sábado, 28 de febrero de 2026

Laboratorio de Investigación de Física Electrónica

Laboratorio de Investigación de Física Electrónica

La villa Folke Bernadotte se encuentra en el distrito berlinés de Lichterfelde, en el distrito de Steglitz-Zehlendorf, en el número 20 de la calle Jungfernstieg, y fue construida en 1885. Actualmente alberga un centro infantil, juvenil y cultural. 

El edificio sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial y a la ocupación soviética de Berlín. Entre 1928 y 1945 albergó el "Forschungslaboratorium für Elektronenphysik" de Manfred von Ardenne.

Experimentos con alto voltaje y simulación de rayos.


Algo, 9 de enero de 1932, n.º 14

Por lo que se refiere a la naturaleza del rayo no cabe duda alguna de que se trata de una inmensa chispa eléctrica producida por una descarga instantánea de electricidad. Si comparamos el rayo a una válvula de seguridad, que se abre para que se escape la electricidad acumulada en la atmósfera superior, podremos suponer entonces que la aurora polar es una válvula mucho mejor regulada, la cual permite que la descarga o escape se produzca lentamente. En el primer caso la carga acumulada escapa instantáneamente y con gran estrépito; en el segundo el escape es uniforme y gradual.

Sabemos que si un conductor metálico terminado en punta aguda es colocado en lo alto de una torre o elevado mediante una cometa, es posible "extraer el rayo de las nubes". De una manera análoga la descarga que produce la aurora puede ser ayudada si se eleva una gran superficie de alambres con puntas salientes. Esto se ha realizado en algunas altas montañas y así se ha obtenido una descarga eléctrica de la atmósfera, acompañada de una débil luminosidad sobre la montaña, en tanto que los alrededores no eran afectados.

El rayo puede ocurrir, bien como descarga entre dos nubes, bien entre una nube y la Tierra.
Muchas veces no aparece como una chispa larga o línea de luz, sino que se ramifica en distintas direcciones a partir de la línea principal, y tales descargas se llaman ordinariamente rayos múltiples o ramificados (figs. 25 a 27). El fenómeno conocido con el nombre de relámpagos de calor puede ser simplemente la reflexión de una de estas descargas ramificadas cuando ocurre detrás de una nube, o puede ser también una descarga parcial o difundida en las partes superiores de la misma nube.

Existe otra clase de rayos, llamados rayos globulares o bolas de fuego, pero éstos son mucho más raros; se distinguen por su lento progreso, siendo su duración mucho mayor que la del rayo ordinario. No cabe duda alguna de que estos rayos son visibles durante diez segundos por lo menos, y se tienen referencias de duraciones mucho mayores. Dícese que en cierta ocasión un hombre que estaba sentado junto a una ventana de un primer piso, al ver un globo de fuego marchando a lo largo de la calle, tuvo tiempo de bajar las escaleras y observar al globo que prosiguió su camino y recorrió cierta distancia antes de estallar.

Otro caso notable es el que refiere el gran experimentador francés Peltier. Mientras se hallaba en construcción, en 1839, un gran edificio para la Aduana de París, pasó sobre la ciudad una tempestad, yendo tan bajas las nubes que casi tocaban las puntas de los edificios. Un rayo, en forma de gran bola de fuego cayó en un patio del edificio en construcción, donde se encontraban varios obreros, y abrió un agujero en el suelo.

La bola corría violentamente de un lado a otro, levantando tierra y rebotando, para caer de nuevo a pocos metros de distancia y hacer un nuevo hoyo, que después se vio que era como la mitad del primero; luego rebotó hasta la pared del edificio, que recorrió en unos treinta metros. En esto la bola había disminuido considerablemente de tamaño; pero todavía conservaba bastante energía para precipitarse a lo largo de la calle, hasta que desapareció de pronto, consumida sin duda la energía interna que llevaba almacenada. Los testigos de esta notable manifestación sintieron una fuerte sacudida eléctrica y percibieron un intenso olor a azufre que dejaba tras de sí el globo de fuego. Una cosa extraña relativa a este rayo es que la bola no terminase su carrera con una explosión, que es lo que suele ocurrir con esta clase de fenómenos.


Los rayos y los efectos producidos por los rayos globulares han dado origen a ideas erróneas. La bola de fuego es indudablemente material, pero no puede estar compuesta más que de aire y de gases derivados del vapor de agua. Como la bola se halla tan intensamente electrizada este punto está envuelto en el mayor misterio y así permanecerá hasta que tengamos una idea más exacta de la electricidad atmosférica.

En algunas ocasiones se ha observado una forma particular de rayo en rosario. Este rayo aparecía como un largo destello constituido por una sucesión de pequeños globos de fuego; y podría muy bien ser una forma intermedia entre el rayo globular y el ramificado.

Cuando salta una chispa larga en una gran máquina eléctrica, prodúcese un ruido considerable, como un disparo, y lo mismo ocurre en mucha mayor escala en la atmósfera, en donde el ruido es agrandado por el eco que se produce entre una y otra nube, y que constituye el trueno. La perturbación eléctrica determina en el aire vibraciones u ondas sonoras; éstas marchan a través de aquél a la velocidad relativamente pequeña de 340 m. por segundo. La luz, en cambio, recorre el espacio con la enorme velocidad de 300.000 m. por segundo; por consiguiente la luz del rayo llega a nosotros mucho antes que el sonido del trueno. Existe, pues, un método muy sencillo para calcular a qué distancia de nosotros se ha producido el rayo. El sonido recorre aproximadamente un quilómetro en tres segundos; si contamos quince segundos, por ejemplo, desde que vemos el rayo hasta que oímos el trueno, sabremos que aquél se ha producido a cinco quilómetros de distancia. Si después de ver el rayo no se oye trueno alguno, es probable que la fulguración observada no fuera sino el reflejo de alguna descarga distante; aunque también podría ser que el rayo observado haya ocurrido a una distancia mayor de 25 quilómetros, límite de la distancia a que se oye el trueno.

El rayo produce unas veces efectos graves y mortales y otras simplemente efectos curiosos. La diversa conductibilidad de los cuerpos, el que se hallen secos o húmedos hace que la electricidad atmosférica se desvíe hacia uno u otro lado.
Los pararrayos son aparatos de todos conocidos cuyo objeto es hacer correr la chispa eléctrica en forma que se libren del peligro las personas y las casas circundantes.
Otro fenómeno eléctrico es el conocido con el nombre de "fuego de San Telmo", que ocurre con frecuencia en el mar, y consiste en descargas eléctricas luminosas que se producen en las puntas elevadas, por ejemplo el extremo del palo mayor de un barco. Estas descargas ocurren cuando la atmósfera está cargada de electricidad, y son consideradas por los marineros como señales de buen agüero. Por lo menos no causan daño alguno.
Fenómenos parecidos se observan a veces en la tierra. Años atrás, unos excursionistas que atravesaban un glaciar en los Alpes durante una tempestad fueron sorprendidos por un ruido parecido al canto de una olla, que salía de los extremos de sus palos de alpinistas. Al mismo tiempo notaron sensaciones de pinchazos en la parte superior de la cabeza y otros signos de electrización.

Es indudable que existe una íntima conexión entre la electricidad atmosférica y los conocidos fenómenos de los remolinos de aire, las trombas marinas, los tornados, etc., y probablemente también la formación del granizo en las nubes, pero hasta que no tengamos un conocimiento más claro de la causa de la electricidad atmosférica ninguno de estos fenómenos podrá ser explicado satisfactoriamente.





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