoluciones por minuto del motor. La velocidad de giro de la hélice no puede aumentarse, pues está limitada por la velocidad del aire en las puntas.

El suizo Marc Birkigt proyectó para la Hispano-Suiza un motor de ocho cilindros en V de 90° y 140 HP de potencia, logrando combinar la ligereza, a pesar de estar refrigerado por agua, con la seguridad. El prototipo superó una prueba de duración de 50 horas en elbanco de pruebas, cuando hasta poco antes de la guerra se consideraba aceptable un tiempo medio entre averías de 3 a 5 horas de funcionamiento.

El éxito del motor fue tal que se comenzó de inmediato su fabricación en serie, y para el final de la guerra se habían completado 49.893 motores Hispano, cifra récord en la historia de los motores de aviación. A partir del modelo de 140 HP se fueron desarrollando sucesivamente los de 180, 200, 220 y 300 HP, el último de los cuales pesaba 410 kg, con una relación peso/potencia de 1,37.

Motor Hispano Suiza construido bajo licencia por el fabricante norteamericano Wright.

Al final de la guerra existían otros motores más potentes, entre ellos tres motores de doce cilindros en V y potencias de 400, 500 y 650 HP respectivamente: el Liberty norteamericano, el Benz alemán y el Fiat italiano; ésta fórmula de motor había sido utilizada ya en 1915 por el Rolls Royce “Eagle“ y por la casa Renault.

Motor norteamericano “Liberty“.

Motor Rolls Royce “Eagle“.

A mediados de los años 20, los hidroaviones competidores de la Copa Schneider montaban motores de 12 cilindros en V refrigerados por líquido, de pequeña superficie frontal y reducida resistencia al avance cada vez más potentes, como el Fiat de 1.100 HP y 412 kg de peso, o el Rolls Royce de 2.350 HP. Las grandes potencias se consiguieron aumentando la cilindrada, la relación de compresión y la velocidad de giro de los motores y recurriendo a la sobrealimentación, para mejorar la potencia en altura, permitiendo mantener la potencia desde el suelo hasta una cierta cota.

En los años 30 el peso de los motores era del orden de 1/2 kg por caballo y su consumo específico de 200 gr/HP hora. Entre los mejores motores de la época deben citarse los norteamericanos Pratt & Whitney “Wasp“ y Wright “Wirlwind“. En esta década empezaron a ser de uso normal las gasolinas de alto índice de octano, con aditivos antidetonantes, como el plomo tetraetilo, que permitían aumentar la potencia y la relación de compresión.

Motor Pratt & Whitney “Wasp“.

Charles A. Lindbergh observa el motor Wright “Wirlwind“ J-5C que equipa su avión “Spirit of St. Louis“.

Kontron nanoETXexpress-SP

El Kontron nanoETXexpress-SP es el primer módulo Express COM del tamaño de una tarjeta de crédito, basado en la nueva tecnología de 45 nm.

El nanoETXexpress es un módulo Express COM que tiene unas medidas de 55 mm x 84 mm, lo que le hace ideal para su uso en aparatos de poco peso. Su procesador x86 le permite un gran ahorro de energía. Dispone de una tarjeta gráfica de gran calidad, zócalos PCI Express y Serial ATA combinados con USB 2.0 y una batería de gran duración. Los módulos nanoETXexpress de Kontron están diseñados pensando en equipos de reducidas dimensiones, para utilizar a mano, para usos médicos, multimedia, sistemas de recogida de datos móviles, etc. Este tipo de módulos abre las puertas a aplicaciones imposibles hasta ahora por limitaciones de consumo de electricidad o de tamaño.

Los módulos Kontron nanoETXexpress son totalmente compatibles con COM Express (COM.0) Tipo 1.

Dispone de un procesador Intel® Atom™ serie Z5xx de diseño pequeño y eficiente (13 x 14 mm), y un chipset (22 x22 mm) llamado Intel® System Controller Hub US15W, con un TDP menor de 5 watios. El reloj funciona a una velocidad de entre 1,1 GHz y 1,6 GHz. Comparado con otros procesadores de bajo consumo el Intel® Atom™ serie Z5xx ocupa tan sólo la séptima parte y consume diez veces menos.

El Kontron nanoETXexpress-SP posee hasta 1 GByte de RAM DDR2 400/533 soldada y 2 GBytes de Flash, también destaca por un amplio número de interfaces vía el conector COM Express Tipo 1, incluyendo Gigabit Ethernet, un puerto SATA, ocho USB 2.0 (uno de ellos con capacidad ‘client’), así como PCI-Express x1 para expansiones de aplicación específica.

El Kontron nanoETXexpress-SP soporta Linux, VxWorks y Windows XP, XPe y CE.

Frases célebres

Galileo Galilei: “Para comprender el libro del Universo se ha de conocer el lenguaje de las matemáticas, en el que está escrito. Sus caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin las cuales es humanamente imposible entender una sola de sus palabras“.

Galileo Galilei: “Y sin embargo se mueve“.

Isaac Newton: “Si he logrado ver más lejos, ha sido porque he subido a hombros de gigantes“.

Thomas Alva Edison: “El genio es un uno por ciento de inspiración, y un noventa y nueve por ciento de transpiración“.

Ernest Rutherford: “Toda Ciencia es o bien física o filatelia“.

Albert Einstein: “La teoría es asesinada tarde o temprano por la experiencia“.

Albert Einstein: “Quien nunca ha cometido un error nunca ha probado algo nuevo“.

Richard Phillips Feynman: “La excepción confirma que la regla es mentira. Éste es el principio de la ciencia: si hay una excepción a una regla y se puede probar por la observación, la regla es falsa“.

Jan L.A. van de Snepscheut (Ingeniero informático 1953-1994): “En teoría, no existe diferencia entre teoría y práctica; en la práctica sí la hay“.

Helman Nahr (Matemático y economista alemán): “La tecnología no nos ahorra tiempo, pero sí lo reparte de otra manera“.