jueves, 12 de febrero de 2026

¿En qué consiste ser de izquierdas?

Hace apenas unas décadas, para sentirse de izquierdas bastaba con reconocerse de clase trabajadora o tendente a defender el bienestar común. La evolución que se ha dado en los últimos 50 años en las sociedades occidentales ricas ha hecho que en la actualidad aquellos que se creen de izquierdas hayan llenado sus mochilas con causas que han ido impregnado la sociedad: ecologismo, feminismo, animalismo, lucha contra el cambio climático, revisionismo histórico, etc. A su vez su conducta  viene en parte determinada en su día a día por la separación de la basura domestica, el consumo responsable del agua y la calefacción, el rechazo del plástico, la compra en el mercado y en el pequeño conercio y el consumo de comida de temporada y proximidad. Los domingos, la misa de algunos es la manifestación por todo tipo de causas justas antes del aperitivo. 

No todos los que se sienten de izquierda son tan estrictos en su vida de consumidores, pero quienes si lo son se sienten a veces defraudados por la actuación poco decorosa de algunos de sus líderes. Algunos de estos pueden llegar a dejar de votar a los partidos por los que se sentían representados. 

Otros ciudadanos más laxos, que quizás durante algún tiempo contribuyeron a las victorias progresistas, han dejado de votar o lo hacen a partidos situados a la derecha, por que se sienten abrumados por esa pretendida superioridad moral de la izquierda. 

La idiosincrasia del ciudadano que cree ser de izquierda la aprovechan los partidos de derechas para mostrar una caricatura de los mismos en los procesos electorales. 

En opinión del escritor y filósofo marxista Santiago Alba Rico. la objetividad ética de todas esas luchas no se pone en duda, pero otra cosa es cómo se convence de eso a la ciudadanía que vive una realidad con carencias y que tiene sus gustos propios. Criticarles por salir de caza o ir a los toros no es el camino, en su opinión. 

Mientras los partidos a la izquierda del PSOE ensayan su enésima unión, Celso Martín recoge su cosecha de cerezas. No hace tanto tiempo que en el cacereño Valle del Jerte, el PSOE era un partido casi único, la misma hegemonía que representó en la comunidad entera durante lustros. Hoy, este campesino se duele de una izquierda que no deja “el abanico más abierto” y le pesan las críticas que soportan quienes piensan, como él, que la caza tiene su lado saludable en las tierras, o las acusaciones de machismo: “Nadie quiere que maltraten o maten a las mujeres, desde luego, pero ahora todo está mal visto, por cualquier cosa se ponen a gritar y a los agricultores nos tienen en la oficina, todo el día haciendo papeles. El hartazgo es grandísimo”, sostiene. Pide moderación: “Ahora tenemos que escuchar en las redes a esos que dicen que qué lástima, que antes solo había un tonto por pueblo”.

Con tanta desilusión Vox recoje votos de los jóvenes y del campo, pero no solo. Entre los 18 y los 34 años no hay ningún otro partido que reúna mayor intención de voto, da igual el estrato social del que provenga esta población, aunque levemente escorado hacia las clases medias o medias bajas y a las que tienen menos formación académica.

La izquierda abatida


No hay comentarios: