Alfonso XIII (centro) y Miguel Primo de Rivera (izqda.) posan con los miembros del Directorio Militar después de su primer Consejo de Ministros en el Palacio Real.
Relaciones con el PSOE
Al inicio de la dictaduta los partidarios de Francisco Largo Caballero y los de Indalecio Prieto iniciaron una fuerte disputa sobre si debían colaborar o no con el nuevo régimen.
Cuando Primo de Rivera se pronunció en Barcelona el 13 de septiembre de aquel año, Pablo Iglesias todavía vivía. Eso no impidió que, en ese mismo instante, el PSOE y su sindicato afín, UGT, recomendaran a sus militantes que no prestaran aliento al golpe de Estado, pero también que no se tomaran iniciativas en contra de él, para intentar frenarlo, sin recibir instrucciones de sus dirigentes. El comunicado conjunto, de hecho, aprovechaba para criticar duramente al gobierno legal y legítimo que, hasta ese momento, presidía Manuel García Prieto:
«Ningún vínculo de solidaridad, ni siquiera de simpatía política, nos liga con los gobernantes. Al contrario: merecen de nosotros los más duros reproches por haber incumplido desde el poder cuantas ofertas hicieron antes de escalarle, y en singular aquellas por las cuales pudo abrigar el país la esperanza de ver, si no resuelto, por lo menos decrecido en su dolor el problema de Marruecos, devorador insaciable de todas las energías nacionales».
El líder sindicalista minero Manuel Llaneza se reunió por primera vez con el general Miguel Primo de Rivera el 1 de octubre de 1923 en Madrid, poco después del golpe de Estado.
Cuando este llegó a la Estación del Norte en Madrid, un vehículo oficial del ministerio de la Guerra le estaba esperando para trasladarlo a la sede del nuevo Gobierno militar. Una vez allí, Primo de Rivera le pidió la colaboración de los socialistas con el objetivo de mejorar la situación de los trabajadores.
Ambos mantuvieron más contactos a lo largo de la Dictadura, incluyendo otra reunión significativa en noviembre de 1929.
El objetivo de Llaneza era plantear la situación de las cuencas mineras y negociar mejoras, lo que generó malestar interno en su partido al hacerlo sin autorización. En estas negociaciones, el sindicato logró consolidarse y tener presencia en los Comités Paritarios de la Industria y en el Consejo de Trabajo, además de lograr apoyo para el patrimonio y las escuelas de los mineros.
Largo Caballero aceptó que el sindicato enviara representantes a los Comités Paritarios de empresarios y obreros, y formar parte del Consejo de Estado como representante de los trabajadores.
Primero fue vocal de la Organización Corporativa Nacional creada por el ministro de Trabajo Eduardo Aunós y, a continuación, entró a formar parte en el Consejo de Estado como vocal. En este último cargo se comprometió, incluso, a estudiar la derogación de la Constitución de 1876, mientras promovía la constitución de Comités Paritarios destinados a mediar y resolver los conflictos sociales. En la práctica la UGT copó la representación obrera, hasta el punto de desplazar a los sindicatos católicos, a pesar de que Primo de Rivera afirmó en numerosas ocasiones que se iba a inspirar en los principios de cooperación de la Doctrina Social de la Iglesia.
Esta cooperación entre el dictador y los socialistas se extendió a todos los rincones del país. Indalecio Prieto se sintió tan traicionado que dimitió de la Comisión Ejecutiva del PSOE. El futuro jefe del Gobierno republicano, Manuel Azaña, describía así aquellos días extraños: «Según me ha contado muchas veces Largo Caballero, durante la dictadura la Guardia Civil se comportó rectamente con los obreros y los campesinos, y no maltrató a nadie, como solía hacer en tiempo anterior. A poco de venir la dictadura, la Guardia Civil maltrató y atormentó a unos campesinos en un pueblo de Extremadura. Vinieron a Madrid a quejarse, Largo Caballero escribió al general Nouvilas, secretario del Directorio Militar; se comprobó la denuncia y el Directorio dio órdenes, que fueron cumplidas, para que tales cosas no ocurrieran más».
En noviembre de 1929 Manuel Llaneza, junto con otros dirigentes socialistas, se volvió a reunir con el dictador para tratar la grave crisis creada por los despidos en las zonas mineras de Huelva.
El 29 de noviembre de 1923, el nuevo gobernador militar de Madrid, Juan O´Donnell, llegó a visitar la Casa del Pueblo de la calle Piamonte, sede del partido y el sindicato socialistas, y hasta terminó elogiando los trabajos que realizaban con los obreros madrileños.
Primo de Rivera visitó Asturias en agosto de 1924. Llegó el sábado día 2 y ocupó las primeras horas en recorrer las industrias gijonesas y El Musel. El domingo visitó Covadonga y el lunes 4 se desplazo al valle del Nalón entrando en Frieres en automóvil sobre las nueve de la mañana, temprano, ya que la tarde estaba dedicada a otros actos en Trubia y Avilés.
Le acompañaba su séquito encabezado por el general Martínez Anido, el gobernador, el jefe del Estado mayor, el alcalde Gil Rodríguez y el juez de Laviana Francisco Calvo. En el Ayuntamiento de Langreo recibió a una comisión de ayudantes de Minas y saludó al pueblo desde el balcón, seguidamente le condujeron hasta El Sotón y allí, acompañado por la directiva de Duro Felguera y algunos ingenieros descendió a la mina por primera vez.
Las crónicas contaron que bajó a 190 metros de profundidad y fue llevado hasta la capa llamada «Lozanita» para que viese de cerca el trabajo minero. Estuvo en el tajo cerca de una hora y luego fue saludado por la Brigada de Salvamento y las autoridades de los concejos vecinos, entre los que se destacó el alcalde de San Martín del Rey Aurelio para entregarle un escrito con diferentes peticiones. Desde allí marchó a la Central de la Cooperativa Eléctrica Langreana, sita en Carrocera, y a continuación visitó las instalaciones y el Hospital de Duro Felguera saludando uno por uno a todos los enfermos. Seguramente lo más destacado de la jornada fue el discurso improvisado que dirigió a los obreros concentrados en la empresa defendiendo el derecho a la huelga como arma de lucha y reivindicación pero aclarando que nunca debía ser revolucionaria ni de solidaridad y tenía que limitarse al taller o al incidente que la hubiese originado.
El día 5 se desplazó a Mieres en un tren especial del Vasco-Asturiano con su comitiva habitual reforzada por varios ingenieros, el responsable de minas y el director del ferrocarril y puso el pie en la estación poco después de las once de la mañana.
Gracias a este entendimiento con Primo de Rivera, el PSOE y la UGT siguieron conservando su condición de legales y hasta podían celebrar sus congresos, al contrario que otras organizaciones como los anarquistas de la CNT, que fueron proscritos debido a sus acciones terroristas. Y cuando en 1927 el régimen creó la Asamblea Nacional Consultiva para preparar un proyecto de Constitución, se ofrecieron seis puestos a la UGT, que dirigentes socialistas muy destacados, como el profesor Julián Besteiro, se manifestaron a favor de aceptar.
Al final los socialistas votaron en el congreso celebrado en julio de 1928, en el que Prieto propuso la retirada inmediata de los ayuntamientos y del Consejo de Estado. La mayoría de los presentes, incluidos Largo Caballero, Besteiro, Llaneza y Andrés Saborit, obtuvieron un apoyo de 5.388 votos frente a 740.
Cuando Primo de Rivera dimitió en enero de 1930 y fue sustituido por el general Dámaso Berenguer, este recibió un informe del director general de Seguridad en el que exponía:
«La actuación socialista durante los seis últimos años ha sido francamente gubernamental. La legislación obrera, y más especialmente la creación de los Comités Paritarios, han sido causa determinante de que, pese a la enorme crisis de trabajo, los obreros afiliados al Socialismo hayan resistido insinuaciones y gestiones, y se hayan negado sus jefes en repetidas ocasiones a cooperar en los movimientos de revuelta y agitación política para los que muchas veces fueron requeridos».
En este período se consiguieron numerosos logros sociales como la extensión de la Seguridad Social, el seguro de maternidad o el apoyo económico a las familias numerosas.
Una extensa familia de militares
Joaquín José Primo de Rivera y Pérez de Acal (Veracruz, Nueva España; 23 de julio de 1734-Maracaibo, Capitanía General de Venezuela; 23 de octubre de 1800), fue un brigadier del Ejército Real y gobernador de Maracaibo.
José Joaquín Primo de Rivera y Ortiz de Pinedo (Algeciras, 28 de abril de 1777-Sevilla, 25 de julio de 1853) fue un militar y marino español, hijo de Joaquín Primo de Rivera y Pérez de Acal, brigadier, gobernador y comandante general de armas de Maracaibo, y de su esposa Antonia Eulalia Ortiz de Pinedo y Muñoz. Fue hermano del coronel Joaquín Primo de Rivera y Ortiz de Pinedo, destacado en Chile.
Fernando Primo de Rivera y Sobremonte (Sevilla, 24 de julio de 1831-Madrid, 23 de mayo de 1921) fue un militar y político español que, además de gobernador en dos ocasiones de la Capitanía General de Filipinas, ejerció entre 1907 y 1909 y en 1917 de ministro de la Guerra en sendos gobiernos conservadores presididos por Antonio Maura y Eduardo Dato. Ostentó los títulos nobiliarios de marqués de Estella y conde de San Fernando de la Unión, título que fue creado en 1876 en reconocimiento a sus victorias militares y sus servicios en las islas Filipinas.
Nacido en Sevilla el 24 de julio de 1831, era hijo de José Joaquín Primo de Rivera y Ortiz de Pinedo y de su esposa Juana María Nepomucena de Sobremonte y Larrazábal, hija del III marqués de Sobremonte y noveno virrey del Río de la Plata, y hermano de Rafael Primo de Rivera y Sobremonte.
La Unión Católica. 1 de junio de 1888
Se encuentra en Sevilla el ex-director general de Infantería, D. Fernando Primo de Rivera, marqués de Estella.
La Época, 12 de junio de 1888, n.º 12.876
LAS SALAS DE ARMAS EN LOS REGIMIENTOS
Desde el día 1.° de julio próximo se suprimirán las salas de armas en todos los regimientos. Su presupuesto de gastos era de 50 pesetas, que se daban de gratificación al oficial encargado de enseñar su manejo. No era. pues, un capitulo ruinoso.
No sabemos a qué razones obedecerá la supresión de esta mejora introducida por el Marqués de Estella, pues el coste es tan insignificante que no puede suponerse sea la economía el móvil de tal determinación.
La tendencia actual en todas partes es favorable a la extensión del conocimiento y manejo do las armas, aun en aquellas personas que por su profesión más distantes están de tener que hacer uso de ellas.
La Oceanía española, 9 de marzo de 1898
La noticia, que dimos en nuestro número de ayer, de haber sido nombrado Gobernador general del Archipiélago el teniente general don Basilio Augústin, aun cuando conocida ya de la mayor parte del público, produjo, al aparecer ayer en las columnas de la prensa, verdadera sensación y despertó evidente interés.
Como ya hemos indicado, la noticia no era desconocida para el público que lee periódicos y se halla al tanto de lo que se dice y se habla entre los gobernantes y personas de significación; pues en los diarios peninsulares que llegaron al Archipiélago con la última mala francesa y por los vapores Isla da Luzón y Covadonga, dábase a conocer el deseo manifestado al Gobierno de la Metrópoli, por el señor Marqués de Estella de declinar el mando superior de estas Islas, y además venía asegurándose en esta capital, desde mucho antes de que finalizara el mes de Febrero, que el Excmo. Sr. Marqués de Estella, cuya salud (se halla algo quebrantada por la constante labor y las hondas preocupaciones que el Gobierno de Filipinas le ha producido, había repetidas veces expresado por el cable a los señores Presidente del Consejo y Ministro de Ultramar, la necesidad de que le buscara un sucesor; corriendo también, por último, como muy válida la nueva de que este lo sería el Excmo. Sr. don Basilio Augústin.
Cómo aquí, donde con tanta frecuencia se forjan invenciones estupendas, adivina el público, a veces, sucesos de que sólo contadísimas personas pueden tener conocimiento, sería cosa digna de averiguación; pues si indudable es que la fantasía de los desocupados crea en ocasiones absurdas quimeras que al circular y propalarse adquieren fuerza y relieve tales que acaban por darse como hechos consumados, cierto es también que otras veces la sagacidad de los que andan a caza de noticias vislumbra ó coge al vuelo, para hacerlas enseguida del dominio público, las que más sigilosamente se han guardado y trasmitido por el telégrafo.
El Nacional, 12 de marzo de 1898
Lo de Bolinao.
Afortunadamente han llegado a tiempo los auxilios para evitar una desgracia, y ya se encuentra libre de todo peligro, por ahora, el destacamento de Bolinao.
El director de Comunicaciones, señor Barroso, en nombre del Gobierno rogó anteayer a la Compañía del cable de Singapoore, en Londres, que sus representantes en Bolinao facilitaran los detalles que de los últimos sucesos tuvieran. La dirección de la citada Compañía contestó transmitiendo los datos que había recibido.
El destacamento español hízose fuerte en las oficinas del cable, sitiadas por los rebeldes. En vista de la apurada situación de los empleados del cable, la Compañía envió un vapor desde Hong-Kong a Bolinao con el fin de recoger y amparar a los súbditos ingleses y en las oficinas del cable se enarboló el pabellón neutral. Los insurrectos tenían prisionera a casi toda la población blanca de Bolinao.
Para levantar el sitio, exigía el enemigo la rendición de los soldados, la entrega de todas las armas y la devolución de dos prisioneros que había hecho el destacamento. El cabo que mandaba aquel puñado de valientes rechazó la proposición, dispuesto a no entregarse con vida. Se supone que el número de los rebeldes era de 1.500 a 2.000.
Afortunadamente, advertida en Manila la interrupción del cable que amarra en Bolínao, y suponiendo que algo extraordinario ocurría, dispuso el general Primo de Rivera la salida de un transporte español con 107 soldados para dicho punto. La fuerza llegó a tiempo de salvar al pequeño destacamento sitiado, dispersando al enemigo.
El general Correa ha dirigido un cable-grama a Bolinao pidiendo extensos detalles para juzgar, no sólo la conducta del cabo del destacamento, sino también para apreciar la importancia de la insurrección en dicho pueblo.
El Diario catalán, 21 de marzo de 1898
Lo de Bolinao
Dice Primo de Rivera por cable:
«El asunto de Bolinao, según el parte del capitán de las fuerzas de auxilio, y hoy del general Monet, se redujo a un motín, por fanatismo religioso, donde dominó el robo.
El cabo, con destacamento alojado en una casa del pueblo, avisado por el teniente municipal, reunió las fuerzas y marchó estación cable, quedando rezagados tres soldados que fueron muertos por los rebeldes, apoderándose armas de fuego, únicas que han tenido.
Cabo no fue atacado, y entretuvo hábilmente a los amotinados hasta llegar refuerzos, y éste fue su mérito, que recompensaré, previo informe general Monet, que llegará aquí mañana con fuerzas.
Terminará mañana recomposición telegráfica.
En persecución, cogidos más de 10,000 duros robados.
Han sido duramente castigados; además se fusilaron en juicio sumarísimo cuatro prisioneros.
Hecho aislado; resto Archipiélago sin novedad.
Se cumplirán las órdenes referentes a la conducción de tropas en «León» y «Panay».
Esto dice el marqués de Estella. Veremos si resulta cierto.
Miguel Primo de Rivera
Miguel Primo de Rivera y Orbaneja (Jerez de la Frontera, 8 de enero de 1870-París, 16 de marzo de 1930) fue un militar español que llegó a ser Alto comisario de España en Marruecos y ministro de Estado. Gobernó como dictador entre 1923 y 1930. Era hijo de Miguel Primo de Rivera y Sobremonte, y de Inés Orbaneja y Pérez de Grandallana.
Pertenecía a una familia jerezana de tradición militar, carrera que siguieron su abuelo José Primo de Rivera, su tío Fernando Primo de Rivera y Sobremonte, o su hermano Fernando Primo de Rivera y Orbaneja. Su infancia en el seno de la aristocracia terrateniente jerezana fue cómoda; aunque una súbita quiebra económica llevó a su familia a mudarse a una vivienda más modesta.
De su enlace en 1902 con Casilda Sáenz de Heredia y Suárez de Argudín (1879-1909), tuvo Primo de Rivera seis hijos: José Antonio, Miguel, Carmen, Pilar, Ángela y Fernando.
Fernando Primo de Rivera y Sáenz de Heredia (Madrid, 31 de mayo de 1908 - Madrid, 23 de agosto de 1936) fue hijo del dictador Miguel Primo de Rivera y hermano del fundador de Falange, José Antonio Primo de Rivera. Fue asesinado, víctima de la represión en la zona republicana, al comienzo de la Guerra civil.


No hay comentarios:
Publicar un comentario