jueves, 25 de octubre de 2018

Cañón Krupp de 1893


En el Castillo de Morella se encuentran dos cañones Krupp de 1893, donados en 1954 por el entonces Capitán General de Valencia, Miguel Abriat Cantó, para embellecer el espacio. Estos cañones se rehabilitaron en fechas recientes.


Posiblemente estas son sus características:

Longitud total ..................... 3.598,3 mm.
Número de rayas ..................... 36
Peso ..................... 3.070 Kg.
Idem. del cierre ..................... 127 Kg.
Velocidad inicial ..................... 312 m/s.
Volumen de la recámara ..................... 8,3 dm3.

La manta morellana


Lo que hoy es en Morella una rica artesanía textil fue antaño la más importante fuente de recursos económicos para la localidad, pues durante la Edad Media y siglos posteriores, llegaron a trabajar dentro de esta localidad castellonense hasta 500 telares. La ciudad vivía del comercio de la lana y de su transformación en distintas labores. Una de ellas se conserva hoy para la indumentaria del fallero. Se trata de la manta morellana, de vivos colores, que se puede adquirir hoy en Morella junto a la típica. El saragüell es el traje típico de L'Horta formado por un pantalón corto blanco con el mismo nombre, el mocaor en la cabeza, las espardenyes en los pies y una larga y estrecha manta de vivos colores, la manta morellana que durante siglos fue usada para protegerse del frío por los hombres de la región.

ESTACIÓN RADIOTELEGRÁFICA DE BILBAO

La Energía Eléctrica, 25 de agosto de 1914, n.º 16

ESTACIÓN RADIOTELEGRÁFICA DE BILBAO

En servicio, desde mediados de 1908, las estaciones radiotelegráficas de Melilla y Almería, tres años después las de Carabanchel (Madrid), Barcelona y Ceuta. y por último, a fines del mismo año 1911, la de Larache, virtualmente quedaba constituida una red radiotelegráfica militar, formada por dichas estaciones y las que por necesidades de campaña, instrucción, pruebas, etc., se instalarán.

Obsolescencia programada


Cada historia tiene un comienzo, pero pocas veces se le puede poner una fecha exacta. La de la obsolescencia programada, por increíble que parezca, sí tiene un punto de partida exacto. El 23 de diciembre de 1924 se reunieron en Ginebra los principales fabricantes mundiales de bombillas, entre ellos compañías como Osram, Phillips o General Electric. Allí firmaron un documento por el que se comprometían a limitar la vida útil de sus productos a 1.000 horas, en lugar de las 2.500 que alcanzaban hasta entonces. El motivo, claro está, era lograr mayores beneficios económicos. Había nacido el primer pacto global para establecer de manera intencionada una fecha de caducidad a un bien de consumo.


Los microplásticos


Muestras de heces de personas de países tan distantes y distintos como Reino Unido, Italia, Rusia o Japón contenían partículas de policloruro de vinilo (PVC), polipropileno, tereftalato de polietileno (PET) y hasta una decena de plásticos diferentes. Aunque se trata de un estudio piloto con un grupo reducido de personas, la diversidad geográfica de los participantes y de tipos de plástico identificados lleva a los autores de la investigación a destacar la urgencia de determinar el impacto de estos materiales en la salud humana.

lunes, 15 de octubre de 2018